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martes, 14 de febrero de 2017

EL EMBRUJO DEL AMOR


Foto de: laalcazaba.org


Lola Benítez Molina
Málaga (España)

Según podemos leer en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, “amor es ese sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. Efectivamente, ese sentimiento vehemente, vivo y profundo, que posee cada persona, es único, aunque conlleve distintas connotaciones respecto a quién o a quiénes va dirigido. Asimismo, dice Santa Teresa de Calcuta que “el amor es el único lenguaje que todos entendemos”, pero, por desgracia, en todas las épocas, incluida la presente, un sinnúmero de personas no comprende ni siquiera superficialmente dicho idioma universal.
Es evidente que mucho se ha escrito sobre el amor, noble sentimiento, como ya expresé, que nos hace divagar por los entresijos de lo onírico, para despertar los más sublimes anhelos. Palpitaciones encendidas que alientan los sentidos y ensalzan la belleza de todo cuanto tocan con su sutil fragancia. Vehemente fuego de pasiones encendidas, exaltadas, sublime goce, que con tan solo una mirada alumbra los corazones.
¿Cuántas veces la luna ha sido carabina expectante de tal alucinación, de amores imposibles, de encuentros furtivos? ¿Por qué los amores inalcanzables suscitan tanta agonía y servidumbre, donde los ríos de tinta de los poetas se derraman igual que cascadas de lágrimas?
¿Qué embrujo despliega para que todos los poetas lo ensalcen o giman ante la innegable pérdida?
Sólo San Valentín conoce la primera palabra secreta, que en los corazones aviva refulgente. Susurros que el viento lleva a su antojo y, que de nuevo, vuelve a renacer cuando el alma más desprevenida se halla, para llevarla al más recóndito infinito.
El sol resplandece en eterna primavera y a hurtadillas las estrellas contemplan su grandeza.
“El afán constante de todos los enamorados, refiere Octavio Paz, y el tema de nuestros grandes poetas y novelistas ha sido siempre el mismo: la búsqueda del reconocimiento de la persona querida. El reconocimiento aspira a la reciprocidad, pero es independiente de ella. Es una apuesta que nadie está seguro de ganar porque es una apuesta que depende de la libertad del otro. El origen del amor es la búsqueda de la reciprocidad libremente otorgada. La paradoja del amor único reside en el misterio de la persona que, sin saber nunca exactamente la razón, se siente invenciblemente atraída por otra persona, con exclusión de las demás. El amor es, pues, atracción involuntaria hacia una persona y voluntaria aceptación de esa atracción”.
Obviamente, el amor es el motor de la vida, de cada persona, de cada acción, de cada paso... Si este motor dejara de funcionar, que no lo hará nunca, la raza humana perdería su razón de ser, de existir, es decir, la vida sin amor no tendría sentido alguno. Por consiguiente, ésta se marchitaría como cualquier flor. “Un hombre sin amor, manifiesta Carlos Benítez Villodres, es un cadáver que muere a cada paso”, pues tengamos siempre presente que el amor es ese manantial de energía vital que nos permite seguir viviendo. Y, ciertamente, el mundo sin amor caminaría, por la misma causa, hacia su total desaparición.

Feliz Día de los Enamorados


miércoles, 1 de febrero de 2017

Bienvenidos a Pensamiento


Costumbres del Ayer en Trinidad



René  León

  Se lo juro a Uds. Que en Trinidad las costumbres e historias, nadie se las puede imaginar allá por el 1800 en adelante. Como es natural en este caso, sólo los sinvergüenzas se sabían aprovechar de ellas, en especial los delincuentes. Porque en el caso de los esclavos es diferente. Pero vayamos a la historia.
  Se cuenta que la ermita de la Santa Cruz de la Piedad, que se encontraba en las afueras de Trinidad, cerca del rió Tayaba, había una ermita, en realidad en aquellos tiempos llamaban ermita a una construcción que se estaba cayendo, por la falta de cuidado. Yo no sé de donde salió como dice la historia un Fraile trinitario, que se llamaba Nazario o Domingo, eso no viene al caso. Se le ocurrió poner sobre una piedra, una cruz de “guayacán” (árbol de madera dura y resistente. De la extracción del guayaco es usado para medicina como sudorífico). Se le puso el nombre de la Piedad, porque cuanto delincuente se abrazaba y arrodillaba delante de la cruz, y pedía perdón  lo obtenía. (Si fuera hoy en día la cola fuera de “madre”).
  Sigamos con la historia. En el caso de los esclavos prófugos era diferente. Sabe Dios cuanto habían pasado con sus dueños. Fueron tantos los que iban a pedir perdón, que se levantó una cobija de guano, que era cuidada por dos morenos libres ya ancianos, llamados uno Melchor y el otro Bartolomé. Cerca de allí se encontraba la fábrica de la “bomba” de agua que surtía del precioso liquido a Trinidad, y decían que era beneficiosa para la salud. (Si pudiera conseguir unos cuantos galoncitos de agua me vendrían muy bien, yo me conformaría que me creciera el pelo). La ermita fue destruida por un incendio. Como eran las cosas en aquellos tiempos. Las campanas que tenía la ermita fueron llevadas prestadas por petición del Gobernador de la ciudad, Francisco Gutiérrez de Rivera para que sirvieran de reloj a la ciudad. Total que las campanas no volvieron más para la ermita, y esto pasaba en 1753. En 1785 se pidió retornar las campanas. Se reunió el cabildo, y juraron por cuanto santo ellos conocían que sería devuelta a la ermita. Según tengo entendido tuvieron que fabricar tres cencerros grandes en sustitución de las campanas.

  Todos los años se celebraban las Romerías de la Cruz de la Piedad, cientos de personas participaban de los alrededores; si eso fuera hoy en día, se llenaba aquello de violadores de taxes y de promesas para el pueblo. Pues bien, arrodillados ante la cruz, los delincuentes se arrepentían de sus delitos. Cerca de allí corría el río, y temprano en la mañana las lavanderas se dirigían a lavar las ropas, eran cuidadas por un vigilante o cuidador como eran llamados. Como son las cosas de la vida, ayer como hoy. Fue decayendo el entusiasmo por las actividades en la ermita por 1830, y se dejó al cuidado de la ermita al moreno Manuel Zerquera.

LA AFANOSA VIDA del ASESINO de TROTSKY, ASESOR ACCIDENTAL de FIDEL CASTRO, y PARIENTE COLATERAL POR AFINIDAD - EN CUARTO GRADO- DEL CINEASTA ITALIANO VITTORIO DE SICA


Por Roberto Soto Santana
Nacido en Barcelona el 7 de febrero de 1913. Hijo del industrial catalán Pau (Pablo) Mercader Marina y de la militante anarquista y comunista Caridad del Río Hernández. Sus padres se separaron en 1929. Una de sus primas, la actriz María Asunción Mercader Forcada (de nombre artístico María Mercader), nacida igualmente en Barcelona, tuvo una larga vida (6 de marzo de 1918 a 26 de enero de 2011) durante la cual se convirtió en la segunda esposa del actor y director cinematográfico Vittorio De Sica, con quien contrajo matrimonio en México en 1959, quienes a su vez procrearon al actor, director y guionista Christian De Sica y al compositor Manuel De Sica.
Según su pariente lejana, la autora española Nuria Amat, "Era un psicópata y un manipulador…En la familia jamás se hablaba de Ramón. Era una mácula tremenda en una familia catalanista de la Lliga, culta e ilustrada…[Era] un psicópata sin conciencia, un hábil manipulador que utilizaba a las mujeres sin escrúpulos [fingió amar a Sylvia Agelof para que le acercará a Trotsky], de una disciplina y una obediencia ciega al Partido, hasta el punto de que renunció a escapar de la cárcel y cumplir completa su condena de 20 años.”
Pero el asesino que entró en la prisión mexicana de Lecumberri (tras el juicio en el que fue condenado a dos décadas de privación de libertad y a indemnizar a la viuda de Trotsky, Natalia Sedova, con 7,500 pesos) no lo hizo con su identidad verdadera de Ramón Mercader, sino la de un imaginario periodista belga, Jacques Mornard, entregando a la policía mexicana una declaración mecanografiada, en francés, en la que afirmaba haber sido “un devoto adepto de León Trotsky”, cuyo
trato «constituyó “un gran desencanto (...). Me encontré ante un hombre que no deseaba más que satisfacer sus deseos de venganza (...). Me propuso ir a Rusia con el fin de organizar allí una serie de atentados contra diferentes personas y en primer lugar contra Stalin (...). Desde ese momento no subsistió ya alguna duda en mi ánimo de que Trotsky no tenía otro objetivo en su vida que el de servirse de sus partidarios para satisfacer sus fines personales mezquinos (...). Decidí sacrificarme totalmente, quitando de en medio a un jefe del movimiento obrero que no hace más que perjudicarlo».
A pesar de los maltratos físicos y psicológicos padecidos en los seis primeros años de encarcelamiento, continuó sosteniendo que era Jacques Mornard Vanderdresch, belga nacido en Teherán (entonces Persia, hoy Irán) en febrero de 1904, cuando su padre estuvo destinado en ese país. Que había comprado en París, en el mercado negro, un pasaporte canadiense a nombre de Frank Jackson para poder viajar a Estados Unidos, y que había matado a Trotsky sólo porque había defraudado las expectativas que había generado en él su ideología.
No fue sino en 1950 cuando se desveló su verdadera identidad, “gracias al criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón, uno de los expertos mexicanos que lo trataron. Éste localizó, durante un viaje a Barcelona, la ficha policial de su detención en 1935 por asistir a una reunión clandestina para reorganizar las juventudes del Partido Comunista de Cataluña.” 
Durante su permanencia en prisión, Mercader estableció una relación sentimental con una bailarina folclórica, Roquelia Mendoza, con quien se casó y compartió el resto de su vida, y quien era hija de la cocinera que tras su entrada en prisión contrató para atenderle el servicio espionaje soviético.
Cumplida su condena en 1960, Mercader es puesto en libertad y se traslada a vivir sucesivamente en Cuba, en Checoslovaquia y finalmente en la Unión Soviética, donde recibe la Medalla de Héroe de la URSS y la Orden de Stalin. 
En la URSS, el 9 de mayo de 1964, sus compañeros de la KGB (el Comité de Seguridad del Estado, es decir, el servicio de espionaje soviético) le rinden un homenaje en privado, ocasión en la que le entregan un reloj de pulsera, como regalo de despedida. Unas semanas más tarde, cae enfermo y se le diagnostica cáncer de pulmón. A partir de este episodio de su andadura vital, viaja repetidamente entre Moscú y  La Habana.
Según dice la fuente citada en la revista argentina Clarín,  “El cáncer ha ido minando su cuerpo y son semanales las visitas al hospital cubano…No existe ningún diagnóstico exacto de los últimos años de vida de Mercader a pesar de ser atendido en las mejores clínicas moscovitas y por la mejor clínica de La Habana. Corre la sospecha de que Mercader fue envenenado antes de salir de Rusia. El temido veneno colocado, en esta ocasión, en un reloj de pulsera. Nadie quiere ni puede certificarlo. Pero todos dudan. Nadie se atreve a hablar claramente.”
Ramón Mercader falleció en La Habana el 19 de octubre de 1978.
El recorrido de su existencia es otro caso paradigmático del fanatismo ideológico invocado como justificante del crimen de asesinato, en nada diferente, en sus raíces, al actual yihadismo o a las demás manifestaciones monstruosas históricamente ocurridas y englobadas en el concepto de terrorismo.

Bibliografía:
-Existe un abundoso apunte biográfico sobre Ramón Mercader en el sitio digital de la revista argentina Clarín, http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/historia/Ramon-Mercader-Leon-Trotsky_0_1089491059.html 
-En el semanario español EL CULTURAL, suplemento del diario EL MUNDO, en el sitio http://www.elcultural.com/noticias/buenos-dias/Nuria-Amat/2362, se pueden ver las declaraciones –en un reportaje fechado el 17 de noviembre de 2011- de la laureada escritora catalana. 
-Sobre la declaración de Ramón Mercader entregada a la justicia mexicana, véase el sitio http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2007/396/1177695863.html .

Algunas de las cartas de José Martí a Rosario de la Peña.

Retrato de Martí tomado en México, 1876.
Retrato de Martí tomado en México, 1876. Una copia dedicada a Manuel Mercado dice: A Manuel Mercado espíritu completo, - su hermano agradecido José Martí Mex. 76. Otra copia dedicada a Rosario de la Peña: Rosario La lealísima amiga, - su amigo cariñoso. José Martí Mex. 76.- Y una tercera copia con la tercera dedicatoria: A Gerardo Silva, que me hace tener fe en México. Su amigo muy amable, José Martí
                           
Rosario de la Peña y Llerena (1847-1924)
            
Fuente: http://www.damisela.com/literatura/pais/cuba/autores/marti/epistolario/rosario/index.htm



[México, 1875]
Rosario:

No he de malgastar en reflexiones frías el tiempo en que estoy pensando en ver a Vd. -Estoy en el Congreso; debía estar escribiendo la crónica de la sesión, y me pongo a escribir -no pensamientos que ahora no tengo -sino mi necesidad de que pasen las horas que me separan todavía de Vd.

Mañana no sentiré tal vez esta prisa; pero hoy la siento y la escribo.

¿Por qué no tuve yo la libertad de hablar mucho con Vd. ayer, no en la puerta y ante todos y ante la misma luz que amo tanto y que me incomodaba ayer? Vivía yo ayer un instante al lado de Vd. Muy dulces alegrías tuve, muy íntimos e inolvidables agradecimientos que mis labios hubieran querido concluir en las manos de Vd. -Pero Ramírez me está haciendo mucho daño hoy.

Y hablan ahora de presupuestos y de muebles -he aquí muchos disgustos de la vida.

J. Martí



[México, 1875]

Rosario: Si pienso en Vd., ¿por qué he de negarme a mi mismo que pienso? Hay un mal tan grave como el de precipitar la naturaleza; es contenerla. A Vd. se van mis pensamientos ahora; no quiero yo apartarlos de Vd.

He dejado en Vd. una impresión de tristeza; yo amo con una especie de superstición todos los últimos instantes y me irrito conmigo mismo cuando en cada adiós mío digo menos de lo que quisiera decir con él mi alma. Y sin embargo, Rosario, tengo en mí esa paz suave y satisfecha que se llama contento. A nadie perdoné yo nunca lo que perdono yo a Vd.; a nadie he querido yo tanto, como quisiera yo querer a Vd.

Rosario, me parece que están despertándose en mí muy inefables ternuras; me parece que podré yo amar sin arrepentimiento y sin vergüenza; me parece que voy a hallar una alma pudorosa, entusiasta, leal, con todas las ternuras de mujer, y toda la alteza de mujer mía. Mía, Rosario. Mujer mía es más que mujer común.

Tiene un alma de mujer enamorada muy bellos embarazos, muy suspicaces precauciones, encantadoras reservas, puerilidades exquisitas. Y ¿a qué... las inconstancias y desfallecimientos de este espíritu mío, tan enamorado de la luz que todo lo necesita para sus amores sin mancha y sin tinieblas? Rosario, -Rosario, yo he empezado a amar ya en sus ojos un candor que en tanto grado vino en ellos, que ni Vd. misma sospecha que todavía vive en Vd. en tanto grado...

José Martí



[México, 1875]
Rosario:

Decía yo anoche la verdad. Tristezas como sombras me anonadan a veces y me envuelven. Y tienen estas pequeñeces tan real grandeza, y crezco yo en ellas tanto y me muevo yo tan bien, que -aunque yo no soy más que una perenne angustia de mí mismo- todavía tengo una extraña sonrisa para mis locos dolores, y pensamientos de cariño para estas invencibles tristezas que me envuelven.

Parece que debía yo contestar a Vd. ahora sus letras de Vd. De tal manera estoy yo ahora envuelto en pena, que, aun creyéndolo yo verdad, sería mentira cuanto dijese a Vd. de esto. Una vez más ha querido Vd. contener su corazón enfrente de mí; más me hubiera dicho Vd. que lo que en sus letras me dice; pero yo sí que las amo como son, y las amo más cada vez que las veo, y pocas y cortas, todavía perdono a Vd. a despecho de mi exigente voluntad, y en esas letras pudorosas o calculadamente frías, gozo y leo y amo al fin.

Amo en las letras que Vd. escribe. Esto podría llegar a ser principio de toda una plenitud en el amor.

Amar en mí, -y vierto aquí toda la creencia de mi espíritu- es cosa tan vigorosa, y tan absoluta, y tan extra-terrena, y tan hermosa, y tan alta, que en cuanto en la tierra estrechísima se mueve no ha hallado en donde ponerse entero todavía. Probablemente amarguísimo dolor -se habrá ido de la tierra sin completarse y sin ponerse. Angustia esto, de sentirse vivísimo y repleto de ternuras y de delicadezas inmortales, y de gemir horas enteras, -sin que mi alma me permita el derecho de exhalar gemidos, en esta atmósfera tibia, en esta pequeñez insoportable, en esta igualdad monótona, en esta vida medida, en este vacío de mis amores que sobre el cuerpo me pesa, y que a el lo abruma, y a mí dentro de el me sofoca perennemente y me oprime. Enfermedad de vivir: de esta enfermedad se murió Acuña.

Rosario, despiérteme Vd., no como a el, disculpable en alteza de alma, pero débil al fin e indigna de mí. Porque vivir es carga, por eso vivo; porque vivir es sufrimiento; por eso vivo: -vivo, porque yo he de ser más fuerte que todo obstáculo y todo valor.

Pero despiérteme Vd. a la agitación, a la exaltación, a las actividades, a las esperanzas, a todo cuanto pudiera hacerme posible la excusa y el olvido de la vida.

No hay inmodestia en las supremas angustias de mi espíritu. Rosario, vivo en ellas, y cuando yo hubiera vencido todas las miserias que me agobian, sufriría yo mucho, Rosario, sufriría yo siempre de estos mis nobles dolores de no hallar vida y de vivir.

Esfuércese Vd.; vénzame. Yo necesito encontrar ante mi alma una explicación, un deseo; un motivo justo, una disculpa noble de mi vida.

De cuantas vi, nadie más que Vd. podría. Y hace cuatro o seis días que tengo frío.

José Martí



La relación entre José Martí y Rosario de la Peña por María Luisa Domínguez en “Los Amores de Martí” de La Prensa, San Antonio, Texas, 17 de octubre de 1948, y como aparece en el “Archivo José Martí” Tomo IV, 1949, de las Publicaciones del Ministerio de Educación, Dirección de Cultura, La Habana, Cuba, 1950, páginas 477-479:

...“El clima del país es también romántico; las jóvenes llevan rizos lánguidos, está muy de moda la extremada palidez, el suspiro, el abanico, los amores imposibles y los desmayos... La palabra más linda y corriente es, ¡Ay! Como si fuera poco, la ciudad ha sido conmovida hace un año por la muerte de un poeta exquisito y muy sensible: Manuel Acuña, que se ha suicidado por el amor imposible de una mujer. Esta musa romántica se llama Rosario de la Peña, aunque todos la conocen ya por este otro nombre: Rosario, la de Acuña. Se cantan con acompañamiento musical y muy triste aquellos versos "Pues bien, yo necesito - decirte que te adoro". Todas las niñas de la ciudad lamentan no haber conocido aquella capacidad sensible del poeta muerto, por­que se hubieran apresurado a colmarla. "Aquel hondo abismo - abierto entre los dos" - ha sido cavado indudablemente por la musa insensible. Y media ciudad se indigna contra ella. Pepe Martí -que profesa ideales quijotescos- se pronuncia a favor de Rosario, ni más ni menos que el Caballero Andante cuando defiende a Marcela, porque todos le imputan la muerte del desdichado Crisóstomo. En el Liceo Hidalgo -punto central de las tertulias y discusio­nes literarias- hay dos bandos: uno en contra de la muchacha y otro a favor. Martí integra el segundo. Quien sueña con ideas de libertad profunda, reco­noce la más alta de todas: la del sentimiento. Rosario no podía amar al triste Acuña ni aunque le inspirase lástima, pues al corazón no se le manda. La cuestión, que se hace nacional y luego continental, crea en torno de la insen­sible una aureola de fatalidad que enamora a todos los hombres y que indigna a las mujeres. Muchos quieren, atraídos por lo más difícil, transir aquel corazón indiferente... Rosario luce su altiva belleza melancólica por el paseo de la Alameda y tiene muchos amigos literatos.

“Por las noches, recibe en su salón a una pléyade interesante. Y su álbum aumenta día a día en adhesiones floridas que se expresan fervorosamente.

“Un caballero muy ilustre -enamorado de ella- a pesar de su reciente viudez, firma en aquel álbum una especie de convocatoria romántica a los poetas para que esparzan "a los pies de la diosa incienso y flores".

“Una noche, el enlutado Martí, con sus ojos brillantes de pasión humana y su rostro pálido y serio, llega a la tertulia de Rosario de la Peña. Es una casa más que le abre sus puertas como demostración de la exquisita hospitalidad mexicana. Y el joven que ha confesado "un alma en el vacío", escribe en el álbum de la Musa:

En ti pensaba, en tus cabellos
Que el mundo de la sombra envidiaría.
Y puse un punto de mi vida en ellos
Y quise yo soñar que tú eras mía.

“Es bien explícito. Su naturaleza ardiente, su destino que siempre le lleva a buscar lo más difícil, sueñan con el amor de Rosario. Y ella sonríe halagada por la pasión fulminante del cubanito que le es muy simpático. El cual semanas más tarde le dedica por la prosa, al anotar en el mismo álbum: "Soy ex­cesivamente pobre, y rico en vigor y afán de amar".

“Rosario da esperanzas al proscripto; le seducen su historia, su carácter, su inteligencia, que tiene expresiones distintas de las que ella conoce. Y lo admite a conversar casi todas las noches de tertulia, con mucha predilección.

“Su amor lo vuelve muy elocuente y participa en una fogosa controversia que tiene lugar en el Liceo Hidalgo, sobre materialismo y espiritismo. El se­reno Martí, que no cuenta sino veintidós años, afirma: "Yo estoy entre el materialismo, que es la exageración de la materia, y el espiritismo, que es la exageración del espíritu". En el clima romántico, partidario de todas las exageraciones, aquella posición de equilibrio llama poderosamente la atención; la discuten; la admiten con reservas o la aplauden con fervor.

“Rosario está orgullosa de Martí; pero no le corresponde de la manera que él anhela. Uno de los adoradores de Rosario se burla de su amor. La fogosidad del muchacho no convence a la musa que por experiencia teme y huye de las exageraciones del sentimiento. Y hay muchos términos contradictorios en el joven que por un lado escribe: "Mía, Rosario. Mujer mía es más que mujer común"; y por otro confiesa "tan enamorado de la luz que toda la necesita para sus amores sin mancha y sin tinieblas".

“Martí pone en su amor el mismo acento de misticismo que llevará a sus convicciones políticas y a su vida de acción. No es un romántico galanteador de tertulia. Y tiene el carácter desconcertante y variable; ya se entrega a la melancolía, ya a la jovialidad.

“Escribe a Rosario: "Amar en mí -y vierto aquí toda la creencia de un espíritu- es cosa vigorosa ... que en cuanto en la tierra estrechísima se mueve no ha hallado en donde ponerse entera todavía... Angustia esto de sentirse vivísimo y repleto de ternuras, en esta atmósfera tibia, en esta pequeña inso­portable, en esta igualdad monótona, en esta vida medida, en este vacío de mis amores que sobre el cuerpo me pesa. Enfermedad de vivir: de esta, enfer­medad se murió Acuña. Rosario, despiérteme usted, porque vivir es cama, por eso vivo; porque vivir es sufrimiento, por eso vivo; por que yo he de ser más fuerte que todo obstáculo y que todo dolor. Esfuércese usted; vén­zame. Yo necesito encontrar en mi alma una explicación, un deseo, un motivo justo, una noble disculpa de mi vida. De cuantas vi, nadie más que usted podría. Y hace cuatro o seis días que tengo frío".

“Rosario no tiene valor para sostener aquella alma caudal; muy distinta de la de Acuña y que la arrastraría con su propia fuerza. Es un alma sedienta del altísimo ideal, que no puede ser alentada por la musa romántica.

“Ella la teme y la evita. Por eso Martí escribe un hermoso poema que se llama "Sin amores", y que lamenta:

"Oh, pobre ánima mía
Quemada al fuego de su propio día".”...



“PREGÓN DE NAVIDAD *

   
                                                          Por: Leonora Acuña de Marmolejo

                                               Regalando perdón y comprensión
                                          vayamos por el mundo con amor,
                                          y cual la suave brisa en su rumor,
                                          demos acariciante compasión.

                                               A la palabra AMOR demos sentido,
                                          y sentido a la vida -que al nacer
                                          JESÚS- tornóla en un reverdecer
                                          do su divino corazón es nido,

                                               de arrullos y de tiernas esperanzas.
                                          ¡Que suenen hoy campanas por perdón,
                                          por justicia y por paz, que es NAVIDAD!

                                               ¡Aleluya!, ¡cantemos por bonanzas
                                          para todos, y que éste sea el pregón
                                          para izar la bandera de igualdad!

                             
                                * Poema tomado del libro “HORAS ILUMINADAS”

Los Chinos en Cuba

Tomada de: The American Magazine

Por: René León
        Conferencia Noviembre 12 de 1995
        William Patterson University, NJ


La trata fue oficialmente abolida en 1820, pero en Cuba se siguió con el comercio de negros esclavos sin disminuir su entrada en la isla. En 1835 se suscribe un nuevo tratado con Inglaterra, pero los negreros españoles y cubanos, siguieron con su negocio. La azúcar se seguía produciendo sin problemas, pero a partir de 1840 a 1844 se confrontan problemas con la entrada de los barcos negreros y la persecución por parte de Inglaterra. El temor a una sublevación negra, parecida a la de Haití. Se decía en aquellos años que Cuba seria española o africana. En el año de 1843 un grupo de cubanos influyentes y dueños de ingenios y cafetales se reúnen y llegan al acuerdo de dirigirse al gobernador para pedir la supresión de la esclavitud, entre ellos estaban: Domingo Aldama, su hijo Manuel, su  yerno José Luis Alfonso, Alfonso y Pepe O'Farill, junto con Gaspar Betancourt Cisneros y otros. Pero al saberlo el gobernador, amenazó a los antes citados, porque él apoyaba a los grupos que estaban a favor de la  esclavitud, que eran hombres influyentes.
Se pensó en traer inmigración blanca de España para trabajar en los campos, pero la idea no dio el resultado esperado. Lo que hace que los comerciantes busquen la entrada de los "Culies Chino" como se les llamó. La sublevación de negros en Matanzas, de la dotación del ingenio "Alcancía", en 1843. Después las dotaciones de los ingenios "Triunvirato" y "Acana", que pertenecía a la familia de los Aldama El gobernador O'Donnell aprovecha la oportunidad para incluir entre los sospechosos a negros libres y libertos, que tenían propiedades y educación. Las autoridades habían culpado al cónsul británico, David Tumbull y al doctor Richard Robert Madden, que habían inspirado todas estas sublevaciones contra la corona española. Al momento de producirse la prisión de la mayoría de los negros libres de  La Habana y Matanzas, estos funcionarios ya habían abandonado la isla.
  La Real Junta de Fomento fue convocada por el gobernador O’Donnell, los días 29 de febrero y 7 de marzo de 1844, para oir las propuestas de fomentar l a  población blanca de traer braceros, en especial peninsulares contratados. La idea fue aprobada por la Junta, donde se contemplaba la inmigración por contrato. Los contratados debían comprometerse a trabajar por tres años, por un salario  de 4 pesos mensuales sólo al terminar esos años, podían ser libres siempre y cuando pagaran la  mitad  del costó del pasaje  y todo lo que se les  había  dado.

En el siglo XIX comenzaron a llegar los primeros chinos a la ciudad de La Habana. En 1847 se estableció un tráfico entre Macao y la ciudad-puerto de Amoy, con el puerto de La Habana que alcanzó grandes proporciones. La razón histórica de que dicho intercambio comercial se originára en los dos lugares - distante uno del otro- y que entraron en relaciones comerciales. Fue primero, que fue siempre un tráfico legal; segundo, de carácter típicamente capitalista.
En la Habana se hacía sentir la falta de mano de obra esclava, ya que la trata negrera había decaído un 85 por ciento de su volumen, y muchos negros esclavos habían alcanzado
 la libertad al expirar su tiempo que habla sido fijado en 12 años. por Real Cédula de 1838. Por tal razón los ricos comerciantes habaneros buscaban otros lugares del  mundo de donde extraer mano de obra barata y la oportunidad se les brindó  en  Amoy.
En este lejano lugar del continente asiático se había producido un levantamiento popular contra los señores feudales de la zona, la rebelión había fracasado y las cárceles políticas estaban  atestadas de rebeldes. Un comerciante español Julián Zulueta entró en contacto con altos funcionarios de la dinastía de Fukién y le prometió pagar  un buen precio por cada recluso de guerra que le vendieran bajo contrato firmado. El trató se llevó de hecho y prontamente comenzaron a despacharse hacia La Habana los primeros cargamentos de chinos vendidos al gobierno español de Cuba bajo contrato. Se les prometió a los reclusos que serían llevados hacia las Filipinas y que se le pagaría un sueldo mensual de 8 pesos. Esta cantidad era considerada una fortuna en China, pero no resultaba así en América, y el engaño fue descubierto por dichos contratados poco después de haber comenzado sus labores como obreros agrícolas en suelo cubano.
  Julían Zulueta era un rico hacendado que entraba en todo tipo de negocio sucio, y se prestaba a la corrupción administrativa de la colonia. Compraba negros e indios yucatecos, para luego venderlos como esclavos. Había abierto una oficina en Londres, donde tenía a un familiar suyo como encargado. En 1846 la Comisión de Población Blanca de la Junta de Fomento, que era presidida por el conde de Cañongo, célebre negrero, aprobó en 1846 un proyecto presentado por Zulueta, para introducir chinos contratados, que serían traídos a La Habana, desde Amoy. La Junta se había comprometido en pagar a Zulueta la suma de 170 pesos en efectivo por cabeza. Todos estos  acuerdos fueron aprobados por Real.Orden de 3 de julio de 1847. En Manila, la compañía que se encargó de conseguir los chinos y los barcos era Matía Menchacatore. Los Gontratos se firmaron en Amoy el 24 de enero de 1847.
Los primeros chinos que llegaron al puerto de La Habana, vinieron en la fragata española "Oquendo" con una "cargazón" de 206 chinos, siendo los primeros que llegaron a Cuba. Días más tarde llegaba la fragata inglesa "Duke of Argyle' con 261 chinos. Según las informaciones de la época, llegaron enfermos, flacos y casi moribundos. Días después llegaba el "Delfín". Siendo estos una pequeña parte de los complotados contra los señores feudales de la dinastía de Fukién. Estos conspiradores eran dirigidos por un monje taoísta conocido por Jung Shui Shuan, el cual era el jefe del grupo llamado 'Taipins" que queria decir: “Reina  de la  Paz”.
Cuando llegaban al puerto de La Habana, eran llevados al barracón de la Junta, que era el depósito de los negros cimarrones, y servía para dejar a los canarios que llegaban como colonos a Cuba. Se separaba a los chinos en lotes de diez con un cabecilla. La primera venta se hizo al precio de 100 pesos, la pérdida era absorvida por la junta. Los primeros compradores fueron los hacendados; don Urbano Feijoo Sotomayor, que era contratista de obras, después los revendió a otras personas. La compañía de ferrocarril también compró. Los hacendados Pedro y Fernando Diago, Manuel Pastor, Luis Mariátegui, Julian Zulueta, Miguel Castañón, el marqués de la Cañada de Tirry y otros.
 Entre los años de 1847 y 1865 llegaron por el puerto de La Habana cerca de 75,000 chinos. El Consejo Económico Azucarero presidido por el conde Cañongo, cuyo palacio nobiliario estaba muy cerca de la Catedral de La Habana era el encargado de distribuir a los chinos entre los colonos españoles para su ubicación en las propiedades cañeras de la ciudad y de otras ciudades del Occidente de Cuba. La información disponible corresponde a las noticias publicadas en el Boletín de la Colonización durante los años de 1873- 1874, siendo los más completos. En él no aparecen las cifras de chinos que llegaron anteriormente al 1847, ni de los "californianos" como se les llamaba a los venidos de Estados Unidos, después de terminada la fiebre del oro. Aparecen también en este cuadro estadístico los muertos durante la  travesía

Año Cantidad Muertos en Travesía Vendidos en La Habana
1855 3.130   145 2.985
1856 6.152   1.084 4.968
1857 10.116   1.575 8.547
1858 16.414   3.019 13.385
1859 8.549   1.345 7.204
1860 7.204   1.011 6.193
1861 7.252   279   6.973
1862 356           12         344
1863 1.045   93         952
1864 2.664   511         2.153
1865 6.794   394 6.400

En los censos de población efectuados en 1861, 1877, 1899 y uno parcial, empadronamiento de 1872, se hace mención de la población china, como asíatica, que era entonces como se les llamaba. El censo de 1861 registra 34,828. En el empadronamiento de 1872, registra 58,400. El censo de 1877 registra 48,835.  En el de 1899 aparecen sólo 14,565 varones y 49 hembras. Estos eran los sobrevivientes de los 148,000 chinos que desembarcaron en  Cuba hasta el 1874.
  Pero no todos los cargamentos de infelices llegaron a puerto cubano, algunos bergantínes españoles y extranjeros se perdieron en alta mar a la  altura de las Filipinas, naufragando algunas veces, otras veces asaltado por los piratas del mar de la China, para ser vendidos como esclavos, y otras veces desapareciendo por incendios provocados por los propios infelices chinos que se amotinaban en alta mar. El caso más conocido y lamentable fue el recogido por la prensa de la época colonial la cual reportó que los bergantínes españoles "El Fresneda" y "El Rioseco" se habían amotinado los chinos a la altura de las Filipinas y habían pasado por las armas a la tripulación española. El bergantín "Rioseco" desapareció, y dos meses después fue localizado el casco Del bergantín "El Fresneda" cerca de las Filipinas, donde fue abordado por un barco de guerra inglés, encontrándose en la cubierta y bodegas de dicho bergantín-fantasma 150 esqueléticos cadáveres.
  Para saber cómo eran embarcados, cito a Lacroix.: "Antes de embarcar los culíes, cuya presencia podía ser tan peligrosa a bordo, los capitanes tomaban medidas de precaución: el carpintero construía un fuerte mamparo con tablones de roble de pulgadas de espesor, a prueba de balas y que desborda hacia fuera de la batayola, por lo menos un metro subiendo a más de tres sobre el puente. Había además una garita blindada la cual  un centinela deblía  vigilar el puente noche y día .Como podemos ver, los armadores y capitanes tomaban todas las precauciones posible. En el Harper's Monthly de Junio de 1864, Edgar Holden que era pasajero del clíper  "Norway", dice que la   nave desplazaba  2424 toneladas, y era uno de los más veloces en su tiempo. Llegó a Hong Kong procedente de Liverpool, su capitán era J. Mayor. Había sido contratado por la casa Vargas y Cía., de Macao, agentes de Torices, Ferran, Dupierris y Cia, de La Habana. Llevaba. Un cargamento de 1,100 chinos y una tnpulac1on de 60 hombres, un médico y dos intérpretes. A los tres días de salir de Macao, que era de bandera portuguesa los chinos se amotinaron, pero se pudo controlar el motín". Pasada dos días volvieron a amotinarse, dando candela al barco. Como pasajeros iban unas mujeres americanas, y ayudaron  a la tripulación a controlar el motín. Después de dos días se rindieron. Llegaron a La Habana, el 1O de marzo de 1860, después de 104 días de travesía, solamente llegaron 935 chinos. Que fueron vendidos a 400 pesos por cabeza por el Dr. Marcial Dupierris.
  Según el Boletín de Colonización de 1872, había un total de 58,400 chinos en la isla y 8,380 eran cimarrones. Debido a todas estas cosas, les costó trabajo de liberarse del engaño dentro del cual habían caído. De aquí surgió una frase criolla de tipo refranero popular que se hizo muy conocida, cuando alquien era timado o engañado, se apuntaba filosóficamente: "Te engañaron como a un Chino".
 Otra de las causas que motivó la reducción de la población china: suicidios, prófugos (cimarrones), muertos por enfermedades, mal alimentados, cansados de tanto trabajar, sufriendo los maltratos en los campos de caña, a mano de los capataces negros. Las aguas que bebían contaminadas, sin embargo el negro esclavo que estaba expuesto a las mismas condiciones, sobrevivía.
El suicidio fue el que mayor porcentaje de muertes reclamaba entre ellos. En las estadísticas criminales de aquellos años aparece que en el año de 1855, se habían reportado   62   suicidios,  al  año siguiente 101, y así sucesivamente.  No se daban cuenta a las autoridades de los que enterraban en algún rincón de los bateyes. La realidad, era simple, el maltrato se cebó en ellos e hicieron lo mismo que los indios que vivían en Cuba, cuando llegaron los españoles, se suicidaron. Hubo días de aparecer varios chinos colgados de los árboles, en los ingenios o en los caminos reales. Juan Pérez de la Riva, dice sobre el particular: "Se puede afirmar que mientras duró el trabajo contratado, la tasa de suicidio entre los chinos en Cuba fue de las más altas del mundo, comparable sólo a la de los" culíes peruanos". Más adelante el mismo autor dice: "En diciembre de 1870, se ahorcaron en una noche 14 chinos de la dotación del ingenio "Dos Marías" en casa de Pablo Carrolilla, propiedad de don José de la Portilla, y ¡eran los últimos cu líes que quedaban en la finca!".
Al llegar la Guerra de los Diez Años (1868-1878) los chinos se sumaron muchos a los mambises cubanos contra los amos peninsulares, formando rápidamente ordenados y disciplinados batallones de infantería. Famosos fueron los capitanes chinos Sian, Whun y Woo, y las hazañas del comandante Ching, el cual con 400 chinos destruyó un fuerte contigente militar español, en la batalla de las Guásimas. Se batieron hombro con hombro contra el ejército de la metrópoli española, utilizaban dardos, flechas, lanzas y filosas dagas hechas de caña brava (una especie de mambú). Aterrorizaban a los. jóvenes soldados españoles porque se presentaban ante ellos camuflajiados con ramas y yerbas, surgiéndoles de improviso, masacrando a los bisoños soldados. Fueron disciplinados, obedientes y leales a la causa militar cubana contra el sistema colonial español en Cuba.
A cerca de los llamados "Californianos" se ha podido saber que llegaron después del 1860. Estos disponían de recursos económicos, porque habían trabajado, o en los lavaderos de oro, o en los ferrocarriles. Salieron huyendo de allá por los motínes raciales, y por legislaciones racista en Estados Unidos de Norte América. Según informaciones tomadas de la época, no se sabe con certeza la cifra total, pero se cree no pasaron de más de cuatro mil a cinco mil. Llegaron por vía de México y la Luisiana. Seguirían llegando hasta 1875.
 Los antecedentes de los comercios chinos se encuentran ya en 1860 cuando se abrieron dos comercios en la calle de la Zanja Real (conocida por Zanja): uno fue de frutería y el otro un restaurante. Comienza la aparición de comercios de propietarios chinos de todos los giros. En el año de 1861 se abrieron un tren de lavado y un comercio de  ventas de vegetales, estos tomarían gran auge en La Habana. Se empiezan a abrir tiendas de ventas de objetos de China y Japón, y se ponen de moda en la ciudad.
Los "Californianos" empiezan a adquirir propiedades, utilizando de co-dueños a españoles y cubanos, para no tener problemas con las autoridades españolas. Compran pequeños ingenios y plantaciones. Se empieza un rápido desarrollo a fines de la Guerra de los Diez Años.
Los primeros chinos libres del régimen de contrato y que se hicieron comerciantes fueron Lían Siu Yi,Chang Lian y Wong liyu. 
Los chinos eran muy dados al juego de dominó, conocido por "longana" y a las rifas o charadas siendo organizados dichos juegos con carácter especulativo por dos chinos ricos que llegaron a Cuba procedente de California. Estos dos ricos propietarios abrieron dos garitos de juego: el primero en la calle de San Nicolás al lado casi de la iglesia Católica de Nuestra Señora de la Guadalupe (actualmente llamada Parroquia de la (Caridad del Cobre) y la segunda casa en la calle de Campana• no muy cerca del teatro Shanghai. El área principal de asentamiento de la comunidad converge hacia la calle de Zanja.
 En 1873 se abre el primer teatro chino en Cuba. Según Antonio Chutfat en sus Apuntes histórico de los Chinos en Cuba, "En el mes de marzo llegaron de San Francisco California los .chinos Carlos Chang, Li Weng,Wong Yot Se y Lay Fu, constituyendo una sociedad con el objeto de construir un teatro, chino, que fue abierto en la calle de Zanja y San Nícolas, en La Habana, con un capital de quince mil pesos. Representaba el teatro como apoderado, dí Francisco Gasso, persona prestigiosa, en unión de los señores Agustín Chuffat, Pedro Pan, Abraham Lan y Luis Pérez.
 En noviembre de 1870 Chuffat, junto con el chino Domingo Ramírez, forman una sociedad para la creación de "cuadrillas de paisanos" que iban a trabajar a los ingenios, plantaciones y obras públicas. Las óperas tradicionalistas chinas, toman gran auge en La Habana, y empiezan a llegar grupos de Estados Unidos y China. Se abre otro teatro en la calle de Lealtad 124 y 126, squina a Reina. Su nombre "El Sun Yen", sus dueños o representantes eran de origen "californiano", Mo Ga Si y Pan Chu F1. Estos datos han sido posible gracias al trabajo de Chuffat. El mismo autor; dice que "...en el mes de abril (1875), los chinos construyeron en la ciudad de Cienfuegos un teatro a estilo de Cantón, en el Paseo de Arango. Este coliseo fue inaugurado en el mismo mes por la compañía de actores que vino de La Habana, procedente de la calle Zanja, esquina a San Nicolás, y lo representaba el Sr. Loo Pan, empresario fuerte de aquella época".
 Pero el más famoso de los teatros enclavados en el Chinatown de La Habana, lo fue el llamado Teatro Shanghai. El origen de dicho teatro hay que buscarlo a finales del siglo XIX o principias del XX, las informaciones con que se cuenta son orales. Sus primeros dueños fueron dos asiáticos llamados Ly y Wung, los cuales habían sido en su juventud malabaristas y saltimbanques. En dicho teatro se representaban dramas chinos de carácter religioso-profano, mitológico popular. Siempre estaban presentes los demonios creados por la imaginación de los poetas chinos de cuatro siglos atrás, el pescador anciano con su sabiduría milenaria y su paciencia sin límites, el soldado aguerrido y pundonoroso que combatía contra un hada de demoníacos poderes, el señor feudal y la hija de éste que terminaba prometiéndose con el valiente soldado. Pero al fracasar dicha empresa el teatro fue comprado por un peninsular español de apellido Rexach, el cual con más visión comercial lo convirtió en teatro vodevil, utilizando modelos que salían semi-desnudas, velando sus redondeces apetecibles con velos vaporosos. Este fue el centro de corrupción moral de nuestros abuelos. En dicho teatro se hicieron famosas algunas parodias satirizadas tomadas del teatro español, algunas de ellas y otras de pura invención criolla. La más famosa parodia fue la hecha por un chino-criollo de apellido Chang y un cubano bohemio llamado Salvador, las cuales parodiaron la obra del "Don Juan Tenorio" de Zorrilla, y la adaptaron al género vodevilesco reinante en la atmósfera de dicho teatro. En las carteleras del Teatro Shangai se anunciaba el "Día de los Fieles Difuntos'.' la parodia vodevilesca "Don Juan Rebollo y Don Luis Morcilla".
 Dos teatros de marionetas chinas se abren en 1878 y un teatro de variedades en 1899. El primer periódico chino o sea con impresiones en carácteres chinos se publicó en la ciudad de La Habana en 1867. Ya a principios de la época republicana existían cerca de 300 comercios cuyos propietarios eran chinos del continente asiático y otros nacidos en suelo cubano.
 La farmacopea asiática se hizo famosa entre los clientes criollos que buscaban en las droguerías chinas todo tipo de yerbas, raíces, ungüentos para quitar dolores, semillas para curar parásitos intestinales, o raíces abortivas.
 Un personaje que cobró fama y renombre en Cuba, fue "el médico chino"una especie de curandero con conocimientos generales de fisioterapia, medicina general y botánico de grandes conocimientos. El Dr. Lin Sham -como se le conoció- vivió en La Habana entre los años de 1895 y 1915, fecha en que desapareció sorpresivamente suponiéndose que embarcó hacia los Estados Unidos de América.
 Debido a una denuncia que hizo el intelectual portugués Eca de Oueiros, sobre el nuevo tráfico de chinos-contratados en 1874, llegaría a La Habana el Alto Magistrado y Mandarín de ideas liberales Chin Lan Pin , en el barco español "El Veloz" en julio de 1874. De las investigaciones que realizó entre la colonia china en La Habana el citado funcionario, se puso fin un año después a la contratación de chinos.
 El primer chino que intentó comprar su libertad en Cuba, fue uno llamado Pablo, de la dotación del ingenio "Flor de Cuba" en Matanzas, propiedad de Pablo Ignacio Arrieta. Esto sucedía en 1852. Había ahorrado el dinero para pagar por su libertad, que eran 70 pesos que Arrieta había, pagado por él. Pero este se negó, al enterarse Pablo, se trato de suicidar. Su caso fue a la corte, y sabiendo que tenía derecho, se lo negaron, siendo favorecido Arrieta. Pablo al fin fue libre, se ahorcó, al saber el fallo negativo.
 En Cuba el chino no se fundió con el criollo en la medida que lo hicieron otros grupos de inmigrantes, aunque fueron muchísimos los que se casaron con mujeres cubanas y formaron familia. En general, ellos no fueron insensibles al encanto que emanaba de nuestra tierra. La amaron como a la suya y contribuyeron notablemente  a su progreso.
 Durante el tiempo de la trata de "culies chinos" llegaron a Cuba 338 barcos, hasta el año de 1873. Al constituirse Cuba en república solamente habían aparecido en el censo de población 14,565 varones y 49 hembras. Estos eran los sobrevivientes que habían quedado de los años de trata.
 Da comienzo la república en Cuba, la situación de los chinos ha variado. Tienen propiedades que están situadas en lo que fue llamado "barrio chino de La Habana", la famosa calle de Zanja. Sus fronteras o límites estaban enmarcados dentro las calles de Zanja, Belascoain, Galiano y Reina. Un mundo completamente distinto al orbe occidental de vida y costumbres. Sus calles atestadas de pequeños comercios. Lavanderías, puestos de frutas, heladerías, restaurantes especializados en comidas chinas, ocho casinos de juegos, dos pagodas budistas, una iglesia católica, dos centros de enseñanza primaria donde se impartía una educación bilingüe español-mandarín; tres farmacias chinas, nueve hoteles y tres teatros, que completaban el cuadro comercial de este barrio.
 Entre ellos había sus problemas raciales. Se consideraban los chinos puros, aquellos que su sangre no se había mezclado con la cubana. Los considerados "puros" recibían una educación estilo cantones, mientras los no "puros" eran marginados. Quizás esto fue posible, por la influencia que tenía en Cuba el Kuomintang, durante su gobierno en el país natal.
 Los propietarios chinos compraron una parcela de grandes dimensiones en el reparto del Vedado, cerca del Cementerio Colón, y allí construyeron su cementerio. Tenía una capilla en su centro en donde celebraban los ritos orientales funerarios. 
 El día de los Difunto para ellos, era la segunda semana de noviembre, asistían en grupos, marchando en forma de parada desde el barrio suyo en la calle de Zanja, hasta el Cementerio Chino, quemando por el camino incienso y rezando en voz baja, formando un vistoso desfile de túnicas multicolores de mangas anchas y zapatos de pico hecho de raso. Llevaban golosinas y manjares que comían sobre la tumba de sus finados y pasaban el día en ceremonias orientales  hasta  la caída  de  la tarde,  que  regresaban  en idéntica forma hacia sus hogares.
 Las bodas eran fastuosas, banquetes en donde el menú estaba compuesto de variados platos orientales, mariscos, vegetales, carnes ahumadas, ensaladas de exóticos sabores y presencia, incitadora de los paladares más refinados.
 El Año Chino era celebrado públicamente con festejos alegres, danza, actos de malabaristas y saltimbanquís y funciones gratis en los dos teatros de variedades que tenían en su barrio.
 El barrio Chino de La Habana hoy, es un mundo descolorido Y mudo completo. De él desapareció la alegría de sus  pocos habitantes, el colorido de sus anuncios comerciales, lo exótico de .su ambiente oriental. Los establecimientos vacíos son un testigo del paso del tiempo y el paso destructivo de los sistemas políticos inventados por el hombre no para provecho del hombre, sino para el sufrimiento el dolor y calvario del propio hombre.  
Para aquellos que tratamos de salvar del olvido el panorama romántico de una Cuba muerta en el pasado glorioso de sus mejores  años, el Barrio Chino de La Habana, vivirá eternamente en nuestro recuerdo grato, como una experiencia imborrable, como un paseo por un mundo lejano, mundo oriental, con sus costumbres y dialectos tan diferentes al mundo occidental y cristiano en donde se nació.

Bibliografía Consultada

Chuffat  Latour,  Antonio.  Apunte histórico de los chinos m
Cuba. La Habana, Molina y Cia. 1927.
Dana  Jr,  Richard  Henry.  To Cuba and Back, a  vacation
voyage.  Boston, 1860.
Lacroix,P.  Les demiers négriers. Demiers voyages  de   bois
d'Ebone. coolies et de modries du Pacifigue. Paris, 1952.
León,  Julio  y  León,  René.  El  China Town  de  La Habana
Charlotte, North Carolina,  1975.
Pérez de la Riva, Juan. "Los Culíes Chinos y los Comienzos de 
la inmigración  Contratada en Cuba  (1844-1847). Revista de la Biblioteca   
Nacional José Marti, diciembre del 1963, pp. 35-76.

"El Viaje a Cuba de los Culíes Chinos". Revista de la Biblioteca Nacional 
José Martí año VI, núm. 3-4, julio­ diciembre de  1964, pp. 75-90.
El  Barracón. Esclavitud y Capitalismo de Cuba. Edit.
Critica, Barcelona, España,  1975.
Saco, José. "Los Chinos en Cuba" y "Cartas sobre el cólera morbo asiático".
En Colección de sus papeles y obras La Habana,  1962.

Harper Monthly Magazine, junio 1864. 

Consultados otros documentos del Archivo Nacional en los Estados Unidos, 
referente a las contratas y los chinos traídos a Cuba.

Conferencia Congreso Nacional del CCP. noviembre 10,11 y 12 de 1995. 
Williarn Paterson Univ. of New Jersey.

LA PRENSA EN MATANZAS CRONOLOGÍA Y BIBLIOGRAFÍA



COPYRIGHT 1990 BY: RENÉ LEÓN

FRONT COVER: CATEDRAL DE MATANZAS EN 1898

BACK COVER:   PORTADA  DE VIEJOS PERIÓDICOS

PREPARED BY:  RENÉ LEÓN AND EMILIO J. LEÓN
DIAGRAMACI ON Y COMPOSICIÓN: GUILLERMO  J. JORGE

LIBRARY OF CONGRESS
CATALOG CARO NUMBER TX 2 966 607

PRINTED BY: AHORA PRINTING, MIAMI FLORIDA (305) 261-5116

I  N  D  I  C E

INTRODUCCION

CRONOLOGIA  DE  LA   IMPRENTA                               4

ORIGEN  DEL  NOMBRE  DE  MATANZAS                     9

BIBLIOGRAFIA                                                                   11

BIBLIOGRAFIAS   PUBLICADAS  POR   EL AUTOR 15


I

INTRODUCCION


La primera información que se  tiene  sobre Matanzas,  aparece  en  el  año  de  1558,  por   una Ordenanza Municipal del Cabildo de La Habana, pare mercedar ciertas tierras cerca de la bahía, para la crianza de ganado,  cerdos  y sitios  dedicados al  cultivo. El 4 de  marzo  se  registra  una  merced  para  Inés    de    Gamboa,    vecina     de    San    Cristóbal    de la  Habana,   del   ''hato   de  bacas   de  Canymar   y  de   la  sabana  de  Macuriges,   ambas  cerca   de  Matanzas".

En 1606, el geógrafo alemán Gerardo Mercator, prepara  un mapa de Cuba,  donde  aparece   la   bahía de  Matanzas, con bastante exactitud.

Por  Real  Cédula  de  25  septiembre  de  1690, el Rey Carlos II de Austria ordena al Capitán General de la Isla, Don Severino de Manzaneda, "que reconociendo vos las que son (haciendas),  solici­téis con sus dueños y  la  ciudad  el  servicio  que  debe­rán hacer para la fortificación, como para  la  manu­tención y la de las familias  que  han  de  hacer pobla­ción; pues en uno y otro han  de  ser  beneficiados, cesándoles las pérdidas que hoy   experimentan por acosados de los piratas que tan frecuentemente infestan aquellos parajes".  Se funda la villa de San  Carlos  de  Matanzas, el día 10  de octubre de 1693, siendo repartidos entre 30 familias, que habían venido de las  Islas Canarias,    las cuatro caballerías de tierra y el corral de Matanzas, que habían  sido compradas  por el Rey al  Monasterio   de  Santa  Clara de  La Habana.

El  nombre  de   los   primeros   pobladores   de   la villa:   Esteban   de   Torres,   Juan   Rivero,   Domingo Alfonso Ruiz, Diego  García  Oramas,  Diego  González  Bello,  Matías  Lagura,  Andrés  Barroso,   Miguel   Alfonso  de    Armas,    Juan    Domínguez,    Melchor    de     Melo, Luis   y   Miguel   Pérez   Mallea,   Angel   Pérez,   Pedro Báez, Salvador Alvarez, Diego Méndez  de  León  Yada, Simón  Díaz,  Salvador  Pérez   Remedios,   Diego   y Sebastián  Rodríguez,   Baltasar   González,  Jacinto González, Francisco Martín Jiménez,  J ulián  Díaz  González,  Urbano  Pérez,  Pedro  Pérez,  Juan  González Bello,  Blasira  de   Goya,   Pedro   Fernández   Guerrero, Pedro  Hernández,   Gaspar   de   los   Reyes,   Diego   Felipe de  Boza,   Andrés  Díaz   Baltasar   y  Simón  González.

El  22   de   marzo  de   1794  se   le  ponen   nombre a  las  pocas   calles   que   había   entonces:   O'Reilly, Ricia, Gelabert, Contreras, Manzano, Ayuntamiento, Matanzas,  San  Luis,  La  Merced  y  San Severino.

La   prensa   hace   su   entrada    en   Matanzas   en   el año de  1812,  siendo  su  primer  periódico  el  "Diario  de Matanzas",  editado  por   Francisco   Camero.   Según los   historiadores   Pedro   Antonio   Alfonso   y    Pedro José Guiteras, el primer periódico lo fue "El Patriota". Sobre   esto   ha   habido   sus   discusiones.  Según   Carlos M.  Trelles,   el   segundo   periódico   publicado   lo   fue "El Paquete". Debido  a  la  abolición  de  la  Cons­titución de  las  Cortes  de  Cádiz  y  el  restableci- miento  del régimen absoluto  por  el  Rey  Fernando  VII  en  España y sus dominios, la prensa queda estancada completamente. Tendría que esperar hasta que se restableciera   la   Constitución   española   en    1820, debido  al  pronunciamiento   de Riego.

La  bibliografía   es   una   necesidad,   para   aquél que  busca   cierta   información,   en   determinada   fecha, o   trata   de   encontrar   informaciones   sobre   la  historia, un lugar,  o  sobre  una  persona. Sin  ella  y  sus  índices,  el trabajo se  hace  más  difícil.  Gracias a  ella,  nos resulta  más  fácil  la  busca  de  las informaciones.

Esta  bibliografía   sólo    abarca    lo    referente    a la prensa  en  Matanzas  y  a  la  fundación  de  sus primeros  periódicos.  En  los  artículos  o   libros   que tratan de Matanzas, es posible  que  no  esté  completa, pues las  informaciones  son   muy   limitadas.   Pero espero  que  esta  compilación   sirva  para   ampliar   más el conocimiento sobre la historia de la prensa de Matanzas  y  de  Cuba.


El  autor


II

CRONOLOGIA  DE LA  IMPRENTA


Se publica el primer periódico, "Diario de Matanzas",  a  finales de   1812  o  principios   de  1813, editado  por  Francisco  Camero.  Según   los   historiado­res   Pedro   Antonio Alfonso y   Pedro José Guiteras, consideraban a   "El  Patriota"  como   el   primer perió­dico   publicado   en  Matanzas. ..
En  el  año  de  1813,  hacen  su  aparición  "El Paquete" y  "El  Patriota"  que  era  editado  por  la imprenta   de  José  Manuel  Marrero.

Desde el año de 1814 que fue abolida la Cons­titución  de   las  Cortes   de  Cádiz,  por   ser  restablecido  el régimen  absoluto  del  Rey  Fernando  VII  en  España, la  prensa  matancera   queda   silenciada.   Hay   que  esperar  a  ser  restablecida  la  Constitución   por   Riego en  1820,  para  que   vuelvan   a   surgir   los  periódicos, en  la  Atenas  de  Cuba.

En  1821,  Juan  Justo  Jiménez,  en   su   imprenta "La   Constancia",   edita   los    periódicos    "La   Tertulia del Maestro Cordovés", "Juan del  Portal",  "El  Centi­nela  del  Orden";   en   el   año   de   1822,   "La   Gaceta  de Matanzas", donde colaboró  el  poeta  José  María Heredia.

En   el   año   de 1823   sale   el   "Prospecto   de  la Gaceta  de  Matanzas",  en  la  imprenta  de Tomás  F. Kid, y "La Gaceta del  Gobierno  de  Matanzas"  hasta 1828, que se transformaría en "Redactor Mercantil", desapareciendo  en  1829.

U no de los grandes acontecimientos  del  perio­dismo  es  la  aparición,  el  2  de  septiembre  de   1828,  del  periódico  "La  Aurora",  su   editor,   Don   José Pereira,   auspiciado  por   la  Sociedad  Patriótica.

En 1829 vuelve a coger impulso el "Diario de Matanzas", contando con Don  Ambrosio  José González y Perdomo y Don  J osé  Antonio  Martínez de Velasco.  Don  José   Pereira   funda   "El   Lucero",   que más  tarde  se  publicaría  en  La  Habana.

En  1833  se  funda  por   Don   Tiburcio   Campo  "El  Pensamiento",   donde   aparecen   por   primera   vez los versos de Plácido. Años  más  tarde,  Campo  funda  "La Siempreviva", donde Plácido  trabajaría  de  tipó­grafo.

En 1842 se funda "El Yumurí, periódico mercantil,  artístico, de economía  y   de   agricultura. Sale  la  hoja  literaria  "La  Guirnalda".

En  1847  aparece  "El  Aguinaldo   Matancero", fundado  por  José  Victoriano   Betancourt   y   Miguel Teurbe Tolón, donde  colaborarían  Angulo,  Plácido, Milanés   y   otros  más.


En 1841, Manuel Francisco Salinero publica  "El  Pan  de  Matanzas",  al   serle imposible edita "El Jardín Matancero", que trataba ciencias,  las  artes  y   la  literatura,   en  1849.


En  1850  aparece  la  "Revista   Teatral   Matan­cera" que  trataba  sobre  el  arte  teatral.   Emilio Blanchet,   J osé    y    Domingo    del    Monte,    editan  "El  Pensil";  Rafael  Otero  y  Francisco   Javier  de  la Cruz,  "La  Pucha Yumurina".

A  partir  del  1851  al  1854  se   publican   "La Gaceta del Bando Punzó", "El Regañón", "El Duende Matancero",  "El  Lirio Azul"  y  "El  Nuevo Duende".

En 1856  sale  "El  Yumurí'',  editado  por  Fran­cisco Javier de la Cruz. Según Trelles, esta imprenta editaba una traducción de una obra de Montier. Las imprentas matanceras  se especializaron   en   la traducción  de  obras  francesas  de  famosos  escritores.

En 1857  se  unen  "El  Yumurí''  con  "La  Aurora", tomando por  nuevo  nombre  "La  Aurora  del Yumurí", que   se   publicaría   por    setenta    y    dos   años,    siendo el   decano  de  la  prensa matancera.

En  1859,  Domingo  del  Monte   edita   el   "Eco de Matanzas". En 1860  aparece  "El  Liceo  de  Matan­zas". En menos de un  año  salen  "El Eco del  Yumurí'', "La  Terraza",  "El   Registro   Mercantil",   y   "El   Faro del Comercio".

En  1861  aparece  "El  Comercio",   "El   Cartel", "La  Estudiantina",  dirigido  por  el   poeta   Mazanet.  "La  Sensitiva",  "Variedades",  dirigida  por   Adalio Escola y Emilio Terry.  "El Eco  del  Bosque",  "El Bole­tín del Recreo", "El Boletin  Telegráfico","El  Bombero", "El Heraldo", dirigido por Gener y de  la  Calle. "Camafeo", "La Serenata", "El  Alba"  del  poeta  Mestre  y   Tolón.   "La   Retreta",   "El   Diario   del   Comercio", y  "El  Periquito".

Durante  la   década   de   1868   a   1878,   la   Guerra de los Diez Años, se dejan de publicar muchas publi­caciones  por   la  censura   del  gobierno  español.

En  1878 vuelve   a   aparecer   "El   Liceo",   órgano del Club   de   Matanzas, y    se    funda   "El   Ramillete" del  poeta  Rafael   Otero   y   Castroverde.   Con   el   inicio del autonomismo   en la Isla, se   publica su   órgano de propaganda "Diario    de    Matanzas", de carácter político; fue dirigido por Maydagan y Mendive. Donde colaboraron   los  mejores   escritores  matanceros.

En 1880 sale "El Ateneo", órgano de esa misma Sociedad.  "Las  Noticias",   que   más   tarde   se   publicó con el nombre de "El  Correo  de  Matanzas",  "El Trueno",  "El  Pueblo",  "La   Tijera"  sale   en   1883,   y "El Imparcial".

En  1881,  la  sociedad  de   instrucción   y   recreo "La Unión" tenía ya su órgano  de  propaganda, que estaba dirigido  por  Severino  Betancourt.  También durante estos años sale "La  Luz", semanario  de  literatura   y   ciencias.

En   1887   se   funda   por   Don    Nicolás    Heredia "El  Album",  donde   aparecían   caricaturas   de   Ricardo  de   la  Torriente.

En 1890, "La Mañana"  y  "La  Tarde",  fundados por   los  poetas   Byrne   y  Santos  Carballo.

En 1893 sale la "Revista de Arte  y  Letras", dirigida por Santos Carballo, donde aparecían colabo­raciones   de   Julián   del   Casal, Carlos  y Pío Urbach, Alvaro  de  la  Iglesia, Guillermo Schweyer,  Sanguily, Byrne,   Heredia,  Trelles  y  otros  conocidos  matanceros.

En 1894   se   publica   "El  Album   de las  Damas" donde  colaboran   los   mismos   escritores   de la "Revista de  Arte  y Letras".

En 1895   desaparece el   "Diario   de  Matanzas". Alvaro  de  la  Iglesia  publica  "La  Región".

En  1899  se  funda  "La  Voz  de   Matanzas"   por Don Fernando Romero  y  Fajardo.  Reaparecía "El  Heraldo"  y  salía  por  primera  vez  "Cuba".

En   1900   desaparece   para   siempre   "La  Aurora", de  gratos  recuerdos  para  el  pueblo   matancero.

En 1901  se  publica un  semanario  obrero,  fundado por    la    Confederación    Tipográfica     de     Matanzas, "El  Tipógrafo",  dirigido  por  Juan  Peña Delgado.

Al nacer la República  se  publican  algunos  perió­dicos   por   corto   tiempo:   "El   Jején",    "El   Yucayo", "El Moderado", "El Imparcial", "La Nueva Aurora", todos   éstos   de   origen  político.

En  1911  aparece  "Alma Cubana".

En 1921   se funda "Azul"  por Alberto Lovio y   C. Lamerens.

En 1924 se  funda  "Don  Pepe",  revista  estudian­til  dirigida   por   Graciano  Lipiz  e  Israel Moliner.

En 1947   sale la revista "Matanzas  Gráfica", cambiando  el  nombre  por  "Adelante".

La prensa fue decayendo por el auge de publica­ciones que salían en la capital, que terminó com-­ pletamente  con   la   prensa  matancera.

ORIGEN  DEL  NOMBRE  DE MATANZAS

Para   poder   referirnos   al    origen    del    nombre de  Matanzas,   tenemos   que   ir   al   libro   de   Bernal Díaz del Castillo, HlSTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA   DE   LA    NUEVA    ESPAÑA,    publicado en  1632,   en   Madrid.   En   el   Capítulo   VIII,   aparece la  descripción  que  hace  el   autor:

"Y  quiero   que   volvamos   a  nuestra   relación; y   diré   cómo   fuimos   con   los   cuatro   navíos   por la  banda  del  norte  a  un  puerto  que  se  dice   de Matanzas,  que  está  cerca   de   la   Habana   vieja,   que en aquella  sazón no  estaba  poblada  la  villa  donde   ahora   está,   y   aquel   puerto   tenían   todos  los más  .vecinos  de  la  Habana  sus  estancias.  Y desde  allí   se   proveyeron   nuestros   navíos   del cazabe y carne de  puerco,  que  ya  he  memorado, porque    era    nuevamente ganada    aquella    isla,   y  nos juntamos, así  capitanes  como  soldados, para hacer   nuestro  viaje. Antes  que   más  pase adelante, y  aunque vaya  fuera    de   nuestra  historia,   quiero decir por qué causa llamaban aquel puerto Matanzas, y esto traigo aquí a la memoria porque me   lo   ha   preguntado   un   cronista  que  su crónica  cosas  acaecidas  en  Castilla.  Aquel nombre se le   puso por esto que diré: Que antes   que aquella  isla  de  Cuba   se  conquistase,   dio   al   través un  navío  en  aquella  costa,  cerca   del  río  y  puerto que   he dicho que   se dice Matanzas, y venían en el navío   sobre   treinta    personas    españoles   y dos   mujeres,   y   para    pasarlos    de   la   otra   parte del    río,    porque    es    muy   grande    y    caudaloso, vinieron muchos indios de la Habana y  de  otros pueblos  con  intención  de   matarlos   y   de  que   no se  atrevieran  a  darles   guerra   en   tierra,   con  buenas palabras y  halagos  les  dijeron  que  los querían pasar en canoas  y  llevarlos  a  sus  pueblos para darles de comer.  Ya  que  iban  con  ellos  a  medio    del    río   en    las   canoas,    las   trastornaron y   mataron   que   no   quedaron   sino   tres   hombres  y  una  mujer,  que  era  hermosa,  y  la  llevó  un cacique    de   los   que   hicieron    aquella    traición   y los  tres  españoles  repartieron   entre  sí".  *
Más adelante, Díaz  del  Castillo  explica  que conoció a  la  mujer,  que  cuando  fue  liberada  se  casó con  un  vecino  de  Trinidad   llamado   Pedro   Sánchez Farfán.  Este  se  iría  con  Hernán  Cortés  a  la  Con­quista  de  México.  También  menciona   el  nombre   de  los otros supervivientes: Gonzalo de Mejía,  que  era natural de Jerez; el otro se llamaba Juan  de  Santi­esteban,   de   Madrigal;   el   otro,   conocido   como   Cas­corro, natural de   Moguer. Estos tres se   irían en la  expedición   de  Cortés  a  México. **

* Berna! Día z del Castillo, HISTORIA  VERDA DERA DE LA CONQUISfA DE LA NUEVA ESPAÑA. Editorial  Porrúa,  S.A.,  México,  D.F.,   1983,  p.16.
** René  León   y   Emilio   J.   León,   Hemán   Cortés   y los hombres que  lo  acompañaron  en  la  conquista  de  México.  Charlotte,  N.C.,  1987.

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COAUTOR  CON  EMILIO  J. LEON



Fernando Ortiz. Bibliografía sobre el tema negro. (ampliada). 
 Charlotte,  N.C., 1986.