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martes, 1 de marzo de 2016

Bienvenidos a Pensamiento

Capitolio Nacional Habana Cuba
Por René León

EL ESPÍRITU RUSO EN LA LITERATURA Y EN LA MÚSICA (Entre la realidad oficialista y la ensoñación tolerada)

el compositor ruso Sr. Aleksandr Skriabin (de fines del siglo XIX y comienzos del XX), junto a su esposa
Roberto Soto Santana, Miembro de la Academia de la Historia de Cuba (Exilio)

            Echemos mano del Diccionario de la Real Academia y veremos que el sustantivo “estereotipo” está definido como la imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable.  Por otra parte, “tópico” está definido como un lugar común convertido en fórmula o cliché fijo y admitido en esquemas conceptuales del que se han servido en particular los escritores. Con los significados de ambos vocablos a la vista, no hay inconveniente en postular que se corresponde con la realidad el tópico de que el carácter del pueblo ruso -desde sus orígenes esteparios en la región nororiental de la Europa central, a partir del segundo milenio antes de Cristo, hasta el día de hoy- presenta como elementos conformadores su sentido melancólico de la vida y la vocación trágica de su comportamiento ante los avatares que colectivamente se ve abocado a enfrentar.
            Como ha escrito el académico checo Ivo Pospišil, “el rasgo típico de la literatura rusa es “ahogarse en la corriente de la Historia”, el esfuerzo de de que la historia fluya, sin intervenir con gestos demoniacos en los procesos cósmicos. Esto, por supuesto, no significa en lo absoluto que la literatura rusa en general y la novela rusa en particular no quisieran realizar sus funciones demoniacas –el mesianismo y el utopismo rusos son sobradamente conocidos-. El origen de este rasgo se remonta –como se cree generalmente- a un conjunto de enseñanzas orientales, muy probablemente al gnosticismo y las tradiciones de la cultura bizantina…[existen muchos ejemplos] de estos fenómenos en los trabajos de varios autores rusos y no rusos frecuentemente asociados con la excentricidad, la rareza y la locura, así Ivan Goncharov, Nikolai Gogol, Nikolai. Chernishevski, Faddey Bulgarin, León Tolstoi, Anton Chekhov, Karel Čapek, Vladimir Nabokov y otros” (entre todos estos, el único no ruso incluido en esta relación era el checo Capek).
El realismo social de los novelistas rusos de la segunda mitad del siglo XIX dio paso con una abrupta solución de continuidad –a través de la espantosa represión de los intelectuales críticos que practicó el régimen soviético desde su implantación en 1917- a un sedicente y fementido ‘realismo socialista’ como único estilo permitido para las obras de ficción, segando literalmente las cabezas de los escritores que abrazaban el surrealismo. La víctima más notable de esta corriente cortada en flor fue el escritor Daniíl Ivánovich Kharms (1905-1942), muerto de inanición en la prisión de Leningrado número 1 tras haber sido llevado allí en agosto de 1941 a causa de su imputada naturaleza de “enemigo del régimen soviético”.
Otra muestra de ese carácter nacional, aunque en un campo distinto del espíritu ruso, lo corporeizó la obra musical de Aleksandr Skriabin (1872-1916). Dotado de sinestesia (la rara capacidad de percibir conjuntamente clases de sensaciones de diferentes sentidos en un mismo acto perceptivo), podía oír música y a la vez percibir sus notas, y los tonos de éstas, como colores. Incluso inventó un instrumento que podía ser tocado como un piano a fin de proyectar luz coloreada en la sala de conciertos.
Continuamente en pos de experiencias místicas, participó en experimentos aeronáuticos y hasta intentó en una ocasión caminar sobre el agua. Impresionado por las enseñanzas de la teosofista Helena Blavatsky –asimismo rusa-, sus partituras se volvieron cada más arcanas: su Séptima Sonata (la “Misa Blanca”) fue escrita para exorcizar demonios, mientras que su Novena Sonata (la “Misa Negra”) estaba diseñada para hacerlos regresar al Infierno viviente. Su obra final (“Misterio”), que quedó inconclusa, se debería ejecutar a los pies de la cordillera del Himalaya, a lo largo de siete días consecutivos. Los espectadores serían llamados con el tañido de campanas suspendidas de las nubes, y unas fragancias apropiadas permearían el aire; al final de la obra, el mundo se disolvería en un embeleso, y la humanidad sería reemplazada por seres “mejores y más nobles”. Falleció de una septicemia causada por una espinilla infectada.
            Con la misma intención irónica con la que lo redactó el cineasta Woody Allen en el guión de su película de 1975, “Amor y Muerte”, no resulta descaminado citar la descripción del espíritu ruso que expone el protagonista de la cinta, el anti-héroe Boris Grushenko, con las siguientes palabras: “Amar es sufrir. A fin de evitar el sufrimiento, uno debe no amar, pero entonces uno sufre a causa de no amar. Por lo tanto, amar es sufrir, no amar es sufrir, sufrir es sufrir. Ser feliz es amar, entonces ser feliz es sufrir, pero sufrir lo hace a uno infeliz, entonces para ser infeliz uno debe amar o amar el sufrir o sufrir a causa de demasiada felicidad.”
            Como quedó dicho con la máxima fuerza sinóptica por el Maestro Vladimir Fedoseiev, Director durante 40 años de la Orquesta Sinfónica Tchaikovski, de Moscú, en entrevista con John Allison, publicada el 21 de febrero de 2014 en el diario londinense The Telegraph, “los rusos, como los británicos, son pomposos y melancólicos”.


           



Influjos

Por:  Mary Romero Aragón
Tomado de: Fomento en vivo



Tengo fiebre. Será la ausencia de tu aire enfriando el sopor de mis piernas y el otoño que no llega. Tengo hasta escalofríos, puedo desmayarme de tanta sed, nada calma la necesidad de ti. Será el abrazo de tu sonrisa, la caricia en la distancia, unos labios secando mi humedad y ciertos ojos desenfocando de a poco mi luz. ¿Me dejas algo de tu abrigo? Quiero amanecer a la sombra de tu mapa, en la búsqueda de lo infinito, en los lagos y cisnes anunciando el primer día, existe otro, nuestro mundo. Descubramos el acertijo, quién perdona, tienes más opciones para vivir. Cómo no yacer entre tus grises matizando mi arcoíris. Sabes, el tiempo te adivina, extiendes el paso, las manos tiemblan, no hay fin para saciar tales influjos, sin prisa, aún sigo aprendiendo la fórmula de la inecuación.

Lions Get More Protection From the Endangered Species Act

Americans will still be able to hunt in some regions, but bringing trophies home will be harder


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Diario de Sudáfrica III

Mireya Robles

Agosto 6, 1985 – martes. Mañana es día de tres clases seguidas, pero ya las tengo preparadas: a las 7:45 (Lengua III), Jorge Manrique y sus coplas; a las 8:40 (Textos II), García Lorca: “Romance Sonámbulo” y comenzar Bodas de sangre. A las 9:35 (Textos III), La vida es sueño de Calderón de la Barca. Pero como dije, ya lo tengo todo preparado y mi forma de descansar es hablarles un poco en este diario. He encontrado cosas fabulosas en “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías” y en “Romance sonámbulo”. Empecé a escribirlas. Quizás estas notas se conviertan en un libro de interpretación de textos. El jueves pasado vino Berta, la colombiana, a ver si quería ir de compras. Ya había venido unos días antes para ofrecerse a llevarme a comprar. Ella tenía mi puesto y dice que la despidieron sin darle motivos. Entre la amabilidad externa y una chispa de velado resentimiento, me contó que hace viajes astrales y que los guías que se encuentra en esos viajes le han descifrado muchos misterios pero que después le quitan la memoria y ella se queda con una gran paz sin saber qué le dijeron. El jueves por la noche Francesca me invitó a un concierto en el City Hall, en el centro de Durban. Es un edificio muy bello. En el concierto: Benvenuto Cellini, Opus 23 de Hector Berlioz (1835 - The overture); Piano Concerto No. 1 in E Minor, Opus 11 de Frédéric Chopin (1830) y Symphony in D Minor de Cesar Franck (1888). La Orquesta Filarmónica de Natal dirigida por Louis Frémaux. Al piano, Jeffrey Swann, nacido en Arizona, me gustó muchísimo. El público muy acogedor, conmovido, entusiasmado. Aplaudieron tanto a Swann que tuvo que dar un encore.

El sábado 3 fui a cenar a casa de Berta. Yo, queriendo saber más de los viajes astrales. Ella, profundamente dedicada a cocinar unos vegetales que le quedaron riquísimos. El marido, inglés, habla bastante español. El vino, sudafricano. Hacen aquí unos vinos fabulosos. Mi preferido es el Old Brown Sherry, más ligero en textura que el Bristol Cream, pero más sabroso y contundente en el efecto. La casa de Berta, agradable y amplia, en una de las tantas lomas de aquí. Buen barrio, dos carros en el garaje. El hijo de 8 años y la hija de 10 años, viendo un programa de muñequitos en afrikaans, en el televisor. En el curso de la cena y sobremesa, Berta me manifiesta su gran admiración por Castro. Dice que se quiere ir para Cuba. Trato de explicarle, pero no quiere que le tumben el sueño de que existe un salvador de la pobreza y sigue creyéndoselo. Eso por una parte. Por otra parte, me dice que no puede ver a los negros y que si en Cuba hay muchos negros, ella no va. Me informó que los negros con los que ha tratado aquí, sienten un odio profundo hacia el blanco y que hay que estar en una lucha constante para que hagan el trabajo que tienen que hacer. Dice que en Colombia el pobre no tiene acceso a nada: viviendas, hospitales, etc. y que aquí el gobierno les facilita a los negros, atención médica y de hospitales por R1 (un rand), ya sea una operación o una consulta y que les facilitan viviendas de baja renta. Que hay segregación, pero que están atendidos. Tengo que verificar todas estas informaciones. Por lo pronto, lo que me dijeron del sistema de cuotas de la Universidad de Natal en Durban parece ser cierto: hay muchos negros e indios. Son las 9:30 de la noche y me tomo un café semiespresso. Desde que estoy usando la cafetera italiana que me trajo Francesca y el café que también me trajo, lo hago con frecuencia. No es como ese retinto El Pico que yo hacía allá, pero me acompaña. Aquí no cocino mucho. Almuerzo en el Club de la Facultad: un comedor con manteles blancos, flores en cada mesa y servido por zulus con uniforme ocre y marrón. Muchas veces pido un plato de champiñones fritos. Me cuesta R2.14 (un dólar equivale a dos rands) . El café, fuerte, buenísimo, no cuesta nada. Otras veces tienen pescado frito por R3.50. El pan de trigo y la mantequilla, incluidos con lo que pidas. Las alumnas de tercer año: magníficas. Me han dicho que además de las clases de literatura, quieren, aparte, hacer traducciones. Hablan bastante bien. Se interesan. Las de segundo año entienden las clases en español pero no hablan tanto. En realidad, Judy Lee (o Julia, como se ha puesto ella misma para sentirse más latinoamericana), las ha preparado muy bien. Se ve que es una magnífica maestra. Esta mañana me dijo que ayer el médico le dijo que tiene un fibroma y que se tiene que operar. Dice que anoche lloró pensando que no podrá montar a caballo por un tiempo ni ver a Xanadú. Ah, aquí los ingredientes de cocina me saben muy extraños. Algunos importados de Austria o de Inglaterra. La salsa de tomate y el ajo en polvo no saben como los de Goya, y el vinagre de Inglaterra no es como el de Heinz. Y todavía Gundelfinger no me acaba de traer las cajas de mis libros que envié desde New York ni Feuilherade me trae los ladrillos y las tablas para los libreros. Hoy, todo New York en mi mochila: carta de José Corrales, de Alina Galliano, de Maya Islas, de Isabel Parera, de Josefina Monter. Voy a interrumpir este silencio con el walkman y Kitaro y a releer todas las cartas hasta que las letras se hagan voces que me acompañen antes de dormir.

Martes 13 - Hace unos días llamé a Feuilherade, bueno, ¿y qué de las maderas y los ladrillos? Y Feuilherade, convulsionado en el teléfono: nada, de las maderas nada, de los ladrillos, nada, si es que los estudiantes africanos (es decir, africanos negros), están en huelga. Me quedé pensando que este Feuilherade es un cuentista, pero al anochecer, una concentración de estudiantes negros en el Student Centre. Nadie comenta, nadie ve nada. Otro día, otra vez a Feuilherade: que de las tablas qué y de los ladrillos, qué. Y Feuilherade convulsionado en el teléfono: de las tablas, nada, y de los ladrillos, nada, si es que todos los trabajadores indios han salido corriendo porque les han dicho que los negros les están quemando sus casas. Ni un trabajador indio queda aquí, ni uno solo. Y yo pensando que este Feuilherade es un cuentista. Pasa el día y nadie dice nada. Hasta que empiezan las noticias en el Daily News y alguien verifica en la Universidad, que los estudiantes negros se fueron a la huelga porque mataron a una abogada negra (cuatro hombres la mataron) y los estudiantes negros quieren que la Universidad le guarde un día de duelo. La Universidad se niega. No hay disturbios. No está claro por qué la mataron. Una estudiante blanca me dice que la abogada era miembro del United Democratic Front (Frente Democrático Unido), que propone una participación interracial en el gobierno y que se cree que los negros que quieren que el gobierno sea de negros solamente, la mataron. Los disturbios continúan: los negros arrasaron el poblado que fundó Gandhi a principios de siglo en Phoenix, cerca de Durban. Por eso decía Feuilherade que los indios estaban aterrorizados y se iban para sus casas. Destruyeron el museo de Gandhi, la casa donde él vivió su sueño de paz de la que solamente quedaron los cimientos. Quedaron también restos de la casa donde había tenido su imprenta y la casa que había habitado su hermano. 

Chief Mangosuthu Buthelezi declara en el Sunday Times del 11 de agosto, que esta violencia que ha dejado atrás cincuenta muertos, cientos de heridos y cuatro mil indios sin casas, no se debe a diferencias entre indios y negros, sino a que si las organizaciones políticas abogan por la violencia, esa violencia puede ser dirigida a cualquiera, hasta a los inocentes. Buthelezi es el líder de los zulus, presidente de Inkatha. Amichand Rajbansi, chairman del consejo en la cámara de delegados, culpa al Frente Democrático Unido por no reunirse en Inanda inmediatamente en el momento en que empezó la violencia, para tratar de detenerla. Otros creen que el problema es de índole socio-económica, que en realidad existe en los poblados de los negros (townships), pero que como debido al Group Areas Act los indios viven cerca de los negros, la violencia del área de los negros se extiende a la de los indios. En cuanto al Group Areas Act, dicho sea de paso que aunque aquí ya han aprobado legalmente los matrimonios interraciales, el problema persiste, porque ¿dónde puede vivir una pareja si uno de ellos tiene que vivir en un sector y el otro en otro sector? Buthelezi culpa al gobierno por toda la violencia contra los indios, por mantenerse adherido a un sistema de apartheid que divide a blancos y negros (así como también a mulatos e indios). Otros dicen que los negros atacaron a los indios porque los indios tienen representación parlamentaria y los negros no la tienen. El periódico dedica casi una página a las protestas de Pietermaritzburg donde más de cien estudiantes negros se lanzaron en manifestaciones violentas protestando por la muerte de la abogada negra, Victoria Mxenge. Estaban dedicando un servicio en memoria de la Sra. Mxenge cuando surgieron las manifestaciones. Se espera que Pik Botha, Ministro del Exterior (Minister of Foreign Affairs), haga pronto declaraciones asegurando cambios en la política que calmen la situación. Informa el Tribune del domingo, 11 de agosto, que los negros están matando a los guardias negros que trabajan para el gobierno. Resumiendo, desde el jueves, 1º de agosto: Victoria Mxenge, abogada de Durban, es asesinada por cuatro hombres a la entrada de su casa en Umlazi; viernes 2: los estudiantes negros comienzan las protestas en las que tienen lugar 31 arrestos; lunes 5: siguen las demostraciones de estudiantes negros en Pietermaritzburg; martes 6: balance de varios muertos incluyendo un niño de 15 meses, quemado en su casa; miércoles 7: se celebra un servicio en memoria de Victoria Mxenge en el que varios resultan muertos y heridos; viernes 9: "Phoenix settlement, Mahatma Gandhi's memorial, goes up in flames" - el área donde vivió Mahatma Gandhi, arde en llamas.

El Tribune del 11 informa también que un grupo, como de unos cien negros que pertenecen a Inkatha, fueron a casa de Victoria Mxenge para quemar la casa porque según ellos, los hijos de Mxenge les habían destruido a ellos sus tiendas y sus pertenencias.

Jueves 15 - Uno de los usos y costumbres de la Universidad: a las 10:00 de la mañana y a las 2:30 de la tarde, religiosamente, una negra uniformada nos sirve té en una salita del Departamento de Francés. 

Domingo 18 - Los libros que Gundelfinger se decidió a traer aún están regados y estarán hasta que los clasifique y amontone contra las paredes sin libreros. Ayer dejé todo como está y me fui caminando hasta el mercado indio; la caminata es enorme, pero fui y vine a pie. Las calles y avenidas del camino que atraviesan el barrio de Berea (donde está la Universidad), todas amplias, limpias, apenas transitadas: Princess Alice, Willowvale, Manning Road, Bath, Bulwer, hasta Moore. Bajé por Moore hasta Umbilo y de ahí a Berea Road. En esta parte de Moore, Berea Road y Umbilo había muchos negros. Además de negros, había algunos indios y yo. En Umbilo, cerca de Berea Road, había una enorme cola de negros esperando entrada a una pequeña tienda de comestibles. Quise saber qué les interesaba de este lugar que parecía tan pequeño e insignificante y fui a preguntarles. Me miraron como asombrados, como tratando de descifrarme y a duras penas algunos me dijeron que a comprar. Unos pasos más adelante paré a dos indias vestidas con saris y les pregunté si sabían por qué había tantos negros en esa cola y una me dijo con un poco de condescendencia: "ahí es donde compran sus cosas". Decidí no dedicarle más tiempo a lo de la cola y seguí hasta Warwick, donde está el mercado indio. Allí quedaron definitivamente atrás las limpias y desoladas avenidas del barrio exclusivo de Berea. Aquí se siente el gentío ---casi todos indios y negros--- bullendo, palpitando. Me encantó sentir el pueblo así, de cerca. Saqué fotos. Ya las verán. Hay varios mercados muy cerca el uno del otro. El mercado de vegetales fue el que me hizo sentir en la plaza de mercado de Mount Abu, en La India. Por supuesto, fue mi favorito. Frente hay uno llamado el Mercado Inglés, bastante popular también y con un fuerte olor a carnes. Por último, otro mercado con tiendas indias llenas de objetos de artesanía y ropa con una sección de especias donde las indias te gritan al pasar: "dígame, señora, cómo le gusta su curry, que yo se lo preparo". En los mostradores tienen lomas de polvos y especias, unos polvos color anaranjado intenso como el que se ponían en la frente algunos indios que vimos en Mount Abu, en los templos.




Mireya Robles nació en Guantánamo, Cuba. Reside en Estados Unidos. Ha publicado novelas y libros de cuentos, que han sido traducidos al inglés; poemarios; libros de crítica literaria; el documental Diario de Sudáfrica y artículos, narraciones cortas, poemas y cuentos en revistas literarias en unos veinte países. Ha recibido premios en Estados Unidos, México, Francia, Italia y España y ha sido entrevistada en radio y televisión en Miami, New York, Buenos Aires, Madrid y Durban, Sudáfrica.

El primer Centenario del Templete

Mario Lescano Abella

MCCMXXVIII                        MCMXXVIII

(fragmento)

Tomado de: Habana Elegante.com

La ceiba memorable

Fundación de la ciudad de la Habana – La primera misa y el primer cabildo se celebran a la sombra de una frondosa ceiba. – Lo que cuenta la tradición. – Reparos de la crítica histórica. – Se esteriliza el árbol legendario. – Cargos contra el gobernador Cagigal. – La erección de una pilastra conmemorativa.
     Esta nuestra ciudad de San Cristóbal de la Habana – que es hoy la alegre y cosmopolita capital de la República – fue fundada por Diego Velázquez el día 25 de julio de 1515, festividad de San Cristóbal, en la costa Sur de la Isla de Cuba, cerca de la boca del río Onicajinal, que desagua en la ensenada de Batabanó. A fines del año siguiente se le trasladó a la costa Norte, junto al puerto que Sebastián de Ocampo hubo de denominar Carenas, cuando fondeó y carenó en él sus dos frágiles y gallardas carabelas.
     A poco de fundada se la dotó de un Ayuntamiento, colocándosela bajo el mando de un delegado de Velázquez, Pedro Barba, que ostentaba el título de teniente-a-guerra. Y asegura la tradición, con todos sus prestigios venerables, que junto al puerto, a la sombra de una hermosa ceiba, se dijo la primera misa y se celebró el primer cabildo. La crítica histórica, a este respecto, se muestra llena de reparos. Cronista ha habido – nos referimos al erudito Dr. Manuel Pérez Beato – que luego de negar el hecho, consigna este otro extremo: “Allí sí hubo una ceiba pero la cual en vez de veneración, le guardarían horror los vecinos de la villa porque en ella se azotaban a los que caían en pena por alguna causa, como evidencia el acta municipal de 8 de febrero de 1556”. (Inscripciones cubanas de los siglos XVI, XVII y XVIII. – Habana. – 1915.) A la postre la afirmación habría que probarla cumplidamente para no destruir, sin embargo, el bello y amable recuerdo; que no basta negar las leyendas para condenarlas a muerte. La historia sería un libro muy árido, sin ese gran poeta que es el pueblo y se encarga, a cada paso, de adornarla con remembranzas más o menos ciertas, pero casi siempre felices.
     La ceiba precolombina, desafiando el furor de los huracanes tropicales y resistiendo a la hostil impiedad de los hombres,
pudo conservarse hasta el año 1753 en que, gobernando la isla el capitán Francisco Cagigal de la Vega, ordenó fuera reemplazada por un pobre monumento en forma de pilastra triangular, de nueve varas de alto. La simbólica ceiba había desaparecido. ¿Cómo? Afirman unos que se esterilizó por vieja o maltratada. Otros acusan al gobernador Cagigal de su destrucción. Llegó a decirse que el Virrey, enojado porque el árbol le impedía contemplar el panorama del puerto y el arribo de los bajeles españoles, fue su verdugo y por su orden hacha vulgar le derribó en tierra. Aseguróse, también, que el representante de la Gran Bretaña en la Habana – a lo que parece el único que en aquellos días sospechaba el valor del árbol – adquirió un pedazo con destino al Museo Británico; y que el resto, comprado como leña por anónimos industriales, fue quizá a alimentar los hornos de los panaderos de entonces para cocer el pan destinado al impío vecindario de la ciudad.
[…..]
     En nuestros días ha defendido la memoria de Cagigal de aquel atentado, el Dr. Eugenio Sánchez de Fuentes en su libro “Cuba monumental, estatuaria y epigráfica” (Habana, 1916) sosteniendo la opinión de que el árbol fue derribado por un huracán o se esterilizó a consecuencia de los trabajos realizados, cerca de él, para la erección de la pilastra. “¿Cómo es posible asegurar – arguye – que Cagigal de la Vega, por la satisfacción de un mero capricho personal, inocente inclusive, desoyera la voz serena de la razón y realizara semejante atentado a la historia patria, prescindiendo no ya de nuestro ayuntamiento, representación legítima de la ciudad, que de seguro al conocer su propósito, se hubiera realmente opuesto, así como su procurador el ilustre don Manuel Felipe de Arango; sino de justísimos cargos que contra él, todo nuestro pueblo, hubiera formulado cívicamente, por tan bárbaro proceder? Además, es cosa averiguada, con absoluta certeza, que poco tiempo después de la erección del obelisco, tres nuevas ceibas fueron sembradas. Y a la verdad, la lógica inflexible de los hechos, nos hace deducir que el supuesto sacrificio de la precolombina, resultó completamente inútil toda vez que con la columna y el sembrado de los nuevos árboles, el campo de la visualidad quedó mucho más limitado que antes.”
[…..]
     La inculpación hecha al gobernador Cagigal no tiene ningún fundamento sólido. Lo de la adquisición por un cónsul extranjero, de un fragmento de la ceiba derribada, se registra en algunos papeles viejos. Por ejemplo, el doctor Domingo Rosain en su extraño libro “Necrópolis de la Habana. – Historia de los cementerios de esta ciudad” (Habana 1875) manifiesta: “En 1753 derribada la que existía (la ceiba) sus fragmentos se vendieron para leña, comprando algunos el cónsul de los Estados Unidos para el Museo de Washington”. ¡El cronista olvida que hasta 1783 dominó Inglaterra en la América del Norte!
En la pilastra, sobre la lápida del zócalo, en la parte que mira al Sur, se fijó la siguiente inscripción: “FUNDOSE LA VILLA (OY CIUDAD) DE LA HAVANA A LA RIVERA DE ESE PUERTO EL DE 1519. ES TRADICION QUE EN ESTE SITIO SE HALLO UNA FRONDOSA SEIBA BAXO DE LA CUAL SE CELEBRO LA PRIMERA MISSA Y CAVILDO: PERMANECIO HASTA EL DE 1753 QUE SE ESTERILISO; Y PARA PERPETUAR LA MEMORIA GOBERNANDO LAS ESPAÑAS NUESTRO CATHOLICO MONARCHA EL SEÑOR DON FERNANDO VI MANDO EREGIR ESTE PADRON EL SEÑOR MARISCAL DE CAMPO DON FRANCISCO CAXIGAL DE
LA VEGA DE EL ORDEN DE SANTIAGO GOBERNADOR Y CAPITAN GENERAL DE ESTA YSLA: SIENDO PROCURADOR GENERAL DOCTOR DON MANUEL PHELIPE DE ARANGO AÑO DE 1 7 5 4
     En la cara de la base del pilar que mira al Norte se grabó, según Pezuela, esta otra leyenda:

SISTE GRADUM VIATOR ORNAT HUNC LOCUM ARBOS CEIBA FRONDOSA POTIUS DIXERIM PRIMEVAE CIVI TATIS PRUDENTIAE RELIGIONIS PRIMEVAE MEMORABILE SIGNUM: SIQUI DEM EJUS SUB UMBRA APRIME HAC IN URBE INMOLATUS SALUTIS AUTOR. HABITUS PRIMO PRUDENTUM DECURIONUM SENATUS DUOBUS PLUS AB IN SAECULIS PERPETUA TRADITIONE HABEBATUR. CESSIT TAMEN AETATI. INTUERE IGITUR, ET NE PAREAT IN POSTERUM HABANENSEM FIDEM. ASPICIES IMAGINEM SUPRA PETRAM FUNDATAN HODIE NIMIRUM ULT. MENSIS NOVEMBRIS ANNO MDCCLIV.
     La traducción la ha dado el doctor Juan Miguel Dihigo, latinista y catedrático de Nuestra Universidad, que le hizo a la leyenda ciertas modificaciones de las que luego nos ocuparemos. Dice así en castellano: “Detén el paso caminante, adorna este sitio un árbol, una ceiba frondosa, más bien diré signo memorable de la prudencia y antigua religión de la joven ciudad, pues ciertamente bajo su sombra fue inmolado solemnemente en esta ciudad el autor de la salud. Fue tenida por primera vez la reunión de los prudentes concejales hace ya más de dos siglos: era conservado por una tradición perpetua; sin embargo cedió al tiempo. Mira pues y no perezca en lo porvenir la fe habanera. Verás una imagen hecha hoy en la piedra, es decir el último de Noviembre en el año 1754.”
     Como elementos decorativos de la pilastra figuraban, en el primer frente del triángulo que mira al naciente, un relieve del
 tronco de la primitiva ceiba, seca, con las ramas cortadas y sin follaje alguno; en lo cimero, como para que protegiese la ciudad, una imagen de Nuestra Señora del Pilar, de construcción gótica como apunta un documento oficial de a principios del pasado siglo.
     No bastó a los habaneros de entonces el testimonio de la piedra. Parece que
el recuerdo de la dulce ceiba legendaria les preocupaba. Lo cierto es que unos años más tarde – entre 1755 y 1757, según Sánchez de Fuentes – el Ayuntamiento acordó plantar tres ceibas alrededor del monumento. Dos de ellas perecieron al poco tiempo. La que sobrevivió fue víctima, en 1827, de un crimen que, sin embargo, no alarmó a nadie. ¡Y el señor Sánchez de Fuentes que cree que la ciudad se hubiera cívica e inteligentemente opuesto al deseo de Cagigal, caso que este hubiese ordenado, por razones visuales o de otra especie, el derribo del árbol venerable que cobijó a Diego Velázquez y a sus valientes! En 1827, cuando se llevaba a cabo la construcción del Templete, el Cabildo acordó derribar esa ceiba, castigándola por bella y por frondosa. Se estimó que sus fuertes y hondas raíces podían poner en peligro la solidez de la nueva construcción. El hacha municipal consumó su obra con aplausos. Al terminarse el Templete, en el año siguiente, el Ayuntamiento dio órdenes para que se sembrasen nuevos árboles: ceibas, álamos, palmas. El capitán Andrés de Acosta los trajo de una finca denominada “María de Ayala”, precisamente donde está enclavado hoy el barrio de Luyanó. La que existe es una de esas ceibas que, esbelta e impávida, ha resistido a los sucesos alegres y tristes, grandes y pequeños. Otras, que se sembraron en 1873, tuvieron efímera vida: dos lustros, que nada son si se tiene en cuenta que estos gigantes contemplan el paso de los siglos.

La Habana: Sindicato de Artes Gráficas, 1928

Doña Lola, idealista y ambiciosa, nos decía que el pájaro caribeño somos las dos alas. En estos días, cuando tenemos que recoger alas, quizá nos valga más la pena ir de lo más pequeño para llegar a esa totalidad. Por eso digo que tú y yo somos las dichosas alas, y así lo digo para que poco a poco lleguemos a alcanzar lo que Doña Lola quería. Le doy tres vueltas a la ceiba para que así sea. Acompáñame.
Efraín Barradas

Con una invitación así, y con la promesa de reencontrar tantos amigos en el tiempo, ¿cómo faltar a la cita de Iroko, la Espaciosa, la Madre? "El Monte tiene su ley", nos enseñó Lydia Cabrera. Gracias a La Habana Elegante por recordarnos a sus hijas e hijos que debemos cumplir el mandato de su árbol sagrado.
Madelín Cámara

Automovílogo

 
 En esta ocasión, el articulista nos comenta: «—¡Negra suerte la mía!— clamaba, triste y afligido, a la vera de un camino, el automóvil protagonista de esta verídica narración».
Aún recuerdo el día en que pisé, o mejor dicho, rodé por vez primera tierra cubana. Hace ya de esto muchos años. Me trajo de Francia, mi patria, un joven sportsman que acababa de heredar de su padre cuantiosa fortuna.  
 
—¡Negra suerte la mía!— clamaba, triste y afligido, a la vera de un camino, el automóvil protagonista de esta verídica narración. ¡Suerte mísera, a lo que me has hecho llegar en mi desventura: a ser un pobre automóvil, igual a la última de las arañitas, o tal vez más infeliz que ella; más desgraciado todavía que el peor de los arrastrapanzas aliados!
Aún recuerdo el día en que pisé, o mejor dicho, rodé por vez primera tierra cubana. Hace ya de esto muchos años. Me trajo de Francia, mi patria, un joven sportsman que acababa de heredar de su padre cuantiosa fortuna. Durante varios meses lucimos ambos nuestro palmito «Prado arriba, Prado abajo»; y casi me atrevería a apostar, que era en mí en quien se fijaban muchos ojos de esos que oí calificar de «glaucos y aterciopelados» a un señor, poeta según he sabido, que me tomó la otra tarde para una carrera de la Calzada del Monte a El Fígaro. Y casi todas las conquistas que mi dueño se achacaba —¡líbreme Dios de inmodestias!— eran hechas por mí. Y fui yo el que le di popularidad entre sus amigos y partido con las bellas. Por eso, cuando, obligados por acreedores y usureros, tuvo que venderme, aquel Don Juan, terrible y conquistador, pasó a ser un pobre buche, como se dice hoy día. ¡Ay del Tenorio si hubiera tenido automóvil! ¿No conciben ustedes el auto del famoso Burlador, esperando a Doña Inés a la puerta del convento? ¿Y no piensan que hubieran sido mucho más efectivos los famosos versos del sofá dichos en un 40 H. P., a 200 kilómetros por hora?
De mi segundo dueño, un rico hacendado, banquero y capitalista que, al decir de sus sirvientes, había hecho la fortuna como garrotero de alto copete, son pocos los recuerdos que tengo.
Fue aquella una época plácida, pero monótona y aburrida, e impropia de mi naturaleza y modo de ser; que en este siglo de la velocidad somos los autos los verdaderos y genuinos representantes de nuestro tiempo. Filosofía aparte, puedo confesar que gocé lo infinito cuando me enteré que cambiaba de dueño.
Y, no quedaron defraudadas mis esperanzas, porque mi nuevo poseedor era una especie de torbellino. Con decir que pasé a manos de un político está dicho todo. Caí en sus garras en plena campaña electoral, así es que lo ayudé con gran éxito a su reelección de representante, recorriendo diariamente la capital y los pueblos de la provincia para asistir ya a mítines ya a juntas o manifestaciones. Por último, me dediqué a transportar forros a los colegios electorales y, gracias a mí, alcanzó mayor cantidad de votos que sus correligionarios. Aprendí con él todas y cada una de las artimañas de la política, y si hoy día no estuviera yo viejo y cansado, a político me metería, con la certeza de conseguir en seguida aunque no fueran más que unas cuantas botellas... para ir tirando.
El político de marras me vendió en el doble de mi valor a un Secretario de Despacho en la época migueliana, no sé de qué cartera, aunque creo que el mismo papel hubiera hecho en todas... un papel muy desairado. Iba yo entonces todos los días a Palacio y allí me codeaba con lo más distinguido de mi clase, si no por el nacimiento, al menos por la posición que ocupaban. Conocí secretos de Estado y aprendí lo fácil que es gobernar, teniendo la manga o la capota, que diríamos en nuestro caló, un poco ancha. Para mí no existían entonces ni ordenanzas ni reglamentos de tráfico; todo lo atropellábamos sin temor, pues los vigilantes se limitaban a cuadrarse y saludarnos militar y servilmente. Que todo se puede en este mundo cuando uno tiene influencia y ocupa puestos elevados. Si sigo con el Secretario, hubiera llegado a dar credenciales y hasta sinecuras.
Pero cambié otra vez de dueño y otras mil.
Recuerdo que pertenecía después a otros muchos tipos y personajes. Un médico y marino navo-terrestre; un magistrado con más fachada que ciencia y talento; un marqués tenorio, que como dijo el poeta, pudo haber cambiado su escudo por este más adecuado: «campo de plata y dos zorras trepantes a un alcornoque»; el director de un gran rotativo;  una viuda rica que, aunque vieja, fea y con un cuerpo de esbeltez adiposa, tenía muchos rendidos adoradores...
Y por último, —y tal es, de no ser trágica su muerte, el obligado final de un automóvil—, tras mil tumbos y hazañas no superadas jamás por ningún otro caballero rodante, quedé metamorfoseado en automóvil de alquiler también, pero de plaza, primero de una categoría algo más elevada de los llamados de lujo de la Acera y después, hoy, pesetero.
Y yo que he vivido en las altas clases sociales, puedo darme cuenta de mi actual tristísima condición, tanto más dolorosa cuanto que mi suerte es rodar sin cesar, como aquel judío de la leyenda, porque el automóvil jamás muere; su destino es cambiar y renovarse constantemente, y si hoy pierde una pieza, ésta es sustituida mañana por otra, y así, hasta el final de los tiempos, a no ser que venga el fuego liberador o alguna catástrofe inesperada que hagan ya imposible el seguir aprovechándolo. Y todo esto, sufriendo invariablemente la torpeza y crueldad de sus dueños ychauffeurs que siempre nos echan en cara lo que tan sólo se debe a su falta de pericia o de cuidado. Ya un ponche en plena carrera nos hace dar un salto que, por desgracia nuestra, no es mortal; ya el carburador que se cierra o un cilindro que falla; ya falta de aceite o de agua; ya otros mil contratiempos de los que sólo tiene la culpa el que nos maneja, pero de los cuales se nos hace responsables únicos.
¡Cómo envidio a veces la suerte del caballo, cuidado y atendido cariñosamente por su dueño, mientras a nosotros se nos abandona en un rincón del garaje o de la cuadra!... Pero, ya es hora de que termine, pues por ahí viene mi verdugo.
¡Señor, Señor, de los malos dueños, de los chauffeurs ignorantes crueles, líbranos por siempre! ¡Danos siquiera una Sociedad Protectora de Automóviles!
 
(Artículo de costumbres tomado de Carteles, 27 de julio de 1924)
 
Emilio Roig de Leuchsenring
Historiador de la Ciudad desde 1935 hasta su deceso en 1964.

Partagás, Real Fábrica de Tabacos (I)

Por:

Imagen actual de la fábrica 01
Imagen actual de la fábrica Partagás

Famosa por la calidad de los puros, el privilegiado enclave y su tradicional industria, la fábrica de tabacos Partagás es tal vez la más conocida dentro y fuera de Cuba. Tanto el desarrollo de su producción como la historia del inmueble conforman un sugestivo entramado de hechos.
Así, para entender mejor la evolución del edificio que ocupó la fábrica de tabacos Partagás es necesario conocer que el mismo está formado por tres fincas: Industria Nos. 170, 172 y 174, las dos primeras refundidas en el Registro de la Propiedad en 1914 y la tercera, aunque no fue incorporada a la propiedad, quedó comprendida dentro de la numeración adoptada en 1940: Industria 520.
Las casas No. 172 y 174 tuvieron una historia común desde finales del siglo XIX, no solo por la colindancia, sino por pertenecer a propietarios con vínculos familiares. De ahí que fuera sencillo para la sociedad Cifuentes, Fernández y Compañía adquirir, en los primeros años del siglo XX, estos inmuebles para instalar y ampliar su fábrica de tabacos Partagás.


Jaime Partagás Rabell 02
Jaime Partagás Rabell

Dadas las inscripciones del Registro de la Propiedad y las etiquetas donde aparece la dirección de la fábrica, Jaime Partagás, el precursor de la industria, solo llegó a ocupar, como arrendatario, una parte de la finca que luego sería Industria No. 170 y 172, antiguas 158 ½ y 160. Allí mismo explotó la fábrica por varios años Juan Antonio Bances, hasta que Cifuentes, Fernández y Compañía entre 1904 y 1906, primero por arrendamiento y luego por compraventa, instaló en ambos edificios la fábrica Partagás, que había comprado a Bances en 1899. Es a esta compañía a quien se debe la imagen más reconocida de la tabaquería, desde el punto de vista comercial y arquitectónico.

Etiqueta interior de Partagás, 1862, cuando la fábrica radicaba en Industria No. 158. Colección de A. Saarony 03
Etiqueta interior de Partagás, 1862, cuando la fábrica radicaba en Industria No. 158. Colección de A. Saarony 03

La fábrica tomó y mantuvo el mismo nombre de su fundador, el catalán Jaime Partagás Rabell, quien llegó a Cuba en 1831, con 14 años. Aquí trabajó para Juan Conill y Pi, posiblemente el comerciante de tabaco más importante en los inicios de la segunda mitad del siglo XIX en la Isla. De la relación con Conill, Partagás aprendió las técnicas de almacenaje y fabricación de tabacos, y del intercambio con los cosecheros, los secretos de la parte agrícola. En 1838, aproximadamente, Jaime Partagás se independizó, comenzando a producir tabacos por su cuenta en un pequeño local, hasta que en 1845, con capital propio y de su esposa Catalina Puig, fundó su propia fábrica en la calle Barcelona No. 1, que en aquella época se llamaba Cristina, haciendo esquina a Industria No. 146, donde tenía su almacén de tabaco en rama. Vendía entonces sus puros bajo la marca La Pureza de Partagás, y en 1848 solicitó licencia al gobierno para registrar la marca La Flor de Cabañas Partagás y Compañía, nombre que tuvo que variar en 1854 por la demanda que le impusiera en 1851 Manuel González Carvajal, propietario de la marca H. de Cabañas y Carvajal, quien alegaba que Partagás hacía uso de su apellido para aprovecharse del crédito de su marca y convencer a los compradores de que su producto era lo mejor y más selecto de Cabañas. Así se vio obligado a adoptar otra denominación y decidió entonces inscribirla en el registro como Flor de Tabacos de Partagás y Compañía, aunque tradicionalmente sus tabacos se conocen, sencillamente, como Partagás.

Habilitación con medallas 04
Habilitación con medallas

Como dominaba todo el proceso agroindustrial del tabaco, Jaime Partagás logró reducir el tiempo de la fermentación, maduración, destripe y curado en barbacoa, y disminuyó la maduración en barriles de entre 6 y 7 años, a solo 20 meses. También fue innovador en la producción de los puros, creando 67 vitolas diferentes, elaboradas con una mezcla de hojas distintas, hasta alcanzar un sabor y aroma que fueron la base de su popularidad. Por todo eso, su marca Flor de Tabacos de Partagás y Compañía obtuvo Medalla de Oro en la Feria Internacional de Industria y Comercio de París, en 1861 y 1867.
Jaime Partagás fue el segundo fabricante que introdujo en La Habana la lectura de tabaquería en su taller, luego de que en 1865 Nicolás Azcárate impulsara esta práctica en la fábrica El Fígaro, y antes, en 1864, se afirma que hubo un lector de tabaquería en la ciudad de Bejucal.


El lector de tabaquería 05
El lector de tabaquería


Murió el 17 de julio de 1868 en Pinar del Río, producto de un disparo –perpetrado el 18 de junio anterior– relacionado con un litigio con otro catalán, Pedro Mató Estalella, por el hurto de unas caballerías de tierra de su hacienda Hato de la Cruz.
Quedaron como propietarios de su fábrica y hacienda su viuda Catalina Puig y los hijos de ambos, José, Teresa, Clementina y Adela, quienes se asociaron al asturiano Juan Antonio Bances y González para finalmente venderle la fábrica, sus marcas y las tierras en Pinar del Río.

Hoy he pensando en ti

Foto tomado de: smitegame.com
 …ex abundatia cordis os loquitur
 A Magdalena...
Por: René León
Hoy he pensado
nuevamente en ti,
y he escapado de mis
inquietudes diarias.

Me ha parecido que
estabas junto a mí,
y llegabas con ese aroma de paz,
sonriendo con tus ojos alegres.

Yo te escuchó en silencio
y mi alma se llena de propósitos,
sin comprender si es verdad
o sólo un sueño.

Mientras tu voz voló,
las horas pasaron, las nubes
y los latidos de mi corazón.
Volvi a ser feliz.

Tu mirada me hizo soñar profundamente
un sueño y otro,
mientras el tiempo pasó,
mi corazón vibró.
Por un momento he vuelto a ser feliz.

Regla de Palo Monte o Palo Monte

Tomado de: EcuRed



Religión de origen africano.


. Esta expresión religiosa, tiene su raíz en los cultos practicados en el reino del Congo y otras monarquías subordinadas de origen Bantú, término con que la etnología occidental reunió bajo una misma denominación a la comunidad de pueblos delÁfrica oriental, central y austral que hablaban esa lengua en cualquiera de sus variantes. Conocida también como Mayombe, esta Regla fue el resultado inicial de la transculturación de los credos bantúes a la sociedad cubana, en la que surgieron con la iniciación de los criollos otras vertientes como la Kimbisa y la Brillumba, hasta llegar a la Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje, organizada en el siglo XIX por Andrés Facundo de los Dolores Petit.

Características generales

La Regla Conga, en general, tiene como rasgos característicos la vinculación con las fuerzas de la Naturaleza, algunos de cuyos elementos, como la vegetación, consideran animados por espíritus, a los que ofrecen albergue también en las profundidades de la tierra. Los antepasados están representados en el agua. El centro de la ceremonia en este credo es laNganga, recipiente donde se supone se encuentra el alma de un muerto sometida a la voluntad del iniciado a través de un pacto que los alimenta a ambos. La posesión de la Nganga o prenda, junto a la posibilidad de emplearla sin limitaciones, es el elemento que distingue a la máxima jerarquía de esta expresión: el Tata Nganga o Tata Nkisi, quien puede realizar ceremonias de "rayamiento" (iniciación) y nuclear a su alrededor a su grupo religioso.
Para sus funciones, el Tata se apoya en otras jerarquías menores de consagrados, como el Bakofula ayonfombe y el Ngueyo, quienes junto al resto de los "ahijados" forman la Casa, la cual es autónoma en la realización de los ritos o ceremonias. Un lugar destacado en la Regla de Palo lo ocupan los símbolos gráficos de carácter sagrado (firmas), para identificar a los espíritus, antepasados y orichas a los que se solicita el permiso para realizar las diferentes ceremonias del culto.
Al trazar las firmas, los creyentes consideran que en ellas están representados los poderes sobrenaturales y que los mismos responden por la efectividad de la labor realizada. Cada una de ellas, adquiere una función personal para cada iniciado, que la emplea para identificarse ante su fundamento (nganga) y ante el resto de los creyentes. Por otra parte, expresa la relación con el espíritu protector con el que ha realizado el pacto. El rasgo principal de los brillumberos, consiste en el culto a las deidades de la santería, las cuales reciben, de acuerdo con el ritual palero, su correspondencia en objetos materiales.

Carácter sincrético

En la Regla Kimbisa existe un fuerte sincretismo y tolerancia entre el elemento congo, la Regla Ocha, el espiritismo, el catolicismo y las sociedades secretas masculinas abakuá. De las creencias de origen bantú tomaron, entre otras cosas, sus concepciones relacionadas con la nganga, el animismo de las plantas, las aguas y la tierra, y la influencia de espíritus y antepasados. De la Ocha encontramos sus mismos orichas, pero con otros nombres (Elegguá se convierte en Lucero Mundo; Yemayá, en Tiembla Tierra; Oyá, en Centella), la asimilación del empleo del coco en la adivinación y la creencia de "alimentar" y "fortalecer" la prenda mediante sacrificios con efusión de sangre.
Del Espiritismo asimila la comunicación directa con las espíritus, sobre la base de que cuanto ocurre en la tierra está regido por fuerzas del más allá. La influencia del Catolicismo, se manifiesta a través de la adoración del espíritu santo y la utilización del crucifijo y oraciones del ritual católico. Además, el guía principal de los kimbiseros es San Luis Beltrán. El elemento Abakuá se verifica en el método de selección de sus aspirantes, quienes deben cumplir con determinadocomportamiento social.
Históricamente, las prácticas de la Regla Conga o Mayombe,como cualquier otra de origen africano, han recibido, por desconocimiento de la población, el calificativo de Brujería, opinión que evidencia entre los no informados la sobreposición del componente mágico de esa expresión religiosa al resto de los elementos que la identifican. La magia, es sólo el medio por el cual el iniciado equilibra las fuerzas del bien y del mal y evita cuanto frene el desarrollo normal de su vida diaria.

Otras características

Sus representantes son los llamados paleros, mayomberos o nganguleros. Tiene un sistema dogmatico y litúrgico y un panteón de deidades de origen fundamentalmente bantú. Posee un sistema de creencias basado en el pacto entre la vida y la muerte. Sus practicantes hacen un pacto con una entidad prestándole atención y luz, dándole energía mediante elementos mágico-religiosos. Este “nfumbe”, pasa entonces a trabajar para ellos.
Los practicantes de la Regla llaman “Mpúngos” a Espíritus superiores que equiparan a los Orishas y con las mismas referencias a Santos Católicos. Creen en particular en los Espíritus de agua (Nkisi Marba) y en los de monte (Nkisi Misenga), o de manigua. Dios es llamado Sambi, o Nsambi, Insambi o Nsambia. Para ellos, el culto a los muertos (las Nganga o los Nfunbe), o más exactamente sus espíritus y poderes son el centro de su vida.
Tiene un sistema de adivinación: el “chamalongo”, donde se usan cuatro pedazos de coco (la cascara sin pulpa), para comunicarse con la nganga.
En las ceremonias se habla y se canta en lengua kicongo o bacongo, mezclados con el español en una suerte de lengua bozal. Los cantos o “mambos”, tienen gran importancia en la liturgia. Estos se transmiten oral y generacionalmente.
Se ha hecho un fenómeno habitual que las personas que quieran incursionar en la santería deban primero “rayarse en palo”.

Lo sagrado y lo sacro-mágico

  • El monte (Nfinda Anabutu).
  • La Ceiba.
  • El Cementerio.
  • La Nganga: es una concentración de fuerzas mágico religiosas o microcosmos donde se resumen todas las fuerzas de la naturaleza en función del hombre; es un pacto entre la vida y la muerte. 
    Generalmente se monta en una cazuela de barro o un caldero de hierro, que puede contener huesos tierra de diferentes lugares (cementerios, prisiones, aeropuertos, hospitales); además de una piedra llamada “Matari”, para que venga y se fije un Mpúngo, y muchos palos, hierbas, huesos de aves y animales, etc. El Ngangulero se contenta con dar a su Nganga cada semana aguardiente, humo de tabaco y encenderle una vela; de vez en cuando le dará sangre de gallo. Se llama a la Nganga con palabras españolas: “Prenda” o “Secreto”.
  • El Cetro: Llamado “Kisenguere o Kisingue”“, o en español; Siete Rayos o Aguanta Mano del Primer Padre del “Rey” de una casa Nganga es un hueso de tibia envuelto con hojas de laurel y con plumas de aves nocturnas “socias” de la muerte. Se considera que este Cetro es conductor de un espíritu o receptor de su influencia.
  • El Gurufinda: Semejante al Osaín de la Regla lucumí, con la inclusion de varios elementos, sobre todo de huesos humanos.
  • El Mpaka: Es un cuerno, relleno de elementos mágicos y con un pedazo de espejo con el que se espera entrar en contacto con un espíritu y ver lo oculto y en particular lo del más allá.
  • La pólvora (Fula): Esta sirve para adivinar y preguntar.
  • La escoba de palmiche (Ntiti): El mayombero utiliza el Ntiti para espantar los malos espíritus.
  • La Tiza (Mpemba): Sirve para hacer varios trazos de contenido mágico.
  • La Kimbisa: Es lo que queda de la “Chamba”, es decir, del aguardiente ritual mezclado con pimienta, fula, sangre de sacrificio, nuez moscada, ají, ajo, cebollita, polvo de palo canelo, etc.; que se derrama sobre una Nganga para mantener su vitalidad y estimular su energía.
La organización fundamental es la de un Nso-Nganga, o casa del Padre Nganga que reúne un grupo de adeptos bajo su autoridad espiritual. Esta comprende al padre Nganga principal o “Nfumo” y su mujer, la “Ngua”, llamada también la madre, la reina. Los “rayados” en un mismo Nso-Nganga se consideran como unidos por un parentesco sagrado.

Los ritos

La oración. En la Regla Congo se atribuye un gran poder a la palabra (dilanga), sobre todo a los rezos, oraciones y a los cantos (mambo), que consideran como eficaces por estar cargados de energía y fuerza...
Los sacrificios. No son tan frecuentes o costosos como en la Regla de Osha. Lo obligatorio es ofrecer una vez al año la sangre de un gallo y el sacrificio de un chivo.
Las fiestas. Al menos cada año el Padre Nganga hace fiesta a la Nganga. Canto y comida forman parte de la fiesta.
La iniciación o “Juramento”. Toma lugar en la Nso-Nganga o en el monte bajo una ceiba. Sus partes son la preparación, la visita al cementerio, el Rito principal, la preparación de la vista, la posesión por el espíritu del muerto, la entrega del “gajo” y la comida fúnebre.

Fuentes

  • Berges Curbelo, Juana/Ramírez Calzadilla, Jorge/Hernández Urbano, Eva: “La Religión en la Historia de Cuba: Conformación y evolución del campo religioso cubano. Cronología comentada”. Centro de Estudios del Consejo de Iglesias de Cuba. La Habana 2001.
  • Duharte Jiménez, Rafael/Santos García, Elsa: “Hombres y Dioses: Panorama de las religiones populares en Cuba”. Editorial Oriente, Santiago de Cuba 1999
  • CD Multimedia: Todo sobre Cuba.