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martes, 15 de diciembre de 2015

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Feliz Navidad

Feliz Navidad


La Prostitución en Cuba en Tiempo de la Colonial. Siglo XVI al XIX

René  León

  Los aborígenes primeros habitantes del Nuevo Continente, conocido por América, fueron llamados erróneamente “indios” por creer el Almirante Cristóbal Colón que se encontraba en la India, y así se quedó el nombre, cosa que no vamos a discutir después de tantos años. Vivían una vida muy diferente a los europeos que llegaron al nuevo Continente, y en especial en Cuba, donde se vivía una vida de paz y tranquilidad. Al llegar más tarde a la Española, dejan a un grupo de hombres de las tripulaciones de los tres bergantines, y construyen un pequeño fuerte. Al regresar Colón en su segundo viaje, se encuentra que el fuerte había sido destruido y los hombres habían sido asesinados por los indígenas, motivado por los abusos contra los naturales y el abuso sexual contra las mujeres de ellos. El Almirante Colón, ordenó a sus hombres tomar represalia contra los naturales de la isla, indiscriminadamente. (Hay quien dice que quieren hacer “SANTO” a Colón, después de tantos abusos.
  Empezemos a llamar indios a los naturales, tuvieron que sufrir las vejaciones de los europeos, y el abuso sexual de sus mujeres, sin poder hacer nada, el que protestaba o se sublevaba, pagaba con su vida. Así, empieza la destrucción de América y la prostitución.
  Cuando Diego Velázquez es enviado a la conquista de Cuba, funda varios poblados. Primero Baracoa y Santiago de Cuba, siendo el más importante. Después se fundaron las otras villas, como fueron llamadas desde un principio. Le son dadas encomiendas de tierras e indios a los principales capitanes. Los indios que podían escapar o esconderse se iban lejos de las tierras de los españoles. Aquellos que estaban encomendados sufrieron los rigores del trabajo y del maltrato, trabajaban desde temprano en la mañana, hasta que oscurecía. Las mujeres eran utilizadas en la agricultura y para placer del encomendado y de sus amigos. Algunos de ellos tenían un bohío como cantina y le ofrecían a los marinos y soldados las mujeres por dinero o mercancías. Los indios cansados de tanto abuso deciden en grandes grupos tirarse en los precipicios de las montañas por familias enteras, era preferible la muerte, al maltrato y vejación. La población india va desapareciendo poco a poco. Los historiadores calcularon la población india de Cuba, en más de 300,000 habitantes, yo no sé en lo que estaban pensando, porque es imposible que desde la conquista, en 1517 a 1599, fueran a quedar en la isla menos de 4,000 indios. Se sabe que las enfermedades y en especial las venéreas, abundante en los europeos, acabaron con la población, no por ser asesinados ellos.
  Al coger importancia la villa de San Cristóbal de la Habana, los indios relocalizados en Guanabacoa, poblado cercano, eran de unos 600 en 1599. Empiezan a entrar los esclavos negros y mujeres negras libertas que se establecen en las afueras de la villa, y otras que trabajaban en las cantinas de sus dueños. Estas son las primeras prostitutas de la villa de La Habana. Con la llegada de los bergantines de España y de sobrevivientes de los naufragios, llegan algunas mujeres blancas, que venían a reunirse con los esposos, o lo habían perdido en un naufragio. La vida de ellas si no tenían familia o dinero para sobrevivir fue muy dura, algunas fueron ayudadas por “personas” caritativas que después se aprovecharon de ellas, y otras con suerte que se casaban con su protector, no importaba la edad. Pero son las negras libertas y las esclavas que reunían dinero para pagar a su dueño  por la libertad, otras vendían en sus bohíos casabe, carnes saladas y tabaco, y así sobrevivir e independizarse. En la trastienda de los bohíos se ofrecía el sexo que los marinos buscaban.
  El cabildo de la villa al ver que no podían controlar la venta de los esclavos, que perjudicaban a los comerciantes, dictan ordenes al respecto: “Cabildo, febrero 8 de 1556…fue acodado en este dicho cabildo por los dichos Señores de Justicia e Rexidores que por cuanto algunos negros o negras ansy de los que son esclavos como de los que se han liberado de poco tiempo a esta parte venden cargas de casabi diziendo que es suyo e socolor que esto urtan a sus amos lo que conviene remediar, aquí adelante no pueden vender ningún casabi…mantienen otros vicios contra el cabildo…si fuere esclavo libre le sean dados cien acotes atado a la Seiba de la plaza…”. Cabildo, mayo 14 de 1557…se proveyo e mando que muchas negras esclavas ene esta villa an tomado por trato de tener taberna e tabaco lo que es mucho perjuicio desta republica…pregonar que ninguna negra esclava sea osada de vivir en casa ni tener taberna ni tabaco so pena de cincuenta acotes…”
  La investigadora americana ya fallecida, Irene Wright dice sobre  la villa de San Cristóbal de la Habana durante el gobierno de Mazariego, “En verdad, parece que en esta época era La Habana una congregación de gentes relajadas, muy dadas al juego…Se acuchillaban unos a otros, se colocaban carteles difamatorios, envenenaban a sus mujeres mestizas para casarse con otras nuevas…”

  
El historiador Moreno Fraginals en su libro Cuba/España/España/Cuba, dice: “Quizás el caso más sencillo de entender fuese el de la prostitución. Muchas esclavas fueron puestas a trabajar como prostitutas, en una habitación o deambulando por las calles de la ciudad, tanto en La Habana, como en Santiago de Cuba…Las mujeres blancas o blanqueadas, de bajos ingresos económicos, tenían abierto el camino del mercado matrimonial. Estas realidades hicieron de la prostitución que era profesión infamante, una actividad rentable, y llevaron a numerosos amos a convertir  a sus esclavas en prostitutas”. A mediados del siglo XIX llegaron a La Habana, mujeres francesas que se dedicaron a la prostitución, así como algunas que llegaron de Haití después de la revolución, que sus familias lo habían perdido todo. Hoy en día para desgracia del pueblo cubano en la isla, se les llama “jineteras” gracias a la política del gobierno castrista, de negarle todo al pueblo.
  Estas lacras llegaron de Europa, fueron introducidas en el descubrimiento y seguida después por los conquistadores. Ellos veían a los indios como una raza muy ínfima. Es muy triste ver cómo fueron tratados y considerados los indios y los negros esclavos.  

Nota” Tomado de: Minerva, Volumen II, Número 3, octubre de 2002, p. 8-9. Charlotte, N.C,


La Guayabera


por Zilia L. Laje


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    La guayabera es descendiente de la "chaquetilla" andaluza que trajeron a la América los primeros colonizadores españoles. Su antecesora se confeccionaba de hilo crudo. La primera que se cosió en Cuba fue hecha por la esposa de un alfarero granadino, Joselillo Pérez, Encarnación Núñez, en Sancti Spíritus a principios de la década de los 1710 y se le dio ese nombre porque a los naturales de esa zona se les llamaba "guayaberos", debido a la producción considerable de guayaba de la región. Antiguamente los guajiros eran los únicos que la usaban, ya que los vecinos de las ciudades la consideraban un tanto ridícula. Era la vestimenta "oficial" de Liborio Pérez, el símbolo gráfico del pueblo cubano. Se menciona por primera vez en una décima compuesta por Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, "el Cucalambé", nacido en 1829 en Victoria de las Tunas. Con el advenimiento de la República, se popularizó ampliamente y el 1ro de Julio, natalicio de Nápoles, fue escogido por el gobierno de Cuba para conmemorar anualmente el "Día de la Guayabera".
     Era clásicamente de hilo blanco, con alforcitas, de mangas largas, con cuatro bolsillos y botones de nácar, luce por la espalda el diseño de la bandera cubana. Era epítome de elegancia entre los hombres jóvenes en la década de los 40, que la lucían almidonada a los bailes en los jardines de la cervecería "Tropical". Le dedicaron varias poesías Jesús Orta Ruiz, "el Indio Naborí", Ramón Arias, José Sanjurjo. Se llegó a abusar de ella y hasta algunos senadores y representantes la vestían en el Capitolio Nacional, dando motivo a que durante la presidencia de Carlos Prío Socarrás se prohibiera su uso alrededor del año ’50 en el Palacio Presidencial.
      En la década de los 50 se empezó a fabricar una nueva versión en color crudo o a rayas beige o azules, con botones de hueso (o imitación) y empezaron a llevarla los empleados de oficina jóvenes con corbatas de lacito carmelita o azul prusia. Entonces vino la versión de mangas cortas. Y una adaptación para mujeres. Y mas tarde el diseño haitiano bordado. El "barong tagalog" filipino se creó en 1898 en las Filipinas, descendiente de la misma "chaquetilla" andaluza. La introdujeron en la península de Yucatán y en el estado de Veracruz en el Siglo XIX los colonos cubanos adinerados que viajaban allí. Ahora es indumentaria común en el Caribe y en Oceanía.

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CARTAS DESDE CUBA (Fragmento)

Fredrika Bremer
Las damas criollas, o sea, nacidas en la isla, no se defienden del sol ni del viento; no lo necesitan tampoco. Después del mediodía, cuando la brisa llega del mar, el aire no está caliente, ni el sol quema aquí como en el continente. La piel de las criollas es pálida, pero no enfermiza: tiene un color de olivo claro que, junto con los bellos ojos negros, pero dulces, ofrece un aspecto muy agradable.

Mi día ha transcurrido hasta ahora de la siguiente manera: a las siete y media de la mañana entre la señora Mary con una taza de café y un poco de pan blanco que parece muy apetitoso. Y la señora Mary es irlandesa; una de las mujeres más agradable, más bondadosa, más solícitas, de mejor carácter y de mejor corazón que se pueda imaginar, y es el mayor tesoro del hotel, al menos para mí. El buen humor y los cuidados de la señora Mary hacen que yo tenga la sensación de estar en una casa propia y que me encuentre muy a gusto; continuaría largo tiempo sintiéndome bien aquí, si el lugar no fuese tan terriblemente caro.

Después de haber tomado mi café y de haber comido mi pan, salgo primero a la plaza de Armas, donde el gobernador, el intendente y el almirante, los tres grandes dignatarios de la isla, tienen sus palacios, los cuales ocupan los tres lados de la plaza. El cuarto lado lo constituye un cercado plantado de árboles, a través de cuyas rejas se ve un busto de mármol en un pedestal, y tras él una capilla. Es el lugar donde Colón, por primera vez, hizo celebrar una misa católica en la isla. El busto es suyo y, junto con la capilla, ha sido erigido en recuerdo de ese primer servicio divino. En medio de la plaza hay una gran estatua de mármol blanco de Carlos V, según creo, y alrededor de ella hay algunas magníficas palmeras reales, verdaderos reyes entre árboles; y además hay, en torno, pequeños canteros con otros árboles y arbustos. Entre estos he notado un árbol que tiene hojas y copas muy parecidas a las de nuestros tilos, aunque no tan grandes, y flores de un rojo encendido, no muy diferentes de las de nuestro berro silvestre, pero más oscuras, así como algunos otros arbustos que tienen la misma clase de flores, y por cuyos troncos discurren pequeñas lagartijas verdes que me miran tranquilamente cuando yo las miro. Aquí hay gran cantidad de mármol blanco, en los cuales se sienta una a la sombra de las palmeras. Aunque estas no dan mucha sombra, y hay que vigilar el momento y el lugar en que sus soberbias copas ofrecen por un instante refugio contra el sol. Es un gusto ver agitarse sus ramas susurrando al viento, pues sus movimientos son a las vez majestuosos y llenos de gracia.

Después voy a una explanada o terraza alta, llamada “la Cortina de Valdés”, construida a lo largo del puerto en el lado opuesto del Morro. Es un paseo limitado, pero con la vista más bella posible. Por allí camino aspirando el aire del mar, y observando las olas, que, aunque haya calma, rompen en altas espumas blancas contra las rocas del Morro, las cuales protegen el puerto de la agitación del océano y le brindan quietud.

Por la boca del puerto veo las blancas velas tocar ligeramente el mar azul; miro las lagartijas correr de un lado a otro y tomar el sol sobre el largo muro, que avanza a lo largo de la explanada, mientras las blancas palomas bajan a beber en el estanque de mármol, al pie del bello monumento en honor a Valdés que da término al paseo. Un claro chorro de agua surge del muro del monumento y va a caer sobre el estanque.

A las diez estoy otra vez de vuelta en el hotel, y hago un segundo desayuno, acompañada por muchas gentes, sentada a una mesa ricamente servida, en la clara sala de mármol; pero, aparte del café, me sirvo solamente mi querido arroz de Carolina y un huevo. Después me voy a mi cuarto y escribo cartas, dibujo o pinto, hasta la hora de la comida. Por la tarde viene a buscarme alguno de mis nuevos amigos con su “volanta”, pues este es el nombre de los carruajes en Cuba, para hacer una excursión por las afueras de la ciudad, a través de unos bellos y magníficos lugares de paseo. Y por la noche, después del té, subo al techado de la casa, que es plano (como todos los techos aquí), se llama azotea y está rodeado de un bajo parapeto, sobre el cual hay urnas generalmente grises, con adornos verdes en relieve y pequeñas y doradas llamas encima. Por allí me paseo sola, hasta muy tarde en la noche, contemplo el cielo estrellado sobre mi cabeza y la ciudad a mis pies. La luz del Morro –así llaman a la del faro del Morro–se enciende y brilla como una estrella deslumbrante, fija con luz clarísima sobre el mar y la ciudad. El aire es delicioso y quieto, o como el aliento de un niño dormido, y en torno mío oigo de cuando en cuando deliciosos gorjeos, no muy diferentes de los que producen los gorriones en Suecia; pero más serenos y suaves. Me dicen que proceden de las pequeñas lagartijas que hay aquí en gran cantidad y que tienen voz.

La ciudad tiene un aspecto especial. Las casas son bajas, en su mayor parte de un piso, y nunca más de dos; las calles son estrechas, de modo en muchos casos, los toldos que sirven para dar sombra a las tiendas, se extienden de una casa a la de enfrente. Las paredes de las casas, palacios y torres están coloreadas de azul, amarillo, verde o naranja, y a menudo se ven adornadas con pinturas al fresco. Se teme el brillo de la luz sobre las paredes blancas, ya que es malo para la vista, por lo que todas están pintadas. No se ven columnas de humo ni chimeneas. Por todas partes techos planos, con sus parapetos de piedra o hierro y urnas con llamas de bronce. No comprendo dónde están los fogones ni qué hacen con el humo. La atmósfera de la ciudad es transparente como el cristal. Las calles estrechas no están empedradas, y cuando llueve (lo cual ha sucedido en pequeños chaparrones un par de días), se producen enormes charcos y agujeros; cuando estos se secan, se forma otra vez mucho polvo. Las aceras estrechas, pocas veces del ancho suficiente para que dos personas se crucen, corren a lo largo de las filas de casas.

Por las calles andan y se deslizan en todas direcciones unos grandes insectos, con enormes patas traseras y un hocico largo, sobre el cual hay un gran cuerno negro o una especie de elevación en forma de torrecilla. Así me parecieron, por lo menos al principio, los coches cubanos o “volantas”, que constituyen la única clase de carruajes en La Habana. Y si se les quiere ver más de cerca, son una especie de cabriolés; pero las dos enormes ruedas están colocadas detrás de la misma caja del coche. Esta descansa sobre unos muelles, que están entre las ruedas y el caballo; así, todo el peso descansa sobre las ruedas. Sobre el caballo, que avanza a buen trecho de la caja del coche, cabalga el conductor, siempre un negro, que lleva grandes botas de montar con vueltas hacia fuera. Se le llama “calesero” y, lo mismo que el caballo, a veces lleva grandes adornos de plata, que pueden valer, según se dice, varios miles de dólares. Todo el coche es muy largo y recuerda a una típula.

Cuando la volanta está de tiros largos o enganchada para grandes viajes, lleva dos caballos y hasta tres. El otro caballo lo lleva el calesero de la mano y galopa un poco delante de aquél sobre el cual él va montado.

Cuando la volanta está de tiros largos, se ve a dos o tres señoras sentadas en ella, siempre sin sombrero, a veces con flores sobre el cabello, con los brazos y el cuello al aire, y vestidas con trajes blancos de gasa, como para un baile. Cuando son tres, la más joven se sienta en el medio, un poco delante de las otras dos. Son el ramillete de flores más encantador del mundo. Se las ve muy a menudo en los paseos por las tardes, o por la noche en la plaza de Armas, cuando hay música y gran concurrencia. Pocas veces se ve un velo sobre la cabeza y los hombros, y casi nunca un sombrero. Si se ve alguno, pertenece a una extranjera.

Al principio cuando vi el balanceo de las volantas por las calles, pensé: “deben de ser unos carruajes incomodísimos”. Cuando estuve sentada en ellas, me pareció que me balanceaba en las nubes; nunca he sentido un movimiento más suave”.

Las damas criollas, o sea, nacidas en la isla, no se defienden del sol ni del viento; no lo necesitan tampoco. Después del mediodía, cuando la brisa llega del mar, el aire no está caliente, ni el sol quema aquí como en el continente. La piel de las criollas es pálida, pero no enfermiza: tiene un color de olivo claro que, junto con los bellos ojos negros, pero dulces, ofrece un aspecto muy agradable. Se ve a los curas a pie, con sus grandes manteos y sus enormes y curiosos sombreros. La mayoría de las gentes en las calles son negros y mulatos; también en las tiendas se ve a los mulatos, especialmente en las tabaquerías. Por todas se ve fumar tabacos, sobre todo unos pequeños llamados “cigarritos”. La población de color parece que se emborracha con el humo del tabaco. A menudo veo a los negros y a los mulatos delante de las tiendas, medio dormidos, con un tabaco en la boca. El calesero, cuando espera delante de una casa, se apea, se sienta cerca del carruaje, fuma y cierra los ojos al sol. Pero ¿adónde se va todo el humo? ¿Cómo puede ser? Debe de absorberlo el aire del mar.

Tomado de: Jiribilla

LA DANZA DEL LEON


La Danza del León es festiva, acrobática y tradicional. Los residentes chinos en Cuba son cantoneses y por eso han optado por la danza característica de la región sur de China.

Raúl Simanca Boulanger 
La Habana
 

A diferencia de los negros africanos que fueron introducidos en Cuba como esclavos, los chinos vinieron en calidad de mano de obra contratada, aunque su situación resultara, en la práctica, igual o peor que la de los negros esclavos.
Los chinos contratados iban cumpliendo sus contratos.
Desde 1847 a 1862, habían transcurrido catorce años en Cuba. De los primeros contingentes, se habían libertado algunos, de los distintos ingenios y talleres, y se trasladaban a La Habana. En 1858, se establece una pequeña casa de comidas chinas en La Habana, en la calle Zanja esquina a Rayo, propiedad del asiático Luis Pérez (Chung Leng). En ese mismo año 1858, se establece en la calle Zanja un puesto de frituras y chicharrones del asiático Abraham Scull (Lan Si Yo). En la Calzada del Monte la bodega del asiático Pedro Pla Tan (Chi Pan).
Como puede apreciarse, a partir del año 1858 es que comienzan los chinos a establecerse en La Habana y resulta ilustrativo que la primera casa de comidas chinas se fundara precisamente en una de las calles del municipio Centro Habana, la que más tarde quedaría comprendida dentro del perímetro de lo que llegaría a convertirse, con el decursar del tiempo, en el pintoresco y clásico Barrio Chino.
Desde entonces, comienzan una serie de chinos vendedores ambulantes, que llevaban viandas, frutas, verduras y carnes. También los había vendiendo prendas, artículos de quincallería y loza.
En 1867, en pleno Gobierno del Capitán General Francisco Lersundi y Ornaschea, los asiáticos Salustiano Sáez (Chung Shi), Marcos Portillos (Li Men), Francisco Radillo (Wong Fhi), Juan Lombillo (Ho Rap) y Feliciano Zulueta (Choang Seng), constituyeron la primera Sociedad China Kit Yi Tong (La Unión); esta Sociedad llevaba la misión de unir a todos los chinos residentes en La Habana.
Al comienzo del año 1868, en vista de haberse constituído la Sociedad Kit Yi Tong, los asiáticos Silvio Peláez (Choang Sen), Felipe Hernández (Ho Han), Juan Díaz (Sio San), Toribio Yáñes (Loy Sen), Andrés Cárdenas (Chiong Wong), Antonio Zayas (Lau Tak), Luis Ibáñez (Wong Shoy) y Lorenzo Rodríguez (Haut Kin), constituyen la Sociedad Hon Yi Tong (Los Hermanos) en la calle Estrella entre Campanario y Manrique.
Esta sociedad perseguía por sola finalidad, la unión de todos aquellos hermanos, hijos de la patria china, que se encontraban en La Habana, esclavos unos y libres otros.
Los chinos dieron también su cuota de sangre y de heroísmo en nuestras luchas independentistas contra el despótico y esclavista Gobierno español. Se conocen acciones relevantes de muchos, entre los que se destaca la figura de José Butah, que por sus méritos de guerra se ganó el derecho, al igual que Máximo Gómez, de ser electo Presidente de la República.
La lealtad y el espíritu de sacrificio demostrados por los chinos en nuestra gesta independentista, fueron dignos de admiración y respeto por los cubanos que, en gesto de reconocimiento, dedicaron un modesto, pero significativo monumento, en la Calzada de Línea y L, en el Vedado, a la memoria de los mártires chinos, en el cual se pueden leer dos cortas líneas que condensan todo un pasado de heroísmo: "No hubo un chino cubano traidor. No hubo un chino cubano desertor".
En 1978, la Comisión Municipal del Atlas de la Cultura Popular Tradicional Cubana, estableció contacto, por primera vez, con un representante de los residentes y descendientes chinos del municipio Centro Habana, Alfonso Chao, quien hoy es el presidente del Casino Chung Wah (sede de la dirección de las sociedades chinas) y en aquel tiempo era secretario de la mencionada dirección, por lo que se puede considerar que fue el primer informante chino detectado.
En aquel año se estaba investigando aún el tema de "Fiestas populares tradicionales". El rescate de las tradiciones populares a través de las comisiones municipales del Atlas, se comenzó en 1976; pero fue en 1978 que la Comisión Municipal pudo organizar y orientar el trabajo adecuadamente. Los especialistas se reunieron con los representantes del Casino Chung Wah y coordinaron las entrevistas a los miembros de las sociedades existentes en el Municipio (17 sociedades), las cuales celebraban todos los años sus fiestas tradicionales. Terminada la investigación sobre fiestas populares tradicionales, se comenzó el tema "Música popular tradicional".
Los residentes y descendientes chinos no tienen una tradición musical desarrollada. Según hemos observado, en las fiestas de sus sociedades comúnmente no se baila; al menos, no se ha comprobado que se baile en la actualidad. En esas fiestas se come y se conversa, resultan algo así como una reunión familiar.
En estos momentos se está investigando el tema de la danza, en la que los chinos tampoco son muy ricos en expresiones. En las manifestaciones danzarias investigadas, sobresalen dos: la Danza del Pavo Real, de la que hemos realizado la transcripción musical, y la Danza del León, la más importante por la popularidad alcanzada dados su colorido y expresividad, y en la que se centra este trabajo.
No se sabe por qué los cubanos la confunden y la llaman la Danza del Dragón, que es diferente.
La Danza del León se ejecuta en los días festivos y en Año Nuevo. En estas festividades se baila una de estas danzas o ambas a la vez, pero la Danza del León es la más popular. Existen referencias a la Danza del León desde la Dinastía Tang. El poeta Pai-Ju-Yi (1772-1846 d.n.e.), tiene un poema en el que describe esa danza en la región oeste de China (actual provincia de Xinjiang). De ello se puede deducir que proviene del oeste o del centro de Asia, o incluso, de otro lugar. Esto es difícil de confirmar. Es probable que se haya introducido en China durante la Dinastía Sur-Norte (420-859 d.n.e.), o en la Dinastía Sui (581-618 d.n.e.), y, ya transcurrido más de un milenio, se haya convertido en danza tradicional china.
Según el libro Sobre la música, en la Dinastía Tang (618?907 d.n.e.) la Danza del León se bailaba con cinco leones, uno grande y cuatro pequeños, todos de diferentes colores. Cada león llevaba doce personas vestidas de colorines, además de ciento cuarenta personas más que bailaban al ritmo de una banda de música. La danza era sólo para las personas pertenecientes al imperio, pero poco a poco se fue haciendo popular, hasta convertirse en lo que es en la actualidad, que se baila con un solo león.
En todas las provincias de China se baila la Danza del León y cada una tiene sus características. En el norte el león está formado por dos personas y una máscara. Una persona se encarga de la cabeza y de las patas delanteras y la otra del cuerpo. Las patas traseras y la cola deben tener movimientos bien coordinados para dar una impresión real. En Beijing, por ejemplo, la cabeza Beijing, por ejemplo, la cabeza pesa de sesenta a noventa libras y en el cuello lleva un collar lleno de cascabeles. Los espectáculos más conocidos son: el león se sube sobre una bola grande y camina sobre ella mientras ésta rueda, y el león salta a una altura de cinco mesas y en los altos realiza demostraciones acrobáticas. Más tarde salta desde esa altura hacia el suelo.
En el sur, la forma del león es distinta, puesto que los pies de las personas que lo forman se hacen visibles. En Cantón se emplea un muñecón en forma de Buda o monje, que dirige la danza con un plumero-abanico o bola de tela en la mano. Generalmente, el compás lo marcan con un tambor grande, un gong y un par de platillos. Esta danza en la región sur de China va acompañada por demostraciones de kungfu (artes marciales), cuyos participantes portan armas, como machetes, espadas, lanzas, palos, etc. Cada escuela de kungfu tiene organizada su Danza del León; por tanto, hay que evitar el encuentro de dos leones en un mismo lugar, o delo contrario se produciría la lucha entre ellos.
En Cantón, dentro de la Danza del León hay manifestaciones llamadas "caiking", que consisten en formar una escalera humana para alcanzar una lechuga suspendida por un palo a la altura de un primer o segundo piso. Dentro de la lechuga se coloca un sobre rojo con cierta cantidad de dinero. Cuando el león toma la lechuga, los compases musicales se hacen más fuertes y se lanzan al espacio cohetes y voladores.
La Danza del León es festiva, acrobática y tradicional. Los residentes chinos en Cuba son cantoneses y por eso han optado por la danza característica de la región sur de China. En Cuba existieron tres escuelas de kungfu; cada una danzaba su león por separado en las fiestas tradicionales.
La Danza del León, según hemos podido investigar, se ejecutó por primera vez en el Municipio Centro Habana en el año 1930, y la última vez que se presentó fue en los carnavales de 1961.

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Eduardo y Joaquin Sueiro Danza de Leon
1975 y abajo Joaquin en 1974

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NOTA:
(Fragmentos de un trabajo mayor preparado por el autor como parte de las labores de rescate cultural de la Comisión Municipal del Atlas de la Cultura Popular Tradicional Cubana, de Centro Habana.)
 

2001. La Jiribilla. Cuba.
http://www.lajiribilla.cubaweb.cu

El Teatro Primitivo Africano Yoruba (Primera Parte)

foto tomada de: La Bibliodanza

Julio A. León (†) y René León
(©) Junio 1975
Charlotte, N.C.

Introducción

Los estudiosos de la cuestión africana, en lo que se relaciona con la cultura y sus manifestaciones, han recopilado una serie de trabajos sobre la prosa africana dentro de su tradición oral descartando hasta el momento aquella recitación en prosa con carácter dramático y que pertenece al teatro primitivo africano. Uno de los motivos principales que han alegado es que todo el teatro primitivo africano es un teatro basado en su religión politeísta y fetichista. No concebimos que sea un pretexto sólido el descartar las manifestaciones teatrales africanas simplemente porque su temática se base principalmente en su religión fetichista incomprendida para los hombres occidentales que practican el monoteísmo. Pero antes de continuar hablando del teatro yoruba hagamos un poco de historia socio-política de esta sociedad africana.

El Imperio Yoruba tuvo su mayor esplendor alrededor del siglo IX y su decadencia comenzó a finales del siglo XIII. Esta decadencia no destruyó las manifestaciones de su arte tradicional. Guerras civiles por ambiciones de poder arruinaron su economía. Solamente se salvó del desastre colectivo su tradición basada en la comunicación oral. Esta tradición oral conservó su pasado militar, político, religioso y cultural gracias a que su religión y sus sacerdotes eran de recipiente donde se conservó puro su pasado tradicional.

El Imperio Yoruba se dividió en dos bandos sectarios, ambos bandos se combatían militarmente. El uno seguía la dirección política y militar del Rey de Oyó y el otro se mantenía igualmente fiel, pero a la dirección del poder espiritual y religioso que detentaba su Olúo o Guía Espiritual desde la ciudad de Ilé Ifé. Esta última ciudad estaba enclavada en un camino selvático que era posición clave en el comercio entre los comerciantes árabes y los africanos. Ilé Ifé se engrandeció con su independencia del gobierno que todavía luchaba por su hegemonía en la ciudad de Oyó. Esta independencia obtenida por los habitantes de Ilé Ifé redundó en un florecimiento de las artes manuales, en un rejuvenecimiento de las tradiciones culturales yoruba, tradiciones que tenían su fuente en la tradición oral. La poesía alcanzó un rango algo más que oficial, se hizo popular y su temática religiosa pasó a integrar el caudal cultural colectivo del pueblo yoruba. Como su economía era agraria y su religión tiene un culto a la Naturaleza, las representaciones teatrales al aire libre se fijaban para las diferentes estaciones de siembra, cultivo y cosecha de los productos de la tierra. 

La primavera marcaba el comienzo de estas manifestaciones teatrales pero su temática fue primordialmente religiosa adaptándola a la cultura popular, haciéndola más colectiva y menos selectiva. El pueblo formó parte activa de estas representaciones teatrales, coreando los estribillos, palmoteando, golpeando con los pies desnudos el suelo polvoriento que servía de escenarios. Los habitantes de Ilé Ifé, la ciudad sagrada del pueblo yoruba, fue incorporando a sus manifestaciones teatrales la tradición épica; el tema popular junto a la corriente religiosa. Su teatro primitivo fue como todas manifestaciones teatrales de los pueblos antiguos, un teatro basado en el gusto del pueblo y para el pueblo. Nadie pedía para sí la paternidad de una obra, o de una canción o de una poesía profana intercalada en la representación teatral y esto se debió a que toda la producción africana en su inmensa mayoría era anónima, por lo tanto era propiedad indiscutible de la sociedad, la cual hizo buen uso de esta tradición oral anónima.

Teniendo en cuenta esta condición profano-religiosa del teatro primitivo yoruba pasaremos en adelante a conocer de cerca esta manifestación cultural de la sociedad yoruba que está encerrada en su religión y que ha sido desconocida por siglos.

El tambor como instrumento de comunicación cobró una importancia mitológica entre los pueblos africanos. El tambor es en sí el alma del pueblo africano.

Con el tambor se declaraban las guerras tribales y se concertaban la paz. El tambor tenía una doble función, la función social-profana y la función religiosa. De aquí que la primera obra entresacada de su mitología se relacione con este instrumento y lleve por nombre, EL TAMBOR.

La segunda obra, LA MUERTE Y EL HIJO DEL REY es parte de ese temor profano-religioso al fenómeno humano cotidiano de la muerte en el accidente de la vida. Ambas obras son parte de un estudio realizado sobre el fondo religioso, la mitología y la manifestación teatral yoruba en su etapa primitiva.

Sirva pues este trabajo sobre el TEATRO PRIMITIVO AFRICANO YORUBA para rescatar del olvido el fondo cultural africano que vive dentro de la tradición religiosa y cultural de nuestros países latinoamericanos.

Los autores

(Fin de la primera parte)

Fernando Magallanes: El Viaje Inconcluso


René  León
© 1973, Charlotte, N. C

(Segunda Parte)

  En octubre de 1517  Magallanes se dirige a Sevilla con su esclavo Enrique. Faleiro queda en Portugal en espera de sus informes. Reina en ese momento en España Carlos V. Trata Magallanes de ponerse en contacto con la Casa de Contratación, pero no es fácil. Hace amistad con Diego Barbosa portugués que vive hace catorce años y está al servicio de España y es alcaise del Arsenal. Al año se casa con la hija de Barbos. Hace amistad con Juan de Aranda que tiene buenas amistades en Sevilla, y con Cristóbal de Haro, las puertas se le empiezan a abrir.
   Juan de Aranda ayuda con dinero y Magallanes lo envuelve en la empresa. Averigua en Portugal acerca de Faleiro y de Aranda, de ambos recibe buenas referencias. El cargo de Aranda como miembro de la Casa de Indias, les va abrir las puertas. Acompaña a Magallanes a Valladolid para empezar las negociaciones y exponer su plan. Surge una entre Faleiro y Magallanes cuando es acusado de haber revelado los planes a Aranda y de haberle ofrecido parte de las ganancias por su ayuda, que venía ser 1/8. Ganancias que ninguno de los tres vería, porque el destino les tenía destinado algo diferente.
  El Rey concede la audiencia a Magallanes. Se reune el Consejo de la Corona. Lo forman el cardenal Adriano de Uthrecht; Guillermo de Croix, canciller de Estado; el cardenal Fonseca, obispo de Burgos y enemigo que había sidote Colón, pero hombre influyente y único español en el Consejo.
  En la audiencia se presenta Magallanes con su esclavo Malayo, Enrique, y se dice que con una esclava de gran belleza. Les habla de su plan y de las informaciones que había obtenido en sus conversaciones con Serrâo y el aventurero Vartheme. De la mejor manera de llegar a las islas de las “especies”. Que el viaje resultaba mejor y más seguro por el Occidente. Le explica que  hay un estrecho, o paso, que lo puede  llevar al otro lado del Pacífico. Que el rey sería el más rico y poderoso del mundo. Le aseguraba que las islas de la “especies” estaban  fuera de la bula o división “papal”. Años después se pudo saber que los cálculos de Faleiro estaban equivocados, las islas estaban en la parte e Portugal. Pero en aquel momento aquellos hombres vieron las riquezas de que les hablaban. Le preguntaron porque en la esfera no aparecía mostrado el estrecho con el nombre de Magallanes, y Faleiro les dijo “que era para que el secreto no fuera divulgado”. El que más interés pone en dar ayuda a la expedición fue el cardenal Fonseca, quien se puso del lado de Magallanes.
  Cristóbal de Haro vine de Portugal y con sus amigos financieros de Sevilla, se presta a ayudar económicamente con la empresa. Pero en la corte al ver que Haro y sus amigos están interesados, deciden ofrecer dinero de la Tesorería Real.
  El 22 de marzo de 1518, Carlos V, en nombre de su madre Juana (incapacitada por locura) firma las “Capitulaciones”, que son las negociaciones con Magallanes y Faleiro. Se le concede a ambos el derecho exclusivo en aquellos mares. Un vigésimo de todos los ingresos que provengan de esos territorios, y derecho sobre dos islas, en caso de que las que descubrieran pasarán de seis, más título de adelantados o gobernadores, para ellos, sus hijos, y herederos. El rey se obligaba a armar cinco naves de cierto tonelaje, provista de tripulación, víveres y artillería, con previsión a un viaje de dos años. Se le notifica a todas las autoridades españolas, para que les dieran todas las facilidades. El rey en persona se puso al servicio de aquella expedición. Magallanes no tuvo dificultades de resolver todos los inconvenientes.
Mapa del Estrecho de Magallanes.
Grabado de la obra de Hulsius (1626).
  La expedición estaba formada de cinco buques, 238 hombres en su mayoría extranjeros (algunos historiadores dicen que 260 o 280). El costo de la expedición fue de; 8,3434,335 maravedises. De estos furon puestos por la Tesorería Real, 6,254,209. Cristóbal de Haro, 1,880,125 maravedises. Los barcos eran:”Concepción” de 90 toneladas. “Victoria” de 95 toneladas. El “San Antonio” de 120 toneladas. El “Trinidad” de 110 toneladas. El “Santiago” de 75 toneladas.  La expedición sale de Sevilla para Sanlúcar el 10 de agosto de 1519. Pero antes de salir de España, Magallanes es visitado por un enviado del rey Manuel de Portugal. Alvaro de Costa, le dice que sería considerado “traidor” por ser capitán de otra nación, pero que si no lo hacía, el rey lo perdonaría. Lo amedrentan, y al mismo también lo amenaza a la vez. Sabe que de volver sería traicionado en la corte de Portugal. Ya ha dado su palabra al rey de España, no puede dejar que cumplir lo pactado. Da Costa con amistades en España empieza a correr rumores sobre Magallanes, para desacreditarlo. El rey de España empieza a desconfiar de Magallanes. Se trata de sabotear la expedición, de ello se encarga Sebastián Alvarez, cónsul de Portugal en Sevilla. Le causan problema en el puerto  para impedir el mejor abastecimiento de la flota. Se hace correr la voz de que los barcos están en malas condiciones, cosa que demora el conseguir tripulación. Se reúnen españoles de las diferentes provincias. Entre los extranjeros los hay: alemania, bretones, flamencos, franceses, negros africanos, griegos, ingleses, irlandeses, italianos, sicilianos, y mulatos. Antes de salir e Sevilla, el embajador Alvaro de la Costa, le dice que él tiene entendido por informes recibidos, que cuando descubra las tierras esperadas, que tienen la orden de eliminarlo a él y Faleiro, los capitanes españoles. Esta incertidumbre le queda en todo el viaje.
  Al momento de salir de Sevilla, había pasado un año y cinco meses de haber firmado las “Capitulaciones”. Llegan a Sanlúcar de Barrameda, donde el Guadalquivir desemboca en el mar. Allí en una misa de despedida recibe el estandarte de manos del corregidor de la ciudad, Sancho Martíz de Leyva. La nave capitana es la “Trinidad”. El capitán de la “San Antonio”, Juan de Cartagena. El de la “Concepción” su capitán lo es Gaspar de Quesada. El capitán de la “Victoria”, Luis de Mendoza. “El Santiago” su capitán Joao Serrâo. En la expedición Magallanes cuenta con muy pocos amigos de confianza, entre ellos Duarte Barbosa, Alvaro de Mesquita, Estevâo Gomes, Joao Serrâo, Joao Carvalho, Antonio Pigafetta, su historiador y su criado Enrique.
  Al amanecer del 20 de septiembre de 1519 la flota sale del puerto, los cañones retruenan en la despedida, mientras poco a poco los barcos se van perdiendo en la lejanía. El 26 llegan a las islas Canarias, y en Tenerife completan sus provisiones de agua. Allí se entera por un mensaje enviado por su suegro, que los oficiales han jurado no obedecerlo. Salen del puerto cuando las naves están completas de suministros. La obligación de los pilotos era de mantener contacto con la “Trinidad”. De noche se mantenía un farol colgado en sitio eminente, para que los otros pilotos lo pudieran ver, y no perder el rumbo. Si se encendían dos luces era que había que moderar la marcha. Tres era temor de mal tiempo. Cuatro de recoger las velas. Si se disparaba un cañonazo, era de arenas movedizas o bajos. Era el sistema de mantener los barcos unidos.
  Magallanes no había enseñado los mapas a los capitanes para tomar sus precauciones. Después de algunos incidentes, y no tenía confianza  en los otros capitanes. Cambia el rumbo hacia Sierra Leona, los capitanes protestan en especial Juan de Cartagena, esto hizo demorar el viaje catorce días más. Lo que hizo fue seguir la costumbre de los portugueses, tomar barlovento para llegar sin problemas a las costas del Brasil. Para muchos historiadores este fue un error de él.

(fin de la segunda parte)

San Felipe Neri: del Oratorio y el Banco a la Sala de Conciertos

Por: Yamira Rodríguez Marcano
Oratorio.1

De acuerdo con su propia inscripción, este edificio, ubicado en Aguiar Nº 402 esquina a Obrapía, en La Habana Vieja, fue erigido sobre los muros de una antigua institución religiosa, el Oratorio San Felipe Neri, y terminado el 15 de abril de 1928 para el Banco del Comercio, S.A., siendo su director facultativo el arquitecto Rafael Goyeneche.
En 1844 el número de religiosos de la congregación había disminuido, por lo que el gobierno decidió instalar en el edificio a la Sociedad Económica Amigos del País sin establecimiento propio aún, luego, hacia los años sesenta lo ocuparían también –según el historiador Jacobo de la Pezuela– la escuela de Nobles Artes, un gabinete de Historia Natural y una sala de exposición de industrias. En 1923, suspendidas las funciones de la comunidad, la iglesia fue vendida al Banco del Comercio.


Banco.2
Esta institución financiera, existente desde el siglo XIX y ubicada en distintos emplazamientos, finalmente instituyó aquí su sede para desempeñar funciones de banca comercial como préstamos y descuentos, bonos y acciones, créditos e inversiones.
La fisonomía exterior del templo del siglo XVII cambió desde el instante en que se demolió su torre. La fachada se remodeló adicionándole elementos decorativos en profusión, tornando aquel lienzo colonial en uno ecléctico seguidor de la España renacentista. El maestro cantero Eduardo Farías labró a cincel la fachada en piedra de Capellanía e igual trabajó y remató cuidadosamente las puertas, ventanas, y gárgolas.
Un zócalo de granito rojo pulido, llamado Nerón, se colocó para recubrir la parte inferior a modo de enchape. El pórtico se adelanta con columnas corintias pareadas a ambos lados las cuales sostenían el entablamento identificador del Banco del Comercio. Al centro, la pequeña entrada y encima, el balconcillo –reminiscencia del vano original de la iglesia– y un movido y fraccionado frontón, escudo, columnillas y volutas. Los laterales están constituidos por ventanas y cuadrifolios para ventilar e iluminar el edificio, al tiempo que equilibran el resto de la composición, protegidos todos por la cristalería y el hierro fundido.


Sala de Concierto.3

Tiene además entrada lateral por la calle Obrapía que conducía a la Caja de Ahorros, siendo esta fachada más sobria, de piedra dura de Capellanía, pulida hasta alcanzar el aspecto que hoy ofrece.
Una contradicción llama la atención y es que al reconstruir el inmueble para el banco mantuvieron, en algunos aspectos, la tipología religiosa. Tal vez por el gusto del comitente y el facultativo, o para aprovechar lo existente, dejaron las huellas de la antigua iglesia. Por consiguiente, se encuentran mezclados diferentes tipos de materiales así como el modo de emplearlos, y coexisten espacios destinados a la función bancaria y otros conservados como si fuesen a utilizarse para la actividad religiosa, es decir, propios para meditar y no para intercambiar valores.
De este modo, conserva la planta de la iglesia donde el espacio del altar fue sustituido por el de las bóvedas de seguridad y sendas columnas con estuco que soportan el entablamento donde practicaba su oficio un gran reloj. Se mantiene la distribución espacial de tres naves, la central abovedada y las laterales con cubierta plana protegida por un falso techo a imitación de madera y una cúpula de linterna del mismo material.


Oratorio San Felipe Neri in Old Havana © Cuba Absolutely, 2014
Falsos arcos y columnas se atavían de abundante decoración, donde la hoja de acanto es protagonista de ella tanto como del falso despiezo del revestimiento. Toda la ambientación interior fue diseñada por el propio Goyeneche y ejecutada por el notable escultor Manuel Pascual. La caoba tallada por la mueblería La Moda se aprecia también en la balaustrada del antiguo coro, luego convertido por el banco en salón de Directores, igualmente en el zócalo, las columnas salomónicas y el tímpano que presidían el ventanal de la mesa de actos.
Los mármoles coloridos de sus pisos, también el granito de la fachada, fueron suministrados por la prestigiosa casa alemana La Grasyma, la cual tenía una representación en la capital cubana. De esta manera, se combinaron el mármol “castaño-gris”, el rojo-alemán” y el “gris de Hungría”. Las piezas de mármol que más llamaban la atención eran las columnas y pilastras que decoraban el salón de Depositantes pues alcanzaban cinco metros de altura y habían sido realizadas en una sola pieza, además tenían sus capiteles en mármol blanco de Carrara.
En 1952, por negociación acordada, The Trust Company of Cuba compró las acciones del mencionado Banco del Comercio, fusionándose así ambas entidades y quedando el sitio de Aguiar y Obrapía como sucursal de la primera. Al nacionalizarse la banca en Cuba y desocuparse el edificio, la función que más la identificó en nuestros días fue la de Casa de Acuñación de la Moneda en Cuba.


Festivasl música celta
Desde febrero de 2004, San Felipe Neri fue convertido en sala de conciertos tras su rehabilitación integral por la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, que previó, incluso, recuperar el funcionamiento de las bóvedas bancarias. El escenario se situó en la zona del antiguo presbiterio, debajo de la cúpula, de espaldas a las bóvedas de seguridad y frente al coro alto, y como detalle sui géneris, y verdaderamente atractivo, quedó debajo del mismo, la única piedra fundacional en La Habana Vieja encontrada en su sitio original, luego de minuciosos trabajos arqueológicos. La piedra puede admirarse a ras del suelo del podio, en tanto las 33 monedas macuquinas que contenía se exhiben en una vitrina ubicada en la nave lateral derecha. Para estrenarse como sala de conciertos, el Conjunto de Música Antigua Ars Longa interpretó el Oratorio Sacro a la Pasión del Cristo Nuestro Señor, del valenciano Antonio Teodoro Ortells.

El discípulo predilecto de José Martí, en la Corte del Emperador Guillermo II

Gonzalo de Quesada
Por: Roberto Soto Santana

Como ha señalado un investigador y docente de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, a fines del siglo XIX, “casi toda América Latina giraba alrededor de la órbita de Inglaterra, de Francia y/o de Estados Unidos. Esta situación no era del agrado de importantes sectores de las élites locales a pesar de la francofilia, anglofilia e incluso americanofilia que pudieran haber sentido en un momento determinado …Sin embargo, el surgimiento en 1871 de Alemania como potencia política, militar y económica llenó de ilusión a ciertos sectores elitistas pues pensaban que el fortalecimiento de la presencia alemana en los mercados latinoamericanos rompería el viejo dominio tripartita (anglo-franco-estadounidense) y les permitiría mejores opciones a las poblaciones autóctonas…Alemania aparecía ante los ojos de algunos latinoamericanos como un modelo socio-cultural perfectamente simétrico en el que la pujanza material era equilibrada por una cultura sofisticada que era capaz de producir los mejores músicos y poetas, pero también los mejores científicos.” (Ver Nota al pie)

En Cuba, la germanofilia se convirtió en una inclinación perseguible a raíz de “La Chambelona” (alzamiento armado declarado el 11 de febrero de 1917 por los seguidores del Partido Liberal encabezados por el General José Miguel Gómez, contra las ansias reeleccionistas del líder del Partido Conservador y Presidente durante el cuatrienio 1913-1917, Mayor General Mario García Menocal).

El discípulo predilecto de José Martí, Gonzalo de Quesada y Aróstegui (1868-1915), fue, por su formación académica y afinidades ideológicas, un intelectual germanófilo -a diferencia de Enrique José Varona, cuya germanofilia tenía una naturaleza estrictamente cultural, con exclusión de la política-.

Nombrado en 1910 como Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de Cuba ante el Emperador Guillermo II de Alemania, Quesada –quien falleció en el cargo, en Berlín, en enero de 1915- publicó en junio de 1913 (en la casa editorial J.J. Weber, de Leipzig) el libro de gran formato -220 x 295mm- “LA PATRIA ALEMANA” (del cual tengo a la vista el ejemplar obrante en mi biblioteca), profusamente ilustrado con muchas fotografías y un surtido de litografías, repartidas en 382 páginas comprensivas de encendidos elogios hacia la civilización, la cultura, la organización política de la Alemania Imperial, y en especial hacia la persona del Kaiser de la casa Hohenzollern entonces reinante.

Haciendo gala de una verbosidad encomiástica claramente excesiva, entre las páginas 22 y 28 del libro, dice Quesada: “De ninguna figura contemporánea se ha escrito más que de Guillermo II; numerosos libros, multitud de folletos y artículos hanse ocupado de sus varias y geniales condiciones. Nada nuevo hay ya que añadir y, sin embargo, Su Majestad resulta siempre tema nuevo e inagotable de entusiastas elogios o apasionada crítica. Y es que pocos soberanos han mostrado versatilidad igual a la suya y no son muchos los que han logrado tanto como él en pro de la patria…El completo plan de educación, ideado por su madre –la entonces Princesa Victoria-…le ha proporcionado profundos y extensos conocimientos literarios, base de notable cultura, que nutre a diario con lo más selecto de los diferentes idiomas que posee y domina como el propio…El hogar de Sus Majestades es modelo de hogares y en la Corte no han podido abrirse paso el vicio y la inmoralidad…¿Cómo no ha de ser venerada y ensalzada Su Majestad en todas partes? Con el advenimiento de Guillermo II al Trono, comenzaron ‘las responsabilidades infinitamente pesadas que la hacían temblar’, pero el Emperador ha ido afrontándolas con éxito singular…Como para el primer Guillermo, ‘la columna en que se apoya la monarquía es el Ejército’. Y, Hohenzollern genuino, es, antes que nada, militar…Su mira constante es que sus guerreros sean ‘cristianos obedientes, leales y valerosos patriotas’…El poderoso Ejército Alemán garantiza la paz de Europa”.

Estas apreciaciones laudatorias quedaron hechas con apenas un año de antelación a que el Imperio Alemán diese inicio, junto con el imperio austro-húngaro, a la hasta entonces guerra más sangrienta entablada en la mayor extensión del orbe: la Primera Guerra Mundial, una guerra de agresión por parte del Imperio Alemán y sus aliados, en la que, solamente en muertes, se contabilizaron las de diez millones de militares y siete millones de civiles. En la persecución de los crímenes de guerra cometidos durante la contienda, en el transcurso del verano de 1921 –tres años después de concluida la Guerra- solamente fue acusada una escasa docena de militares alemanes, la mayoría de los cuales fueron absueltos y al resto se les impusieron levísimas penas de prisión.

Igualmente quedaron indemnes los actos genocidas cometidos por las autoridades alemanas, durante las épocas de su dominio y en fecha tan temprana como el año 1904, en las posesiones coloniales africanas, en periodos previos a, y coincidentes con, la Primera Guerra Mundial, especialmente en el África Sudoccidental y en el África Oriental alemana. En la represión de la sublevación de la etnia herero, en el África Sudoccidental (hoy en día, Namibia), entre 40 y 100 mil personas de todas las edades fueron masacradas (por medio de las armas o de la inanición); y en el África Oriental (hoy en día, Ruanda, Burundi y parte de Tanzania) entre 80 y 300 mil personas fueron asesinadas.

No obstante ser vox populi la comisión de tales delitos de lesa humanidad, y el hecho incontestable de que las principales Potencias Centrales ya se habían involucrado en las recientes dos Guerras Balcánicas de 1912 y 1913, y ahora se preparaban para otro conflicto –que terminó siendo la Gran Guerra, en la que Austria-Hungría entró el 28 de julio de 1914; y el Imperio Alemán, el 1 de agosto de 1914), el inefable embelesamiento del Ministro Plenipotenciario de Cuba hacia al Emperador Guillermo II quedó reiterado en su citado libro de 1913, al relatar (páginas 52 y 53) los pormenores de la entrega, en manos del Emperador, de sus Credenciales: “El Kaiser viste el uniforme de General de Infantería; a unos pasos hágole el saludo, dirigiéndole breves frases en nombre del Presidente de la República; a una indicación suya me acerco y entrégole mis Credenciales; efusivamente me estrecha la mano. Agradece mis frases; me habla de cómo sus marinos regresan encantados de La Habana, donde se les dispensa cordialísima acogida; del comercio y prosperidad de Cuba…Su trato –como sucede a todos los que le ven de cerca- me encantó por la franca afabilidad e interés que mostraba en la conversación, que duró cerca de diez minutos.”

(Nota) Alberto Lugo Amador, “Germanofilia”, pág. 104, impreso por Lulu.com, Raleigh, North Carolina, 2012.

CUBA en la memoria

~ por Derubín Jácome     

CUBA en la memoria

PERSONAJES CUBANOS – LA ESTIGMATIZADA

21Sábadojul 2012
Imagen


Irma Izquierdo, desde su niñez Irma aseguraba poder “ver” ciertas figuras religiosas; y en varias oportunidades le daban unos ataques muy raros y aseguraba haber tenido a su lado la figura de Jesuscristo.

Durante la Semana Santa del año 1956 Irma acaparó las primeras planas de todos los periódicos cubanos y la noticia pronto trascendió a toda latinoamérica
y otras partes del mundo; se hicieron eco de ella los noticieros radiales y televisivos. Ya desde algunos días antes Irma experimentaba algunos cambios raros en sí misma; perdió el apetito y casi no comía, sólo probaba algunos sorbos de vino que acompañaba con pedacitos de pan.

A decir de los siquiatras que después estudiaron su caso, ya desde estos síntomas se apreciaba en ella una idea obsesiva referente a la proximidad de la celebración religiosa y presentaba primero sudores sanguinolentos (que desde el punto de vista médico se llaman HEMATOHIDROSIS) y después le brotaron los estigmas en la piel, las marcas de los clavos en ambos pies y manos, los hematomas y verdugones en la espalda y en sus brazos como si hubiera recibido fuertes latigazos; otros hematomas formaban cruces en sus muslos y además un claro letrero en ambos muslos con la inscripción “INRI” que le fue puesta a Jesús de Nazaret durante la crucifixión y que significa “EL REY DE LOS JUDIOS”.

Cuando el pueblo conoció lo que le estaba pasando a Irma y la opinión pública se centraba en ella, Irma pidió que le construyeran una gran cruz con troncos de árboles lo más similar posible a aquella en que fue puesto Jesús. Cuando la tuvo se la echó al hombro y fue caminando con ella desde su pueblo natal hasta la Ermita de la Caridad del Cobre en el otro extremo de la Isla de Cuba cubriendo unos 900 km de recorrido y llevando siempre tras de sí a una gran multitud que se le solidarizaba en la devoción y la penitencia.

Según la prensa de 1956, todos suponen a Irma como una muchacha seria, un poco reservada, quizá triste, con una mirada y unos ademanes que resultarían trasunto fiel del espíritu místico que acostumbra a impulsar las misiones religiosas… pero, nada de eso.. era una muchacha joven, alegre, sociable, simpática, en cuyos ojos, en cuyos gestos, en cuya palabra, jamás pude captar un rasgo que reflejara la idea del origen extraterrenal que afirmaba tiene su peregrinación.
Ni el esfuerzo que supone el desandar a pie la interminable carretera la hizo bajar de peso, a un periodista le comentó…” desde que salí de La Habana he aumentado siete libras. ¡Si sigo así, llego a El Cobre con 130 libras de peso, que es el sueño de mi vida!

Aceptaba entrevistas pues, según ella, su misión necesitaba publicidad. “.. así me lo ha pedido Dios. Si no es así no tendría razón de ser”…
Cada día, luego de dejar la cruz en algún punto del camino, regresa al hotel donde se aloja —o en alguna casa particular o cuartel – pero no lo hace a pie, sino que utiliza para ello un pisicorre azul, modelo de 1956. En este pisicorre lleva sus maletas de viaje, y también infinidad de utensilios y objetos de cierta utilidad práctica: desde un farol de luz brillante hasta una caja conteniendo refrescos fríos.

La meta de su recorrido fué la iglesia del Cobre en Santiago de Cuba, pero según ella, ésa no era su verdadero final.. según sus propias palabras antes de llegar, dice:
—Sí, veo en mi vida y así me lo indica el Señor, un viaje largo… muy largo… a un lugar muy santo.
—Irma, no querrás decir que…
—Sí, después voy a Jerusalén…

PARÁLISIS PROGRESIVA DEL TRANVÍA



Nicolás Guillén
LA JIRIBILLA

La Habana es una ciudad que anda pellizcando el millón de habitantes. Si ocurriera en ella lo que ocurre en otras ciudades importantes, esto es, si se le añadiera los centros urbanos limítrofes, tendríamos que «la gran Habana», con su populoso cinturón humano, alcanzaría el millón y medio, tal vez los dos millones.

De todas suertes, la sonriente capital antillana puede reclamar el título de urbe. El título de ciudad animosa y animada, a la que desembocan caudalosos ríos de sangre cotidiana. Ciudad hecha y derecha, con grandes prostíbulos y grandes vicios.

Un dominicano amigo mío, nada trujillista y muy simpático, me contaba hace algún tiempo su salida del terruño natal, en viaje hacia Cuba. Durante muchos días aquello fue cuestión de consejo de familia. Y ya a la hora de la partida inevitable, pues el viajero era un zagalón que había remontado la veintena, ocurrió que entre los gemidos de las tías, la seria y viril preocupación del padre y la incertidumbre de los hermanos, acercase la madre, quien dando muestras de profunda aunque entera desesperación, díjole con voz conmovida, mientras lo abrazaba tiernamente:

–¡Adiós, hijo mío! ¡Para mí es terrible separarme de ti, sabiendo que vas a La Habana!–

A fines del siglo XVIII visitó Humboldt nuestra capital. El sabio no era hombre que se asombrara fácilmente, así ante lo bueno como ante lo malo, pero lo cierto es que La Habana hízole una pésima impresión, que contó más tarde con todos sus pelos y señales. Las calles en que, como dice, se andaba con el lodo hasta las rodillas; el olor a tasajo o carne salada, el ir y venir de esclavos y traficantes, tanto como el calor excesivo y el hediondo vaho que despedían lodazales y vertederos, pusieron una ancha veta repulsiva en su séjour cubano.

Eça de Queiroz estuvo por acá unos meses, en el sesentitantos, y a pesar del tiempo transcurrido desde la visita de Humboldt no se sintió mejor. «La Habana –escribió por alguna parte– es un charco de sudor y un palillero de palmeras…» Claro que el sibarita creador de Fradique Mendes estaba habituado al confort parisiense, que entonces no había sido desplazado por la técnica norteamericana, y era hombre de suave molicie y plácida ubicación. Aquí resistió muy poco tiempo como cónsul de Portugal y pronto lió bártulos en busca del suave modo europeo.

Digo todo esto para ponerme tantos en contra y que no se me crea un «patriota» seguro que vive, si no en el mejor de los mundos, por lo menos en la mejor de las ciudades… Ahora mismo, La Habana tiene muchos puntos débiles, que despiertan una sonrisa de burla en el viajero enterado y son la desesperación de la ciudadanía queredora de su patria chica. No voy a decirlos todos; antes bien, os hablaré de uno solo, que es por cierto el que la gente saca como tema obligado de conversación. Ese punto falso, roto, ese motivo de sonrojo, ese centro de chunga, esa diana en que ejercita su puntería quien quiera sacarnos los colores a la cara… son los tranvías urbanos.

En general los medios de transporte con que La Habana cuenta son ni muy variados ni muy buenos. Nos falta el metro, tan útil en algunas ciudades de América y muchas de Europa, de manera que la cosa se reduce, pues, al ómnibus (que acá llamamos «guagua», como se les dice a los recién nacidos en Chile) y los famosos tranvías. Los ómnibus son pequeños –con excepción de los «especiales»– y no se distinguen por su exagerada pulcritud. Cubren en una complicada red de líneas o rutas el área metropolitana, desde el centro a los barrios extremos, y, como en todas partes, se abarrotan y congestionan a las horas en que la afluencia de empleados y obreros que van y vienen de fábricas y oficinas es mayor. ¡Pero esos tranvías!

Los tranvías habaneros son prehistóricos. Datan de los primeros días de la República, que los adquirió, ya usados, de cierta compañía norteamericana. En comparación con los del interior del país –los renqueantes y estruendosos de Camagüey, por ejemplo– conservan desde luego un discreto primer lugar, casi a punto del empate…

Hasta mediados del año anterior eran unos vehículos ideales para el trasiego de gente mesurada, honesta, paciente y sin prisa: el paralítico, el escribiente no mecanógrafo, el pensionado civil y el jugador de ajedrez. Situábase usted en una esquina y todo consistía en esperar. La calceta, la lectura de Jorge Mañach o la simple divulgación sobre temas no urgidos de resolución inmediata… Cuarenta minutos más tarde era usted sorprendido por un timbreteo inconfundible. ¡Ahí estaba el tranvía! Se instalaba usted en su lenta carroza, en su coche democrático, y ya podía dormir seguro de llegar sano y salvo a su destino.

Ahora… Ahora, amigos míos –precisa reconocerlo con punzante melancolía– las cosas ocurren de bien distinto modo. El tendido de alambres para los trollies ha cedido bajo la acción demoledora de los años y ya no hay viaje sin accidente. Los cables caen a diario, enroscados sobre la calle como finas serpientes, y durante horas y horas permanece el tránsito paralizado en medio de las cuchufletas e ironías de quienes ante el humillante espectáculo aún se muestran con ánimo de reír.

A esto añádase el peligro mortal que tal contingencia entraña. Si los dos cables se unen y así los pisa el transeúnte, dícese que la catástrofe es fatal, y lo mismo si en esa forma caen sobre la distraída cabeza del viandante. De donde resulta que un medio de locomoción antaño tan sólido, tan constitucional, tan protector del sistema nervioso, se ha convertido en una permanente invitación al gran viaje… Lo último es que ya han caído en la cuenta los periódicos humorísticos. Hace apenas unos días recorté ciertos versos sonrientes y crueles, en los que el tranvía era la víctima inmolada. Helos aquí:

Si morir es tu porfía,
esto es, si quieres matarte,
no tienes más que situarte
junto a un tranvía.

Allí te quedas muy serio,
mas con aire distraído;
te cae en eso el tendido…
¡y al cementerio!

Decir, pues, no es necesario
que son iguales hoy día
el tendido del tranvía
¡y el funerario!

Tan terrible situación empeoró esta semana, pues de golpe y porrazo decretóse la paralización del servicio, lo cual duró toda una tarde y parte de la noche… Por virtud de ello han salido a relucir cosas muy desagradables, relativas al trasiego de fondos en manos de un núcleo de seudodirigentes obreros, filtrados en el Sindicato Eléctrico. Háblase de la pérdida o extravío de trescientos mil dólares para comprar cables de acero que más parecen ser cables de oro. En fin… En fin se dice que el gobierno ¡ay! Contempla el problema fríamente, como si fuera una fórmula de Einstein, y con el propósito de que el caso tranviario se convierta –y de ello está a punto– en conflicto de orden público, cosa de asestar limpiamente el golpe final e imponer luego un monopolio o cosa parecida en el transporte urbano…

Quiere decir, pues, que nuestros tranvías se mueren. Se mueren de parálisis progresiva irremediable. ¡Felices ustedes, allá en Caracas, donde todavía no han nacido!

La Habana, enero, 1950.

Tomado de Prosa de prisa. Tomo II. Compilación, prólogo y notas, Ángel Augier. Editorial Arte y Literatura, 1975.

LOS PEREGRINOS DE SAN LÁZARO





El San Lázaro venerado por el pueblo de Cuba, representado en pinturas y esculturas como el hombre viejo y pobre, apoyado en muletas, a quien los perros le lamen las llagas del cuerpo es un Santo de la iglesia del alma, un templo levantado sobre los pilares de la tradición.

Manuel Henríquez Lagarde 
La Habana



• Con tu ayuda salgo
Marta María Pérez
Los dos cuerpos serpentean sobre el asfalto. Codos y rodillas son los medios de locomoción de ese joven de piel blanca, vestido con un traje mal cortado en tela de saco de yute; y de la mujer, una negra gorda, cuarentona, que viste pantalón rojo y un sucio pulóver blanco.
Están a la entrada del santuario. De allí al altar mayor, donde se pagan las promesas, solo quedan algo más de doscientos metros. Ese es el tramo más difícil y los cuerpos apenas si tienen fuerzas. A última hora, suele suceder, la fe supera las posibilidades físicas.
La mujer se nota mucho más cansada que el muchacho. Se ve exhausta, resoplando en el suelo, con el rostro maquillado por el polvo de la carretera.
La algarabía del coro de curiosos y fieles escoltan a la pareja en el último tramo de la promesa. "¡Vamos Ramón, vamos Ramón!", grita un hombre que va delante del dúo barriendo con una rama las piedras, limpiando el camino de los penitentes. "¡Vamos Ramón, ayúdala, ayúdala como caballero! ¡Tú eres un caballero, Ramón!" El joven le tiende un brazo a la mujer. "Dale, dale -le dice-, un esfuerzo, ya queda poco". Un fuerte suspiro de ella levanta una nubecita de polvo y al fin logra, rodando su pesado cuerpo, avanzar unas pulgadas. El coro de curiosos se entusiasma ante su empeño. "¡Arriba, tú puedes!". En el rostro de la mujer una mueca simula una sonrisa. "¡Vamos, vamos!". A duras penas, la pareja logra avanzar entre la multitud que cada vez se hace más compacta. "¡Dios mío -dice alguien que los ve pasar- algo grande debió concederles el Santo a esa gente para que hagan eso!".
La escena no es única. Desde el día anterior, sábado 15 de diciembre, decenas de miles de personas han venido, desde todas partes del país, para expresarles su gratitud o pedirle algún favor a San Lázaro. "Al viejo hay que cumplirle, con él no se puede andar con juegos", dicen algunos de los que en vísperas del 17, día del Viejo, han llegado hasta el Rincón, un pueblito cercano a la Ciudad de La Habana.
Los fieles, por lo menos una buena cantidad de ellos, van a pedir o a pagar favores relacionados con la salud y el bienestar. Al Santo se le ruega que salve a un familiar muy querido -una madre, un hijo- o que consiga un buen trabajo o un buen marido. El Santo lo resuelve todo, o casi todo.
Pero existe una contradicción. En cierta medida, la peregrinación carece de sentido. El Santo venerado no está en el gran altar de la Iglesia de El Rincón, ni en ninguna otra parte. El viejo solo figura en el ara del sincretismo religioso.
El San Lázaro venerado por el pueblo de Cuba, representado en pinturas y esculturas como el hombre viejo y pobre, apoyado en muletas, a quien los perros le lamen las llagas del cuerpo es un Santo de la iglesia del alma, un templo levantado sobre los pilares de la tradición.

EL LÁZARO DE LA IGLESIA
"San Lázaro bendito, que sufriste desprecios y persecuciones de tus amigos, imitando con tu resignación y paciencia a nuestro Jesús amoroso, perdonando a los que te hacían daño, y regando la caridad a tu paso, concédeme la petición que te hago en este día..."
Los creyentes, con las manos cargadas de velas, tabacos, aceite de cocina, dinero y otras ofrendas para el Santo, se amontonan frente a la pequeña efigie de este ubicada a la derecha de la puerta de la iglesia.
Nadie sabe por qué esa preferencia de los peregrinos por el San Lázaro de halo de oro y capa roja en detrimento del San Lázaro de mayor tamaño que preside el altar del templo. Se supone que la predilección popular se deba a que, muchos años atrás el Lázaro de las muletas y los perros estuvo alguna vez bajo el techo de la Iglesia de El Rincón.
Según rumores, un Monseñor al descubrirlo mandó retirarlo, pero unas amables monjitas, luego de esconder las muletas y los perros que ofendían a la ortodoxia, cubrieron su cuerpo con la capa roja que hoy lleva. Es posible que para ellos sea este el mismo San Lázaro disfrazado. Sin embargo, la iglesia no coincide con tales habladurías. Para ella, ambos santos, el del altar y el de la capilla, son uno solo: San Lázaro Obispo de Marsella.
En los textos sagrados sobre este Santo abundan las leyendas y las versiones. San Lázaro Obispo es el mismo Lázaro que aparece en la Biblia (evangelio de San Juan, Capítulo 11), el amigo de Jesús que vivía en una aldea llamada Betania y hermano de Marta y María, quienes al morir Lázaro de enfermedad y ser sepultado en una cueva abierta en una roca, fueron en busca de Jesús para que lo resucitara.
Cuando Cristo acudió al lugar, ordenó retirar la piedra que cubría la entrada de la sepultura y gritó: "¡Lázaro, sal del sepulcro!". El milagro se cumplió. Luego de crucificado el hijo de Dios y ser expulsados los cristianos de aquellas tierras, Lázaro y sus hermanas pasan a Joppe, llamada después Jaifa, ciudad marítima situada a siete leguas de Jerusalén. Según algunos textos, en esta ciudad fueron obligados a embarcar en una nave sin timón, mástiles ni pertrechos. De nuevo, el prodigio. La historia los desembarca a salvo en la ciudad de Marsella, considerada entonces como la urbe más importante después de Roma.
Con el auge del cristianismo, durante el imperio de Vespasiano, en esta ciudad Lázaro es nombrado Obispo. Pero poco dura la paz del futuro Santo. Un nuevo procónsul de Marsella persigue a los cristianos. Lázaro, el Obispo, es encerrado y sentenciado. Lo ataron a un poste, las flechas se hundieron en su cuerpo y sobre las heridas le aplicaron láminas de hierro candente. El 17 de diciembre de la Era Cristiana es decapitado. Esta vez no ocurrió ningún milagro.

BÍBLICOS Y POPULARES
Pero esta no es la historia que todos los fieles conocen. Sentados dentro o en los jardines de la iglesia, los creyentes esperan la llegada del día de San Lázaro rodeados de 17 velas encendidas y acompañados por la representación iconográfica del Viejo, la cual según algunos estudiosos, tiene también un origen bíblico.
En la Biblia, además del Lázaro, el amigo de Cristo, hay otro personaje con el mismo nombre. En una de las treinta parábolas atribuidas a Jesús aparece un hombre de pobres hábitos, hambriento y enfermo, rodeado de perros que le lamen las úlceras del cuerpo. En el texto sagrado, el pobre Lázaro, en una ocasión le pidió comida a un rico señor que se banqueteaba en el portal de su casa y este le negó la limosna al hambriento. Al morir ambos, el epulón fue al infierno a recibir los peores castigos. El destino de Lázaro, en cambio, fue el Paraíso.
La moraleja de esta ficción es bien explícita. Los buenos, los desposeídos, serían recompensados; los malos, los egoístas, castigados. Como es de suponer, esta lección de humanidad debió contar, desde tiempos remotos, con muchos prosélitos que encontraron en la misma la realización de una última esperanza.
La relación simbólica entre el hombre rico y Lázaro fue utilizada para llamar a la piedad y la misericordia de los poseedores para con los desposeídos y suele afirmarse que la representación icónica de este Lázaro rodaba ya con estos fines -incluso antes de la llegada de los españoles a Cuba- por países como España, Francia e Italia.
En la mente de los devotos, las historias y los personajes se entrecruzan y desfiguran. Se establece una confusión entre el Lázaro de las estampas traídas por los colonizadores y el Obispo de Marsella, de quien tomó la lepra el nombre de "mal de Lázaro". Los libros aseguran que al ser fundada la Orden del Hospital durante la Edad Media, Marsella y París fueron los centros de esta congregación religiosa, primero para auxiliar a los pobres en general y después dedicada sólo a los leprosos. La imagen expuesta en estos oficios era la de San Lázaro Obispo, Santo al que los españoles veneraban un domingo anterior al 17 de diciembre, día del año escogido para la lectura evangélica de San Lázaro.
Este equívoco entre el de la Parábola y el de Marsella se complica con la aparición de un tercer Lázaro, por cierto, ni Santo, ni bíblico. Todo lo contrario. Según una leyenda de origen andaluz, un señor de esas tierras se vino a América. En los recién descubiertos dominios españoles, el tal Lázaro prosperó en el negocio de la prostitución. Muy aficionado
a las faldas, contrajo un mal incurable que lo hizo regresar a España. Al llegar, en un acto de arrepentimiento, repartió sus abundantes bienes entre todos los pobres.

BABALÚ-AYÉ
Como bien expresó Fernando Ortiz, los negros esclavos, a falta de familia y bienes, trajeron consigo sus creencias religiosas, su cultura, sus cantos y sus lenguas. La memoria del esclavo fue su mayor tesoro. Desde el siglo XVI hasta nuestros días, la oralidad ha conservado en su esencia las tradiciones religiosas africanas.
Babalú-Ayé fue un pasajero más en cada uno de los sobrecargados barcos negreros que anclaron en Cuba. En la tradición muy bien guardada por los babalochas y santeros cubanos predomina el criterio de que Babalú-Ayé es un orisha de origen arará, subgrupo este de los yorubas procedentes de las zonas que comprenden las márgenes del río Odi hasta el curso de agua denominado por los traficantes como Nuevo Calabar. Otras teorías da a los ijava, también del tronco lucumí, como posibles instructores del culto de Babalú-Ayé.
Una versión del mito plantea que Babalú-Ayé fue repudiado en su tierra por padecer de lepra. Y este lacerado es el que aparece, en los testimonios afrocubanos recogidos por Lydia Cabrera en su libro El Monte, como parte del público que escuchaba adivinar a Changó: "¿Por qué no me adivinas?" -le pide Babalú-Ayé. Changó le contesta: "Mi padre me ha dicho que aquí en está tierra yo tengo un medio hermano. Ese eres tú. Pero, escucha, tu porvenir y tu suerte están lejos de aquí. Vuelve la espalda y vete. Atraviesa el monte y encontrarás donde reinar". Al oír esto, Babalú replica: "¿Cómo voy a andar por el mundo en el estado en que me encuentro?".
Es entonces cuando Changó se dirige a su otro hermano, Oggún, que solía andar acompañado de dos perrazos. Changó se los quita y se los ofrece a Ayé quien, custodiado por los dos animales, atraviesa la selva siguiendo la dirección indicada por el adivino.
Fue así como Babalú llegó a la tierras de los arará y se tendió a dormir a la puerta de una casa. De madrugada, un muchacho lo despierta. Al adolescente que padecía su misma enfermedad le dice: "¿Quieres que te cure?" El muchacho aceptó con mucha fe y el curandero le pidió harina, manteca de corojo y un saco de hilo de henequén. Con la harina, lo mojó con manteca y le frotó todo el cuerpo con aquel pan. Luego quemó toda la ropa con que iba vestido el enfermo y lo vistió con el saco de henequén. "Toma este pan -le dijo cuando hubo terminado de limpiarlo- ve a tu casa, clávalo detrás de la puerta y ve después a desnudarte en presencia de tu madre".
Según el mito, cuando la mujer vio a su hijo enteramente sano salió por pueblo a pregonar el milagro. Desde entonces Babalú-Ayé, como le había profetizado Changó, reinó en Dajome.
No está de más apuntar que en esta versión aparecen elementos como el saco de henequén y el pan a los que algunos investigadores le atribuyen un origen andaluz. En España el hábito de los Lazaristas fue, en un principio, de basta y estameña y más tarde se cambió por el saco de yute. De Andalucía procede igualmente la superstición del pan detrás de la puerta, la cual, según se cree, es derivada de San Roque, protector del hogar a quien también se invoca contra las enfermedades y es representado como un viejo con dos perros y un pan bajo el brazo.
Cual el Lázaro andaluz, Babalú-Ayé es un gran amante de las faldas. Dice la tradición cubano-africana que sus llagas son un castigo por cohabitar en Viernes Santo. Olofi, la más alta divinidad del santoral africano, le dio aché para poseer a todas la mujeres y él, engreído, creyó que no tenía que observar abstinencia alguna. Murió pronto y fue Ochún quien logró que Olofi lo resucitara a cambio de un poco de oñi (miel de abejas). De sus amores se cuenta que los tuvo hasta con Yemayá.
• Oración a San Lázaro
Zaida de Río
EL ALTAR DE LA TRADICIÓN
Del sur de España heredamos además los actos medievales que han sido, desde la fundación en 1916 del Lazareto del Rincón, una atracción para los curiosos. Como salidos de la oscura noche del medioevo, en cada víspera del 17 de diciembre, por la carretera que une a Santiago de las Vegas con El Rincón, los penitentes rinden culto al Santo.
Una anciana arrastra todo su cuerpo por la carretera. En una mano lleva atado un perro sato; con la otra, empuja una cajita de madera donde fieles y curiosos dejan caer monedas que luego serán ofrendadas al santo. Lourdes, una muchacha de 24 años, estuvo al borde de la muerte después de un accidente de tránsito. De rodillas va a pagarle su vida al Viejo. Una familia entera se ha rapado la cabeza; todos, vestidos de saco y con los pies desnudos van rumbo al santuario.
La autoflagelación, que a pesar de tener un origen distante, se incrementó en los años de la seudorrepública, cuando la peregrinación era fundamentalmente una manifestación de mendigos, se une con el espíritu festivo del ron y conga de muchos de los peregrinos.
Las principales tradiciones religiosas del cubano convergen y se expresan camino de El Rincón: la santería y la desfiguración popular del cristianismo.
Una de las explicaciones lógicas para este fenómeno pudiera ser la discriminación de estos hábitos en algunos periodos de la historia nacional. Se sabe que desde los tiempos de la esclavitud, en la mayoría de los casos, la evangelización del negro fue precaria. La catequización y el bautismo de los mismos obedecía más bien a un trámite formal que a un sincero deseo de convertirlos, ya que existía pena de excomunión para quienes poseyeran esclavos sin haber sido bautizados.
No es secreto para nadie tampoco que en los años 20 y 30 del siglo pasado, los tambores fueron prohibidos en Cuba. En esos tiempos para realizar un toque de santo y bembé era necesario pedir un permiso que muchas veces era negado por ser consideradas las religiones africanas como primitivismo de negros.
No hay mejor ejemplo que la prohibición realizada por la Diócesis de La Habana en 1919. El obispo de la ciudad, Pedro González Estrada, firmó con su puño y letra un edicto que prohibía el culto al San Lázaro de las muletas y los perros. Es conocido, además, que el Código de Defensa Social vigente al triunfo de la Revolución lo consideraba una contravención y una agravante de la responsabilidad penal.
Las creencias que no podían manifestarse en las calles libremente terminaron ocultándose en las casas. De esta forma, la tradición empezó a transmitirse por los canales de la educación familiar. Las influencias religiosas se adquirían del mismo modo imperceptible en que pasa de una generación a otra, algo tan aparentemente sencillo como la preferencia por un plato de comida determinado.
Las tradiciones no mueren fácilmente. Como esta vez, es posible que ante el altar vuelva a encontrarse nuevamente otra pareja, similar a la que aparece descrita al comienzo de este trabajo, que sintetice en sí misma el carácter sincrético de la religiosidad popular.
El se persignará ante la efigie de San Lázaro Obispo, y ella, montada por Babalú -Ayé, agotará todas sus fuerzas más allá de los límites del desmayo. En ese momento no faltará seguramente, la voz metálica que solicite por el audio el auxilio de los compañeros de la Cruz Roja.