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miércoles, 31 de octubre de 2012

El General Heureaux y la Independencia de Cuba


 Rowland J. Bosch
Miembro de la Academia de la Historia de Cuba (Exilio)

  Uno de los gobernantes más discutibles de la República Dominicana lo ha sido, sin lugar a dudas, Ulises Heureaux (conocido por Lilís). Llegó a ser presidente de su país en dos ocasiones, del 1 de septiembre de 1882 al 1 de septiembre de 1884, y  del 6 de enero de 1887 al 26 de julio de 1899, cundo es asesinado. Gobernó a la patria en que le tocó nacer como un predio privado y creó un caos político  y económico que finalizó con su muerte por asesinato en 1899. Lo que trajo como consecuencia la falta de estabilidad económica y política que daría motivo a la intervención norteamericana de 1916.
  La Dra. Estrella Betances en su libro Origen y Proyecciones del Protectoralismo Dominicano,  dice “…que la tendencia culmina con Ulises Heureaux quien no vaciló en poner en manos extranjeras la recaudación  y el manejo de la principal fuente de ingresos del fisco, o sea las aduanas, a cambio de recibir dinero de los banqueros extranjeros”. Sobre él, se dice que era un hombre elegante y físicamente alto, de impresionante figura, que había aprendido a conducirse con finos modales. De su crueldad han quedado expresiones en su país como “ese es más malo que Lilís” o “es más cruel que Heureaux”. Rivaliza con Rafael Leónidas Trujillo por ser uno de los gobernantes más sanguinarios de su nación. Nace el 21 de octubre de 1845, en San Felipe de Puerto Plata, hijo natural de Josefa Lebert, de las Islas Vírgenes y José Alejandro D’Assás Heureaux Fortune, nacido en Haití, capitán de navío de la Marina Francesa. Fue abandonado por su padre, quien al pasar los años lo reconoce como su hijo. Un amigo de la familia le brinda la oportunidad de educarse en las letras y matemáticas. Desde joven llega a hablar y escribir fluidamente en francés, inglés, creole y el español.
  Quizás su poliglotía y sus aptitudes  innatas le abrieron  las puerta del camino de la fama y del poder. Joven  va a combatir en el Sur del país, donde demuestra coraje y  capacidad de soldado. Es herido en combate demostrando su intrepidez: al terminar la campaña, había obtenido el rango de general. Guerrero audaz y temerario, poseedor de una inteligencia fértil, logró deshacerse de sus enemigos mediante la astucia, la intriga y el crimen. Fue un verdadero discípulo fiel de Maquiavelo.
  El afecto que Heureaux sentía por Cuba descansaba en el anhelo de los cubanos por romper las cadenas del yugo colonial de España. Muchos de los cubanos que emigraron a Santo Domingo a raíz de la guerra de los Diez Años, eran plantadores de caña. Al ver el beneficio para el país del cultivo y elaboración de la caña de azúcar, Lilís les regala grandes terrenos en los valles de la costa sureste, donde se construyen los primeros ingenios mecanizados del país, que vendría  ser una fuente de ingreso, y al mismo tiempo otra manera de enriquecerse.
  Asombra pensar cómo un individuo de la calaña de Lilís, desprovisto de normas morales, simpatizaba con la independencia de Cuba. Habilidosamente coqueteaba con España, en tanto que ayudaba secretamente a los cubanos. Solía decir “lo que pasa es que España es mi señora y Cuba mi querida”. Lo que significaba que él no podía pasearse del brazo por las calles y plazas con Cuba, y que queriéndola tanto estaba obligado a guardar las formas protocolares con España, la señora, a quién el había combatido durante la guerra de restauración.
  En 1880 Lilís tuvo la oportunidad de demostrar su simpatía por la causa de Cuba en la persona de Antonio Maceo quien se hallaba en Puerto Plata, después de su peregrinaje por varios países tras el Pacto de Zanjón, y se hospedaba en un hotel que fue registrado infructuosamente por las fuerzas de Lilís. Desde luego, ya Maceo había ocultado las armas después de haber sido avisado por Lilís. De esta manera se salvaba al patriota y al mismo tiempo se calmaba a los españoles que habían denunciado el caso. Maceo salió del país, colmado su espíritu de gratitud para el presidente Luperón y Lilís.
  En el tercero y último viaje  de José Martí a la República Dominicana se puso una vez más a prueba la personalidad de Lilís. Llega a Montecristi el 7 de febrero de 1895, donde ya se encontraba Máximo Gómez, con quien  redacta y firma el célebre “Manifiesto de Montecristi”. Sus actividades revolucionarias preocupaban al presidente Lilís y a sus subalternos. Todos ellos simpatizaban con la causa cubana. Las autoridades españolas presionaban al gobierno para que actuara en contra de éstos. España conocía las simpatías de los dominicanos por Martí y la causa de Cuba. En un acto excepcional, se le permitió a Martí le fuesen mostrados los restos de Cristóbal Colón, gracia que sólo se concedía en ocasiones muy especiales.
  Ardiendo ya la guerra en la manigua cubana, se hacia necesario a Martí y Gómez trasladarse a Cuba, pero el dinero escaseaba. Gómez le sugiere a Martí la idea de ir a la capital dominicana y hablar con Lilís. Martí, al siguiente día emprende el camino a Santiago de los Caballeros, pero precavidamente no continuó el viaje y comisionó al fiel general José María Rodríguez (Mayía) para que se reuniese con Federico Henríquez Carvajal y Jaime Vidal a la sazón Ministro de Fomento, y juntos obtener el permiso de Lilís para una entrevista. La entrevista se hizo viable y tras larga conversación con los tres visitante, se convino en ayudar con dos mil pesos oro para la expedición. Había que hacer notar la difícil situación económica del país y la del propio Lilís, quién esperaba ansiosamente el dinero de un préstamo de bancos extranjeros en aquellos días. Mayía le contaría a los dos jefes cubanos, cómo después de ponerle algunos reparos había expresado: “Todo sea por Cuba”, y al momento de retirarse le dijo “Nadie sabe y el presidente Heureaux menos que nadie, ni de esta entrevista ni del resultado de nuestra conferencia”.
  Guelito Pichardo hombre de confianza de Lilís, no era ajeno a las dificultades de los expedicionarios, ni menos Lilís. Los dos temían a una represalia por parte de España. Lilís escribía a Pichardo, que los jefes cubanos no sabían la manera como eran espiados, pero afortunadamente él estaba en condiciones de servirles. El mismo Guelito expresaba a Martí y a Gómez en Montecristi, entusiasmado por el verbo de Martí, “…si no tuviera el compromiso de servir a Lilís, me iba con ustedes a defender la libertad de Cuba”. A la salida del barco que llevaba a los expedicionarios cubanos, Guelito informó al cónsul de España que estos habían salido para Santiago de los Caballeros, tratando de despistarlos.
  Lilís explicaba que consentía y hasta auxiliaba a los conspiradores pero que no le era posible dar rienda suelta a su simpatía por Cuba, y hacía una comparación de que si bien los Estados Unidos eran el águila y España era la gallina, Santo Domingo era la cucaracha en peligro de ser aplastada, si no andaba prevenida.
  Heureaux continuó ayudando a los cubanos a tal extremo que casi a finales de la contienda cubana, y a petición del general Rius Rivera, salvó un contrabando de guerra dirigido a los insurrectos. Un buen amigo de Máximo Gómez, que dirigía una conspiración para derrocar a Lilís se disgustó con aquel porque no quiso entregarle las armas que ya no se necesitaban en Cuba. Gómez le hizo saber con muy sentido de la gratitud que no podía actuar contra quien había sido un buen amigo de Cuba.
  Al finalizar la guerra en Cuba, Heureaux tuvo el gesto de enviar un barco de guerra dominicano para trasladar el generalísimo a su tierra. Tras el asesinato de Lilís, Gómez se vio obligado a refutar en un periódico la información  de que se había alegrado de su muerte, y respondió: “Qué importa para el caso que Lilís fuese un tirano cruel y hasta ladrón y todo lo que se quiera decir del muerto, si al mismo tiempo fue un buen amigo de Cuba y le tendió la mano en sus horas de mayores conflictos”.
  Lilís a pesar de ser un hombre que rara vez perdonaba a sus enemigos tuvo gestos nobles en su vida como cuando fue a buscar al general Luperón, que vivía exiliado y enfermo en Saint Thomas, y lo hizo regresar al país, donde murió al poco tiempo.  Luperón  había sido su enemigo durante muchos años.
  Heureaux había ido al pueblo de Moca en julio de 1899, sin escolta,  hospedándose en la casa de Carlos María Rojas. Al siguiente día, se reunió con los comerciantes para buscar el apoyo de éstos y obtener seguridad de ellos de respaldarlo en los nuevos planes financieros. Un grupo de jóvenes revolucionarios se presentó en el lugar donde él se encontraba,  con la intención de asesinarlo y dispararon sus armas en contra de Lilís, la tarde del 26 de julio de 1899. El nombre de los ajusticiadores era: Jacobo de Lara, de 16 años de edad, quien fue el primero en dispararle, el otro fue Ramón Cáceres.
  ¿Era en verdad un tirano Lilís?. Un tirano habría estado al lado de España y no de Cuba. Sabemos y reconocemos que fue un gobernante muy negativo para el sufrido pueblo dominicano, pero para los cubanos tuvo siempre un enfoque positivo. También Máximo Gómez fue un dominicano que peleó en su tierra del lado de los peninsulares, y sin embargo en Cuba resultó ser uno de los grandes pilares, forjadores de la nación cubana. Ironías del destino.

Bibliografía Consultada

Teresita Martínez-Vergne, Nation and Citizenship in the Dominican Republic, Univ. of North Carolina Press, Chapel Hill, N.C. 2005
Frank Moya-Pons, Dominican Republic: A Nation History, Hispaneola Books, Nee Rochelle, N.Y. 1995
Selden Rodman, Quisqueya: A History of the Dominican Republic, Univ. of Washington Press, Seattle, 1964
Mu-kien Sand Beng, Ulises Heureaux. Biografía de un dictador, Santo Domingo, INTEC, 1987
Emilio Rodríguez Demorizi, Maceo en Santo Domingo,  Editorial El Diario, Santiago, R.D., 1945
Francisco Berroa Ubiera, Notihistoriadomicana, La muerte de Ulises Heureaux en Moca, agosto 11 de 2009
Estrella Betances de Pujadas, Asuntos dominicanos; Literatura, artes y cultura, S.L. Editorial Arcos, 2001


Comentario

Muy interesante el artículo El General Heureaux y la Independencia de Cuba, especialmente la parte donde narra que a José Martí se le otorgó el privilegio de ver los restos del Almirante de la Mar Océano Cristóbal Colón. Por lo que veo no se lo habían llevado para Cuba después de la independencia de Santo Domingo.
 Joaquín Sueiro

Rowland J. Bosch
Miembro de la Academia de la Historia de Cuba (Exilio)

  Miembro del Círculo de Cultura Panamericano, y del Colegio Nacional de Periodistas Cubanos en el Exilio, de la Academia Poética de Miami, del Club Cultural “Atenea”, Y Miembro Fundador del Pen Club de Miami.
  Ha publicado cinco libros de poemas y otros de ensayos  artículos y conferencias. Ha obtenido premios y distinciones. Escribe en “La Información” de Houston, Texas, Enfoque Metropolitano, Miami, Libre, Miami. Codirector de Pensamiento



martes, 30 de octubre de 2012

LA ETERNIDAD DE MARTI

ROWLAND  J. BOSCH


  José Martí vive y seguirá viviendo en nuestros corazones como el guía espiritual  de todos los cubanos de buena voluntad. Sus pensamientos, sus ideas y aforismos son tan claros y certeros que parecen axiomas de lesa patria.

  A medida que pasaban los años de República libre los historiadores y otros investigadores iban descubriendo, destapando la profundidad y veracidad de sus sentimientos amantes de la patria.

  Martí escribió en cierta ocasión en su cuaderno de notas:”Patria es eso, equidad, respeto a todas las opiniones y consuelo al triste”. En otra ocasión (En la República Española ante la Revolución Cubana) expresó: “Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas”.

  Durante toda la era republicana el apóstol fue faro y guía de las juventudes y al calor de sus pensamientos se formaron las generaciones que con sus virtudes y defectos iban moldeando la patria que habría de ser orgullo de los cubanos.

  “Quien desee patria que la conquiste, quien no la conquiste viva a látigo y destierro, oteado como las fieras, echado de un país a otro, encubriendo con la sonrisa limosnea, ante el desdén de los hombres libres, la muerte del alma” y el trató de cumplir con todas sus promesas. “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.

  Los cubanos del exilio seguimos en deuda con él La lucha no ha terminado. El ha sido la inspiración del exilio. En Cuba lo han secuestrado y momificado queriendo elevar la figura del tirano para igualarla a la del héroe. Nada más falso. Su vida, su martirologio, lo eternizan.

  Martí dijo en una ocasión “Hay hombres de su tiempo y hombres de todos los tiempos” y Martí fue de las dos cosas.

  A los que hoy periodistas sin pudor (no mencionaré sus nombres)  tratan de enterrar al apóstol, les digo que no podrán. Si los años de vida que me queden me lo permitieran, iríamos a las tumbas de sus depredadores porque sabremos por seguro que no han de seguir en su obra nefasta. En cambio, al apóstol  no podrán enterrarlo porque su alma honesta nos continuará iluminándo siempre en este largo peregrinaje.

  No hay muchos Martí, es el único de América. Sólo cabe pensar como un hombre literato, políglota, poeta, periodista, abogado, pudo con su tesón, su inteligencia y su amor patrio prender la llama de una guerra redentora. Hubo un Washington, un Bolívar, un Lincoln, un San Martín y otros más pero ninguno de ellos llegó a realizar el polifacetismo del que  él dio muestras palpables.

  Bien dijo Rubén Darío, el inmortal poeta nicaraguense:“Yo admiro aquel cerebro cósmico, aquella vasta alma, aquel concentrado y humano universo, que lo tuvo todo: La acción y el ensueño, el ideal y la vida y una épica muerte y en América una segura inmortalidad”.

  Emil Ludwing, el historiador y biógrafo alemán escribió “Centenares de aforismos de Martí, serían por sí solos suficientes para convertirlo en el guía espiritual del presente momento del mundo”.

El amigo autonomista de José Martí

              por Roberto Soto Santana,de la Academia de la Historia de Cuba (Exilio)

      
      El 3 de enero de 1892, Martí anunció su iniciativa de crear el Partido Revolucionario Cubano (PRC), en una reunión mantenida en el Club San Carlos de Cayo Hueso[i] con José Francisco Lamadrid, José Dolores Poyo y el Coronel Fernando Figueredo Socarrás. El 5 de enero, en una reunión celebrada en Nueva York, se aprobaron las Bases y los Estatutos del PRC, hasta que el 10 de abril se proclamó su fundación.
     Quince días atrás, el 16 de marzo de 1892, el periódico PATRIA había publicado un artículo de Martí con el título de “Autonomismo e Independencia”, en el que marcaba distancias de la siguiente manera con los seguidores del Partido Liberal Autonomista: “Por la confusión de los términos se confunden los hombres…No hay que estar a las palabras, sino a lo que está debajo de ellas…La autonomía sería una palabra grata al cubano y al puertorriqueño, puesto que autonomía sólo quiere decir gobierno propio, si el autonomismo no hubiese descompuesto los elementos necesarios para el gobierno propio…La independencia sería más temible que deseable si con el nombre de ella se levantase a ahogarla una nueva tiranía…Los autonomistas, con su derecho pleno de cubanos, pueden, cambiando totalmente de espíritu y de métodos, entrar en la obra que perdura cuando la suya se viene abajo, en la obra que se mantuvo abierta para recibir a los mismos que la perseguían y reprobaban, en la obra nueva y radical de la independencia. La independencia, que se anhela para fundir en el trabajo victorioso de la creación del pueblo nuevo los factores que pueden debilitarlo o rendirlo al extraño si se aflojan o divorcian, jamás podrá ser la continuación de la obra tortuosa, indecisa, descorazonada y parcial de la autonomía…No es la caja sólo lo que hay que defender, ni es la patria una cuenta corriente, ni con poner en paz el débito y el crédito, o con capitanear de palaciegos una cuantas docenas de criollos, se acalla el ansia de conquistar un régimen de dignidad y de justicia, en que en el palacio del derecho, sin empujar de atrás ni de adelante, sean capitanes todos. La independencia no ha de ser, porque más valdría entonces que no fuese, el desconocimiento del derecho de una entidad cualquiera de la familia del país, nueva o histórica” [ii].
     La derrota militar con la que se cerró, para los independentistas, la Guerra de los Diez Años fue caldo de cultivo favorable para la formación de una corriente política partidaria de evitar la reanudación de una contienda armada, y encaminada a sostener un movimiento de estrictos medios pacíficos en pos de reformas políticas evolutivas con la meta final de un cierto autogobierno para Cuba, aunque limitado a permanecer bajo la soberanía de España.
     En sus veinte años de existencia (1878-1898), como órgano político de las clases medias altas criollas de la Isla, el autonomismo se debatió entre sus orígenes en las aspiraciones reformistas -que habían naufragado con la suspensión en abril de 1867 de las sesiones de la Junta de Información a las que habían sido convocados 22 representantes de la Isla, entre ellos José Antonio Saco, el conde de Pozos Dulces y el antiguo anexionista José Morales Lemus- y el “posibilismo” en las relaciones con la Metrópoli que incorporados a sus filas propugnaban incansablemente –aunque también en vano- ex insurrectos como Raimundo Cabrera y José María Gálvez –éste último, entre 1880 y 1890, primero Vicepresidente y  después Presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País-, y  otras figuras de relevancia en la sociedad pudiente de la época, tales como Antonio Govín (Gran Maestre de la Masonería Unida de Colón), José Bruzón, Rafael María de Labra, Carlos Saladrigas y Rafael Montoro.
     En la circular de 3 de agosto de 1879, apenas un año y medio después de la firma del Pacto del Zanjón, la Junta Central autonomista decía: “pedimos el gobierno del país por el país, el planteamiento del régimen autonómico como única solución práctica y salvadora…que se conceda a la Gran Antilla una Constitución propia…y por lo que a sus intereses generales hace, el principio de representación local…Sin un gobierno responsable, sin una Diputación insular en que los mandatarios del País discuten y acuerden lo que el bien general de Cuba importe, continuaremos sufriendo todos los males de una centralización opresiva”.[iii]
     Pero en un debate mantenido en las Cortes españolas en 1881 con el Diputado autonomista Bernardo Portuondo, el Ministro de Ultramar don Fernando León y Castillo[iv] le espetó: “La autonomía es imposible de una manera irrevocable. Autonomistas, jamás.”
     De que el autonomismo no hizo mella alguna en la cerrazón peninsular da fe que al comenzar la última década del siglo XIX, según un artículo titulado “Dominadores y Dominados”, publicado en El País, “La Diputación de La Habana está formada por 17 conservadores[v] y 3 autonomistas. De los primeros, 2 son cubanos y 15 peninsulares…En la Diputación de Matanzas, no hay sino 1 autonomista, cuya acta hay empeño en anular: es un intruso a juicio de los integristas. La inmensa mayoría se compone igualmente de peninsulares. Lo mismo acontece respecto de las Diputaciones de Santa Clara, Santiago de Cuba y Pinar del Río. En el Ayuntamiento de La Habana, los 30 concejales son conservadores y entre ellos no pasa de 2 el número de cubanos, y así en la mayor parte de los Ayuntamientos de la Isla. ¿Puede darse una prueba más patente de la política de dominación y del régimen de castas?  ¿Hay espectáculo más triste que la proscripción de todo un pueblo entero a la gestión de sus intereses? [vi] 
     Entre los autonomistas desencantados estaba Miguel Figueroa García, nacido en Cárdenas en 1851, elegido Diputado a Cortes en 1886 y uno de los promotores del Real Decreto finalmente promulgado el 7 de octubre de 1886 por el que se suspendió el llamado Patronato de Libertos, que había prorrogado hasta 1888 el trabajo no remunerado de los esclavos, a pesar de que la esclavitud había quedado abolida –aunque sólo de nombre- en Cuba y Puerto Rico, tras una ley de 13 de febrero de 1880[vii].
     Condiscípulo de Ignacio Agramonte y de Manuel Sanguily, de Figueroa escribió Sanguily que “su corazón sensible era a modo de un registro armonioso de todos los dolores de su pueblo, de las cóleras secretas de su indignación, de sus esperanzas, de sus dudas, de sus tormentosas y vagas aspiraciones”[viii]. Y apostilló: “Fue sin duda patriota de elevadas miras, orador incomparable, la encarnación simpática de la protesta romántica, sincera, movible y a la vez permanente del pueblo cubano, -su aliento, su intérprete, su verbo prodigioso”.[ix]
     En un libro de la época (publicado en 1889),  con bocetos de Cubanos Distinguidos[x] -del género de los Cromitos Cubanos que poco después, en 1892, iba a dar a la luz pública don Manuel de la Cruz-, se decía[xi] que “En el extinguido Tribunal de Imprenta, Miguel Figueroa hizo soberbias defensas; todavía recordamos la que pronunció en la causa seguida contra nuestro amigo el insigne escritor Manuel Sanguily, y el efecto prodigioso de su informe oral, digno de transcricción (sic) inmortal”. Y se añadía que “Los merecimientos del famoso orador, lo llevaron a ocupar un puesto en la Junta Central del Partido Liberal Autonomista, de la que es uno de sus más dignos miembros, y del seno del Directorio á sentarse en los escaños del Parlamento…Entre los rasgos más sobresalientes de su vida en el Congreso de los Diputados, siempre recordará la raza negra aquel día memorable en que levantándose y haciendo resonar su voz en los espacios, pidió la cesación del Patronato. Y á su arranque y á la táctica de nuestro ilustre correligionario Rafael María de Labra, se rompieron los grillos de la esclavitud; que no otra cosa era el Patronato, baldón del siglo”.
     También con ocasión del fallecimiento de Figueroa –a la temprana edad de 42 años, consumido por la tuberculosis-, Juan Gualberto Gómez escribe, el 31 de julio de 1893, otro panegírico, en el que dice que “Él parecía, en efecto, entre todos los oradores del autonomismo, que los tiene muy notables, el más indicado para levantar la protesta a la altura del agravio, el día, quizás próximo, en que el desencanto y la decepción arrastren a ese Partido por otro camino que el que sigue. Con razón o sin ella, el pueblo piensa que así como el Sr. Montoro es el que mejor expresa los sentimientos de la agrupación liberal en esta etapa de resignación y quietismo, Figueroa era el que estaba indicado para arengar a la multitud autonomista el día que la fuerza de las cosas la llevasen por otros derroteros…”[xii]
     Y así terminó por suceder que en la dedicatoria autógrafa hecha en New York, en octubre de 1890, a las hijas de Miguel Figueroa, de un ejemplar de la novela Ramona, de Helen Hunt Jackson, traducida y editada por Martí, éste puso: “A las hijas de Miguel Figueroa en admiración entusiasta de su padre:”[xiii] Y apenas dieciséis meses después, en                      una esquela de fecha 1 de febrero de 1892, Martí se dirigió a Miguel Figueroa llamándole “Mi muy querido amigo” y en la despedida le aseguró que “en todas partes seré su amigo”.[xiv]
     Siendo Martí un buen juez del carácter de los hombres, debe colegirse de las anteriores efusiones de aprecio personal que Martí vio en la trayectoria de Miguel Figueroa una conducta honrosa y en sus ideas políticas una deriva querida hacia las posiciones independentistas, como es evidente que también lo vieron Juan Gualberto Gómez y Manuel Sanguily. Un largo recorrido ideológico en el caso de Figueroa, que había ingresado inicialmente, allá por 1879, en el integrista Partido Unión Constitucional[xv] Como dejó dicho Mañach en magistral análisis[xvi], “Figueroa no era un revolucionario. Era un político de formación diplomática, académica y parlamentaria, aunque llevara por dentro una tentación temperamental a la rebeldía. Recordemos cómo, desde sus primeras palabras públicas, contemplaba “primero la evolución; más tarde, si fuere necesario, la revolución”.
     Como igualmente recuerda Mañach[xvii], “¿No llegaría Miró a escribir en sus Crónicas que Figueroa estaba ‘poco menos que excomulgado por el Directorio Autonomista’?” Y que, en el discurso que pronunció cuando el Partido Autonomista acordó ir al retraimiento en las elecciones de 1891, Figueroa lanzó el siguiente apóstrofe: “¡Miserables y cobardes no son los pueblos dignos que hacen las guerras, sino los gobiernos, cobardes y miserables, que las provocan!”[xviii]
     Nada de extraño tiene que José Martí lo llamara “mi muy querido amigo”.
    
[1]  Nombre original durante la dominación española. Tras la aprobación por el Congreso estadounidense (en 1821) del Tratado Onís-Adams de 1819, el Territorio de la Florida pasó a los EE.UU. en 1822, y a partir de ese momento este islote se llamó Key West (tras lo que no fue sino una mala traducción al inglés).     
2 José Martí, Obras Completas,Tomo I, págs. 355-356. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.
3 Luis Estévez y Romero, Desde el Zanjón hasta Baire, La Habana, 1899, pág. 54.
4 Miembro del Consejo de Ministros presidido por ese otro inmovilista de la Restauración, don Antonio Cánovas del Castillo.
5 Se refiere a la representación parlamentaria del Partido Unión Constitucional, integrista por los cuatro costados y formado casi exclusivamente por peninsulares establecidos en Cuba.
6 Cit, por Marta Bizcarrondo (UAM) en “El Autonomismo Cubano 1878-1898: Las Ideas y los Hechos” (Historia Contemporánea 19, 1999, pág. 76), quien a su vez da como fuentes a Estévez, op.cit.,págs.402-403 y a Raimundo Cabrera, Cuba y sus Jueces, págs. 183-193.
 7 Ver “La Sociedad Abolicionista Española, 1864-1886”, por Paloma Arroyo Jiménez (Universidad Complutense de Madrid), en revistas.ucm.es/ghi/02110849/articulos/CHMC8282110127A.PDF
8 Manuel Sanguily, Nobles Memorias, pág, 96. International Press of Miami,  Inc., 1982.
9 Manuel Sanguily, op.cit., pág. 95.
10Antonio G. Zamora, Cubanos Distinguidos, págs. 16-20, Imprenta Mercantil de los herederos de S.S. Spencer, La Habana, 1889. En http://pds.lib.harvard.edu .
11Se respetan la grafía y la sintaxis de la edición original.
12Otro escrito desconocido de José Martí, Carlos Ripoll, en www.eddos.org .
13José Martí, Tomo 20, pág. 514, op.cit.
14 José Martí, Tomo 20, pág. 405, op.cit.
15 Miguel Figueroa 1851-1893. Discurso leído por el Académico de Número Jorge Mañach Robato en la sesión solemne celebrada el 6 de julio de 1943 por la Academia de la Historia de Cuba, en conmemoración del cincuentenario de su muerte, pág. 17. Imprenta “El Siglo XX”, La Habana, 1943.
16Jorge Mañach, op.cit., pág.18.
17Jorge Mañach, op.cit, pág. 32, recordando las palabras de José Miró Argenter, el último jefe de Estado Mayor del Lugarteniente General Antonio Maceo, en Crónicas de la Guerra, La Habana, 1909, pág. 23.
18 Jorge Mañach, op.cit., pág. 33.



Roberto Soto Santana
 Académico numerario de la Academia de la Historia de Cuba (Exilio).
 Autor de múltiples ensayos de Historia de Cuba, que han visto la luz
 pública gracias al patrocinio de Publicaciones Culturales René León
 (Tampa).
 Colegiado Nº55.245 del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid,
 habilitado para ejercer en toda la Península, sus Islas  y demás
 Plazas de Soberanía
 española.
 Antiguo alumno de la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva
 (La Habana).
 Primer Premio al mejor estudio sobre la Economía de la provincia de
 Oriente (otorgado por la Oficina Central del Banco Continental
 Cubano,S.A. en 1958),
 con 16 años de edad.
 Traductor e Intérprete de inglés y francés en la Embajada de la
 República Arabe de Egipto en La Habana (1969-1978).
 Asesor de la Embajada y el Consulado del Reino de España en La Habana,
 y Secretario de Actas y asesor de 14 Federaciones y Asociaciones
 regionales de
 españoles en La Habana (1969-1979). Cofundador en 1974 de la
 Agrupación de Sociedades Castellanas, y Tesorero de la Federación de
 Sociedades Españolas, a mediados de esa década.
 Columnista de la revista CARTA DE ESPAÑA y del periódico orensano LA
 REGIÓN INTERNACIONAL entre 1980 y 1990.
 Secretario-Letrado del Centro Cubano de España (Madrid) desde hace más
 de veinte años.
 Asesor Legal del American Club of Madrid con servicios ininterrumpidos
 desde hace casi veinte años.
 Primer Premio en los Concursos "Dr. Herminio Portell Vilá" convocados
 por la Academia de la Historia de Cuba (Exilio), en sus ediciones de
 2010 y 2012.
 Recipiendario de la Condecoración "Manuel Antonio de Varona", otorgada
 por la XXIV Convención (mayo 2004) de la Junta Patriótica Cubana
 (Miami).

jueves, 25 de octubre de 2012

El autotitulado: Mensaje a García y el Teniente Andrew S. Rowan


Por: René  León

  El autotitulado “Mensaje a García” fue una creación de Elbert Hubbard (1856-1915) más conocido por “Era Elbertus”. Tenía una imprenta y publicaba una gaceta que se llamaba “Phillistine”, que fue donde se publicó por primera vez dicho “Mensaje a García”, que después de más de 113 años sigue de moda. Donde el autor relata el viaje de Rowan para conseguir hablar con el Lugarteniente General Calixto García. Como es natural, este relato más bien parece tomado de una novela, donde el autor presenta la perseverancia y el valor de Rowan en su misión. Pero omite como se pudieron encontrar los dos hombres, ni la ayuda que las fuerzas cubanas le prestaron. El valor de Rowan fue cuando el Presidente McKinley lo manda a buscar y le encarga la misión, no hizo pregunta y dio comienzo a la misión encargada.

  Vamos a ver quien era Rowan. Oficial del ejército de los Estados Unidos, graduado de West Point en 1881. Declarado héroe durante la guerra Hispano-Cubana-Americana, por sus servicios prestados. Era miembro de la Oficina de Inteligencia del Ejército, donde sólo en aquellos momentos trabajaban cinco oficiales. Su misión en su viaje a Cuba consistía en entregar al general Calixto García el mensaje del Presidente McKinley, que le fue entregado por el Secretario de Guerra americano, Alger, donde se solicitaba la cooperación y ayuda del ejército cubano, lo cual accede García. En su expediente aparece día de la acción , Mayo 1898. Pero para llegar a Cuba Rowan necesito la ayuda de oficiales cubanos fuera de Cuba,  sólo menciona el nombre de varios oficiales que lo ayudaron llegar a las costas cubanas, olvidando muchas referencias de su viaje. Lo que más duele es que los miembros de la Delegación Cubana en Nueva York, no lo desmintieron y omitieron decir de la ayuda de oficiales cubanos en su entrada y salida de Cuba. Eso fue una bajeza por parte de ellos de no reconocer la ayuda de nuestros oficiales en la manigua, mientras ellos estaban de lo más tranquilo en Nueva York.

El General Calixto Garía Iñiguez 
a la derecha del General William Ludlow
  Rowan desembarca en Jamaica, donde se encuentra con Gervasio Savio, comandante del ejército cubano, y se compromete llevarlo a Cuba, siempre y cuando Estrada Palma de un salvoconducto y se le exige el pago del viaje para constancia, esta parte no la menciona Rowan al llegar de regreso a Estados Unidos. Savio deja a Rowan en la Ensenada de Mora, donde le aguardan oficiales mambises y tropas del general Salvador Hernández Río, jefe de la división de Manzanillo, y lo conduce a la Sierra Maestra, se encuentra con la tropa de Eugenio Leopoldo Fernández Barrot, quién lo escolta hasta Bayamo, que había sido tomada por García. En ese momento la colaboración entre los norteamericanos y fuerzas cubanas estaba firmada.  El general García se reúne con Rowan  le explica  la necesidad  de armamentos y municiones del ejército y le sugiere que sería de gran ayuda para ellos tener equipos militares americanos. También participan en la reunión el general Collazo,  coronel Hernández y el doctor Vieta, y le explican otras necesidades para las fuerzas mambisas. García lo invita esa noche a una fiesta organizada por las familias criollas para celebrar la toma de Bayamo. Como es natural él no menciona nada de esto.  Enrique Collazo, en su libro Cuba Heroica, dice: “Ocupado Bayamo el 27 de abril de 1898 el General (Calixto García) pone allí su Cuartel General, y el primero de mayo recibe al teniente Rowan, del Ejército americano, enviado por el Secretario de la Guerra de los Estados Unidos y por el general Miles, general en jefe del Ejército americano. Sale por Manatí el oficial americano, acompañado del general Enrique Collazo, comisionado por el general García.” Regresa el 2 de mayo junto con él lo acompañan el general Enrique Collazo, el coronel Carlos Hernández, y el teniente coronel Gonzalo García Vieta a los Estados Unidos. Según Collazo en el mismo libro, dice: “El 6 de julio se recibía en Bijarú la contestación  del general Miles, que trajo el teniente coronel Charles Hernández, quedaba hecha la combinación con las fuerzas americanas que debían llegar.”

  Ante de dar comienzo la guerra de Estados Unidos contra España, el gobierno americano hizo caso omiso de las fuerzas cubanas, pero cuando necesitó sus servicios evito comprometerse con los cubanos, eso si trato de sembrar la discordia entre Máximo Gómez y Calixto García y los otros jefes. Emilio Roig de Leuchsenring, dice al respecto: “Muy de lamentar es que el desconocimiento de nuestra historia o la incomprensión de la misma, produzca el encumbramiento de figuras incoloras, como la de Rowan, cuyo viaje a Cuba está muy lejos de merecer el calificativo de hazaña, ya que no ofreció para él peligros ni contratiempos, pues lo llevó a cabo porque dispuso de la compañía y custodia de miembros del Ejército Libertador quienes diariamente hacían idéntico recorrido que el que hizo el mensajero de McKinley”.

  El que hoy muchos cubanos crean la historia del “Mensaje a García” de Rowan como verdadera, da muestra de falta de conocimiento de nuestra historia, y de nuestros valores. Herminio Portell Vilá, dice: “el propósito disolvente y perturbador de la misión de Rowan no se logró, porque tanto el Gobierno cubano como los generales Gómez y García procedieron con exquisito tacto y elevado patriotismo”. Otra muestra de tratar de dividir a los cubanos fue que el Almirante Sampson se puso en contacto con el mayor general Máximo Gómez, con la sola idea de desconocer oficialmente al Gobierno de la República de Cuba en Armas.

Teniente Andrew S. Rowan
Foto tomado de Latin American Studies.org
  El caos y la anarquía fueron los que llevaron la entrada de Estados Unidos en guerra contra España y así robarle a nuestras fuerzas la victoria final.  Los mismos españoles fueron los responsables de lo pasado. Los desórdenes en las calles de La Habana el 12 de enero de 1898, provocados por los cobardes voluntarios y elementos reaccionarios españoles que protestaron por la partida del Asesino de Valeriano Weyler y que se oponían a los autonomistas. El envío del acorazado norteamericano Maine al puerto de La Habana, en cuyo puerto ancló el 25 de enero de 1898.  La publicación en el “New York Journal” , el 8 de febrero, y en otros periódicos de Estados Unidos de una carta del ministro de España en Washington, Dupuy de Lome, a José Canaleja, escrita en diciembre de 1897 y que le fue sustraída en el hotel “Inglaterra” de La Habana, durante su estancia en la ciudad, por el joven cubano Gustavo Escoto, quien la entregó a la Delegación Cubana en Nueva York, siendo enviado el original al presidente McKinley, donde se le ridiculizaba. La voladura del Maine, el 15 de febrero, ocasionando 260 muertos, más heridos, del que fueron acusados los cubanos, según Portell Vilá, los responsables de estas acusaciones fue  Edwin F. Atkins, “calumniador, malvado, ejemplar típico del hombre dominado por las malas pasiones del odio, la avaricia y la falta de gratitud”. Al grito de Remember the Maine se inicia la guerra contra España. El ministro norteamericano en Madrid, Woodford  hace entrega de una nota de protesta, donde dice: “que la pérdida  del Maine no fue debida a la culpa o descuido de sus oficiales o tripulantes sino a la explosión de una mina submarina debajo del fondo del buque”.   

  El “Mensaje a García” ha sobrepasado más de 100 millones de publicaciones desde aquellos días hasta la fecha, traducido a más de 20 idiomas. Una película donde aparecía Rowan en Cuba, por los años 30 o 40, donde aparecían como participantes, John Boles, como Rowan, Wallace Berry y Barbara Stanwyck.

Así es la vida.
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Washington Irving: Historiador Romántico (1783-1859) - René León


  Washington Irving, primer escritor estadounidense que alcanzó renombre internacional. Nació el 30 de abril de 1783 en Nueva York. Sus padres le pusieron el nombre de Washington  en honor del que iba a ser el primer presidente de los Estados Unidos. Sus padres William Irving, descendiente de escoceses y comerciante acomodado. La madre Sarah Saunders, de origen inglés. Irving contó siempre con el cariño de su familia. Era el menor de once hermanos.

  Se formó en un hogar de costumbres escocesas e inglesas. En su niñez recibe una educación fragmentaria en diferentes escuelas privadas, donde aprende geografía, historia, latín y francés. No era muy aplicado en sus estudios, pero si era un gran lector y observador del mundo que lo rodeaba. Las charlas literarias de sus hermanos William y Peter, influyeron en su vida cultural, así como la vida cultural de Nueva York.

  A la edad de once años escribe versos, y a los trece escribe una obra de teatro. Se escapaba de su casa para  ir a las funciones del teatro en la calle John. Deja la escuela y empieza a estudiar los cursos de derecho. Sus hermanos mayores lo alientan en sus incursiones literarias que despuntan desde su mocedad.

  Gustaba vagabundear por los alrededores de Manhattan, y en 1800 hace un viaje por el “glorioso río Hudson”, título éste que él le daba, para visitar a familiares y a sus hermanas. En 1802, a la edad de diecinueve años su hermano Peter le da la oportunidad de escribir como colaborador en The Morning Chronicle, del que era editor una serie de ensayos, “Las cartas del caballero Jonathan Oldstyle (The Letters of Jonathan Oldstyle, Gent., (1802), pseudónimo que usa Irving. Estos ensayos eran de un fondo satírico, pero interesante sobre la vida de Nueva York de esa época. Salieron publicados del 15 de noviembre de 1802 al 23 de abril de 1803. Que fueron acogidos por los lectores, por el ingenio y la descripción de personajes. Con estos ensayos da comienzo su carrera de escritor. Irving tenía la costumbre  de anotar cuanto dato importante podía encontrar sobre los personajes, que más tarde aparecían en sus ensayos. Conversar con ellos, sus historias, bocetos, comentarios, escenas de cuadros de costumbre del acontecer de la ciudad, que en ese momento contaba ya con 60,000 habitantes.

  En su juventud en sus ratos libres se ponía a leer los libros de moda de la época: Robinson Crusoe, Las Mil y una Noche, La Historia de las Guerras Civiles en Granada, siempre sintió interés por las historias de España, y su libro preferido El Quijote de la Mancha, el caballero de la triste figura y de su fiel escudero Sancho. Así va adquiriendo conocimientos de la cultura europea.

  En 1798, empieza a trabajar en el bufete de Henry Masterton en la ciudad de Nueva York. Pero no tenía amor por dicha carrera, ni le interesaba Su verdadero interés era  andar siempre por la ciudad o sus alrededores buscando historias interesantes para sus futuros ensayos.

  Francis Donahue, dice sobre Irving: “Quizá sea la palabra ‘afable’ la que mejor describa a Irving como hombre y como escritor. En su obra Irving se refleja como hombre afectuoso, amigable y simpático. Atraía a toda clase de personas y de todas las edades porque era, principalmente, una persona sociable, de intereses gregarios que a menudo le motivaban abandonar la pluma y emprender largos viajes en compañía de amigos” (1)  

 El mismo autor nos dice su manera de escribir, y de tomar notas de lo que rodeaba en su Libro de Esbozos (Sketch Book) : “Siempre gusté de visitar nuevos lugares y de observar la gente y las costumbres que fueran desconocidas para mí. Cuando era aún muy pequeño comencé mis recorridos, y a veces hacía excursiones para investigar aquellos lugares  extraños y desconocidos dentro de mi propia ciudad natal, cosa que alarmaba frecuentemente a mi familia…Al crecer extendí el radio de mis observaciones…Los  días de fiesta pasaba las tardes recorriendo los campos aledaños a la ciudad. Llegué a conocer todos los lugares famosos de que se habla en la historia y en las leyendas… Visitaba los pueblos cercanos y aumenté considerablemente mis conocimientos observando cuidadosamente los hábitos y las costumbres de los distintos lugares conversando con los filósofos y hombres grandes de cada pueblo.”

  “Esta inclinación andariega fortaleciese con los años. Me absorbía en la lectura de viajes y, por devorarla, abandonaba las tareas de la escuela. Cuando hacía buen tiempo, ¡con qué ansias vagaba por los muelles mirando los barcos que se alejaban rumbo a otros climas! ¡Con qué anhelo miraban mis ojos desaparecer sus velas mientras mi imaginación volaba hasta los lugares más recónditos de la tierra!”(2)

  Sus hermanos preocupados por su salud  deciden enviarlo a Europa en un viaje de reposo y cura. El 19 de mayo de 1804 partió en un velero desde el puerto de Nueva York para Burdeos, donde se encuentra por primera vez con la cultura Europea. Nuevas costumbres y cultura. Se traslada a París, y después de pasear, divertirse y conocer nuevas amistades, marcha para Marsella y llega a Génova. Su vida ha dado un gran cambio, asiste a las obras de teatro, queda encantado por la belleza de las mujeres genovesas. Visita las bibliotecas en todas estas ciudades. Marcha de Génova a Sicilia, y es capturado por un barco pirata, y al pasar los días lo ponen en libertad. Regresa a París y asiste a conferencias de botánica, y sus noches la pasa visitando lugares interesantes de la ciudad. Las autoridades francesas lo prenden pensando que es un espía inglés,  a los pocos días es puesto en libertad. Visita Holanda, y en ella se encuentra los mismos tipos de holandeses que se encontraban en Nueva York y sus mismas costumbres y hábitos. Las jóvenes mujeres holandesas hermosas y joviales.

 John Francis McDermontt, dice sobre Irving: “ Hombre moderado y tolerante, que no tenía de la humanidad una opinión demasiado elevada, aunque tampoco demasiado baja, su propia índole lo inclinó al testimonio gráfico de lo extravagante, lo humorístico, lo grotesco, lo absurdo y, sobre todo, a la descripción realista de la vida…(3)

  A su regreso de Europa en enero de 1806, no ha decidido si seguir con la carrera de Jurisprudencia, pero se sentía satisfecho de su viaje, pues contaba con suficientes notas sobre la vida en los países visitados, que le servirían para sus futuros ensayos.

  En 1807 empieza a escribir en la revista Salmagundi Papers, en colaboración con sus hermanos William y Peter, y varios amigos. De 1807 al 1808, se publican sólo veinte números, el objeto de la revista “instruir al joven, reformar al adulto, purificar las costumbres de la ciudad y censurar la época”. Joven de gran talento como era Irving, se le encarga hacer una crítica sobre la obra “Otelo” y, escribe: “En los momentos que estaba este artículo en prensa, me han informado que no llegó a representarse la obra; bueno ¿y qué? No soy el primero en hacer la crítica de una obra sin haberla visto en escena”.

  Irving va adquiriendo fama de escritor,  y hombre de gran talento. Empieza a preparar otro libro  que le va a dar renombre internacional. Se puede decir que fue el creador del estilo coloquial que después fue utilizado por otros escritores estadounidenses con tanto éxito. El libro es sobre la historia y costumbres de la ciudad  de Nueva York. Donde introduce a Diedrich Knickerbocker, Historia de Nueva York “desde el principio del mundo hasta fines de la dinastía holandesa”, Con una campaña publicitaria, el personaje adquiere vida propia: “El 26 de octubre de 1809 apareció en el Evening Post una noticia dando cuenta de la desaparición de un caballero bajo, anciano, vestido con un abrigo negro y raído, sombrero de tres picos, y que respondía al nombre  de Knickerbocker. Tenía su vivienda habitual en el Hotel Columbia. En el anuncio se pedía a los lectores su colaboración e información sobre el paradero de este personaje. Noticia que iba apareciendo semana tras semana con los resultados de la búsqueda…Tan diestramente fue manejada la información que se cuenta que uno de los oficiales del ayuntamiento estaba dispuesto a ofrecer una recompensa por el hallazgo del perdido Diedrich”(4)

  El personaje cómico creado por Irving, adquiere vida en el libro. La historia pretende ser durante de la ocupación de los holandeses en Nueva York, pero como puede ver el lector es una sátira sobre la época. Francis Donahue, dice: “Con originalidad dio Irving a conocer su  Historia mediante una serie de anuncios insertados en la prensa atribuidos al dueño del Columbian Hotel en la calle Mulberry en Nueva York. Decíase que un misterioso huésped, un tal Diedrich Knickerbocker según el registro del hotel, que allí vivió unos días, vestido de negro, con tricornio y una manta raída, había dejado al partir un voluminoso manuscrito, fruto de su erudición. En esta forma le atribuyó Irving a Knickerbocker la paternidad de su obra, iniciando así la tradición que hoy simboliza en Papá Knickerbocker a la ciudad de Nueva York”.(5) El éxito fue enorme, la primera edición se agotó con rapidez. Blasina Cantizano Márquez, dice sobre el uso de Irving de un supuesto narrador: “... La efectividad del uso no ya de un pseudónimo literario sino más bien de todo un personaje se ve acrecentada con las intervenciones del autor sobre la historia y peculiaridades del narrador (“Rip Van Winkle”) (6)

  Un suceso importante sucede mientra escribía la Historia. Recibe la noticia de la muerte de su prometida en París (26 de abril de 1809), Matilda Hoffman. La había conocido cuando su viaje a Europa. Su muerte le afectó profundamente, como él confesaría años más tarde. Habían pasado catorce años de su muerte, cuando Irving escribió: “Murió en la flor de nuestra juventud pero para mí siempre ha vivido y la he tenido presente en toda mujer. La veo a ella en los ojos de todas las mujeres, y es el recuerdo de ella lo que ha despertado en mí un sentimiento de ternura hacia todo lo que se llame mujer”.(7)

  Cada día su técnica de descripción, y uso de las costumbres, se van superando. Ya no es sólo un novelista, es también un historiador, que mezcla costumbres e historia a la vez. En 1813 se compromete con Moses Thomas de Filadelfia, en preparar una antología sobre las rutas europeas, para ser publicadas en Anacletic Magazine (1813-1814).

  En 1815 tiene que viajar a Liverpool para tratar de salvar de la quiebra el negocio de ferretería de la familia. En sus ratos libres, se dedica a viajar por la campiña inglesa y por Gales. En sus libros de notas escribe las costumbres del pueblo, historias, visita los castillos ingleses llenos de historia románticas. En 1817 muere su madre. Visita a Sir Walter Scott, notable novelista inglés en su casa de Abbotsford, Escocia. En esos momentos Scott escribía su novela Rob Roy. Estaba encantado con el joven Irving, y más al saber que estaba familiarizado con las tradiciones escocesas. Hablaban de las costumbres del país, y se hicieron buenos amigos. Scott le recomienda a Irving sobre el abundante material de la literatura alemana. Irving empieza a estudiar el alemán.

  En 1818 la casa comercial de Liverpool es declarada en quiebra. Se va a Londres y empieza a escribir una colección de historias y cuentos del mundo anglosajón. En 1819-20 publica  Libro de esbozos, primer libro de un escritor estadounidense que llama la atención en Europa. En el libro aparecen historias de la vida rural inglesa y sus costumbres, él añade dos relatos que según él se le habían olvidado…”encontrados entre los papeles del difunto Diedrich Knickerbocker. “Rip Van Winkle” y “La Leyenda de Sleepy Hollow”. John Francis McDermott, dice: “…fijó un molde admirablemente adecuado a su talento y a su temperamento. Es una miscelánea de las descripciones, los ensayos, los cuentos humorísticos y de fantasmas que lo habían hecho famoso. Junto con paisajes y escenas de costumbres de la vida rural inglesa…(8)  Francis Donahue, cuenta. “Años más tarde cuando un niño le preguntó al Irving si “Rip Van Winkle” era un cuento verdadero, el autor vaciló en contestarle. Sincero en demasía pero incapaz de romper la ilusión infantil, le contestó, recalcando las palabras, “Es un verdadero cuento”.(9)

  Francis Donahue, dice: “El Libro de esbozos contiene 34 esbozos, cuentos, ensayos y descripciones en los cuales se mezclan trozos de la vida real…La unidad del libro no consiste en un objetivo central sino en la unidad de tono; conlleva un ambiente de tierna amistad que le da un encanto universal y duradero”.(9) El libro se vende por entregas en Nueva York. Llega a un acuerdo con el editor inglés John Murray, para ser vendido en Europa, y la de sus futuros libros. Es elogiado por los escritores más famosos de Inglaterra, Sir Walter Scott, Lord Byron, y Thomas Moore. Acostumbrado en todos sus ensayos y libros a usar un pseudónimo, utiliza el de Geoffrey Crayon, como anteriormente lo hizo con el de Diedrich Knickerbocker. Sobre esto dice J. Villoria: “…la reputación de que Irving gozó durante toda su vida descansaba en las dos voces que manejaba con maestría: la de Diedrich Knickerbrocker, el nativo de las laderas del Hudson, de áspero vigor y un tanto mal educado, y la de Geoffrey Crayon, con un registro elegante y pulido” (10). “Rip Van Winkle” y “Sleepy Hollow”, con un ambiente de los días de Nueva York de Irving, se han convertido en clásicos de la Literatura estadounidense.

  En 1821 se va a París, deseaba descansar de la vida agitada que había llevado. Colabora en obras teatrales con el estadounidense John Howard Payne. Comienza a preparar otro libro, con los apuntes que no había utilizado en el Libro de esbozos, su título  La casa de Bracebridge en 1822, con el mismo estilo del anterior, donde incluye historias sobre casas embrujadas, muy de moda en esa época, y utiliza el pseudónimo de Geofrey Crayon.

  Decide viajar por Europa. Sus conocimientos se van ampliando, va concibiendo nuevas ideas y planes para futuras publicaciones. Historiador perpicaz que no olvida los más insignificantes detalles. Visita Alemania, de la que queda muy impresionado. Va reuniendo sus informaciones tomadas en sus viajes, para utilizarlas en un nuevo libro. Regresa a Londres y le entrega el manuscrito a John Murray, su título Relatos de un viajero (1824). Por primera vez sus relatos no gustan a los lectores. El libro es objeto de una crítica mordaz. Murray lo convence que se tome un buen descanso, por creer que Irving se va alejando de los lectores o empieza a decaer como escritor.

  Washington Irving da comienzo un nuevo proyecto, y son los escritores españoles del Siglo de Oro, y en especial Calderón de la Barca. Lleva cierto tiempo aprendiendo español, para que le sea más facíl sus investigaciones. Al mismo tiempo su familia le urge que vuelva a Nueva York. En el transcurso de estos estudios el embajador de los Estados Unidos en Madrid, Alexander H. Everett, que era un hispanófilo, tiene la idea de traducir al inglés la obra del marino e historiador español don Martín Fernández Navarrete, Colección de los Viajes y Descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde el siglo XV. Irving recibe una carta del embajador el 30 de enero de 1826, donde lo nombraba miembro del personal de la Legación de los Estados Unidos en Madrid. Acepta el trabajo y parte para Madrid, cruzando la frontera por Irún. Queda encantado del viaje, y diría: “Los españoles parecen sobrepasar aún a los italianos en colorido; hasta el más insignificante es tema para el artista”. Stanley T. Williams, biógrafo de Irving, dice: “No ha habido norteamericano alguno, ni Ticknor ni John Hay, ni aún el dilecto Lowell, ni ningún otro de cualquier carrera, que haya sido tan bien recibido en España como Irving, ni que se haya compenetrado tan íntimamente con el pensamiento español…”(11)

 Al llegar le es presentado el bibliófilo norteamericano Obadiah Rich, que poseía una de las más grandes colecciones de obras acerca de la América hispana de la época. Se hospeda en la casa de Rich, mientras se encuentra en Madrid. Llega hacerse muy buen amigo de Navarrete. Durante el tiempo que se encuentra en Madrid, se relaciona con escritores, pintores e historiadores.

  Al empezar a traducir Irving el libro de Fernández Navarrete, decide que es mejor para él, con sus conocimientos de historiador, el escribir un libro sobre Cristóbal Colón y sus viajes, sin ofender a Navarrete. Le informa  la idea al embajador Everett. Muchos fueron los días que pasó en los archivos del Colegio de San Isidro, escudriñando. Aparecen muchas informaciones, que le hace imposible dar fin a su libro. Le manda una carta al editor en Londres, donde le decía: “Continuamente surgen nuevos puntos que concretar, lo que me origina nuevas dilaciones’, escribe a mediados de enero de 1827 “…He descubierto –le escribe a su editor-que el dar fin aun trabajo de esta naturaleza tan distinto en muchos aspectos a lo que solía hacer, requiere un cuidado y dedicación particulares”.(12) …”Jamás tuve idea -le escribe Irving al editor- del lío en que me metí cuando empecé este libro”. El editor tiene que esperar a fines de julio para recibir la obra. Irving le pide adelantado a Murray 3.000 guineas, cantidad fabulosa para esos años. El título fue Vida y viajes de Cristóbal Colón. Manuel Romera Navarro  en su libro El Hispanismo en Norte América, Madrid (1917), dice sobre Irving: “Podrá tener mucho o poco que enseñarnos pero lo que dice no podría haberse dicho mejor”.(13). Antonio Garnica, dice:”…la figura de Irving es trascendental tanto para la historia de su país como para la de España porque popularizó en todo el mundo la leyenda de la Alhambra y la importancia de La Rábida en el Descubrimiento de América, abriendo la vera a otros historiadores sobre el personaje de Cristóbal Colón”.(14)

  Al terminar el libro sobre Colón, Irving decide dar un viaje por España, compenetrarse con ella, y seguir con la idea de escribir sobre la Conquista de Granada. Consigo lleva mucho material acumulado de sus investigaciones en Madrid. Su idea era presentar la obra como si fuera tomada “de un manuscrito de Fray Antonio Agapita” otro pseudónimo que iba a utilizar; monje piadoso pero hablador y agregarle sus propios comentarios.

  En 1828 parte de Madrid, con rumbo a Córdoba, Granada y a las montañas de Málaga, como diría en su diario “plagada de bandidos”. Viaja acompañado de su amigo el pintor escocés David Wilkie. Viajan en diligencias y postas; es un nuevo mundo el que se le va presentando a Irving. En su libro sobre La Alhambra, en el capítulo del “Viaje”, dice sobre España: “Muchos hay propensos a figurarse a España como un apacible región meridional engalanada con los lozanos encantos de la voluptuosa Italia. Antes al contrario; si se exceptúan algunas de las provincias marítimas, es, en su mayor parte, un áspero y melancólico país, de montes escabrosos y amplias llanuras, desprovistas de árboles; y un silencio y soledad indescriptibles”. (15) El paisaje lo deleita, caminos imposibles de pasar; el peligro de los bandidos, la vida en las posadas. Todo lo iba anotando en su diario, y más tarde lo lleva a su libro. Ricardo Villa-Real, dice sobre las descripciones de Irving: “Sobresale el autor en las bellas páginas descriptivas, de pintoresco sabor local, y en aquellas otras en que da rienda suelta a su fogoso temperamento romántico de la mejor ley”.(16)

  Irving se encuentra admirado de aquel paisaje que se le presenta. La simpleza y naturalidad del pueblo, sus costumbres enraizadas en las tradiciones de generación en generación, muy diferentes a las vistas en otros países. Leyendas que va recogiendo contadas por el pueblo, unas creadas por ellos, otras tomadas de la realidad. En una de las páginas del libro sobre La Alhambra, dice: “Hay algo también en los sencillos austeros rasgos del paisaje español, que imprime en el alma un sentimiento de sublimidad. Las inmensas llanuras de las dos Castillas y de la Mancha, que se extienden hasta donde alcanza la vista”. (17)

Tomado de: La Murga de Nito
  Llega a Sevilla en abril de 1828 y busca alojamiento en el corazón de la ciudad del barrio castizo de Santa Cruz, en la “Fonda del Sol”. Su fama de escritor es conocida en la ciudad, es invitado a casas particulares y reuniones. Se cambia de pensión y con su amigo David Wilkie van a residir a la “Casa Cera”, y junto a John Nader Hall, se van adaptando a la vida de la ciudad. Irving vivía cerca de la Giralda y del Archivo de Indias. Iba a visitar las iglesias, conventos y bibliotecas. Gustaba de caminar por los puentes viejos de madera y  oir las campanas de la Giralda.

  En Sevilla había conocido Irving a la conocida escritora Cecilia Bohl de Faber (1796-1877) conocida literariamente como Fernán Caballero. El padre de ella el erudito Johann Nikolaus Bohl von Faber. Llegando Cecilia y Irving  a tener una amistad no sólo personal, sino también literaria. En julio de 1828, es invitado Irving  a vivir en la casa de Puerto de Santa María, dando comienzo  una sincera amistad  basada en las preferencias literarias de ambos. Que Irving nunca olvidaría a través de los años. Sus conversaciones y consejos que recibe de la folklorista española que le serviría en su libro sobre La Alhambra. Sobre Fernán Caballero, diría Irving: “…tuvo la bondad de darme por escrito algunas de las anécdotas de los aldeanos españoles que me había contado, retratando hasta la manera de pensar y modo de vivir de aquellos”. (18) Irving la había conocido a ella en las navidades de 1828, en la representación de la ópera Crociato, siendo invitado luego a la finca familiar en Sevilla. Blasina Cantizano, dice: “…ambos parecen congeniar de inmediato puesto que tanto el estilo como la temática de su producción literaria son similares. Sin duda, ambos sienten predilección por el folklore, las leyendas y tradiciones que subyacen en la cultura popular”. (18)

 Irving regresa a Sevilla con su amigo John Nader, que muere a los pocos meses. Al enterarse Irving de que en Estados Unidos van a publicar una edición pirata de su libro sobre Colón, entabla una demanda contra los editores. Sale de Sevilla hacia Granada (1829), poco después de su llegada acepta la invitación del gobernador general español, O’Lawler, de instalarse en la Alhambra. Que acepta fascinado de estar allí, compenetrado con sus personajes y su ambiente misterioso romántico. El crítico literario estadounidense Van Wyck Brooks  relata una anécdota sobre él: “Cuando volvía sus ojos hacia esta temporada de ensueño sentíase como si hubiera sido transportado a un cuento de Las mil y una noches; era tal el perfume de las flores, el murmullo de las fuentes, la suavidad del aire, la tranquilidad y el silencio que al principio apenas si podía trabajar entre las ruinas del antiguo palacio…Había una viejecita que vivía en un zaquizamí bajo la escalera y que se sentaba al fresco, en el pasillo, dándole a la aguja y cantando desde la mañana hasta la noche. Podía contar tantos cuentos  como Scheherezada y, para ella, cada salón, torre o cúpula tenía una historia maravillosa que contar…” (19)

  Blasina Cantizano, dice: “Cecilia Bohl de Faber, a quien Irving conoció y trato en Sevilla y más tarde en casa de su padre donde mantuvieron largas conversaciones, fue otra de las personas que posiblemente auspiciaran los contenidos del   El Alhambra. Para algunos críticos, la influencia de Cecilia está presente en el tono de los relatos, en ese poetizar la realidad sin alterarla”. (20)

  En la primera leyenda de Irving, dice: “La Alhambra es la fortaleza de la cristiandad –donde se duerme. Pudiera haber añadido: y donde más se sueña. Porque los habitantes del recinto, los “hijos de la Alhambra”, pobres huéspedes de salones suntuosos, no contentos con lo que ven y poseen todos los días, amontonan los tesoros de su imaginación”.(21)

  Irving vive allí desde mayo a julio de 1829. Se siente embrujado por el viejo alcázar. Los reyes nazaritas Ismael, Yusuf I y Mohamed V, en el siglo XIV; Mohamed VII en el XV, hicieron construir los pabellones más elegantes y suntuosos, en la parte occidental del mismo. En una de sus puertas reza la divisa de los nazaritas “No hay vencedor, sino Allah”.

  Andrés Soria, dice: “La Alhambra es un reducto oriental entre edificios góticos: escenario romántico, capaz de producir el más pintoresco de los ambientes. Ha sido construida por un pueblo que recorrió la historia con deslumbrante rapidez. El historiador Washington Irving hace su pequeña filosofía: la milagrosa habitación donde vive y se pasea es monumento de unos hombres que pasaron fugazmente, que fueron y que, sin embargo, supieron dejar como rastro este “recuerdo elegante”. (22)

  En la dedicatoria del autor a su amigo, David Wilkie, pintor inglés, aparecida en la primera edición inglesa con el título The Alhambra or the New Sketch Book, Colburn and Bentley, 1832.

“Mi querido amigo:

Recordará usted que, en las andanzas que realizamos juntos una vez por algunas de las viejas ciudades de España –singularmente Toledo y Sevilla-, advertimos una fuerte mezcla de lo sarraceno con lo gótico, reliquias conservadas desde el tiempo de los moros; y que fuimos sorprendidos con frecuencia por escenas e incidentes callejeros que nos recordaban pasajes de Las mil y una noches. Entonces me estimuló usted a que escribiese algo que pudiera ilustrar estas peculiaridades, “algo al estilo de Harum al Raschid” que tuviese regusto de este perfume árabe que todo lo impregna en España. Traigo esto a su memoria para hacerle ver cómo, en cierto modo, es usted el responsable de la presente obra, en la que he recogido algunos “arabescos” de la vida y de las leyendas, basados en tradiciones populares, pergeñadas principalmente durante mi estancia en uno de los lugares más morisco-españoles de la Península.

  Le dedico estas páginas en recuerdo de las gratas escenas que presenciamos juntos en el país de la aventura, y como testimonio de consideración por sus prendas personales, a la cual tan sólo excede la admiración por su talento.

Su amigo y compañero de viaje,

El Autor

Mayo, 1832”(23)


  Washington Irving en la primera página de la historia de La Alhambra, dice: “Para el viajero imbuido de sentimiento por lo histórico y lo poético, tan inseparablemente en los anales de la romántica España, es la Alhambra objeto de devoción como lo es la Caaba para todos los creyentes musulmanes. ¡Cuántas leyendas y tradiciones, ciertas o fabulosas; cuantas canciones y baladas, árabes y españolas, de amor, de guerra y de lides caballerescas, van unidas a este palacio oriental”. (24)

  Ricardo Villa-Real, dice sobre los Cuentos de la Alhambra, en la edición de 1974: “Ha sido preocupación mía, desde un principio; captar el ambiente y circunstancia en que Washington Irving viviera durante su estancia en el palacio nazarita que cautivó su espíritu y donde se sumió en uno de los más deliciosos sueños de su vida”. (25)

  Andrés Soria, dice sobre Irving: “Irving se complace en repetir que los hombres y las mujeres entre los que vive son extraordinariamente felices. Lo son por esto, por gozar sin límites de las noches estrelladas o del canto de los pájaros, al alba. Y por sumar a estos regalos tan inocentes las fábulas mentidas, las fantásticas evocaciones de los días gloriosos del Alcázar”. (26)

  Los Cuentos de la Alhambra cuenta con 32 capítulos, todos ellos de belleza, en la narración del autor. Irving escribe el libro inspirado por el amor que sentía por lo español y morisco, como él mismo dice: “…hacer revivir los vestigios de la gracia y belleza que rápidamente se desvanecían de sus muros; e inscribir las tradiciones de realeza y caballería, así como el capricho y la superstición de las leyendas de la raza abigarrada que ahora se aposenta entre sus obscuras ruinas”.(27)

  La obra alcanza un éxito instantáneo en los Estados Unidos e Inglaterra, por haber sido publicada en inglés. Al pasar los años fue acusado de haber tomado muchas de sus historias de la obra de José Antonio Conde, Historia de la dominación de los árabes en España, publicada en Madrid en 1820-21, donde aparecían crónicas de los musulmanes.

  Antes de terminar el libro, el gobierno de los Estados Unidos, le pide que acepte la secretaría de la Legación Norteamericana en Londres, era a fines del verano de 1829. Se va con tristeza de España. En Londres, la Royal Society of Literature le otorga una medalla de oro en “Reconocimiento de su aporte a la Historia y a la Literatura”. La Universidad de Oxford le confiere el grado de Doctor en Leyes.

  En 1831 termina el segundo libro sobre Colón y sus compañeros, Los viajes de los compañeros de Cristóbal Colón. Sus Cuentos de la Alhambra, aparecieron tres años después de haber salido de España. Después de tres años en Londres, regresa a su ciudad natal Nueva York, el 26 de mayo de 1832. Había estado ausente de su país diez y siete años. En el banquete ofrecido a él por más de trescientas personalidades neoyorquinas, habían pancartas con la figura y el nombre de sus personajes más principales “Diedrich Knickerboker”, “Geofrey Crayon” y “Boabdil”. En los discursos de las personalidades , elogiaban al “Heródoto holandés Diedrich Knickerbocker y al mundialmente amado Geofrey Crayon”.

  John Francis McDermontt, dice sobre el estilo de Irving: “Artesano magistral, su logro más alto no reside en el tono y el ritmo de su prosa, ni en el refinamiento y la chispa de su ingenio, por notorios y gratos que sean, sino en su eximia destreza de pintor. Los cuadros que trazó obtienen perenne respuesta porque dan una visión lúcida y desapasionada de la realidad, en la que se adentró con agudo interés, pero sin comprometerse personalmente”.(28)

 Washington Irving, al regresar a Nueva York, publica Las aventuras del Capitán Bonneville (1838) Basadas en  historias reales de un oficial del ejército norteamericano en 1832, que dirigió una expedición de cazadores de pieles en las Montañas Rocosas. Vida de Oliver Goldsmith (1849). Vida de Mahoma (1850). Washington, tomo I (1855), tomo II y III (1856), tomo IV (1857), tomo V (1859)

   En 1836 establece su residencia con sus sobrinas en Sunnyside, casa que había comprado en Tarrytown, a orillas del Hudson, en 1835. Sigue viajando por los Estados Unidos, preparando futuras historias de personajes de la historia. Uno de los proyectos que no pudo empezar fue el de la Conquista de México, por enterarse que William H. Prescott, había empezado a escribirla.

  Padecía del corazón y de asma, pero esto no le impedía mantener su ritmo de vida. Su único deseo terminar la obra sobre Washington, y decía: “!Si me alcanzara la vida para terminarla”. La término. Según su doctor escribió Dr. Harold Dean Cater: “Se pasaba los días calurosos de verano sentado en un banco bajo los árboles…Era un tónico para él, pues casi siempre se sentía una fresca brisa que venía del río… Se sentaba allí con su sombrero de alas anchas, vistiendo un traje negro y anticuado, zapatos de corte bajo y calcetines blancos, con una bufanda gris a cuadros sobre los hombros y mirando hacia el Hudson, quizá en espera de que apareciera el fantasma de Rumbout Van Dam…”

  El 28 de noviembre de 1859, muere en su mansión a la edad de 76 años. Ese día en la mañana se había paseado por el camino que bordeaba el riachuelo. Por la noche ceno con ocho personas, y conversaron. Después de una partida de naipes, se retiró a sus habitaciones y murió de repente.

  Había muerto un hombre que le dio una visión muy diferente a la historia sobre el descubrimiento de América: creador de la literatura nacional en los Estados Unidos. Romántico que en sus descripciones sobre las costumbres y personajes, le da un toque muy especial de belleza y sensibilidad, y nos suministra una idea o luz de la época en que vivió.

  A la entrada de su casa solariega, Sunnyside, desde donde se domina el río Hudson se levanta un monumento con tres figuras: la de “Diedrich Knickerboker”, el Rey Boabdil de Granada” y la de “Rip Van Winkle”. Al momento de despedirse del paisaje español y de Granada, escribe:”Como siempre el sol poniente derramaba un melancólico fulgor sobre las rubicundas torres de la Alhambra…la purpúrea bruma de la noche estival se cernía sobre la vega; todo era hermoso, pero igualmente tierno y triste”.

  El poeta, escritor y revolucionario cubano José Martí, escribe en Nueva York, 1 de mayo de 1883, una crónica dedicada a Washington Irving en el centenario de su nacimiento que sale publicada en el periódico La Nación, Buenos Aires:

(extractada)

  “De un hombre primaveral celebraron a los comienzos del mes el centenario. Algunos viven como aquel Koboldt travieso y diabólico de la fabula alemana, con un cuchillo clavado en el costado; otros viven, como Washington Irving, sentados en divanes. Para unos, el genio es diente que clava, ahonda y desgarra –diente famélico: para otros, el genio es el beso de una perpetua Margarita, que no ha matado nunca a su hijo.

  Washington Irving nació de casa hidalga, que ilustró con la señorial llaneza, patriarcal majestad y fecunda y amena imaginación  que hermosean su vida. Tuvo pesares como hormigas, y gozos como montes. De abogado, perdió pleitos; de mercader, perdió onzas; pero aquéllos y éstas ganó en caudales con los hijos risueños y bien nacidos de un ingenio, ya el retozón Salmagundi, famoso periódico de reír en que sacó a burlas, y mantuvo en risas, la que era en aquellos edades, -aldea de gente buena y avisada, más que ciudad de Nueva York, -ya la vida de Washington, que se lee por todos los ámbitos en que resuenan palabras humanas, -y que resplandece como el héroe que pinta. Algunos hombres dejan tras de sí caudas de fuego, y rota la tierra, y hecatombes hirviendo: de otros brota luz de luna.

  Este centenario de Washington Irving, que han celebrado con amor las gentes de letras y las de las cercanías de la histórica casa en que palidecieron las flores de su fantasía y las de su vida, ha sido el centenario de la independencia de la Literatura Americana.

  Y Washington Irving sacudió con mano robusta el árbol patrio, cuajado de frutas, y en bandeja de labor de Europa, recamada de esmaltes de Persia y embutidos arábigos, ofreció al paladar cansado de Inglaterra y al ansioso de América, las frutas nuevas. Por lo que tiene color homérico y tono primaveral, como quien ve con ojos claros lo no visto, o huella con pie desnudo de calzados de ciudad la selva virgen, o aparta bravamente los cristales de varios colores que para mirar la naturaleza le ofrecen los hombres, y los echa a todos en tierra de un revés, como un amor dichoso.

  Nació Washington Irving en tiempos buenos: -cuando nacía la libertad. Sus pañales fueron los de la República, y en la frente del niño recién nacido dieron los aires frescos de aquel pueblo nuevo.

  Por eso se celebrarán a poca distancia, el centenario de Washington Irving en “Sunnyside” –del lado del sol- como él llamó a la vasta casa que le dio techo en sus postrimerías, -y el centenario de aquel día de gozos, en que todos los menestrales vistieron su mejor calzón de cuero y su chupilla roja…Todavía se levanta, testigo recio y venerado de aquellas pláticas, usos y emociones de hace cien años, la casa legendaria, asiento un día de aquel hombre magnánimo…”(29)



BIBLIOGRAFIA


 1.-  Donahue, Francis: El mundo de romance y leyenda de Washington Irving, Embajada de los Estados Unidos de América, La Habana, Cuba, 1958.


 2.-  Irving, Washington: Libro de los Esbozos (Sketch Book), Londres, 1819-1820.


 3.-  McDermontt, John F: El mundo de Washington Irving, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 1978.


 4.-  F. Fonahue.


 5.-  F. Donahue.


 6.-  Contizano Márquez, Blasina:  Washington Irving y Fernán Caballero: influencias y coincidencias literarias, Universidad de Almería, España, 2003.


 7.- Williams, Stanley T:  The Life of Washington Irving, 2 vol., Oxford University Press, Nueva York, 1935.


 8.-  McDdermontt, J.F


 9.-  Donahue, F.


10.-  Donahue, F.


11.-  Villoria, J. :  Washington Irving en España. Cien años de traduciones, Servicio de Publicaciones de la Universidad de León, España, 1998.


12.-  Williams, S.


13.-  Williams, S.


14.- Romera Navarro, Manuel : El Hispanismo en Norte América, Madrid, 1917.


15.- Garnica, Antonio :Curso de Verano de la Sede Iberoamericana de La Rábida, Universidad Internacional de Andalucía, España, 2007.


16.-  Irving, Washington: Cuentos de La Alhambra, Miguel Sánchez, Editor, Granada, España, 1974.


17.-  Villa-Real, Ricardo: Cuentos de La Alhambra, Miguel Sánchez, Editor, Granada, España, 1974.


18.-  Irving, Washington


19.-  Williams, S.


20.-  Cantizano, B.


21.-  Brooks, Van Wyck.

22.-  Cantizano, B.


23.-  Irving, W.


24.-  Soria, Andrés : Cuentos de La Alhambra, Miguel Sánchez, Editor, Granada, España, 1974


25.-  Irving, W.


26.-  Irving. W


27.-  Villa-Real, R.


28.-  Soria, A.


29.-  Irving. W.


30.-  McDermontt, J.F.


31.-  Martí, José : “La Nación”, Buenos Aires, Argentina, 1883.


Deseo dar las gracias a mi gran amigo el Dr. Filiberto Henderson, por los momentos agradables que pasamos en su casa en Charlotte, hablando de Washington Irving. Tiene un libro que el autor  Francis Donahue le regalo cuando era el Encargado Cultural de la Embajada de Estados Unidos en La Habana. Hablar con Filiberto es transportarse a aquellos años de una Cuba, que ya nunca más va a volver.

  Al gran amigo y hermano el Dr. Rowland J. Bosch, gran poeta y escritor cubano, que me ayuda siempre en la busca de material en mis publicaciones.

  Al Dr. Roberto Soto, gran investigador que en España, siempre encuentra informaciones interesantes sobre la historia de Cuba, y reviso el trabajo sobre Washington Irving.

  Y no puedo de mencionar el nombre del gran “Rambo” que me acompaña en mis lecturas y escritos. Cuando llegamos a viejo, lo mejor que podemos hacer, es tener ocupada la mente en cosas valiosas, y olvidarnos de la basura que se ve en TV, y se lee en las publicaciones.


El autor

“…lugar donde el infortunado Boabdil lanzó su última mirada a Granada. Ostenta hoy un nombre que expresa sus pesares, la ‘Cuesta de las Lágrimas’, y la cima de una roca, donde Boabdil lanzó su última exclamación de dolor…llámase aún ‘El Ultimo Suspiro del Moro’ ”.

  “Fue aquí también donde se hizo más amarga su aflicción con el reproche de su madre, Ayza, que tantas veces le ayudara en horas de peligro, y que en vano trató de infundirle su esforzado ánimo. “Llora como mujer –le dijo- lo que no supiste defender como hombre’, palabras que tenían más sabor a orgullo de princesa que a ternura de madre”.

(Cuentos del Alhambra)


“Aun hoy en día cuando oyen en las montañas Kaatskill tronar en verano, dicen que Hendrick Hudson y su tripulación están jugando a los bolos, y todos los maridos gurruminos de la comarca cuando se sienten aburridos de la vida, tienen el deseo de beber un trago tranquilizador en la redoma de Rip Van Winkle”.

(Libros de los esbozos)