domingo, 1 de octubre de 2017
PENSAMIENTO Quinto Aniversario
Evoquemos las palabras iniciales de Antonio Bachiller y Morales (1812-1889) en su monumental obra “Apuntes para la Historia de las Letras en la Isla de Cuba”: Cuando el mundo literario fija una mirada investigadora sobre el estado intelectual de la isla de Cuba, parece justo que volvamos la vista nosotros los hombres de hoy, y examinando los nobles esfuerzos de nuestros mayores para llegar á este punto de verdadero y relativo progreso, les tributemos el reconocimiento de que son dignos.
Pues bien, cuando en una Cuba de nuevo libre se actualice la trayectoria de la Literatura cubana, no podrá omitirse (como se hace hoy por el Régimen que tiene sometida a la Isla, como se ha hecho en todo tiempo por los regímenes totalitarios de toda laya en todo el mundo) la contribución de los creadores, los críticos, los compiladores y los editores que han continuado ampliando y salvaguardando el acervo cultural cubano. Especialmente, las editoriales (en papel y también en formato digital) como PENSAMIENTO, el quinto aniversario de cuya aparición y labor ininterrumpida en el espacio cibernético conmemoramos y celebramos en la presente edición.
PENSAMIENTO Digital tiene una identidad singular, distintiva frente a la práctica totalidad de las publicaciones literarias e históricas en lengua española: aunque estudia y difunde principalmente la herencia formada por las obras de los creadores de raíces cubanas y de aquellos otros conocedores del acontecer y el carácter isleños, no desdeña el estudio y el conocimiento, trasuntado al español, de las obras en otras lenguas. Entre otros rasgos diferenciadores, lo corporizan las siguientes características.
PENSAMIENTO no se empantana en las banderías politiqueras –pues procura difundir solo las verdades contrastadas de los hechos históricos indubitados (o sus interpretaciones alternativas) y arrojar luz sobre los visos tornasolados de los rasgos idiosincráticos de las diferentes ideologías que han inspirado a las capas dirigentes y a sus huestes a lo largo del tiempo-.
Sin embargo, no deja de brindar al lector las valoraciones más humanistas de ese devenir, sin perder el Norte del apotegma lanzado por Winston Churchill en su discurso del 11 de noviembre de 1947 ante la Cámara de los Comunes: “De hecho, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando".
PENSAMIENTO no practica la indiferencia o la equidistancia respecto a las ejecutorias deleznables o censurables de los protagonistas o de los personajes secundarios de las escenas de época que evocan y analizan sus colaboradores (utilizando el método aplicado por Ramiro Guerra y Sánchez en su monografía “Azúcar y Población en las Antillas”). Más bien, la línea editorial es la de asignar nota a los comportamientos aunque no de manera sectaria sino poniendo en la balanza los blancos, negros y claroscuros de cada figura. Así, cuando se exponen los rasgos del Capitán general don Miguel Tacón y Rosique, Gobernador de Cuba entre 1834 y 1838, cuyo buen gobierno de la Isla en asuntos de fomento y de obras públicas quedó ensombrecido y enceguecido por sus actos despóticos, su política represiva de todas las Libertades. y su amparo del comercio de esclavos.
El hecho de que nuestro Editor, el profesor René León, exhiba en su currículo biobibliográfico tanto obras de investigación histórica como recensiones críticas del acervo cultural hispano e hispanoamericano, así como poemarios propios -no menos de siete; entre ellos: Tardes de Invierno (2002), Imágenes (2012) y Poemas Sueltos (2012)- le habilita para dirigir una mirada omnicomprensiva sobre los materiales a espigar para cada edición del bisemanal que por vía electrónica llega a lectores y usuarios en todo el mundo –simultáneamente en dos sitios de la Red: en https://pensamiento-2012.blogspot.com.es/ y en http://pensamientopoetico2014.blogspot.com.es/ (este último, dedicado íntegramente a la Poesía).
EL CARNAVAL Y SUS REINAS
(Publicado por D. Jácome)
La referencia más antigua de un baile de carnaval en La Habana del año 1833 y desde su inauguración en 1838, el habanero “Teatro Tacón” ya fue sede de los cuatro bailes de máscaras del mes de carnaval.
En un artículo de 1841 titulado “Idea de un buen baile”, su autor González del Valle, describe los bailes de carnaval que se efectuaron en distintos salones y teatros de la ciudad con máscaras y disfraces. Se realizaban entre en el ya citado Teatro Tacón y en otros como el Diorama, Tivolí y Villanueva, así como el café La Lonja. Pero la celebración también incluía paseos por las principales avenidas, como la Calzada de la Reina, Alameda de Paula o el Campo de Marte. Generalmente las damas lo hacían en coches y quitrines adornados con guirnaldas y a su paso recibían flores ofrecidas por los hombres, casi siempre disfrazados, que iban a caballo o a pie.
Estas fiestas, que resultaron parte de la tradición de la Isla, provenientes de la metrópoli y del continente africano, constituyen las raíces del carnaval habanero.
Los carnavales son también conocidos con otras denominaciones como “antruejo”, “carnestolenda”, “mascaritas”, etc. Hay referencias de que en La Habana se efectuaron las carnestolendas desde mucho antes de 1585, pero en las recién fundadas villas, cuyo desarrollo económico era incipiente, con los gastos que originaba la fiesta de tradición católica del Corpus, no podían dedicarle mucha atención a otras, las que dejaban a la espontaneidad popular. Para las carnestolendas entonces se reutilizaban los elementos profanos del Corpus, como la comparsería, los elementos que llevaban en carretas, como la “tarasca”, que es la figura de culebra con boca muy grande que se sacaba durante la procesión; o también los gigantes, o muñecones, como actualmente los conocemos. Sin faltar las comparsas de “mamarrachos”, que eran habituales de aquellas procesiones.
La prohibición de la “Fiesta del Día de Reyes”, en 1884, cuatro años después de la abolición de la esclavitud, desplaza el carnaval de negros y mulatos hacia el de los blancos. Aunque los primeros mantienen su fiesta en barrios como Jesús María o Belén.
Ya en una noticia de 1886 se comenta no solo de las carrozas finamente adornadas, sino también de las “reinas de belleza”, elegidas por primera vez a iniciativa de algunos vecinos. Como es de esperar no faltaban en estas celebraciones el lechón asado, arroz con pollo, salpicón hecho con picadillo de carne, pepino, hierba buena, piña, hojas de ciruela, aceite y vinagre. También un ajiaco de creación colectiva de los vecinos, para consumo de la comunidad.
La primera noticia de un carnaval organizado, similar al que conocemos, data de 1902, cuando por medio de un mandato del Alcalde, se regula el itinerario de la fiesta. Con la euforia de la independencia recién adquirida, ya tiene La Habana un gran festejo de carnaval, recordado además por ser el primero en el que desfiló un automóvil, propiedad de la familia Zaldo.
También aquel año desfilaron las primeras “comparsas”, procesión danzante colectiva derivada de las antiguas fiestas del Día de Reyes, en que los cabildos afrocubanos, reunidos en “naciones”, danzaban por las calles. En este primer carnaval republicano, aparecen las carrozas, los confetis y las serpentinas, como primeras influencias norteamericanas en la festividad.
Pero la elección de la primera “Reina del Carnaval” no fue hasta 1908. Resultó agraciada una sencilla operaria de la fábrica de cigarros “El Siboney”, de nombre Ramona García. Además de contar con la “Reina”” y sus damas, también se convoca a las primeras premiaciones en diferentes modalidades, para lo que disponía de un jurado que otorgaba los premios desde una glorieta. La “Reina” incluso fue recibida en Palacio por Charles Magoon, quien presidía el gobierno interventor.
En estos carnavales de 1908, en su concurso popular de disfraces resultó premiado el niño de 4 años, Inocencio Bello, caracterizando a “Liborio”, representación del pueblo cubano, según ya comentamos en una publicación.
A partir de ese momento, el famoso Carnaval de La Habana, como siempre se concibió, se celebró en el mes de febrero, por todo el Malecón y el Paseo del Prado, hasta Monte y Cienfuegos.
Quedó establecido que dentro del amplio proceso preparatorio, en primer lugar, se elegía una “Reina del Carnaval” y sus damas de compañía. Un jurado efectuaba el proceso de selección con el desfile de las candidatas y con participación del público. También se escogía un Rey Momo, generalmente alguna personalidad artística conocida y con capacidad humorística. Rosendo Rosell o Germán Pinelli fueron algunos de los elegidos para representar a este dios griego de las burlas, el sarcasmo y la ironía, hijo de la diosa de la noche.
Tras algunos años sin comparsas, las cuales habían sido prohibidas por peleas, grandes disturbios e incluso la muerte de algunos comparseros, en 1937 dadas las gestiones del entonces Alcalde habanero Antonio Beruff Mendieta para su restitución, vuelven las comparsas tradicionales al carnaval y ya pasan a ser parte definitiva de su identidad. Beruff en este afán, consultó a Don Fernando Ortiz, Director de la Sociedad de Estudios Afrocubanos, quien no tuvo dudas en apoyar tan necesaria reincorporación. Nunca hubo conflictos de raza en Cuba con ocasión de las comparsas. En los grupos de cada una, participaban negros, mulatos, blancos y hasta chinos.
No dispongo de la información, ni el espacio en esta publicación, para enumerar las Reinas del Carnaval elegidas en todos esos años, pero quizás recordamos los nombres de algunas que reinaron, o formaron parte de su séquito, que están más cercanas en el tiempo y se han destacado como artistas.
Una de las inolvidables fue Dinorah del Real, reina del carnaval de La Habana en 1955. Del Real, graduada de la Escuela Normal de Maestros, fue una de las más celebradas locutoras de la televisión cubana, puesto al cual accedió por su belleza.
La actriz Ana Viñas fue dama del carnaval en 1958 y posteriormente modelo de la cerveza Hatuey. Matriculó actuación y se convirtió en una de las mejores actrices de teatro y cine del país.
La actriz y directora Flora Lauten, fue la última “Miss Cuba” compitiendo en el concurso de Miami Beach en 1960. Este mismo año la vedette y rumbera Mayda Limonta es seleccionada como dama, la primera dama negra de un carnaval en la historia de Cuba. La también actriz Daysi Granados, rostro del cine cubano, compitió en los certámenes y fue escogida como Dama en 1961.
Esto son solo algunas, porque la belleza de la mujer cubana es indiscutible y reconocida en todo el mundo ¿y qué cubano lo negaría con solo mirar a la “reina” que tiene en su propia casa?
CUBA EN LA MEMORIA, 01/03/2014
CONTRAPUNTEO CUBANO ENTRE EL PENSAMIENTO AUTONOMISTA Y EL MARTIANO
| Manuel de la Cruz Foto tomada de: Nacion y Emigracion |
Por: Roberto Soto Santana, de la Academia de la Historia de Cuba (Exilio)
(Primera de dos partes)
Manuel de la Cruz (1861-1896), en sus “Episodios de la Revolución Cubana” (1890) y en “Cromitos Cubanos” (1892), dejó constancia de su condición de cronista apasionado de la lucha por la Independencia, a la que sirvió no con el machete sino con la pluma. Raúl Roa lo llamó “mambí de las letras” y apostilló que “Nada lo define mejor que estas palabras suyas: ‘Soy un sectario fanático del cubanismo’.
Para mayor abundamiento de coincidencias en su formación, téngase en cuenta que Manuel de la Cruz y José Martí asistieron –con algunos años de diferencia- al colegio de San Anacleto –en la calle Reina número 109-, dirigido por Rafael Sixto Casado, un enseñante de ideas pedagógicas avanzadas para la época.
Desilusionado –cuando todavía era un adolescente de 17 años- ante la pérdida de la Guerra de los Diez Años, según quedaba certificada por la Paz del Zanjón, durante varios años Manuel de la Cruz cifró sus esperanzas en el autonomismo: como él mismo dijo, “me creía muy autonomista, entendiendo que autonomista era sinónimo de cubano, y conservador sinónimo de español puro y neto” aunque –tras viajar a España y permanecer allí dos años (1883-1884)- se convenció “de que la autonomía era una aspiración superior, pero que España, por sus condiciones, estaba incapacitada para concederla”.
Revertido a la fe del independentismo, le envía a Martí un ejemplar de los “Episodios…” y el Apóstol le contesta (2): “con qué orgullo he visto, como si fuera mía, esta obra de usted, y en cuánto tengo su piedad patriótica y su arte literario…no puedo tropezar con el libro sin tomarlo de la mesa con ternura, y leer de seguido páginas enteras…En las notas que fui poniendo al margen, como guía para las líneas que he de escribir, hallo que he puesto en tres ocasiones poco más o menos esta misma frase: Hay veces en que se desea besar el libro. Los caballos debió usted preparar; porque leer eso, para todo el que tenga sangre, es montar a caballo”.
En la primera semblanza de sus “Cromitos Cubanos”, dedicada a la figura de Rafael Montoro (3), Manuel de la Cruz lo caracteriza como “coloso de la tribuna cubana…coloso de la tribuna española..” y lo pone en la copa del árbol genealógico cuyo tronco es Saco (4) diciendo de ambos que “Pocas veces también hallará la psicología comparativa parentesco tan estrecho entre dos caracteres como el que existe entre José Antonio Saco, publicista-apóstol, y Rafael Montoro, tribuno-filósofo de un mismo ideal político. Jamás las tentaciones del separatismo, para Saco encarnadas en las sabrosas páginas de su amigo Gaspar Betancourt Cisneros, lograron turbar sus creencias de reformistas; jamás el Satán de la rebelión, con su armadura y corcel de batalla, ha enturbiado la pureza de la fe autonomista de Montoro. La malicia integrista cree en él por excepción, como el árabe en el carácter de profeta de Mahoma; en los demás apóstoles siempre cree columbrar, como surgiendo de entre las maniguas, el perfil del soldado insurrecto que martilla el rifle en la emboscada”.
El alfa y omega (5) del pensamiento autonomista al que sus fundadores y continuadores se mantuvieron fieles, durante los veinte años de existencia del Partido Liberal fundado en el habanero restaurante “El Louvre” –a partir de su creación el 3 de agosto de 1878, hasta su disolución- quedó expresado en el Programa dado a conocer mediante Circular de su Junta Central, fechada el 1 de abril de 1882 y publicada en la edición del 25 de julio de 1882 del periódico decenal madrileño “Revista de las Antillas”(6).
En el extenso manifiesto, se decía que “Tres principios fundamentales integran la doctrina que sustenta el Partido Liberal en lo tocante á la organización y atribuciones de los poderes públicos en esta Isla, y son: 1º, la soberanía de la Metrópoli, sin la cual no cabe la existencia de la colonia; 2º, la representación local, que dá forma en el dominio del derecho y en la esfera de los intereses á la personalidad de la colonia en lo que á su vida interior atañe; 3º, la responsabilidad del Gobierno colonial, garantía de recta administración y de respeto á las leyes”.
El Partido autonomista reconocía lo que por demás era evidente, a saber, que “Es el Gobernador general representante y delegado del Gobierno de la Nación. A éste incumbe su nombramiento y separación; y, en el orden político, ante él es responsable única y exclusivamente. Tiene el mando de las fuerzas de mar y tierra; ejerce la prerrogativa de indulto y los derechos inherentes al Vice Real Patrono; entiende en lo respectivo á las relaciones exteriores, en los casos que las leyes establecen; convoca, suspende y disuelve la Diputación insular; aprueba ó desecha los acuerdos de la misma; nombra y separa libremente á los individuos del Consejo de Gobierno. Es también el Gobernador general Jefe Superior de la Administración insular”. Es decir, que en la práctica seguían residiendo en el Gobernador colonial poco más o menos las ominosas facultades omnímodas que habían sido conferidas al capitán general Dionisio Vives por Real Decreto de 25 de mayo de 1825 y que teóricamente habían dejado de ser exigibles con la Paz del Zanjón.
Tras la derrota militar, dispersión, desesperanza, reincorporación a la vida civil de los combatientes mambises y el exilio de los principales caudillos de la causa separatista –a la conclusión de la Guerra de los Diez Años-, se abrió un largo paréntesis –perturbada apenas la forzosa tranquilidad de la Colonia por intentonas estériles tales como la Guerra Chiquita- durante el cual la inmensa mayoría de los separatistas de la víspera mantuvo una actitud de quietud y silencio mientras que una parte ellos se sumó a la colaboración con los autonomistas (7).
El Dr. Raimundo Menocal y Cueto planteó en 1947 la tesis (8) de que “los que buscaban la separación por medio evolutivo propugnaban las reformas, la legislación colonial y por último la autonomía, y es incomprensible que mentalidades tan lúcidas como las de Gálvez y de Montoro, que batallaban por arrancarle conquistas a la Metrópoli, creyeran que la autonomía fuera un medio de conservar a Cuba indefinidamente unida a España” así como “Que el Partido Liberal autonomista era una agrupación de jefes sin el apoyo de grandes núcleos populares que lo respaldasen, era cosa aceptada por los más adictos a los grandes hombres que constituían su comité ejecutivo. La masa popular, después del Zanjón, se convirtió al separatismo, y si la clase media defendía al Partido Liberal y le daba alientos para seguir combatiendo a la Metrópoli, lo hacía para mantener viva su fe en el desplazamiento de los gobernantes españoles. De ahí la influencia de los radicales cubanos en la inspiración de la campaña política autonomista y en la confección de su programa”.
En las horas bajas de los ánimos separatistas, fresca todavía la sangría de la Guerra Grande y el fracaso de la Guerra Chiquita, José Martí hace una valoración del autonomismo, en crónica de fecha 15 de octubre de 1881 y dirigida al Director del periódico caraqueño La Opinión Nacional (9), en la que advierte que, “Aunque el gobierno de España ha reconocido de una manera indirecta, y nunca abiertamente, el derecho de los cubanos a solicitar la autonomía, el ejercicio de este derecho es considerado como un delito de traición por los españoles que en Cuba habitan…El partido colonial, que quiere en Cuba la perpetuación del ahogador sistema de antaño, perdía todo freno ante la probabilidad de una exigua victoria, de una mezquina victoria, de los autonomistas. La victoria vino:…-perdieron los autonomistas las elecciones de diputados a España, pero vencieron en las de diputados provinciales, -vencieron brillantemente, a pesar de los fraudulentos y desesperados esfuerzos de sus poderosos contrarios…Al derecho de votar y vencer con votos, llamaron los diarios coloniales crimen de deslealtad y traición a España…Corren vientos favorables a los anhelos cubanos…ya se oye decir al general Martínez Campos que es tiempo de dividir por igual entre cubanos y españoles los empleos de la Isla. Mas son tan radicales y esenciales las reformas que Cuba necesita, y lastiman todas ellas tan profundamente los intereses de los peninsulares que en Cuba habitan y los que de ella viven en España, que pudieran ser estas benevolencias de ahora como esas brillantes hojas de estío, que nacen en los árboles después de largo invierno, para ser a poco arrebatadas por los vientos primeros del otoño.”
Incluso en esta etapa de pujanza inicial del autonomismo, la doctrina a cuyo amparo las clases medias-altas de la sociedad colonial pretenden acceder a un grado de autogobierno –por tímido que sea- , Martí sabe que está abocada al fracaso –en un ejercicio de presciencia que ahora, ciento treinta años después, puede parecer una conclusión inevitable pero que entonces se refería a un movimiento político que entrañaba una consoladora esperanza para una parte de la población cubana-. Apréciese que Martí no fustiga a los epígonos del autonomismo ni sus expectativas; sencillamente, ve clara su futilidad.
Obras de referencia, y notas
1-Prólogo de Salvador Bueno a “Cromitos Cubanos”, Editorial de Arte y Literatura, La Habana, 1975.
2-En carta fechada en New York, a 3 de junio de 1890 (José Martí, Obras Completas, Tomo V, pág. 179. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975).
3-Fundador y principal ideólogo del Partido Liberal Autonomista, Secretario de Hacienda del efímero gobierno autonomista en 1898, Ministro Plenipotenciario de Cuba en Inglaterra y en Alemania durante la presidencia de Tomás Estrada Palma, Secretario de la Presidencia con el general Mario García Menocal (1913-1921) y Secretario de Estado con el Dr. Alfredo Zayas Alfonso (1921-1925). Falleció en 1933, dos días después del abandono del Poder y huída de Cuba del general Gerardo Machado Morales.
4-A Montoro lo califica como “extraña flor que ha brotado en la copa del árbol, milagro de tan pomposo manzanillo, símbolo de la savia color de oro y sangre que circula por sus canales” (alegoría esta última referida a los colores rojo y gualda de la bandera española, con la que claramente sitúa a Montoro como meritorio de las filas españolistas, y clava en la frente del autonomismo su papel tributario del integrismo al añadir que “La miopía integrista no diferencia ese núcleo en el conjunto de la familia cubana: se lo impide la torpeza de su ingratitud y el desvanecimiento de su soberbia. Y acaso, en la consolidación y permanencia de su dominio, deba más a ese núcleo que a la fuerza de sus ejércitos, como el pacificador debió sus laureles del Zanjón, en primer término, a los veinticinco mil criollos que pelearon a la sombra de la bandera de España”).
5-En el sentido del Apocalipsis,1:8 y 1:11.
6-Vid. facsímil del núm. 14 del año I en http://ufdc.ufl.edu/UF00097352/00014 (University of Florida Digital Collections).
7-Vid. “El Autonomismo Cubano 1878-1898: Las Ideas y los Hechos”, Marta Bizcarrondo (UAM), Historia Contemporánea 19, 1999, págs. 69-94: “Juan Gualberto Gómez, residente forzoso en España, explica esta actitud e incluso consigna un elogio abierto de los autonomistas en su opúsculo La cuestión de Cuba en 1884, publicado en Madrid al siguiente año. A su juicio, el partido ‘representaba a la verdadera clase media de Cuba’ y sus gentes, ‘de verdadero arraigo en el país, sentían la humillación a que los condenaba el viejo régimen colonial y pugnaban por modificarlo’. Años más tarde, el mismo periodista patriota evocaba el apoyo prestado en Madrid por los separatistas cubanos deportados a la península a los diputados autonomistas, siguiendo el consejo de su jefe moral, el general Calixto García. Les iban a recibir a la estación, concurrían a sus banquetes y se mostraban convencidos de defender una causa común: ‘Estaban los dos bandos cubanos frente a España y, no obstante, combatíanse los dos y halagándose los dos y convencidos los dos de su recíproca necesidad. Y es que siempre hubo una estrecha correlación entre los autonomistas y los separatistas(…)Lo que ellos querían, a nosotros no nos parecía mal, pero que nos diferenciábamos esencialmente en que mientras ellos estaban esperanzados en conseguirlo, nosotros teníamos la convicción de que no habrían de obtenerlo” (Cit., por Miguel Varona, “La guerra de independencia de Cuba”, vol. I, La Habana, 1946, pág. 276).
A continuación, la Prof. Bizcarrondo señala que “El también independentista Manuel Sanguily destacó asimismo la importancia primordial de la propaganda autonomista para difundir los ideales patrióticos por todo el territorio cubano, desautorizando de antemano a quienes luego definirán toscamente al PLA [Partido Liberal Autonomista] como partido antinacional: ‘Porque la propaganda autonomista se ejercitaba inmediatamente sobre el sentimiento y la inteligencia de los cubanos. Bajo el dosel de la bandera española encendió un foco de luz ardiente que habría de consumirla al poner al descubierto, como un baldón, sus manchas imborrables. El pueblo inconforme e impacientado se amontonaba continuamente alrededor de la tribuna autonomista y la palabra prodigiosa de aquellos eximios oradores derramaba claridad tan viva, que todos pudieron ver con horror cómo aquel organismo estaba gangrenado en sus entrañas mismas’ (Manuel Sanguily, “Céspedes y Martí “ (1895) en Discursos y conferencias, La Habana, 1918, pp. 427-428)”.
8-”Origen y Desarrollo del Pensamiento Cubano”,Volumen II, Editorial Lex, La Habana, 1947, pp. 392-397.
9-José Martí, Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. Tomo 14, págs. 149-151.
Colaborador de Pensamiento
Dr. Antonio A. Acosta (Cuba)
Antonio A. Acosta nació en Pinar del Río, Cuba. Es graduado de la Universidad de La Habana y de la Universidad de Montclair en el estado de New Jersey. Ha ejercido la docencia en Cuba y en los Estados Unidos en todos los niveles de enseñanza, desde la primaria hasta la Universitaria. Es autor y co-autor de cuatro libros para la equivalencia de la Escuela Superior (GED). Ha recibido numerosos premios y ha sido laureado por su obra poética y literaria en diferentes países. Es miembro del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, Círculo Panamericano de Cultura. Academia de la Historia de Cuba (Exilio) y otros.
La Moderna Poesía: suceso editorial y arquitectónico
Por: Yamira Rodríguez Marcano
El 17 de diciembre de 1936 se le concedió licencia de fabricación al propietario de La Moderna Poesía, José López Serrano, para construir un nuevo edificio en la esquina de Obispo y Bernaza. La obra fue declarada habitable el 19 de octubre de 1939, como consta en actas del archivo de Amillaramiento.
El inmueble de dos plantas estaba destinado al establecimiento de la popular librería y a las oficinas de Cultural S.A. Se levantó con una estructura de hormigón, muros de ladrillo y techos de azotea. La superficie total fabricada fue 2013.06m² y su valor en venta en moneda oficial se fijó en $ 130 848.90, el cual en 1954 había aumentado a $ 236 214.40.
Aún en la década de 1950 se encontraba totalmente ocupado por los Almacenes de Papel y Efectos de Escritorio y Talleres denominados La Moderna Poesía. Para el local de comercio se destinaron aproximadamente 35m de frente por Obispo, 25m por la calle Bernaza y 36m de fondo por Obrapía.
Se concibió con dos puertas de entrada y salida por Obispo, una por Bernaza para el acceso de los trabajadores, y otra para carga y descarga por Obrapía.
En la planta baja quedaron instalados el Almacén y Tienda de Papel y Efectos de Escritorio con sus diversos artículos; el Departamento de las mercaderías, con sus ventas al por mayor y al detalle, así como un Taller de Compositor de Máquinas de Escribir y Sumar y un Departamento de empacar. La planta alta estaba dedicada a Oficinas del establecimiento, despacho de la Gerencia y Archivo y Depósito Auxiliar.
El edificio poseía un equipo de aire acondicionado instalado en el local de oficinas de planta alta, y tres motores eléctricos, entre ellos un Hiqyunt, No. 12675 de ¾ para elevar paquetes.
La modernidad del nuevo establecimiento no solo abarcó su industria, también su diseño arquitectónico. Según Alejandro G. Alonso en su obra Art Deco en La Habana Vieja, el proyecto tomó una de las variantes del art deco, el streamline o tendencia aerodinámica, cuyas características son definidas justamente por los ángulos redondeados, la radical economía de elementos decorativos y la maciza imagen de la estructura que, junto a su eficaz juego de volúmenes, se desarrolla en sentido horizontal. Las fechas de planeamiento y construcción del inmueble coinciden aproximadamente con el evento valorado como fundamental en la consolidación de la variante mencionada, la Feria Mundial de New York en 1939.
La nueva construcción cedió cerca de 2 metros de acera a la calle con la finalidad de embellecer y ensanchar la esquina, dándole más realce al edificio.
En La Moderna Poesía, con esta concepción esencialmente volumétrica, resalta a primera vista la tipografía en metal que identifica al sitio, como único acento decorativo en toda la fachada que cubre el ángulo de la transitada esquina de Obispo y Bernaza.
En fachada mantiene los amplios paños de vidrio, típicos de los establecimientos comerciales, y su recubrimiento presenta un tratamiento de betún con mica, imitando la piedra, que le aporta sobriedad y solidez. Los pisos de terrazo reproducen las líneas del estilo, al igual que sus colores más empleados, negro, gris y rojo.
Su espaciosa planta se concibió casi libre en función de los servicios a que se destinó, con gruesas columnas distanciadas a cinco metros cada una.
La firma Mira & Rosich, formada por Ricardo Mira Bolívar y Miguel Rosich, fue la encargada del diseño del inmueble, como también lo había sido, en 1932, del propio edificio de la familia, conocido como “López Serrano”, ejemplo paradigmático del art deco en La Habana. Esta empresa fue autora de numerosas obras importantes en la capital.
Después del triunfo de la Revolución el edificio pasó a formar parte del Patrimonio Estatal mediante la aplicación de la Ley de Reforma Urbana del 14 de octubre de 1960. A partir de esa fecha el inmueble fue utilizado por entidades vinculadas a la venta de libros, como la Empresa Consolidada Libros y Discos que radicaba allí en 1966. En 1983 el edificio fue remodelado, añadiéndosele nuevas oficinas y ocupando la planta alta la Editorial Ediciones Cubanas.
En 1993 se integra al fondo de Medios Básicos del Centro Provincial del Libro y la Literatura de Ciudad de La Habana. En noviembre de 1995 este centro transfirió la edificación a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, quien desde ese mismo año la cerró para dar comienzo a las obras.
La Dirección de Arquitectura Patrimonial de la Oficina del Historiador asumió el proyecto de rehabilitación, enmarcado en el proceso de reanimación de la calle Obispo. Los valores originales del edificio y la función para la que fue concebido, fueron respetados, actualizándose el servicio de librería según las exigencias de la nueva época. Así, se recuperó el área de venta en su totalidad, creando un nuevo diseño de falso techo, iluminación y mobiliario que tiende a resaltar las características del inmueble.
Se procedió a limpiar las fachadas por Obispo y Bernaza, evitando el desprendimiento del material de recubrimiento original, y reponiendo las áreas perdidas con un acabado similar. La carpintería exterior de las dos plantas, debido a su grado de corrosión y deterioro, fue sustituida por una moderna, pero realizada con los mismos materiales de la anterior: aluminio y vidrio, este último de coloración oscura. También se colocaron toldos sobre los vanos de planta baja, en aras de retomar la fisonomía de la edificación y de la calle Obispo. El espacio de venta y las oficinas fueron totalmente climatizados, incluyendo sistemas de audio, red de computadoras, sistemas anti-intrusos y anti-incendios. Las obras finalizaron en 1998, y desde entonces la histórica librería continúa abierta al público.
Por sus altos valores históricos, arquitectónicos y urbanísticos La Moderna Poesía forma parte de la lista de los inmuebles del Centro Histórico La Habana Vieja con Grado de Protección II.
*Estos artículos forman parte de una investigación conjunta con la Lic. Patricia Andino Díaz.
UN ACTO DE SUPERVIVENCIA
Lola Benítez Molina
Málaga (España)
“Escribir es un acto de supervivencia”
Paul Auster
Hace poco leí en un suplemento dominical, que
acompaña al periódico, y que trae noticias culturales diversas, una entrevista
a Siri Hustvedt, novelista, ensayista y poeta estadounidense, además de experta
en neurociencia y psicoanálisis y actual esposa de Paul Auster, escritor, guionista
y director de cine, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006 y gran
defensor de las libertades. La lectura se me hacía de lo más placentera, pues
la acompañaba de un suculento desayuno, que endulza y magnifica las mañanas de
domingo, en las que los minutos parecen enlentecerse tras el transcurso de una
ajetreada semana. La calma añorada parece venir a instaurarse, aunque sólo sea
por unos breves momentos: sosiego, paz para el espíritu… Si el lugar escogido
es acogedor y exento de ruidos estridentes, se abren espacios frondosos en los
entresijos de nuestras neuronas.
Una vez más me
gusta detenerme en la vida de esas parejas apasionantes que se complementan e
iluminan el porvenir de su enamorado, como ocurre con el recién nombrado
presidente de Francia, Emmanuel Macron y su incondicional esposa Brigitte; una
historia que a todos nos ha cautivado por lo romántico y por el triunfo del
amor sobre todos los obstáculos. Son historias fascinantes por lo que tienen de
poco común, pero que iluminan los caminos sombríos.
Otro ejemplo
de pareja compenetrada, según decía el magazine, era el matrimonio mencionado
anteriormente, Siri Hustvedt y Paul Auster, para quien “escribir es un acto de
supervivencia”, frase con la que, estoy segura, coinciden todos los que se
dedican a tan ínclito don. Recuerdo también las palabras de uno de los Premios
Nobel de Literatura más admirados: Gabriel García Márquez, quien en su
autobiografía “Vivir para contarla” dice: “Cada cosa con sólo mirarla me
suscitaba una ansiedad irresistible de escribir para no morir”.
Para Paul
Auster “la literatura es esencialmente soledad. Se escribe en soledad, se lee
en soledad y, pese a todo, el acto de la lectura permite una comunicación entre
dos seres humanos”.
El escritor
conoce muy bien ese sentimiento de soledad, que unas veces le es infinitamente
necesario y, otras, lo ahoga hasta lo indecible.
Mayo es el mes más cruel (Primera Parte)
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| Foto tomada de: Academia Historia Cuba Exilio |
(Conferencia pronunciada por el Dr. Eduardo Lolo en la Sociedad Pro-Cuba de Elizabeth [New Jersey], el 21 de mayo de 2017, con motivo del 115o Aniversario de la proclamación de la República de Cuba.)
Primera Parte
Según el primer verso de “The Waste Land” ‒el famoso poema de T.S. Eliot‒ “Abril es el mes más cruel”. Sin embargo, para los cubanos el mes más cruel no es abril, sino mayo. Ese mes cae fulminado, en desigual combate por la independencia de Cuba, quien “♫… no debió de morir. ¡Ay, de morir! ♫” y, un día después, a 7 años de distancia, se llega a la realización de un sueño sublime que se convertiría en horrible pesadilla: el advenimiento de una República que traía en sí misma el germen de su propia ruina. De ahí que sea una celebración agridulce, en que se combinan la alegría y la tristeza, el decoro del inicio que hoy celebramos con la ignominia que daría al traste con la República. Mirar hacia uno obviando el otro componente de la dicotomía resultante constituiría un ejercicio de retórica demagógica. Caricias y golpes parten de una misma fuente: la mano que se tiende amorosa o se recoge en un puño crispado. Entender el paso histórico cubano del sueño a la pesadilla es la única forma de evitar que nuestros sueños de hoy también se conviertan en pesadillas de mañana. Toda celebración del pasado sin la mirada puesta en el futuro se torna una conmemoración pueril. Sin embargo, comprender la trágica metamorfosis señalada no resulta fácil. Hay que analizar la herencia recibida por la repú- blica (tanto lo bueno como lo malo) a fin de separar el codicilo decoroso del legado infame. Sólo así podremos avistar por qué el bochorno terminó venciendo la honra. Comencemos con la Colonia. España trajo a Cuba tanto lo bueno como lo malo de su civilización: de la hoguera de la Inquisición, al apostolado bondadoso de hombres como Bartolomé de las Casas. La ambición y la avaricia, desgraciadamente, pudieron más que la bondad, y nuestros indios desaparecieron en lo que no puede calificarse sino como genocidio, tanto voluntario como involuntario; esta última modalidad como consecuencia de nuevas enfermedades importadas que actuaron a manera de verdugos. A ello habría que unir las autoinmolaciones colectivas por aquellos aborígenes que prefirieron morir libres antes que vivir esclavos. Al final, de ellos sólo nos quedaron, históricamente obstinados, algunos topónimos, incluyendo el nombre de la nación que amamos. Para suplantar a los indios, los colonialistas dieron fuerza a una de las prácticas más perversas en la historia de la humanidad: la trata de esclavos comprados en África. Con el advenimiento de los criollos, una suerte de ciudadanos libres de segunda clase comenzaron a sufrir el asfixiante yugo colonial ensamblado allende la Mar Océana. Sus justos reclamos a la Metrópolis fueron siempre respondidos con negaciones y, cuando cegadas las avenidas civiles optaron por la rebelión, con el terror. Hay hechos del todo vergonzosos: el Fusilamiento de los Estudiantes de Medicina (probadamente inocentes todos del ‘crimen’ que se les achacó), el asesinato mediante el garrote vil del bardo Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) por la simple autoría de un poema, la larga pena carcelaria impuesta y luego el destierro del adolescente José Martí por la escritura de una carta a un condiscípulo, la Reconcentración de Weyler, etc. etc. El número de víctimas va de miles a cientos de miles, según la fuente. La razón de entonces, el imperio de la sinrazón. Paralelamente a lo señalado, la Colonia hizo de la Isla de Cuba un sitio próspero y moderno. Cuando Nueva York era todavía prácticamente una aldea insalubre, La Habana era una ciudad con acueducto, alcantarillado, calles adoquinadas y alumbrado público. A sus teatros (que nada tenían que envidiarle a los de Madrid) venían de gira afamadas compañías teatrales de Europa. Los intelectuales florecían y fundaban instituciones de alto nivel como la Sociedad Económica de Amigos del País. Cuba fue la primera nación iberoamericana que usó máquinas y barcos de vapor (1829) y la tercera del mundo (después de Inglaterra y los EE.UU.) que tuvo ferrocarril (1873). Fue un médico cubano quien primero hizo una operación quirúrgica aplicando anestesia con éter en Iberoamérica (1847) y en 1881 Carlos J. Finlay descubriría el agente transmisor de la Fiebre Amarilla. El tabaco y el azúcar cubanos alcanzaron fama internacional. Y estos son unos pocos ejemplos de los alcances científicos, sociales, urbanísticos y culturales de la Cuba Colonial. Todos los cuales convivían, paradójicamente, con la más atroz represión política. Los dictados de las autoridades eran inapelables, por muy injustos que fueran; los crímenes políticos no sólo quedaban impunes, sino que eran galardonados. Esos aspectos negativos de la Colonia fueron denunciados por cubanos y españoles dignos por igual. Se buscó inútilmente reformar el sistema y, cerradas todas las puertas, se comenzó la lucha por la independencia. La Conspiración de los Rayos y Soles de Bolívar, la expedición dirigida por Narciso López, la Conspiración de la Escalera, el Grito de Yara, etc. fueron actos heroicos, no pocas veces desesperados, de esos criollos que no podían seguir viviendo en la ignominia. El último esfuerzo independentista, fomentado y dirigido en sus inicios por José Martí, llega a un punto de estancamiento que hacía imposible la victoria a ninguno de los dos bandos en pugna. Teddy Roosevelt, un joven neoyorquino de visión histórica, empuja entonces al reticente gobierno norteamericano a tomar parte del conflicto, de donde resulta la derrota de la España colonialista. El período de la Intervención Norteamericana se caracterizó, como el colonial, por la combinación de luces y sombras. Por el lado positivo propició el desarrollo de la infraestructura sanitaria y educativa de acuerdo con las prácticas estadounidenses, entonces a la vanguardia del mundo, por lo que los programas de enseñanza y la salud pública alcanzaron niveles que ni siquiera la Europa de entonces tenía. El primer tranvía y el primer automóvil que se conocieron en Latinoamérica circularon en la Habana en el año 1900. La administración se compuso en base a los conocimientos y los méritos de los aspirantes, no por favores políticos como era común en los demás países latinoamericanos de la época, en práctica todavía increíblemente vigente. No en balde todo el adelanto alcanzado por Cuba en unos pocos años.
De manera paralela se le impuso a la joven nación en tránsito a la república el afrentoso Tratado de París y la deshonrosa Enmienda Platt. El Tratado de París (que no firmó ningún cubano, dicho sea de paso) hizo permanentes el robo de medios y haciendas a los mambises, cuyas propiedades confiscadas por el gobierno colonial habían sido distribuidas entre los integristas (tanto españoles como criollos) a manera de pago o pitanza por la lealtad o la traición de los premiados, según el caso. Hasta donde tengo entendido, es el único ejemplo en la Historia de la Humanidad en que los vencidos se quedan con las propiedades y haciendas que le arrebataran injustamente a sus legítimos dueños, los vencedores. La Enmienda Platt, por otra parte, daba al gobierno de los EE.UU. la potestad de intervenir militarmente en Cuba cuando le pluguiera, como si fuera una colonia en el traspatio en vez de una república independiente. Y bien que hizo uso de esa auto- dispensada concesión impuesta a los cubanos, aunque hay que reconocer que casi siempre a regañadientes.
Comentario sobre el Ensayo “Justificar lo Injustificable: General Valeriano Weyler.” Del historiador René León
por Dra. Herminia de Ibaceta.
Desde que
el amigo René León, puso en mis manos su reciente ensayo sobre el General
español Valeriano Weyler, sabía que iba al encuentro de una historia contada a
cabalidad. Un estudio científico, que como todos los que llevan su firma, está
precedido por una exhaustiva investigación, ofreciendo siempre al lector la
verdad histórica y el juicio sincero. No es León de los que callan ante la
ignominia. Seriedad y valentía caracterizan su trabajo.
Todos
sabemos que el gobierno de Weyler fue para la isla de Cuba uno de los más
tiránicos y feroces impuestos por España. Reconcentrando en las poblaciones a
los infelices pobladores de las zonas rurales, se pensaba contener el
avance del ejército libertador y dar fin
a la contienda bélica, con la consiguiente derrota de los cubanos. Weyler no
pudo lograr su propósito de dar fin a la guerra, pero su inmisericorde campaña,
plagada de abusos, violaciones de mujeres, hambre y crímenes en general,
produjeron innumerables bajas y sufrimientos al pobre pueblo cubano.
Con lujo
de detalles, cuenta el historiador los pormenores de la horrenda odisea vivida por el pueblo
de Cuba bajo el látigo de Valeriano Weyler. Valientemente, narra los hechos
acaecidos, señala culpables, y emite opiniones acerca de aquellos que, a través
de los años, han callado o distorsionado la verdad histórica.
Entre
ellos menciona el ensayo de Fernando Barroso titulado “El General Valeriano
Weyler, y su mando en Cuba”, que aparece en el libro “1898 entre El Desencanto
y La Esperanza” publicado por la ALDEU. Según León, Barroso, consideraba que
Weyler: “Sólo cumplía un deber militar, y comparaba a Weyler con el Duque de
Alba en Flandes. (1). En opinión de Barroso, Weyler no fue un mal hombre, sólo
que como jefe de operaciones militares en Cuba y gobernador, tuvo que cumplir
órdenes para terminar la guerra” (1). León aclara que Barroso no hizo alusión a
los crímenes cometidos por Weyler, que su ensayo resultó en un trabajo colmado
de inexactitudes, en el que asegura “Barroso olvidó justificar lo
injustificable” (2).
Con suma
tristeza León menciona en su ensayo a personas, que al principio de la
República aún elogiaban al “carnicero Weyler”. Entre ellos Tiburcio P.
Castañeda, cubano de origen, quien en su libro “La Explosión del Maine y la guerra de los Estados Unidos
con España”, justifica las matanzas cometidas por Weyler. También al americano
Walter Millis quien en “Our Martial Spirit” considera a los cubanos
responsables de la reconcentración en Cuba. (8).
Escritor e
historiador que conoce su trabajo, León, ofrece en su ensayo un adecuado
balance entre las opiniones, que a través del tiempo histórico, se han
producido en defensa o en contra de Weyler y la Reconcentración. Entre estos
últimos menciona a: Emilio Roig de Leuchsenrig quien en su obra “La Guerra
Libertadora Cubana de los Treinta Años” denuncia, con absoluta valentía, los
crímenes cometidos, señalando nombre, apellidos y lugares; a Raymundo Cabrera y
su revista “Cuba y América”, que en uno de sus editoriales expone: “Entre los
grandes crímenes que el gobierno español perpetúa en Cuba faz a faz con el
siglo XIX, ninguno más horrible que el de la concentración ordenada por Weyler,
que ha enviado a su colonia.” (14). Como si estas opiniones no fueran
suficientes, León, aporta el testimonio del propio José Maceo Verdecia, tomadas
de su libro “Bayamo”, en el que se acusa a Weyler, así como al propio general
Valmaceda. León, menciona, además, los periódicos españoles: El Heraldo de
Madrid,, El Día, El Ejército y
Otros, que valientemente denunciaron y combatieron
la reconcentración. El ensayo termina con una serie
interesante de datos sobre la muerte del general Antonio Maceo y de su fiel
ayudante Panchito Gómez Toro.
El estudio
realizado por el historiador León sobre el general Valeriano Weyler y su fatal
participación en la reconcentración de los campesinos cubanos, durante nuestra
Guerra de Independencia constituye, por su ajuste a las investigaciones
previamente realizadas, su claridad de exposición y su lealtad al hecho
histórico, un trabajo digno de leerse. Segura estoy de que los que lo lean
jamás justificarán, como dice el autor, lo injustificable.
El Día de la Hispanidad
El 12 de octubre de cada año se celebra el Día de la Hispanidad que conmemora con regocijo y respeto la hazaña de Cristóbal Colón y sus tres carabelas: el descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492.
En América, fue D. Hipólito Yrigoyen, presidente de Argentina desde 1916 a 1930 quien, el primer año de su mandato, y a pesar de la oposición de una mayoría que negaba la herencia colonial española, proclamó el 1 de octubre como fiesta nacional por primera vez, porque... «era aquella una herencia inmortal que debemos afirmar y mantener con jubiloso reconocimiento». Desde entonces todos los países hispanoamericanos comenzaron a conmemorar la fecha como «Día de la Raza».
En España, fue la Casa de América de Barcelona la que inició su conmemoración en 1915, pero no fue sino hasta 1917 que se instauró como fiesta nacional. Curioso que América se anticipase a España en esta celebración.
Tenía razón el presidente Yrigoyen. La gesta de Colón inició un proceso de conquista y colonización que tuvo como consecuencia la aparición de países que tienen una comunidad de ideas, de cultura, y sobre todo, de idiosincrasia: la de la raza hispana.
Durante mucho tiempo ha habido quienes pretendieran restar importancia al hecho de la influencia española en América y quitar, por tanto, mérito a España aduciendo que Cristóbal Colón no era español, sino genovés. Yo digo que poco importa cuál fue el lugar de nacimiento de este marino soñador e intrépido. Lo que sí tiene importancia es que, a pesar de la situación de la España de ese momento, empeñada en la gesta de la unificación y la expulsión de los moros, fueron los Reyes Católicos los únicos que se avinieron a emprender la aventura. No hay que olvidar que Colón había peregrinado por Italia, Francia y Portugal ofreciendo a las Cortes de los antedichos países la hegemonía de las tierras que descubriese a cambio de patronazgo económico.
‘Tampoco tiene demasiada importancia que Fernando de Aragón, ya muerta Isabel de Castilla, se negase a pagar a Colón la recompensa acordada por su hazaña. ‘Todos conocemos la avaricia de Fernando y tampoco debemos olvidar el endeudamiento de las arcas reales, consecuencia de la Reconquista.
Lo realmente importante fue que la España descubridora, la España Imperial, a diferencia de Francia e Inglaterra imperiales, supo sembrar en sus colonias de América la semilla de la hispanidad; que los hombres y mujeres que allí füeron asentaron sus reales en la nueva tierra de manera tal que la hicieron suya y la amaron como suya enseñándole a esa nueva tierra religión, lengua, cultura y tradición; y que sus descendientes se sintieron criollos y no peninsulares de paso. Eso es lo verdaderamente importante.
En cualquier país hispanoamericano sus gentes tienen similares virtudes y parecidos defectos a los que perviven en el pueblo español, dando por sentado que hay ligeras diferencias determinadas por la. desigualdad climática, igual que un gallego y un castellano y un andaluz, aunque españoles, son diferentes porque el clima de sus regiones determinadas los remodela. Y tanto es así, que hay más puntos de comunidad y conocimiento entre un hispanoamericano y un español que entre dos hispanoamericanos de diferentes países.
Esa hispanidad es la herencia de España en América. Ésa es la hispanidad que pervive a pesar de las diferencias políticas y económicas que sentaron las bases de la independencia de las colonias. Y esas colonias, ya libres e independientes políticamente, siguieron siendo hispanas.
Esto no sucedió con las colonias inglesas y francesas, la India y Argelia, por ejemplo, que, liberadas del yugo colonial, siguieron siendo lo que eran antes de la conquista: hindúes y musulmanes eran y son. Y los siglos de vida colonial apenas si representaron un ligero barniz en sus culturas, barniz que perdió lustre en muy pocos años, perdurando sólo la lengua, como lengua extranjera, en los estratos políticos y administrativos; nunca en el pueblo llano.
Por eso, afirmamos y defendemos los hispanoamericanos esa herencia inmortal de España, y somos agradecidos.
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