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domingo, 1 de diciembre de 2013

Amor en Lejanía

Old American cars are a Cuban staple. Here they drive on a road bordering Havana Bay.
Credit: Marla Whitesman/photo illustration.

Antonio A. Acosta (Cuba)

En cadencia de horizontes quiero orquestar mi pasión,
y así hallar consolación en los valles y los montes.
Un escuadrón de sinsontes saludará el nuevo día,
y allá por l serranía bajará un canto del cielo,
diciendo: “quiere a tu suelo mucho más en lejanía”.

Porque tu cuna está allí, tu savia y tu procedencia,
donde libaste la esencia de la escuela de Martí.
Y ungido en el frenesí que produce mi regreso,
elevo a mi Cuba un rezo en espiga de oraciones,
y en salmo de bendiciones llegue el chasquido de un beso.

Habáname


por Carlos Varela

 Mirando un álbum de fotos 
de la vieja capital,
desde los tiempos remotos
de La Habana colonial.

Mi padre dejó su tierra
y cuando al Morro llegó,
La Habana le abrió sus piernas
y por eso nací yo.

Habana, Habana
si bastara una canción
para devolverlo todo
lo que el tiempo te quitó.
Habana, mi Habana
si supieras el dolor
que siento cuando te canto
y no entiendes que es amor.

Escuchando a Matamoros
desde un lejano lugar
La Habana guarda un tesoro
que es difícil olvidar.

Y los años van pasando
y miramos con dolor,
cómo se va derrumbando
cada muro de ilusión.

Habana, Habana
si bastara una canción
para devolverte todo
lo que el tiempo te quitó.
Habana, mi Habana
si supieras el dolor
que siento cuando te canto
y no entiendes que este llanto
es por amor.

Recordando al Titán de Bronce Antonio Maceo 7 de diciembre de 1896


René León

  Llega el 7 de diciembre, otro aniversario de la muerte del General Antonio Maceo. Cayó el héroe de más de 500 combates, habiendo participado directamente en 250 de ellos; en esos lances es herido 27 veces, y seguía peleando por su Cuba Libre. Es un día para recordarlo, por sus hazañas, su amor a la Patria.
  Hay hombres que nunca se olvidan. En este caso, por el ímpetu y el coraje que siempre demostró ante el enemigo. En la guerra que da comienzo en 1868 y se extiende hasta 1878, recibe 21 heridas; tenía en su cuerpo 26 cicatrices. ¿Se puede olvidar un hombre así? ¡Nunca!
  Antonio de la Caridad Maceo Grajales nace el 14 de junio de 1845, en Majaguabo, San Luis, Santiago de Cuba,.  hijo de Marcos Maceo y Mariana Grajales Coello. Su niñez la pasa en la finca “La Delicia”, en Majaguabo, San Luis, donde aprende con su padre los secretos del cultivo y el sentido moral de la vida. Su padre también le enseña el uso de las armas. Aprende las primeras letras en Santiago de Cuba, donde su padre le pagaba clases privadas, ya que, aunque éste no era rico, poseía nueve caballerías de tierra. En 1862 con su hermano Justo Regüeiferos administra un pequeño negocio de las cosechas de la finca.
  El 16 de febrero de 1866 se casa en la parroquial de San Luis, con María Magdalena Cabrales y Fernández. En noviembre de 1866, nace su primera hija, María de la Caridad en la finca “La Esperanza.
  Al dar inicio la guerra de los Diez Años, el 12 de octubre de 1868 se incorpora con su hermano José M. Maceo a un grupo comandado por el capitán Rondón. Los dos hermanos desde el principio de la guerra dan muestra de valor, ganando sus galones combatiendo al ejército español. José muere el 5 de julio de 1896, en el combate de Loma de Gato, cuando ya ostentaba el grado de Mayor General. De los otros hermanos, Miguel Maceo muere en abril de 1874, en el combate de Cascorro; y Julio Maceo, de 16 años, cae en combate el 12 de diciembre de 1870.
 Enrique Collazo, en su libro Cuba Heroica, describe a Maceo: “figura atrayente; fornido y bien proporcionado; fisonomía simpática y sonriente, facciones regulares, manos y pies chicos…acostumbraba a hablar bajo y despacio; su trato afable…de joven tuvo sus vicios, el juego y las mujeres; el primero lo perdió, el segundo lo conservó toda la vida; era para con ellas afable y respetuoso”. Así era Antonio Maceo.
  Después de 10 años de duro bregar por la independencia de Cuba, un grupo de seudorevolucionarios decide hacer un pacto con el gobierno español y emprende negociaciones con las autoridades, en las cuales no se incluían la libertad de Cuba y la libertad de los esclavos. La Cámara de Representantes, con la protesta de sus miembros, se disuelve. Renuncia el presidente Vicente García, mientras que los generales Máximo Gómez y Gabriel González se excusan. Este grupo se llamó Comité del Centro, que llegó a un acuerdo con el general Martínez Campos el 10 de febrero de 1878, para las condiciones de paz. Este pacto se llamó Convenio de Zanjón.
  El 15 de marzo de 1878 se produce un encuentro en los Mangos de Baraguá: por parte española, Martínez Campos y su comitiva, y de la parte cubana, Antonio Maceo y sus oficiales. Éstos no podían aceptar las reformas ofrecidas por la parte española, porque en ellas no se reconocía la libertad de los esclavos y la independencia de Cuba. Maceo le informa a Martínez Campos que seguiría batallando por la libertad de Cuba. José L. Franco, en su libro Ruta de Antonio Maceo en el Caribe, dice: “La Protesta de Baraguá tuvo resonancia universal. Los hombres  progresistas de todos los matices comprendieron la enorme significación  histórica de amplia proyección revolucionaria y popular que encerraba el gesto singular de Maceo. La Verdad, periódico cubano de New York, en su edición de 6 de abril de 1878, insertaba, destacándola, una carta comentando la digna insurgencia oriental: “El héroe del día es Maceo, y parece que está reservado a él volver a levantar a Cuba al pináculo de su gloria: esto no lo cree ninguno de los presentados…”
  En carta de Estrada Palma a José Antonio Echeverría, le decía: “La bandera arrojada en el Camagüey a los pies de Martínez Campos ha sido recogida, antes de ser hollada, por el general Maceo”.
  Emilio Roig de Leuchsenring, en su libro La Guerra Libertadora Cubana  de los Treinta Años, dice: “Bien puede afirmarse justamente que en la Revolución de 1868 se funden los dos grandes elementos étnicos que han de integrar la nacionalidad cubana. En ella desaparecen las fronteras que dividían y oponían a cubanos blancos y cubanos negros. Ella los acerca, une e identifica, para siempre ya, en el común ideal de la independencia. Ella los iguala en la lucha contra el despotismo español. El enemigo de blancos y negros es ya uno solo: España”. Y más adelante dice: “La Revolución del 68 es la primera y admirable oportunidad que el cubano de color encuentra para el libre y justo desarrollo de sus capacidades y actividades. Y no s0≤lo el de color, también el blanco perteneciente a los estratos más explotados de la sociedad: el pequeño propietario, el sitiero, el guajiro, el arriero, el peón de ganado. Las clases sociales de Cuba, en esa contienda, se acercan y rompen las infranqueables barreras que las separaban y dividían”.   
  Desde el momento de la conclusión de la guerra en 1878, se dedicó de corazón a la reanudación de los esfuerzos para conseguir la libertad de Cuba. Juntos Antonio Maceo, Máximo Gómez y José Martí, organizaron la gesta maravillosa de la guerra final contra España.
   Maceo regresa a Cuba, con un grupo de patriotas, en total 22 hombres, en la goleta “Honor”, el 31 de marzo de 1895. Flor Crombet fungía como jefe de la expedición. Desembarcan en Duaba, Baracoa. La goleta “Honor” queda destruida en la costa, y los expedicionarios son perseguidos por las fuerzas españolas durante varios días, hasta llegar a lo que se llamaba territorio cubano. Así prosigue Maceo su lucha por liberar a Cuba del colonialismo español.
  Se reúne con José Martí, Máximo Gómez y Calixto García, a fin de preparar los planes de la guerra y organizar la invasión de Oriente a Occidente y llevar la guerra hasta el otro extremo de la isla.
  Cae en combate José Martí en “Dos Ríos”, Oriente. Pero la guerra sigue su curso, nada la detiene. Da comienzo la invasión. Gómez y Maceo le dan al ejército español muestra de una habilidad  en las batallas, que nunca éste pensó encontrar en aquéllos. La Invasión va avanzando, hasta que llega a Pinar del Río. Maceo mantiene al ejército español en estado de emergencia; los combates tienen lugar casi a diario. Maceo decide salir de la provincia e ir a La Habana, a la que amenaza.
  En la mañana del 7 de diciembre de 1896, Maceo y un grupo de sus compañeros de armas descansaban, y fueron sorprendidos por la guerrilla de Peral, que era una vanguardia de la columna española al mando del comandante Cirujeda, cuando se sintieron unas descargas de fusilería. El ataque encolerizó a Maceo. Según el Dr. Zertucha (su médico), en carta al general Máximo Gómez fechada el 12 de septiembre de 1899. “… ensilló su caballo,  tarea que nunca confió a nadie, y ordenó que buscasen a un corneta que llamara a las fuerzas cubanas a concentrarse para el contraataque. Pero el corneta no apareció y arengó a la tropa diciendo: “¡Muchachos, vamos a la carga , que les voy a enseñar a dar machete!”, dirigiéndose con un grupo de oficiales y soldados a repeler el ataque de los españoles. Al tratar de cruzar una cerca de alambre que detenía su avance y que se interponía entre ellos, cae Maceo, derribado del caballo por un proyectil que le había penetrado por el lado derecho de la cara, saliendo por la parte izquierda del cuello. Se desplomó del caballo por el lado izquierdo, como herido por un rayo, lanzando su machete hacia delante. El coronel Miró le dijo al coronel Nodarse, “venga a ver esta desgracia”. Zertucha, que era el médico de Maceo, se encontraba a su lado, manchado de sangre, le dijo a Nodarse “¡Ay Nodarse! Se acabó la guerra. ¡Vea ese cuadro! ¡Muerto!  (se refería a Maceo). Panchito Gómez Toro, que era su ayudante e hijo del general Máximo Gómez, que no había combatido por encontrarse herido, al conocer la suerte de Maceo, partió solo, con un brazo en cabestrillo y desarmado, hacia donde se encontraba el cuerpo de Maceo, resultando blanco fácil del enemigo, siendo herido dos veces y macheteado por los soldados españoles.
  El comandante español Cirujeda nunca sospechó siguiera que Maceo había muerto en San Pedro. Después saldría el Asesino de Weyler, diciendo que había preparado una emboscada a Maceo.
  Al terminar la guerra fueron exhumados los restos de Maceo el 17 de septiembre de 1899. Se nombró una comisión encargada del estudio antropológico de su esqueleto, formada por tres médicos eminentes: los doctores Luis Montané Dardé, Carlos de la Torre Huerta y José R. Montalvo Covarrubias, todos ellos fundadores de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba. El informe que emitió la comisión sobre la observación del cráneo de Maceo destacó, en primer lugar, los caracteres antropológicos que integran a Maceo como el arquetipo de negro, en particular las  proporciones de los huesos largos del esqueleto. En segundo lugar, que sin embargo se aproxima más a la raza blanca, la iguala, y aún la supera por la conformación general de la cabeza, por el peso probable del encéfalo, por la capacidad craneana, dictamen puede emitirse en nombre definitivamente  en nombre de la Antropología. Finalmente, que dada la raza a que pertenecía y el medio en el cual ejercitó y desarrollo sus actividades, Antonio Maceo, puede con perfecto derecho ser considerado como un Hombre Realmente Superior.
  Tenemos que recordar al General Antonio Maceo y Grajales, el TITÁN DE BRONCE, ES UN DEBER DE TODOS LOS CUBANOS.





LLEGUE A MÍ EL VERSO


                 Por: Leonora Acuña de Marmolejo

      Llegue a mí el verso limpio y  elocuente
                                    el verso universal, el que aglutine,
                                    que con voz positiva abra caminos;
                                    que sea amalgama uniendo corazones;
                                    el  verso  que dé fuerza, el que levante,
                                    que compasivo sea, y  conciliatorio;
                                    que amor  conlleve, y  paz y lealtad,
                                    justicia, convivencia y libertad,
                                    a todos los confines cual morcella.

                                         Llegue a mí el verso con mensaje noble ,
                                    el que  en fe siembre la feraz  simiente
                                    en el surco que infértil se ha  creído.
                                    Yo quiero la  palabra que trascienda;
                                    aquesta universal y  sin fronteras;
                                    la que socaire sea, la luminosa
                                    para el obnubilado, el compungido
                                    que no puede salir del laberinto
                                    ni vislumbra esperanza en sus  tinieblas
                                    y no alcanza la luz de su lucero.

                                         Llegue mi verso a la hondura de los seres,
                                    lucífero, espejado y transparente,
                                    y yo estaré feliz de mi mensaje:
                                    Que ilumine tu senda, peregrino,
                                    la estrella que en Belén mostró el camino
                                    a los adoradores Reyes Magos
                                    en pos del Niño Dios, rey redentor,
                                    ¡y que el mensaje de amor que Él nos dejó

                                    despierte en nuestro ser un Hombre Nuevo!

Cementerios poco conocidos de La Habana



Los chinos comenzaron sus gestiones para tener un espacio donde sepultar a sus súbditos y en fechas ( año 1882) en que el cónsul Lin Liang Yuan era su representante en la Isla, estos solicitaron autorización a las autoridades españolas para construirlo, sin embargo éstas se negaron aduciendo que ya tenían un espacio en de Colón para tales efectos, aislado, con puertas independientes, destinado no sólo a ellos, sino a todos los no católicos. Necesitaron once años para que se atendieran sus ruegos, el 20 de mayo de 1893 iniciaron la construcción de uno propio.
Éste se emplazó en la finca Las Torres, en un espacio de 9 000 metros cuadrados, reparto Aldecoa, propiedad de Federico Kholy, a una cuadra de la necrópolis Cristóbal Colón. Y costó 8 100 pesos oro. El arquitecto Isidro Rivas se encargó de proyectar los planos. Al final la cifra ascendió a 23 700 pesos oro. Toda una fortuna para la época.
La primera inhumación no fue de un chino, sino del ciudadano español Braulio López, el 29 de octubre de 1893, y en el siglo XX el primero en ser sepultado tampoco fue un súbdito chino, fue un cubano: Julián Núñez.
Desde su fundación hasta 1900, o sea, en siete años, se sepultaron 2 716 chinos.
Con los años redujeron el espacio de ese camposanto: la avenida 26 primero, y la urbanización Nuevo Vedado después, influyeron para que ello sucediera; por lo que de 9 000 metros cuadrados, con los que contaba en un inicio, se quedó en 8 189.
Los chinos acostumbran a celebrar tres fiestas en el año: una en marzo (en diferentes días del mes), otra el 14 de junio y la última el 9 de septiembre. Su primer administrador se llamó Raoul J. Cay.
El 13 de julio de 1967 lo nacionalizaron, sólo respetaron que para cualquier inhumación o exhumación el casino Chung Wa, órgano administrativo para asuntos de la comunidad china en Cuba, dé se autorización.
En la puerta, en su parte superior, reza una inscripción ante la que los curiosos suelen detenerse. SAN YU CHUN WA (Cementerio General Chino); no es ningún enigma o conjuro como puedan barruntar muchos visitantes que hagan un alto ante el pórtico principal y alcen su mirada, fijándola en los arabescos que allí se inscriben.



El hijo de Antonio Maceo

General Antonio Maceo Grajales

Escrito por Mario Cremata Ferrán
Jueves, 14 de Septiembre de 2006 17:00
Primera Parte


En los días de mayo de 1881 nacería el que se presume haya sido el único hijo del general Antonio, pues no faltan fuentes que especulan sobre posibles sucesores, a partir de su estancia posterior en la geografía costarricense.

«Nuestros libertadores, quienes llevaron vida errante, a veces durante años, separados de su hogar, tuvieron a la fuerza que caer en deslices, con damas y mujeres, que fueron aves de paso en su vida».
Benigno Souza. 1

  Finalizando el siglo XIX, desde Nueva York, Tomás Estrada Palma aclara en una carta a su amigo, el general José Lacret Morlot, que Antonio Maceo (hijo) había nacido en Kingston, Jamaica, en 1881. Estrada Palma era de los pocos que tenía noticias de la existencia de un descendiente del Titán de Bronce.
  La curiosidad de Lacret Morlot había sido motivada –con seguridad– a causa de un escrito que desmentía a unos individuos que, por esos días, se decían hijos de aquel gallardo de la Guerra de los Diez Años. Desde el periódico santiaguero El Cubano Libre (23 de octubre de 1899), el compañero de armas de Maceo, general Silverio Sánchez Figueras, había respondido para dilucidar el tema.
Antonio Maceo Maryatt, el único hijo reconocido por el general Antonio Maceo Grajales, tenía para esa fecha 18 años de edad y se encontraba en los Estados Unidos. Después de ocurrido su nacimiento, fue bautizado por su padre con el mismo nombre. Había venido al mundo como resultado de una relación extramatrimonial del general Maceo con una nativa de Jamaica, donde se encontraba en su condición de exiliado. Terminada la lucha independentista, en 1878, había partido de Cuba con la esperanza de su reanudación posterior.
  En los días de mayo de 1881 nacería el que se presume haya sido el único hijo del general Antonio, pues no faltan fuentes que especulan sobre posibles sucesores, a partir de su estancia posterior en la geografía costarricense. María Cabrales, a pesar de saber de la existencia de ese hijo natural de su cónyuge, lo acompañó con amor y vehemencia hasta el fin de sus días.
  Se dice que la Cabrales había quedado estéril luego de fecundar en dos ocasiones. Durante la Guerra de los Diez Años, ella marchó junto a su esposo a la manigua con una hija de meses a cuestas, llamada María de la Caridad. Para ese entonces se encontraba además en avanzado estado de gestación del que posteriormente se llamaría Antonio. Ambas criaturas murieron poco después.
  Un año antes del nacimiento de su hijo jamaicano, el Titán de Bronce estaba pasando por una peculiar situación, la cual fue descrita así por el historiador José Luciano Franco: «Otras preocupaciones de índole sentimental, plenamente llenaban sus horas de incertidumbres dolorosas. Por un lado, su María, la compañera abnegada y valiente de los años más duros y crueles, estaba muy enferma. Las inquietantes emociones de los últimos meses habían minado fuertemente su fortaleza de acero. Por otro lado, Amelia Marryatt (sic) la madamita seductora de la calle Princesa, a quien visitaba diariamente en compañía de Justo Solórzano, amigo y confidente de aquellos amores, llevaba en las entrañas un hijo suyo. Maceo, carente de dinero, tenía que empeñar sus últimas prendas para cubrir los gastos inesperados. El Dr. Hernández era el médico que asistía a las dos, y, a veces, debía fungir a su manera, de cura de almas, para llevar aliento y reposo a dos personas igualmente queridas y respetadas que se enfrentaban a la cruda realidad de un destino adverso».2
  A fines de junio de 1881, por consejo de Máximo Gómez, partió Antonio Maceo con su hermano Marcos rumbo a Honduras. Su estancia en ese país duraría hasta 1884. Allí lo esperaban los patriotas cubanos y viejos amigos Tomás Estrada Palma y José Joaquín Palma.
  Maceo, aunque lejos de su hijito, no lo olvidó. Su ejercicio de padre preocupado y responsable pesó más en su elección. Por una parte hubo de valerse de la confianza de amigos muy cercanos para recibir y enviarle noticias, así como costear sus primeros años de educación.
  En respuesta a otras misivas suyas, el compatriota Eusebio Hernández le refiere el 16 de septiembre de 1881 desde Kingston: «María y la familia bien, también lo está el amiguito»; y poco después, el 19 de octubre, le informa en otra epístola: «María bien, y bien el chiquitín amigo, que hace poco tuvo un catarrito».3
     través de un hermano del patriota Manuel de Jesús Calvar (Titá), quien se dedicaba al comercio en la región hondureña de Puntarenas, logra establecer el vínculo apropiado para enviarle sistemáticamente a Amelia Maryatt, la madre de su hijo, el importe necesario para cubrir la manutención del niño.
  De cualquier manera, este contacto no le duraría mucho, pues el referido amigo se retira de allí para residir en Kingston. En carta al general Antonio, con fecha del 31 de julio de 1882, Javier Calvar le brindaba los detalles: «La última remesa de dinero que le hice a Antoñito, fue por vía de N. York, porque no me fue posible conseguir aquí ninguna clase de oro conveniente para Jamaica».
  Aun así no se cruza de brazos; el sostén de su hijo no podía esperar. Trata de encontrar a la persona apropiada para estos menesteres. Esta vez sería su viejo compañero de la Junta Revolucionaria Cubana de Kingston, José F. Pérez, propietario de una fábrica de tabacos en la capital jamaicana. A él le escribe: «Por un giro que hace nuestro amigo Don Juan Palma, recibirá V. veinte libras esterlinas que me hará el favor de entregar a Miss Amelia Marryatt (sic), madre de un chico que tengo en Kingston, a quien escribo con esta fecha. Esto es un asunto, no el más adecuado para V., pero como estoy seguro que V. mejor que otro podrá apreciar mi situación respecto de un hijo, no he dudado recomendar a V. el asunto que me ocupa, pues a la vez que forme un juicio desfavorable hará otro que disculpe en algo mi conducta».
  En el período comprendido de 1884 a 1891, Maceo realiza múltiples y seguidos viajes por varios países del continente por cuestiones revolucionarias. En esos años visitó Estados Unidos, México, Panamá, Perú, Haití, Cuba y Jamaica. Finalmente, fija residencia en Costa Rica, donde luego de algunas trabas, consiguió unas tierras para fundar «La Mansión».
  Durante sus continuas travesías estuvo cinco veces en tierras jamaicanas. No obstante sus propósitos y deberes patrióticos, visita y está muy al tanto de su hijo. En 1891 ambos se reúnen en Costa Rica, tras la misteriosa desaparición de la madre del chico, Amelia Maryatt. 4
  Bajo sus cuidados, el padre inmediatamente lo matricula como interno en un colegio de la ciudad costarricense de Cartago. A su «lado» permanece hasta el mismo 1895.
  Envuelto Maceo en labores relacionadas con el Partido Revolucionario Cubano presiente que su partida a la guerra, que estallaría en febrero de 1895, sería en cualquier momento. No se perdonaría el viaje a Cuba sin antes despedirse de su amado hijo, quien proseguía internado en la escuela: «Pide, pues, permiso al Director, para abrazarte y para que lleves la paga de las mensualidades pendientes de arreglo. Tu padre que desea verte», le había escrito en 1893.
  En el oriente cubano desembarcaría por Duaba, el 1 de abril de 1895. La lucha independentista se había reiniciado nuevamente. De inmediato, el deber se imponía. Siente no poder criar él mismo a su hijo; le inquieta mucho su preparación.
  Desde La Mejorana, el 23 de agosto, le indica en una misiva a su amigo Alejandro González, conocido por Gonzalito: «Con Manuel Arango, de Santiago de Cuba, le remito ($300) trescientos pesos, con los cuales, de acuerdo con Marcos, mi hermano, ayudarán V. y él a la educación de Antonio mi hijo, poniéndolo interno en un colegio o pagando personas que se encarguen de seguir su enseñanza en la forma que la tiene preparada, es decir, español e inglés que aprendía en Costa Rica».
  Tras producirse el fatídico combate del 7 de diciembre de 1896, en el que perderían la vida Maceo y su ayudante, el capitán Francisco Gómez Toro (Panchito), la delegación en Estados Unidos del Partido Revolucionario Cubano se ocupó de continuar sufragando los gastos del joven Antonio Maceo Maryatt, quien residía entonces en su país natal.



1 Benigno Souza: «Los falsos delfines. (El coronel Gregorio Bustamante)», enNuevas pruebas históricas sobre la descendencia de Antonio Maceo. Cuadernos de Historia Habanera 50, Municipio de La Habana, 1951, p. 33.
2 José Luciano Franco: Antonio Maceo. Apuntes para una historia de su vida. Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales, Municipio de La Habana, 1951, t. 1, p. 244.
3 Sobre las cartas escritas por el Titán de Bronce y las recibidas por él, fueron consultadas –respectivamente– las obras: Antonio Maceo. Ideología política. Cartas y otros documentos, segunda edición, Editorial de Ciencias Sociales, 1998, y Papeles de Maceo. Edición del centenario del nacimiento del mayor general Antonio Maceo y Grajales. Academia de la Historia de Cuba, La Habana, 1948.
4 Refiere Raúl Aparicio en Hombradía de Antonio Maceo (Ediciones UNEAC, 1974, p. 346): «La historia ha perdido su rastro. El erudito José Luciano Franco ha explicado al autor que esta mujer desapareció sin dejar huellas, inexplicablemente; al menos para la investigación histórica».

RESEÑA CRÍTICA.

ARRECIADOS POR EL ÉXODO
De: María Eugenia Caseiro

Por Mireya Robles

Se inicia el poemario con una Profecía: “Y alguna vez vendrán a remontarme / lavados con el brillo de sus pies, / aquellos hijos de estos pies enormes / colgados al sillón que mecerá sus casas”.  Pudiera indicar que ya en espíritu, meciéndose en un sillón de la que fue su casa, los que aún están encarnados en el mundo de los vivos, vendrán a ella, estableciendo así que no hay una ruptura definitiva entre el plano de la muerte y éste que tenemos por nuestra realidad. Dedica el poemario no solamente a su familia, sino también a sus muertos, en niveles  en los que no hay separación porque son parte de un todo indivisible.

En uno de los  poemas de María Eugenia Caseiro titulado “Que en casa de Yewá me esperen siempre”, no incluido en Arreciados por el éxodo, el leitmotiv que aparece cada tres versos --¡Hija del viento soy!—podría indicar un atisbo de inmortalidad: que, en la casa de Yewá –el cementerio--, se quedarán esperándola eternamente porque allí su alma libre nunca podrá ser encerrada. Pero mi interpretación inmediata fue la de su voluntad manifiesta de que la esperen esos seres queridos que ya han pasado a otro plano, para acogerla en el momento en que a ella le toque habitar la casa de Yewá.

Tratar de interpretar un poema creacionista es un reto y tal vez, una audacia desmedida porque el verso sale directamente desde el origen, desde la fuente donde fue creado, y llega al lector por una corriente interior, profunda, sin pasar por un proceso de razonamiento. Nos encontramos constantemente con un elemento de sorpresa, porque las palabras han sido liberadas de su función habitual de servir de elemento aleatorio dentro de la frase en que se encuentran con el propósito de expresar una idea, un todo que hasta entonces nos era fácil identificar y se convierten en fragmentos de distintas realidades yuxtapuestas para formar otra realidad creada por el poeta. Como sugiere Vicente Huidobro, no se trata de describir la rosa, sino de verla crecer, de crearla en el poema. Y en su “Arte poética” llega a afirmar que el poeta es un pequeño dios. Este pequeño dios está presente en todo el poemario de María Eugenia Caseiro: “tus dedos, mis dedos, nuestros / funden lingotes de animales / cautivos de ti.”  

A veces nos parece que estamos ante un éxodo real cuando nos dice: “Como cobos arreciados por el éxodo, / no hubo sacapuntas escarmentador / ni bigornias vigías, / ni las propias tijeras extenuadas / de cortar en tiras cada noche, / que no se enrolara en  nuestro arca.”  Lanzados al éxodo, desfilaron todos los elementos que fueron parte de su entorno, para ser guardados en el recuerdo. Sólo así se mantendrá ese pasado del que somos  parte y que si desapareciera, desapareceríamos también: “Así logramos sobre nosotros mismos / ser invulnerables.”  En “Naufragio” vemos viajeros llenos de la alegría de la esperanza que son, a la vez, seres desvalidos, expuestos a peligros de muerte: “Y se hicieron a la mar con sus disfraces / prendidos al envés de la baraja / que los llevaría al fracaso, / risueños argonautas de papel / a quienes la borrasca / o un dedo del azar / interpuso el naufragio.”  

Pero también está presente un velo fino, transparente, que marca un éxodo vivencial dirigido hacia la nada, hacia el reconocimiento del vacío que nos deja la muerte física de un ser querido, el vacío que nos queda cuando languidece el amor, la premonición de nuestra propia muerte.  Hay pautas que aparecen en el poema “Saltar”: “Acaso el polvo en sus cuatro estaciones / nos sepulte”.  En “Esperar”, vaticina: “Las ventanas se apagarán un día”. Enfatiza: “polvo   polvo  el polvo”.  Habla de “blancos palacios de hueso”, “esperándote, esperándome”.  En los cuatro segmentos de “Nadas” la pérdida se presenta visualmente en versos que se van acortando como se acorta una vida:

Lo que no emplea siquiera costumbre
lo que guarda tibio reposo dentro
dentro  dentro  adentro    
la noche dentro, todo
ese camino cerrado
padecido, mustio
último.

El poema titulado “Lienzo” es una bella elegía en la que la pureza de la juventud de su hijo está representada en la blancura de la tela: “Como un ángel que entibió la perfección / antes de partir y su tierno cadáver / es un sorbo de luz entre los árboles, / un tapete de blancura / se derrama en las planicies de la hora.”   En “Residuos”  describe el momento de la muerte de su padre: “Eran tus manos de azahar / dormidas sobre mí, / besé llorada la pintura / que rompió la noche / -dos mitades como dos fantasmas / aplazaron el mar- / nosotros sombra tumbada / en el instante en que te pierdo.”

          En la tercera parte de “Yo, tú, los árboles”, comienza la repetición de palabras que utiliza en varios poemas para intensificar una condición, reafirmar un propósito, acelerar el movimiento. Se sitúa en una época, acompañada de ese otro ser que tantas veces aparece a su lado, viviendo momentos felices en los que talmente parece que estuvieran estrenando la vida en todo su esplendor, arropados en el frenesí de crear: “No desentrañamos / aquellas vertientes que trajeron la sal / cuando pensabas, cuando pensaba, /sembrar  sembrar  sembrar/ eternamente/ pasajeros felices, trenes novísimos / caminos, tildes, radios, señales; / dibujos olorosos a jabón, paisajes / sin límites…”  Pero de momento asoma, a modo de presentimiento tal vez, un instante  ensombrecedor, bellamente expresado: “y la espina en el naranjo de tu piel / doliéndole a la lluvia.”  

“Morder lo breve” consta de cuatro partes encabezadas por flechas que señalan  diferentes direcciones: hacia la derecha, hacia la izquierda, hacia arriba, hacia abajo, para marcar el giro vivencial, en cuatro instantes, de dos seres creados, tal vez, por la imaginación de la autora.  En la primera trata de explicarse las razones por las que se ha perdido la vitalidad del amor: “A causa de mis vestidos rotos, / de mis estrellas fracturadas, / de mis paisajes eternamente cosidos al recuerdo, / alunizan tus avispas de seda buscadas en el aire / lo que no nace dentro”. Pero a pesar del deterioro del amor, la unión continúa, quizás porque las circunstancias así lo determinan. Y, a pesar de lo que ya se ha convertido en un “rodante cielo aburrido”, siguen, “tomados de la mano”.  En la segunda parte la convivencia se lleva como si el amor pudiera ser la realidad que ya no es: “Que no se diga nunca / que mi boca, que tu boca / sin palabra mentida / elige tarde un algo, un beso / muerde.”  En la tercera parte trata de retener lo que queda del amor, aunque sea en el pequeño nivel de lo cotidiano: “Morder lo breve / lo nuestro mordible, querible / en cremalleras, en bastillas, / en los botones estampados en las blusas, / en la seda silenciosa del bostezo.” En la última visualiza el momento “Cuando nadie, cuando nada quede”. 

En los momentos de vacío en los que ya no tiene “estrellas que contar”, se refugia en el seno materno, donde identifica “el vaivén de sus pulmones / sus arterias calientes”, donde sabe que para la madre ella es un tierno ser –“blanda gota concebida”-, hasta el momento de su nacimiento, cuando sale a ese pasar del tiempo que es la vida: “travesía vertical / hasta el mar de toda hora”.  

Como lo hiciera César Vallejo con la palabra “trilce” --posible combinación de triste y dulce--, aparecen en el poemario palabras que se unen para formar una nueva: lunijunto, velasombra, vuelapétalo… Contrariamente a la cosificación que vemos en algunas de las pinturas metafísicas de Giorgio de Chirico –como Le Muse Inquietanti, Etore e Andromaca, Il guadagno--, en la poesía de María Eugenia Caseiro se personifica lo inanimado, lo abstracto, lo vegetal: “la lluvia con zapatos de cristal”; “Yo, tú, los árboles de lágrima torcida / como lenguas sedientas, /  navegamos la lluvia  sin timón”; “Después todos los bancos / lánguidamente recostados a mi espalda / fueron tibio hospedaje del adiós”.  Son versos que se mueven en la bruma, tan etéreos que son como una música en la que el significado de las palabras se diluye para formar mundos nuevos.     
    
                                     

Leyenda de la Virgen de Guadalupe

René León

La interpretación de la historia y mitos de los tiempos de la colonia en nuestros países es muy importante para poder comprender nuestros valores históricos, indígenas y español. La imagen que muchas veces se nos ha presentado de la historia del México indio, es muy diferente de como fue en realidad. Pero con la independencia, la visión histórica se va revelando con más claridad.

Para obtener datos sobre los primeros años de la colonización en México, tenemos que ir a las informaciones dadas por los evangelizadores, y todos aquellos envueltos en la diseminación de la religión católica. La pugna entre los españoles-criollos y los famosos “bachilleres” enviados por España, para administrar el gran país. La inquisición se encargaba de mantener el orden, entre todos aquellos que se salían de su camino, cometiendo injusticias por doquier.

En los primeros años de la conquista, los indios hacían sus sacrificios a “Tháloc”, para atraer la lluvia, y la ayuda en los sembrados. Cuando eran descubiertos, pagaban dicho atrevimiento y falta con el arresto y castigo ejemplar. Pasados a lomo de mula en una armazón de hierro, azotados en público, rapados, y luego llevados al lugar donde serían muchos de ellos ajusticiados por violar las leyes de la religión católica, que les prohibía venerar a los ídolos. En el caso de Martín Océlolt, fue enviado a Sevilla a los inquisidores, para ser eliminado como herético.

Los indios del valle de México nunca fueron cristianizados en su gran mayoría. Pero la fe se extendía entre toda la población por la labor de los padres jesuitas, y predicadores.

Según cuenta la leyenda de la Virgen de Guadalupe, Juan Diego, un indio muy pobre, salió de su casa un día temprano en la mañana, el nueve de diciembre de 1531 para oír misa en un pueblo cercano a la capital. Al coger un camino más corto, el de Tepeyac, que era un sitio árido, oyó música que parecía venía del cielo, delante de él se formó una luz brillante en forma de arco iris. De pronto una señora muy hermosa, de facciones muy delicadas, se acercó a él y le saludó con voz melodiosa. Le dijo que “ella era la Virgen María, que fuera a ver al Obispo de México, de su parte, para que se construyera una iglesia en aquel lugar.”

Aparicion de GuadalupeJuan Diego fue a hablar con el Obispo, pero éste no creyó la historia y le pidió una prueba de lo que decía.. Vuelve Juan Diego a Tepeyac para tratar de hablar con la Virgen. Ella le dijo,” que volviera al día siguiente.” Pero el tío de Juan Diego se encontraba enfermo, y se puso peor. Siendo imposible que cumpliera su promesa de regresar a ver a la Virgen, al día siguiente fue en busca de un sacerdote por un camino diferente, tratando de evitar pasar por Tepeyac. Pero la Virgen apareció en su camino. El le dijo de la enfermedad y que iba en busca de un sacerdote. Ella le dijo: “Tu tío ya esta bien, y ve a ver al Obispo otra vez”. Juan Diego le pidió una prueba del milagro. Ella le mandó a subir a la colina y recoger allí unas flores, lo que sorprendió a Juan Diego, porque sabía que nada crecía en aquella tierra árida. Sin embargo, encontró las flores. Recogió algunas y las llevó en su “Tilma” (manta) al obispo. Cuando las dejó caer en el suelo a los pies del Obispo, no había flores, y todos vieron la imagen de la Virgen que se encontraba estampada en la “Tilma”. El Obispo se puso de rodillas pidiendo perdón por no creer. Empezaron las visitas de los vecinos. La historia de la aparición se esparció por todo México. Al pasar el tiempo se construyó una iglesia en el sitio del milagro y le dieron el nombre de Guadalupe al pueblo que se formó al pie de la colina. En 1532, en una procesión solemne, llevaron el “Tilma” de Juan Diego, con la imagen de la Virgen hasta el altar de la iglesia. Siendo 12 de diciembre la fiesta de la Virgen de Guadalupe y de toda la República de México.

Por todos es conocido el lugar como el santuario de Tepeyac. En 1555 el Arzobispo Montufar fundó la primera basílica de Guadalupe, en un edificio modesto. En 1609 se construyó el primer templo de “albañilería abovedado”. Fue construido por una suscripción pública. El templo sería terminado trece años después. Siendo instalada la Virgen por el Arzobispo Pérez de la Serna, en 1622. En España se decidió aumentar la construcción en 1694. Teniendo 77 metros de largo, 33 metros de ancho y 30 metros de alto.

Al momento de conquistarse la Independencia de México, bajo el pendón de la Guadalupe, fue consagrada una vez más la protectora del Pueblo de México.



viernes, 15 de noviembre de 2013

Bienvenidos a Pensamiento

En Clave de... ¡Mujer! de Eliana Onetti

    Escribir, para Eliana Onetti, es un modo de servir; la sinceridad con que desahoga las emociones; la vida, la realidad objetiva; se desprende de las cosas que la circundan, y crea versos de suma belleza de una realidad ideal... Usando el idioma como instrumento humano.
    Enrique Anderson Imbert, dice: "La poesía es un modo de asomarse a las cosas, una perspectiva, es decir, una forma interior del espíritu".

     En su poema "Consejo" ella dice:

"Abre, niña, tus ventanas a la luz.
Haz que el so1 .penetre a raudales.
No veles con el tul de los cendales
la fresca belleza de tu juventud".

    En " Amanecer" dice:

"La bruma, cual cendal luminiscente,
envuelve en halo plúmbeo la montaña.
El aire sonrosado y transparente
bosteza con tranquilas bocanadas
y flota en el espacio 1aquimera
como una garza quieta,. como garza".

    Ella deja perenne huella, como la artista de la palabra, que remeda con facilidad el aliento poético, el ritmo y la estructura del párrafo. Su concepto de la vida y muerte. El valor espiritual y moral. Su predilección por la frase breve y sus recursos estilísticos que hacen su pluma tomarse en cincel. Ternura y simpatía hacia el género humano.
     En "Amor amor", ella nos dice:

" Espina verde,
te llevo dentro.
Te siento siempre,
dardo certero.
Te pienso mucho,
martirio tenue.
Tibieza dulce, 
te saboreo.
    Margarita Sánchez comenta: “Hoy he compartido esa íntima y variable soledad mientras late contenida en un libro de poemas de pequeño formato y gran contenido titulado En Clave de…¡ Mujer!, traducida a un lenguaje inteligible, claro y sencillo a la vez que culto y profundo. La he sentido dignificada, desprovista de la lógica ñoñez y elegantemente diseccionada...".
    Su poesía es comunicable en término de experiencia, lenguaje y emociones. Para hacer una poesía. es necesario que se entienda; que la expresión en palabras sea eficaz. para añadir distinción, claridad y armonía. Así. es su poesía con todos los ingredientes necesarios que se necesitan para una poesía de calidad. ritmo y belleza. 
    En "Un Lugar Para Cada Cosa". dice:  

"Un lugar para cada cosa:
para tu mirada,
un cielo de esperanzas de mañana;
para tu ambición,
un mundo que se yergue en lontananza;
para tu frente,
dos manos frescas atemperando el. ardor de la jornada”.

    En estos versos podemos ver su expresión. donde ella añade claridad y armonía. Potencia en el lenguaje, y en la descripciones. de la naturaleza, con el sentido exacto de la realidad. Hacer poesía es la actitud de transmitir, la emoción, pasión. y el espíritu que se siente.
    Roberto Soto Santana en el prólogo, comenta: "En Clave de…¡Mujer! es un poemario que trata sobre la angustia existencial, pero en un sentido que no es ni contemplativo. ni nihilista, ni romántico, ni escapista Su actitud es de lucha aceptada no con resignación, sino con valentía y estoicismo, de hallazgo de la belleza en aquellos rasgos interiores y actitudes excepcionales del prójimo...".
    La poesía de Eliana Onetti está llena de ritmo, dinamismo, y logra con palabras la eficacia en su manera de expresar sus emociones que ceden el paso a la imaginación como expresión individual; y el. resultado no puede ser otro, que ser parte de la vida misma.
René León