Bienvenidos a Pensamiento

Libertadores de Cuba
Boston Sunday Post del 8 mayo de 1898 

MOLINERO DEL AZAR



“Diamantes son pedazos de carbón
que persistieron en su trabajo”
     Epígrafes de Forbes

Por: Leonora Acuña de Marmolejo

Muele, muele molinero,
no abandones tu destino:
muele y muele en tu camino,
alcanza el lugar cimero.

Las aspas de tu molino
son las aspas de tus ansias
que te darán las ganancias
al final…¡oh, peregrino!

Muele,muele molinero
mueve, mueve tu molino,
busca, busca tu destino
que gana el que es tesonero.

No te canses, molinero,
molinero del azar;
¡podrás tu estrella alcanzar
si tus aspas son de acero!

No te canses molinero
piensa que el camino es corto;
vé en el resplandor del orto
con la “fe del carbonero.”

Todos somos molineros
en pos de nuestro destino
y molemos el camino
con ansias de marineros.

Si alcanzar quieres la estrella
al final de la jornada,
de amor y paz, haz cruzada
y deja una limpia huella.

¡Haz que tu molino sea
MENSAJERO NAVIDEÑO,
y haz realidad aquel sueño
de Cristo de Galilea!

El 24 de Febrero 1895. Sus Iniciadores


René León

“No se trata de formar un partido para llevar rápidamente al poder a un grupo de aventureros por un golpe de suerte, ni de crear un consorcio de oportunistas que vivan de las migajas del poder colonial, sino de crear un partido que funde un pueblo”. José Martí.

El logro de José Martí consistió en haber alcanzado, lo que otros no habían podido, unir a los jefes militares y al pueblo cubano, siempre contando con ese exilio de trabajadores en los Cayos y en las otras ciudades en Estados Unidos, sin su ayuda los planes de liberar a Cuba hubieran sido imposibles. Fernandina fracasa, había que comenzar nuevamente, para dar el golpe final contra el Colonialismo España.

Foto tomado de:  Encaribe.org
La Guerra Libertadora de 1895-98 fue obra de la mayoría popular del pueblo cubano. El pueblo hizo causa común con ella. Se nombran delegados provinciales: Juan Gualberto Gómez en La Habana, Matanzas y Pinar del Río; Francisco Carrillo en Las Villas; Salvador Cisneros Betancourt en Camagüey; Guillermo Moncada y Bartolomé Masó en Oriente.

Martí, Enrique Collazo y Mayía Rodríguez se reúnen en la casa de Gonzalo de Quesada, el 29 de enero de 1895 acuerdan suscribir el nuevo plan de alzamiento “para la segunda quincena, y no antes, del mes de febrero”. La orden del levantamiento se transmite a Juan Gualberto Gómez. Iba a reanudarse la Guerra Libertadora cubana de 1895-98 por obra del pueblo en general, y que alcanzó proyecciones nacionales.

Martí niega los rumores de discordia al temor a los negros, que habían frustrado la Guerra Chiquita. Martí dijo: ¿Al que más ha sufrido en Cuba por la libertad le tendremos miedo en el país donde la sangre que derramó por ella se ha hecho amar demasiado para amenazarla? ¿Le tendremos miedo al negro, al negro generoso, al hermano negro, que en los cubanos que murieron por él ha perdonado para siempre a los cubanos que todavía le maltratan?.. y dice :otros le temen; ¡yo les amo! A quien diga mal de él, o me lo desconozca, le digo a boca llena ¡Miente!.

Llega la hora del alzamiento, Juan Gualberto Gómez, recibe la orden que se hiciera con la mayor simultaneidad posible. Martí recibe el mensaje de Cuba “Giros Aceptados” En el interior del país sus principales jefes se alejaron de las ciudades donde vivían. En el indómito Oriente dos veteranos de la guerra de los 10 años, Guillermón Moncada y Bartolomé Masó cabalgan hacia la manigua. Moncada al abandonar Santiago de Cuba pasa aviso a sus hombres y amanece con rumbo a las montañas el 24 de febrero, enfermo como estaba, pero dando cumplimiento a su palabra de dirigir el alzamiento en Oriente Por órdenes suyas salen los grupos que van dirigido por el coronel Quintín Banderas, hacia San Luis, por Alfonso Goulet hacia el Cobre, por el coronel Victoriano Garzón al Caney. En el área de Guantánamo, Enrique Tudela asalta con sus compañeros el puesto militar de Hatibonico. En la finca “La Confianza” Pedro Agustín Pérez, Jefe del Movimiento de Guantánamo, designado por Moncada y Emilio Giró, se pronunciaban en armas por la independencia de Cuba. Bartolomé Masó abandona la población de Manzanillo con antelación. El 24 de febrero desde Baire, emite una proclama donde dice que el alzamiento era por la Independencia, y así desmiente la versión que circulaba de que era por la autonomía. 

En una interesante Tesis presentada a la Academia de la Historia de Cuba, Regino E. Boti, la título El 24 de Febrero de 1895. En ella aclaraba los pormenores de que la fecha inicial del 24 de Febrero no le pertenecía a Baire, aunque reconocida oficialmente. Al referirse a la fecha, dice en su Tesis, que el defendía los méritos de Guantánamo para acreditarse la preeminencia. La Historiadora Hortensia Pichardo Viñals, a fin de evitar conflictos, optó por denominarla “Inicio de la Guerra de Martí”. Así, decía ella, se evitaba las discrepancias,

La Tesis preparada por Boti fue leída en la Academia de la Historia de Cuba, en el año de 1919, por el Secretario Dr. F. de P. Coronado el jueves 4 de septiembre de 1919. Siendo publicada por el autor en 1923.

Se reconoce a Baire como el lugar donde se inició la batalla final por la libertad de Cuba, el 24 de Febrero de 1895.

El ciclón del 1888, en La Isabela de Sagua


Recuerdos del Ayer

En la amplia desembocadura del río Sagua la Grande se encuentra el pueblo de La Isabela, también llamado Boca de Sagua. En el año 1888 se desarrolló allí un fantástico y terrible ciclón.

Cerca de la Isabela existe una playita llamada Casa Blanca, muy hermosa y bella, llena de casitas blancas, que alegraban el paisaje.

El comandante del puerto de La Isabela avisó a los habitantes de la hermosa playa, para que desalojaran y fueran a guarecerse a Sagua. No le hicieron caso. El tiempo era tan bello, el cielo tan azul, que era imposible creer que llegara el ciclón.

En unas horas la sonriente cara del sol se oscureció, el viento sopló con furia, las olas llegaban al cielo. Cundió el pánico en el pueblecito. La furia del huracán crecía con la caída de la tarde; ya no quedaba tiempo para obedecer las órdenes del comandante. Los niños, mujeres y hombres corrían desolados de un lado a otro, el mar embravecido entraba furioso en las casas y arrollaba cuanto se ponía en su camino. Cuando el huracán calmó su furia, el pobladito había quedado reducido a un cementerio sin sepulturas. Por dondequiera aparecía una madre abrazada a su hijo entre los escombros, hombres sepultados en las arenas, niños muertos, con cara de terror. Un niño sólo se había salvado, apareció envuelto entre frazadas. ¿Qué milagro era éste?... El niño contó que fue guiado por una mujer bellísima vestida de blanco con un velo flotante, largo, muy largo. Ella lo había tomado en sus brazos y lo había conducido sano y salvo a la aduana de La Isabela. El niño fue recogido por los aduaneros que prestaban auxilio, y que acudieron al sentir el llanto. Creció y se hizo hombre. Vivió muchos años y se le conocía con el nombre de Juan el Muerto, por la leyenda que envuelve su salvación.

Nota: El 4 de Septiembre de 1888 ocurre uno de los ciclones más recordados en la historia de Sagua La Grande e Isabela,fue el número 4 de la temporada.En Sagua se hundió el cuartel del ejército,el hospital.el cementerio y la estación de ferrocarril muy afectados.Se volcó el tren de Isabela y en el Puerto todo fue desastroso sobre todo en cuanto a la dolorosa cantidad de pérdida humana que allí ocurrió.Fue durante este huracán que surge el milagro de Juanillo(Ver: EL NIÑO Y LA VIRGEN).Afectando también a los cayos, pasó con rumbo Suroeste y Fuerza 2 durante toda la tarde y noche.

El día de los difuntos. Meditaciones de un esqueleto filósofo.



A propósito del día de los muertos un difunto reflexiona sobre la actitud de los vivos en esta fecha, así como sobre la de los políticos que usan el nombre de personas fallecidas para ganar votos.
«Divago. El aire frío y húmedo de la mañana "hiela mis huesos", como dirían los poetas. Y además, el recuerdo de la aventura de ayer me preocupa todavía».

—¡Cuán falsa es la paz de los sepulcros! No hace aún muchos años, creo que unos meses tan sólo, que vivo aquí, en esta tumba húmeda y estrecha. Y yo, que había soñado para después de muerto, en el descanso y en la tranquilidad, no he hallado todavía reposo, ni paz, ni sosiego… ¿Será, como a veces me figuro, que no estoy completamente muerto y que hay algo impalpable y misterioso que me liga al mundo de los vivos?
Vibran hoy las campanas con sus lenguas de hierro, llamando, plañideras, a los vivos para que se acuerden de sus muertos. ¡Es día de difuntos! Y el rebaño acude a la llamada. Desde temprano, y desafiando las inclemencias del tiempo, esta inmensa ciudad se ha ido llenando de fieles, deturistas, que sólo acuden hoy, cuando los llaman. ¡Qué feliz es la humanidad, que todo lo tiene reglamentado, clasificado, encasillado! Lo mismo el dolor que la alegría, el placer que el trabajo. He oído decir a un jovencito que pasó cerca de mi tumba, que iban a reglamentar de nuevo el vicio. ¡Qué humanos son! ¡Y hablan todavía del Kaiser que hizo de sus súbditos autómatas y muñecos de resorte, sumisos a la voz del que los manda! Si todos los hombres, en mayor o menor escala, son lo mismo. Hasta los cubanos, rebeldes por naturaleza y educación, se rebelarán contra el uniforme de un policía que les ordena hacer esto o lo otro; protestarán enfurecidos, se fajarán, en último caso. O junto al aviso que dice: «Se prohíbe pisar la yerba», habrá un trillo claro y perfecto, por donde todos han tenido buen cuidado de pasar, demostrando con esto al extranjero que nos visita, nuestra rebeldía a la autoridad y a las leyes. 
Pero todas estas cosas no son más que reminiscencias de otros tiempos de opresión y tiranía, en los que era patriótico y hermoso desobedecer al orden público, o al guardia civil, o a las leyes y reales órdenes, porque unos y otras representaban la metrópoli contra la que había que luchar a sangre y fuego; y todavía no se han acostumbrado a pensar que ese vigilante de ahora, es suyo, y esa ley, buena o mala, es ley de la República. Otras veces su rebeldía es un fenómeno puramente calorífico. 
Pero en el fondo son como todos: obedecen ciegamente a esos fantasmas dominadores que se llaman el Estado, la Sociedad, la Religión, la Rutina, los Convencionalismos, las Conveniencias sociales. 
Si no, miradlos. Suena el alegre cascabel, y allá van atropellándose, arlequinescamente disfrazados, a bailar y reírse. ¿Lo sienten?... Han cumplido lo que la sociedad les mandaba. Era carnaval. 
Hoy les toca llorar, acordarse de nosotros, y aquí vienen. Esta noche irán también, ceremoniosamente, a oír ese Tenorioutópico e insulso. Admirarán, como en otros años, su valor y su audacia; reirán como siempre los chistes de Ciutti y volverán a identificarse también con la pobre doña Inés. Y hasta el nuevo año que viene. 
Y así son en todo. Y así era cuando yo vivía. Y en su carnerismo llegan a la exageración. Sólo van a los paseos un día a la semana, los domingos. A los teatros, los días de moda. Cenan, una vez al año, por nochebuena. Y ¡ay de aquel a quien se le ocurra quedarse de vez en cuando hasta las cuatro de la mañana para cenar en la placita unas cabrillas fritas! Es un perdido; no hace lo que los demás. 
Y todos son lo mismo. Piensan, sienten y quieren juiciosa, reglamentadamente. Las niñas en edad de merecer siguen esperando, para corresponder a su enamorado, que éste se lo diga tres veces. Los jovencitos, cuando terminan su carrera, se casan enseguida para ser personas serias. 
Y pobre de aquel cuya manera de pensar, de sentir o de amar no pueda ser clasificada por la sociedad. Será un raro y un loco. Que para no asustar al rebaño, hay que ser hipócrita. Hay que tener anestesiados, a gusto de la humanidad, el cerebro y el corazón. 
Pero… me he puesto triste y tonto. Esta maldita costumbre de filosofar, que tenía cuando estaba en el mundo de los vivos, no me ha abandonado en la tumba. Por eso fui muy desgraciado. Quise rebelarme contra los convencionalismos y fui vencido por la conjura social. Y hasta en mi matrimonio quise pedir a mi esposa amor después de dos años de casado, olvidándome de que era mi esposa. Recuerdo que el día de mi muerte, con esa clara y fina percepción que da la naturaleza a los difuntos —sólo muriéndose se sabe esto— mi esposa, en lo primero que pensó, después de haber desahogado sus glándulas lagrimales, fue en un traje de teatro que acababa de comprar y no había usado todavía. 
—¡Qué dolor! —decía a sus amigas— ¡quién me iba a decir que no me lo podría estrenar! ¡Y hasta después de hecho, tuve que subirle un poco el escote, porque el pobre Juan era muy raro y exagerado en esas cosas! 
Divago. El aire frío y húmedo de la mañana «hiela mis huesos», como dirían los poetas. Y además, el recuerdo de la aventura de ayer me preocupa todavía. Nunca creí que el poder de los hombres llegase a tal extremo: a resucitar los muertos. ¿Será cierto o será un sueño de mi cráneo, no tan hermoso como el busto de la fábula, pero sí tan vacío como el de muchos consagrados? 
Ayer salí de mi tumba, recorrí alegre y tumultuosamente las calles de la capital. La ciudad se hallaba engalanada, como en días de carnaval. Se oían gritos y aclamaciones. Coches y automóviles, atestados de hombres de todas clases y condiciones, iban veloces, precipitadamente, de uno a otro lado. 
—¡Zayas sí va! ¡Zayas-Mendieta, victoria completa! —gritaban unos desde su automóvil. 
—¡Vivan los conservadores! —decían otros.
Frente a una casa, creo que de la Calzada de Galiano, el público se aglomeraba, como en días de grandes agitaciones. 
—¡Veinte blancos! —pedía uno enronquecido—. ¡Blancos son los que hacen falta! ¡Ya los negros se han acabado! ¡Forros blancos! 
—¡A votar, a votar! 
Y en un camión enorme me metieron atropelladamente, con otros muchos… ¿Muertos como yo? Tal vez. 
Y en un colegio electoral voté candidatura completa; no recuerdo la de qué partido. Para el caso era lo mismo. 
Después volví a mi tumba. ¿Habrá quien crea en la paz de los sepulcros? La humanidad ha progresado demasiado…
Pero ¿es cierto que los hombres pueden hacer ya que los muertos resuciten? 
¡Los hombres, los hombres! ¡Qué idiota, qué cándido soy a veces, tanto como cuando estaba en el mundo, según me dijo un día un amigo hablando sobre mi matrimonio! Los hombres no han llegado todavía a hacer resucitar a los muertos. ¡Hasta ahora los únicos que pueden hacer eso son los políticos!...

DICIEMBRE 7 DECLARADO DUELO NACIONAL DE CUBA

Antonio Maceo Grajales

Emilio Martínez Paula 
3ra parte y final



¿RESCATE O HALLAZGO MILAGROSO?
 Sobre lo que pasó aquel 7 de diciembre de 1896 hay mucha tela por donde cortar. No dudamos del valor temerario de los hombres del Estado Mayor de Maceo. De lo contrario, no formarían parte de un círculo tan estrecho de un hombre, que, como Maceo, “paraba las vals con su cuerpo”. No una, veinte o más heridas formaban sus mejores medallas.
 Lo que se puede apreciar del combate de San Pero es que la caída inesperada del Titán crea, no el pánico, sino un dolor desconcertante que limitó la capacidad de los que estaban a su alrededor. Todos tuvieron que alejarse del lugar, unos primero, otros después. Causa sorpresa desesperante ver que comandantes y generales dan vueltas indecisos y hasta se acercan al lugar del combate, pero no deciden recuperar el cadáver del Titán, ni el de Gómez Toro.
  El doctor Zertucha, un tanto controversial, alegando que su mujer y sus hijos pasaban hambre y necesidades, se acogió al indulto español dos días después de la muerte de Maceo, el 9 de diciembre de 1896, según declaró en el consejo de guerra al que fue sometido el 28 de abril de 1898. Salió rehabilitado y le permitieron que se incorporase al Ejército Libertador.
  Años después Zertucha, en carta al generalísimo Máximo Gómez, acusa a Miró de abandonar a Maceo y no prestarle ayuda.

COMENTARIOS SOBRE LA MUERTE DE MACEO Y EL RESCATE DE SU CUERPO
   Según la versión de Nodarse, que me parece la más precisa, como corresponde a un testigo presencial de los hechos, Miró levemente herido, se quedó en su puesto, y si se retiró fue siguiendo las orientaciones del coronel Nodarse, para buscar ayuda. ¡Increíble! ¡Nunca regresa!.
 Zertucha, pese a que no estaba herido, también sale en busca de auxilio y medicinas, pero no vuelve a la escena del desgraciado suceso.
Nunca regresa. Sin embargo, se lleva el caballo de Nodarse. En su mencionada carta a Máximo Gómez, no sólo afirma que él y Panchito Gómez Toro se quedaron solos tratando de recoger el cadáver del lugarteniente y que, además, Maceo murió en sus brazos, lo que me parece una fantasía del mencionado galeno.
  Otro punto que tuvo aclaraciones y rectificaciones fue lo relacionado con la sorpresa del campamento de San Pedro y el rescate de Maceo. Miró deja constancia en sus Crónicas de la Guerra que el coronel Juan Delgado, “desorganizado y acostumbrado a actuar por su cuenta”, es el responsable de la sorpresa y la tragedia del 7 de diciembre. A lo que hay que agregar que, según Miró, Juan Delgado, dando tumbos por los alrededores, encontró de casualidad los cadáveres del general y de Panchito Gómez Toro. Pero, siempre hay un pero, una versión de Alberto Ajón León expresa: “Dos soldados enemigos llegaron hasta Maceo y su agonizante asistente, al que remataron de un machetazo en la nuca para dedicarse al despojo de los muertos. Ya habían desvestido al General, dejándolo semidesnudo, cuando una reducida fuerza mambisa al mando del coronel Juan Delgado los hizo retirare.” (La autopsia de Panchito Gómez Toro, señala una herida de instrumento cortante en la parte posterior de la cabeza, lo que concuerda con la versión de Alberto Ajón León, aunque el machetazo fue en la cabeza)
 Juan Delgado, sin duda hombre con los pantalones bien puestos, regresa al campamento con los cadáveres del Lugarteniente y Panchito, y esa misma noche los oculta bajo tierra, y dentro del mayor secreto, para que los enemigos no lo pudieran encontrar. Juan Delgado muere en combate, dos años después, en 1898, en Marianao. No sé si el lector conoce la provincia habanera, sin montañas ni bosques. Hay que estudiar cómo estos valientes se sostenían peleando. En Oriente, si bien heroico, y bien heroico, había montes y sierras.
  De Zertucha pudiéramos decir que era el médico “ocasional ” de Maceo, pues hacía unos meses que se había incorporado al Estado Mayor, es el que lleva a cabo la autopsia de Maceo y de Panchito Gómez Toro, en la que señala que la herida de Maceo en el pecho era superficial, mientras Nodarse estaba convencido de que ésa fue la bala que mató a Maceo, al atravesarle el corazón. ¿Es posible que el brutal impacto que destrozó la mandíbula de Maceo le haya causado la muerte?
 Es evidente que la muerte del Titán desconcentró a los hombres que estaban a su lado, al  cundir, no el miedo, menos el pánico, sino la tristeza, el desaliento. No otra explicación tiene el ver a la oficialidad del campamento caminando sin rumbo, mentalmente desorientada, en vez de ir a rescatar el cadáver de Maceo y Panchito Gómez Toro.

ENCUENTRO CON EL LIBRO CUBANO EXILIADO


La literatura es una de las fuentes más importantes como complemento y afirmación de la historia de las naciones. “Por las diversas fases” de la literatura –afirmó José Martí– “pudiera contarse la historia de los pueblos, con más verdad” que por las crónicas oficiales.
En este largo período de gobierno totalitario, la cultura cubana ha extendido su presencia más allá de las fronteras de mar que rodea la Isla, a muchos lugares en el mundo. A esas otras tierras los escritores de la inmensa diáspora cubana, han llevado a la literatura sus recuerdos, sus vivencias, sus registros del pasado y sus presagios de futuro; y de los testimonios de sus libros creados y editados en el destierro, como siembra en surcos de urgencia, ha surgido toda una literatura colosal que, nacida en el destierro y por éste motivada, se constituye en patrimonio imprescindible de la cultura nacional cubana.
Sobre esta premisa se crea el Encuentro con el Libro Cubano Exiliado, en el intento de ofrecer una muestra de la literatura del exilio cubano propiamente dicho, para dar a conocer y promover así las obras literarias surgidas, o editadas inicialmente, en este exilio. Este proyecto no subestima la existencia de la producción literaria que hayan hecho escritores cubanos en la Isla. También hay obras de merito, en lo literario, en la otra orilla.
La acción eficaz del tiempo acercará las fronteras en una visión global. Pero este proyecto intenta precisar, en el cuerpo general de la cultura cubana, el aporte especifico y de singular valor, de la literatura cubana en el exterior: el necesario y útil “Encuentro con el Libro Cubano Exiliado”.
NOTA ENVIADA A POTENCIALES PARTICIPANTES
El PRIMER ENCUENTRO CON EL LIBRO CUBANO EXILIADO, es producto del trabajo de un grupo de exiliados cubanos que hemos creado una Comisión para organizar y presentar en los primeros meses del 2015, un evento que rescate, muestre y preserve el mayor número de libros producidos por el exilio cubano en estos más de 50 años.
Los exiliados hemos producido más y mejor literatura que el propio Estado castrista, y seria lastimoso que estas obras se perdieran.
Para ello necesitamos que todos los exiliados cubanos que hayan publicado un libro, –o que conozcan de alguien que lo haya hecho– de cualquier género: desde un recetario de cocina hasta un tratado de filosofía, pasando por la novela, la poesía, la historia etc., lo presente durante el ENCUENTRO CON EL LIBRO CUBANO EXILIADO, que llevaremos a cabo próximamente.
La INVITACION O CONVOCATORIA: es de carácter internacional, y hasta el momento se ha extendido a todos los Estados Unidos, Canadá, Suramérica, España, Francia,
Italia, Bélgica…
· El evento se llevara a cabo durante un fin de semana en el Condado Miami-Dade
· Lugar y fecha será anunciado próximamente
· Se darán tres conferencias sobre el tema
· Se presentaran uno o dos trovadores de música cubana
· Se organizara una Feria con libros escritos y publicados por cubanos exiliados que podrán ser obsequiados o vendidos por sus autores, editores o librerías que los presenten DEBE QUEDAR ENTENDIDO QUE: En este primer ENCUENTRO CON EL LIBRO CUBANO EXILIADO, solo se presentaran obras editadas por exiliados cubanos en el exilio.

Para mayor información:

encuentrolce@gmail.com/librocubanoexiliado@yahoo.com / em3news@hotmail.com

El Desastre de Annual. La política criminal y de explotación de España

Cadáveres encontrados en Annual
Comentario René  León

  Lo que pasó en Marruecos con los combatientes rifeños fue algo parecido a lo sucedido en Cuba, pero con la diferencia de que los mambises cubanos no cometieron atrocidades contra el ejército español cuando se rendían. Durante años, las autoridades militares españolas cometieron abusos contra los rifeños. Algo análogo sucedió en Filipinas, donde se cometieron abusos y muchos de ellos por los religiosos. Por lo que veo yo, los españoles creían que su raza era superior a la de los oprimidos, en América con los naturales del país, y  en este caso respecto de los rifeños. Otro tanto acaeció en América con los naturales del país, al igual que posteriormente en Alemania con los nazis, donde millones de judíos fueron quemados por ser una raza inferior, según los Nazis.
  En Cuba, antes de la guerra de independencia contra España, los cubanos eran discriminados, no podían a aspirar a ningún trabajo dentro del gobierno de la colonia, sólo los españoles tenían ese derecho. Después de años de explotación, se lanzaron a la guerra contra el colonialismo.  En su primer año, el ejército español no podía detener el avance de los mambises cubanos. Entonces el Gobernador Eclesiástico de la Diócesis de La Habana. Juan Bautista Casas (quien desempeñó el cargo desde el 20 de julio de 1893 al 16 de noviembre de 1894), publicó en Madrid, en 1896, un pequeño libro con el título La Guerra Separatista de Cuba –Sus Causas- Medios de terminarla y de evitar otras, que él le entregó primero al General Martínez Campos, el cual no lo aceptó por lo criminal que iba a ser su ejecución, pero cuya implantación recomendó al General Valeriano Weyler (el asesino, como era llamado), que sí lo hizo. Era la triste y criminal Reconcentración del campesinado cubano, inhumana medida que trajo como consecuencia la muerte de 300,000 cubanos por enfermedades y hambre, en menos de dos años. (ver Pensamiento Digital del 1 de noviembre de 2014, autor Roberto Soto Santana, Un presbítero en los antípodas del Padre Varela. Pensamiento Digital del 15 de octubre de 2014, Un episodio del clericalismo Montaraz en Cuba Colonial).
  La batalla de Annual (episodio conocido en la historiografía española como Desastre de Annual) fue una grave derrota militar española ante los rifeños comandados por Abd el-Krim, cerca de la localidad marroquí de Annual, el 22 de julio de 1921 (Vid.Wikipedia, la enciclopedia libre).
  El desastre para España fue un golpe bien duro que demostró la incapacidad de la alta oficialidad del ejército, ante un grupo poco abastecido de rifeños pero con un coraje superior al de los españoles. Fueron sacrificados soldados y oficiales, mientras que en Madrid el dinero de los abastecimientos y armamentos iba a parar a los bolsillos de los grandes camajanes, entre ellos el rey Alfonso XIII, que se salvó de la acusación gracias al Golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera.
  El recuento de los muertos en combate y masacrados por los rifeños después de rendirse oscila, según las fuentes, entre 10.265 y 7.875, además de unos 1,300 prisioneros. A todo esto, los equipos militares -entre ellos, cañones y ametralladoras- sirvieron para mantener a los rifeños bien abastecidos de armamento.
  El fuerte de Zeluán se rindió el 3 de agosto, siendo los supervivientes asesinados, y los oficiales, el capitán Carrasco y el teniente Fernández, quemados vivos. (Expediente Picasso). En Monte Arruit, el segundo jefe de la Comandancia de Melilla, General Navarro, desistió de huir con su tropa porque ello hubiera implicado abandonar a los heridos, y a continuación la mayoría de los supervivientes fue abatida por los rifeños. Carentes de alimentos, ropa, calzado (los soldados usaban alpargatas, compradas por ellos) y agua para la tropa, la desmoralización era otro de los enemigos de aquellos soldados. El general Berenguer pactó con el jefe de los rifeños la rendición y entrega de las armas,  a cambio de respetar sus vidas. Las  armas fueron amontonadas a la salida del fuerte. Los enfermos y heridos empezaron a caminar, pero en el momento de darse la orden de salir, los rifeños atacaron a los soldados desarmados, heridos y enfermos, degollando a casi todos. Sólo sobrevivieron 60 hombres de los 3.000 que se habían refugiado. El general Navarro salvó la vida. Los muertos fueron enterrados en el cementerio de Monte Arruit, Zeluán y Melilla, por los Hermanos de la Salle, quienes instalaron un hospital para los heridos.
   El resultado del  total fracaso de la alta mayoría de la oficialidad trajo como consecuencia la formación por parte del Ministro de la Guerra de una investigación, de la cual quedó encargado el general Juan Picasso, y que luego fue conocida como Expediente Picasso, donde se señalaban múltiples errores militares y se tildaba de incapaces a los generales Berenguer, Navarro y  Silvestre.
  El desbarajuste fue tremendo, el gobierno de Maura cayó en marzo de 1922, y luego los gobiernos Sánchez Guerra y García Prieto. Como se rumoraba que en el escándalo del Expediente Picasso  estaba involucrado el Rey, Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado el 13 de septiembre de 1923. Y el rey se salvó. Pero mejor hubiera sido que lo hubieran puesto preso, pues todos los complicados recibían dinero de sus asociados y segundones.

  Expediente Picasso

  El Expediente Picasso es el nombre con el que se conocen las actuaciones inquisidoras, por ser preparado e investigado por el general de división Juan Picasso, que fue designado por el Consejo Supremo de Guerra y Marina y que emprendió la investigación del desastre de la guerra en el Rif, en el Marruecos español, donde acontecieron las masacres de oficiales, soldados y civiles españoles en la Comandancia de Melilla entre julio y agosto de 1921, conocidas colectivamente con el nombre de Desastre de Annual.
  El general Picasso fue nombrado por una Real Orden de 4 de agosto de 1921, para investigar lo pasado en Melilla. En ese momento, el presidente del gobierno español, Allendesalazar, fue obligado a dimitir, y después se sucedieron otros gobiernos.
  Picasso fue a Melilla y empezó sus investigaciones, que fueron mal vistas por aquéllos involucrados en cuanto negocio sucio se había producido en el Marruecos español, y en otras responsabilidades militares que encubrían lo que allí sucedía. Se ejercieron sobre Picasso presiones para que no llegara al fondo en sus investigaciones, y quedaran ocultas las responsabilidades derivadas. Quedaron fuera de su cometido los acuerdos, planes y disposiciones del Alto Comisario (el general Berenguer), debiendo limitarse a los hechos realizados por los jefes, oficiales y tropa para deducir responsabilidades en los casos en los que no se hubieran cumplido las obligaciones militares. El general Picasso protestó por las interferencias en su trabajo de investigación y amenazó con renunciar y retornar a su cargo de representante militar español ante la Sociedad de Naciones.
  Lo que exigía Picasso era que se llevase a cabo una investigación sin exceptuar a nadie, incluidas las más altas instancias del mando, ya que no se podían concretar las responsabilidades a sucesos incidentales, consecuencia natural y obligada de los errores y desaciertos del mando [según la Constitución de 1876, entonces vigente, la persona del Rey era “sagrada e inviolable” y la responsabilidad por los mandatos del Rey descansaba sobre los hombros de los Ministros que refrendaban esos mandatos]. Retorna a Madrid, después de nueve meses de investigaciones, en las cuales toma declaración a sesenta y nueve personas, entre oficiales y soldados. Con la lista que le es entregada, empieza a marcar los nombres con “Desaparecido”, “Muerto”, o “Plaza”, entre los que se vieron involucrados en el Desastre. Tras terminar su trabajo, retorna a Madrid con cajas llenas de expedientes, en total 2.433 folios. El 18 de abril entrega el expediente al Congreso.
  Como es natural, nadie deseaba coger aquel abultado expediente, pues ello equivalía a destruir su carrera política. Se pasaba de una mano a otra. El 28 de junio, el Fiscal Togado, Ángel Romanos, lo remitió al Consejo, identificándose con el informe del fiscal militar. El 6 de julio, se reunió el Consejo Supremo en pleno acordando pasarlo a la Sala de Justicia, y remitir el informe al Ministerio de la Guerra. Se forma una Comisión parlamentaria de Responsabilidades, denominada de los “Diecinueve”. Lo que pasaba tenía indignado al país, a la vista del manejo sucio y cobarde que rodeaba a la investigación. El 11 de agosto, se remiten los legajos de la investigación a la Comisión de Actas de la Junta de Defensa Nacional. Como se rumoraba que el rey estaba envuelto en el desastre y aparecía su nombre, esto trae que la Comisión  acuerde convocar el Pleno de la Cámara para el 1 de octubre, y que lo sometiera a votación. Sin embargo, el Pleno nunca se reunió. Había que demorar el escándalo de la investigación. El 15 de septiembre, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, se pronunció militarmente, disolvió las Cámaras y proclamó la Dictadura. Se salvaron el Rey y aquellos otros complicados.
  Convencido de que Primo de Rivera deseaba destruirlo, el diputado Bernardo Mateo Sagasta Echevarría rescató el expediente de los archivos, que ocultó en la Escuela Especial de Ingenieros Agrónomos, de la que era director, esperando hasta la proclamación de la II República, en 1931, cuando devolvió el Expediente al Congreso. El depuesto rey fue procesado y condenado in absentia en las Cortes, el 19 y el 20 de noviembre. Miguel Primo de Rivera, al abandonar el Poder y expatriarse a París, se llevó consigo cajas que contenían papeles del proceso. Pero un Resumen del Expediente Picasso (preparado por el mismo General de División tío del pintor Pablo Ruiz Picasso), fue enviado a las Cortes y publicado en 1931, junto con los informes de la Comisión de Responsabilidades.
  Como es natural en España, no llegaron a saber mucho sobre el Expediente Picasso. Uno de los libros más importantes escritos sobre el particular fue “Las responsabilidades del desastre, Ecce Homo. Prueba documental y apuntes inéditos sobre las causas del derrumbamiento y consecuencia de él”, por Victor Ruiz Albéniz, publicado en Madrid en 1921. Entre otras obras que aparecieron, una de las más importantes lo fue “Acción de España en Marruecos” (2 vols., Madrid, 1929-1930), por  Carlos Hernández de Herrera y Tomás García Figueras.
  En el exilio español, se publicaron varios libros donde se explicaba lo sucedido. Se hicieron películas sobre lo acontecido. Durante los años del dictador Franco, no se explicó nada sobre el particular, y si se hizo fue justificando lo pasado.
  Nota: Muchas de las informaciones citadas han sido tomadas de Wikipedia, e investigaciones de aquella época triste. Siempre pasan estas cosas cuando malos gobiernos quieren ocultar estas tragedias. Lo mismo que cuando la guerra de liberación en Cuba contra España. La prensa imperialista española, junto a los Casinos Españoles y las publicaciones de los Voluntarios españoles, justificaban sus atrocidades. Los malos eran los cubanos. Cuba pagó bien caro esos años de colonialismo. Las grandes fortunas de la España de aquella época se hicieron con el sudor de los esclavos negros, chinos, yucatecos y el pueblo criollo cubano. La Reconcentración dejó un saldo de más de 300.000 muertos. Entre las que más sufrieron con aquellos acontecimientos, las juventudes españolas, integrada por los pobres que no podían pagar lo que se les exigía para librarse de ser enviados a Cuba, y fueron embarcados a combatir, mal alimentados, con mal equipo, mala ropa y calzado. Pero los que robaban estaban entre la oficialidad y los gobernadores de turno, y los altos jerarcas en Madrid, entre ellos el REY borbón.

Hermanos de La Salle recogiendo los soldados asesinados.
     

Torreón de San Lázaro, un vigía a los pies del mar

DetallesEscrito por Fernando Padilla González Publicado el 17 Octubre 2012 Visitas: 721

Ubicado en la caleta del mismo nombre, el torreón de San Lázaro ha desafiado el paso del tiempo y las transformaciones urbanas.

Corrían los primeros años del siglo XVI en la recién fundada villa de San Cristóbal de La Habana, y con ellos arribaban armadores de varias naciones europeas al Puerto de Carenas. La esperanza de hacer fortuna en el ramo de la construcción naval motivó a varios carpinteros de ribera a reparar en las bondades naturales de una ensenada situada al oeste de la rada habanera.
A la postre, Juan Guillén estableció allí uno de sus careneros y no pasó largo tiempo para que la zona fuese conocida, precisamente, como la caleta de Juan Guillén. Por entonces era costumbre que los tramos de litoral adquiriesen los nombres de los asentistas que situaban en ellos sus pequeños astilleros personales. «En la Plaza de Armas, al fondo de lo que ocupó después el Palacio de los Condes de Santovenia, cuyo edificio aún se mantiene en su sitio, tuvieron sus viviendas los capitanes Juan Guillén, Francisco e Ignacio de Losa, Pedro Hourritinier y José de la Cruz, conociéndose así el tramo de playa que hacia frente a sus viviendas».
El torreón de San Lázaro fue concebido por el ingeniero Marcos Lucio, comisionado en Nueva España para la construcción y modernización de las fortificaciones habaneras en el siglo XVII. En acta del cabildo, fechada el 26 de septiembre de 1664, se hace mención a una real cédula que recoge indicaciones para hacer «un fortín nuevo en la caleta que esta media legua de la ciudad». En la segunda mitad del siglo XIX, pierde su carácter defensivo ante el emplazamiento de la Batería de La Reina. Hacia 1916, se inaugura el conjunto escultórico del Parque Maceo, sin embargo no sería hasta la década del 50 que el torreón se integraría a su diseño. Durante este período fue pintado de amarillo, blanco y azul. Fungió como subestación eléctrica para un sector del municipio Centro Habana hasta que en 2002 se inician las labores arqueológicas y de restauración por la Oficina del Historiador de la Ciudad, con las cuales el torreón recuperó su altura y estructura originales.

La caleta no solo fue propicia para la carena, construcción y ulterior botadura de embarcaciones, sino que la suavidad de su entrante en el mar permitía la llegada de los botes a su orilla sin mayores percances. Y así ocurrió la mañana del 10 de julio de 1555, cuando las velas de los bajeles de Jacques de Sores asomaron de manera amenazadora frente a la costa habanera. El vigía, apostado en el Morro, dio la señal acompañada de un disparo de cañón que estremeció la ciudad. 
En el mar, la carabela de Sores continúo su trayectoria rumbo oeste, celosamente custodiada desde el litoral por dos individuos a caballo, los mismos que regresarían a la villa con la noticia del desembarco de los piratas por la caleta de Juan Guillén.Insatisfecho con las riquezas tomadas en la villa de San Cristóbal de La Habana, el francés se hizo a la vela el 5 de agosto a media noche con buena luna y tiempo próspero, dejando tras de sí, una estela de destrucción y miseria, y una población que no cesaba de maldecir al corsario y sus huestes, al tiempo que acusaban de cobarde y vil traidor al gobernador Pérez de Angulo. 
Las autoridades españolas no tardaron en comprender que el sitio era un punto estratégico para el sistema defensivo costero de La Habana. Es durante la visita del ingeniero Marcos Lucio, comisionado en Nueva España para realizar modificaciones en las primigenias fortificaciones de la villa y sus alrededores, que se inician las obras de construcción de un torreón en la caleta de Juan Guillen. En acta del cabildo habanero, fechada el 26 de septiembre de 1664, se hace mención a una real cédula que recoge indicaciones para reformar las fortificaciones y hacer «un fortín nuevo en la caleta que está media legua de la ciudad». 
Desde un inicio, el torreón cumplió con la función de vigía, diferenciándose del resto de las construcciones que con el mismo objetivo existían en la Isla. Por lo general, estas se construían siguiendo las tradiciones del bohío aborigen y se situaban en las playas o peñones rocosos para avistar velas enemigas en el horizonte, proteger naufragios, e impedir el contrabando. Otra singularidad la constituía su altura, calculada con toda intención, pues desde ella se realizaban avisos de señales a la villa, las cuales comunicaban el arribo de las Flotas de Indias o la presencia de una amenaza marítima.

Pronto el torreón de la caleta de Juan Guillén pasó a ser conocido con el nombre de San Lázaro, que adoptó del aledaño hospital o reclusorio de leprosos. Enlace entre las fortalezas San Salvador de La Punta y Santa Dorotea de Luna de La Chorrera,su artífice lo concibió como una edificación defensiva en tres niveles, con aspilleras en el perímetro intermedio y parapeto con troneras en el superior. La estructura cilíndrica de mampostería permitía, al estar emplazado en una zona baja, resguardar a su guarnición del intenso sol tropical y de las inclemencias del tiempo, al ser frecuentes las penetraciones del mar provocadas por Nortes y huracanes.
En pie la fortificación, otro problema se presentaba ante las autoridades de la villa habanera: dotar al enclave defensivo de presencia militar. La formación regular de milicias en la Isla fue desde un comienzo un tema escabroso, puesal ciudadano español no le entusiasmaba en lo absoluto cruzar el océano Atlántico para servir en las colonias americanas. Reclutados en tercios, fuese de manera voluntaria o forzada,los futuros soldados eran recluidos en compañías de 120 a 160 hombres, teniendo en cuenta la extensión de lasregiones de alistamiento —Galicia, Andalucía y Canarias— la disponibilidad de hombres en dichas zonas y la existencia de un mínimo de calidad, edad apropiada y cualidades físicas.
La comisión, la coacción y el asiento eran los tres métodos utilizados para tal fin. En el primer caso, la autoridad central decidía a quien se concedía la comisión y establecía la zona donde se podía efectuar, también el número de personas a reclutar y su destino, además del plazo fijado para llevar a cabo el reclutamiento. El asiento era un acuerdo entre el gobierno y un asentista que previo pago de un adelanto y la promesa de recibir las correspondientes soldadas, se comprometía a presentar un número acordado de hombres en un lugar y plazo de tiempo determinados. La ventaja de este sistema era la rapidez y solía utilizarse fuera del propio territorio. En cambio, la coacción se imponía cuando el incremento de las amenazas y la coyuntura crítica poblacional hacían insuficientes los sistemas de reclutas anteriores.
La dotación militar destinada al torreón, en términos de logística, pertenecía a la guarnición del castillo San Salvador de La Punta, que para el siglo XVII disponía de media centena de arcabuceros, una veintena de mosqueteros, cinco artilleros, dos cabos y un teniente. De ellos, se consignaban a la defensa delacaleta y sus atalayas un número variable de efectivos. En tiempos de guerra nunca superó la cifra de 30 hombres, mientras que en condiciones de aparente estabilidad política no rebasó la suma de cinco.A los soldados profesionales se sumabanpequeñas formaciones de las compañías de pardos y negros libres, encargadas de reforzar la defensa de la caleta de San Lázaro, el tramo comprendido entre la ermita de San Francisco de Paula y el convento de San Francisco de Asís e igualmente el correspondiente a las casas de la Contaduría y el castillo de La Real Fuerza.
La Habana contaba, además, con la Compañía de caballería, similar a la existente en Cartagena de Indias, dirigida por la ilustre familia de los Calvo de la Puerta y compuesta por voluntarios sin remuneración, cuya misión era la de recorrer, traer y llevar información, con la mayor presteza posible,entre las fortificaciones del litoral y los cuarteles situados en las ciudades de la Isla. Precursores de esta compañía fueron los encargados de confirmar en 1555 el desembarco de Jacques de Sores y sus huestes por la caleta de Juan Guillén. 
Ante las nefastas experiencias y una vez alcanzada la cercanía del puerto habanero quedó establecido que todo navío, como muestra de sus intenciones pacíficas, debía descargar al mar todas las piezas de artillería situadas en la banda de babor, justo la que daba al castillo de los Tres Reyes del Morro. Con ello se impedía un posible ataque, pues para ello el bajel debía virar sobre sí y posicionar la banda de estribor o recargar los cañones recién disparados, acciones que tomaban cierto tiempo y eran visibles a la sagaz mirada delos vigías.
Confirmado que no existía la menor amenaza, el vigía enviaba la indicación al capitán de artillería de la fortaleza mediante el código de señales establecido y este a su vez ordenaba el acto simbólico de descargar algunas de las piezas,afirmación del permiso para acceder al interior de la rada habanera.Antes, el vigía del torreón de San Lázaro, mediante el mismo sistema de señales, había comunicado a la plaza el arribo de velas, su cantidad, procedencia e intenciones. 
Si bien era obligación de las autoridades militares de La Habana cumplir con tal ordenanza de Marina, no siempre fue exigida. En muchas ocasiones y mediante los despachos emitidos por los diferentes vigías apostados en el sistema defensivo costero de la Isla, se conocían las características e intenciones de las tripulaciones antes de su arribo a la villa. También, era usual enviara las fragatas o avisos en la avanzada cuando se trataba de escuadras que portaban caudales o llevaban a bordo a una distinguida autoridad, con el fin de no hacerlos esperar más de los debido en alta mar y evitar así los peligros que ello representaba en ataques sorpresivos por parte de las potencias enemigas o mesnadas piratas.
Bajo la perspicaz mirada de los vigías se encontraba además el Real Fondeadero de La Habana, área marítima localizada en las inmediaciones entre el castillo de los Tres Reyes del Morro y el torreón de San Lázaro. Allí debían fondear las flotas de Nueva España y Tierra Firme, así como todo bajel que arribara a la villa de San Cristóbal, a la espera de la autorización para acceder al puerto. Establecido a partir de la real cédula que obligaba a las naves de la Carrera de Indias a invernar en el interior de la rada antes de emprender la azarosa travesía del tornaviaje, el Fondeadero es hoy uno de los sitios arqueológicos subacuáticos más ricos en evidencias de la marina de la época.
Los vigías del torreón de San Lázaro no solo se mantenían pendientes de las velas que arribaban o desaparecían en el horizonte, pues bajo su responsabilidad se encontraba la supervisión de los convoyes que trasportaban vía fluvial y marítima las tozas de madera con destino a las construcciones navales, militares y civiles de la villa. Las más representativas provenían del río Almendares, aunque a puerto llegaban cargamentos del interior de la Isla, el sur de La Florida y Nueva España. En su desempeño, se incluíaademásel monitoreo visual del litoral costero, con el fin de evitar infiltraciones nocturnas del enemigo, los cuales podían refugiarse en el bosque Vedado y desde allí infringir daños significativos a un objetivo estratégico para La Habana: el suministro de agua de la Zanja Real.
No obstante, el mar no fue la única fuente de amenazas. En varias ocasiones, la plaza se vio vulnerada por su propia guarnición. Corrían apacibles los primeros días de junio de 1686 cuando la noticia corrió fulminante. Más de una centena de hombres habían abandonado sus puestos en las fortalezas para alzarse en las afueras de villa. ¿Cuál fue la causa para tan insólito acontecimiento? 
Tras meses sin recibir salario alguno, la dotación depositó todas sus esperanzas en la llegada por aquellas fechas del bajel con los situados de México. Sin embargo, la nave arribó sin un real a bordo provocando la desesperación en algunos y la ira en otros. Tiempo después, solo el aviso de la presencia de velas enemigas en lontananza, emitido por los vigías del torreón de San Lázaro y El Morro, consiguió que los soldados depusieran su actitud. Este no sería un hecho aislado, pues el retraso de los situados provocó una nueva sublevación el 13 de noviembre de 1715, la cual fue sofocada por seis compañías del regimiento de Extremadura enviadas a la ciudad. 
Para mediados del siglo XVII los hombres reclutados en las ciudades españolas se encontraban exhaustos de llevar una vida paupérrima, pues las condiciones de hospedaje y alimentación en las fortificaciones se habían tornado inhumanas. La desesperación y la necesidad de supervivencia —muchos de los soldados poseían familia a la que debían alimentar— propiciaron un hecho hasta entonces solapado por las autoridades: la deserción en masas de los efectivos.A la precariedadeconómica, se sumaba la inconformidad de los soldados españoles que decían sentirse agraviados y se negaban a ser mandados por oficiales «que no tienen su color». En aparente igualdad de condiciones, los criollos aspiraban a las mismas ventajas, paga y honores, lo que da lugar a continuos roces y enfrentamientos.
Algunos de los criollos que ingresaban en la vida militar provenían de familias que, mediante el comercio de los cultivos de azúcar, tabaco y café o la construcción naval, habían logrado amasar notables fortunas, pero que carecían de apellidos ilustres. El desempeño en la política, en lo eclesiástico o en el Armada eran lasvíasexpeditas para alcanzar los ansiados títulos nobiliarios y el reconocimiento social. A tal efecto, elevaban un memorial al rey con la petición de la dispensa de su condición de naturales y para así poder abrazar la carrera de las armas.
A cambio, la Corona exigía que los soldados de origen criollo estuviesen comprendidos entre las edades de 18 y 40 años, presentaran certificado de pureza de sangre, sirvieran por seis años en la Armada de Barlovento y abonaran un pago de cien reales. La ventajosa condición económica les permitía un rápido ascenso de gradación, situación que causaba malestar en los militares españoles. Aún se conservan los expedientes con las peticiones de las familias Pedroso, Barroto, Císcara, Villanueva, Beltrán de Santa Cruz, Prado y Carvajal, Estrada, Arrate, Valdespino y Palacián.
Criollos en busca de reconocimiento social, pardos y negros por algún sustento para mantener a sus familias, españoles arrancados de su tierra natal en sucesivas levas, y soldados de los regimientos reales tras la gloria de su servicio, hicieron de esta plaza un sitio inexpugnable. Apetecida por británicos, franceses, holandeses, piratas y corsarios, solo fue vulnerada en 1762 por la mayor flota que hasta entonces había cruzado el Atlántico. En lo alto deltorreón de San Lázaro, y ante la mirada de su vigía,aparecieron más cientos de velas, que por espacio de 11 meses opacaron el azul del horizonte habanero.

Fernando Padilla González
Opus Habana

Bienvenidos a Pensamiento

Feliz dia de los Enamorados


Cajitas felices

María Eugenia Caseiro (Cuba)

En cada cajita inesperada
yace un mamut
un cocodrilo
un callejón sin salida…
pero los engendros
que no alcanzaron nunca
lugar dónde posarse,
acechan la caza
de una cajita feliz.

Nota: En Arreciados por el éxodo, Caseiro fluye en alegorías que demuestran lo mucho que puede decirse con una economía de palabras. La esencia poética discurre por lo sustancial, emocional y verbalmente, y la espléndida articulación del conjunto.

El hundimiento del barco SS Edmund Fitzgerald, el 9 de noviembre de 1975


René  León

   La  Northwestern Mutual Life Insurance Company de Milwaukee (Wisconsin) ordenó la construcción de un buque minero granelero para la ruta de los Grandes Lagos. La compañía encargada de construir el buque lo fue la Great Lakes Engineering Works del Río Rouge (Michigan), e iba ser el más grande de su clase. El día de la botadura fue el 8 de junio de 1958.
  Fue el buque más grande en Los Grandes Lagos, con una capacidad de 24,113 toneladas y 20 escotillas. Comienza sus operaciones el 13 de septiembre de 1958. Durante 17 años transportó Taconita desde las minas Duluth, Minnesota, a las obras de Toledo, en Detroit, y otros puertos de esa zona. Sufrió 5 colisiones en esos años.
  En la tarde del 9 de noviembre de 1975 parte hacia la fábrica de acero en Zug Island, en las cercanías de Detroit. Nunca llegaría. En su último viaje iba acompañado por otro barco, el Arthur M. Anderson, que se mantenía a cierta distancia. Cuando cruzaban el Lago Superior, los barcos se encontraron con una tormenta de invierno, sobre la cual el capitán recibió un informe meteorológico en el que se pronosticaban vientos de más de 100 km/h y olas de hasta  más de 10 m. Los dos cargueros cambiaron de rumbo para evitar los fuertes vientos, buscando refugio en las costas de Canadá.
  La última comunicación del Fitzgerald se recibió a las 19:10 horas. En ella, informaba al capitán del Anderson de fuertes vientos y de que las olas chocaban contra el barco, que cubrían por su altura el buque, y que “Aguantamos como podemos”. No se supo más de él.
  No se encontró ningún superviviente, ni rastro del barco. Nunca se averiguó qué motivó el desastre, el viento o las olas.
  Han pasado casi cuarenta años, investigadores de diferentes partes del mundo siguen buscando la causa de este hundimiento, así como el de otros buques en momentos de tormenta, sea a causa del viento o de las olas. Uno de los proyectos que prosigue las investigaciones en todo el mundo es el que versa sobre las  “Max Wave” (u olas gigantes),

  Los investigadores han llegado a la conclusión de que olas gigantes, u olas vagabundas u olas monstruo, son las responsables de estos naufragios.
  En Wikipedia, la enciclopedia libre, aparece un artículo sobre Olas Gigantes, como la causa más factible de la desaparición de barcos y tripulantes.
  Las olas producidas por una tormenta en alta mar pueden alcanzar los 7 m de altura, pero bajo condiciones extremas éstas pueden llegar a 15 metros.
  En el Golfo de México, cuando el Huracán Katrina, se pudo comprobar que se habían registrado olas de más de 30 m de altura.
  Para no confundir estas olas gigantes con un tsunami, los investigadores definen los tsunami como “olas generadas por desplazamiento de masas de agua que se propagan a gran velocidad”, que resultan más peligrosas cuando se acercan a la orilla de las playas.
 Este tipo de olas ha ocasionado numerosos accidentes en barcos en diferentes mares.
  En 1933, en el Pacífico Norte, el petrolero “USS Ramapo” tuvo un encuentro con una ola gigante. La tripulación calculó su altura en 34 metros.
  En 1942, mientras transportaba 15,000 soldados estadounidenses a Inglaterra, a 700 millas de Escocia, durante una tormenta, el “Queen Mary” fue golpeado en el costado por una ola de 28 m de altura, que casi lo hace voltear.
  El “München”, carguero de 6 años de antigüedad y 37,134 toneladas de desplazamiento, desapareció en 1978, después de mandar una señal de socorro desde el Atlántico; el rescate llegó muy tarde, y solo encontraron restos del carguero y no sobrevivientes. Se cree fue una ola gigante o varias que volcaron el carguero.
 Estos son unos pocos ejemplos de lo que esas olas gigantes pueden hacer.
 En Wikipedia hay otros numerosos ejemplos de lo que puede llevar a cabo este tipo de olas.
  Aunque a ciencia cierta no se sabe lo que le pasó al “SS Edmund Fitzgerald”, se cree esto fue lo que le sucedió en su viaje de retorno.


Barco mercante en alta mar mientras una gran ola se forma tras él. Las grandes olas son comunes en la curva de las 100 brazas en el Mar Cantábrico. Publicado en verano 1993, ejemplar "Mariner's Weather" Log. Credits: Biblioteca Fotos NOAA.

¿ME PREGUNTAS?


--a Alexandra (†)

René León (1996) Cuba

¿Me preguntas que ha pasado entre nosotros dos?
En cualquier parte hay una tarde fría
bajo los tristes cipreses,
y pasa el tiempo pero no la vida.

En tu misiva me recuerdas de aquellas tardes
que ibas a mi casa,
y te hablaba de poesía y de cosas del amor.
Yo quisiera detener el tiempo en aquellas tardes,
las nubes, los días, y pensar nuevamente en el amor.

Es verdad que estoy triste, 
los años no pasan en vano y mi cabeza cana está.
Como nada es nuevo que llueva en la mañana,
y natural que en la primera
de los rosales broten sus rosas más bellas.

¿Me preguntas que ha pasado?
Sabía que un día ibas a pensar en mi,
o quizás alguien mencione mi nombre,
y tu entonces te acordarás de mi,
y lo que fue un fuego ardiente se convirtió en cenizas,
como las hojas secas que se lleva el viento.

Sin embargo, yo pienso en ti en las tardes grises
Cuando sopla el viento, tu recuerdo llega a mi.
Todo lo que he tratado de olvidar renace,
y tú allá lejos y yo aquí.

¿Me preguntas que ha pasado? 
Es como detener el reloj del tiempo
que solo marca las horas ya pasadas
haciendo más triste los recuerdos.

Instantes hay en la vida
que quiero decir muchas cosas,
sin embargo, no se me ocurre ni un palabra,
y guardo silencio.

Sentado hoy frente a la ventana de mi cuarto,
siento el susurro de una llovizna ligera que cae,
el vuelo de las golondrinas
que se alejan raudas por el cielo.

Las estrellas fulguran como todas las noches,
y pienso, pienso en aquellas tardes
que estabas a mi lado,
y las horas pasan, las sombras de la noche llegan.

Y de pronto.
oigo unos pasos,
una voz dulce,
y por un momento pienso que eres tú.

(Mis Recuerdos, Charlotte, N.C., 1996)

La leyenda de San Cristóbal

Detalles
Escrito por Mons. Santo Gangemi
Publicado el 30 Noviembre 1999


Aunque esta fábula no es refrendada por algunos teólogos católicos, su belleza y fantasía encumbran el culto a los orígenes de la ciudad.

Esta fábula ha arraigado como seña de identidad colectiva para los habaneros.

Entre las más antiguas xilografías, datada en 1423, se encuentra esta imagen de San Cristóbal. Al grabar sobre madera, el desconocido autor de este dibujo representó, además del santo y el niño, un poco del paisaje: en la orilla derecha se ve un ermitaño frente a una ermita y, muy cerca, un conejo. En el agua hay un pez, y en la otra orilla, un campesino traslada un saco desde un molino hasta su casa, mientras un viajero atraviesa el arroyo con su mula. Es el grabado con fecha más antiguo que se conserva en el mundo. 

Es un espectáculo maravilloso el que se ofrece a los ojos de turistas y curiosos el 15 de noviembre de cada año en las calles que rodean la Catedral y la Plaza de Armas. Un río de gente —criolla, por supuesto— que desde El Templete (donde se encontraba la robusta ceiba bajo cuya sombra, según tradición, se celebró la primera misa al tiempo de poblarse La Habana) se dirige hacia el templo mayor para venerar al patrono de la Villa: San Cristóbal, con una mezcla de fe y superstición que no deja de fascinar.
¿Quién es verdaderamente San Cristóbal? Es muy difícil contestar a esta pregunta, porque en su vida también la tradición y la historia se han amalgamado tan profundamente que hoy día es casi imposible separar una de otra. Sus orígenes parece que hay que buscarlos en Licia, pero no se conoce el tiempo en que vivió ni su martirio, que según la tradición padeció en el año 250 durante la persecución de Decio. Al juez que lo interrogaba le contestó: «Antes del bautismo me llamaba Rechazado, ahora me llamó el Portador de Cristo, Cristóbal». No hay que excluir que, por ese juego de palabras, ha sido construida la fantasiosa historia de su vida, luego acogida en la leyenda áurea que se presenta a continuación:
Cananeo de enormes dimensiones, doce codos de altura, con un rostro terrible, estaba al servicio del rey de su país cuando decide salir en busca del príncipe más poderoso del mundo para someterse a sus órdenes. Así, después de distintas experiencias que no logran satisfacer su aspiración, encuentra por fin a una ermita que le dijo: «El patrón al que tú quieres servir exige sobre todo que ayunes mucho y que reces mucho». Dos cosas que al gigante le parecieron demasiado difíciles. Le preguntó entonces el viejo hombre de Dios: «¿Conoces el río de este país? Nadie puede atravesarlo sin peligro de muerte. Si tú, grande y fuerte como eres, te estableces cerca del río y ayudas a los viajeros a atravesarlo, harás un servicio que a Cristo le será muy grato y, quizás, consintiera en manifestársete». Cristóbal le contestó: «Esto es una cosa que puedo hacer. Te prometo que, por servir a Cristo, la haré».
Se fue a la orilla del río, se construyó una choza y, sirviéndose del tronco de un árbol como bastón para poder caminar mejor en el agua, transportaba de una orilla a la otra a todos aquellos que quisieran atravesar el río. Una noche, Cristóbal dormía en la choza cuando oyó que un niño le llamaba: «Cristóbal, ven, ayúdame a cruzar el río». Enseguida Cristóbal se precipitó fuera de la choza, pero no encontró a nadie. Entró, y se sintió llamado de nuevo, pero tampoco en esta ocasión vio a nadie. A la tercera vez, vio un niño que le rogó le ayudara a atravesar el río. Cristóbal lo cargó sobre la espalda, cogió el bastón y entró en el agua. Pero, poco a poco, el agua crecía y el niño se volvía pesado como el plomo. El agua era cada vez más alta y el niño más pesado, al punto que Cristóbal creía que se moría. A pesar de esto logró llegar a la otra orilla. Apenas bajó al niño le dijo: «Mi niño, me has metido en un gran peligro; pesabas tanto sobre mí, que si hubiera tenido que cargar al mundo entero, no tendría la espalda tan oprimida». El niño le responde: «No te sorprendas, Cristóbal, has cargado sobre tus hombros no sólo al mundo entero sino a Aquel que lo ha creado. Yo soy Cristo, amo al que tú sirves. Como señal de que mi palabra es verdad, planta tu bastón en la tierra, junto a tu choza, mañana lo verás lleno de flores y frutos».
Dicho esto, el niño desapareció. Cristóbal plantó su bastón y, al día siguiente, lo encontró transformado en una bella palma llena de flores y dátiles.
Hacia el final de la Edad Media, la devoción a San Cristóbal tomó un gran auge, sobre todo porque le atribuían el poder de evitar la mala muerte, es decir la muerte en pecado mortal que lleva al infierno.
Mirar su rostro era signo de protección; por eso hacía falta verlo desde lejos y hubo necesidad de pintarlo en dimensión enorme y colocar su imagen en la fachada de la Iglesia (de ahí, quizás, que la leyenda lo transformara en un gigante). Por el hecho de haber transportado sobre sus espaldas al niño Jesús, se ha convertido a través de los siglos en el patrono de los transbordadores y barqueros y, al principio de este siglo, en el de los automovilistas.
En la liturgia de la Iglesia católica, la fiesta de San Cristóbal se celebra el 25 de julio; en Cuba, el 16 de noviembre. ¿por qué?Es difícil encontrar una respuesta satisfactoria a esta pregunta. El historiador Arrate, hablando sobre la fundación de la villa de San Cristóbal —que tuvo lugar en 1515, en la costa sur, por mandato del capitán Diego Velázquez— escribe que se le dio el nombre del Santo Mártir por haberse comenzado a poblar el propio día de su festividad: 25 de julio. Aunque acá —agrega— se celebra por especial Indulto de la Silla Apostólica el 16 de noviembre, para que no se embarace la festividad con la de Santiago, patrón de España y de la Isla.
Toda esa motivación es cierta, pero queda sin respuesta el por qué de esta última fecha, que tuvo que ser algo especial y digno de recuerdo. En ese sentido, no encuentro otra motivación que el día de la refundación de la villa en 1519, cuando fue desplazada desde el sur hacia la costa norte y, por primera vez, se celebró misa y cabildo.


Mons. Santo Gangemi
Encargado de Negocios a. i. Embajada de la Santa Sede


Tomado de Opus Habana, Vol. II, No. 4, 1998, pp. 23-25.