Bienvenidos a Pensameinto

Foto tomada de: Wikipedia

En Conmemoración del 500 Aniversario de San Cristóbal de la Habana (Cuarta Parte)

Dibujo tomada de: Habana Radio

Este trabajo es sobre la fundación de la ciudad de San Cristóbal de la Habana, en 1519.  Cumple 500 años en 2019.

Información tomada del libro de René León San Cristóbal de la Habana Desde su fundación hasta 1599

Copyright 1990
Printed
San Lazaro  Graphics Corp.
819 SW 8th Ave
Miami, Florida 33130

  Cabildo. Enero 28 de 1554: "... por cuanto por esperiencia se a bisto que de tener algunas negras o negros bujías e casas de sus amos en donde moran e de lo cual se rescre­ce questos negros e negras se acoxen a ellas e aun españoles e se encubren muchos juntos e se cometen otros delitos: e por tanto proveyeron e mandaron que de aqui adelante nigund negro ni negra tenga bujio propio donde more sino fuera dentro de la casa de su amo... " 

  En reunión del cabildo en Mayo 23 de 1554, se acordó reunir entre todos los vecinos de la villa el dinero adeudado a Rodrigo Martín, que hacía las funciones de sacristán de la iglesia, pues eran necesa­rios sus servicios para la comunidad. El total adeudado era de cincuenta pesos en oro. 

  Cabildo. Junio 8 de 1554: "... este día se comunico en este cabildo que por cuanto se espera en este puerto el Harmada e flota de navíos questá en nombre de dios e otra de nueva españa e otras partes e a causa de la falta de carne que ay se padesceria mucha nescecidad por la mucha gente que sespera e para proveer esto se a tratado con juan de rroxas vezino desta villa e diego de soto quel dicho juan de rroxas pese cien reses vacunas e el dho diego de soto cincuenta e que se les de por cada arrelde un real de plata e que a este precio lo pesen en la carnesceria". 

  El día primero de julio de 1554, el capitán cor­sario Jacques de Sores atacó la despreocupada Santiago de Cuba . Aprovechando la obscuridad de la noche, tomarían el fortín de la ciudad. Al amanecer tenían en su poder rehenes por los cuales exigirían rescate. Entre ellos el obispo Uranga. Viéndose los vecinos de pagar el rescate exigido, de ochenta mil pesos. Según de la Pezuela: 

  "Sores, alejado de su país como luterano por la persecución contra el protestantismo, aunque autorizado por su Rey para corsear contra los españoles y descubrir en el nuevo continente. Más de un mes se mantuvo en aquel pueblo rechazando las hostilidades que le armó Parada". (17) 

  Los problemas que el gobernador Angulo tenía constantemente con los vecinos de la villa, trajeron como consecuencia la petición de su traslado. La audiencia de la Española nombraría al licenciado Ber­nardo Bernáldez, el 27 de agosto de 1554, para tomar el gobierno de la villa e investigar cualquier irregula­ridad. Amistades de Angulo en la Española retardaron el viaje de Bernáldez a la Habana. 

  Cabildo. Junio 12 de 1554: "... por cuanto los yndios que habitan e moran en esta pro­vincia despues que por Su Magestad les fue concedida la libertad andan derramados e vagamundos de unas partes a otras de cuya causa no se puede tener quenta ni rrazon con ellos ansy para lo que toca a las cosas de la dotrina christiana como para que biban en horden e buena policia e por que para esos hefetos e para que fagan compañia a la poblacion desta villa el dho señor governador a tratado e comunicado con los dhos yndios que se junten en un sitio e fagan pueblo por que estando ansy juntos se podra tener quenta e razon con ellos para lo que ofrescen los quales se alegrar de ello". 

  La villa de la Habana había recibido informaciones de que Sores andaba cerca de ella. El alcaide de la Fortaleza, Juan de Lobera, sabiendo que la villa no estaba adecuadamente fortificada, mantenía sus pocos hombres en estado de alerta. En la altura del Morro, se mantenía un vigía día y noche. En el pueblo viejo había otros dos vigías con sus cabalgaduras. Otros dos vigías en la caleta de Juan Guillén, que estaba a media legua del pueblo. Se habían dado órdenes de que todos los vecinos estuvieran armados. No se podía salir de la villa sin permiso. El arma­mento con que contaba la Fortaleza al momento del ataque era de: 24 arcabuces, treinta ballestas, nueve falconetas, una culebrina y un cañón de cuarenta y siete quintale de peso. El artillero era Pedro Andrés. 

  En la mañana del 10 de julio de 1555, al amane­cer, el vigía que estaba en el Morro, dio el aviso de  "Velas en el horizonte". El fuerte disparó un cañonazo. El gobernador cabalgó hacia la entrada del puerto por donde se veía un navío que se dirigía hacia la caleta de Juan Guillén (San Lázaro). Dos hombres a caballo fueron enviados a ver lo que hacían los del navío. Volviendo, con el aviso del desembarco. 

  Desembarcaron los corsarios, atravesando los matorrales, con rumbo a la villa. Se calculaba una fuerza de unos doscientos hombres. Pérez de Angulo procuró reunir sus hombres para defender la plaza. Siete de a caballo y cinco de a pie fueron los que se presentaron. Lobera se encerró en la fortaleza con sus hombres. El guía que ayudó a los corsarios fue un portugués llamado Pero Bras. El segundo de Sores era un español llamado Juan de Plano. En cuestión de una hora se apoderaron de la villa. Ellos espe­raban encontrar en el puerto las naves de Tierra Firme que transportaban los tesoros a España y parte de un salvamento que se había hecho de un navío naufragado en la Florida. Sólo encontraron varias chalupas vacías. 

Al desembarcar el gobernador con sus familiares y algunos vecinos, abandonaron la villa con rumbo a Guanabacoa, que era donde vivían los pocos indios naturales del país que quedaban y algunos negros libres. El pueblecito era pequeño. La guarnición estaba formada por españoles, mulatos y negros. La puerta fue cerrada rápidamente . Empezando la defensa contra los corsarios. 

  Desde el fuerte con dos culebrinas se trató de impedirse el desembarco del navío francés en la bahía . Tres veces las fuerzas de Sores atacaron el fuerte , y tres veces fueron rechazados. La bandera del navío que trataba de entrar en el puerto fue tumbada de un tiro de artillería. Sores le pedía a Lobera que se rindiera, y Lobera contestaba con sus arcabuses. El fuerte fue rodeado y la puerta destruída por el fuego, entrando los franceses; refugiándose los sitiados en un terraplén cercano. Escaseaban las provisiones y la pólvora. Lo único que los salvaría era que viniera ayuda del gobernador. Los arcabuses estaban inservibles, las cuerdas de los arcos rotas. Dos de sus hombres habían muerto, otros estaban heridos. Uno de los defensores, de origen alemán, se había pasado al enemigo. Al fin Lobera se rindió. Sores le prometió respetar su vida, y la de sus fami­liares y hombres, por haber peleado con valentía. 

  Sores utilizó la casa de Juan de Rojas, como su cuartel. Angulo, que estaba en Guanabacoa, con diez españoles, cuarenta indios y algunos negros, que les había prometido la libertad por su ayuda, se dirigieron a la villa. Al saber de la rendición del fuerte, regresaron a Guanabacoa, empezando las negociaciones para salvar la villa. Los franceses exigían . 30,000 pesos y 50 barriles de pan de casabe. Angulo les ofreció 3,000 pesos. Mientras las discusio­nes se seguían, Angulo se preparaba con 30 españoles, indios y algunos negros, armados con lanzas, toletes y piedras, para atacar por sorpresa la villa. El plan era atacar primero la casa de Juan de Rojas, que era su cuartel. 

  El ataque por sorpresa se realizó. En el primer momento sorprendió a los franceses; pero estos con­traatacaron con fuerza, ocasionandoles varios muertos a los hombres de Angulo. La indignación de Sores fue grande, al saber que un familiar suyo había sido muerto. En venganza, ordenó que fueran ahorcados los pns1oneros que tenían. Se cree eran unos 25. Lobera se salvó por uno de los oficiales de Sores que lo desarmó, en el momento que éste lo· quería matar. Lobera se dice que le dijo al francés; "Yo peleo como un soldado español, no como un traidor". Angulo y sus hombres se escondieron en los campos cercanos. Lobera fue encargado del rescate de la villa , pudiendo conseguir sólo 2,000 pesos y algunos objetos de valor. Sores ordenó a sus hombres dar fuego a la villa. Las imágenes de la iglesia fueron pisoteadas. Los pequeños botes que había en el puerto fueron quemados. Al irse Sores, cinco negros y dos indios prisioneros fueron ahorcados frente a la casa de Juan de Rojas. 

  Después del ataque a la villa, ésta quedó destruida. El 4 de octubre del mismo año, otro nav1o fr a nc és entró en el puerto, sin ofrecer los residentes resistencia alguna. Se apoderaron de una carabela que se encontraba cargada de cueros. Días después, tres pataches, se cree de Sores, volverían a tomar la villa. Apoderándose de lo poco que quedaba. Entre ellos, cinco españoles y seis esclavos negros, de prisione ros. Al pagar el rescate los vecinos, los espa­ ñoles fueron devueltos. 

  Sobre estos nuevos ataques Irene A. Wright nos dice: 

"On September 29th, a patache manned by a dozen Frenchmen appeared off Havana. They represented themselves to be Spaniards, inquired into the state of affairs on land, and being advised truly, they entered the port and took possession of a caravel, with which they withdrew to Mariel harbor where their own ships were. On October 9th, these put into Havana bay and the corsairs landed. They did not demolish the rebuilding which the disheartened settlers had begun but they visited outlying estates where they collected hides to add to the considerable cargo of these they already possessed. On October 23rd., 1555, they sailed away, leaving Havana utterly humiliated". ( 18) 

  Según de la Torre, entre los vecinos de la villa se contaban: Cristóbal Velázquez, Domingo Talavera, Francisco Ginovés, Antonio de Zurita, Francisco Mejías. 

  Debido a las agresiones a las poblaciones de Cuba, y en especial a la Habana, que era donde se reunía la flota que iba con los tesoros a España, a petición del virrey de México se adoptaron medidas para evitar dichos ataques. Fue nombrado el capitán Diego de Mazariegos, nuevo gobernador. Sería éste el primer gobernador que recibió ayuda pecuniaria para el sostenimiento de la plaza. Se empezó a cono­cer esta ayuda por "Sitúados". LLegó con la encomienda de construir una nueva fortaleza, para mejor protección de la villa. Con él trajo tres esclavos negros, cuatro arcabuses, cuatro arcos con sus flechas y tres espadas. En su viaje a la Habana, el navío que lo traía se estrelló contra unos arrecifes. 

  Cabildo. Febrero 8 de 1556: "... fue acordado en este dicho cabildo por los dichos Señores Justicia e Rexidores que por quanto algunos negros o negras ansy de los que son esclavos como de los que se an liberado de poco tiempo a esta parte venden cargas de casabi diziendo que es suyo e socolor desto urtan a sus amos lo cual conbiene rremediar por tanto hordenaron e mandaron que de aqui adelante no pueden vender ningund casa­bi ni poco ni mucha cantidad e el que lo contrario fiziere de mas de perder el tal casabi que anci vendiere si fuere esclavo o esclavos libres le sean dados cien acotes atado a la Seiba de la plaza..." 

Carta al gobernador del Rey. Febrero 9 de 1556: "... Diego de mazariegos nuestro gobernador de la ysla de cuba porque como sabéis ese puerto de la villa de la hauana es la escala principal de las yndias a donde los nauios que vienen dellas ansi del nombre de dios como de la nueva españa y otras partes para venir a estos Reynos vienen a parar y es necesario e muy ynportante que el dicho puerto este siempre arrecaudo y con gran defensa para que en caso que armada de francia pasase a esas partes no pudiese tomar el dicho puerto ni hazer daño en el y como quiera que por nuestro mandado se ha hecho vna fortaleza en el dicho puerto de la cual es alcaide Joan de lobera somos ynformados que no es bastante defensa para guarda del dicho puerto y de las naos que van y vienen a las yndias ansi por no ser la fortaleza tal qua conuiene como por no estar en buen sitio y lugar y porque a nuestro servicio conuiene que luego con toda breuedad se entienda fortificar la dicha fortaleza y hazerla como convenga y en caso que no este en lugar y parte conveniente se haga en el sitio y parte donde este mejor y mas aproposito y que tambien se fortifique el morro questa a la entrada del dicho puerto enbio a mandar al nuestro Visorrey e officiales de la nueua Spaña que con toda breuedad enbien a poder de los nuestros officiales desa ysla diez mil pesos para que se gasten en lo suso dicho y no en otra cosa alguna... 

  Cabildo. Marzo 8 de 1556: "... fue acor­dado por sus merces del dicho Señor governa­dor que ya sus mercedes ven e a el le consta la destrucione perdida que los fran­ceses corsarios an causados en esta villa de San christoval de la havana e como en ella no a quedado defensa nenguna e visto lo mucho que importa al servicio de Su Magestad el buen rrecaudo e defensa desta villa para Reparo de los vezinos que en ella biben e para el anparo e seguridad de los navios que a el aportaren de los subditos e naturales vasallos: que atento esto el a tratado veynte soldados que con sus harmas e arcabuces emunicion e bastimento e ensimismo seys piezas de artilleria gruesa hasta en tanto que la rreal harmada de Su Mages­ tad que se espera bendra a este puerto por los reynos de españa este en guarda e anparo desta villa que vean sus mercedes el medio que en ello se podra tener para que esten aposentados e en parte que mejor conbenga a la defensa desta villa... " 

  La llamada Fuerza Vieja se encontraba situada a la entrada del puerto, cuando el ataque de Sores. El nuevo lugar escogido para la construcción de la nueva Fortaleza, fue donde se encontraba la casa de Juan de Rojas. Que es donde se encuentra actual­mente situada. Las obras durarían alrededor de unos veinte años en terminarse. En el año de 1556, Geró­nimo Bustamente de Herrera fue comisionado para su construcción. Al siguiente año se prepararon los planos, pero todo quedó paralizado. En enero de 1558 fue reemplazado por Bartolomé Sánchez. Este segui­ría los planos del anterior. Estos mismos planos están en el Archivo de Indias. 

    En Sevilla no se ponían de acuerdo en el envío del dinero de su costo, ni de los esclavos que Sánchez exigía se necesitaban para poder empezar la construcción. En noviembre de 1558, llegó Sánchez a la Habana, con 14 hombres y 30 esclavos. En diciembre 1, se dirigió a Guanabacoa a una cantera que había allí, para empezar el corte en bloque de las piezas que se utilizarían en la fortaleza. Doce obreros se utilizaron para el corte de las rocas. La ciudad contribuyó con 30 esclavos en los trabajos. Mazariegos trajo de Santiago de Cuba 40 esclavos, cuyos papeles no estaban en regla. De los prisioneros que había en la villa, se escogieron 14 franceses que habían sido apresados en las costas de Cuba. 

A Sánchez se le dio el permiso de adquirir todos aquellos terrenos para la corona. Los dueños de las propiedades eran: Juan de Inestrosa, Alonso Sánchez del Corral, Diego de Soto y el clérigo Andrés de Nis. Las propiedades llegaban hasta donde estaba la Plaza de Armas. Su valor fue pagado al pasar los años por la corte, en ducados. 

  La Fuerza Vieja, como fue conocida la antigua fortaleza, se encontraba, según los papeles del Cabildo, a unos trescientos pasos hacia el noroeste del Castillo de la Real Fuerza, que sería como se conocería la nueva construcción. Debido al ataque de la ciudad por el corsario Sores, la Fortaleza quedó destruída. Debió ser reparada mientras se empezaba la nueva construcción. A principios del 1577, visitó la villa don Antonio Manrique por encargo del Rey. Aconsejando Manrique que "la fortaleza Vieja es muy necesario allanarla por el suelo, porque si el enemigo tomase con mucha facilidad la puede terraplenar, y de allí hacer mucho daño a la nueva". Esto no suce­dería hasta 1582, siendo gobernador Gabriel de Luján, que ordenaría su destrucción, en carta al Rey. 

  Cabildo. Abril 24 de 1556 : "... arancel de los derechos que an de llevar todas las personas que dieren de comer en sus casas en esta villa de la havana. Primeramente por tres libras de pan casabi dos  rreales. 

  Ytem por una libra de carne de puerco ques la quarta parte de un arrelde cocida o asada medio rreal e sino fuere cocida que den sus coles o calabazas con ella. 

  Ytem por una libra de carne de vaca medio rreal e den con ella un plátano o otra fruta de la tierra. 

  Ytem que pueda ganar en el vino que dieren en cada aRoba sys rreales e que lo midan delante la persona que lo comprare. 

  Ytem por una piña medio Real. Ytem por doce platanos un Rreal. 

  Ytem que tales personas que dieren de comer sean obligadas a dar agua a los que comieren la que les bastare e mesa e manteles linpios de valde sin llevar por ello interese algund. 

  Ytem que si alguna persona quiere dormir en las tales casas de trato que si le dieren una hamaca lleven por cada noche un rreal e sino le dieren hamaca ni otra cama medio Rreal. 

  Ytem que las tales personas que ansy dieren de comer tengan peso de balanzas e medida para pesar e medir lo que ansy dieren de comer e beber. 

Ytem que los suso dicho tengan colgado este arancel en la puerta de sus casas en la plaza o lugar donde vieren de puerta de sus casas en la plaza o lugar donde vieren de comer de manera que todos le puedan leer e entender..." 

Cabildo. Mayo 8 de 1556: .... fue acordado que por que el xagüey desta villa de que se proveen de agua esta seco e tienen necesidad de se limpiar para que benida las aguas se hinche e este de buena agua limpia mandaron que para hefecto de se linpiar el martes primero benidero de la semana que biene e para ello vayan e se den negros que se suelen dar por los vezinos e no alzen mano hasta que lo acaben... " 

  Al principio, la población se suministraba de agua de un arroyo que había en la parte sur de la villa, llamada de Jagüey. El cabildo, en el año de 1556, empezó a buscar más abasto de agua para los vecinos y los barcos que tocaban el puerto. El cabildo de la villa ordenó, el 28 de diciembre de 1562, la construcción de una zanja o canal donde se desviaría el agua del río Chorrera (Almendares). En el año de 1566, en los archivos de la villa aparece francisco Colona y dos albañiles, que comenzaron a abrir las zanjas; al carecer de suficientes fondos, las obras se paralizaron. En 1569, Hernán Manrique de Rojas y otros vecinos acaudalados de la villa, se hicieron cargo de la obra dando su apoyo y ayuda económica. Terminándose el canal en el año de 1587, con un gasto de 45,213 pesos. Los campos inmediatos se beneficiaron y el abasto de la villa y de los barcos e tocaban puerto. Muchos años más tarde, en 1759, canal se agrandó, uniéndose al río del Almendares, donde construyó una represa.

Cabildo. Mayo 14 de 1557: "... se proveyo e mando que muchas negras esclavas en esta villa an tomado por trato de tener taberna e tabaco lo ques en mucho perjuicio desta Republica e mandaron pregonar publicamente que de oy adelante ninguna negra esclava sea osada de bivir en casa por si ni tener taberna ni tabaco so pena de cincuenta acotes a cada una de las dichas negras que lo contrario ficieren e demas desta que el amo que se lo consentir e yncurra en pena de dos pesos para la Camara e Fisco e obras publicas e mandaron que se pregone publica­mente... "

Cabildo. Agosto 20 de 1557: "... el cabildo se acordo que por quanto al buen recbdo desta villa es nescesario que aya un tanbor que toque cuando ubiere navio e para ello an cogido a juan de emberas flamenco el qual es habil e suficiente para ello e les a pedido le señalen salario para ello e por­ que el susodicho lo sirva con voluntad con acuerdo de todos los Srs. Justizia e Rexidores e de ambrosio hernandez procurador señalaron de salario a dicho juan de emberas tanbor treynta e seys ducados por un año el qual comienze a correr desde oy e el dicho juan de emberas lo acetó e se obligo a lo servir por el dicho precio e los señores dixeron que se le libre e pague ansy como fuere servido de penas aplicadas a gastos de guerra e obras publicas desta villa... "

TRES VERSIONES SOBRE LA CAPITULACIÓN DE BAYAMO, FIRMADA EL 20 DE OCTUBRE DE 1868

Tomada de: Opus Habana

I
CAPITULACIÓN DE BAYAMO
ESCRITA POR DIONISIO NOVEL E IBAÑEZ JEFE DE LA FUERZA MILITAR QUE GUARNECIA BAYAMO


1. que por la heroica resistencia hecha, se nos declaraba prisioneros de guerra con los honores de la misma, 
2. que se respetarían las vidas y haciendas, no solo de los que se hallaban en el cuartel, sino también de los que se encontraban fuera, siendo dependientes o adictos al gobierno,
3. que ninguno podría ser vejado ni maltratado,
4. que la tropa sería conducida a los depósitos con todo su equipo y vestuario,
5. que los oficiales conservarían sus espadas y asistentes,
6. que ninguno de los prisioneros podría servir de represalia, ni para embarazar las operaciones a sus compañeros de armas,
7. que todos los efectos correspondientes a los cuerpos habían de ser entregados bajo duplicado inventario para que terminada la guerra, fueran devueltos en la misma forma en que se encontraban, y concluía comprometiéndose los jefes y oficiales a no hacer uso de sus espadas ínterin no fueran canjeados o rescatados.

Fuente: Dionisio Novel e Ibáñez, Fernando Figueredo Socarrás y Antonio Miguel Alcover Beltrán: Bayamo 1868-1869. Toma, posesión y quema, 2da. ed. anotada e introducción por Ludín B. Fonseca García, col. Proyecto Memoria, ilus., Ed. Bayamo, 176 pp., Bayamo, 2013, p. 32-33. 

II
CAPITULACIÓN DE BAYAMO
ESCRITA POR FERNANDO FIGUEREDO SOCARRÁS INDEPENDENTISTA CUBANO PARTICIPANTE EN LA ACCIÓN


1.  Todos los individuos que están dentro del cuartel son prisioneros de guerra.
2. Todas las propiedades del ejército y del Estado, pasan a poder del ejército cubano.
3.  Se respeta la vida de los prisioneros.
4. Los oficiales y jefes saldrán del cuartel con sus espadas, custodiados por oficiales cubanos, hasta el edificio que les servirá de prisión.

Fuente: Dionisio Novel e Ibáñez, Fernando Figueredo Socarrás y Antonio Miguel Alcover Beltrán: Bayamo 1868-1869. Toma, posesión y quema, 2da. ed. anotada e introducción por Ludín B. Fonseca García, col. Proyecto Memoria, ilus., Ed. Bayamo, 176 pp., Bayamo, 2013, p. 90.

III
CAPITULACIÓN DE BAYAMO
ESCRITA POR EL HISTORIADOR Y PERIODISTA ANTONIO MIGUEL ALCOVER


“Visto el carácter que ha tomado esta guerra, los considerables incendios de ayer, la excesiva superioridad de los enemigos que existen en el territorio, y en particular en esta población, en que según noticia excede de cuatro mil; no teniendo noticia de que se aproximen recursos y que es insostenible la defensa del cuartel por sus malas condiciones e inmensa dificultad de proveerse de víveres, agua y municiones, tanto más sensible en cuanto que dentro de él existía la caballería; teniendo también en cuenta que la retirada de esta fuerza sería de fatales consecuencias por el mal estado de los caminos y hostilidad constante que habían de sufrir; y teniendo también en cuenta lo infructuoso de la continuación de tan heroicos esfuerzos como se vienen haciendo desde hace diez días, y en particular en los dos últimos, más las consecuencias de epidemia en el cuartel al entrar en putrefacción los cadáveres, tanto de hombres como de animales; el teniente gobernador político militar que era de Bayamo, de acuerdo con todos los jefes y oficiales de la expresada guarnición, más el que había de sucederle en dicho destino, comandante Pedro Mediavilla y Núñez, conviene con el general de las fuerzas invasoras en la capitulación siguiente, con las que se encuentran conformes todos los jefes y oficiales de la guarnición.
Primera. En atención al heroico comportamiento de los vencidos quedan prisioneros de guerra con todos los honores de la misma.
Segunda. El vencedor se compromete a que sean respetadas las vidas, así como los intereses privados de los jefes y oficiales y tropas rendidos, así como de que no sean vejados.
Tercera. La tropa dejará las armas en el cuartel y saldrá con todo su equipo y vestuario para el depósito que se le designe, a excepción de los asistentes de los jefes y oficiales que continuarán al servicio de los mismos.
Cuarta. Los oficiales conservarán sus espadas.
Quinta. Ni éstos ni las tropas podrán servir de represalias para embarazar las operaciones de las armas españolas, caso de que continúe la guerra.
Sexta. Los efectos del batallón así como los del escuadrón quedarán depositados bajo inventario hasta que a la terminación de la guerra les sean devueltos.
Séptima. Los vencidos se comprometen por su parte a no hacer uso de sus armas hasta después de que fuesen canjeados como prisioneros de guerra.
Y en cumplimiento por una y otra parte de la referida capitulación lo firmaron por los vencedores el teniente general, segundo jefe del Ejército Libertador, y el teniente coronel, teniente gobernador político-militar que era de Bayamo a las once de la mañana del día 20 de octubre del año 1868. El teniente general Luis Marcano. El teniente coronel, gobernador político-militar, Julián de Udaeta.”

El naufragio del Santa Isabel, la mayor tragedia marítima civil de Galicia en el siglo XX


 / 


La madrugada del 2 de enero de 1921 el vapor Santa Isabel se hundía al suroeste de la isla de Sálvora, dejando como consecuencia del naufragio la pérdida de 213 de las 269 personas que viajaban a bordo, en la que es una de las mayores tragedias marítimas civiles en la historia de las costas de Galicia.
800px-Vapor_Santa_Isabel_nas_rías_galegas_1920
El Santa Isabel (fuente: Wikimedia Commons)
El Santa Isabel era un buque correo perteneciente a la Compañía Transatlántica Española, y aunque fue construido para cubrir la línea entre los puertos peninsulares de Bilbao y Cádiz, las islas Canarias y la isla de Fernando Poo en la Guinea Española (hoy en día Guinea Ecuatorial), el auge de la emigración española hacia Argentina (dos millones y medio de personas entre 1857 y 1935) cambió los planes de la compañía, destinándolo al cabotaje entre los puertos de Pasaia, Bilbao, Santander, A Coruña, Vilagarcía y finalmente Cádiz, en donde los pasajeros y la carga se trasbordaban a los trasatlánticos Infanta Isabel de Borbón y Reina Victoria Eugenia que cruzaban el Atlántico con destino al país austral.
Construido en los astilleros de la Sociedad Española de Construcción Naval en Matagorda (Cádiz), el Santa Isabel fue entregado a la Compañía Transatlántica Española en octubre de 1916, dos años y medio después del hundimiento del Titanic. Este hecho influyó en su diseño y construcción, incluyendo ocho botes salvavidas con capacidad para un total de 390 personas y más de 400 chalecos salvavidas para los 460 pasajeros y 84 tripulantes que como máximo podían viajar a bordo.
Con una eslora de 89 metros y una manga de 12, el barco desplazaba casi 2.500 toneladas. Sus calderas alimentaban dos potentes turbinas que hacían girar dos hélices de cuatro palas cada una, siendo capaz de alcanzar los 12,5 nudos de velocidad máxima. El Santa Isabel estaba equipado también con velas para aprovechar los vientos y ahorrar carbón en sus travesías.
DJWf_oOXcAELyRU.jpg-large
Maqueta del Santa Isabel (fuente: Luís García @NavLgg)
El 20 de diciembre de 1920 el buque partió de Cádiz destino a Pasajes en su ruta habitual. Once días después el Santa Isabel llegó al puerto gallego de A Coruña en medio de la celebración del año nuevo, en donde cargó pasajeros y carga antes de partir de nuevo a la una de la tarde con destino a Vilagarcía de Arousa, con 84 tripulantes y 185 pasajeros a bordo, con el tiempo algo revuelto y ligeros chubascos.
Los chubascos se conviertieron en tormenta y fuertes vientos al pasar el cabo Fisterra, y cerca de las doce y media de la noche, ante la imposibilidad de orientarse mediante los faros de Corrubedo y la isla de Ons, que delimitan la entrada a la ría de Arousa por el norte y el sur respectivamente, el capitán García Muñiz decidió reducir la velocidad del Santa Isabel y tomar todas las precauciones posibles.
Era ya la una y media del día dos de enero cuando el Santa Isabel embistió con los bajos de Meixides, a escasos 200 metros al suroeste de la isla de Sálvora, justo en la entrada de la ría de Arousa. Las rocas abrieron varias brechas en el casco del buque y el agua comenzó a entrar en su interior.
Aunque el Santa Isabel estaba equipado con radioteléfono, el único mensaje emitido desde el buque antes de cortarse la electricidad a bordo al inundarse la cámara de máquinas fue un “Estamos encima de las rocas de Sál…”. Aunque el mensaje fue recibido por la estación radiográfica de Fisterra y el buque francés Flandre, no fueron capaces de ayudarlos al desconocer la posición del Santa Isabel.
En aquella época la isla de Sálvora estaba ocupada por 54 colonos que trabajaban sus tierras, más el farero. Fue este, alertado por los ladridos de su perro, asustado por los gritos de los viajeros del Santa Isabel, el primero en darse cuenta de lo que sucedía. Corriendo se acercó hasta las casas de la aldea para avisar a los vecinos de la isla. Pero más de la mitad de los mismos se hallaba en tierra firme en los pueblos vecinos de Aguiño y Carreira, celebrando el año nuevo.
De Salvora partieron tres dornas, pequeñas embarcaciones de pesca típicas de las Rías Baixas, una hacia Ribeira para dar aviso y las otras dos al rescate de los pasajeros del Santa Isabel. Tres mujeres se convirtieron en las heroínas de esta historia. Las jóvenes María Fernández Oujo, Josefa Parada y Cipriana Oujo Maneiro, de 14, 16 y 24 años respectivamente, rescataron en varios viajes a entre a 15 y 20 personas. Su acción les valió el reconocimiento como las “Heroínas de Sálvora”, además de serles otorgada la Cruz de Tercera Clase con Distintivo Negro y Blanco del Consejo de Estado y la medalla de Salvamento Marítimo.
si-02.jpg
Las heroínas de Sálvora (fuente: Cies.gal)
El oleaje arrastró hacia los acantilados de Sálvora a los dos primeros botes salvavidas que se habían lanzado al agua, estrellándolos contra las rocas y acabando con la vida de los que iban a bordo. Por ello, Luís Cebreiro, el segundo oficial del Santa Isabel retuvo a varios botes salvavidas hasta que amaneció con el fin de evitar las rocas a la luz del día. Apodado “el toneladas” por su excesivo peso, Cebreiro se negó a subir a los botes y nadó dos horas agarrado a uno de ellos hasta alcanzar la costa.
A las ocho y media de la mañana el buque se partió en dos, arrojando al mar a muchos de los que todavía se mantenían a bordo. El Cabo Menor fue el primer buque que llegó a la zona del naufragio, aunque lo hizo horas después del suceso y lo único que encontró fueron cadáveres, maletas y otros bultos de equipaje alrededor de parte de la chimenea y el palo de proa del Santa Isabel, que era lo único que quedaba a la vista del buque.
si-03.jpg
Recorte de prensa de la época (fuente: ivoox.com)
En total, 213 personas perdieron la vida en el naufragio, salvándose otras 56 (27 tripulantes y 29 pasajeros) entre los que se encontraba el capitán Esteban García Muñiz y el maquinista Juan Antonio Pérez Cano. El número de víctimas fue tan alto que el concello de Ribeira se vió obligado a reabrir un antiguo cementerio para enterrarlos, en lo que fue una de las mayores tragedias de la navegación civil en Galicia.

Juan A Oliveira es el responsable de las Áreas de Ingeniería Naval Aplicada y Estructuras en CT Ingenieros. Desde 2013 edita y coordina el blog de temática naval vadebarcos.net. Puedes conectar con él a través de Twitter o LinkedIn.
Si te ha gustado la entrada, puedes recibir las nuevas entradas del blog en tu correo electrónico (busca cómo en la barra de la derecha). Además, puedes seguir toda la actualidad del mundo de los barcos en Twitter o Flipboard.

Emigración canaria a Cuba:

Mapa tomada de: deacademic.com

La emigración canaria a Cuba fue cuantiosa y sostenida, tanto que puede considerarse una de sus principales raíces culturales y etnográficas. Hoy no es raro el canario que tiene familiares en Cuba, y menos raro el cubano que lleva un apellido guanche. Porque los descendientes de aquellos emigrantes canarios del XVII poco tardaron en considerarse cubanos de pura cepa. Después de 1882 llegaron al continente americano más de tres millones y medio de españoles. Las fuentes españolas reflejan un cifra menor debida seguramente a la emigración clandestina para eludir el servicio militar o por la falta de documentación en regla. Después de considerar los retornos la pérdida final de población apenas supera el millón de habitantes. Entre 1835 y 1850 Macías Hernández considera que al menos 50.000 isleños emigraron, de los que casi un tercio se dirigen a Cuba. Si el censo de 1846 recogía la presencia de 19.759 canarios en la Isla, el de 1862 los eleva a 45.814, a pesar del descenso en la corriente emigratoria canaria a partir de mediados de siglo. Nuevamente reactivada a fines de la década de los setenta, más de 60.000 canarios emigraron hasta el inicio de la guerra de independencia cubana. La diáspora se prolongó en los primeros decenios de la centuria, hasta que en la década de los veinte se produce una inversión de la corriente, superando los retornos a las salidas. Si Cuba fue el principal destino canario, esta realidad adquiere más fuerza cuando hacemos referencia al emigrante palmero.
En el bienio 1913-1914 Cuba acogía entre el 84,9 por 100 y el 87,3 por 100 de los emigrantes salidos por el puerto de Las Palmas, entre el 87 y el 87,2 por 100 de los que parten de Tenerife y entre el 99,2 y el 99,9 de los que embarcan en Santa Cruz de La Palma. De los 4.677 pasajeros considerados como emigrantes que parten en 1914 de Canarias, un 40,5 por 100 lo hacen del puerto de Tenerife, un 31,6 por 100 de Las Palmas y un 27,9 de La Palma. Para 1915 la cifra se elevaba a 6.713 pasajeros, pero los porcentajes habían variado: un 38,4 por 100 tienen como punto de embarque Tenerife, un 44 por 100 Las Palmas y un 17,6 por 100 La Palma. Las condiciones de emigración del común de los españoles fueron muy diferentes de las de los canarios. Tras "pacificar" las islas, y en prevención de posibles rebeldías, los Reyes Católicos ordenaron el traslado de grupos de población nativa guanche a las nuevas colonias de América. En lugar de llegar como colonos o soldados, los isleños, como se los conoce en Cuba, lo hicieron como mano de obra para las plantaciones de caña de azúcar. Los pobladores de Cuba de origen canario llevaron consigo sus devociones tradicionales. Así, el culto a la Virgen de la Candelaria, surgido en Tenerife en el siglo XIV, inspiró la construcción de una ermita en Guanabacoa. Los propios canarios fueron quienes, en el siglo XVIII, la convirtieron en la hermosa iglesia de Santo Domingo. La influencia canaria en la cultura cubana actual es muy notable. A ella se debe la pronunciación peculiar del castellano en Cuba, y la preferencia por formas poéticas como la décima campesina. La improvisación, el punto guijarro o "repentismo", una persistencia de las fiestas campesinas o guateques y las famosas parrandas o Charangas. En ciertos lugares ha sido especialmente destacado el papel de los inmigrantes canarios. Entre ellos: Güira de Melena, Jaruco, Matanzas, San Juan y Martínez en Pinar del Río, Cabaigüan de Sancti Spíritus, Guanabacoa, San Cristóbal de La Habana, Jesús del Monte, Santiago de las Vegas, Bejucal, Santa María del Rosario y Remedios. Familias enteras y sucesivas generaciones pudieron emigrar a Cuba. Para ellos, el mar, más que un elemento de separación, lo ha sido de unión. Eran intereses más de tipo familiar o social lo que les movía en esta aventura. Los canarios fundaron las ciudades de Matanzas, Vuelta Abajo, Sagua, San Carlos de Nuevitas, Manzanillo y Santiago de las Vegas. Entre los canarios ilustres se encuentra Leonor Pérez, la madre de Martí, que ha dado nombre a la Asociación Canaria de Cuba. La emigración canaria constituye una de las facetas más destacadas en la historia insular. La significada aportación de los habitantes de Canarias al acervo sociocultural de las tierras americanas queda fuera de toda duda, pues varias generaciones de isleños cruzaron el Atlántico rumbo a América. Este desplazamiento secular y su integración en los diferentes países receptores constituyó un elemento importante en la configuración social canario-americana.
Emigración femenina:
Las mujeres conformaron también un grupo migratorio importante, sin embargo, la historiografía ha desestimado la emigración femenina, aunque ocupó un papel especial y desempeñó un mito entre las mujeres que sufrían las penurias económicas de la época. Se trataba de mujeres jóvenes, en su mayoría solteras que buscaban un acomodo y un bienestar que no les ofrecía su tierra. En general, se trataba de personas con capacidad laboral plena. El bajo nivel cultural y su origen humilde caracterizaban su status social, marchaban para probar suerte con el deseo de mejorar sus condiciones socioeconómicas.
Éxodo de isleñas:
Según informa las estadística de emigrados con especificaciones del sexo, para el siglo XIX , de un total de 23.592 personas, 6.880 eran mujeres y 16.712 eran hombres. Tales cifras representaban un 29.16 por ciento de mujeres frente a un 70.83 por ciento de hombres. Aunque el número de emigrados fue significativamente superior a las emigradas y numéricamente la emigración masculina equivalía a más del doble de la femenina, si se compara con la emigración de la España peninsular o con la de otros países de tradición migratoria resulta bastante elocuente el éxodo de las Canarias. Especialmente si tenemos en cuenta que para el caso cubano hubo migraciones exclusivamente masculinas, como fue el caso del pueblo chino. Asi por ejemplo, entre 1818 - 1839 de un total de emigrantes de 21.184, el número de mujeres fue 5.971, lo cual representaba el 28,18 por ciento. Entre 1832 - 1845 la salida de mujeres con destino a Venezuela, representó el 36,54 por ciento del total de los adultos emigrados. El caso de Uruguay entre 1840 - 1844 supuso el 41,3%. Asimismo la presencia de mujeres isleñas en Cuba ascendió en los años 1846 y 1860 según reflejaron los censos cubanos.
También hubo emigración clandestina femenina, que burlando los controles oficiales llegaban de manera ilegal a los países hispanoamericanos. La participación femenina se incrementó a lo largo del siglo; igualmente, aumentaron los grupos familiares donde, indudablemente, la presencia de las mujeres era un hecho. En cuanto a su nivel cultural, las mujeres ofrecen un porcentaje más alto de analfabetismo que los hombres, con lo cual queda patente el alto saldo de analfabetismo femenino. El perfil cualitativo de las isleñas que emigran para América revela un alto porcentaje de iletradas. Se trata de población adulta que nunca asistió a la escuela primaria, que participó poco en ella o estuvo mal escolarizada. La emigrante no marcha para mejorar su condición cultural, sino buscando una salida socioeconómica, intentando superar el mal endémico de crisis agrícolas continuadas y las escasas expectativas que le ofrece su terruño.
Tráfico de Mujeres Canarias:
Las isleñas, ilusionadas con la esperanza de alcanzar la posición socioeconómica que su tierra natal le negaba, eran víctimas de las especulaciones de quienes se dedicaban al tráfico del género humano. En efecto, resultó un lucrativo negocio trasladar mujeres canarias a Cuba, pues muchas fueron engañadas por la compañías de embarque, ofreciéndoles falsas expectativas laborales. En ocasiones, ante las escasas alternativas laborales, la mujer isleña de forma voluntaria trabajaba como prostituta. Es cierto que la mayor parte de las veces por engaño y las menos por su propio consentimiento, las isleñas eran destinadas a la prostitución. Además muchas de ellas fueron vendidas como esclavas, subastadas como mercancía, en el muelle de la habana y destinadas a los prostíbulos tanto de la capital como del interior, con lo cual se practicó la trata de blancas. En 1855 el secretario de la Junta de Fomento de La Habana denunció que "se ven muchachas que ni noción tienen de sus deberes religiosos y que, según todas las apariencias, darían nuevo alimento a la prostitución de Canarias tan abundante es estas islas". La contratación de mano de obra isleña era rentable. La explotación de las mujeres canarias como prostitutas en Cuba se podría considerar un sector de ocupación fundamental en el siglo XIX y en primeras décadas del XX. En 1855 estaban registradas en La Habana 200 casas de prostitución con un total de 651 meretrices, el 90% mujeres de color, extranjeras, peninsulares y canarias. Así lo confirma el historiador Hugh Thomas, indicando que en los burdeles en La Habana trabajaban muchas mujeres canarias. Sin duda, el tráfico de mujeres canarias y su explotación sexual en América fue una realidad, siendo víctimas de las especulaciones del género humano. No obstante, otras mujeres a través de la emigración mejoraron su situación socioeconómica. El esfuerzo laboral y la capacidad de ahorro se tradujo en un aumento del nivel adquisitivo y por lo tanto en un ascenso en el grado socioeconómico. Así superaban el estadio de pobreza y miseria que generó la crisis económica en la que se vio inmersa Canarias, pero raras veces se refleja en el incremento del nivel cultural.
Teresa González Pérez, Catedrática de la Universidad de La Laguna
Publicado en La Opinión (19/05/02).
"Abandonaremos nuestra Patria y nuestra parentela porque ha dominado nuestra tierra un dios estéril". (Códice nahualt)
Me voy porque la tierra, el pan y la luz ya no son míos. (León Felipe)
► En la década de 1950 las autoridades españolas gestionaban la salida de emigrantes legales tramitando miles de solicitudes. En buques autorizados embarcaban expediciones formadas por grupos de cientos de varones previamente aprobados. Se encontraban en el muelle a la misma hora con agricultores de las islas menores que también viajaban en grupo. En mayo de 1955 salieron en el vapor España 350 canarios rumbo a la República Dominicana.

El dia de los difuntos. Meditaciones de un esqueleto filósofo



 En esta ocasión, el articulista nos narra: «—¡Cuán falsa es la paz de los sepulcros! No hace aún muchos años, creo que unos meses tan sólo, que vivo aquí, en esta tumba húmeda y estrecha. Y yo, que había soñado para después de muerto, en el descanso y en la tranquilidad, no he hallado todavía reposo, ni paz, ni sosiego...»
Pero ¿es cierto que los hombres pueden hacer ya que los muertos resuciten? 
 
—¡Cuán falsa es la paz de los sepulcros! No hace aún muchos años, creo que unos meses tan sólo, que vivo aquí, en esta tumba húmeda y estrecha. Y yo, que había soñado para después de muerto, en el descanso y en la tranquilidad, no he hallado todavía reposo, ni paz, ni sosiego... ¿Será, como a veces me figuro, que no estoy completamente muerto y que hay algo impalpable y misterioso que me liga al mundo de los vivos?
Vibran hoy las campanas con sus lenguas de hierro, llamando, plañideras, a los vivos para que se acuerden de sus muertos. ¡Es día de difuntos! Y el rebaño acude a la llamada. Desde temprano, y desafiando las inclemencias del tiempo, esta inmensa ciudad se ha ido llenando de fieles, de turistas, que sólo acuden hoy, cuando los llaman. ¡Qué feliz es la humanidad, que todo lo tiene reglamentado, clasificado, encasillado! Lo mismo el dolor que la alegría, el placer que el trabajo. He oído decir a un jovencito que pasó cerca de mi tumba, que iban a reglamentar de nuevo el vicio. ¡Qué humanos son! ¡Y hablan todavía del Kaiser que hizo de sus súbditos autómatas y muñecos de resorte, sumisos a la voz del que los manda! Si todos los hombres, en mayor o menor escala, son lo mismo. Hasta los cubanos, rebeldes por naturaleza y educación, se rebelarán contra el uniforme de un policía que les ordena hacer esto o lo otro; protestarán enfurecidos, se fajarán, en último caso. O junto al aviso que dice: «Se prohibe pisar la yerba», habrá un trillo claro y perfecto, por donde todos han tenido buen cuidado de pasar, demostrando con esto al extranjero que nos visita, nuestra rebeldía a la autoridad y a las leyes.
Pero todas estas cosas no son más que reminiscencias de otros tiempos de opresión y tiranía, en los que era patriótico y hermoso desobedecer al orden público, o al guardia civil, o a las leyes y reales órdenes, porque unos y otras representaban la metrópoli contra la que había que luchar a sangre y fuego; y todavía no se han acostumbrado a pensar que ese vigilante de ahora, es suyo, y esa ley, buena o mala, es ley de la República. Otras veces su rebeldía es un fenómeno puramente calorífico.
Pero en el fondo son como todos: obedecen ciegamente a esos fantasmas dominadores que se llaman el Estado, la Sociedad, la Religión, la Rutina, los Convencionalismos, las Conveniencias sociales.
Si no, miradlos. Suena el alegre cascabel, y allá van atropellándose, arlequinescamente disfrazados, a bailar y reírse. ¿Lo sienten?... Han cumplido lo que la sociedad les mandaba. Era carnaval.
Hoy les toca llorar, acordarse de nosotros, y aquí vienen. Esta noche irán también, ceremoniosamente, a oír ese Tenorio utópico e insulso. Admirarán, como en otros años, su valor y su audacia; reirán como siempre los chistes de Ciutti y volverán a identificarse también con la pobre doña Inés. Y hasta el año que viene.
Y así son en todo. Y así eran cuando yo vivía. Y en su carnerismo llegan a la exageración. Sólo van a los paseos un día a la semana, los domingos. A los teatros, los días de moda. Cenan, una vez al año, por nochebuena. Y ¡ay de aquel a quien se le ocurra quedarse de vez en cuando hasta las cuatro de la mañana para cenar en La Placita unas cabrillas fritas! Es un perdido; no hace lo que los demás.
Y todos son lo mismo. Piensan, sienten y quieren juiciosa, reglamentadamente. Las niñas en edad de merecer siguen esperando, para corresponder a su enamorado, que éste se lo diga tres veces. Los jovencitos, cuando terminan su carrera, se casan enseguida para ser personas serias.
Y pobre de aquel cuya manera de pensar, de sentir o de amar no pueda ser clasificada por la sociedad. Será un raro y un loco. Que para no asustar al rebaño, hay que ser hipócrita. Hay que tener anestesiados, a gusto de la humanidad, el cerebro y el corazón.
Pero... me he puesto triste y tonto. Esta maldita costumbre de filosofar, que tenía cuando estaba en el mundo de los vivos, no me ha abandonado en la tumba. Por eso fui muy desgraciado. Quise rebelarme contra los convencionalismos y fui vencido por la conjura social. Y hasta en mi matrimonio quise pedir a mi esposa amor después de dos años de casado, olvidándome de que era mi esposa. Recuerdo que el día de mi muerte, con esa clara y fina percepción que da la naturaleza a los difuntos —sólo muriéndose se sabe esto— mi esposa, en lo primero que pensó, después de haber desahogado sus glándulas lagrimales, fue en un traje de teatro que acababa de comprar y no había usado todavía.
—¡Qué dolor!— decía a sus amigas —¡quien me iba a decir que no me lo podría estrenar! ¡Y hasta después de hecho, tuve que subirle un poco el escote, porque el pobre Juan era muy raro y exagerado en esas cosas!
Divago. El aire frío y húmedo de la mañana «hiela mis huesos», como dirían los poetas. Y además, el recuerdo de la aventura de ayer me preocupa  todavía. Nunca creí que el poder de los hombres llegase a tal extremo: a resucitar los muertos. ¿Será cierto o será un sueño de mi cráneo, no tan hermoso como el busto de la fábula, pero sí tan vacío como el de muchos consagrados?
Ayer salí de mi tumba, recorrí alegre y tumultuosamente las calles de la capital. La ciudad se hallaba engalanada, como en días de carnaval. Se oían gritos y aclamaciones. Coches y automóviles, atestados de hombres de todas clases y condiciones, iban veloces, precipitadamente, de uno a otro lado.
—¡Zayas sí va ¡Zayas-Mendieta, victoria completa!— gritaban unos desde un automóvil.
—¡Vivan los conservadores!— decían otros.
Frente a una casa, creo que de la Calzada de Galiano, el público se aglomeraba, como en días de grandes agitaciones.
—¡Veinte blancos!— pedía uno enronquecido. —¡Blancos son los que hacen falta! ¡Ya los negros se han acabado! ¡Forros blancos!
—¡A votar, a votar!
Y en un camión enorme me metieron atropelladamente, con otros muchos... ¿Muertos como yo? Tal vez.
Y en un colegio electoral voté candidatura completa; no recuerdo la de qué partido. Para el caso era lo mismo.
Después volví a mi tumba. ¿Habrá quien crea en la paz de los sepulcros? La humanidad ha progreso demasiado...
Pero ¿es cierto que los hombres pueden hacer ya que los muertos resuciten?
¡Los hombres, los hombres! ¡Qué idiota, qué cándido soy a veces, tanto cuando estaba en el mundo, según me dijo un día un amigo hablando sobre mi matrimonio! Los hombres no han llegado todavía a hacer resucitar a los muertos. ¡Hasta ahora los únicos que pueden hacer eso son los políticos!...
 
(Artículo de costumbres tomado de Carteles, 20 de abril de 1925)
 
Emilio Roig de Leuchsenring
Historiador de la Ciudad desde 1935 hasta su deceso en 1964

AMIGOS

Foto tomada de: gananci.com



Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)


Un buen amigo vale más que todas las exquisiteces que nos ofrece la vida. “Una amistad delicadamente cincelada, nos dice Ortega y Gasset, cuidada como se cuida una obra de arte, es la cima del universo”. Aseveración esta tan verdadera como todas las que brotaron de la claridad mental de nuestro filósofo y ensayista. Aquellos que beben, pues, del gratificante e inagotable manantial de la amistad sabrán valorar esta guirnalda de palabras rebosante de transparencia y armonía sobre este profundo afecto personal, totalmente sano y generoso, y siempre compartido con otra persona que te corresponde, con esa pureza y desinterés, como tú a ella. Los tres mosqueteros, del escritor francés Alexandre Dumas, es, sin duda, una historia arquetípica sobre la amistad, basada en los sentimientos y los comportamientos de sus personajes. Otros ejemplos variados de diversos tipos de amistades entrañables exhibidas en la literatura son: “Don Quijote y Sancho Panza”, “Sherlock Holmes y Watson”, “Butch Cassidy y Sundance Kid”, etc. Asimismo, en el cine y la televisión hallamos paradigmas de amistad en los ya clásicos “El gordo y el flaco” y “Los tres chiflados” hasta series de televisión estadounidenses como “Friends”, comedia que gira en torno a las relaciones de seis amigos.
 Ya Aristóteles, considerado el “Padre de la filosofía”, en su escrito “Ética nicomáquea” dedica los libros VIII y IX, de los diez libros que forman parte de ella, para hablar del valor humano que posee la amistad puramente afectiva y desinteresada.
El vínculo de la amistad es tan fuerte que no existen vicisitudes adversas ni términos o normas que puedan deteriorarlo o inutilizarlo. Esa es la auténtica amistad. La misma que, con el paso inexorable del tiempo, se va fortaleciendo y acrecentando para bien de los amigos, así como de aquellas personas de su entorno más o menos cercano. Aunque, al respecto, debo decir que “una amistad no crece, refiere Ada Ruth, por la presencia de las personas, sino por la magia de saber que, aunque no las veas, las lleva en el corazón”. Esto mismo es lo que les sucede a los amigos. Ciertamente, los amigos se ven de tarde en tarde, pero ellos saben, sin decirse nada, que uno está totalmente en los adentros del corazón (vida) del otro, y este en los de aquel, aunque, retomando otra vez a Aristóteles, asevero con él, ya que estoy totalmente de acuerdo con el filósofo griego, al expresar que “la amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas”.
Es evidente que la amistad se da en distintas etapas de la vida y en diferentes grados de importancia y trascendencia. La amistad nace cuando las personas encuentran inquietudes comunes. Hay amistades que nacen a los pocos minutos de relacionarse y otras que tardan años en hacerlo. La verdadera amistad dura toda la vida.
Con los amigos compartimos nuestras vivencias. Con ellos, nos alegramos o entristecemos, ya sea por parte nuestra o por la de alguno de ellos. Entre amigos se dan consejos, que en muchas ocasiones pueden ser la solución de problemas y conflictos. Ciertamente, los amigos aprenden unos de otros y nos ayudan a ser mejores personas.
La amistad resiste el tiempo y la distancia porque resiste los avatares de la vida del amigo. Además, la amistad no solamente surge con quienes tenemos más afinidades en cuanto a gustos e intereses, o con quienes tenemos más parecido, sino que puede aparecer entre personas muy dispares. De hecho, a veces ese es un factor que fortalece la amistad, pues una buena amistad complementa y enriquece a la persona no solo en el intercambio de ideas, información y sentimientos, sino también en el hecho de compartir los buenos y malos momentos de la vida.
Relaciones de amistad pueden nacer en los más diversos contextos y situaciones: el lugar donde vivimos, el sitio donde trabajamos, la escuela, la universidad, fiestas, reuniones, el café que frecuentamos, a través de otros amigos, redes sociales, etc.
Mateo Alemán dijo una preciosa frase alusiva a los amigos: “Deben buscarse los amigos como los buenos libros. No está la felicidad en que sean muchos ni muy curiosos; sino pocos, buenos y bien conocidos”.
            Concluyo este artículo, con una décima de mi autoría, a la que le puse el título “El buen amigo”:

La amistad es un tesoro
que nadie compra ni vende,
pero su esencia sorprende
porque brilla más que el oro.
Ni abismo ni deterioro
el corazón del amigo,
sino que lo amo y lo abrigo
con la fecunda lealtad,
sarmiento de la bondad,
que siempre llevo conmigo.

DISCULPAS


por JESÚS ARENCIBIA (profesor y periodista) | Dic 24, 2018 | Opinión 

¿Quién y con qué palabras les va a pedir disculpas a Linares, Casanova, Muñoz,
Pacheco y compañía, que no pudieron enfundarse una franela
del mejor béisbol del mundo por caprichos de gobiernos enfrentados?
Michel Contreras

Nada les habían dado. Tabla sobre tabla y ladrillo sobre ladrillo, Esteban y su familia construyeron aquella casa, en el manigüero y derruido Camino a la Malagueta, en Montequín, Pinar del Río. Más bien les habían quitado y obstaculizado cuanto se podía, porque desde 1959 ellos habían declarado su fe religiosa —testigos de Jehová— y eso, ya se sabe, era casi como autotilularse delincuente, lacra social, alimaña en los furibundos y hermosos años iniciales de la Revolución barbuda.
Recuerdo que el viejo Esteban, ya en un temblor por el Párkinson, vio a Noemí, su hija, y a Fela, su mujer, recoger cuanto podían, esconder algunas cosas en hogares de vecinos, dejar solo lo más malito de la vivienda, pero sin llamar demasiado la atención, porque los inspectores vendrían, levantarían inventario de todo y TODO sería confiscado una vez que ellos abandonaran el país. La casa no se podía vender. Y emigrar la familia completa, para unirse con el resto que llevaba años en Estados Unidos, significaba entregar el inmueble, forzosamente, al gobierno. Hablo de 2006 o 2007, no de tiempos prehistóricos.
Después, se autorizó la compraventa de casas. Y todo cambió. Pero nadie indemnizó material o moralmente a los miles que perdieron cuanto habían levantado con sus manos. Nadie pidió disculpas públicas, no diluidas en el engañoso plural de “nos equivocamos” o en el genérico “se cometieron errores”. Digo disculpas: “Yo metí la pata, erré, censuré, prohibí, fuera idea mía o ejecución de una idea de otro. Y no me opuse, no entregué mi cargo. No me planté desde mi sitio para evitar la injusticia”.
Así también, una noche cualquiera de los cruentos años 1990 en la isla, podías ir preso por tener un dólar en el bolsillo y a la mañana siguiente —ya dolarizada la economía— podías pasar hambre si no tenías unos cuantos dólares para comprar la subsistencia.
Y por muchos años te podías complicar legalmente al vender un carro, ganado con tu esfuerzo y dedicación de décadas. Y después, pase mágico sobre el absurdo, puedes venderlos, incluso a estratosféricos precios, siempre que dejes la tajada correspondiente a los que fiscalizan el orden.
Y un día eras penetrado ideológico del Imperialismo por escuchar a Los Beatles y, tiempos después, con despliegue mediático incluido, se inauguraba una escultura de John Lennon en pleno Vedado habanero y todos cantábamos dulcemente Imagine.
Y por más de una década a intelectuales de la talla moral de Cintio Vitier o Fernando Martínez Heredia, no se les publicaba en las editoriales del país, y luego, con Premios Nacionales, y varios títulos y honores, se reintegraban a la vida pública. Y ellos, que nada pedían para sí, no reclamaban la reparación que merecían. Pero tampoco nadie se las ofreció en el ámbito de lo social, no en encuentros privados.
Y un otoño te gritaban tortillera o maricón y arriba, los hombres, de cabeza para las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (celebérrimas UMAP), “pa’ que dejen la flojera”. Y a la primavera siguiente te convertías en compañero homosexual, pero jamás recibías las reparaciones a tu dignidad. (Y en el fondo, y en la superficie, te siguen discriminando).
Y en un año o poco más se destruyeron más de 70 centrales azucareros, con el demoledor golpe a las comunidades de sus bateyes. Y quién sabe si a la vuelta de algunos almanaques, se vuelvan a construir, y Cuba otra vez sea productora de azúcar. Y tal vez, tampoco en ese instante, algún ejecutor de la destrucción se pare a decir: “Yo y otros les jodimos la vida. Perdónennos”.
Así, tantos y tantas historias, en las que nuestros mandantes, los que hemos amado y sufrido por seis décadas, aplastaron, clausuraron, dijeron NO. Y después, sonrientes y orgullosos, palmaditas en el hombro y medallitas a destiempo, dijeron: “SÍ, claro, cómo no”; como si a la vida, la única en que se respira, se le pudiera pasar borrón y cuenta nueva sin, al menos, respetar la memoria.
No soy de los que se refocilan en el pasado o el rencor. Hay que mirar al frente. Y construir. Y qué bueno que se levanten las absurdas talanqueras, como esta de que los peloteros cubanos sean contratados por la MLB. Pero la memoria, insisto, lo que fue, los que sufrieron, los que no pudieron en el lapso breve de su existencia alcanzar sueños por caprichos, torpezas o mezquindades de otros, merecen un mínimo de respeto.
Puede que nadie sea totalmente coherente y actúe siempre en línea recta, con sintonía perfecta entre el decir y el hacer. Pero quizá deberíamos, con humildad, pedir disculpas por cada incoherencia que costó a terceros.
Comienzo por mí. Pido disculpas a mis alumnos por las veces en que, por mediocridad, rutina, cansancio o lo que fuese, les di una mala clase y no les enseñé las mejores armas del Periodismo. O cuando por miedo, cansancio o “simplictividad” los convoqué a algún acto insulso o patriotero en el que yo mismo no creía.
Pido disculpas a mis lectores cuando en algún texto mío, por sospecha propia o impuesta, se coló el tufo campañista o apologético;  por cuando debiendo retirar mi firma de un trabajo, no lo hice, por cuando no me enfrenté a quien tachaba impunemente y dejé en alto, al menos, mi inconformidad.
Pido disculpas a mis vecinos, por cuando en el barrio nos han tenido sin agua durante meses y no me he rebelado, ni contribuido a que otros se rebelen contra ese sinsentido. Ojalá me disculpen, mañana, cualquiera de los que, seguramente, no representaré con la valentía necesaria en mis escritos o actos.
Discúlpenme. Yo también he temido.