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jueves, 17 de noviembre de 2016

50 Aniversario del Cierre de Isla de Pinos


Tendremos un desayuno preparatorio para la conmemoración del 50 Aniversario del Cierre de Isla de Pinos.
El desayuno de este año sera el domingo 27 de noviembre en el restaurant Monchi a las 11 am. El costo es de $10.00 dólares por persona. La direccion es 12761 SW 42 Avenida.
Estos son los miembros del Comité de Apoyo del 50 Aniversario, si consideran hacer más propuestas las envían por favor.
La Cena del 50 Aniversario sera el domingo 26 de marzo del 2017, a las 6pm. Costo.$30.00 dolares. Bar Abierto.
5910 Renaissance Ballroooms sito en 5910 SW Street Miami Fl 33144
Gracias Pedro.

Comité de Apoyo por el 50 Aniversario del Cierre del Reclusorio Nacional de  Isla de Pinos
Coordinador. Luis Fernández
Vicecoordinador. Amado Rodriguez
Ángel Pardo Mazorra
Felipe Alonso
Ismael Hernández
Tony Artiles
Raúl Maestri
Pedro Fraginal
Jorge Gutiérrez Izaguirre
Emilio Martínez Venegas
Mario Fernández
Cary Roque
Gloria Lasalle
José Gutiérrez Solana
Ángel Alfonso Alemán
Roberto Perdomo
Elda Torres
Emilio Martínez
Betty Aquit
Pedro Fuente
Mario Fajardo
Nelly Rojas
Fernando Arias
Héctor Carbonell
Manuel Fernández
Alicia del Busto
Ramón Conte

martes, 15 de noviembre de 2016

Bienvenidos Pensamiento

DÍA  DE  ACCIÓN  DE  GRACIAS
Por Leonora Acuña de Marmolejo

     La primera celebración de Acción de Gracias o Thanksgiving, tuvo lugar en Plymouth (Massachusetts) en 1621 por los (pilgrims)  peregrinos que habían emigrado de Inglaterra hacia Holanda en 1608, debido a la persecución que sufrían por sus creencias religiosas. Mas en 1620 decidieron zarpar hacia este continente.
     Al arribar a Plymouth se encontraron con el indígena (de la tribu Wampanoag), llamado Tisquantum, más conocido como Squanto, quien a través de trueques logró conseguir artículos de metal como anzuelos, cazoletas y sartenes, y  a su vez,  les mostró a los colonizadores dónde encontrar pesca y caza, así como plantas comestibles, algo que fue muy positivo ya que al terminar el invierno de 1620 sólo habían sobrevivido (gracias a la ayuda de los indios) 38 de los 120 peregrinos que habían arribado inicialmente. En ese primer invierno, esa tribu generosa compartió alimentos con ellos. La parte negativa de este encuentro, fue que los peregrinos trajeron consigo enfermedades tales como la influenza, la fiebre, el sarampión y la viruela, lo cual causó la muerte de muchos indígenas . A pesar de todo, la relación inicial de las dos culturas fue cordial y positiva.
     Sin embargo, la costumbre de “dar gracias” se remonta a tiempos muy antiguos cuando el hombre comenzó a sentirse agradecido  por las cosechas y beneficios recibidos.
El pavo o guajolote usado en la típica comida de thanksgiving es ave oriunda de América; la que los exploradores españoles encontraron  después de su llegada a México donde esta ave era usada especialmente por su carne y por sus plumas. Los exploradores la llevaron luego a su regreso al continente europeo.  La popularidad de esta ave en el Nuevo Continente llegó a tal punto, que Benjamín Franklin logró que el pavo fuera reconocido como el “ave nacional” de los Estados Unidos.
      Se dice que los pobladores de la Colonia de Virginia, celebraron su primer “Día de Acción de Gracias” el 4 de diciembre de 1619 en la plantación Berkeley ubicada al sureste de Richmond en el río James. Pero la mayoría de personas, asocian este día  con los peregrinos que en 1620 comieron pavo silvestre con un grupo de indígenas para dar gracias por sus cosechas. Posteriormente, aunque el presidente Washington había emitido una proclama  sobre dicha celebración en 1789, fue el presidente Lincoln quien  en 1863 (cuando se daba la guerra civil), decretó el feriado nacional, y más tarde el presidente Roosevelt  declaró que debería celebrarse el cuarto jueves del mes de noviembre.
     Lo cierto es que el hombre siente gran paz  espiritual tras agradecer los beneficios recibidos: la vida, el amor, y el haber sido creado por Dios como un ser humano, una creatura divina que por lo tanto posee sabiduría, compasión, comprensión y perdón hacia sus semejantes para desenvolverse como un ser único dentro de la gran  fraternal comunidad mundial, cumpliendo así su destino. Debemos pensar con amor y reconocimiento hacia nuestro Creador, que estamos aquí en este mundo, por alguna razón o designio suyo. Al comenzar el día, bien podríamos dedicar media hora a la meditación  para pedir por nuestros seres queridos, y especialmente para darle gracias a Dios por todas las cosas buenas que nos ha dado y que nos deja disfrutar, reconociendo humildemente su bondad. Agradezcamos los grandes tesoros que poseemos, como el poder ver el rocicler de un  amanecer, o  los tintes de fuego de un  ensoñador ocaso ; o apreciar la inocencia de los niños; o el poder  hablar; el poder escuchar el trinar de los pájaros ansiosos planeando entre el jardín; o el poder escuchar el rumor de una fuente, o una cascada, o el susurro del viento entre los pinos. Dios nos concede todos estos privilegios, y las comodidades de una vida confortable y satisfactoria que a menudo disfrutamos, rodeados del amor de nuestros hijos , de nuestros seres queridos, de nuestros entrañables amigos; y de nuestros maravillosos vecinos , etc. etc.. Por todo esto, pensemos reflexivamente, que todos los días deben ser de ¡ACCIÓN DE GRACIAS!



De la casa de Don Francisco Pons al Museo de la Música (I)

29 de septiembre de 2016

Yamira Rodríguez Marcano

Centro HIstórico de La Habana, Cuba, Cultura, Museo de la Música, Oficina del Historiador de La Habana


Cuando en 1904 Francisco Pons compra las casas de mampostería y tejas, Aguiar 2 y 4 y Habana 1, estas ya se encontraban en estado ruinoso. Eran casas sencillas, de una o dos plantas, levantadas  en los terrenos inmediatos a las murallas y los fosos.
Estas tres casas que luego formarían el palacete de los Pérez de la Riva y Pons, mantuvieron por largo tiempo su función de vivienda, aunque los documentos de principios del siglo XX registren, sin precisar fecha, la existencia de una bodega y hasta una refinería de azúcar en la esquina que formaban dichas casas. En la Antigua Anotaduría de Hipotecas  consta que en 1816  pertenecían a los hijos del Conde de Mopox y de Jaruco, Don Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas, y entre los herederos menores de las mencionadas casas, se hallaba María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, la célebre Condesa de Merlín.
Luego la finca sería vendida a Don Bonifacio González Larrinaga y heredada por su hijo Don Antonio González Larrinaga y Benítez en 1828. Don Antonio había sido Coronel de Milicias Disciplinadas de La Habana y se había casado con Doña Susana Benítez y Pérez, de quien no tuvo sucesión y fuera más tarde la fundadora del “Colegio del Santo Ángel”, precisamente en una de sus casas en Teniente Rey y San Ignacio en la Plaza Vieja. A la muerte de Don Antonio en 1840, la propiedad pasa a su hija Doña Francisca Valdés, nacida antes de su matrimonio con ella y no reconocida hasta unos años después en que hace uso del apellido paterno. Luego pasa a los hijos de ésta, quienes decidieron venderle, en 1904, las tres casas a Don Francisco Miguel Pons y Seguí, natural de Mahón, Islas Baleares, ciudadano americano, comerciante y propietario, vecino de la calle  Cuba Nº 61, por el precio todas de $ 18 000. En enero de 1905, este mercader emprendedor, solicitó licencia a la Alcaldía Municipal para construir de nueva planta su casa de Aguiar y Habana. En junio de 1905 comenzaron las obras y concluyeron en mayo de 1907.


La casa, proyectada por el arquitecto Francisco Ramírez y Ovando, aparecía descrita de la siguiente forma en su nuevo asiento del Registro:
“Casa sin número situada en esta ciudad, construida de mampostería, cantería, ladrillos y cubierta de  azotea, en el terreno que ocuparon las casas números 2 y 4 de la calle de Aguiar y número 1 de la de Habana. Se compone de planta baja, principal y varias habitaciones en el segundo piso, y se halla enclavada en la manzana formada por las calles de Habana, Aguiar, Peña Pobre y prolongación de la de Cárcel, o sea, el Parque de la Punta, Barrio del Santo Ángel, Distrito Judicial del Este, Registro de la Propiedad del Medio Día. Linda por su frente con la alineación de la calle de la Cárcel, por su lado derecho con la alineación de la calle de Aguiar, por su lado izquierdo con la alineación de la calle de la Habana, por su espalda o fondo con el eje medianero de las casas Aguiar No. 6 y Habana No. 3 y Mide 25m 75cm de frente, 22m 16cm y 15cm por su fondo, cuyas lineales dan una superficie total de 653m 20 cm2, o sea, la misma a que quedó reducida el paño de terreno ocupado por las antiguas casas Aguiar 2 y 4 y Habana 1, después de la alineación de calles a que se ha hecho referencia. Las paredes medianeras son de mampostería ordinaria, con cadenas de ladrillos distanciadas de metro en metro y han sido construidas de nuevo desde sus cimientos. No aparece gravada. Su valor lineal mil pesos en oro del cuño español.”
Queda claro, tanto por el análisis de la disposición original de sus espacios como por la dirección postal que exponen sus propietarios, que la familia habitó la planta alta, en tanto los bajos se dispusieron para la renta. El propio Francisco Pons, a pesar de su conformidad con la alineación propuesta por el Ayuntamiento, agregaba “… que por habérsele obligado a hacer el portal dejó de construir habitaciones que podría haber utilizado con ventajas en el valor de la finca” .
Francisco Pons muere en Boston, Estados Unidos, en 1912, dejando la residencia en manos de su viuda Rosa Vidal, su única hija Catalina y sus nietos Francisco y Catalina Pérez de la Riva y Pons, a quienes lega la nuda propiedad del inmueble hasta su mayoría de edad. Este comerciante menorquín, de ciudadanía norteamericana, llegó a poseer una fortuna considerable que le permitió invertir dentro y fuera de Cuba, a donde había emigrado con ese afán en 1868.


El incremento de los gananciales de Don Francisco Pons, así como los viajes a Europa y Estados Unidos que realizaba el matrimonio Pons, le permitieron trasladar sus gustos y experiencias al interior de su nueva vivienda en Aguiar y Habana: sala estilo Luis XV, comedor Neoclásico, gabinetes estilos Imperio y Luis XVI, recibidor Inglés, y  posteriormente una terraza Sevillana. Su espléndida cúpula, enlucida con un cieloraso de yeso casetonado, remata este conjunto como si la familia hubiese querido apresar en su recinto el universo de expresiones y tendencias. Su decoración de fachada destaca por sus formas eclécticas, afiliadas a la Italia renacentista, trabajadas con sobriedad dentro de las características del estilo y con las posibilidades ornamentales que le permitió la piedra, la que de forma noble quedó expuesta dejando a vista su propia textura y belleza.


El piso alto gozó de espacios mejores dispuestos y engalanados con respecto al inferior.  Como la planta noble de la casa colonial cubana, la superior se concibió para uso por excelencia familiar con piezas bien definidas para cada función. Comunica al exterior  por medio de una logia que ofrece extraordinarias visuales a la rada habanera, su canal y las fortificaciones que lo resguardan. Esta hermosa construcción sería la primera en esa especie de franja o cordón que bordeara la ciudad en el siglo XX y que luego se fue completando, y en efecto realzando, con la erección de edificios como el de la familia Velasco, San Miguel  y el propio Palacio Presidencial .

Los rieles que hicieron ciudad: Tranvías de La Habana

Copiado de Facebook: 

Hace apenas seis décadas que los tranvías dejaron de ser el principal medio de transporte público con que contaba La Habana. Entonces unas treinta líneas eran servidas por cientos de carros eléctricos que recorrían diariamente miles de millas por toda la ciudad, enlazando áreas residenciales con parques industriales, hoteles con centros nocturnos, mercados y centros comerciales con escuelas y repartos. La vida iba a la par del tranvía. Paraderos, plantas eléctricas, estaciones y oficinas, eran elementos de un paisaje urbano desgraciadamente llamado a desaparecer...

Todo esto fue el tranvía. Raíles que horadaron calles y avenidas que llegan, inutilizados, a nuestros días, cables aéreos entretejidos en tupida red de cobre y bronce, ruidos y silencios sumergidos en la historia de los barrios y sus habitantes, huella arquitectónica, histórica y cultural reflejo de los ritmos trepidantes de la modernidad...
En esencia, un aval más que suficiente para ser recordados por todo lo que hizo por nuestra ciudad...

Los tranvías de la calle O`Reilly.
Dentro de la red vial de los tranvías de La Habana las calzadas y avenidas eran las arterias fundamentales de la circulación citadina. En las calzadas de Jesús del Monte, del Cerro y de San Lázaro junto a las avenidas de Carlos III y Línea, todas con un importante peso demográfico, económico y social, el tráfico tranviario era intenso y posibilitado por la circulación en ambos sentidos. Sin embargo la calle O`Reilly, sin representar para nada una competencia con éstas pues sólo servía de asiento de los raíles tranviarios por escasamente tres cuadras, desempeñaba un importante papel en la movilidad al interior de la ciudad. ¿La razón? Porque hacia posible el acceso mediante el tranvía a un espacio vital en la dinámica urbana de la capital, la plaza de Armas con su Palacio de los Capitanes Generales (Palacio Presidencial hasta la década de los veinte del siglo pasado y sede del ayuntamiento hasta los sesenta), el Palacio del Segundo Cabo (sede del Senado en los primeros años de la República) y el edificio Horter (embajada de los Estados Unidos en la década de los cuarenta), por mencionar tres de sus principales enclaves históricos y arquitectónicos. 
A la calle O`Reilly los tranvías llegaban por los elevados de San Pedro, una importante obra de ingeniería construida por la Havana Electric Railway and Company a principios del siglo XX y que estuvieron en uso hasta el año 1942, cuando por decreto presidencial fueron demolidos. Los elevados permitían acceder al segundo nivel del edificio de la Lonja del Comercio, erigido en el año 1909 según proyecto del arquitecto valenciano Tomás Mur. Pasaban sobre la plaza de San Francisco, que tomó su nombre por el convento fransciscano allí establecido hasta mediados del siglo XIX y tenían además una parada reglamentaria en ese lugar, al cual se llegaba por una escalera.
Los elevados, también con doble vía al igual que las calzadas y avenidas, llevaban a los pasajeros hasta la misma entrada de la calle O`Reilly, justo a un costado del Templete, pequeño edificio conmemorativo neoclásico que rememora el acto de fundación de la ciudad en el lejano año de 1519. En la imagen puede verse el vagón del tranvía a la izquierda, y el Templete puede reconocerse facilmente por la enorme ceiba en su entrada, un árbol típico de los paisajes cubanos urbanos y rurales de simbólico valor para los orígenes de La Habana.
Luego de pasar al lado del Templete, ya en la calle O`Reilly, los carros eléctricos se encontraban con la explanada del Castillo de la Real Fuerza, otra importante edificación de los alrededores de la Plaza de Armas construida en la segunda mitad del siglo XVI y que tuviera diferentes usos (cuartel militar, archivo, biblioteca) a lo largo del siglo XX. En la actualidad es un museo dedicado a la arqueología subacuática y a la historia de la construcción naval habanera perteneciente a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.
Ya terminando su breve paso el tranvía por la calle O`Reilly, al costado de la plaza de Armas, quedaba aún por encontrarse con el Palacio del Segundo Cabo, construido a finales del siglo XVIII y junto al Palacio de los Capitanes Generales, pilares del poder político colonial español en la Isla de Cuba. El Palacio del Segundo Cabo, actualmente en proceso de restauración arquitectónica, será un importante centro cultural sobre la influencia europea en la vida y cultura cubana y en el Palacio de los Capitanes Generales radica desde el año 1968 el Museo de la Ciudad.
Entonces para finalizar, en la intersección con la calle Tacón los raíles torcían a la derecha para desembocar en los alrededores de la plaza de la Catedral, alejándose cada vez más del corredor O`Reilly, pasaje breve pero preciso en la geografía habanera y una vez escenario privilegiado del tranvía eléctrico en la capital.

Ziomara Lamelas's photo.
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Recuerdos del Ayer: De la Vida Real Un Amor Verdadero

El amor verdadero... se regala a quién lo merece y se quita a quién no lo valora. #frases

René León

 En mi último viaje a Miami fui a visitar a mi amigo Dr. Roberto Soto Santana, que había llegado de unas vacaciones en Europa. Vive en Murcia, España, y había venido a casa de unos familiares. Me contaba que el año pasado había estado en París y fue a visitar el famoso cementerio Del Pére-Lanchaise, ir a la gran ciudad y no ir a ese lugar, es perderse algo interesante. Allí duermen el sueño eterno grandes personajes conocidos del mundo del arte, la ciencia y la política. Entre las tumbas estaba la de Colette, novelista muy conocida, que murió en 1954; la de  Alfred de Musset, dramaturgo cuyo primer libro se titula Cuentos de España y de Italia. Conocido fue su romance con Mademoiselle Rachel, y la escritora George Sand. Y me contó otras historias.
  Yo le conté una historia de la vida real. Recuerdo que siendo niño mis padres me llevaban al Cementerio Colón de La Habana, a poner flores en el panteón de la familia, a la madre de mi padre. Siempre aquellas visitas me impresionaban. Un día mi padre me señaló a un señor que un poco más lejos de nosotros se encontraba parado, y observaba una tumba que tenía por figura un ángel con las alas abiertas. En sus manos tenía un ramo de rosas amarillas. De lejos parecía como si hablara con alguien, y aquello me llamó la atención. Al preguntarle a mi padre que quién era el señor, me dijo: -Su nombre no importa. Lo que importa es que sigue amando al ser querido hasta después de su muerte. Es un amor verdadero.
  Iba todos los domingos, y siempre llevaba rosas que depositaba en un búcaro en la tumba, después que se iban los padres de ella. Las horas pasaban, y ya tarde, antes que cerraran las puertas del cementerio, se iba, no sin antes besar la lápida fría.
  Esto sería, recuerdo a finales de los años cuarenta. Varias veces que fui en domingo con mis padres, mi mirada se dirigía automáticamente hacia aquel lugar, y siempre él estaba con su ramo de rosas amarillas. Si la familia de ella estaba presente, se mantenía alejado, o caminaba hasta que ellos se iban.
  Un señor que yo conocía me contó lo siguiente. Los padres de la joven se oponían al noviazgo. El estudiaba en la universidad, y sus padres lo ayudaban en sus gastos. Los padres de ella tenían esperanza de que ella encontrara alguien de mejor posición. Pero la vida nos depara a los seres humanos cosas nunca esperadas. La joven murió de una enfermedad infecciosa. El llevaba el dolor muy dentro de si mismo. ¡Et in Arcadia ego!. (Yo también he vivido en Arcadia). Esta frase expresa lo efímera que es la felicidad y el pesar que se siente por el ser querido. Muchas veces la muerte puede ser el comienzo de la felicidad, porque ella borra para siempre el dolor y la tristeza. A otros como en este caso, hace perdurar Un Amor Verdadero.
  Desde la muerte de ella, nunca dejó de ir un domingo, y llevarle rosas. Nunca se casó. Para él solo existió una novia, aquella que se encontraba bajo la tumba fría. Con el tiempo tuvo su propio negocio. Vino la revolución castrista con el lema de intervenir sólo los negocios de los que se habían enriquecido en los gobiernos anteriores. Después de las compañías americanas. Al pasar el tiempo, de los que no habían robado, pero se habían enriquecido, pues era un delito ser decente también. El señor perdió lo que tenía.
  Recuerdo que en el año de 1961 fui al cementerio, y él se encontraba allí.  Ya no era joven, los años no habían pasado en vano. En sus manos tenía un ramo de rosas amarillas, que fue el preferido de ella. ¡Qué grandeza la de aquel hombre! Los años habían pasado y el recuerdo de ella era perenne en su corazón, nada lo había destruido.
  Días antes de salir de Cuba con rumbo a España en octubre de 1969. fui con mi madre al cementerio para decirle un último adiós a mi padre. Con los cambios políticos en el país se encontraba vacío el cementerio. Pudimos conseguir unas flores pagando un precio exorbitante. Caminamos hasta nuestro panteón. De pronto me vino el recuerdo del señor, no pensé encontrarlo de nuevo. Al mirar hacia donde estaba el panteón con la figura del ángel, no me pareció ver a nadie de momento, y me dirigí hacia allí. En un búcaro había unas rosas amarillas, frescas de gran belleza. En su alrededor no se veía nadie, solo un poco más alejado una señora mayor, que se acercó hacia donde yo estaba, y me preguntó: -¿Usted es de la familia de la joven? –No, no soy de su familia, -respondí. ¿Usted lo conoció a él? –No, sólo lo vi varias veces. –Dicen que se fue de Cuba. Pero me extraña, porque siempre  hay flores frescas en el búcaro. Rosas amarillas, y no lo he vuelto a ver. Yo vengo a cuidar el panteón de mi familia y de otros amigos, que se han ido.
  En la tumba se leía: A nuestra única hija Ángeles. Que era nuestro Ángel, nuestro tesoro. Sus padres. 15 de mayo de 1946.
  Volví a donde se encontraba mi madre, a limpiar el panteón. Las nubes corrían en el cielo como si jugaran entre ellas. Nuestro cielo de un azul claro. En ese momento sonaban las campanas de la pequeña iglesia del cementerio, su sonido triste, opaco. La tranquilidad de la mañana lo envolvía todo. En los árboles cercanos, los pájaros jugaban, y volaban de un lado a otro. Al volver la mirada hacia la tumba de la joven, allí se veía un señor ya mayor, sentado como siempre él lo hacía y conversando con ella. Quise llamar la atención a mi madre, y al mirar los dos, sólo vimos las rosas amarillas que se movían con la brisa del viento matinal.

Esa era nuestra CUBA querida. Una dictadura comunista que destruyó muchos hogares de familias cubanas.

LOS CHINOS CALIFORNIANOS DE LA HABANA EN EL SIGLO XIX: EL VERBO DE LA COMUNIDAD(1)


 
Julio Tang Zambrana La Habana

Las producciones históricas cubanas que han tratado el tema de la inmigración china y su relación, dinámica y contradictoria con la sociedad cubana, no son abundantes. Paralelamente, en ellas tampoco abunda el rigor científico, concretándose la experiencia historiográfica a unos pocos volúmenes paradigmáticos. Esto influye directamente en la conformación de direcciones metodológicas que siguiendo los pasos de las obras primeras –primeras por su valía analítica–, puedan también trascenderlas.
Hasta la fecha, los momentos preferidos por nuestros historiadores y trabajadores científicos sociales con respecto al tema son los que se refieren a las necesidades, desventuras y contradicciones de los miles de chinos introducidos masivamente en Cuba desde 1847 hasta aproximadamente la primera mitad de la década de 1880, el papel jugado por miles de culíes en las guerras de independencia y su lugar en la formación de nuestra identidad nacional.
Mas, esa no es toda la historia. Quedan oscuros y polvorientos rincones aun no –o tal vez insuficientemente—estudiados. Algunos de ellos señalan un camino: la actuación de los chinos “californianos”(2) dentro de los exiguos límites que la presencia china mostraba hacia los años 80 del siglo XIX y el carácter de tal actividad. Presentaremos aquí varias consideraciones que, a nuestro juicio, son importantes para definir estrategias en el sentido antes apuntado.
El primer punto problemático sobre los chinos californianos sería el momento o la fecha aproximada en que comienzan a entrar a Cuba.
En investigaciones anteriores hemos podido establecer, si bien no la fecha exacta en que comenzaron a entrar, sí el momento en que su actividad en la sociedad habanera se hace palpable. Con la utilización de documentación primaria almacenada en el Archivo Nacional de Cuba, pudimos comprobar que la actuación de los chinos californianos se hace visible a partir de la segunda mitad de la década del 70 del siglo XIX y específicamente después de comenzada la del 80.
Esta precisión no intenta ser petulante. La importancia de la misma se revela cuando observamos bien el período de tiempo destacado: esos fueron los años de fin de la  Guerra Grande y del comienzo de la reorganización de la dominación colonial española. Es en este contexto, que se destacó por presentar ampliaciones importantes de las libertades civiles y políticas, cuando una nueva oleada de chinos –esta vez adinerados y occidentalizados– comienza a llegar a nuestras costas, estableciéndose en estaciones habaneras ya ocupadas por compatriotas suyos.
Además, es necesario tener en cuenta que es a partir de la década del 70 decimonona cuando se intensifica el “movimiento” –que implicó organización y por tanto, en este caso, la actuación del poder gubernamental norteamericano– de expulsión que sufrieron los chinos de Estados Unidos.
Entonces, los elementos que utilizamos para expresar la llegada de los californianos se nos presentan en toda su extensión. En los documentos encontrados en el Archivo Nacional aparecen datos estadísticos que nos llevaron a la conclusión de que a partir de la etapa que venimos destacando se hace verdaderamente prístino el aumento de la estratificación de los negocios chinos en La Habana,(3) cuando comienzan a aparecer negocios que no existían antes de ese momento.
Anteriormente los datos sobre negocios chinos presentaban una pasmosa uniformidad, lo que nos llevó a pensar que reflejaban la participación de los ex culíes chinos no mambises en los espacios económicos habaneros. (4)
Ulteriormente fue apareciendo documentación que confirmó nuestras hipótesis. En una carta de la administración colonial referida a la nueva actividad de los inmigrantes chinos, se puede leer:
“Al efectuar viages (sic) a su país dieron principio a la importación de efectos de aquella procedencia, despertando con esas operaciones el interés de mayores capitales que bien pronto y coincidiendo con el movimiento de expulsión que sufrieron en el territorio de Estados Unidos establecieron en esta capital (La Habana) y en algunos puntos de la Isla no ya tiendas, sino almacenes de toda clase de efectos Asiáticos, con verdadera importancia mercantil…” (5)
Es de destacar, la referencia a los “mayores capitales” que cita la carta, que reafirma la idea de la profundización de la estratificación económica en la presencia china después de la llegada de los californianos.
La materialización más efectiva de estas reflexiones se puede encontrar en ese mismo expediente. El mismo se formó a partir de una carta enviada por un grupo de comerciantes chinos en La Habana al Intendente General de Hacienda, en junio de 1884. Esta carta iba precedida por una nota del Cónsul General del Imperio Chino en La Habana en aquel momento, Lui Liang Yuan. Esto, a nuestro parecer, es de suma importancia, pues no encontramos nunca documentos de fechas anteriores relativos a la presencia china en Cuba, que hubieran sido legitimados de forma tan efectiva por una personalidad tan influyente como el Cónsul de un país.
En cuanto a la carta de los mercaderes, la misma representaba la intención de veinte grandes y medianos comerciantes chinos radicados en La Habana de obtener ciertas facilidades de la administración colonial.
Para esto pretendían formar una sociedad mercantil que asegurase su actuación ante los ojos del funcionario español. Las peticiones fueron desestimadas. Pero lo más significativo fue las razones que expusieron para lograr sus objetivos.
Los peticionarios afirmaban que en La Habana de 1884 existían “20 establecimientos chinos” y que “de estos, solo hay 11 que se pueda considerar como de relativa importancia”, adjudicándoles a los nueve restantes la categoría de bodega (entre estos comercios existió una dirección: Galiano 116, que está expuesta en el expediente documental, y que, Antonio Chuffat Latour presentó en su testimonio (6) como la residencia del gremio, nombrada por él mismo “la primera Cámara de Comercio China”).
Estos datos pueden reflejar la real importancia de aquellos comerciantes. Resulta interesante observar en el documento cómo se autotitulaban: si no los únicos, los más importantes comerciantes chinos de La Habana. Pues bien, estos mercaderes afirmaban que no les interesaba la competencia con los negocios no chinos, pues “(nuestra) clientela se limita a los paisanos, casi exclusivamente para quienes tienen algún valor venal” las mercancías que ofertaban.  
Destacaban asimismo que esto igualmente podía suceder “con muchos efectos por los cuales en diferentes naciones se demuestra una predilección especial por varias plantas, guisos y bebidas completamente indiferentes y hasta a veces desagradables para vecinos de otras costumbres…”
Estas declaraciones se nos revelan como un intento de legitimar sus negociaciones con la administración española. Al plantear la exclusividad de la clientela y la importancia “venal”, o sea sentimental, de los productos es muy posible que estos comerciantes conocieran el alto valor de la relación consumo-tradición, y así exponer entre líneas que ellos le resolvían a sus clientes la problemática de vivir en tierras extrañas, pues les brindaban recursos para canalizar su nostalgia. Lo mismo sucede con la extensión del pretexto: generalizar el fenómeno puramente étnico y/o nacional de la predilección de determinados objetos o maneras de hacer y relacionarlo con la significación que el pretexto en sí pudo dar la idea de que ellos mismos representaban el ideal étnico o nacional chino, puesto que podían hacérselo llegar a sus clientes-paisanos  cada vez que estos quisieran.
Toda esta reflexión nuestra puede finalmente encontrar colofón en el último párrafo de la carta, en el cual los comerciantes chinos presentan el pretexto étnico de un modo elocuentísimo: “Dada la índole especial de la colonia china, su modo de ser, costumbres y a estrecha solidaridad que existe entre todos los que la componen…”
Después de haber leído todas las razones expuestas, esta aparece ante nuestros ojos como la más significativa, pues en ella se sintetizan los componentes esenciales de la personalidad del consumidor chino y, con ello, el arma fundamental del chino burgués inmigrado, el cual trata de buscar el éxito económico por la vía más legítima que en ese contexto se podía encontrar: la defensa de la etnicidad china.    
A nuestro juicio esto constituye una jugada maestra. Aun cuando las razones presentadas por los veinte comerciantes no fueron aceptadas, resulta extraordinario que ya hacia 1884 pudiera existir en La Habana un grupo de individuos que trataran de manejar el interés étnico de sus correligionarios con miras a asegurar intereses de capital. Por otro lado, en el último párrafo de la carta se utiliza la palabra “colonia”.
Esto implica que los chinos que redactaron la misiva conocían el significado de esa palabra y lo aplicaron a la existencia de una presencia poblacional china en La Habana, con lo cual es posible que trataran de destacar que las relaciones al interior de ella estaban lo suficientemente estratificadas como para permitirse hablar en su nombre.
Entonces, al sumársele el apoyo del Cónsul General chino, la petición adquiría una relevancia inusitada. Este tipo de actuación se repetiría más adelante al crearse el Casino Cheng Wah y el Cementerio chino, ambos en 1893. Al inaugurarse el primero, fue el Cónsul chino de aquel momento el que pidió a las autoridades permiso para utilizar voladores en las fiestas. La importancia de esta institución se revela en el hecho de que llegó a financiar desde sus inicios una casa de recogidos y, según un cronista de la época, a él concurría “lo más granado” de la sociedad.(7) En cuanto al Cementerio, fue creado gracias al mismo Cónsul.
Estos datos permiten afirmar que existe la posibilidad de que los chinos californianos hubieran provocado un reordenamiento social y económico al interior de la presencia china, en la cual las sociedades adquirieron un carácter occidental todavía más marcado, a diferencia de las que existieron en las décadas del 60 y 70.    
Según Juan Pérez de la Riva, las actividades de los chinos californianos destruyeron “por cuantos medios estaba a su alcance, la tradición revolucionaria” de los chinos culíes. Esto pudo ser cierto. Pero también lo es el hecho de que después de terminada la Guerra de los Diez Años las condiciones cambiaron, los chinos podían convertirse mucho más fácilmente que antes en individuos libres y sus imperativos económicos y sociales adquirieron nuevos matices. La gran prueba de que al alcanzar la emancipación individual en los ex culíes casi no existía otro motivo para vivir que el éxito en los negocios, lo representó la evidente disminución de las referencias con respecto al número de chinos mambises en la Guerra de Independencia de 1895. (8)
Pudo ser cierto que los chinos californianos influyeran negativamente en la presencia china de la segunda mitad del siglo XIX.  Mas, también es cierto que las inestimables pistas que no brinda la misma época señalan otro camino paralelo: el de la complejización de la dinámica interna de la presencia china en La Habana, producto de la actuación de esta nueva oleada inmigratoria de chinos los cuales al parecer trajeron a Cuba, además de dinero, formas de obtenerlo, reproducirlo, y de asociarse curiosamente similares a los guettos chinos de California regidos por las Seis Compañías, de las cuales se quejaban tanto los funcionarios estadounidenses.
Citas bibliográficas:
(1) El término comunidad está utilizado aquí en un sentido de futuro. No sería viable utilizarlo, a nuestro parecer, en el contexto habanero de fines del siglo XIX debido a que las relaciones socioeconómicas y culturales de los asentamientos poblacionales chinos aún no habían alcanzado el nivel de complejidad que nos permita hacerlo. En este sentido, tampoco utilizaríamos el concepto Barrio Chino. Tanto este último, como comunidad, reflejan el asentamiento poblacional chino típico del siglo XX. Por lo tanto, el título de nuestro trabajo se mueve en dos direcciones temporales: el pasado-presente del siglo XIX y el futuro del siglo XX, siendo el primero génesis del segundo. Creemos que para nuestras necesidades el término presencia, refleja un nivel inicial de formación comunitaria y de relación con la sociedad cubana, las cuales se profundizarían en la nueva centuria.
(2) El primero en utilizar este término fue Juan Pérez de la Riva, adosándoselo a aquellos chinos que procedían de California, EE. UU., debido a  la represión a que estaban siendo sometidos como minoría étnica no deseada. Estos chinos entraron a Cuba con cierto capital y su actividad se diferenció cualitativamente de la de los chinos ex culíes.
(3) Archivo Nacional de Cuba, Expedientes Misceláneas. Legajo 3177.
(4) Archivo Nacional de Cuba, Legajos 269, 580. Expedientes 13560, 28463.
(5) Archivo Nacional de Cuba, Legajo 250. Expediente J.
(6) Chuffat Latour, Antonio; Apunte Histórico de los chinos en Cuba. Habana, Molina, 1927.
(7) Perseverancia, Ramón de; Los chinos y su charada. Habana, Impr. La Primera de Belascoaín, 1894, pág.2.
(8) Incluso resalta el silencio que guardó Martí con respecto a los chinos, al reflexionar sobre los factores sociales de los cuales dependía la Revolución.

La Estirpe matancera de los Byrne: patriotas y adalides de la Cultura cubana

Por Roberto Soto Santana



Juan Daniel Byrne (1884-1958)

Abogado, legislador, Delegado al Tribunal Superior Electoral, experto en normativa electoral, orador consumado y poeta, era tío por línea paterna de nuestro contemporáneo cubano de ley Hugo Byrne.
La niñez de Juan D. Byrne transcurrió en la Atenas de Cuba durante los duros y difíciles años de la segunda y definitiva Guerra de Independencia, de 1895 a 1898.
El coetáneo Hugo Byrne es hoy en día el más connotado miembro de esta estirpe luchadora por la Libertad y la dignidad de los cubanos.  A lo largo de su vida, ha acreditado sus mimbres como periodista, profesional de la arquitectura, ensayista, y veterano tanto de las Fuerzas Armadas de los EE.UU. como de los cuerpos de cubanos voluntarios agrupados durante los años ’60 del siglo XX en disposición de emular a los expedicionarios de nuestras Guerras de Independencia.
Hugo Byrne y esposa
El abuelo de Hugo Byrne, cabeza de la red matancera de suministros de los  infidentes –como eran despectivamente llamados los desafectos al régimen colonial- hasta que fue descubierto por el contraespionaje español, logró escapar de la Isla partiendo al exilio a México, saliendo a través del puerto de La Habana en el vapor “Lafayette”, el último buque en zarpar de allí antes de que la Marina de los EE.UU. impusiera el bloqueo naval, al inicio de la Guerra Hispanocubanoamericana.
Su tío y padrino de bautismo, Juan Daniel, fundó en Matanzas, hacia enero de 1910, la revista CUBA y ESPAÑA, compartiendo la Dirección de la publicación semanal –cuya vida duró aproximadamente un año, y en la que vieron la luz abundantes textos literarios y además noticias de la Colonia española de Matanzas- con Corpus H. Iraeta Lecuona, Hilarión Cabrisas, Agustín Acosta y Adrián del Valle.
          Iraeta Lecuona, vizcaíno llegado a Cuba en 1908 con fama de haber sido pèrseguido en España por sus ideas nacionalistas vascas, perteneció al grupo literario El Areópago Bohemio, fue uno de los firmantes en junio de 1927 del Manifiesto del Grupo Minorista de Matanzas, escribió allí en varias publicaciones periódicas, publicó libros sobre la historia de Matanzas, y se cree que falleció en La Habana en 1961, donde residía desde 1957.
          Hilarión Cabrisas (1883-1939) fue otro destacado periodista, dramaturgo y poeta, habanero de nacimiento aunque matancero de formación, participante en las tertulias del Areópago Bohemio. Fue  miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras, del Círculo de Bellas Artes (de cuya Sección de Literatura era presidente al morir), de la Asociación de Escritores Americanos,  y de la Asociación de la Prensa, de la que fue secretario.
Agustín Acosta (Matanzas, 1886-Miami, 1979) fue considerado en la era Republicana como el Poeta Nacional de Cuba durante muchos años –hasta que el Régimen comunista decidió reemplazarlo por Nicolás Guillén, de su mismo jaez ideológico-. Al igual que otros destacados integrantes de la intelectualidad cubana, brilló no solamente en la creación poética y en las instituciones académicas de las Letras sino en el Servicio Civil. Fue jefe del servicio de telégrafos de Matanzas y de La Habana (1909-1920). Ejerció como notario en Jagüey Grande (Matanzas). A la caída del régimen machadista fue nombrado gobernador provisional de Matanzas (1933-1934). En el gobierno de Mendieta ocupó la secretaría de la presidencia. De 1936 a 1944 fue senador de la República. Presidió el Partido Unión Nacionalista (1936-1937). También en La Habana ejerció como notario público. En ocasiones presidió el Ateneo de Matanzas. Miembro de la extinta Academia Nacional de Artes y Letras -en la que ingresó con el discurso Federico Uhrbach. Las montañas: cumbres de la materia. Los poetas: cumbres del espíritu (La Habana, Molina, 1938), de la Academia Cubana de la Lengua y del Colegio de Abogados y el Colegio Notarial, de Matanzas.
            Nacido en Barcelona en 1872, el barcelonés Adrián del Valle llegó a Cuba en 1895. Allí fundó “El Nuevo Ideal”, dedicado a la defensa de las demandas obreras.. Colaboró en “Cuba y América”, “El Mundo”, “La última Hora”, “Heraldo de Cuba”, “La Reforma Social” y en diversas publicaciones extranjeras. Fue secretario de redacción de la “Revista Bimestre Cubana” y director de “El Tiempo” y “Pro-Vida”. Durante muchos años trabajó en la biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País, colaborando con Rafael Montoro en la redacción de “El Compendio de la historia de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana” (La Habana, Imp. y Librería El Universo, 1930).
En su faceta de poeta, Juan Daniel Byrne acreditó soltura y sensibilidad en el soneto, de lo cual los siguientes son botones de muestra:

AMADA VEN (1922)
Amada ven; bajo el boscaje umbrío
las lianas entreabren sus corolas,
y desmayan las frescas amapolas
frágiles a las gotas del rocío.

Hay en la fronda grato murmurío,
el aire besa las inquietas olas
y parece que cítaras y violas
ponen su acento en la canción del río.

Amada ven; bajo el follaje espeso,
más ardiente y sensual será tu beso,
y la cita más dulce en esa hora.

Quiero verme en el sol de tu mirada,
mientras pasa la brisa perfumada
y acaricia tu frente seductora

LA HABANERA (1926)
El mar te besa con caricia ufana
y el sol te dora primorosamente,
¡oh habanera gentil y sonriente
y coqueta como una cortesana!

Bajo el palio de luz de la mañana
al encender sus oros por oriente,
tú surges de esa luz resplandeciente
como Friné, desnuda y soberana.

Por acervo feliz quiso mi suerte,
en la ardiente pasión que me provoca,
volver a ti los ojos para verte.

Quedando prisioneros mis antojos,
en la miel rebosante de tu boca
y el fulgor azabache de tus ojos.

RESIGNACIÓN (1938)
Hija desventurada que moriste
cuando ibas a contemplar la luz primera,
pues no quiso el Destino que estuviera
tu hálito en este mundo; y te me fuiste

hacia el empíreo azul, del que viniste,
-mágica estrella que dejó su esfera-
y vislumbrando lo que el mundo era
rápidamente al cielo te volviste.

Si así quiso el destino que llegaras
al mundo entre los brazos de la muerte,
y al seno de la Gloria retornaras

como un ángel que vuelve al Paraíso;
hija, ya que no pude retenerte,
me resigno al pensar que Dios lo quiso.




UN POEMA ERES TÚ (1921)
¿Un poema me pides?... ¡Insensata!
Un poema es tu boca bella y pura;
un poema de amores es la bata
que ciñe lujuriosa tu cintura.

Un poema de luz vive en tus ojos
dormidos al amor y el embeleso;
ya que quieres que colme tus antojos,
págame con la gloria de tu beso.

Poemas son tus manos infantiles
que semejan dos pétalos carnales,
veinte poemas son tus veinte abriles,
forjados con estrofas inmortales.

Dos palomas anidan en tu seno,
que son poemas de belleza rara,
¿Un poema me pides?... de ti pleno
Lo haré con los hechizos de tu cara.

SOY GUAJIRO (1920)
Luzco sobre la cruda guayabera
pañuelo rojo de sedeño encaje
y ostento como timbre de linaje,
del yaguarama la gentil contera

Una guajira hermosa, en la ribera,
me da cita a la sombra del boscaje,
mientras juega la brisa con su traje
y despeina su negra cabellera

Gallardo campeón en los torneos,
el primero en guateques y paseos,
sinsonte trinador de la sabana

Con mi guitarra al brazo y mi machete,
improviso apoyado a un taburete
la melodiosa décima cubana.

MUSA 1935)
Mi musa no tiene guedejas doradas
ni trajes costosos, raros y sedeños,
ni manos sutiles y aterciopeladas,
sino dedos finos y brazos cenceños.

No tienen sus ojos ardientes miradas,
siempre están cerrados, cargados de ensueños,
pupilas de esfinge, tristes y cansadas,
como si vivieran fantásticos sueños.

Así yo la evoco, y mi vida añora
la simpar belleza que su alma atesora
bajo su faz pálida como de azucena.

Y en la noche quieta, cuando todo huye,
y el viento en la selva su canción diluye,
siempre la recuerdo, por triste y por buena.

ANTÍPODAS (1912)
Dos estrellas errantes
somos los dos;
tú vas hacia el mañana,
yo hacia el dolor.

Antípodas del mundo
de la razón,
¿qué importa la distancia
para el amor?...

MACEO (1912)
Del Marco de la gloria su postura,
emerge tal como en la vida estaba;
igual como luciera en Punta Brava
y de Mal Tiempo la inmortal llanura.

Transformaba su homérica figura
el guerrero oriental cuando peleaba,
y como Ulises su poder fiaba
a su audacia, su genio y su bravura.

El mundo lo contempla todavía
con el machete en alto y su irredento
ideal, vislumbrando el nuevo día.

Ese machete rubricó la historia
de la invasión, el portentoso evento
que entre los héroes lo situó en la Gloria.

ULISES (1916)
Tú que pasas con faz adolorida,
el gesto adusto, el ademán vencido,
sé como Ulises que afrontara erguido
de adversos dioses fiera acometida.

Y pon, ante la mar embravecida,
la proa hacia el viento, y el incauto oído
sordo a la voz, el canto o el gemido
de las torvas sirenas de la vida.

Así recorrerás los anchos mares
y los largos caminos seculares
donde todo dolor tiene su asiento.

Y como el gladiador de la leyenda,
podrás bien pronto levantar tu tienda

y tremolar tu pabellón al viento.