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miércoles, 3 de enero de 2018

CORAZÓN EN LA NOCHE

Foto Tomada de:  World Love Flowers


    ESCENARIO COMPARTIDO 2013- REGISTRO CREATIVO CANADA.

.     (De. ISABEL DIEZ SERRANO)

Tiro mi corazón por la ventana,
no obedece ni entiende lo que digo,
llora tras los cristales como infante
que no le dan juguete. Si acaricio
la idea de tenerte
se expande jubiloso,
mas si juro negarte se naufraga,
se torna opaco aunque su estigma es de oro,
porque su sangre es joven y su afán sonroja
mis mejillas que arden oceánicas.

Poca cosa es la mente, apenas nada
frente a su incendio, dueño y señor de sí.
Nada le rinde, a su merced estamos,
--semental de congojas, de alegrías--.
Corazón ¿no comprendes?
¿Tanto es tu amor
que iluminas mis ojos con tu sal
y navegas la noche que no duermo
prendido de mi pulso? ¿Besas
con tus labios traslúcidos mi insomnio?

Tiro mi corazón, que la razón me espanta.
Pero me voy tras él pues esta noche

me estoy sintiendo cada vez más viva.

El Extraordinario Magisterio

Hoy los álamos •—los álamos con plata de la plateada Castilla— se han vestido de luto. Y los pueblos llanos —los pueblos tranquilos, donde la vida se remansa al final— llenan de sombra sus rejas. Y hay una mujer más triste que en la tristeza de «Don Juan». Porque en su piso de la calle de Zorrilla —una oalle antigua, cortesana, con taxidermistas y restaurantes alemanes— se ha apagado, dulcemente, el maestro «Azorin». Hacía tiempo que «Azorin», siempre presente, no estaba de modo físico con nosotros. Hacía tiempo que se parecía, cada vez más, a su retrato de Zuloaga, en ese su acabar, poco a poco, de perfil, eomo las medallas lorquianas. Zuloaga ponía tierra en sus retratos; apretaba la piel sobre su esqueleto. Así, cada vez más espíritu, cada vez menos materia, venía siendo aquel José Martínez Ruiz, dandy, ultra, dado a los «ismos» y a las avanzadillas literarias; aquel José Martínez Ruiz que Vázquez Bíaz retrató, con sombrero vuelto y aire de embajador poético. Eran los tiempos de la novedad, de las rebeldías, de ios cfcminos nuevos; eran, en cierta manera, los tiempos de «Brandy, mucho brandy». El «Azorín» de hoy era todo paisaje interior. El, que domino el paisaje, habría de recibir, con su vida ya atardecida, este regalo; el dulce regalo proustia.no de «su paisaje interior». «Azorin» dio a nuestra literatura una nueva pauta de lenguaje y de visión. Quizá ningún otro escritor moderno influyó tanto en su contorno como él. Hubo tiempo —y fue buen tiempo— en que se escribía como «Azorin»; siempre se ha mirado como miró él. Y, por esta mirada, la cal humilde, las reías cruzadas y las ventanas —las cerradas ventanas de interior— cobraron una vida singular y protagonista. Como Juan Ramón sintió la presencia y el calor de las cosas que nos rodean. Pero Azorin era más de horizonte, más de lejanía. Su paisaje era llano, quieto; tenía algo de lago sobre el que se navegasen apuradísimas singladuras. En su forzado retiro había un extraordinario magisterio. Pocos escritores le gozaron como él. Es ley de literatura no aceptar demasiados yugos y, por eso, se discute a troche y moche, á tirios y troyanos, a «monstruos sagrados» y a auténticos «monstruos». A «Azorin», no. «Azorin» era el reverenciado, el lejano, el que todavía daba lecciones de vez en vez, esporádicamente, como una hoja dorada y volandera, que se cae. Eran artículos breves, espaciados, que | tenían el encanto y el valor de una má- xima. A veces estremecía pensar que j en aquella ventana de aquella calle —la misma calle en la que diera melancolía a sus últimos años Julio Camba— se nos iba, cada vez más pequeña y clara | su luz, «Azorin». Tenía los ojos llenos de agua, como si le diera el viento. Tenía ya la caligrafía temblona; tenía, siempre, las ideas claras. Las ideas se ordenaban en su mente con pasmosa exactitud. En sus principios utilizó el seudónimo de «Cándido»; al final, volvía a ser así, con esa pureza que sólo alcanza la verdad. A la luz de los cirios aparecía muy pequeño; ¡tan sutil y pequeño! Diríase que el aire fuese a llevársele Castilla adelante, por esa Castilla que describió como nadie. Pero, no; nada podrá llevársele ya. En su torno, las mujeres rezaban un español muy puro: un antiguo español, de salmodias repetidas. «Azorin», casi pavesa, casi poso, semejaba sonreír. Manuel POMBO ÁNG

lunes, 1 de enero de 2018

Bienvenidos a Pensamiento

Año Nuevo en Argentina

Cuba: estampas de las contiendas de emancipación:

Cuba: estampas de las contiendas de emancipación
Reseña y dictamen sobre la nueva obra de 
René León, Numerario de la Academia de la Historia de Cuba (Exilio)

Por: Roberto Soto Santana
EL CONSEJO EDITORIAL de la ASOCIACIÓN LITERARIA CALÍOPE -con sede en España

 Únicamente de forma excepcional tomamos la iniciativa de recomendar una obra literaria en mérito a su sobresaliente calidad y en orden a su contenido. Este es el caso de la exegética sinopsis -que acaba de ver la luz con el sello de Ediciones Exodus, la marca editorial para publicaciones del Instituto Cubano de Ciencias Culturales de la Diáspora (ICDDD), con centros operativos en Miami y Barcelona- de la autoría del profesor René León, erudito especializado en las relaciones hIstóricas entre la Isla de Cuba -como los cubanos designan por sinécdoque a la República constituida sobre todo el archipiélago- y los vecinos Estados Unidos de América, desde su Descubrimiento, Conquista y Colonizaje por España hasta el día de hoy.
          Con el titulo "Cuba: Estampas de las Contiendas de Emancipación", el Prof. León ha escogido siete estampas o episodios significativos -de los que el liminar estudio está dedicado a "los milicianos cubanos que combatieron por la independencia de los Estados Unidos en la Luisiana y las Floridas"- de la larga lucha en pos de la independencia política de Cuba, sostenida ininterrumpidamente por varias generaciones de cubanos, especialmente entre 1868 y 1898.
          El autor ha documentado las conclusiones de sus estudios con el respaldo de unas pormenorizadas investigaciones bibliográficas prolijamente contrastadas, que respecto de muchos puntos hacen difícilmente rebatibles sus apreciaciones definitivas. 
         El profesor René León forma parte de la pléyade de los grandes historiadores cubanos del siglo XX -al lado de Emilio Roig de Leuchsenring, Herminio Portell Vilá, Ramiro Guerra Sánchez, Emeterio Santovenia, José M. Pérez Cabrera, Juan J. Remos, Manuel Moreno Fraginals, Joaquín Llaverías Martínez, Julio Le Riverend Brusone y José Luciano Franco- y aún del siglo XXI -en el que despunta el hoy catedrático de la Universidad de Carolina del Norte Louis A. Pérez, jr.- .
          -EL CONSEJO EDITORIAL de la ASOCIACIÓN LITERARIA CALÍOPE -con sede en España-.

TRANSITAR SIN ADIOSES

"Ya, curado de tentaciones hereditarias, sin voltear la cabeza ni mirar a los lados..."


Por:  J. A. Albertini  


 OLVIDO
Entonces me pregunté si sería el olvido,
la primavera bajo el rayo
o la premonición de algún desastre.
+ Rina Lastres
De la obra Voces con acento



Al nacer nadie le adelantó la despedida. Desconcertado por la ordinariez, en el instante en que le cortaban la tripa umbilical y profería el primero de muchos reclamos de alarma, decidió recorrer la senda de su existencia lineal sin detenerse en los paraderos de los adioses. Sitios chupadores de energía y almacén de lágrimas rancias.
También, en medio de las contingencias del trayecto, creyó que cabellos encanecidos, arrugas corporales, fragilidad ósea y anímica se incuban en las despedidas. Y supo por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida, que la única forma de eludir las muescas del tiempo es evitando la contaminación de los adioses. Asimismo, descubrió por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida, que los adioses, aliados de la efímera vida humana, son hitos que como aderezo, en su faceta de ogro, emplea el parricida Cronos.
Tropezó, a contrapelo del propósito, en algún tramo de vía digerida, con la tramposa nostalgia. Y aunque por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida olfateó el peligro, la herencia tribal le hizo desandar un buen número de pisadas. Y aunque la vereda sabía de dónde venía y a donde iba, no delató vestigio de huellas. Sin embargo, un paisaje había engullido al otro en fotografía de colores sepia que le rogaba el autógrafo de un adiós. Pero conocedor por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida, de los ardides de los adioses, echó a un lado la cartulina comprometedora y, aferrándose a un saliente de respiración, retomó la marcha en un recodo de futuro que se hizo actual, alimentado por el lapso de presente que sacrificó en la tembladera de la añoranza.
Ya, curado de tentaciones hereditarias, sin voltear la cabeza ni mirar a los lados, se afianzó en el renglón que de existencia le restaba por agotar. Y al calor de la andadura, asimiló el engaño de lenguas y palabras. Se puso al tanto, en la soledad de su yo, por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida, que entre múltiples vocablos, el adverbio de tiempo, en español, siempre, inglés, always, francés, toujors, italiano, sempre, alemán, inmer, polaco, zawsze, malayo sentiasa... con invariabilidad se acogía a la mala pasada idiomática de La Torre de Babel. Fantasía de cuerpos finitos y mentes desesperadas.
Casi al final de la ruta, la posible realización del amor carnal y espiritual, con rostro femenino, le saltó al cuerpo. Pero sabedor, por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida que en todo disfrute se agazapa el garfio esclavizante del adiós inevitable, de un manotazo mental deshizo la incitación e imitando al Galileo, por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida, afianzó los pies desnudos en las arenas calientes de la voluntad.
Y arribado al extremo opuesto de la cinta existencial, por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida, se congratuló por la frescura incólume de su cuerpo, donde el ombligo aún conservaba la morbidez infantil. Y por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida, verificó que la brevedad de su vida feliz, alejada de la vejez, era el logro de haber esquivado el fierro candente de los adioses.
Entonces, pletórico de dicha, volteó la cabeza para contemplar el itinerario de hazaña realizada. Pero, fallándole la experiencia empírica, desgraciadamente mal concebida, con estupor contempló que el camino pensado había desparecido en tinieblas; aniquiladoras de paraderos, casetas o estaciones de adioses.
Confundido, bajó la mirada y comprobó que lo que le quedaba, o desde el inicio tuvo de conciencia, era el pedacito de camino inseguro en el que se paraba. Y en aquel momento que se deshacía, ya carente de experiencias empíricas, sintió el llamado, cargado de adioses anticipados, del retorno. Y aconteció que, en busca del cordón umbilical, se zambulló en la corriente acuosa de la matriz universal


Miami Dade.
Enero de 2016.


NOTA: Relato tomado de la obra Siempre en el entonces: Dos noveletas y ocho cuentos

EL PARAÍSO DE LAS HORAS



Lola Benítez Molina
Málaga (España)


En el paraíso de las horas me encuentro, entre lo onírico y lo real, allí donde los sueños son alcanzables, y el “realismo mágico” de Gabriel García Márquez se hace patente. Su idiosincrasia lo distingue en la cúspide del “boom” literario, que marcó historia, y que supuso un impacto cultural en la década de 1960 al despertar el interés mundial por la literatura latinoamericana. Es tal su trascendencia que aún quedan reminiscencias en la estructura de la literatura actual.
           
Rodeada de los grandes titanes de las letras, me dejo guiar por ellos y, de la mano de Julio Cortázar, me adentro en el bosque del olvido para rescatar todo aquello que el tiempo volvió imperecedero y que me trae a la memoria, fuente de inspiración inagotable, su gran obra maestra: “Rayuela”.

Cortázar, al igual que Jorge Luis Borges, cultiva el “cuento fantástico” y en sus relatos breves ahonda en el enigma, que puede encerrar lo cotidiano, en un intento de encontrar el sentido profundo de lo real. Incansable en su afán innovador, da cuenta de ello con su estilo peculiar, con lo que consigue alejarse de las creencias y rutinas establecidas. A su sensibilidad artística se une su marcada preocupación social.

Yo me dejo llevar a esos mundos, en los que Neruda me susurra al oído las palabras de amor que nunca caerán al abismo porque son el sustento de nuestras vidas, y me rescatará de posibles naufragios, que ellos ya vivieron, pero a los que resultan incólumes.
           
Proseguí mi andadura junto a los mexicanos Juan Rulfo y Carlos Fuentes, pertenecientes ambos al “boom” mencionado. Asida a sus manos arribé a un nuevo sueño que apacigua las tormentas y me sumerge en hermosos arrecifes.

Carlos Fuentes diría que “el llamado Boom, en realidad, es el resultado de cuatro siglos, literariamente, llegado a un momento de urgencia en que la ficción se convirtió en la manera de organizar las lecciones del pasado”.

Cuando me hallaba perdida en el mar de las horas una brisa me acarició en el fulgor de la noche y volví a ser rescatada por Mario Vargas Llosa, el autor más joven de este movimiento, quien describe con maestría la sociedad peruana e intenta ahondar en el conocimiento del ser humano para tratar de comprender los diferentes hechos históricos y culturales.


Todos ellos “nos mostraron caminos literarios completamente nuevos, y no para seguirlos por el mismo sendero, sino para buscar salidas nuevas en cualquier encrucijada”, palabras sabias de Héctor Abad Faciolince.
"Ya, curado de tentaciones hereditarias, sin voltear la cabeza ni mirar a los lados..."
                          

Por: J. A. Albertini

OLVIDO
Entonces me pregunté si sería el olvido,
la primavera bajo el rayo
o la premonición de algun desastre.
+ Rina Lastres
De la obra Voces con acento



Al nacer nadie le adelantó la despedida. Desconcertado por la ordinariez, en el instante en que le cortaban la tripa umbilical y profería el primero de muchos reclamos de alarma, decidió recorrer la senda de su existencia lineal sin detenerse en los paraderos de los adioses. Sitios chupadores de energía y almacén de lágrimas rancias.

También, en medio de las contingencias del trayecto, creyó que cabellos encanecidos, arrugas corporales, fragilidad ósea y anímica se incuban en las despedidas. Y supo por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida, que la única forma de eludir las muescas del tiempo es evitando la contaminación de los adioses. Asimismo, descubrió por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida, que los adioses, aliados de la efímera vida humana, son hitos que como aderezo, en su faceta de ogro, emplea el parricida Cronos.
Tropezó, a contrapelo del propósito, en algún tramo de vía digerida, con la tramposa nostalgia. Y aunque por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida olfateó el peligro, la herencia tribal le hizo desandar un buen número de pisadas. Y aunque la vereda sabía de dónde venía y a donde iba, no delató vestigio de huellas. Sin embargo, un paisaje había engullido al otro en fotografía de colores sepia que le rogaba el autógrafo de un adiós. Pero conocedor por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida, de los ardides de los adioses, echó a un lado la cartulina comprometedora y, aferrándose a un saliente de respiración, retomó la marcha en un recodo de futuro que se hizo actual, alimentado por el lapso de presente que sacrificó en la tembladera de la añoranza.
Ya, curado de tentaciones hereditarias, sin voltear la cabeza ni mirar a los lados, se afianzó en el renglón que de existencia le restaba por agotar. Y al calor de la andadura, asimiló el engaño de lenguas y palabras. Se puso al tanto, en la soledad de su yo, por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida, que entre múltiples vocablos, el adverbio de tiempo, en español, siempre, inglés, always, francés, toujors, italiano, sempre, alemán, inmer, polaco, zawsze, malayo sentiasa... con invariabilidad se acogía a la mala pasada idiomática de La Torre de Babel. Fantasía de cuerpos finitos y mentes desesperadas.
Casi al final de la ruta, la posible realización del amor carnal y espiritual, con rostro femenino, le saltó al cuerpo. Pero sabedor, por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida que en todo disfrute se agazapa el garfio esclavizante del adiós inevitable, de un manotazo mental deshizo la incitación e imitando al Galileo, por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida, afianzó los pies desnudos en las arenas calientes de la voluntad.
Y arribado al extremo opuesto de la cinta existencial, por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida, se congratuló por la frescura incólume de su cuerpo, donde el ombligo aún conservaba la morbidez infantil. Y por experiencia empírica, desgraciadamente poco difundida, verificó que la brevedad de su vida feliz, alejada de la vejez, era el logro de haber esquivado el fierro candente de los adioses.
Entonces, pletórico de dicha, volteó la cabeza para contemplar el itinerario de hazaña realizada. Pero, fallándole la experiencia empírica, desgraciadamente mal concebida, con estupor contempló que el camino pensado había desparecido en tinieblas; aniquiladoras de paraderos, casetas o estaciones de adioses.
Confundido, bajó la mirada y comprobó que lo que le quedaba, o desde el inicio tuvo de conciencia, era el pedacito de camino inseguro en el que se paraba. Y en aquel momento que se deshacía, ya carente de experiencias empíricas, sintió el llamado, cargado de adioses anticipados, del retorno. Y aconteció que, en busca del cordón umbilical, se zambulló en la corriente acuosa de la matriz universal

Miami Dade.
Enero de 2016.

NOTA: Relato tomado de la obra Siempre en el entonces: Dos noveletas y ocho cuentos

CUBA en la memoria: CUBA – LAS CASTAS


~ por Derubín Jácome      

CUBA en la memoria

CUBA – LAS CASTAS

Publicado por Derubín Jácome

En Cuba, durante la colonia, había dos categorías de españoles: los que habían nacido en España, a los que se llamaba “peninsulares”, y los que habían nacido en la Isla, es decir, los “criollos”.

Aunque ante la ley los criollos eran considerados españoles, en la práctica no se les consideraba iguales. Desde el inicio de la colonia hubo tensiones entre criollos y peninsulares. Los segundos decían que las condiciones climáticas de América degeneraban el cerebro y mente de los europeos y por eso los criollos no eran tan capaces como ellos. Los criollos, sin embargo, insistían en que eran iguales y tan leales a la Corona como cualquier español.

Al principio de la Colonia, a los “mestizos” no se les reconocía como tales. O se les tomaba por españoles o por indígenas, sin ser aceptados totalmente dentro de ningún grupo. Por eso, muchos padres de mestizos pagaban para que en el acta de nacimiento de sus hijos se les calificara de “español”. Algunos mestizos fueron educados como caballeros y damas españoles, porque la Corona consideraba humillante que un hijo de español fuera educado entre los naturales de la Isla.
La mayoría de los mestizos era considerada “gente vil” y se les negaba el derecho de ocupar cargos reales, eclesiásticos o municipales. Por ello, el papel de los mestizos en la Colonia fue desde un principio un factor de inestabilidad, pues no tenía un lugar definido en la sociedad de su tiempo.
En Cuba también los esclavos se les “clasificaba” y no precisamente por su origen, lo que pienso que hubiera complicado aún más este asunto, ya que llegaron Mandingas, Yolofes y Fulaces; Gangaes, Congos, Lucumíes, Carabalíes, Longobáes, Maní, Quisí, Minas, Suamos, Bibí, Brícamos, Motembos, Musundis, Mombasas, Sacuaes y de otras comarcas.
Simplemente se les llamaban “bozales” o “de nación” a los nacidos en África, que no hablaban español, pero si además se les consideraban muy torpes, entonces les decían “bozalones”. Cuando aprendían la lengua de sus amos se les daba otro nombre: “ladinos” y eran más valorados pues tenían la capacidad de entender las órdenes de su dueño. A los niños en su adolescencia se les llamaba “muleques” y cuando dejaba de ser adolescentes, pasaban a ser “mulecones”. Los hijos de esclavos, nacidos en Cuba, recibían el nombre de “criollos” y a sus nietos se les nombraba “rellollos”.
“Coartado” era el esclavo que poseía libertad parcial, y así se llamaba hasta que con sus ahorros pagara la libertad a su dueño, y “emancipado” era el negro que era capturado por un barco inglés autorizado a entrar en Cuba, siendo puesto bajo la protección del capitán general hasta que fuera declarado libre, no sin antes realizar trabajo forzado durante varios años.
Por si todo esto fuera poco, a las personas que racialmente fueron el resultado de mezclas de distintas razas se les denominó “castas”. Este heterogéneo grupo tuvo el mismo problema social que los mestizos. Si no se les podía ubicar claramente dentro de algún grupo racial, eran negados y discriminados por unos y otros.
CUBA – LAS CASTAS
Es fácil imaginar la confusión que traería el encuentro de culturas en nuestro continente y la inevitable mezcla y remezcla entre todas ellas. Producto de ello, resulta interesante ver que desde principios del siglo XVIII aparece en el arte la “pintura de castas”. Es decir, pinturas e ilustraciones que representan a personas de acuerdo a su clasificación racial.

En La Habana el 14 de noviembre de 1842, aparece publicado lo siguiente:
“…Del encuentro de tres razas en este mundo nuestro, salieron las castas, que las preocupaciones sociales clasificaron minuciosamente, de las cuales se ocupó más de una vez el legislador…”.
He aquí, una de estas antiguas clasificaciones:

De Español con india, sale MESTIZO
De Mestizo con española, sale CASTIZO
De Castizo con española, sale ESPAÑOL
De Español con negra, sale MULATO
De Mulato con española, sale MORISCO
De Morisco con española, sale CHINO
De Chino con india sale SALTA ATRÁS
De Salta atrás con mulato sale LOBO
De Salta atrás con india, sale CHINO
De Chino con mulata, sale LOBO
De Lobo con mulata, sale JÍBARO
De Jíbaro con india, sale ALBARRAZADO
De Cambujo con india, sale ZAMBAIGO
De Zambaigo con mulata, sale CALPÁN MULATO
De Calpán mulato con Zambaigo, sale TENTE EN EL AIRE
De Tente en el aire con mulata, sale NO TE ENTIENDO
No Te entiendo con india, sale TORNA ATRÁS
De Indígena con negra sale ZAMBO
De Negro con zamba sale ZAMBO PRIETO
De Español con morisca sale ALBINO
De Albino con blanca sale SALTA ATRÁS O SALTAPATRÁS
De Indígena con mestizo sale COYOTE O CHOLO
De Mulato con indígena sale CHINO
De Español con coyote sale HARNIZO
De Coyote con indígena sale CHAMIZO
De Chino con indígena sale CAMBUJO
De Lobo con china sale JÍVARO
De Jívaro con mulata sale ALBARAZADO
De Albarazado con negra sale CAMBUJO
De Cambujo con indígena sale SAMBAIGO
De Sambaigo con loba sale CAMPAMULATO
De Calpán mulato con cambuja sale TENTE EN EL AIRE

Como podrán observar, hay algunas castas que podían ser resultado de mezclas diferentes, por ejemplo se le llamaba CAMBUJO, tanto si se era hijo de chino con indígena o de albarrazado con negra. O ser un SALTA ATRÁS si tus progenitores fueran un albino con una blanca o un chino con una india… Estoy seguro que toda esta clasificación debió desaparecer cuando tuvieron que hacer un censo… ¿Se imaginan?
Al menos en el “Diccionario provincial casi razonado de voces Cubanas” de Esteban Pichardo, publicado en 1849, ya no aparecen ni siquiera la mayoría de estos términos.

Pero de lo que no tengo duda es que de todas estas mezclas ha surgido una “raza” indiscutible: la cubana. De la que nunca se dejará de hablar…
José Martí, en el artículo “Mi raza” publicado en el periódico “Patria” del 16 de abril de 1893, escribiría:
“….Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro. Cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro… Los hombre verdaderos, negros o blancos, se tratarán con lealtad y ternura, por el gusto del mérito y el orgullo de todo lo que honre la tierra en que nacimos…
CUBA EN LA MEMORIA 24/03/2016

The Dancing Traffic Light (El Semáforo Bailador)


Su Majestad El Café

Angerona
Foto tomada de: Servicios Global

Por: Rene León


La historia que voy a contar hoy es, cómo el café destronó del gusto de la
preferencia de las familias criollas cubanas y españolas al chocolate. Ella da comienzo en tiempo de la colonia. 

El chocolate ya se consumía en México,  mucho antes de que llegarán los españoles. El comercio de los aztecas consistía en productos de agricultura de sus pequeñas industrias. En la agricultura eran el maíz, algodón, flores, aves, frutas siendo el cacao más importante. Como en aquellos tiempos no se conocía la moneda, las compras y ventas se hacían cambiando objetos o mercancías, o valiéndose del cacao para los pequeños negocios. Al llegar los españoles pensaron que su consumo era para ofrecerlo a los dioses, cosa que al pasar el tiempo pudieron comprobar que estaban equivocados. El uso del chocolate se extendería en Cuba y países de Europa.

En su historia sobre Los Indios de México y Nueva España, Fray Bartolomé de las Casas, en el capitulo XXX, dice: "...convidaban a todos sus dioses, trayéndoles comida de la mejor agua. que tenían y podían haber, como sus platos y escudillas de gallina guisada y otras carnes, para beber cacao que fueze todo espuma, que es to más fino y lo que beben los señores y más dignos". '
Planta de café, Foto tomada de: Cafe10.org
Se inicia la siembra del cacao en Cuba en la parte oriental, y al pasar los años, es la zona central, y en especial Remedio centro principal de su cultivo. El historiador e investigador fallecido recientemente Levi Marrero, dice: " Los españoles modificaron la producción del chocolate, eliminando las fuertes especies que adicionaban al cacao los indígenas y reteniendo las especies más suaves, como la vainilla además de añadirle azúcar y canela". El mismo autor dice que Cuba empezaría a importar cacao de Méjico y Venezuela.  Su cultivo se inicia a  mediados del siglo XVII.  

El chocolate no tiene contrario en la mesa de las familias.  Temprano en la mañana, en la tarde o en la noche, se servia en la vasija de moda de aquellos años.  "La Jícara" en la mayoría de las casas.  Pero pronto otra bebida no alcohólica invadiría sus predios.  Muy despacio iría ocupando la mesa y el paladar de las familias, y al pasar los años sería "Su Majestad el  Café"  

Uno de los de tantos viajeros que pasaron por Cuba, C.D. Tying en 1748, escribiria en The stranger in the tropics:  "El cafeto,  pasando de Etiopía a través de Arabia alcanzó las Indias Occidentales a través de Europa.  Van Horn el gobernador de Batavia 1690, habiéndolo cultivado en Java, de semilla procuradas en Mocha, envió una planta a Nicolás Witsen, burgomaestre de Amsterdam, quien la plantó en el jardín botánico de la ciudad, se propagaron otras plantas de sus semillas, y, algunas de ellas, se enviaron a las Indias Occidentales.  En 1718 se hicieron  las primeras plantaciones de café en Surinam, y alrededor de 1728, por los franceses en Martinica; en este tiempo también fue introducida en Jaimaica.  Fue traída a Cuba por monsieur Galabert, en 1748, quien estableció la primera plantación en el Wajay, a pocas leguas de la Habana". En el año de 1767 se informaba a la Corte, que las plantaciones de café, solo alcanzaban para el consumo local, pero no pasarían muchos años sin que la siembra aumentara, y ya en 1790 se exportaban 7,000 arrobas.


Las mejores informaciones sobre su uso se lo debemos a todos aquellos que pasaban por La Habana, y dejaban en sus anotaciones de viaje, lo que veían en la bella isla del Caribe.

En el Papel Periódico de La Habana, No. 1, 1792, Mr. Gentile, Doctor de París, dejó escrito una disertación sobre el café: "Se prepara el café en una especie de chocolatera, esto es un vaso cuya tapadera se halla agujereada en sus centro por donde se puede introducir el palo del molenillo para agitar de tiempo en tiempo el residuo del café durante la infusión. Las justa proporciones deben ser de dos onzas y media de café molido para media azumbre de agua.  Este polvo se echara en el agua cuando hierva bien, e inmediatamente se retirara del fuego de la cafetera y se dejara por espacio de dos horas sobre cenizas calientes, exactamente cerrada, pero se cuidara de agitar el molinillo de cuarto en cuarto de hora a fin de hacer la disolución más completa y después se filtrará".

E.M. Masse, en L'lle de Cuba rt La Habana, p 4, dice sobre la costumbre de tomar café y chocolate en los Cafés mas favorecidos de la ciudad: "...los más favorecidos son los de la Paloma y del Convento.  El primero es lugar de cita de los americanos y viajeros del norte... A un lado se encuentran las mesas de billar, donde sirven refrescos en el mostrador, al otro, se sirve chocolate o café..."

El cultivo se va extendiendo por todo el país, según las estadísticas de aquellos años sabemos que en 1774 sólo había 3 cafetales y en 1827 se registraron 2,067, contra sólo 60 cacaotales sembrados en la isla. El dominio del café era ya una cosa oficial, había desplazado al chocolate. En las mesas de las familias, y en los cafés, se prefería su consumo, aunque no se abandonaba totalmente el de su rival.

Serían los franceses al tener que salir de Haití después del triunfo de la revolución y emigrar a Cuba, en especial se radicarían en la zona oriental. Conocedores del cultivo del café, expandirían esta nueva riqueza en la isla. Pondrían de moda su cultivo en pequeñas áreas de tierra, y con número limitado de esclavos.
Foto tomada de: Lienzo Culinario
Entre los cafetales que hubo en Cuba a principios del siglo XIX, se puede citar el de "Angerona", allá en el camino de San Marcos, en Vuelta Abajo. Sobre el cafetal, diría M. Isidro Méndez, en su Biografía del cafetal. Angerona: "Angerona, la diosa romana del silencio y la fertilidad d.e los campos, excelentemente plasmada en mármol se erguía en el centro de un jardincillo semicircular,..a espalda a la hermosa casa vivienda del cafetal del mismo nombre, cuyo etilo exótico por lo insospechado en aquellos lugares, a todos sorprendía y admiraba...Desde la entrada, iba el camino, como un kilómetro entre ocho filas de palmas y, en son de arriate, distintas matas de flores,  hasta topar la estatua que con el dedo índice de la mano derecha sobre los labios, parecía advertir al transeúntes y visitantes el carácter contristado de sus moradores y el comportamiento silencioso que allí debían adoptar". (R.B.N. 1951)

Cirilo Villaverde diría sobre el cafetal de "Angerona": "La casa principal o según dicen en el campo, la de la vi­vienda, obra magnifica de arte, parecía un templo griego...veían tendales en gran número, los almacenes, molinos, etc., y a la derecha de estos barracones, o mejor dicho la población de los esclavos, ro­deada de una reja alta, con su puerta de hierro..."

La siembra del café se fue extendiendo en el país, desde Oriente pasa­ por las montañas de Trinidad y Sancti Spíritus, hasta Vuelta Abajo. El cho­colate había quedado vencido, un nue­vo rey se imponía en la. isla. Pero como era en nuestra bella isla de Cuba. Azúcar, tabaco, ron, café y demás productos, todos vivían en paz y tranquilidad, reconociendo cada uno de ellos su importancia en nuestro consumo y su valor en su exportación.

Francisco Pérez de la Riva, nos de­jaría la mejor biografía cafetalera cubana. En una parte de su introducción, dice: "Fueron nuestros cafetales testigos de las primeras victorias que por las armas ganaron lo cubanos en los campos luchando en ellos las tropas de Narciso López y encontrando en uno de ellos, la muerte en combate abierto el primer General Español".