Bienvenidos a Pensamiento

Feliz Día del Amor y Amistad


El amor



Existe el amor filial
ese que te endulza el Alma
y está la passion carnal
la que te roba la calma.

Y el del amor al amor
ese que todos sentimos
porque hay que amar al amor
para decir que vivimos.

Y el gran amor ¡Ese Amor!
que los sentidos agudiza
que es dicha, risa, dolor
y es felicidad huidiza.

Blanca M Segarra.

AYER


Néstor Molina (Cuba)

Ayer te vi de lejos
Te vi llorar
con tanto desconsuelo
en aquella playa azul.

Lloraste hasta quedar vacía
sin espacio en tu alma para un nuevo amor

Yo
sin dirección ni tiempo
desconcertado
me alejé para que no supieras de mí


Por no verte llorar más: yo también lloré          

Recuerdos del Ayer: El Malecón de La Habana


René  León

  El Malecón de La Habana está lleno de recuerdos para aquellos que lo recuerdan con cariño. Lugar al que íbamos para disfrutar de la brisa del mar, o ver la caída de la tarde, o caminar cogidos de la mano de una enamorada en nuestros años de juventud.
  La primera noticia que se tiene sobre el área donde hoy está el Malecón,  nos viene del año de 1530. La caleta de Juan Guillén se llamaba, donde más tarde se construiría el Torreón de San Lázaro. Estaba situado en lo que es las calles de Belascoaín y San Lázaro, y era conocido como el camino de la Playa, por allí se iba al río de la Chorrera. Por este lugar sería por donde desembarcaría el corsario Jacques de Sores, el 10 de julio de 1555. Un año más tarde se levantaría el Torreón de San Lázaro, siendo reconstruido nuevamente en el año de 1663, para que sirviera de atalaya en esta parte de la entrada de la bahía. Lo que es el Malecón, era llamado antiguamente el Camino de la Playa de San Lázaro, donde se encontraban los Baños de San Rafael, que eran los baños públicos para los vecinos de la villa. Las barreras de arrecifes en la costa protegían que las olas se pudieran internar en la zona donde ya se iban construyendo casas. Era una protección natural que los defendía de los ataques del mar.
  Al terminar la guerra de Independencia en 1898 (Estados Unidos intervino en la guerra que Cuba tenía contra España, donde los españoles estaban siendo derrotados. Al explotar el crucero Maine en la bahía de La Habana, se acusó a España de sabotaje. Nunca lo hubo, explotó por la convulsión de los explosivos). El gobierno interventor decidió la construcción del Malecón por razones de “salubridad y ornato público’. Sobre su construcción dice el historiador Emilio Roig de Leuchsenring (†): “…entre las avenidas modernas de la ciudad, construida durante el período de ocupación militar norteamericana y no con intención de mejorar el tránsito sino por razones de salubridad y ornato público.”
  El primer tramo se extendía desde el Castillo de la Punta hasta la Calzada de Belascoaín, esto sucedía allá por el año de 1901, y se pondría una placa recordando su inauguración en la entrada del paseo del mismo nombre. En aquellos años se le llamaba Avenida del Golfo, Avenida del General Maceo, pero fue y es conocido como el Malecón. Al principio en el extremo donde se encuentra el Paseo del Prado, se había levantado una glorieta pequeña, donde se situaba la Banda Municipal o Militar y se ofrecían retretas ciertos días de la semana
  En el año de 1921 se extiende su construcción hasta la entrada de la zona conocida por Vedado; en 1927 se sigue la construcción por la sección del Castillo de la Punta, hasta los muelles, denominándose Avenida del Puerto. En 1930 se sigue la obra hasta la calle G, y en 1950 hasta el Castillo de la Chorrera.
  Los jóvenes y niños tenían la costumbre de ir a bañarse a sus pocetas, de formación natural, y muy pocas veces hubo personas que se ahogaran en ellas. Al principio de su construcción era de moda el salir a pasear en las conocidas “guaguas” tiradas por caballos, y alguna que otra volanta o calesa que iban quedando. Después vendrían los tranvías eléctricos, y más tarde los automóviles que serían los que se pondrían de moda. Muchas historias tiene el Malecón. Los ciclones del año 1919, donde el mar llegaría hasta la calle de Campanario, y en 1926 el agua llegó a la calle de Colón por el Paseo del Prado. La esquina de Prado que daba al Malecón, era punto fijo de los noctámbulos, bohemios, poetas, escritores y mujeriegos. El primer edificio o rascacielos que se construyó en La Habana, fue en la esquina de San  Nicolás. En la esquina de Belascoaín y San Lázaro, estaba el café Vista Alegre, lugar de reunión de los trovadores de esa Cuba del ayer..
Recuerdo que por el Malecón deambulaba la gente sin trabajo que en aquellos tiempos no eran tantas, las muchachas que se citaban con sus enamorados. Los muchachos que se escapaban del colegio, y se iban en sus bicicletas o patínes. Hombres en mangas de camisa se iban con su carnada y su anzuelo a los arrecifes, y se ponían a pescar. Por la tarde la gente se sentaba en su muro, para ver la caída del sol en el infinito. Las olas del mar batían los muros, salpicando con su salitre a los que se sentaban. Tantas cosas quisiera recordar en este momento. Que en mi mente quedara el recuerdo de las cosas que uno vivió y pudo disfrutar, y que permanecieran incólumnes por toda la vida.©

“Un Día Como Hoy”


General Antonio Maceo

Por Emeterio S. Santovenia

Editorial Trópico, 1946, páginas 25-26 nos describe los acontecimientos del 10 de Enero de 1896:
   “Antonio Maceo se contentó con vivaquear el 8 de enero de 1896 en territorio de Pinar del Río. Era sábado, y en verdad no pudo haber rendido mejor la tarea de la semana. Sin embargo, marchaba pesaroso hacia los confines del Poniente, pues no llevaba consigo la gloria apetecida de dejar alarmada La Habana con un golpe de mano. Necesitaba el caudillo de grandes novedades en Vuelta Abajo para sacudir la contrariedad experimentada y aleccionar una vez más al enemigo. Pero ¿no estaba ya en la región occidental? El famoso campeón quería aun algo de mayor notoriedad.
   “La marcha de la Invasión quedó reanudada el 9 de enero. Comenzaba entonces la campaña de Pinar del Río. Cruzó el caudillo la carretera de Guanajay a Mariel. Pudieron entonces todos admirar la sorprendente vegetación de la zona de Quiebra Hacha y Cabañas, sin duda una de las más fértiles de Cuba. Aquella situación topográfica era para Maceo positivamente inspiradora. A un lado se alzaban a la vista del prócer las abruptas montañas de Guaniguanico. Y, vuelta de cara, se extendía ante él, como incitándolo a ventajosas correrías, la campiña hasta el mar mismo. Maceo avanzó a través del país, impuso el cumplimiento del acuerdo prohibitivo de la molienda de caña, sostuvo escaramuzas con las vanguardias de Echagüe y Suárez Valdés e hizo que fuerzas cubanas pernoctaran la noche del 9 al 10 de enero en Cabañas, después de tomar la plaza, con un botín de doscientas armas, quince mil cartuchos, equipos, medicamentos y prendas de vestir y calzar.
   “La toma de Cabañas contribuyó de manera efectiva a deparar suma importancia a la entrada de la Invasión en el territorio de Pinar del Río. Pero, como para demostrar que se mantenía sobre la marcha, Maceo reanudo el avance en las primeras horas de la mañana del 10 de enero de 1896. Contaba ya con el concurso de Pedro Delgado, que, recién incorporado al contingente oriental y conocedor perfecto de la zona, llego en ocasión oportuna para prestar señalados servicios. Internado por la tierra pinareña, el Lugarteniente se hallo pronto a la vista de San Diego de Núñez, la cuna de Cirilo Villaverde. Este pueblo se rindió a discreción apenas intimado para ello. No podía caber la menor duda acerca de la eficacia de las operaciones iniciadas por Maceo en las comarcas occidentales: los pasos andados el 10 de enero de 1896 ponían fuera de toda duda o sospecha el éxito brillantísimo con que había de quedar rematada la ruta de la invasión libertadora.
   “¿Estaba el pueblo vueltabajero dormido o impasible o, por el contrario, dio en seguida muestras de su preparación patriótica? Semejante interrogación fue contestada el propio 10 de enero de 1896, no con huecas y vanas palabras, sino con hechos realizados por hijos de Occidente. Pudo con razón decirse que a la luz del fuego sostenido en Cabañas los patriotas de Bahía Honda y lugares comarcanos se sumaron a la demanda emancipadora, y, merced a ello, el 10 de enero, en el camino de San Diego de Núñez a Bahía Honda, se incorporaron a la columna de Maceo las fuerzas organizadas por Carlos Socarrás y Modesto Gómez Rubio. Socarrás era el hombre entero que aguardaba, internado en la serranía, la hora de la redención. Gómez Rubio, propietario y médico de Guane e hijo de Isabel Rubio y Díaz, resultaba algo así como una avanzada del esfuerzo que los cubanos del extremo occidental se aprestaban a realizar en pro de la independencia patria.”

Tomado de: Calendario Cubano

LA DAMA DE LA ROSA

La Dama de la Rosa: Greta Freist (1909-1993)

José Ángel Buesa (†) Cuba

Los que vieron la dama luciendo aquella rosa
que era como el fragante coágulo de una llama
no supieron decirme cuál era más hermosa:
si la rosa o la dama.

Los que vieron la dama llevar la flor aquella
como un broche de fuego sobre su piel sedosa
no supieron decirme cuál era la más bella:
si la dama o la rosa.

Cuando pasó la dama fue un perfume su huella.
Nadie supo decirme si fue la flor o ella
la que dejó la noche perfumada.

Y yo, yo que la tuve desnuda sobre el lecho,
yo que corté la rosa para adornar su pecho,
tampoco dije nada

LOS OJITOS AZULES DE LA MAR


Emilio J. León (†) Cuba

La Sirena está en la playa
porque desea jugar
con los niños en la arena
para reir y cantar…

Con los hilos de corales
ella sale ensartar
las perlas de aguas blancas
para la Estrella de Mar…

Con su vestido de algas
se pone ella a danzar
sobre la suave espuma
de la dócil bajamar…

Con el susurro de las olas
también sabe ella narrar
aventuras de piratas
y del gigante Calamar…

Con ecos de caracoles
ella sabe declamar
los poemas de los peces
y los cuartetos de Omar…

La Sirena está contenta
¿quién se atreverá a jugar
con sus escamas de plata
y su dorado collar…?


La Sirena está en la playa
y te va a regalar
dos cuentecitas muy claras:

¡Los ojitos azules de la mar…!

ÉXTASIS


Luz Salazar de Echeverri (†) Colombia

Sentí tu presencia aquí.
Sentí tu cuerpo acercarse al mío.
Sentí que me besabas en la boca
y que alejabas de mi labio el frío.

Sentí que con tus manos temblorosas,
mi pelo acariciabas con amor,
mientras como un susurro tus palabras,
en mi oído volcaban su dolor.

Sentí que me tomabas poco a poco
y que levantabas mi cuerpo con pasión,
me sentí tuya entonces
y en éxtasis quedó mi corazón.

Y, cuando de este sueño desperté,
me sentí sola y triste.
Lejana…
y sedienta de ilusión.

El Cementerio de Espada se encuentra en el actual municipio de Centro Habana

Tomado De: Lecturas.cibercuba

Cementerio Espada.jpg
El culto a los muertos es uno de los elementos más importantes en algunas sociedades. Desde finales del siglo XVII hasta la construcción del Cementerio de Colón fueron varios los lugares utilizados en La Ciudad de la Habana para el enterramiento de los cadáveres.

A principios se trasladó la costumbre de la metrópolis de enterrar los cadáveres en las iglesias, disponiendo la manera en que debían ser ubicados los mismos dentro del templo así como el precio de cada una de las sepulturas de acuerdo con el rango social y económico del fallecido. Ejemplos de este tipo de inhumación pueden ser apreciados en la Catedral de La Habana y en la Iglesia del Espíritu Santo. Posteriormente se creó el Cementerio General de La Habana, una obra pública de gran utilidad, por el ilustrísimo obispo Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, bajo el auspicio del Gobernador, el Ayuntamiento y la Santa Iglesia Catedral, quedando inaugurado dicho campo santo el 2 de febrero de 1806, “…a una milla al Oeste de la Ciudad a inmediaciones de la costa de San Lázaro lugar en el que la muerte, ponía en un mismo rango a mendigos y emperadores.
Asimismo, han existido –algunos todavía existen– otros cementerios en extramuros de La Habana como el del Cerro (actuales calles Pizarro y Cortés); el de los ingleses (en el Vedado); el de los Molinos (en la estancia de Aróstegui, hoy Quinta de los Molinos); el de Atarés (en la falda del Castillo); el Bautista llamado también de Los Protestantes (cercano al Cementerio Colón), el de los Chinos (Calle 26) y en un caserío que comenzó su paulatino asentamiento a finales del siglo xvii, el Cementerio de Jesús del Monte, en el actual Municipio 10 de Octubre. Este cementerio, ubicado en los alrededores de la iglesia de igual nombre, nos refiere en su archivo parroquial que el primer entierro data del 26 de noviembre de 1693 y corresponde a María, arará, esclava de Juan del Pozo.
Con el tiempo este cementerio resultó pequeño por el creciente aumento de la población y el deterioro ocasionado a los muros del mismo por las continuas inhumaciones, así como por lo distante que resultaba el Cementerio General de esta ciudad a lo que se sumó el inconveniente del huracán de 1846, el cual ocasionó numerosas pérdidas, dañando también a su paso el “cementerio de madera”, localizado en la falda de la loma y donde se enterraban los esclavos de las fincas.
Esta situación conllevó a que la población del lugar solicitara la ampliación o creación de un nuevo cementerio, el cual se llevó a cabo el 31 de enero de 1848 a cargo del maestro de albañilería Félix Cisneros, en el terreno que es parte de la meseta de la loma, cuya formación calcárea tiene la propiedad de consumir los cadáveres en un período menor de un año, recomendando al cura de la parroquia “…que las fosas tengan la profundidad conveniente a fin de que entre el cadáver y la superficie del terreno haya lo menos cinco pies de tierra bien comprimida, guardando entre fosa y fosa una distancia de más de cuatro varas.”
Dicha necrópolis se erigió al fondo de la iglesia y a continuación del que ya existía. Según señalan el médico habanero Domingo Rosaín y Antonio de Gordon y de Acosta, en su pórtico se leía: “Este Cementerio se edificó por disposición del Excmo. e Ilustrísimo señor don Francisco Fleix y Solans, dignísimo obispo de La Habana, en el año 1848 – Al pisar esta fúnebre morada acuérdate hombre, que eres polvo, nada.”
Este cementerio daba sepultura en bóvedas de familia, lo cual ha quedado confirmado cuando en el año 1996 se llevó a cabo una excavación arqueológica en el patio de la parroquia, lugar donde estuvo ubicado el cementerio al que hacemos referencia, y en el que se halló una de las bóvedas mandadas a construir por sus vecinos, así como fragmentos de materiales diversos correspondientes al siglo xix, que si bien no pertenecen al culto funerario, son objetos característicos de la época y otros que pudieran relacionarse con el uso de ataúdes aún cuando haya ausencia del uso de mortajas, fragmentos de tapa de bóveda y restos de material osteológico, el cual permitirá profundizar en el conocimiento de la población y definir aspectos somáticos y patológicos, así como características físico-antropológicas de los individuos inhumados y sus costumbres funerarias.
Como consecuencia de las epidemias que se producían en la Isla y el número elevado de fallecidos que éstas ocasionaban, el incremento progresivo de la población y la limitada extensión de los cementerios existentes en aquel momento, incapaces de cubrir las necesidades de las parroquias, el obispo Fleix y Solans nuevamente tuvo que dar solución a tal situación, emitiendo la Circular número 57 del 26 de julio de 1855,5 relativa a la construcción, traslado o ampliación de los cementerios de las iglesias de su diócesis. La Junta Parroquial de Jesús del Monte consideró que el terreno que reunía las condiciones para la creación del nuevo cementerio correspondió a la finca que en esa feligresía poseía el señor don Agustín Morales y Sotolongo, Marqués de la Real Campiña, el cual cedió la cantidad de 4 mil varas cuadradas planas.
Dicho camposanto beneficiaría también a la barriada del Cerro, cuyo cementerio de igual modo tuvo que ser trasladado de lugar por su mal estado y los olores que de él emanaban durante la noche, ya que en el mismo los enterramientos se practicaban directamente en el terreno. Este nuevo cementerio nunca se llegó a construir, a pesar de lo populoso de su vecindario y lo sumamente distante a que se encontraba del Cementerio general de La Habana. Este último, al que comúnmente se le llamó “Cementerio de Espada” por su benemérito fundador, resultó insuficiente al igual que el de Atarés para registrar las inhumaciones que a diario se producían en la capital y sus alrededores.
Se requería entonces un nuevo campo santo para esta ciudad, de ahí que se le prestara mayor atención a la solución de este problema general y no a la de sus barrios en particular, que a la postre terminarían por ceder su lugar a un recinto de mayores y mejores posibilidades que acogiera en su seno no sólo a la población local sino a la de toda la ciudad. Los enterramientos en las bóvedas de Jesús del Monte continuaron aunque de manera muy esporádica hasta 1878, siendo uno de los últimos inhumados,Guillermo López y Gómez, el 3 de junio de 1878.
Al mismo tiempo se daba sepultura con cierta regularidad en los nichos del Cementerio de Espada y se iniciaban más asiduamente las inhumaciones en el entonces ya terminado Cementerio Colón, que quedó como necrópolis oficial de la ciudad y sus barrios.

Bienvenidos a Pensamiento Digital

Belle Starr, o la Reina Bandida del Oeste Americano

File:Belle Starr full.jpg
Tomado de wikipedia

  Myra Mayvelle Shirley, nace en Carthage, Missouri, el 5 de febrero de 1848, en Eufaula. Oklahoma. Muere el 3 de febrero de 1889. Su educación fue muy interesante, pues recibió clases de música y piano. El infortunio de la familia llega al momento de dar comienzo la guerra civil. Su hermano “Bud’ era de los miembros de la guerrilla de William Clarke Quantril y muere en 1864. Ella coopera con los bandidos y les da refugio, se dice que ella le dio refugio a la pandilla de Jesse James.
  Pero el oeste americano de aquellos años esta lleno de historia y de mucha fantasía. Con su hermano “Bud” aprende a montar caballos y el uso de armas de fuego, de la que se hace una buena tiradora. Se caso varias veces, y se mudo de Missouri, a California y más tarde a Texas. Se le involucra en varios asaltos a diligencias y robo de ganado. El conocido juez (Hanging Judge) el Juez de la Horca la condeno a nueve meses en el fuerte Detroit. En febrero de 1889 Belle había ido a visitar a unas amistades y a su regreso fue asesinada, y se culpo a su esposo Bill.

  Sobre su vida se hizo una película “Belle Starr (1941), dirigida por Irving Cummings. Fotos de ella salieron en las revistas de la época, siendo conocida como “Belle Starr- The Bandit Queen”.

Las siete maravillas de la ingeniería civil cubana




 Tania Quintero
Lucerna
Tomado del blog Tania Quintero

ACUEDUCTO DE ALBEAR
En sus inicios iba a ser llamado Isabel II, pero finalmente recibió el nombre de su proyectista y constructor, Francisco de Albear y Fernández de Lara (La Habana, 11 de enero de 1816 – 23 de octubre de 1887). Albear había estudiado en la Academia de Ingenieros de Guadalajara, España, y era brigadier del Real Cuerpo de Ingenieros de Cuba. Fue miembro de prestigiosas instituciones académicas y científicas de España, Bélgica, México y Cuba, donde llegó a ser director de la Junta de Obras Públicas. A mediados del Siglo XIX se le encomendó la tarea de llevar agua a la población habanera, mediante la ejecución de un acueducto. Hacia 1858 se aprobaría el proyecto por él presentado, basado en la conducción de las aguas de los manantiales de Vento hacia la ciudad. En 1861 se inició la construcción del acueducto, concluida en 1893. En la Exposición Universal de París, en 1878, recibió Medalla de Oro y fue declarada Obra Maestra de la Ingeniería Universal del Siglo XIX.


TÚNEL DEL ALCANTARILLADO DE LA HABANA
Cuatro siglos después de su fundación por los españoles, la Villa de San Cristóbal de La Habana aún no tenía un sistema adecuado de alcantarillado sanitario. En la Enciclopedia Británica de aquellos años se lee: “Bajo el régimen español, La Habana tenía la reputación de ser una ciudad de ruidos y malos olores. No había servicio satisfactorio de limpieza de calles o de drenaje del subsuelo y la bahía se mantenía corrompida por las impurezas de la ciudad”. En esas condiciones insalubres se encontraba la capital cubana cuando en 1898 se produjo la intervención norteamericana. En ese mismo año, los interventores comienzan a elaborar el proyecto de lo que sería el sistema de alcantarillado y drenaje de La Habana. Las construcciones comenzaron en 1908 yfinalizaron en 1915, lográndose el objetivo de evacuar y disponer de las aguas residuales de la población en esos momentos (351,000 habitantes) y dejando capacidad para una población futura de 600,000 habitantes. Según los expertos, la iniciativa empleada para la ejecución del Túnel del Alcantarillado de La Habana, que preveía desplazar por gravedad y por debajo de la bahía todos los desperdicios de la urbe, fue una audaz obra de ingeniería.




CARRETERA CENTRAL
Nace en el Capitolio Nacional y se divide en dos ramas, una hacia Oriente y otra hacia Occidente. Desde Pinar del Río hasta Santiago de Cuba tiene una longitud de 1,139 Kilómetros. Su ejecución comenzó el 20 de mayo de 1927 y concluyó el 24 de febrero de 1931. Fue construida por la Warren Brothers Company de Estados Unidos y la Compañía Cubana de Contratistas bajo la dirección del ingeniero cubano Manuel A. Coroalles. Representó un tremendo adelanto para la economía nacional y contribuyó al desarrollo del turismo. La calidad de su pavimento (hormigón revestido de una mezcla asfáltica) ha quedado demostrada por su uso continuado durante más de 70 años.



EDIFICIO FOCSA
El edificio más alto de Cuba, enclavado en el corazón del Vedado, La Habana, sigue siendo identificado por las siglas de la compañía que lo construyó: Fomento de Construcciones y Obras Sociedad Anónima. El FOCSA fue inaugurado en 1956, tiene una altura de 121 metros y posee 36 pisos. En su momento fue el segundo edificio de hormigón armado más alto del mundo, después de uno levantado en la ciudad brasileña de São Paulo. Entre los profesionales cubanos que trabajaron en su proyecto y ejecución se encontraban el arquitecto Ernesto Gómez Sampera y los ingenieros Luis Saénz Duplace, Bartolomé Bestard y Fernando Meneses.



TÚNEL DE LA BAHÍA DE LA HABANA
A lo largo de 733 metros y a una profundidad de 12-14 metros, discurre por debajo de la Bahía de La Habana. Fue construido por la empresa francesa Societé de Grand Travaux de Marseille, bajo la dirección del ingeniero cubano José Menéndez Menéndez. Las obras constructivas se realizaron en los años 1952 y 1953 en condiciones extremadamente difíciles. Su inauguración se produjo en mayo de 1958. En YouTube hay un interesante video sobre la historia de su construcción.



PUENTE DE BACUNAYAGU A
Marca el límite entre las provincias de La Habana y Matanzas. Su construcción comenzó en 1956. Fue oficialmente inaugurado el 26 de septiembre de 1960. Tiene una extensión de 314 metros y 110 metros de altura sobre el nivel del mar. Su ejecución estuvo a cargo de ingenieros cubanos dirigidos por Luis Saénz Duplace. Se basó en un proyecto presentado por Pimpo Hernández, estudiante de 4to año de la carrera de Ingeniería Civil. La firma constructora fue la cubana Saénz, Cancio y Martín, también participante en la construcción del Edificio FOCSA.



VIADUCTO DE LA FAROLA
La más reciente de las siete maravillas de la ingeniería civil cubana es el Viaducto de La Farola. Constituye el más importante y directo enlace terrestre entre Baracoa y Guantánamo, la más oriental de las provincias. En su construcción trabajaron 500 obreros dirigidos por el ingeniero Maximiliano Isoba. Por las características geológicas de la zona, en lugar de explosivos se usaron martillos neumáticos. Discurre por las laderas de la loma La Farola y atraviesa de sur a norte el macizo montañoso Sagua-Baracoa. Tiene 6 metros de ancho y se extiende por un tramo de 6 Kilómetros, con alturas que en ocasiones llega a los 450 metros sobre el nivel del mar. Las obras de la entonces llamada “Vía Mulata” se habían iniciado a fines de los años 40, pero por problemas técnicos, entre otros, no se terminaron. Se reiniciaron en abril de 1964 y en diciembre de 1965 el Viaducto de La Farola quedó abierto al tránsito. 

El barrio de Jesús María

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Poblado hacia la segunda década del siglo XVIII, con el nombre de San José del Astillero, debido al establecimiento de este último en sus predios, el barrio de Jesús María, en La Habana antigua de extramuros, es uno de sus términos más populares.
En 1753, en la Calle Real de Jesús María, hoy Revillagigedo, fue levantada una ermita a Jesús María y José que le dio nuevo nombre a la barriada. Con esta calle se asocia una de las leyendas más vivas de Jesús María. Cuentan que en ella vivió una negra llamada Amalia, protectora de revolucionarios y esclavos perseguidos por las autoridades coloniales, los escondía y les facilitaba la salida como polizontes hacia Haití u otras tierras, era además la Madrina de los centros ñáñigos del barrio, lo que hizo que los humildes habitantes ayudados por ella, se autonombraran, hijos de Amalia. Así se conocían en el siglo XIX y de ahí que se derive que a los de Jesús María, se les llame amalianos.

Un segmento de este barrio era conocido como El Manglar, asiento preferido de los famosos “negros curros,” provenientes de Andalucía y que fueron muy notorios en La Habana debido a sus fechorías, su modo de andar, de vestir, en fin, por su fama de “buscavidas”. Asimismo los describió Don Fernando Ortiz en su obra Los Negros Curros, estos eran hombres de piel oscura con largas trenzas sobre sus frentes y hombros, usaban pantalones de campana estrechos hacia abajo y camisa blanca con cuello ancho y dientes de perro en vez de borde. Usaban un pañuelo de algodón tendido en ángulo en la espalda y atado por delante sobre el pecho. Tenían los pies apenas cubiertos por unas zapatillas que arrastraban a modo de chancletas, y en los lóbulos de sus orejas colgaban dos lunas menguantes a semejanza de oro. Sobre un zarzal de trenzas rizadas, llevaban siempre un sombrero de paja.  Bajo la manga de la camisa, en el pañuelo o en la mano, no faltaba el afilado puñal. Sus dientes estaban cortados en punta a modo carabalí y los dedos de las manos llenos de sortijas. Eran afectados en el hablar y caminaban contoneándose y meneando los brazos hacia alante y atrás.
Los llamados “negros curros” eran hombres libres en su totalidad, no tenían oficio ni beneficio, eran pendencieros y muchos vivían del hurto, el robo, la matonería y el proxenetismo.
Aunque marcado por la existencia de los “Curros del Manglar”, el barrio de Jesús María también se destacó por la presencia de centros culturales importantes y por ser la cuna de  músicos y ritmos que trascendieron, no ya los límites de la barriada, sino de toda La Habana y de Cuba. No se puede hablar del barrio sin mencionar a la sociedad Unión Fraternal, en Revillagigedo entre Gloria y Misión, la cual fue fundada en 1886, para las personas llamadas “de color”, o sea, para negros y mulatos, como un centro cultural de Socorro y Ayuda Mutua; con salones de bailes, escuelas, farmacias, y otras comodidades para sus miembros. Esta institución tuvo como presidente de honor nada más y nada menos que al patriota Juan Gualberto Gómez. Otro centro cultural importante de la localidad fue el Club Atenas, en la esquina de Zulueta y Apodaca, de carácter clasista, pues sólo pertenecían negros o mulatos profesionales o adinerados. También en la calle Revillagigedo se inauguró la Asociación de Carteros.
En Águila y Apodaca vivió el famoso violinista negro Claudio Brindis de Salas; en Gloria entre Aponte y Factoría, Barbarito Diez, una de las voces más bellas de la música cubana, y en Aponte 125, Rafael Cueto, integrante del Trío Matamoros. No por diferente se puede obviar que, en 1939, en este barrio se formó una de las más importantes comparsas del famoso carnaval habanero, La Jardinera.


En la esquina de Gloria y Zulueta se halla la Agrupación Artística Gallega, decana de las instituciones culturales de esa región en Cuba, fundada en 1917; en Factoría entre Apodaca y Gloria, la Beneficencia Montañesa y en Corrales número 64, la Beneficencia Asturiana.
El parque de Jesús María sigue siendo hoy el centro de la barriada, de su vida cultural y cotidiana. Flanqueado por tres majestuosas ceibas, evoca al mismo tiempo la presencia de los cultos afrocubanos en la localidad, y del catolicismo que le imprimen la iglesia y la estatua del padre Doval, ilustre cubano que ejerciera altas funciones monasteriales en Madrid y varios lugares de La Habana. Siendo Doctor  en Teología, Filosofía y Derecho Canónigo, se destacó por su meritoria labor como profesor. Desde su fallecimiento en 1914, el parque lleva su nombre.

Tomado de Habana Radio 13 de diciembre de 2013

Con los Pobres de la Tierra

 (Noviembre/diciembre, 2005)
Eliana Onetti (†) Cuba
            Dijo el poeta:
Con los pobres de la Tierra
quiero yo mi suerte echar.
El arroyo de la sierra
me complace más que el mar.
            ¿Es la pobreza una condición "sine qua non" de la sociedad?  Resulta irónico, sin embargo, que Pobreza o Paupertas fuese entre los antiguos la divinidad alegórica "madre de todos los bienes" según Aristófanes  e inventora de las artes según muchos. Cuenta la leyenda que, tras unirse a Paros, dios de la Abundancia, tuvo de él al Amor. Hoy, sin embargo, hablar de pobreza es para nosotros hablar de escasez, de falta.
            Y al hablar de pobreza, es necesario hablar también, ¡cómo no! de caridad. Pero ante todo, tenemos que conocer y saber reconocer las diferentes clases de pobreza. Existe la pobreza material, la pobreza intelectual y la pobreza espiritual. Y la caridad, que es a la pobreza lo que el antídoto al veneno, debe saber discernir para poder aliviar.
            Porque la caridad que se contenta con una lismona de moneda o pan es caridad de un hora, que palia el mal, pero no lo erradica. La verdadera caridad, la caridad positiva es la que busca el modo de eliminar la pobreza de manera radical y duradera.
            Para ello, es necesario eliminar primero las otras dos pobrezas -aunque entre tanto se logre este objetivo, el reparto de pan sea necesario- porque sólo cuando el hombre es intelectualmente rico y espiritualmente fuerte logra, por sí mismo, eliminar su pobreza material.
            El que es pobre de espíritu es siempre débil. Se acoquina y se encoge ante las dificultades y no sabe cómo lograr que su miedo no se traduzca en cobardía; la cobardía que lo paralizará irremisiblemente impidiéndole  afrontar -y vencer- escollos y dificultades.
            El que es pobre intelectualmente -entiéndase incapaz de pensar y llegar a conclusiones propias para actuar en consecuencia- carece de las herramientas imprescindibles para labrar su propio presente y, por ende, mucho menos su futuro.
            Ambas pobrezas, por lo tanto, desembocan en la tercera: la pobreza material que necesita pan y monedas.
            Sin embargo, no es bueno olvidar que también convive, en nuestra sociedad actual, la pobreza aparente con esa pobreza real que tan necesitada está de Caridad. Esa pobreza aparente es hija legítima del bienestar y se le reconoce por su afán consumista. El pobre aparente es aquél que puede satisfacer sus necesidades reales pero no tiene suficiente para colmar sus ambiciones innecesarias. Ese pobre lo es sólo por comparación; no en esencia. Y es, por su eterna e insaciable insatisfacción, un elemento perturbador de la paz social porque su propia infelicidad contagia el ambiente y crea malestar. Y no es cierto que sea más feliz quien más tiene; sino quien menos necesita.
            Estamos inmersos en una vertiginosa carrera donde quien primero llega a la meta es quien más "tiene": más televisores, más videos, más y mejores coches, más, más, más... y no nos damos cuenta de que, en ese afán acaparador, perdemos la oportunidad de vivir.
            Triunfador no es sólo el que alcanza reconocimiento, notoriedad y dinero a espuertas. También triunfa el que, anónima pero plácidamente, se dedica a "SER" espiritual e intelectualmente un "HOMBRE DE BIEN".


Emilio Roig

Emilio Roig.
http://www.palabranueva.net/contens/0911/0001013.htm

Detalles Escrito por Redacción Opus HabanaTomado de Opus Habana, Vol. VII, No. 3, 2003. Breviario. Publicado el 29 Noviembre 1999 Visitas: 1209

Nombrado en 1935 Historiador de la Ciudad, cargo que desempeñó hasta su deceso en 1964, Roig radicó 12 años en la planta baja primero y, luego, en el entresuelo del Palacio de los Capitanes Generales.

En el 2002 en el entresuelo del Palacio de los Capitanes Generales, entonces Palacio Municipal y hoy Museo de la Ciudad, se reunieron sus amigos, familiares y antiguos compañeros de trabajo para evocar, junto al actual Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler, el natalicio de Emilito como cariñosamente le llamaban.
Sin embargo, la sede de la conmemoración en 2003 fue en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, en cuyas inmediaciones reposan –desde principios de2003– los restos de Roig y los de su compañera en la vida: María Benítez (Bahía Honda, Pinar del Río, 1915-La Habana, 2003).
Para esta ocasión el pianista José María Vitier preparó un concierto que incluyó –entre otras— dos piezas antológicas de la música cubana: Quiéreme mucho, de Gonzalo Roig, yLongina, de Manuel Corona. También interpretó temas de su autoría comoHabaneras del ángel y Canción de otoño.
Abogado de profesión, desde muy joven Emilio Roig sintió inclinación por las letras, lo que —unido a su carisma personal y amplitud de ideas— le granjeó el respeto de las figuras intelectuales más importantes de su época, con quienes interactuó sostenidamente desde su cargo de redactor y, luego, director literario en la revista ilustrada Social (1916-1933; 1935-1938).
A su empeño y dedicación se debe no sólo el rescate de las Actas Capitulares —lo que fue, sin dudas, un aval definitorio para que a partir de 1927 se le reconociera como historiador de mérito, además de su conocida faceta de periodista y escritor costumbrista—, sino también la publicación de los tres primeros tomos de ese fondo documental (desde 1550 a 1578), y, a partir de la información que contenía el primero de ellos (1550-1565), escribió el que fuera primer y único volumen de su inconclusa Historia de La Habana.
Al trasladar su oficina hacia el Palacio de Lombillo el 22 de diciembre de 1947, ya tenía publicados 34 «Cuadernos de Historia Habanera» (en total saldrían 64, el último en 1962) y siete títulos de la «Colección Histórica Cubana y Americana» (llegarían a 24), así como los libros La Habana. Apuntes históricos (1939) y El Escudo Oficial del Municipio de La Habana (1943), ambos con el mismo formato de su también inconcluso proyecto de las Actas Capitulares, cuyo tercer y —a fin de cuentas— último tomo había salido a la luz en 1946.
Gracias —en gran parte— a esos estudios, Roig logró legitimarse como historiador de profesión y sensibilizar a sus contemporáneos con el destino de la Habana Vieja, cuya historia escribió desde una perspectiva eminentemente cultural, aún no superada.
Corresponde a Eusebio Leal el mérito de haber rescatado el legado de Roig y, sucediéndolo como Historiador de la Ciudad, haber potenciado legítimamente la gesta rehabilitadora del Centro Histórico de La Habana, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982.
Al evocarlo durante la conmemoración, Leal precisó que «siglos atrás, rodeado de sus libros y papeles, el historiador era sólo el cronista, el guardián de la memoria, algo así como el depositario perfecto de infinitos secretos. Mi predecesor y maestro, el doctor Emilio Roig de Leuchsenring, optó por una transformación a fondo de este menester, haciéndolo algo vivo, capaz de influir en la vida de las gentes».
Entre los aportes de su antecesor, refirió que Roig escribió sin desmayo, confió en el valor de la palabra viva y supo movilizar a la opinión pública en grandes empeños en pro de la eticidad cubana. «Es por ello que sobre mí pesa la responsabilidad moral de continuarle», concluyó Leal.

Letras canarias en el patrimonio cubano



Fecha: 2010-04-12Fuente: CUBARTE

En el campo de las letras el legado de canarios y sus descendientes a Cuba resulta sorprendente. Un grupo considerable marcó hitos en la poesía y literatura en general, tanto en los orígenes como en los momentos definitorios. En apretada síntesis nos referimos a algunos autores.

La Condesa de Merlín, bautizada con los nombres María de las Mercedes, descendiente de familia de origen canario, es una de las célebres escritoras del siglo XIX. Nació el 5 de febrero de 1789 en La Habana, hija del Conde de Jaruco, don Joaquín de Santa Cruz, y de doña Teresa Montalvo y O’Farrill.

Su primer libro lo tituló Mis doce primeros años. En París deslumbró por la exótica belleza criolla” y su dulce voz de soprano. Tras su visita a la familia en La Habana en 1840, escribe Viaje a La Habana, donde describe con gusto la cocina cubana: La cocina criolla y la cocina francesa rivalizan en cada paso: los platos son a cual más delicado, y la comida se sirve bajo una tienda en medio del jardín. Murió en París en 1852.

Nacido en Matanzas en 1886, Agustín Acosta, hijo de emigrantes canarios, dejó su huella poética en las letras cubanas, así como en el periodismo. Los críticos estiman que su quehacer literario forma parte de la renovación poética de Cuba durante la segunda década del siglo XX, murió en 1979.

Por su lado, Arturo Doreste, 1895-1983, descendiente de canarios, publicó sus artículos en importantes medios de la prensa cubana y en la revista Flor de Canaria, en poesía obtuvo varios premios y su obra ha sido incluida en diferentes antologías, mientras el tinerfeño Antonio Hernández Pérez residió en Cuba desde la niñez y murió en esta isla en 1975, su primer poemario se publicó en 1947, a la que siguieron otros libros y también premios.

Ramona Pizarro natural de Santa Cruz de Tenerife llegó a Cuba en el siglo XIX y en esta isla del Caribe se destacó como poetisa. Publicó su obra en varios periódicos de su tierra natal. Identificada con el ideario patriótico de los cubanos, se vinculó con actividades revolucionarias en Cayo Hueso, Estados Unidos.

Entre los intelectuales que residirían en La Habana, llegó en 1916 Francisco Izquierdo, nacido en 1886 en Tenerife y fallecido en la capital cubana en 1971. En Cuba se destacó como poeta, periodista y narrador y obtuvo dos premios, uno en poesía y otro en cuento. De su poesía titulada "Presagios", es el siguiente fragmento:

Tenían para mí
Los heliotropos
Del naranjo a la sombra
Y ante las margaritas de ojo de oro
Me estaba horas enteras contemplando

La caída, en moroso
Silencio, de las flores menuditas.

Asimismo, la habanera y excelsa poetisa Dulce María Loynaz amó tanto a Canarias como a su natal Cuba y de ahí que se definiera como una mujer entre dos islas. Canarias la declaró hija adoptiva. Visitó cuatro veces Las Afortunadas, suficiente para que su sensible alma de poeta fuera tocada por la inspiración y escribiera Un verano en Tenerife, donde narró la estancia en La Palma, tierra natal del esposo, el periodista Pablo Álvarez de Cañas.

Pablo Álvarez de Cañas, había nacido en 1918 en Tenerife. De origen muy humilde, debió trabajar fuerte a su arribo a Cuba para lograr un sitio dentro del periodismo. Fue cronista social de los respectivos diarios:El País; El Siglo, La Habana y El diario de la Marina. En 1937 fue nombrado director de la revista Selecta.

Tras el triunfo de la Revolución cubana, regresó a su natal Tenerife, sin embargo cuando enfermó, volvió a La Habana y murió el 3 de agosto de 1974. Sus restos reposan en el Cementerio de Colón.

Una vez Dulce María contó que su amigo el emigrante canario, fundador del Orquideario de Soroa y abogado, Tomás Felipe Camacho, le había dicho: ¡Si vas a Tenerife, no dejes de ir a La Palma, si vas a La Palma no dejes de ir a Tijarafe, y si vas a Tijarafe no dejes de ir a una calle que se llama Adiós y que da al cementerio.”

“Quiero celebrar mi matrimonio en la capilla de la Quinta, ante el altar de la virgen de la Candelaria”, hubo de pedir Dulce María al amigo Camacho, quien por entonces era el director de la Quinta Canaria.

En Canarias, durante la luna de miel, la pareja visitó en La Palma sitios de fabulas como la Fuente Santa de poderes curativos, frecuentada desde siglos por viajeros de cualquier parte del planeta, y el hotel Florida, propiedad de la familia del célebre diseñador de calzados Manolo Blahnik, donde los esposos pasaron una noche, pues allí en particular ella quiso comprobar la existencia de los fantasmas de aquel inmueble de mitos y leyendas.

Sobre Canarias, escribió:

…islas floridas, espuma de volcanes y sueño de sirena.

Dulce María murió en su casona del Vedado, a los 94 años de edad, en 1997, legando al patrimonio de Cuba su asombrosa y delicada obra.

Por su parte, el poeta Antonio Hernández Pérez nació el 21 de mayo de 1909 en Santa Cruz de Tenerife, y la familia lo trajo a vivir definitivamente a Cuba. Pasó su infancia en el municipio de Yaguajay. Ya joven se trasladó a Caibarién donde hizo amistad con otros poetas, entre ellos: Emilio Comas Paret, quien creó un Taller Literario en 1969, donde participó con fuerza y entusiasmo el isleño Hernández Pérez. Su obra es muy prolífera en 1973, recuerda su amigo Comas Paret:

En ese año escribe el poemario Los árboles que envía al Concurso Nacional 26 de Julio, y obtiene con ella la segunda mención y un diploma de reconocimiento por otro texto enviado a un certamen de Casa de las Américas (…) A principios de 1974 por su título: De pronto sales con tu voz, logra el premio de la UNEAC y como parte de este, se le ofrece un viaje a Checoslovaquia, pero Antonio enferma de cáncer en el mediastino y repentinamente muere, sin conocer a Praga y tampoco pudo ver publicado el texto de la primera mención que había recibido.

De la poesía de Antonio Hernández Pérez, escogemos el final de la titulada: "La muerte":

Teníamos un gran temor a las paredes,
a las rendijas de las cercas,
a los muros de cal entre los patios.
Dondequiera podía estar la muerte
disfrazada,
sola.


Con relieve se nos quedan otros poetas en el tintero, sin embargo en este breve espacio no queda olvidado el poeta, ensayista, novelista y crítico literario: Cintio Vitier, Premio Nacional de Literatura 2002 y Premio Internacional Juan Rulfo de Literatura Hispano-Americana. Murió en La Habana en 2009.

Vitier nació en Cayo Hueso, Florida, en 1921; era nieto de abuelo canario que fue oficial mambí. En 1947 se graduó de Derecho en la Universidad de La Habana, más tarde fundó la Sala Martiana de la Biblioteca Nacional e integró el Grupo Orígenes. Su obra está recogida en varias antologías. De su poesía "Doble Herida", es el siguiente fragmento:

Este ir de la vida a la escritura
Y volver de la letra a tanta vida,
Ha sido larga, redoblada herida
Que se ha tragado el tiempo en su abertura.
Abierto como res por la lectura,
Le entregué las entrañas y la vida,
Queriendo rehacerlas conmovida,
En ellas imprimió su quemadura.


*Tomado del libro Corazones Canarios Cubanos, con la firma de esta periodista.

Personajes del folklore cubano

Por María Eugenia Caseiro

Segunda parte

La cubanidad se fundamenta en la tradición y la historia; sus orígenes son atávicos transplantes a su espiral de transculturación[[i]][1], pero no es el objeto del presente trabajo la investigación del complicado fenómeno de integración, del que iremos comentando en el futuro, sino dar paso a la segunda parte, con nuevos aspectos de este personaje vinculado al culto popular sincrético de Ireme, o Íreme, y a su vez a la cultura nacional cubana.

Antes de referirnos a los Iremes, que participan de la ceremonia del culto Abakuá,[2] puntualizaremos algunos detalles de la misma, que por el gran despliegue de simbolismos y belleza, donde la música que viene de los tambores es elemento primordial, logró transgredir las fronteras del culto Abakuá e instaurarse parte del folklore afrocubano.

Los Iremes son los enviados del Ekue, del Gran Misterio, que siempre aguarda cerca del sitio donde se celebra el culto. Visten trajes de tela de saco con ribetes de soga deshilachada en mangas y perneras, capuchones puntiagudos, un pequeño sombrero circular tras el cuello, una faja de colores con ekaniká, (cinturón de campanillas) y sus rostros se encuentran velados por una gasa.

La lista de instrumentos de percusión que participan en las ceremonias es amplia, pero nos referiremos a los instrumentos básicos y a otros dos personajes que además de los diablitos, etiquetan el culto Ireme.
                      


En interrelación con el baile y los Iremes actúa un instrumento de fricción de procedencia efó, llamado ékue que desde una apartada esquina, interactúa en una especie de diálogo con los instrumentos visibles; el ekón y el bonkó-echenmiyá, quienes se encargan de entablar comunicación sonora con los diferentes diablitos que han sido invitados a bailar por la erikundi, instrumento conformado por cuatro sonajas en forma de cruz, al tiempo que ellos pueden hacer sonar el enkaniká que es parte de su atavío.

En la secta ñáñiga o Abakuá toman parte una amplia serie de elementos, como también es bastante amplia la lista constituida por los diferentes rangos que van adquiriendo los integrantes de dicha hermandad o cofradía; lista demasiado extensa para el incluir en este trabajo, por lo que tomaremos como referencia solamente dos de ellos por ser los que intervienen directamente en el ritual de Ireme: El Kofombre, encargado del vestuario que utilizan los diablitos, y el Enkríkamo, que armado de su tambor denominado erikundí y haciéndolo sonar frenéticamente, desfila en las ceremonias a la cabeza de los íremes.

Los íremes o diablitos; este último su nombre popular, completan la legión de personajes siendo además los que han logrado mayor difusión, a cargo de ejecutar las danzas rituales. Originalmente en África, ellos representaron las almas de los ancestros, haciéndoles de esta manera, también partícipes de las ceremonias. En Cuba los íremes son escogidos entre los obonekues, individuos especialmente preparados para el desempeño de determinados papeles simbólicos en las diferentes ceremonias abakuás.

Los íremes más conocidos son:

        Aberiñán y Aberisuá, Moruá Yuansá, Eribangandó, Nkóboro erorí y Kundiabón.

Aberisún y Aberiñán.- Casi todas las religiones, desde las más elementales hasta las más complejas, rinden culto a los gemelos. Aberisún y Aberiñán son, en la mitología abakuá de Cuba, los gemelos íremes. Representan la dualidad en la identidad; la simetría asimétrica. Son los encargados de sacrificar al mbori (chivo) en las ceremonias, Aberisún golpea en la frente al animal mientras Aberiñán lo sostiene en el momento del sacrificio y finalmente es quien se encarga de ir al monte para arrojar los despojos del mbori.

Anamanguí.- Es el íreme funerario. Conoce todo el proceso de amortajamiento del difunto y todo el proceso previo a la inhumación del cadáver. En la galería digital de los signos gráficos Abakuá de Cuba, Jesús Guanche expresa, refiriéndose a esta serie de seis obras: “La serie sobre el íreme Anamangüí, tanto en su concepción criolla, Amanisón Anamanguí I; como en su versión mítica sobre un anciano, Okambo Anamanguí II; es el encargado de los ritos funerarios, Nyoró Anamanguí III; cual especial hechicero, Bere Anamanguí IV; que domina plenamente el uso del yeso blanco, Biokokó Anamanguí V y asume con valentía, Eñón Anamanguí VI, sus funciones rituales postreras.”

Moruá Yuansá.- Es el solista, y quien con el instrumento que marca el ritmo, el ekón, da inicio a los cantos. Representa la jerarquía y el profundo conocimiento de la lengua ritual abakuá utilizada en las invocaciones (nkame), en los cantos además de ser consejero ilustre de los miembros principales del baroko (recinto ritual).

Nkóboro erorí.- Como en todo ritual acreditado, en esta ceremonia es necesario tener certidumbre de que cada uno de los pasos rituales esté avalado por un ancestro, por tal motivo este íreme es quien cumple con dicha función adelantando su pie derecho o haciendo sonar su ekaniká, en indicación que ha habido un fallo. Este íreme, en cuya figura ancestral pueden sintetizarse los complejos pasos rituales y bailes que propician al del resto de los íremes, baila con una caña de azúcar y asume la función de cuidar el tambor sagrado ékue.

Kundiabón.- Es el íreme tesorero de la potencia y además quien, en tiempos de la colonia recogía el aguinaldo (regalo monetario) que los espectadores lanzaban durante el desfile de los diablitos.

El argumento Abakuá cautivó, y cautiva hasta nuestros tiempos, a reconocidas figuras del arte y la literatura. En 1931 Alejo Carpentier, compuso el poema Liturgia y escribió su primera novela Ekue-Yamba-O.

A continuación, un fragmento de “Liturgia etiópica” de Marcelino Arozarena:

– ¡Tiempla los cueros, José Caridá!
Llama a tu ecobia que baile el bembé,
que mueva la grupa,
que estire los pies,
que salte,
que grite,
se agache, se pare y se vire al revés.

  
©Ciudad de Miami, marzo 2007


[1] Don Fernando Ortiz, una de las figuras científicas de mayor trascendencia de América Latina y el más importante etnólogo y antropólogo cubano, propuso en 1940 el uso del término transculturación frente al vocablo aculturación de origen anglo, presentándolo como un vocablo que expresa mejor las diferentes fases del proceso transitivo de una cultura a otra, ya que éste no consiste solo en adquirir una cultura, lo que en rigor indica la voz anglo-americana aculturación, sino que el proceso implica también necesariamente la pérdida o desarraigo de una cultura precedente, lo que pudiera decirse una parcial desculturación, y, además, significa la consiguiente creación de nuevos fenómenos culturales que pudieran denominarse “neoculturación".
El término transculturación, fue utilizado por primera vez por Fernando Ortiz en su obra Contrapunteo cubano del tabaco y del azúcar.
[2] Les remito al artículo anterior de la Revista E y L