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| "Carnavales" 24x30 aceite 1994 Pintada por: Salvador O. Martínez |
sábado, 1 de septiembre de 2018
Nuevo Libro
El presente ensayo tiene como propósito
estudiar la temática de la muerte en la poesía afrocubana. El presente estudio
partirá de los orígenes de la tradición oral africana en las sociedades
africanas carentes de escritura, entre las cuales están la yoruba, la bantú y
la appapa o apapa, las cuales han dejado su sello cultural en la tradición
literaria cubana.
Se debe primeramente estudiar el origen y la
razón de la tradición oral africana tomando como base de referencia los
estudios que han realizado sobre el terreno, antropólogos, filólogos,
misioneros, etnólogos y otros hombres de ciencia europeos, tanto en el siglo
pasado como en el presente.
Imperfecciones
Por Barbara González
Traducido del inglés por Dr. Roberto Soto Santana
Todos tenemos imperfecciones. ¿Por qué gastamos tanto tiempo en ocultarlas a los demás? Usamos maquillaje, vestimentas, incluso técnicas quirúrgicas a fin de esconder lo que percibimos como defectos. Estoy muy versada en el arte de "esconder mis imperfecciones". He pasado una buena parte de mi vida mostrando una fachada fuerte. Cada vez que he sido elogiada por mi "fortaleza", he hecho un mayor esfuerzo para disimular todo lo que he considerado una debilidad. Entonces, mis "debilidades" empezaban a ser todavía mayores. Llegaron a un punto en el que ya no podía esconderlas. Déjenme decirles que yo pensaba que era la persona más rota y desgarrada sobre la faz de la Tierra cuando tuve que trasladarme a una silla de ruedas. Dejé de hablarle a la gente. Me preguntaba, "¿Por qué motivo nadie va a escuchar lo que yo tenga que decir?" Veía mis "deficiencias" como enormes. Sabía que otras personas también veían mis "deficiencias" así de grandes. ¿Cómo no lo iban a apreciar así?¡Por Dios Santo, si estoy sentada sobre ello! Por razón de estar en una silla de ruedas otras "deficiencias" comenzaron a aparecer. Gané peso corporal y perdí fuerzas debido a permanecer sentada todo el día, cada día. Me debilité tanto mental como físicamente. Aún así, amigos y extraños me decían: "¡Tú eres una gran inspiración! Admiro tu fortaleza. Tú me motivas para seguir adelante". Realmente, amigos, estaba muy confusa. ¿Es que están ciegos? ¿No pueden ver lo rota que estoy? ¿No se dan cuenta de que no puedo hacer las cosas que solía poder llevar a cabo? No puedo caminar ni subir escaleras. Por Dios Santo, tengo que usar el cuarto de baño para discapacitados, al que nunca he recurrido sino cuando todos los demás están ocupados. Ahora tengo que esperar por una plaza de servicio sanitario libre, por una plaza de aparcamiento para discapacitados, y por el ascensor. Lo que me ha resultado más difícil ha sido pedir ayuda. Me enorgullece hacer cosas sin ayuda de nadie. Mis amigos me decían, "Estás siendo muy terca". ¡No lo era! Sencillamente yo estaba siendo yo. Me enorgullecía mi independencia. Era lo que me definía. Estoy segura de que no me hubieran considerado tan fuerte si hubieran visto cuánto esfuerzo me costaba salir de la cama por las mañanas. Todo el mundo veía mi "grandeza" mientras yo solo veía mis "deficiencias". Hasta que me di cuenta de que mis "deficiencias" eran una parte de lo que me hace extraordinaria.Me levanto de la cama a pesar del dolor físico, aunque ahora me cueste el doble de esfuerzo y de tiempo llevar a cabo cualquier cosa. Pero esa es la parte de la fortaleza. A pesar de todas las razones para permanecer en la cama, me levanto. ¡Me incorporo! Por mí y por mis amigos. ¡ESTOY PRESENTE!
No oculte sus "imperfecciones". El mismo aspecto que Vd. cree que "lo hace aparecer mal" está siendo usado para ministrar a las inquietudes de otros. Sus "imperfecciones" son parte de su ministerio. Están siendo utilizadas con arreglo a un designio Divino de su Poder Superior a fin de tender la mano a personas a las que de otra manera no le sería posible alcanzar. ¡Me emociona pensar en esto! Que yo, no obstante la silla de ruedas, estoy siendo utilizada por Dios a fin de tocar otras vidas. Amigos, esto es un hecho muy poderoso. No sé de qué manera esta "revelación" afectará al día de hoy, al de mañana o al próximo pero si sé que yo podré tocar otras vidas. ¡Vengan, únanse a mí! ¡Salgan de sus sillas!

Italia (Tercera parte)
Unificación y Reino[editar]
Artículos principales: Unificación de Italia, Reino de Italia (1861-1946) y Frente Italiano (Primera Guerra Mundial).
Tropas italianas en los Alpes durante la Primera Guerra Mundial.
El nacimiento del Reino de Italiafue gracias a los esfuerzos unidos de los nacionalistas y monárquicos leales a la casa de Saboya, para establecer un estado unificado en la península itálica. En el contexto de las revoluciones liberales de 1848 a través de Europa, se produjo una infructuosa guerracontra Austria. El Reino de Cerdeña atacó nuevamente a Austria en la Segunda Guerra Italiana de Independencia en 1859, con la ayuda de Francia, resultando en la liberación de Lombardía.
En 1860-61, el general Giuseppe Garibaldi llevó a cabo la unificación en Nápoles y Sicilia, haciendo que el conde de Cavour declarara un reino unificado el 17 de marzo de 1861. En 1866, Víctor Manuel II se alió con Prusia durante la guerra austro-prusiana, en la Tercera Guerra Italiana de Independencia que permitió la anexión de Venecia. Finalmente, después de la Guerra Franco-Prusiana de 1870, Francia abandono sus intereses en Roma, lo cual permitió la captura de Roma y el fin de los Estados Pontificios.23
El Estatuto Albertino de 1848 se extendió a todo el Reino de Italia en 1871, proveyéndole de libertades básicas, aunque las leyes electorales excluían a las personas sin propiedades y los no educados. El nuevo gobierno del reino era una monarquía parlamentaria constitucional, dominada por las fuerzas liberales. El sufragio universal masculino fue adoptado en 1913. Mientras el norte se industrializaba rápidamente, el sur y las zonas rurales del norte permanecieron subdesarrolladas y sobrepobladas, forzando a millones de personas a migrar. El Partido Socialista Italiano se fortalecía y desafiaba a los tradicionales partidos liberales y conservadores. Desde finales del siglo XIX, Italia se convirtió en una fuerza colonial, con colonias en Somalia, Eritrea, Libia y el Dodecaneso.
Italia, aliada de los imperios alemán y austrohúngaro en la Triple Alianza, en 1915 se unió a las fuerzas aliadas en la Primera Guerra Mundial, con la promesa de extender su territorio, con los terrenos de Carniola Interior, el litoral austriaco y Dalmacia. El ejército italiano quedó inicialmente estancado en una guerra de trincheras en los Alpes. En octubre de 1918, los italianos lanzaron una feroz ofensiva que culminó en victoria en la batalla de Vittorio Veneto. La victoria aseguró el final de la guerra en el frente italiano. Dos semanas después acababa el conflicto.24
Durante la guerra, murieron 650 000 soldados y muchos civiles,25 llevando a la quiebra al reino. Los tratados de Saint Germain, Rapallo y Roma, concedieron la mayoría de los territorios reclamados, más no la costa dálmata, lo que hizo que varios grupos nacionalistas definieran la victoria como ''mutilada''. Más adelante, tras la creación del Estado Libre de Fiume por el poeta Gabriele D'Annunzio, también Fiume fue anexionada.
Dictadura fascista[editar]
Las agitaciones socialistas que siguieron a la Primera Guerra Mundial, inspiradas por la Revolución Rusa, llevaron a una contrarrevolución y represión. Debido al temor de una revolución, el pequeño Partido Nacional Fascista, liderado por Benito Mussolini, se convirtió en una importante fuerza política. En octubre de 1922, las camisas negras del PNF, llevaron a cabo un intento de golpe de estado (la Marcha sobre Roma), que fracasó en último instante, mas el rey Víctor Manuel III rehusó declarar el estado de sitio y convirtió a Mussolini en primer ministro. En los siguientes años, Mussolini eliminó todos los partidos políticos y libertades personales, estableciéndose una dictadurafascista. Estas acciones inspiraron el surgimiento de otras en Europa, como la Alemania nazi o la España franquista.
En 1935, Italia invadió Etiopía en la segunda guerra ítalo-etíope, llevando a la salida del país de la Sociedad de las Naciones. Italia se alió con la Alemania nazi, el Imperio del Japón y apoyó a Francisco Franco en la guerra civil española. En 1939 se anexionó Albania, protectorado de facto durante décadas. Italia entró en la Segunda Guerra Mundial el 10 de junio de 1940. Después de haber avanzado inicialmente en la Somalia Británica y Egipto, fueron derrotados en el Norte de África, Grecia y la Unión Soviética.
Después del ataque sobre Yugoslavia de la Alemania nazi e Italia, la fuerte presión sobre la resistencia partisana y los intentos de italianización de la población resultaron en los crímenes de guerra italianos y en la deportación de 25 000 personas a los campos de concentración.26 Cerca de 250 000 italianos y eslavos anti-comunistas abandonaron el país en el éxodo istriano.
La invasión aliada de Sicilia comenzó en julio de 1943, lo cual llevó al colapso del régimen el 25 de julio. El 8 de septiembre se rindió en el Armisticio entre Italia y las fuerzas armadas aliadas. Rápidamente los alemanes tomaron el poder sobre el centro y sur del territorio. El país se mantuvo como un campo de batalla el resto de la guerra, mientras los aliados avanzaban lentamente fuera del sur.
Para contrarrestar el avance aliado se creó la República Social Italiana, un estado títere nazi, con Mussolini a su cabeza. Los paisanos organizaron un movimiento de resistencia contra el nazismo y el fascismo. Las hostilidades acabaron el 29 de abril de 1945, cuando la resistencia derrotó a los nazis, obligándolos a abandonar el país. Mussolini fue fusilado. Casi un millón de italianos (incluyendo civiles) murieron en la guerra y la economía nacional estaba totalmente destruida.2728
Cuba y el Canal de Panamá
Antonio A. Acosta
El Canal de Panamá es sin duda una de las obras de ingeniería más importantes y útiles que el hombre haya realizado y un indiscutible orgullo para toda América. Como diría el eminente arqueólogo e historiador cubano Dr. Pedro García Valdés: "para que pudieran besarse a su antojo los dos océanos y tener lugar como consecuencia del divorcio de los dos continentes".
Para la feliz culminación de esta obra dos cubanos tuvieron una contribución extraordinaria. Ellos fueron el ingeniero Aniceto García Menocal, oficial de la Marina norteamericana, y el Dr. Carlos Finlay, eminente investigador médico.
Después de estas premisas como introducción al tema a desarrollar, veamos algunos detalles relevantes: Cuando el Conde Fernando de Lesseps -constructor del Canal de Suez en 1869- se hallaba en la cima de su popularidad y prestigio, invitó a varios representantes de naciones para exponerles su idea de construir un canal en Panamá; y así, con la categoría de Congreso Internacional, se efectuó en París en el año 1879 el singular evento. Los Estados Unidos de América enviaron una comisión constituida por sus más brillantes ingenieros, entre ellos nuestro coterráneo Aniceto García Menocal.
El Congreso fue presidido, por supuesto, por el Conde de Lesseps, quien elocuentemente expuso su proyecto de hacer en Panamá un canal a nivel, como el que había construido años antes en Suez, todos parecían estar de acuerdo con el experimentado ingeniero y diplomático francés. Se encontraban en tan importante reunión delegados de España, Francia, Alemania, Inglaterra, Holanda e Hispanoamérica, cuando para sorpresa de todos pide la palabra García Menocal para expresar firme y respetuosamente su desacuerdo con el plan de Lesseps, exponiendo profesionalmente que la región del istmo no era igual a la zona de Suez, y que el canal que en Panamá se construyera debía ser por esclusas, dada la diferencia de nivel entre los dos oceános. A pesar de tan brillante exposición, el Congreso terminó aprobando el proyecto del ingeniero francés y juzgando equivocado a García Menocal.
Al llegar a los Estados Unidos García Menocal elevó un informe a su gobierno exponiendo y razonando sus ideas y al mismo tiempo entusiasmándolo a realizar la obra del canal por ser de gran beneficio para esta nación y para el mundo.
La compañía francesa hizo caso omiso de las alegaciones del ingeniero cubano y comenzó la obra de acuerdo con los planos de Lesseps; pero muy pronto los propios franceses se percataron de que no era posible la realización de dicha obra, siguiendo el proyecto aprobado, o sea, el canal a nivel, y tuvieron que aceptar el plan del cubano Aniceto García Menocal, que consideraba la construcción de esclusas, como actualmente existe en Panamá.
Más tarde el gobierno de los Estados Unidos se hizo cargo del proyecto hasta su exitosa culminación en el año de 1914. El canal enlaza Colón (en el Atlántico) con Panamá (en el Pacífico) y tiene una longitud total de 81 Km., una anchura que oscila entre 91 y 300m., y se eleva a 26m. sobre el nivel del mar, durando su travesía ocho horas aproximadamente. Es de apuntar que los restos de García Menocal fueron llevados al cementerio de Arlington, donde este país entierra a sus hijos ilustres.
El otro cubano de esta encomiable historia fue el prestigioso médico Dr. Carlos J. Finlay. Recordemos que esa región del istmo era malsana y de alto riesgo para la vida humana, y así fue bautizada con el nombre de "Tumba de Españoles". En 1509 murieron también centenares de holandeses y franceses en ese inhóspito lugar. En el siglo XVIII los ingleses dirigidos por Nelson sufrieron un tremendo descalabro. De los 200 hombres que venían con Nelson murieron 187. La fiebre amarilla era una enfermedad alarmante y parecía imposible continuar la obra en esas condiciones. Dice el Dr. García Valdés que de los 186,000 hombres que empleó la compañía francesa en la construcción de las obras, fueron atacados de fiebre amarilla 52,000, y hubo años que la virulencia de la enfermedad fue tanta que se elevó al 60%. Era una enfermedad mortal.
Para llevar a cabo la gigantesca obra era necesario sanear la zona del istmo. Ya había muerto el Director del canal, Mr. Boyer, y Mr. Johnson, Supervisor, ambos de fiebre amarilla. Y he aquí la importancia histórica del Dr. Finlay, quien haciendo investigaciones médicas con otro eminente galeno, el Dr. Claudio Delgado, concluyeron que la temible fiebre amarilla estaba siendo transmitida por el mosquito Aedes aegipty. Se saneó el área y se acabaron las muertes provocadas por la mencionada enfermedad.
A pesar de que el Director de Sanidad de La Habana dio todas las facilidades para que se comprobara este singular descubrimiento, dos médicos norteamericanos no creyeron en la veracidad de las conclusiones obtenidas y se hicieron picar por mosquitos contaminados con la enfermedad; a consecuencia de ésto los dos adquirieron la fiebre amarilla. uno de ellos, el Dr. Lazear, murió.
Así Finlay alcanzó
Queremos concluir estos comentarios diciendo que sin la contribución de los dos insignes cubanos no hubiera sido posible la realización de esta obra magistral, o al menos, se hubiera demorado muchos años para su culminación.
El Canal de Panamá es sin duda una de las obras de ingeniería más importantes y útiles que el hombre haya realizado y un indiscutible orgullo para toda América. Como diría el eminente arqueólogo e historiador cubano Dr. Pedro García Valdés: "para que pudieran besarse a su antojo los dos océanos y tener lugar como consecuencia del divorcio de los dos continentes".
Para la feliz culminación de esta obra dos cubanos tuvieron una contribución extraordinaria. Ellos fueron el ingeniero Aniceto García Menocal, oficial de la Marina norteamericana, y el Dr. Carlos Finlay, eminente investigador médico.
Después de estas premisas como introducción al tema a desarrollar, veamos algunos detalles relevantes: Cuando el Conde Fernando de Lesseps -constructor del Canal de Suez en 1869- se hallaba en la cima de su popularidad y prestigio, invitó a varios representantes de naciones para exponerles su idea de construir un canal en Panamá; y así, con la categoría de Congreso Internacional, se efectuó en París en el año 1879 el singular evento. Los Estados Unidos de América enviaron una comisión constituida por sus más brillantes ingenieros, entre ellos nuestro coterráneo Aniceto García Menocal.
El Congreso fue presidido, por supuesto, por el Conde de Lesseps, quien elocuentemente expuso su proyecto de hacer en Panamá un canal a nivel, como el que había construido años antes en Suez, todos parecían estar de acuerdo con el experimentado ingeniero y diplomático francés. Se encontraban en tan importante reunión delegados de España, Francia, Alemania, Inglaterra, Holanda e Hispanoamérica, cuando para sorpresa de todos pide la palabra García Menocal para expresar firme y respetuosamente su desacuerdo con el plan de Lesseps, exponiendo profesionalmente que la región del istmo no era igual a la zona de Suez, y que el canal que en Panamá se construyera debía ser por esclusas, dada la diferencia de nivel entre los dos oceános. A pesar de tan brillante exposición, el Congreso terminó aprobando el proyecto del ingeniero francés y juzgando equivocado a García Menocal.
Al llegar a los Estados Unidos García Menocal elevó un informe a su gobierno exponiendo y razonando sus ideas y al mismo tiempo entusiasmándolo a realizar la obra del canal por ser de gran beneficio para esta nación y para el mundo.
La compañía francesa hizo caso omiso de las alegaciones del ingeniero cubano y comenzó la obra de acuerdo con los planos de Lesseps; pero muy pronto los propios franceses se percataron de que no era posible la realización de dicha obra, siguiendo el proyecto aprobado, o sea, el canal a nivel, y tuvieron que aceptar el plan del cubano Aniceto García Menocal, que consideraba la construcción de esclusas, como actualmente existe en Panamá.
Más tarde el gobierno de los Estados Unidos se hizo cargo del proyecto hasta su exitosa culminación en el año de 1914. El canal enlaza Colón (en el Atlántico) con Panamá (en el Pacífico) y tiene una longitud total de 81 Km., una anchura que oscila entre 91 y 300m., y se eleva a 26m. sobre el nivel del mar, durando su travesía ocho horas aproximadamente. Es de apuntar que los restos de García Menocal fueron llevados al cementerio de Arlington, donde este país entierra a sus hijos ilustres.
El otro cubano de esta encomiable historia fue el prestigioso médico Dr. Carlos J. Finlay. Recordemos que esa región del istmo era malsana y de alto riesgo para la vida humana, y así fue bautizada con el nombre de "Tumba de Españoles". En 1509 murieron también centenares de holandeses y franceses en ese inhóspito lugar. En el siglo XVIII los ingleses dirigidos por Nelson sufrieron un tremendo descalabro. De los 200 hombres que venían con Nelson murieron 187. La fiebre amarilla era una enfermedad alarmante y parecía imposible continuar la obra en esas condiciones. Dice el Dr. García Valdés que de los 186,000 hombres que empleó la compañía francesa en la construcción de las obras, fueron atacados de fiebre amarilla 52,000, y hubo años que la virulencia de la enfermedad fue tanta que se elevó al 60%. Era una enfermedad mortal.
Para llevar a cabo la gigantesca obra era necesario sanear la zona del istmo. Ya había muerto el Director del canal, Mr. Boyer, y Mr. Johnson, Supervisor, ambos de fiebre amarilla. Y he aquí la importancia histórica del Dr. Finlay, quien haciendo investigaciones médicas con otro eminente galeno, el Dr. Claudio Delgado, concluyeron que la temible fiebre amarilla estaba siendo transmitida por el mosquito Aedes aegipty. Se saneó el área y se acabaron las muertes provocadas por la mencionada enfermedad.
A pesar de que el Director de Sanidad de La Habana dio todas las facilidades para que se comprobara este singular descubrimiento, dos médicos norteamericanos no creyeron en la veracidad de las conclusiones obtenidas y se hicieron picar por mosquitos contaminados con la enfermedad; a consecuencia de ésto los dos adquirieron la fiebre amarilla. uno de ellos, el Dr. Lazear, murió.
Así Finlay alcanzó
la fama por su talento;
pues su gran descubrimiento
con la epidemia acabó.
Y García Menocal,
Y García Menocal,
con sus esclusas geniales,
escaló los pedestales
en la obra del canal
Queremos concluir estos comentarios diciendo que sin la contribución de los dos insignes cubanos no hubiera sido posible la realización de esta obra magistral, o al menos, se hubiera demorado muchos años para su culminación.
El misterio de la carabela San Lesmes, el barco que podría reescribir la historia de Nueva Zelanda
Juan A Oliveira /
Un barco perdido en el Pacífico a principios del siglo XVI, un hórreo a 20.000 kilómetros de Galicia y un extraño árbol en A Coruña. Estos son los ingredientes principales del misterio de la carabela San Lesmes, la embarcación que según investigadores de nuestras antípodas podría reescribir el descubrimiento de Nueva Zelanda.
La historia oficial nos dice que el primer europeo en llegar a Nueva Zelanda fue el holandés Abel Tasman en diciembre de 1642, en su viaje de exploración al servicio de la servicio de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales. Y que James Cook fue el segundo en llegar allí 127 años después, en septiembre de 1769, tras observar ese verano el Tránsito de Venus desde Tahití.
Pero las investigaciones del autor australiano Robert Langdon (1924-2004) proponen una historia totalmente diferente. Langdon, nacido en Adelaida, era un veterano de la Segunda Guerra Mundial que abandonó la universidad en favor de su carrera de escritor. Tras pasar seis años en sudamérica y un frío invierno en Canadá, acabó en Tahití. Interesado por la historia del archipiélago y los atolones cercanos, Langdon investigó la procedencia de dos cañones encontrados en el atolón Amanu de la Polinesia Francesa en 1929.
En 1975 Langdon publicaba La carabela perdida, en donde proponía que los cañones pertenecían a la carabela española San Lesmes, perdida en 1526 en el Pacífico Sur. La San Lesmes era una de los barcos de la expedición de García Jofre de Loaísa, que el 24 de julio de 1525 partió de A Coruña con una flota de siete naves y 450 hombres con la intención de tomar las islas Molucas, ricas en especias y en disputa entre las coronas de Castilla y Portugal.

Ruta de la expedición de Loaisa (Fuente: Patriotas Vascongados)
Entre los participantes de la expedición se encontraban marinos insignes como Juan Sebastián Elcano, que había completado la primera circunnavegación de la Tierra tan solo tres años antes, Andrés de Urdaneta, el más grande cosmógrafo de su tiempo, y que años después descubriría la ruta a través del Pacífico desde las islas Filipinas a México o tornaviaje, o Rodrigo de Triana, que avistó América en el primer viaje de Colón.
Aunque realizaron numerosos descubrimientos geográficos y marítimos, la expedición fue un desastre. No solo no conquistaron las islas Molucas, si no que tan solo regresaron 24 de los 450 hombres a España en 1536, once años después de partir; durante el viaje murieron, entre otros, el almirante Loaísa y Elcano. Entre naufragios y deserciones, tres de las naves no llegaron a cruzar el estrecho de Magallanes y sólo una, la Santa María de la Victoria, alcanzó las Molucas.
La San Lesmes era una carabela de 80 toneladas de peso muerto, capitaneada por Francisco de Hoces, y con una tripulación de entre 50 y 60 hombres, la mitad gallegos y el resto castellanos, vascos y flamencos. La carabela fue separada temporalmente de la flota durante el paso de la expedición por el estrecho de Magallanes, llevándola a cruzar hacia el Pacífico dejando el cabo de Hornos al norte y navegando por el denominado hoy en día mar de Hoces en honor de su capitán en el mundo latino, o pasaje de Drake en el mundo anglosajón. Aunque la flota volvió a reunirse, el 2 de junio de 1526 un temporal volvió a separar los navíos, que ya no volverían a juntarse.
El rumbo tomado por la San Lesmes a partir de ese momento es un misterio. En 1772, más de dos siglos después, la fragata Magdalena encontró una gran cruz antigua cerca de Tahití, lo que llevó al historiador Martín Fernández de Navarrete a concluir que esa isla o alguna cercana fue el destino final de la San Lesmes. Los cañones hallados en Amanu en 1929 corroborarían esta teoría, pero según diferentes hipótesis ese no sería el punto y final de su recorrido, sino que la San Lesmes continuó su viaje, llegando hasta Nueva Zelanda y Australia.
Para el conservador del Departamento de Mapas de la Biblioteca Nacional de París Roger Hervé la San Lesmes navegó hacia el oeste intentando alcanzar las Molucas, pero encontrando sin querer Nueva Zelanda y Tasmania, y bordeando Australia hasta ser capturados por los portugueses. Hervé presentó su hipótesis en 1982 en el libro Découverte fortuite de l’Australie et de la Nouvelle-Zélande par des navigateurs portugais et espagnols entre 1521 et 1528.
Para Robert Langdon, los cañones de Amanu son indudablemente de la San Lesmes. Los tripulantes tuvieron que tirarlos por la borda para aligerar el peso del barco tras quedar este encallado en los arrecifes del atolón. A partir de ahí el viaje continuó hasta Anaa, en donde algunos de los tripulantes se establecieron, y el resto continuó viajando al oeste hasta acabar en Nueva Zelanda. Langdon planteó sus conclusiones en sus libros La carabela perdida de 1975 y La carabela perdida explorada de nuevo de 1988.
El autor afirmaba que los náufragos de la San Lesmes y sus descendientes ocuparon una posición preeminente en las islas donde se establecieron, y que su influencia genética y cultural explicaría porque los primeros exploradores europeos se encontraron con indígenas de piel y ojos claros, pelirrojos o rubios, adoradores del dios Oro y que explicaban la creación del mundo según el Génesis y se referían confusamente al concepto de la Santísima Trinidad. Además eran los únicos nativos de aquellos archipiélagos que saludaban agitando las manos, tripulaban botes con velas latinas y realizaban construcciones similares a los hórreos gallegos en Nueva Zelanda denominadas pataka, utilizadas por los maoríes para guardar los productos del campo y sus riquezas más preciadas.

Un pataka, los hórreos de Nueva Zelanda (fuente: CGiencia)
Y para finalizar, un último detalle. En el barrio de Monte Alto en la ciudad gallega de A Coruña, en el patio de la comisaría de la policía, se encuentra un metrosidero, un árbol originario de Nueva Zelanda que en opinión de especialistas por su forma y su tamaño podría tener entre 400 y 500 años. Quizá la semilla de este árbol la plantó un superviviente de la San Lesmes que de alguna manera consiguió completar su viaje y retornar a España tras su estancia en Nueva Zelanda. Quizá la historia de nuestras antípodas deba ser reescrita.

El metrosidero de A Coruña (fuente: El País)
Juan A Oliveira es el responsable de las Áreas de Ingeniería Naval Aplicada y Estructuras en CT Ingenieros. Desde 2013 edita y coordina el blog de temática naval vadebarcos.net. Puedes conectar con él a través de Twitter o LinkedIn.
El Escritor y sus Fantasmas.
Mario Andino
La labor del novelista es solitaria y ardua y, como ser humano, fantasmas se ciernen sobre él, al escribir. He querido llamar a estos "fantasmas": "nuestra cualidad racial de no escucharle a nadie", en la mayoría de los casos; el ser reacios a las: "autocríticas" y, mucho menos, a las ajenas; para que no me acusen de negativo, aconsejo practicar el periodismo, como preparación previa para el novelista; y atreverse a ser juez de concursos de novelas, por lo menos, de uno porque, por muy superiores que nos sintamos, aprenderemos cosas nuevas, al serlo, y hasta nos llevaremos algunas valiosas sorpresas al desempeñarnos como tal. Tuve la suerte de tener de catedráticos a profesores que escribían ficción y ensayos. He aquí algunos de sus consejos acerca de escribir prosa:
1. No empezar nunca una novela con el clima: en general, el lector empezará a hojear hasta encontrar a una persona.
2. Evitar los prólogos: podrían ser una molestia, en la mayor parte de los casos, especialmente cuando alguien ya escribió una presentación de libro, incluida en el volumen. Los prólogos se prestan más para libros de ensayos y, así y todo, el texto de éste puede revelar más de lo que parece. Hay gente que, bajo el disfraz de "decir la verdad" puede arruinar el libro.Algunos son sinceros, aun si desubicados y, otros, envidiosos o con una agenda político-literaria. El lector coge el libro, en la librería y da una mirada al prólogo, después de las portadas.
4. No usar adverbios con el verbo "ser", especialmente: adverbios usados en demasía, quitan fuerza a la prosa y, al rimar, cansan al lector y lo invitan a la distracción. Además, alteran el ritmo de la prosa y, al rimar, cansan al lector y lo invitan a la distracción. Además, alteran el ritmo de la prosa y tropiezan la lectura. En efecto, era mejor la manera antigua, aunque más larga (en ese entonces tenían todo el tiempo que quisieran): "con calma en la mente" (hoy, calmadamente), "con poesía en la mente" (hoy, poéticamente), etc.
5. Mantener los puntos exclamativos bajo control: se aconsejan, tradicionalmente, no más de dos o tres parejas de exclamativos por cada mil palabras de prosa (como punto de referencia), a no ser que el autor escriba diálogos muy animados, Y, aún así, ¡cansan ! Es necesario que los exclamativos sean el punto dramático más alto de la prosa. Si el autor necesita mayor intensidad expresiva, ¿qué puede usar para señalarlo?
6. Usar dialectos, patois, calós y jergas locales con moderación: los diccionarios al fin del libro son irritantes para la mayoría de los lectores y una prueba de la falta de comunicación del autor.
7. Evitar descripciones excesivas de personajes y ambientes" si las descripciones de ambos, no van a tener un valor futuro para la comprensión del lector sobre sucesos siguientes en la obra, son innecesarios. "Ella se había sacado el sombrero y lo puso sobre la mesa", debiera tener una justificación posterior en la novela. La técnica fílmica no es siempre recomendable para la ficción escrita porque los actores ahorran parlamentos con el lenguaje corporal.
8. Tratar de dejar fuera los párrafos que el lector generalmente evita: segmentos de prosa gruesos y palabrudos, que el autor novicio no puede evitar para demostrar su dominio del léxico. Es mejor usar, para el efecto, parlamentos de un personaje porque esa herramienta baja el nivel semántico a la altura social de quien habla y no aparece, así, hablando como el Académico de la Lengua, ni tan largo.
Y---¡ya lo sé! Es probable que yo no cumpla todas estas reglas, todo el tiempo, en mis humildes obras. Por lo tanto, por favor, hagan los que digo y no lo que hago. Mis maestros me dieron buenos consejos.
Cuando me pidieron que sirviera de juez literario, para un concurso de novelas en una universidad vecina, donde existe una concurrencia sólida de estudiantes hispanohablantes, respondí que "sí", con entusiasmo y de inmediato. Pero ¿qué pasaría con la novela que estaba escribiendo y que tenía una fecha fatal fijada por la editorial? Mis colegas me advirtieron que la función de juez era una labor ocupadísima. Para cumplir con la fecha fijada para terminar la lectura de los concursantes, leí incansablemente, haciendo pausas solamente para tomar notas y anotar preguntas que quería hacer a los escritores en cierne. De lo que no me había dado cuenta, fue que a maratón de dos meses de lecturas cambiaría mi comprensión de la forma de la novela y me forzó a ver mi estilo de prosa de una manera diferente.Tal vez, esto ocurrió porque, por primera vez, leí libros que no elegí cuidadosamente y, en tal número. Algunos me deleitaron y otros, no tanto. Con las diversas lecturas, empecé a notar patrones estilísticos de moda o pertenecientes a autores de moda. Los comienzos de los manuscritos, en general, eran muy buenos, se notaba que les habían aconsejado que los primeros párrafos debían apoderarse de la atención del lector. Pero ya en las páginas intermedias de los manuscritos, el interés empezaba a decaer, algo muy difícil de superar para cualquier escritor. La caracterización de los personajes se diluye, los motivos de cada uno de ellos flaquean y la acción de la trama ya no revela hacia adónde quiere ir el narrador con la historia. Finalmente, la novela tropieza en sus propias palabras y aterriza en lugares comu nes, finales obvios o en un desenlace estereotipado. La novela exitosa, como me enseñaron mis maestros para el Doctorado, algunos de ellos escritores de fama, tiene la forma de una campana. Al tope, empieza apretada de detalles importantes y breves. En cuanto el lector sepa dónde está, por qué, cuándo, cómo y quién, entran los detalles (aunque no en demasiado exceso) y la barriga de la campana se ensancha. La novela debe ser, según mis maestros, "un sueño vívido y continuado." En ese punto se sugiere un sentido de expansión, preparatorio para el final de la novela, sin incurrir en detalles impertinentes. Luego vendría un proceso de preparación para advertir al lector así que personajes e ideas conjuguen con el clímax final o, simplemente, un desenlace natural de la historia. No olviden los sentidos humanos en la obra, en las novelas se puede "ver, oír, olfatear y gustar." Al fin de la obra, la campana da su campanazo. Bueno, pero volvamos al concurso de novelas y a los jueces de tal. Después de terminada mi misión de juez, volví a mi novela y tuve que reescribirla, había aprendido cosas nuevas. No estaba seguro cómo iba a aplicar los conceptos nuevos. Existe un gran abismo entre teoría y praxis. Pero poco a poco fui encontrando el proceso, después de lo doloroso que fue descartar una gran cantidad de páginas, lo que se convirtió en algo extrañamente placentero. Debí haber escuchado siempre a mis maestros, pero no lo hice todas las veces. Mi orgullo personal entorpeció mi aceptación de que "muchachos imberbes y con menos experiencia que yo, me podrían enseñar unas cuantas cosas." El hecho fue que los estudiantes graduados que concursaron , habían leído crítica y teoría literaria que YO NO había leído. Dejé de leer este tipo de textos cuando me doctoré porque después de ocho años de estudios graduados, quise darme un descanso y leer lo que QUERÍA leer y no lo que DEBÍA leer. Tenía notas casi para todo tipo de curso graduados y creí no necesitar ya más. También habían leído prosa nueva que tampoco yo había leído, escrita por "mocosos" escritores que, según este catedrático, "¿qué podrían enseñarles a los Dos Migueles, para mencionar solamente un ejemplo? (Góngora Cervantes y Unamuno). ¡Me llevé una sorpresa enorme y hasta una leve depresión! Ello, en cuanto a lo que yo sabía entonces y no, en cuanto a los maestros mencionados!
Algunos de mis catedráticos me enseñaron la autocrítica y a aceptarla: el Dr., Lexicógrafo Juan Corominas (QEPD), y el Académico de la Real Academia de la Lengua, en Madrid, Dr. Francisco Ayala, me pusieron en mi lugar, con cariño y consideración y, ahora, Don Francisco me ha alentado para optar a la Academia. Muchos talentos literarios que conozco, han desistido de escribir porque hay tanto genio que ha publicado libros maestros. Los demás somos porfiados, por lo menos yo. Pero la urgencia de escribir persevera y la siento como dormir, comer y otras necesidades naturales. Cuando era estudiante para el Doctorado , hacía tiempo para ir a la biblioteca y probar mi mano en la ficción; mientras pensaba, mis ojos divagaban por la estantería y se posaban en libros de maestros de calidad literaria inaccesible. Me decía, ¿qué estoy haciendo yo, aquí, con pluma y papel? El crítico que llevo en un hombro, en la forma de un mico idiota e impertinente , no me ha dado paz desde que aprendí a escribir. Necesité años para darme cuenta de que la mayoría de los escritores también lo llevan, aunque en diferentes formas. No ayudó para nada que uno de los lectores de mi disertación para el Doctorado, el lexicógrafo Dr. Juan Corominas (QEPD), anciano ya, me dijera "tu memoria está aprobada, aunque estos documentos redundantes son como cambiar huesos de una tumba a otra..." Un gran maestro, de todas maneras, y fue un honor ser uno de sus últimos discípulos. Sin embargo, el mismo catedrático me recomendó "el goce de escribir está en lo que se aprende escribiendo un libro y no necesariamente en su resultado comercial, pues verás tú, Mario, cuánto aprenderás al escribir un libro... "Entonces, me aconsejó dar un paso atrás y pensar en qué temía yo. "Concentráos en los que escribís, por el valor de sí mismo y no en competencia con nadie." Es necesario amar el material que se moldea en la página. Nada ahuyenta más al criticastruelo en el hombro que el autor que ama su trabajo. Los obstáculos externos, como "se me acabó el papel y el que compré no se iguala en color y calidad al que tenía antes; el manuscrito parecerá un camaleón..." "La luz ha cambiado, no veo lo mismo..." "Tengo los ojos irritados, me canso muy pronto ahora..." Y los internos: "me siento totalmente bloqueado...soy un perfeccionista perdido...no podré terminar jamás...la depresión no me deja continuar!" Este es un hiato muy cómodo, parece muy justificado, ¡pero no conduce a nada! El autor debe elegir entre la comodidad y la creación: es así de simple y así de difícil. Es una decisión entre sentarse frente al televisor encendido a "verlo" y no mirarlo, con esa novela pendiente que no deja pensar en nada más. Tal vez debiéramos adherirnos a las normas casi imposibles de escritores tenaces que escribieron miles de páginas. (El Dr. Corominas recopiló un diccionario de mil páginas, por cuarenta años). O quizá no debiéramos escribir textos que no van a ser publicados ni leídos; o, tal vez, debiéramos ser realistas. No podemos convencernos de todo esto, o podríamos escuchar a nuestras imaginaciones, en vez de publicar escritos. También podríamos encarnar voces de personajes y narradores, en voz alta y convertirnos en trovadores medievales. La gente escucha a locos en las calles y plazas, quienes aún se permiten asustar a los vecinos hasta el pánico. Sea como sea, seguiré escribiendo y al diablo con este mono crítico en mi hombro. Perecerá bajo resmas de mis obras.
Debido a que empecé de periodista y aún continúo escribiendo para dos periódicos en Houston y en Miami, además de dos Revistas ("Pensamiento" y "Minerva"), creo tener ojo de periodista y corazón de novelista.
Mis primeras armas las hice en radio, en Santiago de Chile, a los diecisiete años, redactando noticias basadas en el teletipo, donde aprendí que debiera ser conciso y al grano, al redactar. Por la falta de espacio, en el periodismo, cada palabra debe tener su función. Existe una gran conexión entre el periodista y el novelista, pero para mí queda muy claro por qué se confunden los lectores entre ambas prosas. La pregunta que más se hacen es,¿cómo te las arreglaste para separar el periodismo de la ficción? Antes contestaba que no había tanta diferencia, que no existía tanta disparidad. Pero, luego me di cuenta del significado de la palabra "ficción" y de que el periodismo debiera ser "la verdad". Recientemente un reportero de un enorme diario estadounidense, fue sorprendido pasando de la verdad a la ficción, en sus reportajes, sin ser sorprendido por los lectores ni sus jefes. El periodista debe apoyar sus aseveraciones con dos fuentes comprobadas, lo que no obliga al narrador; al contrario, su imaginación puede volar casi sin límite. El reportero debe observar límites de espacio; el novelista, en cambio, puede usar cuantas páginas le permita el editor. Aprendí, por los años de escuchar a gente contestar preguntas, como las personas hablan realmente; cómo la sin taxis y el ritmo del habla individual del hombre, es como una huella digital y que estos detalles pueden ser identificados en una cinta magnética , aun de pésima calidad, porque tales característica son únicas e individuales. Todo periodista sabe una cita perfecta para terminar un artículo o reportaje, que llamamos "envasado". Esto ocurre en la ficción literaria también. Es el parlamento de diálogo que suena como sacado de un discurso o una máxima, en vez de una frase. Por supuesto, la misión de encontrar la noticia es sagrada , para el profesional, y así lo es también su versión que va a las prensas. Muchos colegas dicen, yo incluído, "no podría falsificarlo."En cambio, en la literatura es casi un pecado no hacer una versión de un hecho ocurrido, por muy conocido que sea. No obstante, siento un placer estético enorme al cambiar, en un instante, un nombre conocido por las noticias y trocarlo por uno más literario, según mi opinión. Al crear personajes de pies a cabeza, es necesario hacerlos reales, si ésa es la intención (existe tal cosa como es la Ciencia-Ficción), pero la habilidad del autor sobre crear, disminuye al crecer su versatilidad. El radio de en qué temía yo. "Concentráos en los que escribís, por el valor de sí mismo y no en competencia con nadie." Es necesario amar el material que se moldea en la página. Nada ahuyenta más al criticastruelo en el hombro que el autor que ama su trabajo. Los obstáculos externos, como "se me acabó el papel y el que compré no se iguala en color y calidad al que tenía antes; el manuscrito parecerá un camaleón..." "La luz ha cambiado, no veo lo mismo..." "Tengo los ojos irritados, me canso muy pronto ahora..." Y los internos: "me siento totalmente bloqueado...soy un perfeccionista perdido...no podré terminar jamás...la depresión no me deja continuar!" Este es un hiato muy cómodo, parece muy justificado, ¡pero no conduce a nada! El autor debe elegir entre la comodidad y la creación: es así de simple y así de dificil. Es una decisión entre sentarse frente al televisor encendido a "verlo" y no mirarlo, con esa novela pendiente que no deja pensar en nada más. Tal vez debiéramos adherirnos a las normas casi imposibles de escritores tenaces que escribieron miles de páginas. (El Dr. Coromi nas recopiló un diccionario de mil páginas, por cuarenta años). O quizá no debiéramos escribir textos que no van a ser publicados ni leídos; o, tal vez, debiéramos ser realistas. No podemos convencernos de todo esto, o podríamos escuchar a nuestras imaginaciones, en vez de publicar escritos. También podríamos encarnar voces de personajes y narradores, en voz alta y convertirnos en trovadores medievales. La gente escucha a locos en las calles y plazas, quienes aun se permiten asustar a los vecinos hasta el pánico. Sea como sea, seguiré escribiendo y al diablo con este mono critico en mi hombro. Perecerá bajo resmas de mis obras.
Debido a que empecé de periodista y aún continúo escribiendo para dos periódicos en Houston y en Miami, además de dos Revistas ("Pensamiento" y "Minerva"), creo tener ojo de periodista y corazón de novelista.
Mis primeras armas las hice en radio, en Santiago de Chile, a los diecisiete años, redactando noticias basadas en el teletipo, donde aprendí que debiera ser conciso y al grano, al redactar. Por la falta de espacio, en el periodismo, cada palabra debe tener su función. Existe una gran conexión entre el periodista y el novelista, pero para mí queda muy claro por qué se confunden los lectores entre ambas prosas. La pregunta que más se hacen es,¿cómo te las arreglaste para separar el periodismo de la ficción? Antes contestaba que no había tanta diferencia, que no existía tanta disparidad. Pero, luego me di cuenta del significado de la palabra "ficción" y de que el periodismo debiera ser "la verdad". Recientemente un reportero de un enorme diario estadounidense, fue sorprendido pasando de la verdad a la ficción, en sus reportajes, sin ser sorprendido por los lectores ni sus jefes. El periodista debe apoyar sus aseveraciones con dos fuentes comprobadas, lo que no obliga al narrador; al contrario, su imaginación puede volar casi sin límite. El reportero debe observar límites de espacio; el novelista, en cambio, puede usar cuantas páginas le permita el editor. Aprendí, por los años de escuchar a gente contestar preguntas, como las personas hablan realmente; cómo la sintaxis y el ritmo del habla individual del hombre, es corno una huella digital y que estos detalles pueden ser identificados en una cinta magnética, aun de pésima calidad, porque tales característica son únicas e individuales. Todo periodista sabe una cita perfecta para terminar un artículo o reportaje, que llamamos "envasado". Esto ocurre en la ficción literaria también. Es el parlamento de diálogo que suena como sacado de un discurso o una máxima, en vez de una frase. Por supuesto, la misión de encontrar la noticia es sagrada, para el profesional, y así lo es también su versión que va a las prensas. Muchos colegas dicen, yo incluído, "no podría falsificarlo."En cambio, en la literatura es casi un pecado no hacer una versión de un hecho ocurrido, por muy conocido que sea. No obstante, siento un placer estético enorme al cambiar, en un instante, un nombre conocido por las noticias y trocarlo por uno más literario, según mi opinión. Al crear personajes de pies a cabeza, es necesario hacerlos reales, si ésa es la intención (existe tal cosa como es la Ciencia-Ficción), pero la habilidad del autor sobre crear, disminuye al crecer su verosimilidad. El radio de posibles eventos que ocurran en el argumento, decae al elegir los personajes un camino a seguir, en vez de otro sugerido antes. La mira en los ojos del novelista está al fin de la obra; la ficción es cual la vida, por lo menos, cuando la vida de los personajes es buena. La historia contada, la gente, las personas que rodean a los protagonistas, pueden provenir del periodismo experimentado por algunos de los escritores que lo cultivaron. El escritor desde dentro de sí, aporta la experiencia de sus vastas lecturas, exposición a buenos escritores, asistir a conferencias de escritores sinceros, libros acerca de escribir, una pasión por el texto imaginado.
A manera de corolario, algunos de nosotros los escritores necesitamos echarnos el orgullo al bolsillo, aunque sea sólo por un libro, y escuchar la voz de la experiencia. Recuerden que las eminencias grises que consagran a los escritores jóvenes, son gente mayor y venerable que tiene la buena intención de conservar el idioma puro y nuestra literatura por el mejor camino posible. Que hay política y partidismos para determinar quién es estrella y quién se estrella con la política, ¡sí que la hay! Pero hay talentos que arrasan sobre mareas y esperamos que unos de nuestros lectores lo logre. Asimismo, los invito a escuchar a buenos y desinteresados maestros. La actitud de algunos jóvenes -y viejos, también- de que "a mí no me enseña nadie nada...yo soy escritor nacido y no necesito leer libros porque los escritores se copian entre ellos..."(¿leería un libro, alguna vez?). Además, sería indispensable apretar los ojos y los puños y autocriticarse; releer esa parrafada que echamos en una novela, nada más que para fanfarronear de tanta palabra rara que coleccionamos para impresionar a la familia, amigos y admiradores. Y esto es un ejemplo, nada más. Hagamos un esfuerzo y mandemos aunque sea un aviso informativo de la iglesia, club deportivo o simplemente una carta al director del periódico local. Y si ese empeño se convierte en un inserto semanal, ¡mejor aún! Verán ustedes lo que enseña acerca de escribir un texto y sobre espantar los fantasmas del escritor.
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UN QUIJOTE EN LA COSTA TROPICAL
| Foto tomad de: www.radiosalobrena.com |
Lola Benítez Molina
Málaga
Sus palabras me venían a la memoria con frecuencia. Solía decirme:
-Acabarás como D. Quijote, confundirás fantasía con realidad.
A lo que yo respondía con presteza:
-Mi querido Alex, D. Quijote se hallaba por tierras de La Mancha. Yo me encuentro en la Costa Tropical, concretamente en Almuñécar. Aquí la luz resplandece con fulgor sobre las olas del mar y, aunque el tiempo parezca haber repercutido en mi lucidez, yo me sumerjo en sus aguas, y la belleza de sus playas me recuerda lo vivo que estoy. Mi mente despierta cada día en eterna primavera. Eso no hace sino vivificar los sentidos: el olfato, la vista, el gusto… con sus exquisitos manjares: aguacates, chirimoyas, papayas… Nunca he estado más cuerdo. Mi piel absorbe cada rayo de sol con savia nueva y nutre cada poro con la fragancia del mar.
Aquí, donde los fenicios dejaron su huella, D. Quijote no hubiese perdido el juicio. Con los romanos floreció, como pocos paraísos lo harían, y llegó a tener un importante mercado con salazones de pescado, como demuestran los restos de la factoría “El Majuelo”. Aquél, que la visite, puede comprobar los vestigios y restos de aquella época en pleno corazón de la ciudad. Numerosos restos encontrados abalan el vivir de diferentes pueblos, como los ochocientos años en los que estuvo ocupada por los musulmanes. Sus calles angostas así lo demuestran. Precisamente, decidí establecerme en ella por ser mi permanente fuente de inspiración, como tú, perfectamente, sabes. Cualquier rincón me enlaza con nuestros antepasados y me estimula para seguir con mis escritos, si bien, es cierto que, últimamente, ando algo despistado, no tienes nada que temer mientras nos encontremos bajo su influjo. No obstante, ya que me sacaste el tema, te diré que en esta hermosa tierra, donde a lo largo de su extenso paseo marítimo hay gran cantidad de palmeras milenarias traídas de la propia Cuba y, al igual que en esa maravilla de ciudad que supera todas las fantasías, también los españoles participamos durante años en la producción de caña de azúcar y de melaza, pero debo confesarte que una de esas noches estivales, después de estar un buen rato sentado en el jardín, saboreando un ron elaborado por un buen amigo conocedor de la de la obtención de dicha bebida, tuve un sueño, que si no llega a ser por hallarme a donde el sabio destino supo enviarme, pues te diría que el desaliento y el pánico se apoderaron de mí, y no fue precisamente por no encontrar a mi bella Dulcinea, sino por el desasosiego que dicho sueño me produjo. Lo cierto es que aquellos momentos los viví como ahora mismo te relato. Dirás que fue el ron, pero escucha y verás que no fue así. Momentos antes había revisado mis viejas novelas, ya olvidadas y tuve una extraña sensación. Creí ver en breves segundos, como ahora mismo te veo a ti, a todos aquellos personajes que yo mismo había creado, y lo curioso es que las letras se volvieron contra mí. Sentía que las hojas, que en su tiempo fueron escritas con la mayor pasión que una persona pone, cuando se siente creadora, se constituían en verdaderos muros blancos que pedían clemencia, para que alguien como yo tuviese piedad y arrojase sobre ellas el color y la luminosidad de que estaban necesitadas. Las veía indefensas. Incluso, derramé lágrimas de dolor, cuando uno de aquellos limpios muros había sido manchado con mis torpes manos, que dejaron derramar la tinta sobre él.
Las letras danzaban por la habitación y no renunciaban a su libertad, por más que yo intentase apresarlas y devolverlas al papel. Las perseguía, incluso, alguna llegó a posarse sobre la hoja, pero ni siquiera la sumisa máquina de escribir, que durante tantos años había sido mi compañera infatigable, quería ofrecerme su ayuda. ¿Qué podía hacer? Las letras deambulaban sin punto fijo, me seducían y me embelesaban. Les pedí suplicante que no abandonaran el papel, que me permitiesen participar de su juego y que, a la vez, me ayudasen a componer algo, por insignificante que fuese, pero no se dejaron convencer. Su orgullo y presunción me derrotaban; sabían que yo, sin ellas, no era nada. Realizaron extraños juegos, como los que las tribus africanas hacían con sus víctimas momentos antes de ser sacrificadas, y de los que yo era protagonista. Estaban en su perfecto derecho de martirizarme. Por un momento, pensé que ese sería mi final. Reprodujeron, en breves instantes, todo cuanto yo había escrito y me hicieron comprender que eran ellas las que hasta entonces se habían prestado a ayudarme. Seguidamente, comencé a escribir y a pronunciar frases, impulsado por un leve temblor, cuyo significado desconocía.
El haber pasado tantas horas de mi vida frente al papel y verme así tratado me afligía. Estaba realmente consternado y extenuado.
Las palabras fluyeron atropelladamente:
“Castillos de fuego enaltecen todo mi ser; percibo una vaga sombra, apenas de dulce melodía, cuando, sin quererlo, me sumerjo en el fondo de tus ojos. Sé que estáis ahí para que mis palabras os envuelvan, y que vosotras resistís”.
“¡Oh, estrella iracunda que desgarras una válvula llameante y desnudas mis pensamientos! ¿No ves que las plumas de sangre me sobresaltan del sueño en el que ahora me tienes?”.
“Tierra yerma, aviva con mis gritos esa esperanza que una vez ahogaste con el clamor de tus quejas. Algún día renaceré y, entonces, la antorcha que generas caerá como el pájaro cautivo con su propia guirnalda de fuego”.
Asustado por mi nuevo estilo y lo acaecido, decidí quemar los libros. Las palabras resisten agonizantes.
Nota: Premio finalista del 1er. CERTAMEN NACIONAL DE MICRORRELATO. RELATO Y POESÍA. Organizado por "PROYECTO NACIONAL DE CULTURA GRANADA COSTA."
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