Bienvenidos a Pensamiento

LA HISPANIDAD

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Bandera de la Hispanidad
Origen de la palabra Hispanidad
Hispania, nombre latino de la Península Ibérica.
Hispanoamérica, conjunto de países americanos de lengua y cultura española.
Hispanidad, países y comunidades o personas de habla hispana o española, cultura, literatura y música.
La palabra “hispanidad” deriva de Hispania, nombre que los romanos dieron a la provincia cuya extensión alcanzaba la Península Ibérica y el archipiélago Balear.
 
Cuando el 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón descubre un Nuevo Mundo (nunca el supo que fue América) da comienzo la conquista de lo descubierto por el Reino de Castilla.

 En 1713 se crea la Real Academia Española de la Lengua, y desde esa fecha hasta el presente fueron creadas en diferentes países de América Hispana, las de: la Colombiana en 1871, Ecuatoriana 1874, Mexicana 1875, Salvadoreña 1876, Venezolana 1883, Chilena 1885, Peruana 1887, Guatemalteca 1887, Costarricense 1923, Filipina 1924, Panameña 1926, Cubana 1926, Paraguaya 1927, Boliviana, 1927, Dominicana 1927, Nicaragüense 1928, Argentina 1931, Uruguay 1943, Hondureña 1948, Puertorriqueña 1955, y la de Norteamérica (Estados Unidos) 1973. Todas ellas existen desde 1951, con el nombre de Academias de la Lengua Española.

  El ex embajador español en Argentina don Ramiro de Maeztu publicó un artículo titulado La Hispanidad en la revista Acción Española, donde decía: “La palabra se debe a un sacerdote español y patriota que en Argentina reside. D. Zacarías de Vizcarra. Si el concepto de Cristiandad comprende  y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprende también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos?

Ramiro de Maeztu, escribió los libros: Defensa de la Hispanidad: El humanismo Español y Defensa de la Hispanidad: Las dos Américas
 
 
Escudo de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

El Día de la Hispanidad (Octubre de 2004)

Eliana Onetti (Cuba) (†)

   El 12 de octubre de cada año se celebra el Día de la Hispanidad que conmemora con regocijo y respeto la hazaña de Cristóbal Colón y sus tres carabelas: el descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492.
    En América, fue D. Hipólito Yrigoyen, presidente de Argentina desde 1916 a 1930 quien, el primer año de su mandato, y a pesar de la oposición de una mayoría que negaba la herencia colonial española, proclamó el 12 de octubre como fiesta nacional por primera vez, porque... «era aquella una herencia inmortal que debemos afirmar y mantener con jubiloso reconocimiento». Desde entonces todos los países hispanoamericanos comenzaron a conmemorar la fecha como «Día de la Raza».
    En España, fue la Casa de América de Barcelona la que inició su conmemoración en 1915, pero no fue sino hasta 1917 que se instauró como fiesta nacional. Curioso que América se anticipase a España en esta celebración.
    Tenía razón el presidente Yrigoyen. La gesta de Colón inició un proceso de conquista y colonización que tuvo como consecuencia la aparición de países que tienen una comunidad de ideas, de cultura, y sobre todo, de idiosincrasia: la de la raza hispana.
    Durante mucho tiempo ha habido quienes pretendieran restar importancia al hecho de la influencia española en América y quitar, por tanto, mérito a España aduciendo que Cristóbal Colón no era español, sino genovés. Yo digo que poco importa cuál fue el lugar de nacimiento de este marino soñador e intrépido. Lo que sí tiene importancia es que, a pesar de la situación de la España de ese momento, empeñada en la gesta de la unificación y la expulsión de los moros, fueron los Reyes Católicos los únicos que se avinieron a emprender la aventura. No hay que olvidar que Colón había peregrinado por Italia, Francia y Portugal ofreciendo a las Cortes de los antedichos países la hegemonía de las tierras que descubriese a cambio de patronazgo económico.
    Tampoco tiene demasiada importancia que Fernando de Aragón, ya muerta Isabel de Castilla, se negase a pagar a Colón la recompensa acordada por su hazaña. (Todos conocemos la avaricia de Fernando y tampoco debemos olvidar el endeudamiento de las arcas reales, consecuencia de la Reconquista.)
    Lo realmente importante fue que la España descubridora, la España Imperial, a diferencia de las Francia e Inglaterra imperiales, supo sembrar en sus colonias de América la semilla de la hispanidad; que los hombres y mujeres que allí fueron asentaron sus reales en la nueva tierra de manera tal que la hicieron suya y la amaron como suya enseñándole a esa nueva tierra religión, lengua, cultura y tradición; y que sus descendientes se sintieron criollos y no peninsulares de paso. Eso es lo verdaderamente importante.
    En cualquier país hispanoamericano sus gentes tienen similares virtudes y parecidos defectos a los que perviven en el pueblo español, dando por sentado que hay ligeras diferencias determinadas por la. desigualdad climática, igual que un gallego y un castellano y un andaluz, aunque españoles, son diferentes porque el clima de sus regiones determinadas los remodela. Y tanto es así, que hay más puntos de comunidad y conocimiento entre un hispanoamericano y un español que entre dos hispanoamericanos de diferentes países.
    Esa hispanidad es la herencia de España en América. Ésa es la hispanidad que pervive a pesar de las diferencias políticas y económicas que sentaron las bases de la independencia de las colonias. Y esas colonias, ya libres e independientes políticamente, siguieron siendo hispanas.
    Lo que no sucedió con las colonias inglesas y francesas, la India y Argelia, por ejemplo, que, liberadas del yugo colonial, siguieron siendo lo que eran antes de la conquista: hindúes y musulmanes eran y son. Y los siglos de vida colonial apenas si representaron un ligero barniz en sus culturas, barniz que perdió lustre en muy pocos años, perdurando sólo la lengua, como lengua extranjera, en los estratos políticos y administrativos; nunca en el pueblo llano.
    Por eso, afirmamos y defendemos los hispanoamericanos esa herencia inmortal de España, y debemos ser agradecidos.



Un Mundo Nuevo: El Descubrimiento de América

 René León

 Cristóbal Colón salió de Palos de la Frontera con sus tres carabelas. La Santa María, la Pinta, y la Niña, el día 3 de agosto de 1492, haciendo escala en las Canarias para proveerse de todo lo necesario para el viaje. Al ocaso del 12 de octubre, a los treinta y siete días de navegación, descubría las islas Lucayas, tomando posesión de ellas en nombre de los Reyes Católicos. Saldría el 24 ó 25 de octubre de 1492 en busca de países que se le presentaban en su imaginación llenos de riquezas. Navegando con rumbo S.O.O., al anochecer del 27 de octubre, se divisó tierra nuevamente, era Cuba. El día 28 echó ancla en la embocadura de un río, al que le dio el nombre de San Salvador. A la tierra recién descubierta recibiría el nombre de Juana en honor al Príncipe Don Juan. En su diario de viaje escribiría “que era la más fermosa tierra que jamás vieron los ojos humanos”.
  Durante su larga exploración Colón llegaría a Haití, regresando a España con la noticia del gran descubrimiento. Daba comienzo la historia de América
  Los aniversarios de los grandes acontecimientos de la Historia  no cansan nunca, pues nos parecen siempre nuevos. El tiempo que va pasando no desgasta sus grandes recuerdos, sino que al contrario, los va puliendo.
  La noticia del descubrimiento se difunde rápidamente por Europa, y con ella dan comienzo las aventuras del Nuevo Mundo. El Almirante, en su famosísima carta a los reyes, dice que ha llegado a las Indias (Ganges) a la provincia de Catayo (Catay China), y a Cipango, que era el nombre con que entonces se conocía al Japón. No sabía, ni lo supo nunca, que había descubierto un Nuevo Continente.
  La fantasía queda muy bien para enriquecer la historia del mundo, pero frecuentemente se torna enemiga mortal de esa otra forma de fantasía: la realidad tal cual es. El Nuevo Mundo era algo maravilloso, lleno de novedades, pero esas maravillas y esas novedades eran lo que ellas eran,  y no lo que había concebido la fantasía europea, nutrida de ensoñaciones de Mandeville y de Marco Polo. El mismo Colón iba tan fascinado por las cosas de China, pensando en los monumentales palacios con techos de oro, que se decía había en estos lugares, que no llegó a ver nunca a este Nuevo Continente cara a cara, en su desnuda realidad: para él, aquellas vegetaciones, aquellos indios, las cosas rusticas que le tocó ver, no eran sino una especie de cortina que le ocultaba a las grandes ciudades maravillosas, pavimentadas de oro sus calles, y que estaban recorridas por elefantes blancos adornados con diamantes.
  Así se abrió la imaginación de España hacia América. Qué de extraño podía tener que todavía Lope, a ciento cincuenta años del Descubrimiento, nos presente personajes que hablan de aquello como de un sitio donde había árboles que producían al mismo tiempo, pan, vino, y leche. En el siglo XVIII, los españoles vivían en la creencia  de que en América bastaba con desembarcar para ir recogiendo por las calles morocotas de oro. La visión de América como fuente de un río de oro hacia España llegó a ser tan intensa y alucinante, que hasta historiadores de fama aceptaron como buenos testimonios los que eran hijos de la fantasía.
  El descubrimiento sigue siendo la operación más productiva de la historia del mundo, desde luego, porque con un gasto que se estima en $11.000  doláres  (antiguos), pudo descubrirse todo un hemisferio. Nunca se ha adquirido un latifundio tan grande por una cantidad tan pequeña.
  Lo que España trajo de América fue mucho. Pero también lo que España llevó y dejó en América. Nos dejó su cultura, sus costumbres y tradiciones.
  La descripción de unos de los capitanes que tocaron en territorio americano recogió el regocijo de los hombres, de estos marineros, el enfrentarse a esta naturaleza exótica y sus habitantes. Paisajes de sobrecogedora belleza, clima como inmortal primavera y viviendo allí hombres desnudos y hermosas mujeres de belleza sensual, aquello era un Edén.
   Hoy al mirar hacia aquel 12 de octubre de 1492, podemos comprender mejor los errores que cometieron en un principio los capitanes y colonizadores españoles. Pero cuando los errores se reconocen, se comprenden y se aceptan, se convierten en aciertos. Digamos como el famoso poeta Machado: “Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar”.

Viva América

PARA QUE NOS SINTAMOS ORGULLOSOS DE NUESTRAS RAICES.


EN SU LIBRO "LOS RECUERDOS Y OLVIDOS", PUBLICADO POSTUMAMENTE EN MADRID, DON JACINTO BENAVENTE DEJO ESTA PAGINA DE PRECIOSO VALOR:

Born: 12 August 1866 Madrid, Spain

Died: 14 July 1954 (aged 87) Madrid, Spain

Nationality:  Spanish

Notable award(s):  Nobel Prize in Literature 1922

- "YO NO HE CONOCIDO PAIS DEL MUNDO EN DONDE LA GENTE SEA TAN EFUSIVA, TAN CORDIAL, TAN GENEROSA DE SUS BIENES Y DE SU ESPIRITU, COMO LA DE CUBA. EN CUALQUIER TIERRA,POR AGRADABLES QUE SEAN NUESTROS RECUERDOS,SIEMPRE HAY ALGO MALO QUE BASTA PARA DESTRUIR LOS MEJORES. DE CUBA YO NO PUEDO RECORDAR NADA TRISTE, NI ENFADOSO, NI DESAGRADABLE; TODO ERA SIMPATIA, AGRADO, CORDIALIDAD POR PARTE DE TODOS SIN DISTINCION DE CLASES NI DE PERSONAS, ALTAS O BAJAS, BLANCAS O DE COLOR. ERA LA ALEGRIA DE VIVIR EN TODA SU PLENITUD. SI DIAS FELICES HAN HABIDO EN MI EXISTENCIA, NINGUNA COMO LOS PASADOS EN LA ISLA DE CUBA."
~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~

OPINION EXPRESADA SOBRE LO QUE ERA CUBA, POR LA SEÑORA DE DUGARDIER, ESPOSA DEL EXCELENTISIMO SEÑOR EMBAJADOR DE FRANCIA EN CUBA, EN 1959.

"CUBA TIENE:
1. LAS VIRTUDES DE SU RAZA... Y NO ES ESPAÑA...
2. LA RIQUEZA Y PODERIO AMERICANO... Y NO ES ESTADOS UNIDOS.
3. EL REFINAMIENTO EUROPEO... Y NO ES EUROPA."


In God We Trust

El 10 de octubre de 1868. Ingenio La Demajagua

“VIVA  CUBA  LIBRE”


 
René León

  El 10 de octubre de 1868 en el ingenio de La Demajagua, un grupo de cubanos (37 hombres) se lanzaron a la guerra al grito de “Viva Cuba Libre”; en aquel momento no fueron muchos pero dirigidos por Carlos Manuel de Céspedes, se olvidaron de los peligros que le esperaban. La independencia de Cuba había sido proclamada.

  Ramiro Guerra, en su libro sobre la Guerra de los Diez Años, dice: “De igualdad no hablaron nunca, o lo hicieron en forma extremadamente discreta, sin alcance político ni social. En el Manifiesto de La Demajagua constan, en marcado contraste, terminantes y repetidas declaraciones favorables a la igualdad”.

  La primer etapa de la guerra fue encabezada por los terratenientes cubanos que trataban de conservar los beneficios como hacendados, ganaderos y comerciantes, y disfrutar de un mercado libre de trabas en una Cuba libre. Pero sin olvidar al campesino y aboliendo la esclavitud,  incorporando en igualdad de condiciones a los negros libres o esclavos y al campesinado cubano.

  Emilio Roig de Leuchsenring, dice: “El carácter avanzado o conservador de las tendencias que existieron en el seno de la Revolución del 68, se manifiesta en las posturas ante los problemas fundamentales de la esclavitud, sistema de gobierno y problema de la tierra”.

  El error de los patriotas cubanos, cuando iniciaron la guerra el 10 de octubre de 1868 en La Demajagua, fue en pensar que la adhesión a Estados Unidos significaría para la causa cubana que nos ofrecieran  una ayuda material y moral, con una declaración de beligerancia a favor de los revolucionarios cubanos que permitiera la adquisición de armas y otros pertrechos de guerra.  Todo fue desde un principio por parte de los norteamericanos un rejuego y traicionar nuestras esperanzas. Estados Unidos ofreció a España su apoyo para mantener su soberanía en Cuba y adoptó en todo momento una actitud de abierta hostilidad y oposición.

  En la Asamblea Constituyente de Guáimaro, dice Roig de Leuchesenring : “… se dio la primera batalla democrática en nuestra tierra. Allí se enfrentan el liberalismo y el conservadorismo, el militarismo y el civilismo. Y salieron triumfante los criterios implementos  democráticos y progresivos. Toda posible dictadura civil o militar, fue repudiada. Triunfó la absoluta igualdad, no reconociéndose forma alguna de esclavitud; se rompieron los fueros y privilegios personales o clasistas; se proclamaron, como principio básicos fundamentales de la nación cubana, la soberanía popular, las libertades de culto, imprenta, reunión pacífica, enseñanza y petición”.

  Si miramos hacia el ayer, veremos que los errores por las disensiones y rivalidades en los iniciadores de la Guerra del 68, sin la contemplación de ellos, podemos comprender los ejemplos de desinterés, valor y patriotismo de los hombres del 95 al 98, que quedaron logrados con el triunfo de un solo ideal, la libertad del pueblo cubano, más tarde traicionado con la Enmienda Platt.

  La Guerra de los Diez Años, fue en realidad la llama que mantuvo el pueblo cubano por su libertad. Costo cientos de vidas, nuestra economía quedó destruida por la falta de medios de nuestro pueblo. Pero al pasar los años la nueva generación del exilio y de los aguerridos combatientes  del 68 fueron guiados  por su gran dirigente, el Apóstol José Martí, que supo plasmar con sus escritos en toda la América nuestro afán de ser libres, “con todos y para el bien de todos”.

  Para terminar un acto más de odio de los Voluntarios españoles. El Casino Español de La Habana lanzó en 2 de marzo de 1870 un manifiesto que terminaba con estas palabras: “Los españoles que están en Cuba podrán ser vencidos; cedidos o vendidos, jamás: Cuba será española o la abandonaremos convertida en ceniza”.

De que los hay, los hay, los cobardes siempre se expresan así. Sólo hay que mirar como España comercia hoy con Cuba, sin importarle la sangre derramada del pueblo cubano.
 

UNA Y OTRA CARMEN

Jorge Sariol
 
 

  En los últimos años de su vida, José Martí, tuvo entre tantos, un golpe injusto y cruel. Separado del hijo y abandonado por su esposa Carmen Zayas-Bazán, tuvo en cambio, como un remanso, a Carmen Millares.

  Varios días después de conocerse la tragedia de Dos Ríos, el periódico habanero “La Lucha” publicó una nota aparentemente inocente, pero con todas las trazas de andar con “segundas”. Según se informaba, la Señora “Carmen Zayas-Bazán viuda de Martí, había solicitado audiencia a las máximas autoridades de la Capitanía General de la Isla. La reacción de doña Carmen fue inmediata.
  En carta al director del diario, le recordaba que la petición y la audiencia misma eran privadas, pero una vez publicada, era obligación del impreso informar también de la única razón de la solicitud; la devolución del cadáver de su esposo, José Julián Martí  y Pérez. Dieciocho años antes, en la Catedral de México, la clásica frase de las ceremonias nupciales pudo haber llevado, sorda y trágica, el sino de no unir sino con la muerte
  Difícilmente se sabrán los pormenores de aquella audiencia y quiénes o qué motivos impulsaron a tal actitud, al cabo de tantos desencuentros. La paradoja, para un ser humano tan lleno de amor, como el Héroe Nacional Cubano, resulta cruel. Su patria, su familia, su hijo, su esposa, fueron dolores que Martí nunca pudo mitigar. Y aunque la vida privada de las figuras públicas es tema harto tangencial, lo cierto es que en Martí, nada puede ser ya privado.
  Los últimos años de su vida, separado de su hijo, abandonado por su esposa, y muy necesitado de ambos amores, no es difícil entender que otra Carmen invadiera en cuerpo y alma –sobre todo- las horas tormentosas de los preparativos de la Guerra necesaria.
  Ya se ha dicho: nadie es dueño de los hechos solo de las interpretaciones. Nada en el más digno de los cubanos, nos es ajeno. De su vida amorosa, tales fueron las circunstancias de El Maestro.
  Muchos fueron los impactos, algunos memorables: el primer gran amor, en Madrid, con dama bien casada, de quien nunca se revelaría el nombre. Tres años más tarde escribe Martí el drama Adúltera. “Muchas fueron tus horas de delirio…al partir, todavía a tu lado me está quemando el corazón”.
  Entre tantas, hubo la mujer aragonesa en tiempos de estudiantes, o la dulce muchacha de Souhtampton –“durante una luminosa media hora nos quisimos y nos dijimos adiós para siempre”- De fragor, como de terremotos, debió haber sido su pasión vertida con Rosario, la mexicana, seis años mayor que él. En Estados Unidos, Cecil Charles, una sureña, discípula rendida de amor, describió con el don de las vivencias al poeta de otras tierras, en tierra extraña.
  O definitivamente, la niña de Guatemala, tan llena de hermosura como de ánimo, de amor como de ideas. Hoy, desde una foto antigua, María García Granados, a través de su mirada luminosa, parece asegurarnos no haber impedimenta para irse ella también a la manigua.
Pero fue una hermosa camagüeyana, la que obnubiló al hombre: “tiene el color blanco anacarado, los labios de un punzó natural, los ojos pardos rasgados; el pelo, castaño dorado, como lo pintaba Tizziano”.
  La joven Carmen era altiva y voluntariosa, de linaje Zayas-Bazán. Él venía de una familia ‘sin pergaminos”. Carmen amaba la tradición; su José, urgido por apremios que  ni el amor maternal pudo postergar, se daba sin tregua al amor mayor.
  Con los años se supo de contradicciones aún antes del matrimonio. Martí reconoció en su novela Amistad Funesta, tal vez invadido por nostalgias o premoniciones, que los líricos se apegaban con tal ardor a la mujer que aman, todo a la primera. “Voy lleno de Carmen, que es ir lleno de fuerza” escribió alguna vez; pero también alguna vez la fuerza de Carmen – y quizás, más, la fe le faltaría.
  En La Habana o Nueva York el matrimonio vive en frecuentes zozobras y separaciones, más dolorosas al nacer el hijo. En la fría ciudad norteña estará siempre a mano, para lo que sea menester, la dulce y animosa Carmita Miyares, esposa de Manuel Mantilla. Bajo el mismo techo de los Mantilla, Martí mas de una vez habrá de sufrir el dilema de quien ama con grandeza y necesita buscar respuestas a demasiadas preguntas. Tiempos para una Carmen cada vez más lejos de su alma y otra Carmen, como Ángel de la Guarda.
  De la Miyares, dijo Blanche Z. Baralt: tenía clara inteligencia, finísima intuición… no he conocido alma más caritativa  y abnegada”.
  Muchos historiadores y literatos andan de costado por este sendero de la vida de Martí. Los moralistas palidecen, los canijos sietemesinos, murmuran.
  En noviembre de 1882 nace María Mantilla, a quien Martí llamó hija, y sobre la que volcó la otra mitad de su vida destinada al pequeño Ismaelillo.
  Muchos aseguran que la Zayas-Bazán percibió que otro amor diluía el suyo, pero tal parece que no había nada de diluir. Cuando consigue regresar a Cuba el 27 de agosto de 1891, estaba dando término definitivo a un matrimonio infeliz, mientras separaba sin despedidas, padre e hijo. “Hubo un hombre a quien crucificaron una vez, pero a mí me crucifican todos los días” fue el grito ahogado. Las gestiones consulares, sin el consentimiento de Martí, era colofón suficiente.
  Carmen Zayas-Bazán , en opinión de Gonzalo de Quesada y Miranda, “fue para él las hojas caídas de su rosa blanca”.
  Carmen Miyares de Mantilla, al saber de la muerte del héroe clamó al vacío, “si no fuera por mis hijos bajaría la cabeza y me dejaría llevar… toda mi felicidad se ha ido con él”.

©La Jiribilla

La Avenida más ancha del mundo

  
                                                                              
por Zilia L. Laje

    Cuando yo visité Buenos Aires por primera vez, en octubre de 1973, y me hospedé en el Sheraton, la Avenida 9 de Julio iba desde la calle Juncal donde quedaba la Embajada Francesa hasta Hipólito Yrigoyen. Habían ido derrumbando manzanas enteras de edificios (entre las calles Cerrito y Carlos Pellegrini al norte de Rivadavia, y al sur entre Lima y Bernardo de Irigoyen) para lograr la calle más ancha del mundo  como de alrededor de unos 116 metros y yo me tomé fotografías en los dos extremos.  (Alegan que la calle Rivadavia es la máslarga del mundo).  Oía decir que iban a seguir extendiéndola y me propuse seguirle el progreso. Volví en noviembre de 1980 con mi hijo y nos hospedamos en Florida House y en el Alcázar, y llegaba entonces hasta la calle Venezuela, y habían ido adornándola con fuentes y monumentos, como el Quijote a Manuel de Cervantes. En ese proyecto habían caído muchos edificios, como el Teatro Municipal; sólo el Ministerio de Obras y Servicios Públicos perdura. Y, cuando regresamos en diciembre de 1988 y nos hospedamos en Las Américas, ya la habían completado y la recorrimos a pie, como alrededor de unos 2,700 metros, hasta el extremo, en la calle Constitución, donde queda la iglesia Santa Rosa de Lima y la entrada a un túnel, quizás de los ferrocarriles interurbanos General Roca que parten de la estación Constitución. 


GITANISMOS EN EL HABLA POPULAR CUBANA



Un campamento gitano cerca de Arlés, visto por el pintor Vincent van Gogh.

Roberto Soto Santana

Además de las numerosas y valiosas aportaciones de los pueblos ibéricos (o sea, peninsulares) e isleños (es decir, canarios y baleares) al vocabulario del español hablado en Cuba, los inmigrantes gitanos han contribuido lo suyo a la conformación multisecular del habla popular cubana.

Entre otras, las siguientes palabras del caló se han asilvestrado en Cuba, desde que el primer gitano, un herrero llamado Jorge Leal, obtuvo autorización para trasladarse a la Isla en 1602: acurdar (emborrachar) , andoba (fulano), barín (bueno), berro (cólera, disgusto), birlar (robar), bisnar (vender), de butén (de maravilla, de primera), chiva (soplón, delator), chola (cabeza), chota (soplón), chusma (muchedumbre vulgar, coba (halago, adulación), cúmbila (compañero, amigo), curda (embriaguez, borrachera), furnia (cueva), garito (casa de juego), guillarse (hacerse pasar por algo distinto de lo que se es, hacerse el tonto), jamar (comer), jarana (broma), jeta (cara), jiña (excremento), jiñar (defecar), jiribilla (salero, gracia), mangar (engañar), menda (yo), pargo (homosexual), pirabear (fornicar), pirar (marcharse, irse), puro-pura (padre, madre), sandunga (donaire, garbo), sornar (dormir).

Ninguna de ellas, salvo “furnia”, fue incluida por el sabio lingüista Esteban Pichardo en las sucesivas ediciones de su “Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas” (titulado así a partir de la edición de 1849).

Aunque andoba, barín, berreado, cúmbila, curda, curdearse, chiva, jamar, jiñar, mangar, menda, pargo, pirabear, pirarse, y puro-pura han quedado recogidos en el “Diccionario cubano de términos populares y vulgares”, compilado hace menos de veinte años por Carlos Paz Pérez –con aquellos mismos significados determinados hace más de siglo y medio por Esteban Pichardo-.

Fuentes consultadas:
(1) DERUBÍN JÁCOME RODRÍGUEZ (Matanzas, 1948), en
(2) Ver cita del eugenista HARRY H. LAUGHLIN, laureado posteriormente por el III Reich, y autor de Codificación y análisis de las leyes de inmigración..., en http://www.revistapersona.com.ar/Persona11/11Ramella08-2.htm y ampliar lecturas en (CAPÍTULO VIII -MIGRACIONES CON "PUERTAS CERRADAS" ANTE LA CRISIS Y LA GUERRA) sobre la prohibición de entrada de la inmigración gitana, implantada en Cuba en 1936).
(3) Carlos Paz Pérez. Instituto del Libro, La Habana, 1996.


¿Cuál es el origen de la expresión ‘Hablando del Rey de Roma…’?

Alfred López

18 julio 2012
 
 
A través del grupo en Facebook de este blogJudit López me realiza la consulta sobre el origen de la expresión ‘Hablando del Rey de Roma…’.
La frase completa viene a ser ‘Hablando del Rey de Roma, por 
la puerta asoma’ y se utiliza cuando en una conversación se está mentando a una persona ausente y justo en ese momento hace acto de presencia.
Pero en realidad en la expresión se formo a raíz del término “Ruin de Roma” ya que en su origen no se utilizaba ‘rey’’ y ese ruin al que señala el dicho no era otro que el mismísimo Papa de Roma.
Esto se había originado en el siglo XIV, durante el periodo del Papado de Aviñón (1309-1377) y en el que, para referirse al Pontífice de Roma, se comenzó a utilizar la palabra ruin, al que consideraban el mismísimo diablo.
Con el transcurrir del tiempo y el uso popular, se terminó haciendo la rima  añadiéndole el famoso‘por la puerta asoma’. Expresión que podemos encontrar incluso en una de la ‘Leyendas’ de Gustavo Adolfo Bécquer (más concretamente en la de ‘Maese Pérez, el organista’ (1861), en la que aparece en un par de ocasiones la siguiente frase: <<En hablando del ruin de Roma, cátale que aquí se asoma >>.
Cabe destacar que en otros idiomas podemos encontrar variantes a ruin/rey como  ‘diablo’ o ‘lobo’ quedando la frase del siguiente modo, en unos pocos ejemplos de los muchísimos que hay:
  • “Speak of the devil and he doth appear” (Hablar del Diablo y asomar) ingles
  • “Говорим за вълка, а той – в кошарата” (Hablar del lobo y estar en la puerta) búlgaro
  • “Quand on parle du loup, on en voit la queue” (Cuando hablamos del lobo, se le ve la cola) francés
  • “Falando do diabo, apareceu o rabo” (Hablando del diablo, aparece su rabo) portugués
  • “Si parla del diavolo e spuntano le corna” (Se habla del diablo y aparecen los cuernos) italiano
  • “Qui del llop parla, el llop li surt” (Quien del lobo habla, el lobo le sale) catalán
  • “Otsoa non aipa, han gerta” (Donde se menciona el lobo, ahí aparece) euskera
  • “Falando do rei de Roma, pola porta asoma” (Hablando del rey de Roma por la puerta asoma) gallego
En castellano, alguna variante aparece como “Hablando del Papa de Roma…”
 

Como la Ola Marina


Clara A. García (†) (Cuba)

Es una persona que encontré perdida,
que se encrespa furiosa de alcanzar
importancia y valores en la vida,
para nunca lograrlos, a pesar
que ya estaba llegando a la orilla,
sin llegar, como alcanza la ola la playa
retrayéndose al mar.

Es mejor ser un agua tranquila
que no puedan jamás abatar
ni corrientes, ni aires, materia podrida;
difícil en oleadas alcanzar,
porque son como playas prohibidas,
sin maldad y con fuerza, como el mar.

Tienen un no sé qué…


Hilda Norma Vale (Argentina)
 
Tienen un no sé los días domingos,
de aromas olvidadas y de hiedra,
de esperanza de encuentro y despedida,
de parques, de senderos y de ausencia.

Tienen un no sé qué los días domingos,
no sé qué de Alfonsina y Baldomero,
un no sé qué de barrios y veredas,
un no sé qué de citas y recuerdos.

Tienen un no sé qué los días domingos:
mi verso inmóvil y tu nombre quieto.

Otoño de mis Recuerdos


René  León

He regresado a mi viejo hogar
y he ido a mis montañas queridas.
Ya va llegando el otoño,
las hojas van cayendo lentas
como si estuvieran cansadas.
El cielo esta azúl, de un añil profundo suave,
la temperatura va cambiando.
De la lejanía llega a intervalos
el mugido de reses que pastan en el campo.
Las hojas de verde azulado, grises, amarillas,
caen y un dulce silencio nos rodea,
sólo roto por unas abejas tardías
que zumban sobre las flores ya marchitas.
El paisaje ligeramente ondulado,
los árboles erguidos frente al aire
sutil fino y transparente.
Todo es severidad y grandiosidad,
el tiempo se va deslizando
en silencio, entre montañas grises
que pronto se cubriran de nieve.
Pasan las horas, los minutos, segundos
y me siento diferente interiormente.
La luz, el color, los ruidos, el canto de los pájaros,
todo es especial en este tiempo.
Los años van pasando sobre mi
y extraño aquel paisaje,
tan bello, natural, con su aire sutil y fresco.
Y siento dentro de mi,
un dolor por lo perdido,
que se que nunca más va a volver

en mi vida. 

Los Mayas Sucumbieron por un Colapso Ambiental



  El arqueólogo estadounidense Richard D. Hansen aseguró que el uso excesivo de los recursos naturales daño al sistema agrícola. El colapso de la civilización maya tanto en las ciudades del preclásico, se debió a la depredación ambiental por la “excesiva tala” y desforestación y daños al sistema agrícola, aseguró el arqueólogo estadounidense Richard D. Hansen. “Se trató de un colapso y no de un abandono, porque el segundo es temporal; en tanto que el primero representa un abandono a largo plazo”. El arqueólogo y ambientalista de la Universidad Estatal de Idaho, afirmó que las ciudades del período preclásico (1000 a.C.- 150 de.C) fueron “las más grandes del mundo en cuanto a su volumen, incluso las de mayor población en Mesoamérica”.

Gracias a Todos Nuestros Lectores!


Roberto Soto Santana
Miembro de la Academia de la Historia de Cuba (Exilio)

En calidad de sucesora de la edición impresa –que tuvo una larga trayectoria en la producción cultural en lengua española-, pero por derecho propio, la publicación PENSAMIENTO en formato digital ha alcanzado, cumplido el primer año de su andadura en la Red, la categoría de anales de primer orden del magín literario y la investigación histórica del mundo hispánico.
            Ello es así porque PENSAMIENTO Digital se ha convertido en escaparate de los creadores del ámbito hispánico, tanto de aquéllos en verso y prosa como en las artes plásticas, tanto de España como de Hispanoamérica y de la herencia española en la América de ascendencia anglosajona pero que también ya ha hundido vigorosas raíces en la cultura en español.
            La unidad en la creación en español que ejemplifican los contenidos sucesivamente incorporados al fondo documental de PENSAMIENTO constituye el paradigma del proceso de transculturación que ha terminado por lograr transfundir en todo el ámbito de habla española, sin solución de continuidad, los estándares estéticos y los cánones lingüísticos de la cultura que comparten los pueblos que hablan y piensan en español, digan lo que digan los indigenistas de salón –los que pretenden retrotraer el reloj de la civilización del continente americano a una época falsamente dorada, que es lo que en verdad fue la época de los sacrificios humanos (verbigracia: aztecas, mayas e incas) y de los imperios prehispánicos basados en una economía y una sociedad raigalmente esclavistas, estratificada y sin el menor asomo de inquietudes humanistas-. Lo cual no quiere decir que carezcan de valor los aspectos positivos que puedan quedar entre los vestigios de la Indoamérica múltiple y variada ensalzada por Victor Raúl Haya de la Torre y analizada agudamente desde una óptica marxista por José Carlos Mariátegui. Vestigios que no han sobrevivido ni han trascendido al poso cultural de los pueblos del Nuevo Mundo.
            Los autores pretéritos cuya obra se evoca y se reproduce en las páginas virtuales de PENSAMIENTO Digital, y los autores contemporáneos de la actualidad que van aportando continuamente nuevos productos de su imaginación creativa, sea poética, narrativa o ensayística, encuentran en esta publicación anfitriona y promotora acogida y difusión de carácter mundial, como demuestran las estadísticas de acceso a este blog por parte de lectores en países tan diversos como Estados Unidos, Alemania, España, Rusia, Reino Unido, México, Argentina, Colombia, Venezuela y Chile.
            Ha sido fundamental y continúa siendo decisiva la inspiración y la superior dirección y coordinación que en la estructuración y el enriquecimiento del presente blog desempeña su Editor, don René León, cubano de pro, abogado de las causas a favor de la Libertad dondequiera aunque muy particularmente en la Isla que le vio nacer y donde se formó y se hizo adulto, y en lo individual un publicista con una larga nómina de libros de poesía, de prosa y especialmente de ensayo, así como una vinculación vitalicia con los estudios históricos –singularmente, los dedicados a Cuba, México y la Norteamérica desde sus antecedentes vikingos hasta mediados del siglo XX-. Esos volúmenes de su autoría, así como las publicaciones que ha patrocinado, co-redactado y editado a lo largo de su vida, nutren los fondos de consulta de las bibliotecas de Universidades en distintos países, incluida la Biblioteca Nacional de España, en Madrid.

            Más de un punto en común tienen don René León y don Miguel de Unamuno: con cita de las palabras y la actitud de este último, León no ha aceptado nunca “que se someta ni una sola línea de mis escritos (…) a la censura de la tiranía”. Por ello, como su parigual salmantino, el habanero León escogió, tras sufrir una dura pena de años de  prisión política, el camino del Exilio, adonde no ha descansado su pluma en la defensa de la Verdad, la Belleza y la Justicia.

Mes de la Hispanidad

El malecón habanero



30 de agosto de 2013  http://www.habanaradio.cu/



El malecón habanero constituye el lugar por excelencia de citas y encuentros fortuitos para estrechar o iniciar relaciones sociales y personales en un ambiente  muy  especial.

  Tomando como referencia los estudios del historiador Carlos Venegas, este tramo que disfrutan los capitalinos, cubanos todos y por supuesto, el visitante extranjero, era en las primeras décadas del siglo XIX una faja entre San Lázaro y el mar que había quedado para usos militares y por tanto se prohibía edificar. No obstante, los ímpetus de la recreación no dejaron que el sitio pudiera aprovecharse para otras actividades como los baños de mar, por lo que a partir de 1830 comenzaron a aparecer una serie de casetas de madera en el lugar durante los meses de verano, y desde entonces una nueva función se sumaría a este ambiente natural en relación directa con la ciudad.


  La idea de trazar un paseo costero comenzó a manejarse desde el siglo XIX, destacándose entre los proyectos célebres el de Don Francisco de Albear, brillante  ingeniero a quien los habaneros le deben un acueducto más moderno e higiénico. Su muerte en 1887 lo sorprendió sin materializar sus ideas acerca de este paseo multifuncional que recogía los destinos defensivos, comerciales y recreativos, que al final habían sido los más comprometidos con la ciudad. Los deseos de urbanizar esta zona persistieron hasta los finales del siglo XIX, incluso, en plena contienda con los Estados Unidos. Es entonces al gobierno interventor norteamericano a quien correspondería la continuidad de este proyecto y el comienzo de su tramo inicial.

  Entre 1901 y 1902  se construye el primer trayecto  desde el Paseo del Prado a la calle Crespo,  bajo las órdenes de los ingenieros de la intervención Mr. Mead y el ayudante Mr. Whitney. Se pensó en un paseo arbolado, pero la propia naturaleza del lugar por los frecuentes temporales demostró lo inadecuado del diseño, de allí que, permaneciera solo la presencia del muro liso como límite entre la ciudad y el mar, imagen perecedera que lo ha identificado a través del tiempo. Sobre estos primeros momentos del malecón, Venegas afirma que “…con su avance interrumpidos por tramos, tuvo durante sus primeras décadas poco valor como vía de enlace  con otras áreas de la capital. Más bien constituyó una alternativa del Paseo del Prado, del cual venía a ser una prolongación hacia el oeste, en pos de la hermosa vista del mar.”

  Esta vinculación quedaba establecida por  la continuidad de los portales y más tarde con la erección de una glorieta de aspecto neoclásico, inaugurada en 1902, en la intersección de ambas vías, que devino verdadero regalo al público para el disfrute de la banda de música y sus retretas. Con todo, la zona se volvió un sitio concurrido que se transitaba a pie con el fin de recorrerlo de un extremo a otro, hasta que apareció la oportunidad de transitarlo velozmente con el automóvil que se imponía de moda. A la par, fueron mejorando las parcelas que hasta el momento le habían dado la espalda  y continuaban mirando hacia San Lázaro. Ahora se rectificaban y hacían nuevas construcciones, revalorizando grandemente el peso residencial del lugar. Otras funciones comenzaron a sumarse como la comercial y recreativa, en las que se destacaron el edificio para el Union Club y el Hotel Miramar.

  Más adelante, en su investigación sobre el malecón habanero, el historiador mencionado describe sus más relevante valores de entonces, y afirma: “Su atractivo radicaba en su propia situación natural, frente al espléndido panorama del mar abierto y en su carácter de senda o recorrido a lo largo de la ciudad que le hacía accesible a la población desde cualquier parte y momento. (…) El muro en institución concurrida y gratuita y a su largo el uso popular iba dejando las denominaciones emanadas del acontecer diario y trivial: la rotonda de los pescadores, el rincón caliente…” Los tradicionales baños de mar fueron desplazados al oeste, hacia el litoral posterior a la desembocadura del río Almendares, más tarde convertidos en balnearios y clubes exclusivos.

  En 1925 el paisajista francés Jean C.Forestier arribó a La Habana para emprender un Plan Director que dotara a la capital de obras públicas monumentales que la colocaran a la par de las ciudades de Europa y América más desarrolladas. En sus propuestas quedó incluido el embellecimiento del malecón. Se prolongó hacia el oeste, en el momento rodeado de viviendas aisladas, con jardines, diferentes a las del tramo anterior. Completarían el nuevo diseño un conjunto de parques y monumentos como el del Maine, que realzaban su influencia a escala urbana, acrecentado más tarde con la construcción del hotel Nacional en los terrenos de la antigua batería de Santa Clara y el cual estuviera muy vinculado a la historia política de la República. Este crecimiento del malecón se desarrollaba marcado por la actividad turística en aumentó y la posibilidad de convertir la zona en un futuro centro de hoteles.

  El otro extremo de la ciudad antigua había quedado sin su tramo de malecón. Con el desarrollo de las nuevas inversiones hacia el oeste de la capital, la ciudad histórica había quedado como centro comercial y administrativo en primer lugar, y residencial de las capas medias y pobres de la capital. Sin embargo, la prolongación del malecón hacia esta  parte se hizo con un carácter diferente. Se logró rellenando, con restos de otras obras demolidas, los bajos entre el área del Castillo de La Punta y los muelles hacia el sur de la ciudad, quedando finalmente embellecidas. Como bien apunta Venegas, el objetivo fundamental de esta empresa “…era la ubicación destacada de una serie de edificios públicos que se planeaban entonces y calificar el acceso al Palacio Presidencial ya construido”.

  Quedaría así terminada la franja que bordeara todo el litoral sirviéndole de balcón a la ciudad y permitiendo, a través de una vía rápida, su conexión con el resto de ella. Los parques y monumentos, que en sus intersecciones se fueron construyendo desde las primeras décadas del siglo XX, le otorgaron un alto valor urbanístico y ambiental que transformaron por completo la imagen de La Habana hacia el mar: además del monumento erigido a la voladura del acorazado Maine, contarían también los erigidos a los Generales independentistas Gómez y Maceo, a los estudiantes de Medicina fusilados en 1871 por el gobierno español y pequeños parques arbolados de las calles o  calzadas que en él desembocaban. La Avenida del Golfo, como se le llamó, se convirtió, más que en un paseo peatonal, en una ruta expedita hacia cualquier parte de La Habana. Con todo, su muro sencillo y continuo, de 7 km de largo, ha permanecido por más de un siglo en la preferencia de habaneros y visitantes, como sitio ideal de descanso y esparcimiento. Acertadamente llamado, “el asiento más largo de Cuba”, el malecón habanero ha devenido símbolo de la ciudad capital y de su vínculo indisoluble con el mar. El llamado malecón tradicional es uno de los proyectos de rehabilitación más importantes dirigidos por la Oficina del Historiador, que cuenta ya con numerosas edificaciones y espacios recuperados.



PRESENTACIÓN DE REPENTE


María Eugenia Caseiro y el Dr. Luis Angel Casas. Foto: Ivelisse Torres
Por Luis Ángel Casas (Cuba) (†)

Señoras y señores:

  Importa María Eugenia Caseiro. Ella es lo importante, y muy importante. Lo que mucho importa y la que importa mucho. No importa la presentación que se le haga, afortunada o desafortunada. Allá el presentador. Después de todo, quien la presente no tiene por qué aspirar a lucirse. La que tiene que lucir, no lucirse, es María Eugenia, y lucir como lo que es: una auténtica joya de las Letras, con un enorme talento propio y condiciones innatas que la capacitan para el éxito.
  María Eugenia Caseiro es dueña de una personalidad muy definida, y muy seria: muy madura desde que era casi una niña, familiarizada desde entonces con la lectura de los clásicos españoles de la poesía, cuyas obras se sabía y se sabe de memoria. Creció en un ambiente hogareño exclusivo. Su Abuela, un personaje inolvidable, forjó su carácter con sus enseñanzas que ella recuerda y agradece diariamente, poniéndolas en práctica sin dudar un solo momento, rindiendo así homenaje a esa gran maestra, de originalidad avasalladora, a quien pudiéramos llamar “dama de hierro”, “profesora de energía”, “dadora del buen consejo”, “antóloga del refranesco decir y del oculto saber”, y de agudezas y sutilezas propias.  
  Nada en María Eugenia es falso ni producto de un esfuerzo por querer ser. Más que una niñez alucinada, fue la suya una iluminada niñez reveladora de una gran evolución espiritual.  Así, cuando mira al cielo, no sólo es capaz de ver allá arriba La ciudad del sol, de Campanella,  sino “la ciudad de Dios”, con gente entregada a múltiples quehaceres; y cuando ve las paredes de su casa, esas paredes se transforman en pantallas de cine donde se proyectan las escenas más increíbles y a veces aterrorizadoras. Todo en María Eugenia es auténtico, nunca hijo de la fantasía. Por eso hay que leerla con respeto, y por eso me he detenido en una somera presentación de su niñez, que es un anticipo de lo que ha llegado a ser esta presentación de hoy,  avalada por una infatigable labor, cuyo reconocimiento la ha llevado a ocupar el cargo de Miembro Colaborador de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, Correspondiente de la Real Academia. Y a esto se unen los innumerables reconocimientos que le han otorgado distintos países del mundo. Baste decir que integra la Muestra Permanente de Poesía Siglo XXI de la Asociación Prometeo de Poesía.
  “Nueve cuentos para recrear el café” se titula el libro que hoy me honro en presentar, escrito por María Eugenia Caseiro y publicado en Francia, en edición bilingüe: español y francés, por la Editorial Equi-Librio. Un libro cuya lectura recomiendo sin temor a equivocarme. No he de ser yo como el imprudente que la otra noche, sentado detrás de mí en la sala de un cine, comentaba en voz alta, con otro, la película que ya había visto y que yo estaba viendo por primera vez, anticipándose a los acontecimientos y descubriendo el desenlace, o sea, no voy a hacer lo mismo con estos nueve cuentos, para dejar que recreen el café sin intromisión mía y que los tomen de sorpresa a ustedes.

  Me limito a felicitar, en primer término, a la autora del libro, María Eugenia Caseiro, y a todos los que han intervenido en esta materialización de un modo u otro. Como muestra, eso sí, dejemos que María Eugenia Caseiro nos lea, haciendo gala de su bella voz y de su impecable dicción, uno de estos nueve cuentos y después nos explique la manera de adquirir este libro. Ya verán ustedes que acercarse a él resulta fácil. Lo difícil es alejarse de él después de haberlo leído, porque se habrá transformado en insustituible libro de cabecera.