DE CUANDO EMIL LUDWIG ESTUVO EN LA HABANA, PARA HACER EL ELOGIO DEL PRESIDENTE BATISTA


Por Roberto Soto Santana (de la Academia de la Historia de Cuba – Exilio)

                De estirpe judía, alemán de nacimiento (1881) y nacionalizado suizo (1932), el prolífico escritor labró su fama imperecedera en la Literatura gracias a la verdadera sarta de biografías que pergeñó a lo largo de su vida –particularmente, entre 1927 y 1947, periodo en el que glosó y publicó, entre otras muchas, las vidas de Napoleón, Goethe, Jesucristo, Abraham Lincoln, Hindenburg, Cleopatra, Roosevelt, Hitler, Mussolini, Stalin, Beethoven y Freud-.
                Como escribe Arnaldo Momigliano en el prólogo “El estado ambiguo de la biografía”, de su libro “Génesis y desarrollo de la biografía en Grecia” (Fondo de Cultura Económica, 1986), “En los principales tratados sobre el método histórico que se han escrito desde el siglo XVI, se considera normalmente a una biografía como una de las formas legítimas del escrito histórico”. Y pone como ejemplo a Jean Bodin, historiador precisamente de ese siglo, quien “distinguió entre la historia de un hombre y la de una nación entera”.
                Por otra parte, Benedetto Croce (en su “Historia de la historiografía italiana en el siglo XIX”, 2ª edición, p. 282) dejó dicho, en una apreciación aventuradamente cruel, que “escritores como Ludwig son los Guido da Verona de la historiografía” (según el citado Arnaldo Momigliano, era este Guido da Verona “un novelista menor, medio sentimental, medio pornográfico, de los años veinte”).
                Emil Ludwig y el austriaco Stefan Zweig tuvieron en común, como escritores dedicados al género biográfico, la práctica exclusión de toda clase de fechas en sus relatos sobre las vidas de personalidades relevantes de la Política, de la Literatura y de la Cultura en general, y el enfoque casi exclusivo sobre el estudio desde el punto de vista psicológico de las personalidades que historiaban. Para verificar este aserto, basta leer cualquier espécimen de sus copiosas obras biográficas. Si bien no puede dejar de advertirse que ambos supieron identificar y analizar magistralmente la influencia de la sociedad de cada época en las personalidades biografiadas.
                Por eso podemos aplicar a la obra de Emil Luwig la conclusión a la que llegó Arnaldo Momigliano de que “La biografía ha adquirido un papel ambiguo en la investigación histórica: puede ser un instrumento de investigación social o puede ser un escape de las investigación social…[Pero] No es probable que en el presente alguien ponga en duda  que la biografía es una clase de historia”.
                Con esas salvaguardas puede abordarse la narración y la valoración de la fugaz visita de Emil Ludwig a Cuba, casi coincidente con la estación de las lluvias del año 1944 -no pudiendo hablarse en relación con Cuba de primavera, verano, otoño e invierno, ya que con mayor propiedad debe hablarse de una estación de lluvias –de mayo a noviembre- y de una estación de la seca –de diciembre a abril-, dentro de un clima de sabana prevaleciente en toda la Isla (“Geografía de Cuba”, por el Dr. Leví Marrero, 5ª edición ampliada, 1981, pp.68-92)-.
Según una crónica obrante en el portal de Internet www.habanaradio.cu y firmada por Elías Gracia con fecha del 17-4-2009, “El escritor y biógrafo Emil Ludwig llegó a Cuba acompañado de su esposa Helga, el 9 de abril de 1944, por lo que pudo palpar el ambiente electoral del país —era año de elecciones presidenciales— y seguir por la prensa el acontecer de la Segunda Guerra Mundial, que constituía el grueso de las noticias diarias.
“El escritor y diplomático cubano Gonzalo de Quesada y Miranda daba del visitante este curioso retrato: ‘Sin duda alguna se le ve más viejo que en la mayoría de las fotografías. Da de momento la sensación de un hombre cansado, a lo que contribuyen quizás los pesados párpados, tras los cuales no tardo en descubrir unos ojos penetrantes y escrutadores.
“A Ludwig lo traía a Cuba el propósito de reunir información para un libro por encargo y contratado de antemano. Con 65 años sobre sus hombros, fama cimentada en una obra de gran aceptación en el mundo de los lectores e indiscutible maestría para “hacer” libros, el autor alemán se daba el lujo de “sentarse a pedir”. Veamos aquí un fragmento de sus declaraciones, porque contienen una apreciación interesante. Dijo así: ’Cuba debe aspirar a que la extraordinaria vida y obra de Martí sean conocidas en el extranjero’.
“Ludwig llegó para trabajar en su libro Biografía de una Isla (Cuba), escrito a la manera de un recorrido por la historia del país, desde los tiempos del descubrimiento hasta el presente, es decir, hasta 1944, incluyendo observaciones muy personales y polémicas sobre los jefes cubanos que combatieron por la independencia. Este libro no se publicó en español hasta 1948 (recién había muerto Ludwig) y en opinión de los conocedores, nada aportó a su carrera ni a su gloria literaria”. 
Tenida en cuenta esta información documental, queda precisado, entonces, que Ludwig llegó a La Habana en abril de 1944 (y no en el año 1941, como afirma una bienintencionada fuente), que su edad era la de 63 años (y no 65, como acabamos de ver que afirma otra fuente), y que fue a Cuba para acopiar datos e impresiones con vista a escribir un libro para cuya redacción había sido contratado previamente (y no a estudiar la obra literaria de José Martí, como también se ha dicho).
Los honorarios por ese libro -que fue finalmente publicado en 1948 en primera y única edición por la Editorial Centauro, de México, con el título de “Biografía de una isla”-, y los gastos de viaje y estancia en Cuba presumiblemente le deben haber sido abonados a Ludwig con cargo al presupuesto de gastos del Ministerio de Educación o del Ministerio de Estado (éste no es un dato contrastado sino una conjetura del autor de este trabajo, dado el contenido del libro en cuestión –con elogios a raudales para la obra presidencial batistiana- y la deducible premisa de que no parece razonable suponer que Batista o cualquier otra figura de su entorno político se hicieran cargo de todos esos desembolsos con cargo a su peculio particular, teniendo todavía el erario público a su alcance). El periodo presidencial de Fulgencio Batista concluía el 1 de octubre de 1944, y, a la vista de la prohibición constitucional de presentarse como aspirante a un segundo mandato consecutivo, el General había anunciado expresamente que respetaría los resultados de las elecciones señaladas para el 1 de junio de 1944. La presencia de Ludwig y el libro que éste iba a escribir estarían llamados, si fuere correcta esta suposición, a ser a corto plazo testimonio de reconocimiento y alabanza del paso de Batista por la Historia nacional, y a reforzar las posibilidades de elección tanto de su “delfín” como candidato a la presidencia de la República como del propio Batista a una curul de Senador por la provincia de Las Villas (los objetivos primero y tercero se lograron, el segundo no se cumplió); a largo plazo, podrían abonar el camino para un regreso de Batista al Poder en las próximas elecciones (de 1948).
El sucesor escogido por Batista fue el Dr. Carlos Saladrigas, respaldado por la llamada Coalición Socialista Democrática (integrada por el Partido Liberal, la Unión Nacionalista, el Partido Socialista Popular –los comunistas-, el Partido Demócrata, y los exiguos restos del “ABC” -que en su época de esplendor había sido impulsor de la lucha clandestina determinante de la caída de la dictadura machadista, en agosto de 1933-).
Por cierto, en la edición del 11 de mayo de 1944 –tres semanas antes de las elecciones presidenciales- del diario HOY –órgano oficial de los comunistas-, el Dr. Juan Marinello Vidaurreta (consagrado ensayista y estudioso de José Martí, y, en ese momento, ministro saliente del gobierno de Batista) escribió lo siguiente: “…si a nuestro Partido Socialista Popular se le pregunta por qué fué el primer grupo político en señalar a Carlos Saladrigas para su más elevada misión, el Partido simplemente diría que lo había hecho así porque Saladrigas, por un millar de razones convincentes, significa la continuidad de la acción progresista, democrática y popular, de Fulgencio Batista”.
En los comicios del verano de 1944 resultó vencedor el Dr. Ramón Grau San Martín, al frente de la “Alianza Auténtico-Republicana” –formada por el Partido Revolucionario Cubano(Auténtico), en esa época titular de una prosapia democrático-revolucionaria tras diez años consecutivos de aspiración al Poder, opacados por la dominación de la política nacional que desde la Jefatura del Ejército había venido ejerciendo Batista a partir de fines de 1933, y por el recién creado Partido Republicano (liderado por el Dr. Gustavo Cuervo-Rubio, quien había sido Vicepresidente de la República con Batista, durante el cuatrienio 1940-1944).
De la visita habanera de Emil Ludwig quedó asimismo otro testimonio de excepción, dado por el escritor Enrique Labrador Ruiz, fallecido en el Exilio, en Miami, en 1991. Se trata de dos hojas manuscritas que se conservan en la Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami (en la caja nº4, carpeta nº356, sin título y sin fecha, en la Colección número CHC0111, cuyos facsímiles se pueden ver a través del portal http://merrick.library.miami-edu/digital projects). El manuscrito de Labrador Ruiz dice así (la transcripción siguiente es del autor del presente trabajo): “A la Habana llegó Emil Ludwig en busca de un artilugio que se llamaría no sé cómo. No habla sino su nativo alemán y algo de francés pero el señor que estaba en la Presidencia ni se inmutó. Vino de intérprete Gonzalo de Quesada y Miranda y aquella charla fue definitiva. Después de unas copas de champán pidió retirarte (sic) el Maestro; Gonzalito indagó en cuanto a sus impresiones. “No se puede leer los clásicos después de los 40…Todo se enreda, se confunde y ni Aristóteles es Aristóteles ni las formulaciones sobre periodos tienen el menor interés. Nunca he visto nada semejante”. Creo que fue una buena tajada. No se perdió el viaje y andando el tiempo salió su librillo mostrenco sobre la Isla maravillosa o cosa parecida. ¿Secreto del espejo? Ni por casualidad surge por parte alguna el nombre de ese bárbaro que llevó a Cuba a la noche de iracundos gestos. Dejó hacer al otro bárbaro para cuidar sus fondos y ante esa constante usura fragmentada ¿qué puede el gesto de los prudentes? Nos quedamos a tolerar, nos tuvimos que ir después de dilaciones y humillaciones, y la sombra del guajirito siniestro sigue en pie. No se le hizo el libro pero le queda la estatua labrada por los años de años de Fidel. Congelada en estéril estiércol”.
¿Se puede colegir que “ese bárbaro que llevó a Cuba a la noche de iracundos gestos” y el “guajirito siniestro” es Batista, que el “otro bárbaro” a quien aquél “Dejó hacer…para cuidar sus fondos” es Fidel Castro, y que el “librillo mostrenco” es “Biografía de una isla”? Es posible.
El autor del presente trabajo es propietario de un ejemplar del libro “Paradojismo”, publicado en Madrid en 1963, cuyo autor es precisamente Fulgencio Batista y en cuyas páginas 25 a 32 –ambas inclusive- se transcribe la nota biográfica, profusamente encomiástica, insertada por Ludwig en su “Biografía de una isla”. El ejemplar del libro que cito tiene en la portadilla una dedicatoria fechada en enero de 1968, con la firma autógrafa del General Batista, a favor de don Juan Antonio Álvarez de Estrada (quien ocupó la jefatura de Protocolo del desaparecido Ministerio de Información y Turismo, cuando el generalísimo Franco era Jefe del Estado).
Refiriéndose a las elecciones del 1 de junio de 1944, Ludwig dice: “Yo presencié esas elecciones acompañado por el joven ministro de Defensa [Arístides Sosa de Quesada], uno de los más prestigiados y eficaces colaboradores de Batista, que había sido alcalde facto de La Habana, jefe del Servicio Jurídico y del Cuerpo de Cultura Militar, y director de los organismos civicomilitares creados en 1936. Visité los colegios electorales e interrogué a los electores. Fueron elecciones ejemplares, con absoluta garantía para todas las tendencias. Batista, que fue hostigado por los contrarios, llamándosele dictador, respetó desde la Presidencia todos los derechos ciudadanos, sociales, políticos e individuales, y, con devoción, la libertad de Prensa y los medios de expresión garantizados por la nueva Carta de la República…El candidato derrotado, doctor Carlos Saladrigas, y el candidato doctor Ramón Grau San Martín, fueron al palacio presidencial y se abrazaron en presencia de la multitud…en el balcón vi entonces nuevamente a Batista salir sonriente a recibir un homenaje cuyo valor moral era superior al suyo propio de cuatro años antes. En este momento opté por él, y pensé que la democracia tenía muchísimo más valor cuando es practicada por un hombre que comienza como autócrata. La derrota de Batista era su mayor victoria”.
Pero el enaltecimiento de la figura de Batista por parte de Ludwig no se limitó al libro que finalmente llegó a escribir, y resultó publicado en 1948. Emilio Roig de Leuchsenring, en un artículo titulado “Descreimiento patriótico, incivilidad, malcriadez, vagancia”, publicado en la revista CARTELES del 21 de mayo de 1944 y reproducido en www.opushabana.cu, cuenta que el biógrafo alemán asistió, junto al presidente Batista, al acto de inauguración del Rincón Martiano, en las antiguas canteras de San Lázaro, y que el visitante publicó en el diario EL MUNDO una crónica del evento en la que dijo, refiriéndose al pueblo, “que nunca olvidaré en medio del barullo del verdadero pueblo, entre centenares de seres humanos blancos, mulatos y negros, en medio de los trajes elegantes y las camisas abiertas de abigarrados colores, de los obreros, se detuvo el automóvil del Presidente, apenas con escolta militar, sin cordón policiaco, de una manera tan popular, como no sería posible en ninguna democracia de  Europa” ‘y aun de casi todas las “democracias” de Europa, agregaría yo’ –las últimas once palabras de esta cita reproducen el comentario apendicular de Roig de Leuchsenring, y no forman parte de las palabras de Ludwig; o sea, que en 1944 el incienso para sahumar a Batista lo repartieron tanto Ludwig como Roig de Leuchsenring-.
Ludwig, en una palabra, fue a Cuba a adoptar la misma actitud de apologista respecto de Batista que desempeñaron los más adelante exiliados Enrique Pizzi de Porras y el Dr. Antolín González del Valle Ríos (con su libro encomiástico “Batista: Trayectoria Nacionalista”, Director General de Enseñanza Superior en 1952, e igualmente autor de la obra “Dirección del Aprendizaje del Dibujo”, publicada en 1943 y todavía en 2004 calificada dentro de Cuba como “trascendental” en la enseñanza de esa disciplina).


Fecha: 27 de noviembre de 2012 17:33

Asunto: las fotos de mis amigas estadounidenses residentes en Madrid, a mi lado, en el American Club of Madrid Board of Directors Meeting de oct. 2012

La Editorial Cubana Luis J. Botifoll -

 Por Dr. Armando F. Cobelo

La “Editorial Cubana” es una corporación fundada por el Dr. Luis J. Botifoll como una iniciativa del Patronato Ramón Guiteras Intercultural Center adscrito al Colegio de Belén. Luis Botifoll puso su brillante inteligencia y su corazón hasta el final de sus días en el desarrollo de esta institución, adoptando las ideas del inolvidable maestro de la educación cubana, el Dr. Juan J. Remos, padre de esa figura del periodismo del Exilio, el Dr. Ariel Remos. Así comenzó este hermoso proyecto que ha perdurado hasta nuestros días.
  Al fallecer el Dr. Botifoll asumió el cargo de Presidente con entusiasmo  y tesón, nuestro gran amigo el Dr. José Ignacio Rasco, hombre de largo historial en nuestra comunidad, fundador de la Editorial Cubana, de otras instituciones, prolífero y brillante articulista y publicista. A Rasco mi agradecimiento por considerarme para ocupar su posición, y a la directiva por apoyarlo. En los primeros años de 1990, los hombres pensantes de nuestro exilio concebían ideas de cómo mantener activa nuestra cultura. En 1994 surge la Editorial Cubana, y se inscribe como una corporación sin el objetivo de recaudar fondos para beneficio de sus miembros. A Botifoll se le unen reconocidas figuras de la diáspora cubana: el Padre Marcelino García, Armando Alejandre, Antonio Abella, Guillermo Jorge y otros. Más tarde se unen como directores ejecutivos José Antonio Rasco, Sofía Powell Cosio y Luisa Murai Botifoll. Estos datos que aquí aporto son parte de ls historia del exilio; el historiador René León me ha invitado a escribir estas notas para su publicación. A él le doy gracias por la oportunidad. Constituida la editorial Cubana bajo la Presidencia del Dr. Luis Botifoll, el Colegio de Belén de Miami, Florida, facilita un espacio administrativo y de reunión, en la “Ramón Guiteras Memorial Library”, fundada en 1972. Desde los primeros momentos, comenzaron a unirse a la Editorial notables figuras de la comunidad. La primera Directiva aplicó la ya aprobada y registrada Constitución, su cuerpo legal, y sus Estatutos y artículos de funcionamiento de la misma (by-laws). Fueron considerados como miembros fundadores los que aparecen en la inscripción de la corporación. Ningún miembro ejecutivo de esta corporación devenga salario, al igual que en otras instituciones culturales de la comunidad. Nuestro Ejecutivo está constituido por los que hemos titulado, “colaboradores”, con voz y voto. Son considerados como directores todos los que se nos unan a mantener este proyecto que ya tiene 26 años de fundada. No queremos cansar a los lectores con detalles de los libros facsimilarmente reproducidos. Siendo hasta el momento 50 títulos.
  El objetivo principal de la Editorial Cubana es de reproducir obras clásicas de nuestro patrimonio, total o parcialmente agotados de autores ya fallecidos; el atraer nuevos lectores, jóvenes, y los no tan jóvenes, que deseen conocer o revisar la bibliografía de nuestra patria. Están colaborando con nosotros asociaciones como Fundación P. Félix Varela de Miami, la Asociación de Educadores Cubano-Americanos (NACAE) y el Círculo de Cultura Panamericano Nacional y Local, que nos han conferido un gran honor al dedicarnos su último congreso, joya de las presentaciones culturales locales.
  Desde nuestro inicio el Colegio Belén ha colaborado en una forma continuada, con un espacio donde tenemos los libros de ediciones anteriores; nos reunimos periódicamente y realizamos eventos culturales. Es importante mencionar que estamos anexos a la Ramón Guiteras Memorial Library y a su Colección Cubana, con más de 8,000 publicaciones abierta al público de lunes a viernes de 9 de la mañana a 3 de la tarde. La dirección  es: 500 SW 127th Ave. Miami, 33184, el teléfono para comunicarse con la Directora Marta Cosculluela, es: 786-621-4092.
  En el futuro seguiremos aunando esfuerzos en la difícil, pero continuada labor, de solicitar la cooperación de los amigos y seguidores de esta institución, para continuar publicando otros libros ya agotados, de la historia cubana, tan añorados por la diáspora.

Calixto García: Un Cubano de Conducta Intachable -

Por René  León

  Calixto García un hombre que lo dio todo por la independencia de Cuba, pero que a finales de la guerra de independencia, tuvo que soportar la traición del mando americano cuando se rindieron las fuerzas españolas en Santiago de Cuba, al no permitir que las tropas mambisas entraran en la ciudad, so pretexto de que iban a cometer atrocidades con los residentes españoles. Bajeza que afectó a su honor militar y le hizo pedir la baja como Jefe de las fuerzas a su mando. Ninguno de sus aguerridos  soldados que lo acompañaron en toda la campaña, pudo entrar en Santiago. García le envía una carta de protesta al general Shafter, donde le dice:” Circula el rumor que, por lo absurdo, no es digno de crédito general, de que la orden de impedir a mi Ejército la entrada a Santiago de Cuba ha obedecido al temor de venganza y represalias contra los españoles. Permítame Ud. que proteste contra la más ligera sombra de semejante pensamiento, porque no somos un pueblo salvaje que desconoce los principios de la guerra civilizada.”  Èste le responde: “Yo no puedo discutir la palabra del gobierno de los Estados Unidos al querer que continúen en sus puestos las personas que los ocupaban. Le remito copia de la instrucción del Presidente…”  Las tropas cubanas   habían salvado a los americanos de numerosos descalabros militares por su incapacidad.
  Ésta fue otra de las tantas bajezas y traiciones que los cubanos tuvimos que soportar. La Junta de Gobierno de Nueva York, había enviado, antes de empezar las operaciones militares de los Estados Unidos, una orden al General Máximo Gómez y al Lugarteniente General Calixto García, la de no iniciar más operaciones de combate contra el ejército español y secundar a las fuerzas norteamericanas. Orden que  Gómez y García expresaron su desacuerdo protestando, aunque aceptaron de mal gusto. Los españoles estaban imposibilitados de realizar ninguna aventura militar fuera de sus cuarteles. Máximo Gómez en su diario escribía, al terminar la guerra: “Tristes se han ido ellos (españoles) y tristes nos hemos quedado nosotros; porque un poder extranjero los ha sustituido…”
  Después de pasar por este amargo momento, le llega la injusticia del Consejo de Gobierno que le destituyó de su cargo. La acta del 13 de agosto de 1898 contentiva del acuerdo en el que se destituye del cargo de Lugarteniente General a Calixto García. Decía así: “En la Viuda –Camaguey- a trece de agosto de mil ochocientos noventa y ocho, reunido el Consejo de Gobierno bajo la presidencia del Presidente de la República Mayor General Bartolomé Masó y Márquez, con la asistencia de los señores Ernesto Fonts y Sterling, Secretario de Hacienda en propiedad y encargado interinamente de la cartera de Guerra; Saturnino Lastra, Subsecretario de Hacienda en el desempeño de esa cartera el acuerdo tomado en sesión de doce de mayo último; Nicolás Alberdi, Subsecretario del Exterior, interinamente en el desempeño de esa cartera por ausencia del Secretario nombrado al efecto, por enfermedad del Sr. José Clemente Vivanco, que es lo en propiedad, se declaró abierta la sesión dándose lectura al acta de la anterior, que fue aprobada. ( El Consejo, después de leer el acta acusaba a García que no obedecía las órdenes civiles y se negaba a reconocer a los funcionarios civiles nombrados por ellos,  imponiendo a otros que respondían a su autoridad) Ellos decían:”…Ha sido en Oriente un mito la existencia del Gobierno Civil. El Jefe de aquel Departamento Militar con propósitos malignos ha destruido la organización que en vano he tratado de implantar en dicho territorio. Abusando de la autoridad militar, ejerciendo coacciones incalificables sobre los funcionarios civiles y desautorizando públicamente las Leyes emanadas del consejo de Gobierno…dictando disposiciones para que los funcionarios civiles de las ciudades evacuadas por el enemigo sean designados por una autoridad militar y no obedezcan más órdenes ni se sujeten a más Leyes que las que fueran dictadas por él… “ ( Ellos acordaban, primero, que habiendo García desmerecido la confianza del Consejo, que se le destituyera del cargo. Segundo, que se procediera contra él por las faltas cometidas y que eran castigadas por la Ley Penal). En La Viuda, agosto 13 de 1898. Después de leída el acta se acordaba la destitución de García por dejar de merecer la confianza del Consejo. Pero al mismo tiempo se aprobaba la destitución de García como Jefe del Ejército en la zona Oriental. La segunda: “En cuanto a la segunda proposición resuelve se pase a la Secretaría de la Guerra para que averigüe la certeza de los hechos que se denuncian dando cuenta del resultado.”
“No habiendo otro asunto de que tratar se dio por terminada la sesión. Bart. Masó, Ernesto Fonts y Sterling. Dr. N. Alberdi, Sto. Lastra”
  Es llamado por  Estrada Palma para participar en unas conversaciones en Washington, como delegado del Ejército Libertador, con el gobierno de los Estados Unidos (muy importante: no se reconocía a Cuba como República). En el banquete celebrado, supuestamente en su honor, el 11 de diciembre de 1898, sufre una apoplejía fulminante que le causa la muerte. El cadáver nunca fue entregado a los miembros de la delegación allí presente, lo cual aumenta la sospecha que había sido envenenado, cosa que nunca se confirmó. Cuando su cadáver fue enviado por el gobierno norteamericano a Cuba,  una gran multitud lo esperaba para rendirle respeto y un homenaje póstumo, y las fuerzas de ocupación desalojaron y atropellaron a los miembros de la Asamblea del Cerro, quienes emitieron una protesta al interventor, y ellos como si nada, se burlaron nuevamente de los cubanos e ignoraron a aquel ilustre general que había dado toda su vida por la libertad de Cuba, traicionada luego por los integristas cubanos y españolizantes. Bajo una fuerte custodia del ejército intervencionista fueron sepultados los restos de Calixto García, sin estar presentes sus compañeros de armas.
  Francisco Figueras en su libro La Intervención y su política, publicado en 1906, decía sobre los americanos: “ mantienen aún y mantendrán por largo tiempo todavía la rencorosa hostilidad, que es natural de los vencidos, cuando los vencedores han obtenido la victoria por ajena cooperación…hubiera ocurrido, de lograr los cubanos el triunfo con su propio y exclusivo esfuerzo” entonces “esos elementos de oposición no existirían, porque habrían desaparecido envueltos y enterrados en la derrota y su triunfo mismo –el de los libertadores-, a más de darles la razón, hubiera acabado por legitimar su derecho a imponer al país la forma de gobierno de sus aspiraciones”. Termina diciendo Figueras:” Pero la victoria ha sido americana, y por serlo, no ha podido tener virtud para soldar en definitiva, sino sólo en apariencia, la base quebrantada de la vieja sociedad cubana. Mientras que esa soldadura no se realice, todo lo que sobre ella se edificare, estará amenazado de ruina y de colapso”. Estaba bien claro Figueras, y se ha demostrado con el tiempo, por gobiernos irresponsables Cuba está destruida y en el exilio seguimos igual, desunidos.
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Calixto Garcia 1898

CASI -


Por Blanca M. Segarra

Estuve a punto de decir que SÍ
y tu recuerdo en mi boca puso un NO
estuve a punto de aceptar un frenesí
y un viejo sentimiento sola me dejó.

Casi, casi jugué con la pasión
y al borde de olvidar que me quisiste
no pude reinventarme un corazón

el mío te lo llevaste y no lo devolviste

¡MUJER…


! Por Emilio J. León (†)

Fui todo ojos para ti. ¡Mujer!
Plenas mis pupilas de tus carnes
invadiendo las fibras de mi mente
y obedeciendo al instinto milenario
sus velas desplegó el deseo
por la roja corriente de mi sangre…
¡Y me deshice en un todo perdido en la nada!
¡Sólo ojos fui para ti, ¡Mujer…!

Mi Poesía -


Por Antonio A. Acosta

Mi poesía
es la pura esencia de mi vida;
raíz y simiente de mi infancia.
Es el clamor que busca una salida,
la gardenia que cuida su fragancia.

Mi poesía
es puerto donde carenan naves rotas,
es refugio de paz y de añoranza,
donde alzan su vuelo las gaviotas
buscando un nuevo grito de esperanza.

Mi poesía
lleva en cada verso su decoro;
no obedece a colores ni linaje,
no valora al hombre por su oro,
ni pos su posición ni por su traje.

Yo quisiera
con mi vocablo endurecer el brazo,
pero jamás encallecer el corazón.
Unir en un binomio, en fuerte lazo,

la justicia humana y la razón. 

LA POLÍTICA DE LOS PAÑOS CALIENTES -

Por  Roberto Soto Santana 
de la Academia de la Historia de Cuba (Exilio)

            En la edición del 20 de julio de 2010 de ENFOQUE3, el analista, ex preso político y Académico de la Historia de Cuba Saturnino Polón ha hecho un comentario tan incisivo como claro sobre la actitud conciliadora del  Episcopado cubano respecto del régimen comunista. Sin estridencias pero con firmeza, el Sr. Polón comienza por distinguir entre la Iglesia Católica como comunidad de fieles –de un lado- y la jerarquía episcopal que la pastorea y su culmen gubernativo radicado en el Vaticano –del otro lado-. Sentada esa distinción, el Sr. Polón señala que la Santa Sede “ha estado secundando la solución mediante la componenda por ya más de un tercio de siglo…Pero ni el cardenal Ortega es comunista ni el Vaticano es un nido de izquierdistas. Ellos sencillamente están operando desde su óptica, con lo que ellos consideran buenas intenciones y, por supuesto, tratando de adelantar sus intereses…Nada mejor que convertirse en eficiente e imprescindible mediador con el fin de restablecer su Carisma y una preeminencia moral e intelectual. El objetivo del Vaticano es claro y transparente cuando se tiene la cabeza clara y se razona con precisión. Pero el objetivo del Vaticano es genuino, y a ello tienen derecho. Para muchos, entre ellos obviamente este autor, sus Fines no son del todo convenientes a la Nación Cubana. Y sus métodos francamente discutibles…la crítica absurda e irracional es francamente detestable y debe rechazarse y denunciarse…Es la hora de las definiciones y la cabeza existe para pensar. Que cada cual escoja, pero que no alegue luego que no sabía…Como dijo José Martí, hay que estar dispuestos a escoger la estrella que ilumina y mata…Porque a los mansos bueyes que prestan servicio a los Señores solo les toca un Destino…Ahogarse en el fangoso océano de la servidumbre…sin alcanzar jamás la orilla…”
            Resulta evidente que con exquisitas maneras –como debe hacerlo un buen polemista- el Sr. Polón lanza un aviso para navegantes sobre el hecho de que de la política de equidistancia entre el pueblo cubano y el Régimen comunista (que Monseñor Jaime Ortega practica desde que encabeza la Iglesia Católica cubana al serle impuesto el capelo cardenalicio en 1994) solamente se beneficia ese Régimen –lavándole la cara ante la opinión pública mundial, sin que tenga que ceder un ápice de su política represora de cualquier discrepancia ideológica ni permitir el más mínimo ejercicio de la plenitud de los derechos y libertades consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada por la O.N.U. en 1948-.
            ¿Es que a estas alturas puede quedar alguna duda en cualquier persona bienpensante de que en Cuba no se respetan la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión (Artículo 18) –sí, incluso la libertad de religión, ya que la declaración de fe religiosa sigue impidiendo el acceso a la enseñanza universitaria y a la promoción laboral-; la libertad de opinión y de expresión y a recibir informaciones y opiniones y difundirlas sin limitación de fronteras ni de medios (Artículo 19) –sí, ni se respeta el derecho a no ser molestado a causa de sus opiniones, ni existe el acceso libre a ningún medio de comunicación social independiente, en prensa, radio, televisión o Internet, salvo aquéllos cuyo contenido escoge y regula del Estado y, en el caso de Internet, limitado a los usuarios que autoriza caso por caso el Estado, sin perjuicio de la supervisión y control por la Policía política de todo el tráfico cibernético-;  la libertad de reunión y asociación (Artículo 20) –sí, que no puede ejercerse para dar voz a un movimiento de opinión contrario a las directivas del Estado-; el derecho a participar en el gobierno de su país (Artículo 21) -del que hace befa la imposición del Partido único, de la ideología única, y de la proclamación de una única candidatura en cada circunscripción, a través del procedimiento de la mano alzada-; el derecho a fundar sindicatos (Artículo 22) -cuyo ejercicio acarrea la persecución policíaca y el ostracismo político-social-; y un largo etcétera?
            Pues bien, a pesar de todas estas evidencias, en Cuba, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes y García Menocal ha expuesto públicamente el 28 de diciembre pasado, en su calidad de Vicario General de la Arquidiócesis de La Habana y durante la inauguración en el Obispado de Cienfuegos del aula Félix Varela, una serie de verdades a medias que dejaban en buen lugar al Régimen comunista, mientras callaba las que pondrían el dedo sobre la llaga de su verdadero e inveterado cariz opresor (véase el comentario insertado por el escritor y ex preso político Alberto Müller en su sitio www.albertomuller.net).
Así, Monseñor C.M. de Céspedes afirmó que hay que conocer el marxismo, aunque llegará el momento en que no haya un gobierno marxista en Cuba. Subrayó la necesidad imprescindible que el aula Félix Varela no se limitara a los católicos sino que estuviera abierta a todos los cubanos, incluyendo a los marxistas, a los cultos sincréticos, a los protestantes, a todos. Y asimismo, transcribiendo entrecomilladas las palabras de dicha crónica, "Ante una de las preguntas de los asistentes al evento, Monseñor de Céspedes expresó su apreciación de que hay voluntad de cambio en Raúl Castro y en sus más cercanos colaboradores, cambios que consideró que serán lentos, pasito a pasito, hacia una Cuba que no será un paraíso, algo que nunca fue, pero que deberá ser un país aceptable, donde todos quepan.
"En cuanto al marco legal de la Cuba futura, planteó que existen tres posibles soluciones en materia constitucional: usar la Constitución del 40 mejorada, aprovechar la del 76 con sus modificaciones incluidas, pero también mejorada o una constituyente que formule una nueva Constitución para Cuba". Ahí tenemos la actitud prudente, cautelosa y, sobre todo, muy cuidadosa por parte del tataranieto del Padre de la Patria, de no expresar protesta alguna, y mucho menos condena alguna, respecto del Régimen responsable de tantas salvajadas contra el pueblo de Cuba y contra la Iglesia Católica en especial. Habría sido impensable que su tatarabuelo hubiese entrado en un culipandeo similar al de quien aprecia voluntad de cambio en Raúl Castro y que estima sería posible aceptar la Constitución comunista promulgada en 1976 y modificada en 1992 -con su institucionalización por siempre jamás de una Cuba sin libertades y sin derechos, porque su Artículo 3, tercer párrafo, dispone (por cierto, con falta de concordancia gramatical de número entre sujeto y verbo) que “El socialismo y el sistema político y social revolucionario establecido en esta Constitución…es irrevocable, y Cuba no volverá jamás al capitalismo”.
¿Sería concebible que el Padre de la Patria hubiese aceptado dócilmente la continuación de la tiranía colonial y de la esclavitud, declarándose dispuesto a apreciar una voluntad de cambio en el sanguinario capitán general conde de Valmaseda, bajo el imperio de la Constitución colonialista española de 1869, en la que se mencionaba a Cuba una sola vez, y para eso en el Articulo 108 al solo efecto de incluir una pía expresión de buenas intenciones, sin compromiso firme alguno, al decir que  "Las Cortes Constituyentes reformarán el sistema actual de gobierno de las provincias de Ultramar, cuando hayan tomado asiento los Diputados de Cuba o Puerto Rico, para hacer extensivos a las mismas, con las modificaciones que se creyeren necesarias, los derechos consignados en la Constitución”?¿Son respetuosas con la lucha del pueblo cubano en todas las épocas, por su dignidad y sus libertades y en contra de todas las tiranías, las siguientes apreciaciones calzadas con la firma de Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, aparecidas en el periódico santaclareño VANGUARDIA del 27 de mayo de 2008 y reproducidas en la edición digital del 12 de junio siguiente del periódico GRANMA –órgano oficial del  Comité Central del Partido Comunista de Cuba-, bajo el título de “Breve aproximación personal al Che Guevara”?: “Casi todo en el Che debería ser contemplado a la luz de su opción coherente y radical por los pobres; de su pasión por lo que solemos llamar «justicia social». Tan coherente y radical, tan acerina fue su pasión, que lo llevó a la ofrenda de su propia vida. Y cuando un hombre entero llega a esos extremos, las discrepancias con él adquieren otro tono, pues tal hombre merece, no solo respeto, sino también admiración entrañable…A la hora de juzgar los hechos de una persona, no deberíamos eludir las motivaciones que tuvo para realizarlos, para asumir una actitud ante la vida. El Che no es una excepción. Una cosa son los excesos que podría haber cometido en el marco de esa «preocupación», y otra, de muy diverso carácter, las que cometen hombres y grupos por las sinrazones del egoísmo y la ambición desmesurada”.
Invocando esta argumentación el prelado cubano excusa, con la “preocupación” que estimaba animaba al lugarteniente de Fidel y Raúl Castro, “los excesos que podría haber cometido”  -es decir, sus fechorías-.  Horroriza pensar que con esta fundamentación “ética”  cualquier crimen contra la Humanidad pueda intentar ser disculpado o justificado.
Con esas valoraciones, no concitará Monseñor las simpatías ni de los supervivientes ni de los deudos de las víctimas de los espantosos juicios sumarísimos y los macabros fusilamientos dirigidos por Guevara en los fosos de la fortaleza habanera de La Cabaña, entre enero y noviembre de 1959. La pasión por la justicia social que cree haber advertido Monseñor en Guevara y que le llevó a sentir una “admiración entrañable” por él la dibujó en gruesos trazos el propio Guevara en el discurso que pronunció ante la Asamblea General de Naciones Unidas el 11 de diciembre de 1964, cuando dejó caer la siguiente perla (transcrita en el sitio www.discursosparalahistoria.wordpress/com): “Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cuál sería el resultado de una batalla perdida y también tienen que saber los gusanos cuál es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba”.
 Ya en una entrevista concedida al “Magazine de las Religiones en Cuba 1990” (Año 2, Nº 5), publicado por la agencia noticiosa Inter Press Service, había dicho Monseñor C.M. de Céspedes que “Siempre ha habido un apoyo por parte de la Iglesia norteamericana a la Iglesia cubana, por ejemplo y para citar un caso: fue la primera Iglesia que institucionalmente apoyó la declaración de los Obispos Cubanos contra el bloqueo”, validando así la imputación de bloqueo hecha por el Régimen comunista (para justificar el estrepitoso fracaso de sus políticas económicas) a lo que sólo ha sido un embargo comercial practicado por un único país (los EE.UU.) –y que, por cierto, siempre ha tenido muy limitados efectos prácticos, dada la exclusión del mismo de los medicamentos y de los productos alimenticios-.
Finalmente, cabe recordar que, en entrevista concedida en marzo de 2008 al programa radial miamense “La Noche Se Mueve”, a la pregunta sobre su reacción al anuncio hecho a mediados de 2006 de que Fidel Castro dejaba sus cargos temporalmente por motivos de salud, Monseñor C.M. de Céspedes contestó –entre críptico y encomiástico- que estando enfermo, abandonara sus cargos y los depositara en Raúl que era el sucesor evidente, me parece un buen gesto; que se enfermara sí lo lamenté, porque yo me lamento de cualquiera que sufre, también de Fidel Castro, porque se que su situación fue muy dura y sigue siendo dura y por supuesto lo lamentamos todos, los que eran amigos de él desde siempre y los que no eran amigos, simplemente por un problema de sentimiento cristiano para con otro. Ya valorar quién va a hacer mejor su gestión si él o el hermano, no es cuestión de decirlo y mucho menos de establecer comparaciones, son dos personalidades distintas, creo que las dos, independientemente que siempre tengan o no acierto, tienen un deseo grande de servir a Cuba a su modo, no siempre compartido ni por mí ni por todo el mundo, eso es evidente y el tiempo es el que hará el último juicio”.
Sin restarle merecimientos eclesiales e intelectuales al citado prelado –que los tiene de sobra- no se compaginan las anteriores declaraciones y actitudes –de paños calientes, ora tímidas, ora  obsequiosas, ante el Poder- con los sufrimientos del pueblo cubano, tanto el que está en  el Exilio como el que está dentro de las fronteras geográficas de la Patria.


No hay que ir tan lejos…

                                    Por   Ileana Fleites-La Salle

Me compré un catalejo
para mirar las estrellas;
contemplando desde lejos
descubrí cosas muy bellas.

Las nubes, el firmamento,
el sol, la luna, un cometa;
todo se ve con aumento
¡hasta divisar otro planeta!

Pero es una realidad
que (las) cosas significantes
las tengo en mi vecindad
(no hay que buscar tan lejos)
¡y esto es muy importante!

                      
                        Octubre, 2012

Recordando a Alfredo Kraus, a diez años de su muerte en 1999 -

Por  Rowland J. Bosch

  Se ha hablado de canto, cantantes, canciones, arias y opera. Hay quienes no distinguen estos términos. Cantar una canción, un lied o un aria con la voz natural no es igual a cantarla con una voz educada. Educar una voz necesita años de estudio, esfuerzo y sacrificios. Además el intérprete ha de poseer los dones que nos regala la Naturaleza: oído, voz, alcance, volumen, entonación, memoria, melodía y poder de interpretación y tal vez otras cosas más.
  España ha sido cuna de muy buenos cantantes del género clásico. Alfredo Kraus fue un ejemplo español de tenor lírico. En el pasado ha habido varios líricos de primera magnitud: veamos. D’Stefano, Alessandro Bonci, Giuseppe Anselmi, Giorgini, Luciano Pavarotti, Jan Kiepura, Ferrucio Tagliavani, Beniamino Gigli, Nicolai Gedda y otros, pero la voz de Kraus fue completamente lírica. Hay otras clasificaciones de tenores, veamos, lírico-ligero y wagneriano. Kraus fue siempre esencialmente lírico.
  Todo cantante debe ser bastante inteligente y sobre todo conocer su voz. Saber lo que puede hacerse o no con ella y hasta donde debe ser empleada. Kraus fue uno de estos cantantes inteligentes. Su carrera musical acaba de terminar cuando arribaba a los setenta y dos años de edad, después de un período de dos años de sufrimiento, depresión y desolación tras el fallecimiento de su esposa Rosa Blanca Ley Bird.
  Kraus sabía dominar a plenitud su voz. Jamás osó apartarse del repertorio que le encajaba. Operas como “La Favorita”, “Werther”, “Fausto”, “El Barbero de Sevilla”, “Manon de Massenet”, “Don Pasquale” y otras más formaron su repertorio habitual. No por eso dejó de grabar arias más dramáticas como “O Paradiso” de “La Africana”, “Celeste Aida”, “Cielo e Mare” de “La Gioconda” de Ponchielli y otras del repertorio dramático, pero siempre cuidando su cuerda. Y lo hizó más aún conociendo la catástrofe vocal de Giusseppe D’Stefano por aventurarse a cantar en obras más dramáticas.
  Kraus ciertamente murió de cáncer del páncreas pero para muchos de sus amigos como Teresa Berganza, la excelente mezzo-soprano española y para Ana Botella esposa del presidente del gobierno español, el cantante había muerto de amor. Le canto al amor con amor y éste se lo llevó a la tumba.
  A mediados de los años cincuenta surgió en España una voz franca, voluminosa y de extraordinario alcance, con pleno dominio de los “high C”, los que supo utilizar durante toda su carrera artística sin el más mínimo desgaste físico y con absoluta seguridad. Con notas altas que no lograron alcanzar Beniamino Gigli, ni Tito Schipa, quienes apenas llegaban a un “high B” o a un “B bemol”. Su pronunciación, su fraseo fácil y claro y su musicalidad le ganaron la admiración de todos y lo hicieron favorito de los públicos de varios continentes. Queda como recuerdo de su arte la grabaciones en discos, desde los Montilla, compañía disquera de la que era condueño hasta las “piratas” de los recitales que regaló al público en el Lincoln Center en Nueva York y en otras salas teatrales.
  La vida de Kraus comenzó en las Palmas de Gran Canaria en noviembre de 1927. Hizo su primer contacto con la música en el coro del colegio en que cursaba sus primeros estudios en su tierra natal. Una profesora de canto lo oyó cantar y lo animó a que comenzara sus estudios musicales. Kraus fue un perfeccionista y no dejó de ensayar y estudiar canto durante toda su vida. Tomo lecciones de Técnico industrial, pero el canto lo reclamaba y viajó a Barcelona a continuar su preparación. Después pasó a Milán donde bajo la tutela de la profesora Llopart completó su técnica vocal; continuó en Barcelona, con la profesora Markoff y con el maestro Andrés en tierras valencianas. Viajó a Ginebra en Suiza y ganó un concurso internacional y cantó  “Tosca” y  “Rigoletto” causando asombró por la hermosura de su voz y su melodioso timbre. Ya propietario de una magnífica reputación como cantante operístico recorrió Italia, España, Francia, Inglaterra, Alemania y Portugal, lugar en que cantó con la gran diva María Callas en “La Traviata”.
  En apenas tres años se encontró ya en primera línea no sólo como el mejor tenor español, sino como uno de los más grandes tenores de todos los tiempos, emulando la fama de sus antecesores Viñas, Gayarre, Fleta y Lázaro, pero con una técnica única que le permitió mantenerse a nivel mundial por más de cuarenta años. El “Met” de Nueva York siempre lo reservaba en cada temporada, y por muchos años lo hizo, de figura principal en óperas como “La Favorita”, “Werther”, “Don Pasquale”y en otras más, pero Kraus tuvo la inteligencia de rechazar otros roles no tan apropiados a su voz.
  Kraus tiene el mérito de haber sido uno de los pocos cantantes operísticos que con el transcurrir de los años y debilitarse su aparato fónico, supo gracias a sus profundos conocimientos técnicos vocales, cambiar la “impostación” de su voz y mantenerse a la altura de sus mejores tiempos, cosa que pocas veces sucede; también Tito Schipa lo hizo de tal modo que a los setenta y tres años, aún arrancaba aplausos frenéticos a la concurrencia.
  Ya por los finales de los años setenta, Kraus comenzó a ofrecer mas recitales. Pasó por Puerto Rico, Nueva York y por otras salas teatrales en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica. Kraus recorrió todos los géneros clásicos. Dominó la canción napolitana compitiendo en calidad con tenores italianos como Franco Corelli, Carlo Bergonzi, y Giuseppe di Stéfano, quienes fueron famosos en este género; recorrió el campo de la ópera desde Verdi hasta Puccini, consagrándose  a las obras de Donizetti, Rossini, Bizet y Gounod y a los antiguos clásicos Gluck, Pergolesi, Scarlatti y Mozart e interpretó fielmente a los veristas como Giordano y Mascagni. Actuó también en películas. Ahí está como magnífico ejemplo la interpretación que realizó de su antecesor Julián Gayarré en la cinta sobre su vida que años después filmó su compatriota José Carreras.
  Kraus fue velado en el teatro Real de Madrid el domingo doce de septiembre de 1999. Centenares de admiradores y amistades del tenor se aglomeraron a las puertas del teatro para darle el último adiós. Su féretro fue más tarde colocado en la cripta de la familia en el cementerio junto al de su esposa que le había precedido en dos años.
  La voz del gran cantante se ha apagado para siempre pero el canto, la fama y la admiración mundial que llenaron su vida seguirán vigentes por muchos años porque la voz de Alfredo Kraus fue única y su insólito timbre y sus agudos inconcebibles nos seguirán acompañando por mucho tiempo a través de sus grabaciones.

Expediciones que llegaron a Cuba durante la Guerra de 1868-1878. El gobierno de Estados Unidos su gran enemigo

Por René León
Al estallar el 10 de octubre de 1868 el inicio de la Guerra por la Independencia de Cuba, el pueblo norteamericano simpatizó desde el primer momento con el derecho de ser libre del pueblo cubano.. Mientras que en el gobierno del  Presidente Ulises Grant, y su Secretario de Estado Hamilton Fish, hicieron por parte de este último de impedir cualquier tipo de ayuda por ganar nuestra libertad del colonialismo Español. En Estados Unidos se habían formados Clubs que fomentaban la revolución. Reuniones, mítines, propaganda y protestas callejeras contra España, en las principales ciudades de la unión. Se dirigieron al Congreso varios memoriales, uno de ellos con más de 4,113 ciudadanos americanos del estado de Pensilvania, y del Estado de Nueva York, 72,000 que defendían el derecho de libertad. Mientras que Fish y otros senadores del Congreso, se oponían a reconocer nuestra revolución. Uno de los miembros del gabinete de Grant, que era el Secretario de la Guerra, John A. Rawlins apoyaba a los cubanos, pero al morir, se perdió la única voz en defensa de nuestra causa. Los siguientes presidentes no nos apoyaron, sólo promesas vagas, que no llegaban a nada. Fish que era nuestro enemigo más poderoso, consigue que el presidente Grant el 12 de octubre de 1871, firme un documento donde decía: “condenar a las personas inclinadas al mal…han traído sobre sus autores la condenación  de todos los ciudadanos honrados y observantes fieles de las leyes”. Diciendo que aquellos que han preparado expediciones contra territorios o dominios pertenecientes a potencias con quienes los Estados Unidos están en paz, serán condenados. Y dice en su proclama: “Declaro y proclamo, por la presente, que todas las personas  que de aquí en adelante sean halladas en los Estados Unidos de América infringiendo las leyes de los mismos, en alguna de las maneras explicadas, u otras análogas, en desprecio de la soberanía de la nación por cuyo motivo están sujetas a recibir castigo, serán perseguidas con todo vigor…” Ellos esperaban que diera fruto la política de la “fruta madura”.
  Así y todo los revolucionarios que se encontraban en los Estados Unidos pudieron organizar expediciones que llegaron a nuestras costas. Algunas se perdieron, pero otras trajeron hombres y armas, para continuar aquella heroica guerra contra el despotismo colonial español. Cuba se demoraría en ser libre, pero lo fue, por desgracia para nosotros los norteamericanos intervinieron en nuestra guerra final, para robarnos el triunfo, en la cual el gobierno en el exilio obligo a nuestros generales Calixto García y Máximo Gómez, a detener el avance triunfante.
  A continuación aparece una lista de las expediciones que llegaron a territorio cubano:

1868: Goleta inglesa Galvanie, sale de Nassau.
1869: Goleta Louisa Wilson, sale de Nueva York.
1869: Vapor Salvador, Cayo Hueso.
1869: Goleta Galvanie, sale de Nassau.
1869: Vapor americano Don, Nueva York
1869: Vapores City of Antwerp, Java, salieron de Nueva York.
1869: Vapor Eagle, sale de Nueva York.
1869: Vapor Mary Lowell, sale de Nueva York.
1869: Vapor: Perrit, sale de Nueva York.
1869: Vapor Henry Burden, sale de Jacksonville.
1869: Vapor Yacht, sale Nueva York.
1869: Vapor Anna, sale de Charleston.
1870: Goleta Mautrise, Jamaica.
1870: Goleta Virginia, sale de Santo Domingo.
1870: Vapor americano George B. Upton, sale de Nueva York.
1870: Vapor americano George B. Upton,sale de Nueva York
1870: Goleta Silemtiun, sale Nueva York.
1870: Balandro americano Champion, sale de Haití.
1870: Goleta Billie Bults, sale de Nueva York.
1870; Vapor Virginius, sale de Nueva York.
1871: Goleta Wawe, sale de Cayo Hueso.
1871: Vapor Hornet, sale de Nueva York.
1871: Vapor Florida, sale de Nueva York.
1871: Vapor Webter , sale Nueva York.
1872: Vapor Edgar Stuart, sale de Nueva York.
1871: Vapor Virginius, sale de Puerto Cabello, Venezuela.
1873: Goleta E.A.Canhron, sale de Filadelfia.
1873: Vapor Virginius, sale de Jamaica.
1875: Goleta inglesa Laura Pride, sale Haití.

  Se sabe que llegaron otras goletas, con pequeños alijos de armas y algunos hombres que procedían de los Estados Unidos. Esta lista demuestra que por mucho que hizo el gobierno americano para impedir el movimiento revolucionario en Cuba, la revolución se mantuvo vigente, contra el enemigo común, que era España. Seguro que si Martí no hubiera muerto al igual que Maceo, las cosas no hubieran sido como fueron.

ESCOCESES EN CUBA

Por  Filiberto Henderson

  Al parecer, la única prueba documental de la entrada en Cuba de extranjeros es la colección de Peticiones de Cartas de Domicilio. Estas cartas eran los documentos emitidos por el Gobernador de Cuba autorizando al extranjero peticionario a residir en la Isla y ejercer su ocupación.
  Con anterioridad al comienzo del siglo XIX, los españoles evitaron el establecimiento de personas de nacionalidad distinta a la española en Cuba y en las otras colonias de la América. Hubo sin embargo, algunas excepciones como el caso de los franceses refugiados en Cuba como resultado de la sublevación de los esclavos de Haití. Pero en este caso los franceses eran católicos y pertenecían a una nación que había dado la familia reinante de España.
  Fue al comienzo del siglo XIX y por real Orden que se permitió la inmigración de no españoles en Cuba. Así pues, los antecedentes relativos a las Cartas de Domicilio que ha sobrevivido al tiempo y al mal cuidado oficial, se encuentran en dos legajos entre los fondos del Extinto Gobierno Superior Civil de la Isla de Cuba, en el Archivo Nacional de la Habana. Estos legajos sólo contienen peticiones de 1818,1819, después faltan los relativos a las décadas de los 20,30,40 y terminan con los referentes a la década del 50. A partir de 1860 el registro de extranjeros se trasladó a la Capitanía del Puerto de la Habana.
  Debido al uso impreciso del término “inglés” en español, se hacía difícil distinguir a los ingleses, escoceses, irlandeses y galeses. Lo más que se puede es sospechar, por los apellidos quienes son los solicitantes de cada uno de estos países. El grupo de británicos, específicamente descrito como “escoceses” es el que sigue:
Nombre              Edad  Profesión    Entrada y Lugar de
                                                                  Petición
Aitken, Robert      24    Ingeniero    Nov.15,1857,Habana
Campbell, James  23   Ingeniero     Dic.9,1857,Cienfuegos
Carric,Robert           38    Ingeniero       Oct.13,1857,Habana
Dewar, William        26    Ingeniero       Oct.9,1857,Habana
Frazer,James           26     Agricultor      Feb.10,1858,Habana
Garvie,Isabel                                           May,25,1858,Habana
Gray,William          26     Ingeniero        Ene.19,1858,Habana
Herd, James            27     Ingeniero         Ene.10,1856,Habana
Kerr, John C.          25     Agricultor        Nov.10,1858,habana
Moore, William                                       Jun, 9,1856,Habana
Morrison,Robert    26     Agricultor        Nov.7,1858,Habana
More, Richard       28      Ingeniero         Jun.7,1858,Habana
Scott, David                                            Oct.22,1856,habana
Shearer,William    37     Ingeniero          Sept.12,1857,Matanzas
Toland.John        28     Ingeniero           Oct.12,1856,Habana

Flores del Otoño

De Rowland J.Bosch (poemas)

  En mis manos se halla un nuevo ramillete de frescas flores sonoras de este gran poeta cubano. Su maestría del “zapato chino” que es el soneto, queda demostrada en la flexibilidad de su técnica y en el don de su palabra. Los temas son acerca de la familia, el amor filial y personal , la Historia.
  Se trata de un poeta de voz cálida y bien modulada que agrada al oído y a la recitación, en expresiones originales y sublimes. La ternura depurada que habita en su poetizar, en especial acerca de su hijo, queda plasmada con un ritmo acorde a la intención filosófica del verso. Sin embargo, podemos oír, también en sus poemas, el grito desesperado por aquella que se fue, para no volver. Rowland es un artista que mantiene su oído pegado al devenir cultural y, para ello, una flor enérgica aunque sublimada acerca del desastre de un 11 de septiembre. Además, nos presenta una flor, en este ramillete colorido, sobre la Historia de su tierra natal, que muestra su pasión por la patria asechada y la melancolía de un trasplantado. Invitamos al lector a disfrutar de un poemario de ritmo musical y de rima impredecible además de su ingeniosidad. Saludemos a un gran poeta depurado, de tono amable aunque cala profundamente en el alma del lector y que nos deja en la mente el verdor de su imaginación, el perfume mental de una inspiración noble y una visión poética única en este mundo zafio en que vivimos hoy.

Comentario Luis Mendoza

DE CUANDO EMIL LUDWIG ESTUVO EN LA HABANA,
 PARA HACER EL ELOGIO DEL PRESIDENTE BATISTA
por Roberto Soto Santana (de la Academia de la Historia de Cuba – Exilio)

                De estirpe judía, alemán de nacimiento (1881) y nacionalizado suizo (1932), el prolífico escritor labró su fama imperecedera en la Literatura gracias a la verdadera sarta de biografías que pergeñó a lo largo de su vida –particularmente, entre 1927 y 1947, periodo en el que glosó y publicó, entre otras muchas, las vidas de Napoleón, Goethe, Jesucristo, Abraham Lincoln, Hindenburg, Cleopatra, Roosevelt, Hitler, Mussolini, Stalin, Beethoven y Freud-.
                Como escribe Arnaldo Momigliano en el prólogo “El estado ambiguo de la biografía”, de su libro “Génesis y desarrollo de la biografía en Grecia” (Fondo de Cultura Económica, 1986), “En los principales tratados sobre el método histórico que se han escrito desde el siglo XVI, se considera normalmente a una biografía como una de las formas legítimas del escrito histórico”. Y pone como ejemplo a Jean Bodin, historiador precisamente de ese siglo, quien “distinguió entre la historia de un hombre y la de una nación entera”.
                Por otra parte, Benedetto Croce (en su “Historia de la historiografía italiana en el siglo XIX”, 2ª edición, p. 282) dejó dicho, en una apreciación aventuradamente cruel, que “escritores como Ludwig son los Guido da Verona de la historiografía” (según el citado Arnaldo Momigliano, era este Guido da Verona “un novelista menor, medio sentimental, medio pornográfico, de los años veinte”).
                Emil Ludwig y el austriaco Stefan Zweig tuvieron en común, como escritores dedicados al género biográfico, la práctica exclusión de toda clase de fechas en sus relatos sobre las vidas de personalidades relevantes de la Política, de la Literatura y de la Cultura en general, y el enfoque casi exclusivo sobre el estudio desde el punto de vista psicológico de las personalidades que historiaban. Para verificar este aserto, basta leer cualquier espécimen de sus copiosas obras biográficas. Si bien no puede dejar de advertirse que ambos supieron identificar y analizar magistralmente la influencia de la sociedad de cada época en las personalidades biografiadas.
                Por eso podemos aplicar a la obra de Emil Luwig la conclusión a la que llegó Arnaldo Momigliano de que “La biografía ha adquirido un papel ambiguo en la investigación histórica: puede ser un instrumento de investigación social o puede ser un escape de las investigación social…[Pero] No es probable que en el presente alguien ponga en duda  que la biografía es una clase de historia”.
                Con esas salvaguardas puede abordarse la narración y la valoración de la fugaz visita de Emil Ludwig a Cuba, casi coincidente con la estación de las lluvias del año 1944 -no pudiendo hablarse en relación con Cuba de primavera, verano, otoño e invierno, ya que con mayor propiedad debe hablarse de una estación de lluvias –de mayo a noviembre- y de una estación de la seca –de diciembre a abril-, dentro de un clima de sabana prevaleciente en toda la Isla (“Geografía de Cuba”, por el Dr. Leví Marrero, 5ª edición ampliada, 1981, pp.68-92)-.
Según una crónica obrante en el portal de Internet www.habanaradio.cu y firmada por Elías Gracia con fecha del 17-4-2009, “El escritor y biógrafo Emil Ludwig llegó a Cuba acompañado de su esposa Helga, el 9 de abril de 1944, por lo que pudo palpar el ambiente electoral del país —era año de elecciones presidenciales— y seguir por la prensa el acontecer de la Segunda Guerra Mundial, que constituía el grueso de las noticias diarias.
“El escritor y diplomático cubano Gonzalo de Quesada y Miranda daba del visitante este curioso retrato: ‘Sin duda alguna se le ve más viejo que en la mayoría de las fotografías. Da de momento la sensación de un hombre cansado, a lo que contribuyen quizás los pesados párpados, tras los cuales no tardo en descubrir unos ojos penetrantes y escrutadores.
“A Ludwig lo traía a Cuba el propósito de reunir información para un libro por encargo y contratado de antemano. Con 65 años sobre sus hombros, fama cimentada en una obra de gran aceptación en el mundo de los lectores e indiscutible maestría para “hacer” libros, el autor alemán se daba el lujo de “sentarse a pedir”. Veamos aquí un fragmento de sus declaraciones, porque contienen una apreciación interesante. Dijo así: ’Cuba debe aspirar a que la extraordinaria vida y obra de Martí sean conocidas en el extranjero’.
“Ludwig llegó para trabajar en su libro Biografía de una Isla (Cuba), escrito a la manera de un recorrido por la historia del país, desde los tiempos del descubrimiento hasta el presente, es decir, hasta 1944, incluyendo observaciones muy personales y polémicas sobre los jefes cubanos que combatieron por la independencia. Este libro no se publicó en español hasta 1948 (recién había muerto Ludwig) y en opinión de los conocedores, nada aportó a su carrera ni a su gloria literaria”. 
Tenida en cuenta esta información documental, queda precisado, entonces, que Ludwig llegó a La Habana en abril de 1944 (y no en el año 1941, como afirma una bienintencionada fuente), que su edad era la de 63 años (y no 65, como acabamos de ver que afirma otra fuente), y que fue a Cuba para acopiar datos e impresiones con vista a escribir un libro para cuya redacción había sido contratado previamente (y no a estudiar la obra literaria de José Martí, como también se ha dicho).
Los honorarios por ese libro -que fue finalmente publicado en 1948 en primera y única edición por la Editorial Centauro, de México, con el título de “Biografía de una isla”-, y los gastos de viaje y estancia en Cuba presumiblemente le deben haber sido abonados a Ludwig con cargo al presupuesto de gastos del Ministerio de Educación o del Ministerio de Estado (éste no es un dato contrastado sino una conjetura del autor de este trabajo, dado el contenido del libro en cuestión –con elogios a raudales para la obra presidencial batistiana- y la deducible premisa de que no parece razonable suponer que Batista o cualquier otra figura de su entorno político se hicieran cargo de todos esos desembolsos con cargo a su peculio particular, teniendo todavía el erario público a su alcance). El periodo presidencial de Fulgencio Batista concluía el 1 de octubre de 1944, y, a la vista de la prohibición constitucional de presentarse como aspirante a un segundo mandato consecutivo, el General había anunciado expresamente que respetaría los resultados de las elecciones señaladas para el 1 de junio de 1944. La presencia de Ludwig y el libro que éste iba a escribir estarían llamados, si fuere correcta esta suposición, a ser a corto plazo testimonio de reconocimiento y alabanza del paso de Batista por la Historia nacional, y a reforzar las posibilidades de elección tanto de su “delfín” como candidato a la presidencia de la República como del propio Batista a una curul de Senador por la provincia de Las Villas (los objetivos primero y tercero se lograron, el segundo no se cumplió); a largo plazo, podrían abonar el camino para un regreso de Batista al Poder en las próximas elecciones (de 1948).
El sucesor escogido por Batista fue el Dr. Carlos Saladrigas, respaldado por la llamada Coalición Socialista Democrática (integrada por el Partido Liberal, la Unión Nacionalista, el Partido Socialista Popular –los comunistas-, el Partido Demócrata, y los exiguos restos del “ABC” -que en su época de esplendor había sido impulsor de la lucha clandestina determinante de la caída de la dictadura machadista, en agosto de 1933-).
Por cierto, en la edición del 11 de mayo de 1944 –tres semanas antes de las elecciones presidenciales- del diario HOY –órgano oficial de los comunistas-, el Dr. Juan Marinello Vidaurreta (consagrado ensayista y estudioso de José Martí, y, en ese momento, ministro saliente del gobierno de Batista) escribió lo siguiente: “…si a nuestro Partido Socialista Popular se le pregunta por qué fué el primer grupo político en señalar a Carlos Saladrigas para su más elevada misión, el Partido simplemente diría que lo había hecho así porque Saladrigas, por un millar de razones convincentes, significa la continuidad de la acción progresista, democrática y popular, de Fulgencio Batista”.
En los comicios del verano de 1944 resultó vencedor el Dr. Ramón Grau San Martín, al frente de la “Alianza Auténtico-Republicana” –formada por el Partido Revolucionario Cubano(Auténtico), en esa época titular de una prosapia democrático-revolucionaria tras diez años consecutivos de aspiración al Poder, opacados por la dominación de la política nacional que desde la Jefatura del Ejército había venido ejerciendo Batista a partir de fines de 1933, y por el recién creado Partido Republicano (liderado por el Dr. Gustavo Cuervo-Rubio, quien había sido Vicepresidente de la República con Batista, durante el cuatrienio 1940-1944).
De la visita habanera de Emil Ludwig quedó asimismo otro testimonio de excepción, dado por el escritor Enrique Labrador Ruiz, fallecido en el Exilio, en Miami, en 1991. Se trata de dos hojas manuscritas que se conservan en la Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami (en la caja nº4, carpeta nº356, sin título y sin fecha, en la Colección número CHC0111, cuyos facsímiles se pueden ver a través del portal http://merrick.library.miami-edu/digital projects). El manuscrito de Labrador Ruiz dice así (la transcripción siguiente es del autor del presente trabajo): “A la Habana llegó Emil Ludwig en busca de un artilugio que se llamaría no sé cómo. No habla sino su nativo alemán y algo de francés pero el señor que estaba en la Presidencia ni se inmutó. Vino de intérprete Gonzalo de Quesada y Miranda y aquella charla fue definitiva. Después de unas copas de champán pidió retirarte (sic) el Maestro; Gonzalito indagó en cuanto a sus impresiones. “No se puede leer los clásicos después de los 40…Todo se enreda, se confunde y ni Aristóteles es Aristóteles ni las formulaciones sobre periodos tienen el menor interés. Nunca he visto nada semejante”. Creo que fue una buena tajada. No se perdió el viaje y andando el tiempo salió su librillo mostrenco sobre la Isla maravillosa o cosa parecida. ¿Secreto del espejo? Ni por casualidad surge por parte alguna el nombre de ese bárbaro que llevó a Cuba a la noche de iracundos gestos. Dejó hacer al otro bárbaro para cuidar sus fondos y ante esa constante usura fragmentada ¿qué puede el gesto de los prudentes? Nos quedamos a tolerar, nos tuvimos que ir después de dilaciones y humillaciones, y la sombra del guajirito siniestro sigue en pie. No se le hizo el libro pero le queda la estatua labrada por los años de años de Fidel. Congelada en estéril estiércol”.
¿Se puede colegir que “ese bárbaro que llevó a Cuba a la noche de iracundos gestos” y el “guajirito siniestro” es Batista, que el “otro bárbaro” a quien aquél “Dejó hacer…para cuidar sus fondos” es Fidel Castro, y que el “librillo mostrenco” es “Biografía de una isla”? Es posible.
El autor del presente trabajo es propietario de un ejemplar del libro “Paradojismo”, publicado en Madrid en 1963, cuyo autor es precisamente Fulgencio Batista y en cuyas páginas 25 a 32 –ambas inclusive- se transcribe la nota biográfica, profusamente encomiástica, insertada por Ludwig en su “Biografía de una isla”. El ejemplar del libro que cito tiene en la portadilla una dedicatoria fechada en enero de 1968, con la firma autógrafa del General Batista, a favor de don Juan Antonio Álvarez de Estrada (quien ocupó la jefatura de Protocolo del desaparecido Ministerio de Información y Turismo, cuando el generalísimo Franco era Jefe del Estado).
Refiriéndose a las elecciones del 1 de junio de 1944, Ludwig dice: “Yo presencié esas elecciones acompañado por el joven ministro de Defensa [Arístides Sosa de Quesada], uno de los más prestigiados y eficaces colaboradores de Batista, que había sido alcalde facto de La Habana, jefe del Servicio Jurídico y del Cuerpo de Cultura Militar, y director de los organismos civicomilitares creados en 1936. Visité los colegios electorales e interrogué a los electores. Fueron elecciones ejemplares, con absoluta garantía para todas las tendencias. Batista, que fue hostigado por los contrarios, llamándosele dictador, respetó desde la Presidencia todos los derechos ciudadanos, sociales, políticos e individuales, y, con devoción, la libertad de Prensa y los medios de expresión garantizados por la nueva Carta de la República…El candidato derrotado, doctor Carlos Saladrigas, y el candidato doctor Ramón Grau San Martín, fueron al palacio presidencial y se abrazaron en presencia de la multitud…en el balcón vi entonces nuevamente a Batista salir sonriente a recibir un homenaje cuyo valor moral era superior al suyo propio de cuatro años antes. En este momento opté por él, y pensé que la democracia tenía muchísimo más valor cuando es practicada por un hombre que comienza como autócrata. La derrota de Batista era su mayor victoria”.
Pero el enaltecimiento de la figura de Batista por parte de Ludwig no se limitó al libro que finalmente llegó a escribir, y resultó publicado en 1948. Emilio Roig de Leuchsenring, en un artículo titulado “Descreimiento patriótico, incivilidad, malcriadez, vagancia”, publicado en la revista CARTELES del 21 de mayo de 1944 y reproducido en www.opushabana.cu, cuenta que el biógrafo alemán asistió, junto al presidente Batista, al acto de inauguración del Rincón Martiano, en las antiguas canteras de San Lázaro, y que el visitante publicó en el diario EL MUNDO una crónica del evento en la que dijo, refiriéndose al pueblo, “que nunca olvidaré en medio del barullo del verdadero pueblo, entre centenares de seres humanos blancos, mulatos y negros, en medio de los trajes elegantes y las camisas abiertas de abigarrados colores, de los obreros, se detuvo el automóvil del Presidente, apenas con escolta militar, sin cordón policiaco, de una manera tan popular, como no sería posible en ninguna democracia de  Europa” ‘y aun de casi todas las “democracias” de Europa, agregaría yo’ –las últimas once palabras de esta cita reproducen el comentario apendicular de Roig de Leuchsenring, y no forman parte de las palabras de Ludwig; o sea, que en 1944 el incienso para sahumar a Batista lo repartieron tanto Ludwig como Roig de Leuchsenring-.
Ludwig, en una palabra, fue a Cuba a adoptar la misma actitud de apologista respecto de Batista que desempeñaron los más adelante exiliados Enrique Pizzi de Porras y el Dr. Antolín González del Valle Ríos (con su libro encomiástico “Batista: Trayectoria Nacionalista”, Director General de Enseñanza Superior en 1952, e igualmente autor de la obra “Dirección del Aprendizaje del Dibujo”, publicada en 1943 y todavía en 2004 calificada dentro de Cuba como “trascendental” en la enseñanza de esa disciplina).DE CUANDO EMIL LUDWIG ESTUVO EN LA HABANA,
 PARA HACER EL ELOGIO DEL PRESIDENTE BATISTA
por Roberto Soto Santana (de la Academia de la Historia de Cuba – Exilio)

                De estirpe judía, alemán de nacimiento (1881) y nacionalizado suizo (1932), el prolífico escritor labró su fama imperecedera en la Literatura gracias a la verdadera sarta de biografías que pergeñó a lo largo de su vida –particularmente, entre 1927 y 1947, periodo en el que glosó y publicó, entre otras muchas, las vidas de Napoleón, Goethe, Jesucristo, Abraham Lincoln, Hindenburg, Cleopatra, Roosevelt, Hitler, Mussolini, Stalin, Beethoven y Freud-.
                Como escribe Arnaldo Momigliano en el prólogo “El estado ambiguo de la biografía”, de su libro “Génesis y desarrollo de la biografía en Grecia” (Fondo de Cultura Económica, 1986), “En los principales tratados sobre el método histórico que se han escrito desde el siglo XVI, se considera normalmente a una biografía como una de las formas legítimas del escrito histórico”. Y pone como ejemplo a Jean Bodin, historiador precisamente de ese siglo, quien “distinguió entre la historia de un hombre y la de una nación entera”.
                Por otra parte, Benedetto Croce (en su “Historia de la historiografía italiana en el siglo XIX”, 2ª edición, p. 282) dejó dicho, en una apreciación aventuradamente cruel, que “escritores como Ludwig son los Guido da Verona de la historiografía” (según el citado Arnaldo Momigliano, era este Guido da Verona “un novelista menor, medio sentimental, medio pornográfico, de los años veinte”).
                Emil Ludwig y el austriaco Stefan Zweig tuvieron en común, como escritores dedicados al género biográfico, la práctica exclusión de toda clase de fechas en sus relatos sobre las vidas de personalidades relevantes de la Política, de la Literatura y de la Cultura en general, y el enfoque casi exclusivo sobre el estudio desde el punto de vista psicológico de las personalidades que historiaban. Para verificar este aserto, basta leer cualquier espécimen de sus copiosas obras biográficas. Si bien no puede dejar de advertirse que ambos supieron identificar y analizar magistralmente la influencia de la sociedad de cada época en las personalidades biografiadas.
                Por eso podemos aplicar a la obra de Emil Luwig la conclusión a la que llegó Arnaldo Momigliano de que “La biografía ha adquirido un papel ambiguo en la investigación histórica: puede ser un instrumento de investigación social o puede ser un escape de las investigación social…[Pero] No es probable que en el presente alguien ponga en duda  que la biografía es una clase de historia”.
                Con esas salvaguardas puede abordarse la narración y la valoración de la fugaz visita de Emil Ludwig a Cuba, casi coincidente con la estación de las lluvias del año 1944 -no pudiendo hablarse en relación con Cuba de primavera, verano, otoño e invierno, ya que con mayor propiedad debe hablarse de una estación de lluvias –de mayo a noviembre- y de una estación de la seca –de diciembre a abril-, dentro de un clima de sabana prevaleciente en toda la Isla (“Geografía de Cuba”, por el Dr. Leví Marrero, 5ª edición ampliada, 1981, pp.68-92)-.
Según una crónica obrante en el portal de Internet www.habanaradio.cu y firmada por Elías Gracia con fecha del 17-4-2009, “El escritor y biógrafo Emil Ludwig llegó a Cuba acompañado de su esposa Helga, el 9 de abril de 1944, por lo que pudo palpar el ambiente electoral del país —era año de elecciones presidenciales— y seguir por la prensa el acontecer de la Segunda Guerra Mundial, que constituía el grueso de las noticias diarias.
“El escritor y diplomático cubano Gonzalo de Quesada y Miranda daba del visitante este curioso retrato: ‘Sin duda alguna se le ve más viejo que en la mayoría de las fotografías. Da de momento la sensación de un hombre cansado, a lo que contribuyen quizás los pesados párpados, tras los cuales no tardo en descubrir unos ojos penetrantes y escrutadores.
“A Ludwig lo traía a Cuba el propósito de reunir información para un libro por encargo y contratado de antemano. Con 65 años sobre sus hombros, fama cimentada en una obra de gran aceptación en el mundo de los lectores e indiscutible maestría para “hacer” libros, el autor alemán se daba el lujo de “sentarse a pedir”. Veamos aquí un fragmento de sus declaraciones, porque contienen una apreciación interesante. Dijo así: ’Cuba debe aspirar a que la extraordinaria vida y obra de Martí sean conocidas en el extranjero’.
“Ludwig llegó para trabajar en su libro Biografía de una Isla (Cuba), escrito a la manera de un recorrido por la historia del país, desde los tiempos del descubrimiento hasta el presente, es decir, hasta 1944, incluyendo observaciones muy personales y polémicas sobre los jefes cubanos que combatieron por la independencia. Este libro no se publicó en español hasta 1948 (recién había muerto Ludwig) y en opinión de los conocedores, nada aportó a su carrera ni a su gloria literaria”. 
Tenida en cuenta esta información documental, queda precisado, entonces, que Ludwig llegó a La Habana en abril de 1944 (y no en el año 1941, como afirma una bienintencionada fuente), que su edad era la de 63 años (y no 65, como acabamos de ver que afirma otra fuente), y que fue a Cuba para acopiar datos e impresiones con vista a escribir un libro para cuya redacción había sido contratado previamente (y no a estudiar la obra literaria de José Martí, como también se ha dicho).
Los honorarios por ese libro -que fue finalmente publicado en 1948 en primera y única edición por la Editorial Centauro, de México, con el título de “Biografía de una isla”-, y los gastos de viaje y estancia en Cuba presumiblemente le deben haber sido abonados a Ludwig con cargo al presupuesto de gastos del Ministerio de Educación o del Ministerio de Estado (éste no es un dato contrastado sino una conjetura del autor de este trabajo, dado el contenido del libro en cuestión –con elogios a raudales para la obra presidencial batistiana- y la deducible premisa de que no parece razonable suponer que Batista o cualquier otra figura de su entorno político se hicieran cargo de todos esos desembolsos con cargo a su peculio particular, teniendo todavía el erario público a su alcance). El periodo presidencial de Fulgencio Batista concluía el 1 de octubre de 1944, y, a la vista de la prohibición constitucional de presentarse como aspirante a un segundo mandato consecutivo, el General había anunciado expresamente que respetaría los resultados de las elecciones señaladas para el 1 de junio de 1944. La presencia de Ludwig y el libro que éste iba a escribir estarían llamados, si fuere correcta esta suposición, a ser a corto plazo testimonio de reconocimiento y alabanza del paso de Batista por la Historia nacional, y a reforzar las posibilidades de elección tanto de su “delfín” como candidato a la presidencia de la República como del propio Batista a una curul de Senador por la provincia de Las Villas (los objetivos primero y tercero se lograron, el segundo no se cumplió); a largo plazo, podrían abonar el camino para un regreso de Batista al Poder en las próximas elecciones (de 1948).
El sucesor escogido por Batista fue el Dr. Carlos Saladrigas, respaldado por la llamada Coalición Socialista Democrática (integrada por el Partido Liberal, la Unión Nacionalista, el Partido Socialista Popular –los comunistas-, el Partido Demócrata, y los exiguos restos del “ABC” -que en su época de esplendor había sido impulsor de la lucha clandestina determinante de la caída de la dictadura machadista, en agosto de 1933-).
Por cierto, en la edición del 11 de mayo de 1944 –tres semanas antes de las elecciones presidenciales- del diario HOY –órgano oficial de los comunistas-, el Dr. Juan Marinello Vidaurreta (consagrado ensayista y estudioso de José Martí, y, en ese momento, ministro saliente del gobierno de Batista) escribió lo siguiente: “…si a nuestro Partido Socialista Popular se le pregunta por qué fué el primer grupo político en señalar a Carlos Saladrigas para su más elevada misión, el Partido simplemente diría que lo había hecho así porque Saladrigas, por un millar de razones convincentes, significa la continuidad de la acción progresista, democrática y popular, de Fulgencio Batista”.
En los comicios del verano de 1944 resultó vencedor el Dr. Ramón Grau San Martín, al frente de la “Alianza Auténtico-Republicana” –formada por el Partido Revolucionario Cubano(Auténtico), en esa época titular de una prosapia democrático-revolucionaria tras diez años consecutivos de aspiración al Poder, opacados por la dominación de la política nacional que desde la Jefatura del Ejército había venido ejerciendo Batista a partir de fines de 1933, y por el recién creado Partido Republicano (liderado por el Dr. Gustavo Cuervo-Rubio, quien había sido Vicepresidente de la República con Batista, durante el cuatrienio 1940-1944).
De la visita habanera de Emil Ludwig quedó asimismo otro testimonio de excepción, dado por el escritor Enrique Labrador Ruiz, fallecido en el Exilio, en Miami, en 1991. Se trata de dos hojas manuscritas que se conservan en la Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami (en la caja nº4, carpeta nº356, sin título y sin fecha, en la Colección número CHC0111, cuyos facsímiles se pueden ver a través del portal http://merrick.library.miami-edu/digital projects). El manuscrito de Labrador Ruiz dice así (la transcripción siguiente es del autor del presente trabajo): “A la Habana llegó Emil Ludwig en busca de un artilugio que se llamaría no sé cómo. No habla sino su nativo alemán y algo de francés pero el señor que estaba en la Presidencia ni se inmutó. Vino de intérprete Gonzalo de Quesada y Miranda y aquella charla fue definitiva. Después de unas copas de champán pidió retirarte (sic) el Maestro; Gonzalito indagó en cuanto a sus impresiones. “No se puede leer los clásicos después de los 40…Todo se enreda, se confunde y ni Aristóteles es Aristóteles ni las formulaciones sobre periodos tienen el menor interés. Nunca he visto nada semejante”. Creo que fue una buena tajada. No se perdió el viaje y andando el tiempo salió su librillo mostrenco sobre la Isla maravillosa o cosa parecida. ¿Secreto del espejo? Ni por casualidad surge por parte alguna el nombre de ese bárbaro que llevó a Cuba a la noche de iracundos gestos. Dejó hacer al otro bárbaro para cuidar sus fondos y ante esa constante usura fragmentada ¿qué puede el gesto de los prudentes? Nos quedamos a tolerar, nos tuvimos que ir después de dilaciones y humillaciones, y la sombra del guajirito siniestro sigue en pie. No se le hizo el libro pero le queda la estatua labrada por los años de años de Fidel. Congelada en estéril estiércol”.
¿Se puede colegir que “ese bárbaro que llevó a Cuba a la noche de iracundos gestos” y el “guajirito siniestro” es Batista, que el “otro bárbaro” a quien aquél “Dejó hacer…para cuidar sus fondos” es Fidel Castro, y que el “librillo mostrenco” es “Biografía de una isla”? Es posible.
El autor del presente trabajo es propietario de un ejemplar del libro “Paradojismo”, publicado en Madrid en 1963, cuyo autor es precisamente Fulgencio Batista y en cuyas páginas 25 a 32 –ambas inclusive- se transcribe la nota biográfica, profusamente encomiástica, insertada por Ludwig en su “Biografía de una isla”. El ejemplar del libro que cito tiene en la portadilla una dedicatoria fechada en enero de 1968, con la firma autógrafa del General Batista, a favor de don Juan Antonio Álvarez de Estrada (quien ocupó la jefatura de Protocolo del desaparecido Ministerio de Información y Turismo, cuando el generalísimo Franco era Jefe del Estado).
Refiriéndose a las elecciones del 1 de junio de 1944, Ludwig dice: “Yo presencié esas elecciones acompañado por el joven ministro de Defensa [Arístides Sosa de Quesada], uno de los más prestigiados y eficaces colaboradores de Batista, que había sido alcalde facto de La Habana, jefe del Servicio Jurídico y del Cuerpo de Cultura Militar, y director de los organismos civicomilitares creados en 1936. Visité los colegios electorales e interrogué a los electores. Fueron elecciones ejemplares, con absoluta garantía para todas las tendencias. Batista, que fue hostigado por los contrarios, llamándosele dictador, respetó desde la Presidencia todos los derechos ciudadanos, sociales, políticos e individuales, y, con devoción, la libertad de Prensa y los medios de expresión garantizados por la nueva Carta de la República…El candidato derrotado, doctor Carlos Saladrigas, y el candidato doctor Ramón Grau San Martín, fueron al palacio presidencial y se abrazaron en presencia de la multitud…en el balcón vi entonces nuevamente a Batista salir sonriente a recibir un homenaje cuyo valor moral era superior al suyo propio de cuatro años antes. En este momento opté por él, y pensé que la democracia tenía muchísimo más valor cuando es practicada por un hombre que comienza como autócrata. La derrota de Batista era su mayor victoria”.
Pero el enaltecimiento de la figura de Batista por parte de Ludwig no se limitó al libro que finalmente llegó a escribir, y resultó publicado en 1948. Emilio Roig de Leuchsenring, en un artículo titulado “Descreimiento patriótico, incivilidad, malcriadez, vagancia”, publicado en la revista CARTELES del 21 de mayo de 1944 y reproducido en www.opushabana.cu, cuenta que el biógrafo alemán asistió, junto al presidente Batista, al acto de inauguración del Rincón Martiano, en las antiguas canteras de San Lázaro, y que el visitante publicó en el diario EL MUNDO una crónica del evento en la que dijo, refiriéndose al pueblo, “que nunca olvidaré en medio del barullo del verdadero pueblo, entre centenares de seres humanos blancos, mulatos y negros, en medio de los trajes elegantes y las camisas abiertas de abigarrados colores, de los obreros, se detuvo el automóvil del Presidente, apenas con escolta militar, sin cordón policiaco, de una manera tan popular, como no sería posible en ninguna democracia de  Europa” ‘y aun de casi todas las “democracias” de Europa, agregaría yo’ –las últimas once palabras de esta cita reproducen el comentario apendicular de Roig de Leuchsenring, y no forman parte de las palabras de Ludwig; o sea, que en 1944 el incienso para sahumar a Batista lo repartieron tanto Ludwig como Roig de Leuchsenring-.
Ludwig, en una palabra, fue a Cuba a adoptar la misma actitud de apologista respecto de Batista que desempeñaron los más adelante exiliados Enrique Pizzi de Porras y el Dr. Antolín González del Valle Ríos (con su libro encomiástico “Batista: Trayectoria Nacionalista”, Director General de Enseñanza Superior en 1952, e igualmente autor de la obra “Dirección del Aprendizaje del Dibujo”, publicada en 1943 y todavía en 2004 calificada dentro de Cuba como “trascendental” en la enseñanza de esa disciplina).