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sábado, 1 de octubre de 2016

EN EL CUARTO ANIVERSARIO DE “PENSAMIENTO” (edición digital)

Por: Roberto Soto Santana

            En una crónica publicada el 6 de agosto de 1906 en el madrileño diario EL IMPARCIAL, José Ortega y Gasset disertaba con arreglo al siguiente tren de pensamiento: “Grandes y chicos, viejos y mozos, sabios e inocentes, llevamos todos dentro una visión del universo más o menos fragmentaria. La cultura no es otra cosa que el canje mutuo de estas maneras de ver las cosas de ayer, de hoy, del porvenir…querríamos acaso que nuestras opiniones fueran las definitivas, las ejemplares, las únicas, y un tanto de desconfianza nos hace preferir su ocultación, antes que exponerlas al fracaso o a la indiferencia. Es preciso que aprendamos a huir de semejante vicio…Así en la literatura y en toda nuestra vida de hoy se advierte un prurito de genialidad y de fanfarronería, sólo concebible donde las mozas y las viejas testas se hallan preocupadas únicamente de seer las primeras en los escalafones, dando por despreciables todos los demás puestos. Aprendamos a ser los segundos, los terceros, los últimos…Exponga buenamente cada cual su visión del mundo de la manera que esto es posible: a saber, procurando en cada momento expresar en una fórmula de palabras los vagos e informados pensamientos que dentro de nosotros suscita tal hecho presenciado, tal libro que leemos, tal idea que nos florece inopinadamente dentro. Es posible que no sea otra cosa en su germen una fuerte civilización –la de Grecia, la de Italia en el ‹Risorgimento›,  la de Inglaterra durante todo el siglo XIX, la de Alemania ayer y hoy- que el cúmulo de esas visiones del mundo individuales, más aún íntimas, comunicadas de mil modos en la conversación, en los periódicos, en los libros, en los discursos…Lo más triste que pueda ocurrir es que donde la vida intelectual llega apenas a un soplo, a un hálito, especie de agonía, esta pobreza de intelectualidad sea amanerada, narcisina y con las raicillas al viento o sin raíces, como los musgos. Esto son las literaturas de decadencia que se desentienden de todos los intereses humanos y nacionales, para cuidarse solo del virtuosismo, estimado por los entendidos, iniciados y colegas del arte.”
            Implementando esas pautas como guía y norte de su actividad, PENSAMIENTO Digital cumple cuatro años de ininterumpida difusión de la Literatura, la Historia y el saber en general –si bien con predilección por los temas cubanos-, incólume su propósito de exponer hechos y obras y sus análisis con vista al esclarecimiento y la instrucción en las entendederas de su público lector –que ha llegado a ser internacional- del significado y de la trascendencia de la capacidad creativa del espíritu humano, en todas sus vertientes. Porque en PENSAMIENTO se discurre, se exponen y confrontan pareceres, se analiza y se clarifica, en una palabra se educa en el conocimiento a través del cernimiento y el discernimiento de las ideas, a la manera que practicaban y propugnaban los pensadores cubanos Antonio Bachiller y Morales, el Presbítero Félix Varela, y Enrique José Varona.
Abominando de actitudes sectarias, PENSAMIENTO –al presentar hechos contrastados y exponer con mutuo respeto los puntos de vista tanto coincidentes como divergentes sobre aspectos de la realidad cultural, histórica y social- atiende a la admonición contenida en el Capítulo 8, Versículo 32 de la Biblia: “la verdad os hará libres." Porque ése ha sido desde su creación el fin último de PENSAMIENTO: pensar y actuar en todo momento con la verdad, como único medio de ser y permanecer libres.
            La ya inveterada aparición quincenal de esta publicación en formato digital ha sido posible, en primerísimo lugar, gracias a la iniciativa, el celo, el generoso patrocinio, su propio y personal valer como escritor -poeta e historiador-, y la calidad de reconocido polígrafo de su Editor, el profesor René León, quien es, por este y otros cometidos realizados a lo largo de su quehacer académico, auténtico promotor y mecenas de las Letras hispánicas. 

Bibliografía activa: José Ortega y Gasset, Obras Completas, Tomo I, pp.46-47. Séptima edición, Revista de Occidente, Madrid, 1966.

The American Warrior


The average age of the military man is 19 years. He is a short haired, tight-muscled kid who, under normal circumstances is considered by society as half man, half boy. Not yet dry behind the ears, not old enough to buy a beer, but old enough to die for his country. He never really cared much for work and he would rather wax his own car than wash his father's, but he has never collected unemployment either. 



He's a recent High School graduate; he was probably an average student, pursued some form of sport activities, drives a ten year old jalopy, and has a steady girlfriend that either broke up with him when he left, or swears to be waiting when he returns from half a world away. He listens to rock and roll or hip-hop or rap or jazz or swing and a 155mm howitzer. 

He is 10 or 15 pounds lighter now than when he was at home because he is working or fighting from before dawn to well after dusk. He has trouble spelling, thus letter writing is a pain for him, but he can field strip a rifle in 30 seconds and reassemble it in less time in the dark. He can recite to you the nomenclature of a machine gun or grenade launcher and use either one effectively if he must. 

He digs foxholes and latrines and can apply first aid like a professional. 

He can march until he is told to stop, or stop until he is told to march. 

He obeys orders instantly and without hesitation, but he is not without spirit or individual dignity. He is self-sufficient. 

He has two sets of fatigues: he washes one and wears the other. He keeps his canteens full and his feet dry. 

He sometimes forgets to brush his teeth, but never to clean his rifle. He can cook his own meals, mend his own clothes, and fix his own hurts. 

If you're thirsty, he'll share his water with you; if you are hungry, his food. He'll even split his ammunition with you in the midst of battle when you run low. 

He has learned to use his hands like weapons and weapons like they were his hands. 

He can save your life - or take it, because that is his job. 


He will often do twice the work of a civilian, draw half the pay, and still find ironic humor in it all. 

He has seen more suffering and death than he should have in his short lifetime.

He has wept in public and in private, for friends who have fallen in combat and is unashamed. 


He feels every note of the National Anthem vibrate through his body while at rigid attention, while tempering the burning desire to' square-away' those around him who haven't bothered to stand, remove their hat, or even stop talking. In an odd twist, day in and day out, far from home, he defends their right to be disrespectful. 

Just as did his Father, Grandfather, and Great-grandfather, he is paying the price for our freedom. Beardless or not, he is not a boy. He is the American Fighting Man that has kept this country free for over 200 years. 


He has asked nothing in return, except 
Our friendship and understanding. 

Remember him, always, for he has earned our respect and admiration with his blood. 

And now we even have women over there in danger, doing their part in this tradition of going to War when our nation calls us to do so. 



As you go to bed tonight, remember this shot..... 

A short lull, a little shade and a picture of loved ones in their helmets. 



Prayer wheel for our military.... Please don't break it Please send this on after a short prayer. 

Prayer Wheel 

'Lord, hold our troops in your loving hands. Protect them as they protect us. 

Bless them and their families for the selfless acts they perform for us in our time of need. Amen.' 

When you receive this, please stop for a moment and say a prayer for our ground troops in Afghanistan, sailors on ships, and airmen in the air, and for those in Iraq, Afghanistan and all foreign countries. 

There is nothing attached.... 

This can be very powerful.. 



Of all the gifts you could give a US Soldier, Sailor, Coast guardsman,

Marine, or Airman, prayer is the very best one. 


I can't break this one, sorry. 
Pass it on to everyone and pray.


-- What you are will show in what you do. -- Thomas A. Edison

Bienvenidos

Cristóbal Colón
Navegante
Cristóbal Colón, Cristoforo Colombo en italiano o Christophorus Columbus en latín, fue un navegante, cartógrafo, almirante, virrey y gobernador general de las Indias Occidentales al servicio de la Corona de Castilla. Wikipedia
CónyugeFelipa Moniz (m. 1479)

LOLA BENÍTEZ MOLINA Y SU NOVELA “La Soledad del Cuerdo”


Edita: Granada Club Selección S.L. 
Por: Leonora Acuña de Marmolejo, 

La Soledad del Cuerdo es el interesante e inquietante título (que invita a su lectura inmediata) de la maravillosa primera novela de la autoría de la talentosa joven Lola Benítez Molina, nacida en Málaga (España) e hija del famoso y prolífico escritor y poeta Carlos Benítez Villodres. 

El meollo de esta obra vertebrada por 13 capítulos, se basa en el interesante programa encauzado hacia la interesante y transcendental investigación de las células madre, el cual tiene lugar en New York, uno de los puntos focales en donde se desarrollan los estudios. El otro es Granada, la ciudad de la protagonista Cris, y adonde ella regresó tras de un año en el que trabajó como enfermera en el hospital Mount Sinai, lugar que había sido asignado a su marido mediante una beca para la investigación de las susodichas células madre. 

En el hospital trabajó bajo las órdenes del prestigioso escritor y psiquiatra, doctor Richard Stanton (el principal protagonista) de quien quedó prendada desde el momento en que lo conoció. Le impresionaron de él muchas cualidades: Su personalidad carismática; su don de gentes; su varonil y gallarda apostura; su inteligencia; y su gran sentido del humor. 

A la larga, esa admiración que ella sentía por él, se convirtió en un amor platónico pues aunque Richard alguna vez llegó a decirle que le gustaría envejecer a su lado, no pasó de allí, porque él respetaba su condición de mujer casada como aún lo era. 

Al llegar aquí a la Gran Manzana, Cris puso a sus hijos al colegio, y con su esposo comenzó su vida normal como pareja laboral que frecuentemente llega a la rutina de: Trabajo-casa, casa-trabajo. Para romper esa monotonía, ella frecuentemente tenía reuniones y pequeñas fiestas con sus más allegados amigos y en las cuales -por supuestono podían faltar Richard y Gustav (con Dana, su esposa), el amigo de él desde la infancia y con quien continuaba sosteniendo una bella, leal e inquebrantable amistad. 

El año de residencia en New York fue un tiempo de inolvidables y enriquecedoras experiencias, y encuentros; mas también lo fue de dolorosas pérdidas, y de ausencias irreparables, como la muerte de la esposa de Richard, quien murió de Alzheimer, y el deceso a temprana edad, de la hermana de Gustav. 

Refiriéndose a este exitoso amigo, habla de sus avances y sus descubrimientos sobre cómo los órganos vitales del pez cebra se pueden regenerar por completo; y muy satisfecha, a su debido tiempo comenta que su marido y sus compañeros continúan progresando en el hospital Mount Sinai con las innovaciones de las células madre, llegando a descubrir la célula resistente a la quimioterapia, y el bloqueo que debe hacerse de la célula mutada responsable de que el tumor avance, para frenarla a fin de detener su crecimiento y expansión. Además -según dice-, llegan a producir órganos en perfectas condiciones, capaces de sostener nuestra subsistencia. También en lugar de emplear embriones congelados para la fecundación “in vitro” como solía hacerse, “descubren un nuevo procedimiento de obtención. Aprovechan cuando fallece un donante de órganos y, antes de implantarlo, obtienen parte de la célula madre de ese órgano, para luego en el laboratorio poder obtener uno nuevo a partir de ahí. Es así como comienzan a curar la diabetes a partir del transplante de páncreas. De esa forma, muchas de las enfermedades crónicas podrían dejar de serlo”. 


Volviendo atrás y como se mencionó antes, el amor de Cris por Richard continuó entronizado en su corazón hasta el final, mas quien le ganó la partida fue su amiga Graciela, por ser una mujer determinada y audaz que siempre conseguía sus propósitos (tesón que a ella le faltaba), y quien se valió de diferentes subterfugios para conquistarlo, tales como por ejemplo el de hacerse enviar flores ella misma a fin de despertar interés y celos en él. Esto lo supo Cris, mas siendo mujer de gran probidad e integridad, muy noblemente le guardó el secreto. Más tarde ella deploraba no haber terminado a tiempo la relación con su marido (quien finalmente terminó dejándola), ya que la unión familiar que tanto había anhelado no se habia dado aunque para entonces, ella continuara obstinadamente pensando lo contrario. 

Tras de su regreso definitivo a Granada, y en un congreso al cual asistió Richard (de quien ella no pudo ni siquiera despedirse en New York) como ponente del Congreso Internacional de Salud Mental, ella volvió a verlo y con inmenso dolor y desencanto, supo que lo acompañaba Graciela, con quien se había casado. Aquel día él estaba tan inmerso en su tesis que no se percató rápido de su presencia. Luego conversaron brevemente, aunque paradójicamente hubiera mucho y a la vez muy poco para compartir. Reconocía que Richard nunca fue realmente suyo, y en ese encuentro, amargamente comprobó que lo había perdido para siempre. Aceptó con tristeza su realidad, mas con gran fortaleza espiritual, se prometió a sí misma, no buscarlo nunca más. 

Para abrillantar aún más esta novela, no falta la transcripción de dos bellísimos sonetos de la autoría de su padre, Carlos Benitez Villodres, y otro de su madre Loli Molina Diaz, titulado “Mi Silencio”. Como es de suponer, en este maravilloso libro no pueden faltar los relatos sobre la cotidianidad de la vida familiar, cultural y social de la Babel de Hierro, ni la cita de sus lugares típicos como el Central Park, Rockefeller Center y los sitios más turísticos de la 5a. Avenida, en donde pecisamente tenía su residencia su amigo Gustav, como también connotados artistas y escritores, algunos de los cuales en ciertas ocasiones se hacían presentes en sus reuniones sociales. 

He de poner de relieve, que esta novela está también enriquecida por muchas anécdotas basadas en las experiencias psiquiátricas de los protagonistas, con conclusiones por demás interesantes por sus pragmáticos análisis como el de la transformación sufrida por nuestra sociedad actual, y por consiguiente la necesidad de inculcar en ella nuevos valores. Asímismo se encuentran reflexiones cual epílogos o epigramas como por ejemplo: “No hay peor batalla que la que se entabla consigo mismo” –Churchill. O: “Las pérdidas y los encuentros son los que marcan nuestras vidas”; o citas de frases de famosos intelectuales como la de Walt Whitman: “No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre. No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en silencio espantoso. No te resignes” ; o la de Flaubert: “Cuidado con la tristeza, que ésta puede convertirse en vicio”; o en su propio concepto: “Uno puede elegir entre dos caminos: el de las lamentaciones o el de la superación”. 

Por la esencia de la obra, frecuentemente se mencionan enfermedades de carácter mental como por ejemplo: “Trastorno bipolar”; y otros diagnósticos como “traumatismo craneoencefálico”, o “fractura de meseta tribial” o “cifosis dorsal”, amén de otras anomalías de esta índole. 

Describiendo a Gustav, uno de los más destacados protagonistas, y de su afición por leer a los grandes filósofos y eruditos de la época, se refiere al difícil y aparentemente contradictorio y especial carácter (con cambios extremos en su comportamiento) de algunos de estos destacados personajes y genios de la historia, de quienes se ha llegado a considerar (quizás incomprensivamente), que arribaron casi al borde de la locura, como Picasso, Van Gogh, Beethoven, y muchos otros que nos han dejado un legado de incalculable valor, a pesar de que el ente humano dentro de ellos, estuviese lleno de conflictos internos que se reflejan en su obra. Así, ella dice: “Algunos de ellos llegarán a rozar la locura, pero no será sino su extrema cordura la que les llevará por unos derroteros de angustia infinita. La soledad del cuerdo es como yo lo llamo, y aquí expongo… ”. De esta cláusula se origina el título de su originalísima novela que refleja su gran talento e inquieta intelectualidad investigativa.

Es de anotar que destacados escritores e intelectuales han abordado el tema de esa inquietante, aparente locura de algunos de los grandes genios, como por ejemplo el humanista holandés Erasmo (Desiderio) n. en Rotterdam con su admirable libro “Elogio de la locura”. Y viene al caso también (y para orgullo de nuestra Lengua Cervantina), mencionar que recientemente la talentosa poeta y escritora hispalense Isabel Diez Serrano, publicó el maravilloso poemario titulado “La llamaban loca”, sobre el cual -dicho sea de paso-, esta servidora se permitió escribir una reseña. 

Volviendo atrás: Cuando Cris regresó definitivamente a Granada, llena de nostálgicos recuerdos y pesares, mas sobreponiéndose fuertemente a sus sentimientos amorosos y desencantos, continuó trabajando en el área de psiquiatría. Mas he aquí el final e inquietante desenlace: Un día ya a las puertas de la tan ansiada primavera (su estación preferida), sorpresivamente recibió un paquete certificado y sin remitente, que ella abrió con gran curiosidad. Era el tan significativo libro de lomos gastados que había tenido entre sus manos un par de veces cuando residía en New York. Adentro a guisa de marcapáginas sobresalía la foto de su amor inalcanzado: Richard. Era la misma foto que su mujer le había mostrado el día en que había ido a visitarla a su casa: “Cuando esta foto hable, dejaré de quererte”. Una luz de esperanza que la envolvió en un halo de embriagadora sensación, volvió a brillar en su vida… Quizás algún día fuera suyo este hombre que había cautivado sus sentimientos de mujer… 

Resumiendo: Es digna de ser leída esta admirable novela cuyo tema principal que es la transcendental investigación con células madre, está bellamente entretejido entre la traba y la urdimbre de una bellísima historia de amor. ¡Albricias para Lola Benítez Molina, la inteligentísima autora de mentalidad muy avanzada y futurista, quien visualiza avances y cambios estructurales en nuestra sociedad, y quien con su admirable obra nos enorgullece poniendo una estrella más de triunfo en el firmamento de nuestras letras! 

Lola Benítez Molina nace en Málaga donde reside habitualmente. Ha participado en distintos medios de comunicación. Tiene escritos varios relatos en diversas antologías, entre ellas: “La verdad muda”. Esta es su primera novela. 

Leonora Acuña de Marmolejo, ColomboAmericana. Escritora, poeta, periodista, crítica literaria, y pintora. Autora de varios poemarios, libros de cuentos, y una novela. Reside en Levittown, New York desde 1966.

Los Restos de Cristóbal Colón (lugar donde se encuentran)

René León
  
® 1997
Registration Number :TX-456-224
Printed in Tampa, Florida
Nota Introductoria
Primera Parte 

  Cristóbal Colón es una de esas figuras históricas que acrecienta su fascinación con el transcurso del tiempo. Hasta puede añadirse, que lo que más nos atrae al Gran Almirante, no es la proeza del descubrimiento, sino lo que ignoramos del hombre.
  No hay certeza sobre quien fuera Colón, el hombre. Todos sus datos biográficos pueden ser considerados o evaluados, al menos, desde dos puntos de vista totalmente opuestos. Si nos atenemos  a una prueba estricta y legal en la probanza de sus datos vitales, sólo terminamos  con una fuerte sospecha de que vivió o alrededor de Génova en Italia y que su español  distaba mucho del habla culta de la época.
  Con respecto al lugar donde reposan los restos del Almirante de la Mar Oceánica, también hay divididas y acerbas opiniones. Aunque todas las autoridades colombinas consideran como un hecho cierto y probado que el Descubridor del Nuevo mundo falleció en Valladolid y que sus restos fueron después trasladados a la República Dominicana; aquí termina el general consenso.
  Donde de nuevo surge el desacuerdo, y la argumentación se hace violenta, es en  cuanto se habla de si los restos custodiados en la Catedral de Santo Domingo son los de Cristóbal Colón o si sus verdaderos despojos mortales se encuentran en Sevilla.
  Pues bien, ahora mi dilecto amigo y acucioso investigador, René León, ha realizado una laboriosa compulsación de las fuentes originales en que los actores narran lo sucedido, y lo observado durante el traslado de los “restos de Colón” a España, en los últimos años del pasado siglo. Es evidente que la historia oficial de los “restos” dejaba mucho que explicar. En este opúsculo, todo aparece más definido y avalado por fehaciente documentación. Esta es, sin lugar a dudas, la explicación definitiva sobre el paradero de las cenizas del hombre que puso en contacto a Europa y América.

Dr. Filiberto Henderson

Introducción

La idea de escribir sobre los Restos de Cristóbal Colón viene de los años 50, cuando mi hermano Julio (†) y yo estábamos haciendo una investigación sobre los cabildos negros en tiempo de la colonia en Cuba. Encontré documentos e informaciones sobre Colón que me llamaron la atención. Entre ellos el informe de Colmeiro y López Prieto El de la Academia de Historia de Cuba, por Valverde y dos libros más. Pero el que más me llamó la atención fue uno que mi padre tenía en su biblioteca, el de Emiliano Tejera, el cual no coincidía con los otros. Me Pareció en aquel momento que algo raro había en ello, después de leer en el Boletín del Archivo Nacional, el informe de Joaquín Llaverías, que había enviado a Santo Domingo para dejar aclarados muchos claroscuros.
  Me puse a buscar las actas del Cabildo que pudieran hacer referencia al traslado de los restos a Cuba, desde Santo Domingo, y las referentes a los acuerdos que el obispo Espada propuso en el Cabildo y las actas de la Catedral. Buscando en una Hemeroteca encontré de un periódico de la época, una nota donde aparecía el nombre del artista o escultor que hizo las adaptaciones en la lápida y el busto de Colón. Todo esto hacía más interesante la búsqueda de información. El libro de Emilio Roy de Leuchsenrig Los monumentos nacionales en Cuba , donde aparecía la declaración de uno de los testigos que estaba el día que se abrió el nicho  donde estaban los supuestos restos. Llegaron años turbulentos y de desgracia para nuestro país con la llegada del Castrismoi. Al salir de mi país mande por correo algunas informaciones, unas llegaron, otras fueron destruídas por el correo de Cuba.
  Con la información que he podido encontrar, y la que me pudo conseguir el Dr. Rowland J. Bosch en Santo Domingo, junto con la ayuda del colombista y amigo Dr. Filiberto Henderson, y el historiador Dr. Roberto Solo, doy por terminado este ensayo. Pero eso no quiere decir que no seguiré buscando más información. Gracias a todos aquellos que me han ayudado, en especial, a mi hermano Julio (†), porque los dos emprendimos una búsqueda del pasado cubano y de nuestra historia, que espero seguir hasta que me muera.
Rene Leon

 Han pasado más de cinco siglos del Descubrimiento del Nuevo Mundo y todo lo que se refiere a Cristóbal Colón es una controversia. Desde el descubrimiento o redescubrimiento de las nuevas tierras; su nacimiento; las informaciones en que se basaba. Y por último, donde reposan sus restos. Cuando se cumplía el Quinto Centenario del Descubrimiento, la República Dominicana proponía que una junta de científicos e investigadores, analizaran los restos de Santo Domingo, y los que se encontraban en Sevilla, para que ellos determinaran con exactitud, cuáles de aquellos restos eran los del Almirante Cristóbal Colón. España se opondría enérgicamente; aduciendo que ellos no tenían que probar nada; que los que estaban en Sevilla, eran los restos del gran navegante. Nos preguntamos; ¿Acaso ellos temen que se sepa la verdad, de que los restos de Santo Domingo son los de Colón?
  Ha habido muchos claroscuros en las investigaciones de aquellos años sobre los restos de Colón, uno de ellos, es la tozudez de los que formaban parte del gobierno de España en reconocer sus errores; no se podían dar cuenta que aquel gran imperio, había decaído en las últimas centurias, por el orgullo y los grandes intereses creado en la Metrópoli. Prefirieron antes de dar la soberanía a Cuba, firmando una paz, perder una guerra ante la gran potencia que empezaba a controlar el nuevo continente: Estados Unidos.
  Cuando se van a llevar a España los supuestos restos de Colón, descubren que no son los de él; dudan si llevarse los que están allí; a última hora deciden llevarlos a España, y así demostrar que son los del gran Almirante. Pero veamos más adelante todas las informaciones que aparecen sobre ello, en especial el acta del secretario en La Habana, al momento de su traslado, y parte de un acta que se levanta en el momento del traslado en 1795 de Santo Domingo, a la Catedral de La Habana.
  El Almirante Cristóbal Colón muere, en Valladolid el 20 de mayo de 1506. Según los historiadores, los restos estuvieron en la ciudad hasta el año de 1513, después fueron trasladados al monasterio de los Cartujos, de las Cuevas, en Sevilla, en la capilla de Santa Ana o del Cristo, y luego fueron conducidos a La Española (Santo Domingo) 
  Se dice que esto sucede en 1536, y depositados en la Capilla Mayor de la iglesia Catedral. Sin embargo, otros historiadores, afirman que los restos  llegarían en 1540. Yo creo que se puede dar la fecha del año de 1540 por la más segura. La Catedral no fue terminada hasta ese año, que fue el mismo que su nieto don Luis Colón, se hace cargo del gobierno de la isla. Ahora, en el lugar donde pusieron los restos dentro de la Catedral, no se sabe a ciencia cierta. Sólo sabemos que fue “en la Capilla principal de la Catedral de Santo Domingo”. No hay indicación de un lugar fijo. Otra cosa que no se sabe, es si tenía lápida sobre su tumba, o quizás la tenía y con el tiempo se destruiría. También hay la posibilidad de que fuera removida, puesta y olvidada en otro lugar de la Catedral. Lo mismo pasó con la tumba de don Diego Colón.
  Dentro de la Catedral, desde la fecha de su construcción, se realizaron varias reparaciones y aumentos en el Presbiterio; en 1877 se hicieron alteraciones, y también más tarde. Que se sepa, las bóvedas donde estaban los restos de, nunca fueron alteradas. (ver grabado)
  En el Presbiterio, su centro se encontraba el altar; más abajo a su izquierda se encontraba la bóveda del Almirante Colón. Separada por una pared de 16 centímetros de grueso, se encontraba la de don Diego Colón. (que fue abierta el 20 de diciembre de 1795, como veremos más adelante) Al otro extremo el Presbiterio, a la derecha, se encontraba la bóveda de don Luis Colón. (descubierta el 14 de mayo de 1877)
  El Teniente General de la Real Armada, don Gabriel Aristizábal, al saber que España había cedido a Francia, por el tratado de Basilea, la parte donde se encontraba Santo Domingo, tomó la decisión en llevar los restos de Colón a Cuba, para no ser dejados en poder de Francia. La entrega del territorio se verificaría el 27 de enero de 1801.
  El 20 de diciembre de 1795 se procede a efectuar la exhumación  de los supuestos restos de Colón. Reunidas las autoridades militares y religiosas se celebra una Misa de Requiem, y al día siguiente trasladan el ataúd; siendo llevados los restos a bordo del bergantín de guerra “El Descubridor”, y trasladados los restos, más tarde al navío “San Lorenzo”. En el acta de 1795 se habla del traslado de los restos, pero no hablan de si eran en realidad los verdaderos, porque sencillamente, nadie se ocupó de ello. Enviaron los primeros que encontraron. El 15 de enero de 1796 arribaron al puerto de La Habana, siendo recibidos en tierra y conducidos con pompa hasta la Catedral. Depositados dentro de un nicho abierto en la pared al lado derecho del Altar Mayor.
  En la parroquia del Sagrario de la Catedral de La Habana, en el libro 11 de “Defunciones”, folio 25 vuelto y marcada con el número 120, se encuentra asentada la partida relativa al traslado a esta ciudad de los restos que se creían eran  de Cristóbal Colón, cuyo documento literalmente, dice:
  “N 120- Huesos del excmo. S.D. Xcristoval Colón” –Dentro: en la ciud. De la Hava. En diez y nueve de eno. de mil setecients. Novta. y seis años, se trasladan. De la Ciu. De Sto Domingo a esta Sta.Yga.Catedl. de la Purma. Concepn. Los huesos del Excmo. Sr.D.Xptoval olon, grande de España de prima clase, Duque de Veragua, Capn. Gral. De los Rs. Exercits. Descubr. De las Yslas Antillas, Gran Almirante y Virrey de ests. Yndias. Natl., de la Republ, de Génova, las quales pr. Disposicin testamentaria se tragem. De la ciu. De Sevilla en donde falleció el año de 1506, a la citada de Sto. Domingo y fuen. Colocadas junto a el Altar del Evangelio y con motivo de la evacuacn. De toda aquella Ysla en favor de la Repuba. Francesa, se determino pasarlos a esta Sta. Yga. Catedl., siendo Obispo el Y.Y.D.D. Felipe Jhn de Trespalacios y Governadr. Y Capn. Gral. El Excmo S.D.Luis de las Casas; los que pusieron. en el Presbo. de esta. Catedl. en la pared de al lado del Evangelio, al alto como de vara y media del suelo entre la columna qe, forma el arco Coral y el coro, en una Urna forrada en terciopelo negro, galoneada de oro con flecos de lo mismo, clavada y cerrada con una yabe  qe. Dixho S. Governadr. entrego a dho. Imo. Sr. Todo lo qual se executó en presencia de los dos Cavildos, y se cerró con una lápida pa. Perpetua memoria. Y pa. qe. conste lo firmé-borrado entre rengls. no vale y sobre rengls. vale (f)  D. Jacinto Ruiz” (rúbrica)
  En otra acta extendida por el escribano Miguel Méndez, de enero 10 de 1796, dice: 

  “El excmo Señor Comandante General  dispuso entonces que a mi presencia y de dn Joseph Miguel Izquierdo, Excmo. De Guerra de Marina, se abriera el ataúd y obedecido, se vió dentro de él un arca de plomo dorada con cerradura de hierro, larga y ancha como de media vara y alta como de más de quarta; abierta con una llave que traía, dicho Excmo. Señor Comandante, se inspeccionaron en el fondo unas planchas de aquel mismo metal, largo quasi una tercia; unos pedazos pequeños de huesos como de algún difunto, y porción de tierra que parecía ser de aquel cadáver, de todo lo cual hizo el referido Excmo. Señor Comandante General entrega al Excmo Señor Gobernador, expresándole que aquellas cenizas eran del incomparable Almirante Dn. Cristóbal Colón …: aceptadas por E.E. se cerró el arca, quedando la llave en su poder, repuesto el ataúd en su primitivo ser, se situó en el primer cuerpo de dicho sepulcro…”

Azorin


En su libro: De un transeúnte
26 de agosto 1919
Tomado de: Palabras
Diputados de 1850

“ Los viejos – dice Leopardi – posponen el presente al pasado, no sólo en los casos que a ellos les afectan en las cosas humanas y modificables, sino en aquellas otras que no dependen de ellos, que no están sujetas a los hombres. “Creo – continúa el autor – que cualquiera recordará haber oído a los viejos, como yo lo he oído, asegurar que los inviernos son ahora más fríos de lo que antes eran; más fríos y más largos. Y añaden que antes, en su tiempo, ya por Pascua se podía abandonar la ropa de invierno y vestir de verano, cosa que ahora no se puede hacer sino bien entrado mayo, o, mejor, en junio.” Ciertísima e ingeniosa la observación de Leopardi. En esta materia de indumentaria, ¿quién no ha oído muchas veces la copiada lamentación de los viejos respecto a los trajes de invierno y verano?

Nota: Giacomo Leopardi
Italia 1798-1837
Poeta, filósofo, del romanticismo

El tema del exilio en la obra de Mireya Robles


Anna Diegel

“Siempre llevo mis raíces conmigo”, dijo Mireya Robles en una entrevista en la cual le pidieron que hablara de sus sentimientos hacia su país natal. Mireya salió de Cuba para los Estados Unidos en 1957, sola, a la edad de 23 años. En aquella época, todavía no había estallado la revolución cubana. Normalmente, el exilio se define como un destierro provocado por fuerzas fuera del control de un individuo. Pero Mireya Robles escogió dejar su país, no por presiones políticas (lo que probablemente hubiera sido el caso unos años después), sino por razones personales, pues se sentía encarcelada en un medio ambiente provincial y sofocante. Sin embargo, en su vida estadounidense, siempre consideró su dislocación de Cuba como un exilio. Al llegar a los Estados Unidos, Mireya Robles empezó a pintar y a escribir para expresar la desolación que sufría después de la separación de su país y de su pasado. “Creo”, dijo en la entrevista citada arriba, “que el cubano nunca se desprende de su tierra, no importa donde esté ni cuán amplia sea la separación temporal. Es una intimidad telúrica indestructible. Es el cordón umbilical conectado a nuestra tierra.” (8. Alfonso, p. 35). Cuando, hace varios años, en un ensayo crítico, quise describir la novela de Mireya Robles, Hagiografía de Narcisa la Bella, como “la historia de una familia pequeñoburguesa en la Cuba prerrevolucionaria, ella me corrigió vehementemente. Se trata, ella insistió, de la historia de una familia cubana en los años cuarenta. La revolución y la política, dijo, no tienen nada que ver con la emoción   que la llevó a escribir esta historia. Además, esta nostalgia no es estrictamente geográfica o relacionada a una época definida. En su escritura, Mireya Robles, sí, procura reconstituir sus memorias de la topografía de Cuba y describir exactamente la vida cubana diaria de su infancia y de su juventud. Pero a medida que uno penetra en la obra de Mireya Robles, se percibe que aquí se trata de un sentido del exilio más complejo, de un deseo sin objeto preciso, compuesto de pesar y de ternura al mismo tiempo. Es un sentimiento estrechamente relacionado con el ansia de amor. Este sentido de alienación y de soledad nos recuerda la saudade lusitana. En la pintura y la literatura de Mireya Robles, esta nostalgia es la fuente viva de su inspiración creadora.
Varias veces le pregunté a Mireya Robles, que adora viajar, porqué no había ido a Cuba para volver a ver los lugares donde había pasado su infancia y su juventud. “Temo”, ella dijo, “que si voy allá, pierda las imágenes de la Cuba de antes, que me acompañaron durante toda mi vida”. En Cuba, las experiencias personales de Mireya Robles no fueron siempre felices, y por esto dejó su país, voluntariamente, después de una desilusión sentimental. Su madre la siguió más tarde y Mireya Robles, finalmente, se estableció con éxito como profesora de universidad en los Estados Unidos. Sin embargo, la Cuba de los años treinta, cuarenta y cincuenta es el lugar donde Robles recibió su lengua y su forma de ver las cosas, y por esto ella siempre regresa a sus raíces en su escritura. Un exiliado europeo puede volver físicamente a su país y sumergirse de nuevo en los recuerdos de su juventud. Pero en Cuba, como en todos los países que sufrieron trastornos violentos, las transformaciones que ocurrieron son tan drásticas que ahora es difícil reconocer las huellas de la civilización anterior.
Al principio, Mireya Robles expresó aquella nostalgia por su pasado en la pintura, en la poesía y en la narración corta. Siempre había escrito poemas, pero después de su llegada a los Estados Unidos, empezó a pintar “febrilmente, desesperadamente, a veces por noches enteras, impulsada por una obsesión de salvar algo…”, como escribió más tarde (1. Robles, p.146). Su desolación estaba relacionada a su reciente fracaso sentimental, pero también, sentía la pérdida de un modo de vida familiar desaparecido para siempre. Los dos temas se confunden en las pinturas. Algunas muestran caras tristes o cuerpos de mujeres acurrucados en forma de feto, otras representan paisajes urbanos, de calles desiertas. A veces, el vacío que siente Mireya Robles se manifiesta en visiones como la del cuadro “Cavernas” (4. Robles, p. 25), donde estalagmitas y estalactitas se estiran unas en dirección de las otras, sin atingirse, y transmiten un sentido de ruptura entre dos mundos. A través de su vida, Mireya Robles publicó varias colecciones de poemas, y su poesía también refleja el dolor de la separación y de la pérdida del pasado. En uno de estos poemas, por ejemplo, la voz poética se describe como “desarraigada/ciudadana trashumante/de la piel del mundo” (5. Robles, p. 15). En otro poema, Robles alude a su infancia, en la que tenía una premonición de su condición dolorosa de exiliada: “Pidámosle silencio al miedo/Que no suene en el cordón de mis zapatos/cuando digo: niña, corre, el abecedario a cuestas/y en el plano inclinado se descarna tu muerte/en el dos tan frágil de la tarde/Jugabas a llorar tempranamente…” (6. Robles). Varios cuentos de Mireya Robles, también escritos después de su salida de Cuba, expresan la misma idea de exilio y de alienación, tal como “Frigorífico del Este” (7. Robles), en el que la protagonista se encuentra en un mundo desconocido y deshumanizado, donde los personajes parecen autómatas.
Mireya Robles es conocida en el mundo literario hispánico principalmente como novelista. Una mujer y otras cuatro, la primera novela que escribió en los Estados Unidos, aunque no se publicó hasta 2004, es una busca del tiempo perdido. La primera parte de la novela describe la vida de una mujer, un alter ego de la autora, desde su infancia hasta su salida de Cuba. El epígrafe del libro cita el pensamiento de otra escritora cubana, Maya Islas: “Las memorias nos definen. Este fluir de la vida que tuvimos y que ya no está como presencia, es lo que nos valida”. La narradora de Una mujer y otras cuatro cuenta su infancia con la voz de una niña que descubre el pequeño mundo de su aldea, Caimanera. Habla de su fascinación por unos vecinos chinos cuya lengua se apasiona en aprender, y el lector ríe de su interpretación ingenua de los chismes de la gente sobre los escándalos locales. Robles describe en detalle y con ternura, personajes, calles, casas y muebles, y habla sabrosamente de la comida y de la cocina de su país. Ya durante la infancia se manifiesta el sentimiento de destierro. La protagonista sufre el dolor del exilio cuando debe separarse de su madre para ir a estudiar en un colegio de Guantánamo, la ciudad vecina. Años más tarde, mujer ahora, ella decide mudarse para los Estados Unidos, y experimenta este dolor otra vez: en el avión que la lleva a Miami, tiene una visión que es una casi alucinación, en la que revive la muerte de su adorada abuela.
En la segunda novela de Mireya Robles, Hagiografía de Narcisa la Bella, el tema de la soledad y de la alienación se intensifica. Esta novela trata de una niña explotada por su familia. La protagonista, Narcisa, tiene ansia de un mundo más amplio y bello que en el que vive, a pesar de los esfuerzos que hace para adaptarse y para ser amada por su familia insensible y de miradas estrechas. Al final de la novela, el ansia de aceptación y de amor de Narcisa da lugar a una simbólica escena de canibalismo, en la que su familia la devora. Aquí también abundan los pormenores sobre la vida diaria en Cuba. Esta vez, se trata de Baracoa, y al final del libro, el lector tiene la impresión de conocer esta ciudad. Se describen exactamente las calles que recorre Narcisa, la heroína, para ir a la escuela, se retratan las casas, la gente que la niña encuentra, se cuentan las ceremonias de la iglesia católica y las fiestas de bautizo o de aniversario. A veces, los relatos adquieren un tono dulcemente irónico, como en la escena en la cual el hijo de la familia se ríe sotto voce de la hipocresía del cura que lo confiesa. En una de las descripciones, Mireya Robles dedica casi una página entera a la enumeración de los regalos recibidos por la niña Narcisa el día de su cumpleaños, regalos que incluyen objetos de aquella época y ahora ya desusados, como peines de plástico decorados con la figura de Betty Boop. En otro pasaje, Mireya Robles describe meticulosamente la arquitectura de un filtro de tela colgado de un soporte de madera, con el cual su abuela colaba el café. En la escritura de Mireya Robles, estos pormenores son una forma de recuperar un pasado perdido y de fijarlo. Además, fuera de la minuciosa descripción de la vida diaria, en Hagiografía de Narcisa la Bella, Mireya Robles usa la técnica del realismo mágico, con la que la novelista ultrapasa las fronteras del mundo tangible. Narcisa tiene la capacidad de clarividencia, que le permite penetrar en la mente de otras personas. También, tiene el poder de influir la materia por el pensamiento: en un pasaje de la novela, construye “chimeneas” mágicas para escapar de su triste realidad diaria. Finalmente, Narcisa puede volar o transportarse mentalmente a otros lugares, lo que nos da una perspectiva más amplia de la geografía cubana, cuando ella sobrevuela varias regiones de la isla. Más que todo, las salidas de Narcisa a un mundo extra-sensorial simbolizan su ansia de ideal y su nostalgia de una vida más libre y más llena de amor.
En la novela La muerte definitiva de Pedro el Largo, “la novela más inmediata a mí”, según una entrevista hecha a la escritora en 1991 (9. Soto, p. 19), el personaje principal también tiene el don de la magia. Esta novela es la última que escribió Robles (y la segunda que se publicó). En toda la literatura de Mireya Robles, es la obra que más intensamente traduce el sentimiento de alienación y de nostalgia de un ideal inalcanzable. Por un lado, la novela contiene una crónica de la vida cubana diaria: un aspecto interesante de esta obra es la forma en la que la escritora transcribe y hace revivir la lengua del pueblo, con la ternura irónica que caracteriza sus recuerdos de Cuba. Aquí también abundan los pormenores realistas. Pero más que todo, La muerte definitiva de Pedro el Largo es la crónica de un exilio interior. Pedro el Largo, un viejo que es “una parodia del chamán, un loco visitado por la sabiduría, un sabio en estado constante de locura”, según lo describe Mireya Robles (9. Soto, p. 18), está en busca de la “muerte definitiva” que lo liberará de su doloroso sentimiento de alienación, una alienación simbolizada por una serie de reencarnaciones, en las que se ve proyectado de un papel para otro, papeles masculinos y femeninos, de varias épocas y geografías. Pedro, en muchas de sus reencarnaciones, está en busca dolorosa de un amor absoluto. Al mismo tiempo, lo absurdo de la vida errante de Pedro el Largo tiene cierto elemento cómico, pues los varios personajes que encarna son incongruos e insólitos. Pedro nace ya viejo, de un retrato de Van Gogh (que Mireya Robles identificará más tarde como el dibujo Treurende oude man (Viejo afligido) de 1882, ahora en el Stedelijk Museum en Ámsterdam), y se va al río Guaso, que pasa por Guantánamo, donde se desdobla en una docena de personajes, desde personas humildes del pueblo cubano de los años cuarenta hasta un emperador de la China antigua. Todos estos personajes, algunos dulcemente irónicos, otros risibles o francamente grotescos, tienen en común un sentido de alienación y de separación de los demás humanos.
La obra de Mireya Robles nos muestra que su sentido de exilio no es una simple nostalgia del lar natal, aunque los colores de Cuba componen la tela de fondo de su obra. Más bien, se trata de una emoción compleja e inmanente en la persona, causada por el paso del tiempo y por la memoria de un pasado irrecuperable. Se parece a las saudades lusitanas, donde el elemento principal es un ansia por un ideal de amor irrealizable en la vida adulta, y que se sitúa en los recuerdos de la infancia. En la obra de Mireya Robles, estos recuerdos suscitan una tristeza que es, al mismo tiempo, ternura.
El sentimiento de destierro de Robles no es un pesimismo depresivo de poeta maldita. En su obra alternan los momentos de melancolía y de alegría, la cual se expresa en forma de un humor suave, particularmente en Hagiografía de Narcisa la Bella y en La muerte definitiva de Pedro el Largo. En la vida como en la obra de Mireya Robles también, a veces, el desgarramiento del exilio y la alegría soñada de la infancia llegan a juntarse. En la última parte de su carrera de profesora, Mireya Robles se mudó a Durban, en Sudáfrica, donde enseñó por diez años. La estancia de Mireya Robles en Durban fue una época positiva para ella, tal vez porque esa ciudad subtropical le recordó a Cuba, y porque encontró allá mucho calor humano. Durban aparece en un pasaje de La muerte definitiva de Pedro el Largo. Pedro, con un escuadrón de amigos cubanos, emprende un vuelo astral que lo lleva a aterrizar en Durban, una ciudad en la que “admiraron todo y se regocijaron a cada paso” (3. Robles, pp. 110-111). Mireya Robles habla explícitamente de sus sentimientos en una entrevista de 1991, antes de su regreso definitivo a los Estados Unidos, donde tuvo que regresar para ocuparse de su madre: “Sudáfrica es un hermoso país que amo. Llegué a Johannesburgo el día 13 de julio de 1985. Al día siguiente, en el avión de South African Airways que me llevaba a Durban, oí La Guantanamera. Sentí que me daban la bienvenida. Sentí que una puerta se abría para mí. Una puerta a un mundo en que muchos mundos convergían en uno solo” (9. Soto, p. 19).


Bibliografía
1. ROBLES, Mireya. Una mujer y otras cuatro. Editorial Plaza Mayor, Inc., San Juan, Puerto Rico, 2004.
2. __ Hagiografía de Narcisa la Bella. Ediciones del Norte, Hanover, N.H., 1985.
3. __La muerte definitiva de Pedro el Largo.  Lectorum, S.A., México, 1998.
4.__ Las pinturas de Mireya Robles. Editado por Anna Diegel y Olaf Diegel. K&L Publishing, Auckland, 2006.
5.__ Tiempo artesano, poemas. En Dos Poemarios. Xlibris Corporation, Bloomington, IN, 2010.
6.__ Solitarios del silencio, poemas. En Dos Poemarios. Xlibris Corporation,
     Bloomington, IN, 2010.
7. __ Frigorífico del este, cuentos. Xlibris Corporation, Bloomington, IN, 2010.
8. ALFONSO, Vitalina. Ellas hablan de la isla. Ediciones Unión, La Habana, 2002.
9. SOTO, Francisco. “Mireya Robles: una cubana en Sudáfrica”. Linden Lane Magazine, Vol. X, No. 4, Princeton, NJ, 1991.

   

Diegel, Anna.  Ciudadana trashumante: 9 ensayos sobre la obra de Mireya Robles. Alexandria Library Publishing House, Miami, 2015.


EL ELEMENTO HISTÓRICO EN EL ESCRITOR:

Una novela de Azorín

Mireya Robles


Se nos presenta Azorín.  Nos comunica que piensa escribir una novela. Nos deja observarlo en su proceso creativo. De pronto, se reviste con el nombre de Antonio Quiroga y se convierte en narrador y personaje central de El escritor.
Azorín, como protagonista, divide la parte de la novela que él escribe, en dos: la primera, que abarca hasta el capítulo XX, se ocupa en describir su vivir diario, sus relaciones con otros escritores. Nos presenta su novela en germen y le vemos confeccionarla. Todo esto, siguiendo la modernísima técnica de Fellini y Antonioni (o de Igmar Bergman en Wild strawberries), cuyas presentaciones cinematográficas no son más que un continuo sucederse de lo cotidiano. No hay evolución propiamente dicha; no hay clímax; no hay un final que dé por concluida la historia que nos cuenta. Es la presentación de un pedazo cualquiera de la vida de los personajes. Una vida que ya empezó antes de la narración y que continuará después de ella. Es un pedazo de vida que no está formado solamente por un conglomerado de momentos cumbres. Es una vida que se acerca bastante a la realidad. Y la realidad está, mayormente, hecha de momentos triviales.
Al llegar al capítulo XXI, Quiroga nos dice que allí comienza una segunda parte de los anales. Difiere esta parte de la primera, en que en ella se establecen, a pesar de los recelos de Quiroga y de las impugnaciones de Dávila, relaciones de franca amistad entre los dos escritores. El campo literario en el que ambos se desenvuelven los une y los separa a la vez. Dice Quiroga: “Dávila y yo somos sinceros amigos, y, sin embargo, nos oponemos”. “Dávila cultiva también, como yo, la literatura imaginativa. Y éste es el terreno en que dichosamente Dávila y yo confluimos”. Esta segunda parte de los anales, como los llama Azorín, protagonista, termina en el capítulo XXVII.  Añade entonces Azorín, autor, una tercera parte, el “Suplemento a los anales”, narrada esta vez por el joven Dávila.
En esta tercera parte ocurre un cambio notable de los dos escritores que se corresponde con el cambio político por el cual atraviesa la nación. Azorín, indirectamente, nos indica que se trata del hecho histórico conocido por el nombre de guerra de Liberación, o guerra civil española.
Sabemos que Azorín nació en 1873. En 1936 tendría sesenta y tres o sesenta y cuatro años, coincidiendo exactamente con la edad del protagonista: “Tenía yo, Antonio Quiroga, a mis sesenta y cuatro años, con mis cincuenta volúmenes, ante mí, un escritor que nacía”.  Además, Dávila comenta en los anales: “El maestro, cuando se marchó a París, dejó una España, y al volver de París ha encontrado otra”.  Díez Echarri y Roca Franquesa comentan: “Entre 1936 y 1939, época de la guerra de Liberación vive [Azorín] preferentemente en Francia. Regresa a España y reanuda sus colaboraciones y publicación de libros hasta que cumple los 80 años”. (1)
No es difícil, pues, identificar el hecho histórico al que se refiere Azorín. No es difícil siquiera reconocer a qué tendencia política pertenece cada uno de los protagonistas. Lo que sí es difícil es desentrañar la ideología política de Azorín.
El viejo maestro, Quiroga, es evidentemente Republicano. Eso lo deducimos por exclusión: Dávila nos dice que ha pasado tres años de “intensa y fecunda acción”. Como resultado de esa labor, Dávila ha llegado a ser coronel y lleva al pecho la cruz Laureada.  Su posición económica y social, mucho más elevada ahora, indica que pertenece al bando victorioso: es franquista. Por su mujer, Magdalena, sabemos que ahora disfruta de “cuadros magníficos, ricas alfombras, vajillas de porcelana antigua”.
Quiroga, opuesto al régimen que ha producido este “cambio de luz”, padece necesidades económicas. Dávila tiene que enviarle pan diariamente. Quiroga no puede siquiera pagar sus facturas.
Lo que no lograron las diferencias en el campo literario, lo lograran las del campo político. Las relaciones entre los dos hombres se resienten, se apagan. Quiroga pasa a ser para Dávila “lo transcurrido”, “lo pasado”. La realidad política de Dávila es ahora su única realidad. En ella no hay lugar para Quiroga. Como dice el mismo joven, en ella “estoy, dichosamente, inmerso. Desde esta orilla, conmovido, contemplo en la opuesta a don Antonio”. “Haga yo lo que haga, la distancia que me separa de don Antonio es grande. Grande y dolorosa”.
¿Cuáles son las ideas políticas de Azorín en el momento en que escribió esta novela? Así le describen los historiadores y críticos literarios:
       Fue al principio de su carrera literaria, escritor rebelde y revolucionario. Pero bien     
       pronto se quedó en puro artista. Luego ha sido, en política, diputado conservador.     
      (2)

       Nada en su persona o en su conducta, recuerda las estridencias --pronto apagadas--   
       de una juventud rebelde; nada recuerda al anarquista que paseó por la corte                   
       llevando, como estandarte, un paraguas rojo. (3) 

       1902: redactor de “El Globo”, periódico republicano y anticlerical. Azorín apareció
       en escena tronando firme y en un plan de ‘niño terrible’; iconoclasta y anárquico
       que para sí quisieron otros revolucionarios del 98. Verdad es que aquel furor, aquel
       desequilibrio nervioso en hombre tan bien templado como Azorín, dura poco
       tiempo. (4)

Es decir, coinciden los críticos en que la tendencia al anarquismo y a la revolución asoma en Azorín sólo en la primera etapa de su obra literaria. En la última, a la cual pertenece El escritor, ya se ha declarado “católico firme, limpio y tranquilo”, y considera sus ideas “justas, serenas, ortodoxas y españolísimas”. (5)
Refiriéndose al ideario se Azorín, comentan Díez-Echarri y Roca Franquesa: “Tratándose de Azorín, casi no cabe hablar de ideario.... No se busque en él ni en sus compañeros de promoción, por supuesto, nada que signifique sistematización de principios metafísicos, políticos o morales. Puestos a rastrear su obra, lo más que puede sacarse en relación a España es un porfiado ahínco por volver a lo genuino y racial, pasada la fiebre de ‘europeización’ de sus primeros libros” (6)
En efecto, si vemos al autor a través de los dos personajes principales, podríamos decir que no cabe hablar de ideario. El autor mantiene una actitud equilibrada entre la tendencia de cada uno de los personajes, inclinándose sólo a aceptar favorablemente lo que ha dado lugar a esa tendencia en ambos: su amor a España. El maestro y el joven escritor, siguiendo tendencias distintas, confluyen en ese amor a la patria. Por eso dice Dávila: “Estando lejos, en la otra orilla, ¿cómo sin percatarme, lo advierto cerca, en la misma ribera en que yo poso la planta?”
El autor, por otra parte, no pone a Dávila en una posición desventajosa por haberse identificado con este ‘cambio de luz’. Por el contrario, el joven escritor ha salido de esta lucha fortalecido en sus propias convicciones: “La vida activa, al aire libre, la vida en peligro constante, ha atezado mi rostro, ha curtido mis manos y mis brazos siempre desnudos y ha puesto en mi espíritu una sólida confianza en mí mismo”. El mejoramiento económico con el cual ha sido favorecido no convierte a Dávila en un ser engreído y frívolo, sino por el contrario, reafirma su inclinación religiosa y su deseo de hacer el bien a los demás: “Las mañanas se nos van a Magdalena y a mí subiendo y bajando escaleras en casas pobres”.
Quiroga no se nos presenta como un fanático cuya única meta es imponer su ideología política. Cuando tiene oportunidad de hablarles a los jóvenes que se reúnen en casa de Dávila, no les incita a que sigan una u otra tendencia política, sino que deposita en ellos su fe y les encomienda, como lo haría Rodó en Ariel, el futuro de su patria: “Ante vosotros tenéis, no sólo la pasada historia, sino la historia por crear. En vuestras manos está la masa con que se crea. En nuestra España hay que trabajar con abnegación y perseverantemente. Estáis animados de los más nobles propósitos y tenéis alientos para la obra”.

NOTAS

1.  E. Díez-Echarri y J. M. Roca Franquesa, Historia general de la literatura española                 e hispanoamericana (Madrid, 1960), p. 1259.
2.  M. Romera-Navarro, Historia de la literatura española (Boston, 1966), pp. 675-676.
3.  Ricardo Gullón, Panorama de la literatura española (New York, 1967), p. 438.
4.  Díez-Echarri y Roca-Franquesa, op. Cit., pp. 1258-1259.
5.  Ibid., p. 1962
6.  Ibid.

BIBLIOGRAFÍA

Descola, Jean. A History of Spain. New York: Afred A. Knopf, Publisher, 1963.
Díez-Echarri, E y Roca Franquesa, J. M. Historia general de la literatura española e hispanoamericana. Madrid: Aguilar, 1960.
Gullón, Ricardo. Panorama de la literatura española. New York: Harcourt, Brace & World, 1967.
Martínez Ruiz, José (Azorín). El escritor. Buenos Aires: Espasa Calpe, colección Astral, 1952.
Pérez Bustamante, C. Compendio de historia de España. Madrid: Ediciones Atlas, 1964.
Romera-Navarro, M. Historia de la literatura española. Boston: D. C. Heath y compañía, 1966.

Publicado en NORTE, No. 6, Año X, Amsterdam, Holanda,  Noviembre-Diciembre, 1969, pp. 118-121.