lunes, 3 de marzo de 2014
CÓMO DEBE LEERSE EL QUIJOTE
Enrique José Varona
Foto tomado de: Biografias y Vidas
Tanto
se ha escrito sobre
el Quijote en
lo que va de año, que bien fundadamente puede creerse que este libro apacible y
deleitoso habrá tenido algunas docenas más de lectores de los habituales. Y con
toda llaneza confieso que ese me parece el resultado más apetecible de todo
este continuado rumor de plumas y discursos.
No vaya a presumirse que esto envuelve
censura, ni asomo de censura siquiera, de la glorificación de este centenario.
El entusiasmo tonifica y fortifica, sobre todo si, como en este caso, el
entusiasmo es genuino y legítimo. Soy cervantista de la antevíspera. Leí el Quijote de niño, y fue para mí manantial de
risa y acicate de la fantasía. Dormí muchas noches con un viejo espadín debajo
de la almohada, descabecé en sueños muchos endriagos y encanté y desencanté no
pocas Dulcineas. Lo leí de mancebo, y la poesía sutil de las cosas antiguas se
levantó, como polvo de oro, de las páginas del libro, para envolver en una
atmósfera de encanto mi visión del mundo y de la vida. Lo he leído en la edad
provecta, y me parecía que una voz familiar y amiga, algo cascada por los años,
me enseñaba sin acrimonia la resignación benévola con que debe nuestra mirada
melancólica seguir la revuelta corriente de las vicisitudes humanas.
![]() |
| tomado de Literatura Espaola don Quijote de la Mancha |
Pero es natural que, habiendo encontrado en
esta lectura fuente siempre fresca y abundosa de impresiones acomodadas a la
disposición de mi ánimo, desee a otros muchos el mismo refrigerio. De aquí que
haya acabado por creer que la mejor manera de honrar al autor del Quijote sea, no aumentar la secta de los
cervantistas, sino a crecer el número de los lectores de Cervantes.
Esto implica, lo confieso, cierto temor de
que se malogre ese justificado deseo, que no tengo por mío exclusivo, sino de
todos los que a porfía elogian y encomian el peregrino libro. Y mi temor nace
de dos clases de consideraciones.
Ha dado sobre el Quijote una legión de comentadores,
intérpretes, levantadores de horóscopos, descifradores de enigmas y adivinos,
que asombran por su número y desconciertan por la misma sutileza de sus
invenciones. A fuerza de querer encontrar un sentido acomodaticio a las frases
más sencillas y una intención recóndita a los pasajes más claros, hacen
sospechar a los desprevenidos que esa obra de verdadero y mero entretenimiento
pueda ser un apocalipsis o un tratado de metafísica hegeliana.
| Miquel de Cervantes foto tomado de: biography.com |
A
los familiarizados con el libro, este intento de hermenéutica profana divierte
o enoja, según los casos, pero no perjudica. Más no es entre ellos donde se han
de buscar los nuevos lectores. A éstos debe decirse y repetirse que el Quijote es uno de los libros más llanos que se
han compuesto: claro como río sereno y caudaloso de ideas, sin confusión; de
estilo añejo, como el buen vino, pero no anticuado; que habla del tiempo viejo,
pero no de un tiempo tan separado de nosotros que el alma de sus personajes nos
parezca extraña y distante de la nuestra. Tantos ejércitos maravillosos
describen esos exégetas, que el lector puede amilanarse, o encontrarse
chasqueado, cuando se desvanezca toda esa fantasmagoría.
Otros han tomado por distinto atajo. De tal
suerte extreman el elogio, que más parecen corifeos entonando un ditirambo que
escritores que recomiendan una exquisita obra del ingenio humano.
No les niego yo su perfecto derecho a
sustituir las razones y aun la razón por perpetuos ¡evohé!, ¡evohé! Cada cual
expresa su delectación íntima a su manera; pero, desde el punto de vista en que
me coloco aquí, temo que el efecto de sus desmesuradas hipérboles sea
contraproducente. Lo de
desear
son lectores sinceros, que vayan, sin prejuicio de snobismo, a apurar el contenido de esa rica
copa en que escanciaron las gracias, y no individuos que se estén palpando y
mirando por dentro con susto, si por acaso no se encuentran, desde las primera
páginas, en un mundo de prodigios, y no se ven suspendidos en cada capítulo a
la región de los encantamientos pregonados. Hacen, sin quererlo, estos críticos
tan poco criticistas, el papel del ingenioso Chanfalla en El retablo de las maravillas.
A fuerza de anunciar portentos, que ellos ven y manosean, parecen declarar
memos y bolos a los que no miren por sus ojos y con su mismo ángulo visual. El
pobre lector se azora, y aunque dice para sus mientes, ¿si seré yo de esos?,
proclama a voces que se cierne a dos dedos del empíreo. Ninguno de los confusos
espectadores del retablo quería ser judaizante, y ninguno de los atortolados
lectores quiere pasar por imbécil.
Aunque me acusen de algo sanchezco, prefiero,
para los que lean el Quijote,
la disposición de espíritu del estudiante del cuento, que se solazaba tendido
en mullido césped y reía a pedir de boca en los pasajes de risa. Ese de seguro
no tenía entre las manos ningún Quijote comentado
y puntualizado. Los que han leído la deliciosa fábula por esparcimiento y la
han celebrado con risa franca y sana, son los que luego la recuerdan con suave
emoción y pueden descubrir la vena de plácida tristeza que va, casi a flor de
tierra, serpeando por todo su contexto.
“Mirad, escribano Pedro Capacho –decía el
alcalde Benito,- haced vos que me hablen a derechas, que yo entenderé a pie
llano”. Cervantes escribió a derechas; no subamos en zancos a sus lectores.
| The statue of Miguel de Cervantes at the harbor of Nafpaktos (Lèpanto) Tomado de Wikipedia |
9 de Mayo,
1905
Enrique José Varona, de “Desde Mi
Belvedere”
sábado, 1 de marzo de 2014
Premio Carmen Luisa PInto

El pasado 29 de Diciembre del 2013 la editorial Voces de hoy en THE PLACE ciudad de Miami hizo entrega de los premios en español Carmen Luisa Pinto a los que resultaron ganadores en las distintas nominaciones. La poeta y escritora cubana Blanca M. Segarra tenia dos nominaciones. Una por su libro de narrativa Prisma emocional y otra por su audiolibro de poemas Confesiones, resultando este ultimo ganador en su categoria recibiendo por el mismo un diploma y un trofeo además de dos diplomas más, uno por cada nominación. Reciba Blanca M. Segarra nuestra más sincera felicitación ya que es un premio muy merecido por la calidad del audiolibro tanto en lo referente a la belleza de los poemas como a la declamación y fondo musical. Felicitaciones.
RAMÓN MERCADER Y LA PUPILA HISTÓRICA DE ÁLVARO ALBA
Por: J. A. Albertini
Nadie
confesará jamás completamente sus desfallecimientos
y sus miserias, los móviles ocultos de sus actos, la parte
que en sus obras ejercen los sentidos, su encorvamiento bajo la pasión dominadora, sus horas de tigre, de zorra y de
cerdo.
José Martí
Obras Completas
Mucho se ha
analizado, especulado y escrito sobre el español, por más señas catalán, Ramón
Mercader del Río y las motivaciones, de toda índole, que tuvo para asesinar
El 20 de agosto de 1940 en Coyoacán, una
de las dieciséis delegaciones del Distrito Federal de México, a Lev Davídovich
Bronstein, mundialmente conocido por el sobre nombre de León Trotski, artífice
importante de la toma del poder por el partido bolchevique en Rusia, durante el
tormentoso mes de noviembre de 1917 y figura clave en la construcción de los
cimientos de la Unión Soviética.
Lo que es innegable
es que Ramón Mercader, en su juventud, fue un comunista convencido, un hombre
dominado por las ideas marxistas, dispuesto a todo, como lo hizo al matar, con cálculo
frío, a Trotski, para contribuir a la creación de un utópico mundo mejor. Una
especie de Reino de los Cielos, sobre la faz de la tierra, aunque el camino
para llegar a ese reino hubiese que empedrarlo de dolor humano, sangre y
cadáveres. Al final, luminoso, hasta las victimas estarían agradecidas del
sacrificio misionero de los verdugos.
Mucho se ha
analizado, especulado y escrito. Con esa oración inicie este artículo, pero ha
medida en que me fui adentrado en la lectura de En la pupila del Kremlin,
obra escrita por el investigador cubano Álvaro Alba y publicada por la editorial española Asopazco
Edita, comencé a descubrir un ángulo de Mercader, nunca antes expuesto, por lo
menos que yo conozca. El Ramón Mercader humano, con todas las tonalidades
inherentes que esa condición lleva, como equipaje a lo largo de la existencia
física.
Anteriormente, Alba,
que estudió historia en la Universidad de Odessa, Ucrania y ostenta una maestría
en esa rama del saber, había dado a la luz el libro Almas gemelas. Trabajo
enjundioso en el cual examina y compara las personalidades del frío seminarista
georgiano José Stalin y del mesiánico inquisidor cubano Fidel Castro. También,
es conferencista y autor de incontables ensayos y artículos de observaciones
políticas, históricas y culturales que periódicamente aparecen en la prensa
nacional e internacional.
Álvaro Alba en esta
nueva entrega demuestra sus conocimientos profundos sobre la historia de la
Unión Soviética, métodos de gobierno, órganos represivos, conspiraciones
tenebrosas y personajes que a lo largo de aquellos tiempos constituyeron un
largo rosario de hijos de las circunstancias,
víctimas y victimarios que aún, en el presente, con su proceder de antaño,
lastran la conciencia universal.
En la pupila del Kremlin, con rigor histórico y fluida redacción, se
abordan los pormenores y figuras principales que ensayaron, llevaron a escena y
actuaron en la conspiración que puso fin a la vida León Trotski.
Naum Isaakovich
Eitingon, mayor general del NKVD, Caridad
del Río Hernández, madre de Mercader, y la incauta y sentimentalmente abusada y
utilizada Silvia Ageloff, son algunos de los nombres que siempre estarán en la
cartelera del trágico teatro de la historia contemporánea.
No obstante, una peculiaridad
que posee la obra es la profundización en la existencia cotidiana y el estilo
de vida que junto a su esposa mexicana Roquelia Mendoza Buenabad y los hijos,
adoptados, de la pareja, Laura, Arturo y Jorge, llevó el homicida del viejo
bolchevique, tanto en la Unión Soviética como en la Cuba de Fidel Castro. Donde,
rodeado de cuidados médicos y bajo absoluto anonimato, falleció de cáncer, el
18 de octubre de 1978, a
los 64 años de edad.
Álvaro Alba, gracias
al testimonio, de primera mano, de Karmen Vega, hija de un republicano,
afiliado al partido comunista, español a la que el autor califica de doble exiliada hispano-soviética nos
permite entrar al hogar, tanto en Rusia como en Cuba, de Ramón Mercader, hurgar
en facetas embozadas o desembozadas de su personalidad, y acompañarlo en sus
últimas horas de vida.
Karmen Vega conoció a
Mercader en la década de 1960, en Moscú.
Y, a partir de ese primer encuentro, pronto,
estrechó lazos con la familia, llegando a ser amiga verdadera de Ramón y
Roquelia y, en ocasiones, confidente de uno y otro.
A través de la voz de Karmen Vega la pluma
cierta de Alba nos adentra y desempolva el mundo de callada frustración que
acompañó, luego de la liberación, de la prisión mexicana, la existencia del
asesino de Trotski, gracias al lamentable honor de ocupar un sitio en el museo
de criminales famosos de la historia y ostentar el distintivo, en este caso
acusador, de Héroe de la Unión de Republicas Socialistas Soviéticas. Galardón
que en la conciencia de la Rusia actual tiende al olvido premeditado, como la
tierra moscovita, con lápida engañosa, que acoge la tumba, desmemoriada y
silenciosa, en el Cementerio Viejo de Kuntsevo, de un tal Ramón Ivanovich López.
Álvaro Alba que por
experiencia empírica, además de sus amplios conocimientos académicos, conoce el
mito de las ideologías totalitarias y el destructivo fanatismo chovinista, con
destellos seudo religiosos, que de las mismas emana, se concentra en el hombre
de presencia tolerada que, refugiado en Moscú y La Habana, de seguro, a pesar
de su silencio obstinado, ya no creía (como ha quedado demostrado) que León
Trotski estuvo en contubernio con la Alemania Nazi para destruir a la Unión Soviética.
Siguiendo el lente de
la pupila de Karmen Vega, vemos a Ramón
Mercader preparar con deleite, en su pequeña cocina moscovita, una paella o
cocinar determinado plato de la gastronomía internacional. Entonces, como
lector, pensamos que tal vez, cuando estudió el arte culinario en España o
Francia y bajo la mentira de Jacques Mornard se las daba de amante de la
fotografía y abusó de los sentimientos de una mujer enamorada aún, bajo esa
coyuntura, tuvo la oportunidad de renunciar a la grandeza homicida y
regodearse, por el resto de su existencia, en el placer que genera, en comensales
satisfechos y agradecidos, el sabor de una simple comida hogareña, hecha con
esmero y dedicación artesanal.
A todos decía que en la vida había que ser discreto, recuerda Karmen Vega, que con frecuencia
recomendaba un Mercader reflexivo; siempre ensimismado en sus pensamientos
herméticos.
Asimismo, aflora en
esta obra el amor fiel y sereno, quizás por el paso del tiempo, que se
profesaban Ramón y Roquelia, junto a desavenencias normales de pareja o
discusiones familiares, como la oportunidad en que ella molesta por no poder
obtener mayores bienes de consumo, en el espartano Moscú, le enrostró al marido
que de poco le servían las medallas y distinciones que los soviéticos le habían
otorgado, por sus largos y sacrificados años de servicios.
O el resentimiento,
siempre presto a surgir que Roquelia le profesaba a Caridad del Río, a la cual
culpó ante Ramón, más de una vez, en
presencia de Karmen, de acontecimientos pasados que no aclaraba del todo: ¡Tú madre te ha hecho, nos ha hechos muchas
cosas! ¡No lo olvides!, cuenta Karmen y puntualiza que, cuando eso sucedía,
Ramón Mercader, guardaba silencio de aceptación.
Y devorando las páginas de En la pupila del Kremlin, el
lector llega en compañía de la familia Mercader a la ciudad de La Habana,
primeros años de la década de 1970, donde gracias a las gestiones que Karmen
Vega había realizado directamente con Fidel Castro, Ramón y los suyos, fueron recibidos con atenciones y
privilegios, pero bajo anonimato absoluto.
En el documento
histórico que nos ofrece Álvaro Alba, acompañamos a un hombre, con nombre
supuesto y pasado tormentoso, a pasear por la quinta avenida habanera a Nana y
Mister X perros de raza borzoi que, por entonces, despertaban la curiosidad y
admiración de los transeúntes y automovilistas capitalinos.
Asistimos, a las tres
ocasiones en que, con aspavientos serviles y medidas extremas de seguridad, a
la familia se le anunció la visita, en pocas horas, de Fidel Castro Ruz. Y,
como lectores compartimos las mismas veces en que el gobernante cubano faltó a
la cita.
Y, también, como lectores de esta reveladora
obra, en la que en cada página late el pulso de los interpretes desaparecidos y
los sentimientos eternos, razonamos que para cualquier jefe de estado, sea su
gobierno democrático o tiránico, reunirse con un magnicida, por siempre, representará
una mancha oscura de aceptación o santificación de un asesinato premeditado,
elaborado con engaños y mentiras, por años cultivadas con
frialdad destructora.
La parte aguzada del piolet (bastón de alpinista) que, de la mano de Ramón
Mercader, penetró en el cráneo de León
Trotski, por cierto, verdugo despiadado de los marinos de la Fortaleza
de Kronstadt, condenó al ejecutor y lo situó donde yacen las memorias
insepultas, entre otras, de un Marco Junio Bruto, aquel que un 15 de marzo del
año 44 A .C.,
con el filo de su daga inmortalizó los idus
de marzo al participar en las 23 puñaladas que acabaron con la vida del
dictador romano Julio Cesar.
Y, también, en los tiempos modernos, saltando
etapas, la del actor John Wilkes Booth que el viernes 14 de abril de 1865 de un
disparo de pistola truncó la existencia del presidente norteamericano Abraham
Lincoln, en actuación macabra que lo perpetuó sobre el escenario de la
indignidad humana.
Escuchando a Karmen
Vega nos enteramos de los últimos días de vida de Ramón Mercader y el miedo
desesperante que sentía hacia sus antiguos camaradas del KGB. Asistimos a la nostalgia agónica que
experimentaba al pensar en la tierra madre:
Me voy a morir sin poder ver de nuevo mi tierra. También, sin mencionar el
nombre de León Trotski, Roquelia, Karmen y la enfermera que lo atendía, en el
silencio de la habitación hospitalaria, le escucharon lamentarse: ¡Esos gritos tras el golpe!
En la pupila del Kremlin, Álvaro Alba sobrepasa el tema histórico y pone frente
a nuestros ojos una obra en la cual el lector tiende a escarbar en el ser
humano, sus creencias mitos, y contradicciones que indefectiblemente conducen
al mismo final. El final de todo.
Pobre Ramón Mercader
del Río, y pobre de todo aquel que cree y se fanatiza con doctrinas religiosas,
filosóficas o políticas que sustentan la destrucción como remedio inevitable
para iniciar la construcción de un hipotético mundo mejor.
Al respecto, la
filosofa francesa Simone Weil dijo: La
aplicación del marxismo no es filosofía política superior, sino religión
inferior.
La plaga de marqueses y condeses
Emilio Roig de Leuchsenring
Tomado de Opus Habana
Publicado el 29 Noviembre 2001
El título del título no es difícil de encontrar, pues se utiliza el nombre de la estancia pueblerina donde el fresco ¡y bien fresco! Aristócrata nació y fue mozo de corral...
Una de las muy pocas labores que en esta época de crisis de los parlamentos realiza nuestro Senado, es la labor trascendentalísima de conceder autorización para usar títulos y condecoraciones a los ciudadanos de la República y discúlpenme si uso todavía ambas palabras para designar a nuestra ínsula y sus insularidades.
Éstos padecen hoy fiebre aguda de títulos y condecoraciones.
Cualquiera que tenga dos pesetas, tres carros de marcas caras y un chalet con visos de palacete en el Vedado o los repartos de moda, se da un viajecito por Europa y en alguna de las cortes del Viejo mundo se compra su titulito, que será mássuyo, que si lo hubiese heredado, pues su dinero le costó.
El título del título no es difícil de encontrar, pues se utiliza el nombre de la estancia pueblerina donde el fresco ¡y bien fresco! Aristócrata nació y fue mozo de corral, o de la bodega o almacén habaneros en donde se inició, de fregador de platos, en la carrera que tan buenos pesos le ha producido y gracias a los cuales ha podido comprar su coronita. (Con esto no quiero afirmar, aunque tampoco niegue, que se encuentre, además, coronado. ¡Líbreme el señor de un mal pensamiento, o de descubrir secretos a voces!)
También es fácil lograr estos titulitos haciendo alguna fuerte limosna para el cepillo de San Pedro, que como se ve es un cepillo que barre para adentro y que a cambio de dólares de buena ley, que pesan que se yo cuántas liras, se entregan indulgencias o titulitos. Bueno, que este cepillo de San Pedro se parece a esas cajas registradoras o de sorpresas que por un buen níquel de a cinco centavos dan un mal caramelo de a ¼ de centavo.
Una vez conseguido el titulito, es indispensable que la noticia se de a conocer por los cronistas sociales, el maestro de la crónica habanera en primer término.
Desde luego que no se dice que el titulito fue comprado, sino que «S. M. el Rey Tal o S. S el papa Cual, teniendo en cuenta los grandes servicios que a la monarquía o a la religión ha prestado el conocido, prominente y acaudalado hombre de negocios o banquero o hacendado o industrial, señor Don ramón Fernández López, González, Martínez o Sánchez, ha tenido a bien concederle el título de Márques o Conde de? (aquí el nombre de la bodega, almacén, corral, etc., etc., de que hablé antes).
También se suele meter la bola de que el nuevo marquesado o condesado es un antiguo título de familia, recuperado ahora, después de varios siglos de abandono.
Para celebrar tan fausto acontecimiento nunca viene mal ofrecer una fiesta en la que –de aquí en adelante– será «la aristocrática mansión de los Marqueses o Condeses de?»
El día de la fiesta lucirá el chalet o palacete el escudo de armas de los flamantes marqueses o condes en el dintel de la puerta de entrada.
A los criados se les enseñará a decir en vez de «caballero y señora», «Señor Marqués, Señora Marquesa, Sr. Conde, Sra. Condesa».
El nuevo título se mandará a hacer su correspondiente sortija con su correspondiente corona y escudo nobiliarios, escudo y corona que serán repartidos profusamente en pintura, grabado o bordado, en automóviles, muebles, ropas, incluyendo de cama y cocina libreas de los criados, papel de cartas y hasta recibos de almacén o vales de la finca, colonia o ingenio.
Ya no se firmará jamás ni permitirán que lo nombren o llamen por su modesto nombre de pila, el que sus padres le pusieron en la remota aldea. Será siempre «El Señor Marqués o Conde de Tal por Cual».
Para que el público se acostumbre a usar el nuevo título y conocer e identificar por él a la persona de su poseedor y? comprador es necesaria mucha propaganda, que queda encomendada a los protagonistas sociales, los cuales en las listas de asistentes a los cines, teatros, tes, etc., dedicarán siempre, previo convenio, párrafo aparte a la nueva marquesa o condesa. Los hay que hasta se dedican a llamar por teléfono a sus amigos, conocidos y dueños de tiendas y establecimientos donde compran para participarles la buena nueva.
Con esta propaganda y anuncio de los nuevos títulos de que está abarrotándose –más aún que de polacos vendedores de corbatas– La Habana, me ocurre lo que con los nombres nuevos de las calles de nuestra ciudad. Cada vez que leo un nombre nuevo de calle, o un título que ha sido reciente y más o menos costosamente?mercado, me vuelvo loco, y lo mismo les pasará a los demás mortales sin título, tratando de averiguar a qué calle antigua y conocida corresponde ese nombre, o a qué? buche o guaricandilla corresponde ese marquesado o condesado.
Menos mal, que en cuanto alas calles, se encuentra enseguida la equivalencia, en la relación que publica la guía del teléfono.
–¡Hombre! –exclamamos– ¿Quién me lo iba a decir? Pues ¡si Mayor Gorgas es Virtudes!
Es muy difícil, en cambio, porque no hay a mano fuentes de información, averiguar quién es el Marqués o la Condesa de Tal por Cuales de que habla Fontanills en su última crónica, como asistentes al cine o a las carreras de caballos o a la noche veneciana del cabaret tal.
–Pero? ¿quién será este marqués o esa condesa?
Nada? que se vuelve uno loco, sin lograr averiguarlo. Hasta que un buen día, un amigo lo saca a uno de dudas y nos despeja la incógnita, y, entonces, ¡qué sorpresa! , descubrimos que el Excmo. Señor Marqués de X Z o la Excma. Señora Condesa de J. K, eran de lo más tratado que nosotros teníamos.
–¡Pero si era el tipo de Don Pancho López Fernández, Sánchez, González o Martínez! – exclamamos cayéndonos de las nubes, o también:
–¡Si se trataba de Cusa, Cachita o Cucufita, lo más virulilla o picúo que conocíamos!
Para acabar con estas dudas e incertidumbres, me permito pedirles a los administradores de la Compañía de Teléfonos, publiquen, como hacen con los nombres de las calles habaneras, una lista con las equivalencias de los títulos y titulitos de que está hoy inundada y abarrotada La Habana, más aún que cuando la congestión de los muelles.
O, ¿por qué el Sr. Govantes, que tanto y tan feliz éxito ha alcanzado con la restitución de sus nombres primitivos a las calles de nuestra capital, no acomete también la empresa, no menos necesaria, de restituirles sus nombres de pila a los flamantes marqueses y condeses que padecemos?
Cualquiera que tenga dos pesetas, tres carros de marcas caras y un chalet con visos de palacete en el Vedado o los repartos de moda, se da un viajecito por Europa y en alguna de las cortes del Viejo mundo se compra su titulito, que será mássuyo, que si lo hubiese heredado, pues su dinero le costó.
El título del título no es difícil de encontrar, pues se utiliza el nombre de la estancia pueblerina donde el fresco ¡y bien fresco! Aristócrata nació y fue mozo de corral, o de la bodega o almacén habaneros en donde se inició, de fregador de platos, en la carrera que tan buenos pesos le ha producido y gracias a los cuales ha podido comprar su coronita. (Con esto no quiero afirmar, aunque tampoco niegue, que se encuentre, además, coronado. ¡Líbreme el señor de un mal pensamiento, o de descubrir secretos a voces!)
También es fácil lograr estos titulitos haciendo alguna fuerte limosna para el cepillo de San Pedro, que como se ve es un cepillo que barre para adentro y que a cambio de dólares de buena ley, que pesan que se yo cuántas liras, se entregan indulgencias o titulitos. Bueno, que este cepillo de San Pedro se parece a esas cajas registradoras o de sorpresas que por un buen níquel de a cinco centavos dan un mal caramelo de a ¼ de centavo.
Una vez conseguido el titulito, es indispensable que la noticia se de a conocer por los cronistas sociales, el maestro de la crónica habanera en primer término.
Desde luego que no se dice que el titulito fue comprado, sino que «S. M. el Rey Tal o S. S el papa Cual, teniendo en cuenta los grandes servicios que a la monarquía o a la religión ha prestado el conocido, prominente y acaudalado hombre de negocios o banquero o hacendado o industrial, señor Don ramón Fernández López, González, Martínez o Sánchez, ha tenido a bien concederle el título de Márques o Conde de? (aquí el nombre de la bodega, almacén, corral, etc., etc., de que hablé antes).
También se suele meter la bola de que el nuevo marquesado o condesado es un antiguo título de familia, recuperado ahora, después de varios siglos de abandono.
Para celebrar tan fausto acontecimiento nunca viene mal ofrecer una fiesta en la que –de aquí en adelante– será «la aristocrática mansión de los Marqueses o Condeses de?»
El día de la fiesta lucirá el chalet o palacete el escudo de armas de los flamantes marqueses o condes en el dintel de la puerta de entrada.
A los criados se les enseñará a decir en vez de «caballero y señora», «Señor Marqués, Señora Marquesa, Sr. Conde, Sra. Condesa».
El nuevo título se mandará a hacer su correspondiente sortija con su correspondiente corona y escudo nobiliarios, escudo y corona que serán repartidos profusamente en pintura, grabado o bordado, en automóviles, muebles, ropas, incluyendo de cama y cocina libreas de los criados, papel de cartas y hasta recibos de almacén o vales de la finca, colonia o ingenio.
Ya no se firmará jamás ni permitirán que lo nombren o llamen por su modesto nombre de pila, el que sus padres le pusieron en la remota aldea. Será siempre «El Señor Marqués o Conde de Tal por Cual».
Para que el público se acostumbre a usar el nuevo título y conocer e identificar por él a la persona de su poseedor y? comprador es necesaria mucha propaganda, que queda encomendada a los protagonistas sociales, los cuales en las listas de asistentes a los cines, teatros, tes, etc., dedicarán siempre, previo convenio, párrafo aparte a la nueva marquesa o condesa. Los hay que hasta se dedican a llamar por teléfono a sus amigos, conocidos y dueños de tiendas y establecimientos donde compran para participarles la buena nueva.
Con esta propaganda y anuncio de los nuevos títulos de que está abarrotándose –más aún que de polacos vendedores de corbatas– La Habana, me ocurre lo que con los nombres nuevos de las calles de nuestra ciudad. Cada vez que leo un nombre nuevo de calle, o un título que ha sido reciente y más o menos costosamente?mercado, me vuelvo loco, y lo mismo les pasará a los demás mortales sin título, tratando de averiguar a qué calle antigua y conocida corresponde ese nombre, o a qué? buche o guaricandilla corresponde ese marquesado o condesado.
Menos mal, que en cuanto alas calles, se encuentra enseguida la equivalencia, en la relación que publica la guía del teléfono.
–¡Hombre! –exclamamos– ¿Quién me lo iba a decir? Pues ¡si Mayor Gorgas es Virtudes!
Es muy difícil, en cambio, porque no hay a mano fuentes de información, averiguar quién es el Marqués o la Condesa de Tal por Cuales de que habla Fontanills en su última crónica, como asistentes al cine o a las carreras de caballos o a la noche veneciana del cabaret tal.
–Pero? ¿quién será este marqués o esa condesa?
Nada? que se vuelve uno loco, sin lograr averiguarlo. Hasta que un buen día, un amigo lo saca a uno de dudas y nos despeja la incógnita, y, entonces, ¡qué sorpresa! , descubrimos que el Excmo. Señor Marqués de X Z o la Excma. Señora Condesa de J. K, eran de lo más tratado que nosotros teníamos.
–¡Pero si era el tipo de Don Pancho López Fernández, Sánchez, González o Martínez! – exclamamos cayéndonos de las nubes, o también:
–¡Si se trataba de Cusa, Cachita o Cucufita, lo más virulilla o picúo que conocíamos!
Para acabar con estas dudas e incertidumbres, me permito pedirles a los administradores de la Compañía de Teléfonos, publiquen, como hacen con los nombres de las calles habaneras, una lista con las equivalencias de los títulos y titulitos de que está hoy inundada y abarrotada La Habana, más aún que cuando la congestión de los muelles.
O, ¿por qué el Sr. Govantes, que tanto y tan feliz éxito ha alcanzado con la restitución de sus nombres primitivos a las calles de nuestra capital, no acomete también la empresa, no menos necesaria, de restituirles sus nombres de pila a los flamantes marqueses y condeses que padecemos?
Una canción libera a un rey: La Canción de Blondel
| Estatua de Blondel de Nesle y Ricardo I Ruinas del castillo de Durnstein |
René León
Recuerdo que cuando era un muchacho
fui a ver al cine en La Habana ,
Cuba, las películas de los tiempos de las Cruzadas Cristianas y del rey Ricardo
I Corazón de León. Ellas nos llevaban a aquellas épocas remotas que muchos sólo
conocen por el cine. Según cuenta la historia, fue una canción la que liberó a
Ricardo I, rey, poeta y trovador de mujeres y guerras. Amante del romance y las
canciones, pero temerario caballero que con su espada de bien templado acero
supo batirse para recuperar Jerusalén y la milenaria ciudad de Jaffa. El sultán
de Siria, Señor de Egipto y Conquistador de Palestina, Saladino el Grande
-Salah-a-Din- lo respetaba y temía a la vez por su coraje.
Según cuenta la historia Ricardo I,
conocido por Corazón de León, decide regresar en 1192 desde Jerusalén a
Inglaterra, por la ruta de Alemania, creyendo en el pacto de caballeros que
protegía a los cruzados que viajaban atravesando por los países cristianos;
aunque en su caso no sería respetado esta vez por el Archiduque Leopoldo de
Austria, que lo capturaría y lo entregaría al Emperador Enrique VI de Alemania.
Ricardo había evitado regresar a su país pasando por Francia, para no ser
aprehendido por su enemigo el rey francés. Sin embargo, fue a parar a la torre
de un castillo austriaco.
En su país pasaban los días y las
semanas, y nada se sabía de él. En su reino, su hermano Juan conspiraba con
Felipe II de Francia. El primero, para apoderarse del trono. El otro, para adueñarse de las
provincias que desde hacia años codiciaba. La traición estaba contra él. Sólo
su amigo, el soldado y estadista Arzobispo de Canterbury, les hacía frente a
sus enemigos, pero se necesitaba un milagro para poder sostener el reino.
Partieron mensajeros a fin de
buscarlo por las rutas conocidas en los países cristianos. Se sabía que sus
enemigos, los sarracenos de Damasco, no lo tenían prisionero, pues él había
llegado a un acuerdo o “solución amistosa” con Salah-al-Din, consistente en una
tregua de tres años, tres meses y tres días, durante la cual no guerrear y mantener
sus posiciones. Los sarracenos siguieron conservando las tierras interiores y
la ciudad Santa. La tregua sólo se rompió cuando el sultán falleció al año
siguiente.
Un compañero del rey en sus años de
las Cruzadas salió en su busca, entonando canciones de los días felices. Iba
por los caminos polvorientos de los países cristianos. Se paraba en las
prisiones o castillos de poderosos, y allí entonaba canciones a su amigo,
esperando una respuesta en la voz del rey.
Un día como otro cualquiera se
detuvo frente a un viejo castillo austriaco, de torre elevada, y empezó a
cantar la primera estrofa de una canción cuyos versos habían sido compuestos
por el mismo Ricardo I. Para sorpresa del joven trovador, empezó a escuchar una
voz conocida que los repetía desde la elevada torre. Sólo palabras que ellos
dos conocían.
Regresó el joven a Inglaterra a
informar al arzobispo de Canterbury que la exigencia del opresor era de cien
mil libras esterlinas por su rescate. Toda Inglaterra contribuyó a su
liberación. Pero aquellos eran años de heroísmo, de amores, de romance y de
hombres valientes
Aquel joven trovador se llamaba
Blondel de Nesle, y su canción fue recordada como la Canción de Blondel. Al
mismo tiempo, Ricardo I Corazón de León, entró en el mundo de la leyenda, que
ha perdurado hasta nuestros días.
Nota: Blondel de Nesle se cree es Juan II de Nesle, que fue un trovador
francés. Tenía un largo pelo rubio por lo que lo llamaban “Blondel”. Se casó en
1202 y, como eran las cosas en aquellos tiempos, ese mismo día marchó a la Cuarta Cruzada. Si
es hoy en día, se van para Acapulco para pasar la Luna de Miel o donde sea, y
deja la guerra para otros.
RETAZOS de Historia de Cuba – La Isla en la víspera del 10 de octubre de 1868
por Roberto Soto
Santana (de la Academia de la Historia de Cuba -Exilio)
En
1868, el Departamento Oriental de la Isla comprendía ocho jurisdicciones
(Santiago de Cuba, Guantánamo, Baracoa, Jiguaní, Bayamo, Manzanillo, Tunas y
Holguín).
La
jurisdicción de Cuba, con capital en Santiago –que a su vez lo era de todo el
Departamento-, estaba a cargo de un Teniente Gobernador investido de la suprema
autoridad militar y civil, el General Joaquín Ravenet, quien ejercía el mando
de una guarnición de alrededor de 1,1oo soldados, de los cuales 74o eran de
infantería y el resto de caballería[i]. Dicho sea de paso, el
General Ravenet también fungía como Vice-real patrono de la Iglesia en el Departamento,
presidente de las juntas departamentales de Fomento, Fortificación, Sanidad,
Instrucción Pública y Beneficencia, así como de presidente nato del
Ayuntamiento y de la sub-Delegación de Hacienda.
Según
las estimaciones de 1861 y 1862, la población de la jurisdicción constaba de
27,743 vecinos contados como blancos, 35,842 negros y mestizos libres, y 32,443
mestizos y negros esclavos[ii].
Por
otra parte, los 37 sublevados en La Demajagua el 10 de octubre de 1868,
provistos apenas de algunas armas ligeras, comprendían a hacendados y
ganaderos, y profesionales acomodados, en inferioridad numérica en una
proporción de 30 a
1 respecto de la guarnición disponible en la capital del Departamento.
En
su obra de 1859 “Una contribución a la crítica de la Economía Política”, Karl
Marx escribió que “los hombres inevitablemente establecen relaciones
determinadas, que son independientes de su voluntad, a saber, relaciones de
producción adecuadas a una etapa dada en el desarrollo de sus fuerzas
materiales de producción. La suma de estas relaciones de producción constituye
la estructura económica de la sociedad, la fundación real sobre la que se erige
una superestructura legal y política y a la que corresponden determinadas
formas de la conciencia social. El modo de producción de la vida material
condiciona el proceso general de la vida social, política e intelectual. No es
la conciencia de los hombres la que determina su existencia, sino su existencia
social la que determina su conciencia”.
Si
esta concepción determinista de la Historia fuera válida en todo momento y
lugar, no hubieran encabezado el alzamiento los firmantes del “Manifiesto de la
Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba, dirigido a sus compatriotas y a todas
las naciones”[iii]
–que ponían en peligro inmediato de extinción sus vidas, familias y haciendas[iv]-. De conformidad con los
encasillamientos marxistas, desde el primer momento deberían haber figurado al
frente de la sublevación los esclavos y los blancos, mestizos y negros libres
situados en el extremo más menesteroso y oprimido de la pirámide social; aunque
inmediatamente muchos de estos últimos se incorporaron a la lucha con las armas
en la mano, pero sucedió que fueron los blancos pudientes libres los que
encendieron la mecha y se echaron primero a los campos de batalla. Lo que
demuestra que la conciencia también puede modificar una existencia social dada
y hasta crear otra nueva, y que los sentimientos de dignidad y patriotismo no
son exclusivos ni distintivos de ningún estamento social en particular.
La
apreciación de que esto sucedió así la expresó el general Camilo García de
Polavieja, marqués de Polavieja, en una carta remitida en 1879 al general
Blanco, en la cual aquél decía que “Si
hemos de tener en cuenta que la insurrección de Cuba en el año 1868 no fue
producida por la miseria, por el exceso de contribuciones ni por la tiranía del
gobierno, pues estalló en el año de más apogeo en la riqueza de esta isla, en
país en que eran cortísimas las contribuciones que se pagaban, y en el que, por
ende, se gozaba de una gran libertad práctica; si además no se olvida que la
guerra fue promovida y sostenida por la mayoría de las clases opulentas y bien
acomodadas, naturales del país, que arrastraron tras sí por su natural
influencia a la proletaria y esclava, que le dieron soldados; si resulta
forzosamente de lo expuesto que el alzamiento de Yara debió obedecer, y
obedeció, únicamente y exclusivamente, a un prematuro sentimiento de
independencia que, más vivaz en las gentes letradas por su educación en los Estados
Unidos y en las lecturas de las campañas de independencia del continente
americano, motivó que fueran las que lo tradujeran en hechos, lanzándose las
primeras al movimiento insurreccional; si tampoco debe perderse de vista que
sobre sentir, ante todo, el cubano, que las corrientes de ideas vienen a Cuba,
no de la lejana España, sino del vecino continente...¨ (citado en
referendumparacubaya.blogspot.com –por supuesto, aun descontando, lo que
tampoco era cierto, que no hubiese una gran penuria económica, no es de recibo
que existiera “una gran libertad práctica” porque entonces la insurrección y
los diez años de guerra que le sucedieron habrían sido obra de un desvarío, en
vez de lo que fue: el último recurso ante la opresión no solo de la Administración
sino de toda la sociedad colonial-).
La historiografía cubana muestra
los dos enfoques, no radicalmente enfrentados (pues ambos buscan su fundamento
en los hechos históricos) pero sí disímiles en su sesgo interpretativo: el positivista, encarnado por
Vidal Morales y Morales (1848-1904),
Ramiro Guerra (1880-1970), Fernando Ortiz (1881-1969), Néstor Carbonell Rivero (1883-1966), Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964)
–de quien Carlos Rafael Rodríguez dejó escrito que “nunca fue un marxista: Cuando la influencia formadora del
marxismo llegó a nosotros, ya él – todavía en plena juventud- había quedado
formado en concepciones del radicalismo liberal que, aunque no contradictorias
con la esencia del pensamiento de Marx, Engels y Lenin, configuraba ya, definitivamente,
sus puntos de vista”.–Vid. “Letra con Filo”, T. III. Editora Ciencias Sociales.
Pág. 435-, Leví Marrero
(1911-1995), Hermino Portell Vilá
(1901-1992), Edilberto Marbán
(1907-1991), Emeterio Santovenia
(1889-1968), Benigno Souza
(1872-1954), Manuel Moreno Fraginals (1920-2001),
René León
(1935- ), Louis A. Pérez (1943- ) y Rafael Rojas (1965- ); y el marxista,
representado por Sergio Aguirre Carreras (1914-1993), José Antonio
Portuondo (1911-1996), Fernando Portuondo (1903-1975), Hortensia
Pichardo (1904-2001), Julio Le Riverend Brusone (1912-1998), Jorge Castellanos (1915-2011), Julio
Ibarra Cuesta (1931- ), Eduardo Torres Cuevas (1942- ) y Jesús Guanche Pérez (1950- ).
En
cuanto al origen de la que después se conoció como “Guerra Larga” (1868-1878) o
más comprensivamente “Guerra Libertadora Cubana de los Treinta Años” (1868-1898),
ha escrito Ramiro Guerra[v] que “España gobernaba a
Cuba con un ensangrentado brazo de hierro. La metrópoli se arrogaba la facultad
de imponer tributos y contribuciones; atentaba contra la seguridad de las
propiedades y privaba a la Isla de libertad civil, política y religiosa. Con
mengua de los tribunales civiles, los cubanos veíanse expulsados de su patria a
extraños climas, o ejecutados sin forma de proceso, por comisiones militares
establecidas en plena paz. No existía forma legal alguna de ejercer el derecho
de reunión, como no fuese bajo la presidencia de jefes militares. Toda petición
de remedio de los males públicos se juzgaba como un acto de disimulada rebeldía.
Privado de las libertades humanas esenciales, el cubano hallábase constreñido a
callar y obedecer”.
Llevaban
más de cuarenta años en vigor las facultades omnímodas otorgadas a los
Capitanes Generales de la Isla en tiempos del general Dionisio Vives[vi].
La
Junta de Información de Ultramar, formada en octubre de 1866 por representantes
españoles electos de Cuba y Puerto Rico, había sido desairada al ser ignoradas
sus propuestas de reforma tributaria en Cuba basadas en “la supresión de los
tributos odiosos y de los denominados de aduanas, y la sustitución de los
mismos por uno directo basado en las rentas de la propiedad urbana y rural y en
las utilidades del comercio y la industria…”
Rompiendo las negociaciones con la Junta, el Gobierno de Madrid impuso el
Real Decreto 12 de febrero de 1867, con entrada en vigor el 1 de julio del
mismo año, por el cual se reemplazó una serie de exacciones (los derechos de
exportación, las alcabalas de esclavos, de fincas, de ganado y remates, el
diezmo, la manda pía forzosa, el impuesto sobre salinas, los portazgos, el
derecho único y fijo de almacenes y tiendas, las medias anatas seculares, el
estanco de gallos, el derecho de consumo de ganados y el derecho de costas
procesales) por un impuesto de nueva creación (sobre las utilidades de la
industria, las artes, las profesiones y el comercio, por cuotas con arreglo a
tarifas, fijas o proporcionales7). Pero
se mantuvieron los derechos de aduanas, que gravaban al consumo. Todo lo cual,
en términos netos, terminó perjudicando a la clase comerciante.
Como
señaló Vidal Morales y Morales8, “el
Estado, que le imponía a esta colonia en el año de 1868, un prespuesto de
gastos de cerca de cincuenta millones de escudos, o sea veinticinco millones de
pesos, no invertía un solo centavo en la instrucción primaria” –Isla de Cuba.
Presupuestos generales de ingresos y gastos para el año de 1868 a 1869-. “Este solo
hecho”, como apostillaba Morales, “hubiera bastado para justificar la
Insurrección”.
El
autor de “Nociones de Historia de Cuba”, el primer libro de texto sobre la
materia que fue utilizado en las escuelas de la recién nacida República,
también dejó constancia de otras muestras del ambiente asfixiante de la Colonia
para cualquier cubano que pensara pero se veía permanentemente impedido de
hablar. Véanse las siguientes perlas.
“Después
de la década floreciente de 1830
a 1840, que fue la edad de oro de nuestra modesta
historia literaria,…la generación subsecuente perdió sus bríos durante el
terror que imperó en la colonia en los tiempos en que duramente rigieron sus
destinos Tacón, O’Donnell y Concha”.
“La
obra del insigne barón de Humboldt titulada Ensayo político de la Isla de Cuba
no pudo circular libremente en este país. Era una obra bajo ciertos aspectos
apreciabilísima, decía en 1827 el Ayuntamiento al Gobierno, pero sobre manera
peligrosa entre nosotros, por las opiniones de su autor acerca de la
esclavitud, y más que todo por el cuadro tanto más terrible, cuando es más
cierto que presenta a las gentes de color su inmensa fuerza en esta Isla y su
preponderancia decisiva en todas las Antillas y las costas del continente que
nos cerca”.
La
“Revista Bimestre”, que se había comenzando a publicar en 1831 como órgano de
la Comisión Permanente de Literatura de la Sociedad Económica de Amigos del
País, y que desde abril de 1832 pasó a ser dirigida por José Antonio Saco, dejó
de editarse tras la supresión de la Academia Cubana de Literatura y la marcha
al destierro de su Director.
Existía
la previa censura sobre todo lo que se tenía intención de publicar (fuera
libro, periódico o anuncio) y, con respecto al Faro Industrial, un diario que
se publicó entre 1841 y 1851, los censores regios, en un informe al Gobierno,
“le dijeron una vez que se había hecho notable, más por lo que callaba que por
lo que publicaba, recordando con tal motivo el silencio que dicho papel había
guardado sobre algunas de las recientes glorias militares de España en el mundo
marítimo, reticencias que lo hacían muy sospechoso…por lo que casi creía que
podía haber en El Faro manos enemigas que escribían en él, cuyas ideas eran
perniciosas”. El Capitán General Concha suspendió su publicación, y su decisión fue aprobada por Real Orden de 16
de octubre de 1851. ¡Y eso que el diario sólo era “sospechoso” de que manos
enemigas con ideas perniciosas escribieran en él!
La
censura, que en 1858 pasó a ser ejercida por un oficial de la Secretaría del
Gobierno Superior Civil, fue facultada por Real Orden del 12 de agosto de ese
año “para no exponer los motivos en que fundaban las prohibiciones que
dictaban”.
La
circulación en la Isla de la “Revista de España y de sus posesiones de
Ultramar” fue prohibida en 1851 “porque sus propósitos eran reformistas, y
pedía la representación de estas provincias en el parlamento español” a la vista
de lo cual dicha publicación “era contraria a la buena política: que las
Américas no se hicieron independientes por su soñada falta de concesiones y
garantías, sino precisamente en los instantes mismos en que fueron llamadas a
la representación nacional y a la participación igual con la metrópoli en todos
los derechos civiles y políticos. Esto demuestra, decían, que el sistema de
concesiones no ha formado hombres pacíficos y leales, sino revolucionarios e
ingratos”.
“La
Aurora” y otros periódicos integristas, tales como “El Diario de la Marina” y
la “Prensa de La Habana”, atacaban continuamente al periódico reformista “El
Siglo”, que se comenzó a publicar en 1864 bajo la dirección del Conde de Pozos
Dulces, “so pretexto de que sus predicaciones causaban espanto a cuantos tenían
algo que perder en Cuba para cuya desventura y ruina, decían, se publicaba El
Siglo”, para el cual llegaron varias veces a pedir “la hopa sangrienta de los
parricidas”.
Y
hasta en una ocasión el censor llegó a prohibir a cajas destempladas la
publicación de una poesía de Joaquín Lorenzo Luaces titulada “Invitación al
trabajo y a la concordia”, diciéndole a los amigos del poeta que le habían
traído la composición: “¡Basta, basta! Llévense ustedes eso inmediatamente, y
díganle al Sr. D. Joaquín Lorenzo que,
siéndome muy conocida su afición a cantar asuntos tan escabrosos, no sé cómo se
atreve a continuar haciendo versos así y a intentar su publicación. En todas
sus poesías se trasluce el amor a la independencia, su odio a España, sus ideas
revolucionarias, por más que pretenda disfrazarlas y ocultarlas, escogiendo
temas de la Biblia, de la historia de Grecia, de la de Irlanda o de la de
Polonia…Díganle que lo que es a mí no me engañan ni él, ni Fornaris, con sus
indios siboneyes. Ambos son unos filibusteros…A Luaces, que se contente con sus
anacreónticas, y esas, con mucho cuidado”.
4 Solo Francisco Vicente
Aguilera era dueño en 1868 de propiedades valoradas en 3 millones de pesos (10,000 caballerías de tierra, en las
que tenía ingenios, potreros, haciendas de ganado, almacenes de azúcar,
corrales, vegas de tabaco, estancias, viviendas y, además, quinientos esclavos,
aparte de emplear a varios centenares de jornaleros). [Leví Marrero. “Economía
y Sociedad”, Madrid, 1992, tomo 15, pág.266]
6 Instauradas por Real Decreto de 25 de mayo de 1825, que otorgó al
Capitán General “todo el lleno de las facultades que por reales ordenanzas se
conceden a gobernadores de plazas sitiadas”, pudiendo incluso dejar sin efectos
reales cédulas. Este régimen fue confirmado por Reales Ordenanzas de 21 y 26 de
mayo de 1834, y se mantuvo vigente hasta la firma de la Paz del Zanjón (el 10
de febrero de 1878). Vid. http://www.ecured.cu/index.php/Facultades_omn%C3%ADmodas_a_los_Capitanes_Generales
.
No obstante lo que dice el prof.
titular de Historia de América de la Universidad del País Vasco, D. Juan B.
Amores Carredano en su ensayo sobre “Las Reformas de la Administración Local en
Cuba (1765-1845)”(http://www.ehu.es/bosco.amores/publicaciones/038reformas_administracion_local.pdf),
de que no se puede hablar de un ejercicio despótico o tiránico del gobierno por
el Capitán General, y que, a pesar de que el decreto "de facultades
omnímodas", nunca se llegó a suspender en Cuba, el ejercicio de la
jurisdicción ordinaria siguió corrrespondiendo a los correspondientes
tribunales, así como que desde 1802 existía en la isla una Real Audiencia a la
que eran apelables en segunda instancia todas las decisiones y sentencias de
los demás tribunales, incluido el del capitán general, salvo los relativos al
fuero militar, lo cierto y verdadero es que la Comisión Militar Ejecutiva y
Permanente siguió enjuiciando y pronunciando severísimas sentencias amparándose
precisamente en el fuero militar, como la pena de muerte que dictó contra
el catalán Ramón Pintó. -Vid. “Iniciadores y primeros mártires de la Revolución
Cubana”, tomo III, pág.38, por Vidal Morales y Morales, con introducción por
Fernando Ortiz y biografía por Rafael Montoro, Colección de Libros Cubanos,
Vol. XXVI, La Habana, 1931-.
Así, el
Boletín de la Prensa de La Habana, del 22 de marzo de 1855, dio cuenta de
que “Condenado don Ramón Pintó a la pena de muerte en
garroıte vil por la causa de conspiración contra el Estado, fallada por la
Comisión Militar permanente de esta isla, en Consejo deı guerra celebrado el
sábado, 10 del actual, y confirmada la sentencia, fué trasladado desde el
castillo de la Punta, en que se hallaba preso, a la Real Cárcel en la mañana
del miércoles, y puesto en capilla en aquel edificio a las 7 de dicha mañana,
para ser ajusticiado a la misma hora de la mañana de
hoy jueves, como efectivamente lo ha sido”.
7 “El Sistema Tributario
Cubano”, Cristian-Óliver Lucas Mas, Tesina doctoral, Universidad de Barcelona,
mayo 2002, en http://www.lchlegal.com/publicaciones/el-sistema-tributario-cubano.pdf
.
8 “Hombres del 68” , pág.33. Editorial de
Ciencias Sociales, La Habana, 1972.
viernes, 14 de febrero de 2014
El amor
Existe el amor filial
ese que te endulza el Alma
y está la passion carnal
la que te roba la calma.
Y el del amor al amor
ese que todos sentimos
porque hay que amar al amor
para decir que vivimos.
Y el gran amor ¡Ese Amor!
que los sentidos agudiza
que es dicha, risa, dolor
y es felicidad huidiza.
Blanca M Segarra.
AYER
Néstor Molina (Cuba)
Ayer te vi de lejos
Te vi llorar
con tanto desconsuelo
en aquella playa azul.
Lloraste hasta quedar vacía
sin espacio en tu alma para un
nuevo amor
Yo
sin dirección ni tiempo
desconcertado
me alejé para que no supieras de
mí
Por no verte llorar más: yo
también lloré
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