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sábado, 1 de julio de 2017

Bienvenidos a Pensamiento


Este dia en la historia: El juicio de Sir Thomas More, 1535


Más renovado su aprendizaje del griego, y fue expuesto por Erasmus al derecho romano, y luego se multiplicó por toda Europa. Comenzó a traducir publicaciones griegas en inglés. También continuó su carrera como abogado y fue elegido al Parlamento en 1504.
En 1515, Thomas More publicó la Utopía , en la que teorizó sobre el mundo perfecto. En Utopía, Más previó ciudades de 100.000 habitantes como ideales. En su Utopía , no había dinero, sólo un mercado mensual donde los ciudadanos intercambiaban lo que necesitaban. Las personas comprometidas el uno con el otro se les permitió verse desnuda antes del matrimonio para que supieran si el otro estaba "deformado". En Utopia , More también formó la sociedad donde los derechos personales cedían a los de la sociedad; Y todos los ciudadanos se informaron el uno al otro.
Seis años antes de la publicación de Utopía , Enrique VII murió y fue reemplazado por su hijo Henry VIII. El rey Enrique tomó un gusto por Thomas More aunque More no se correspondió. El Rey era conocido por poner su brazo alrededor de Más. Escribe la Enciclopedia Británica:
Este favor creciente, por el que muchos hombres se hubieran llevado, no se impuso a Más. Desalentó los avances del rey, mostró renuencia a ir al palacio y pareció constreñido cuando estuvo allí Entonces el rey comenzó a venir a More's Casa y cenar con él sin previo aviso. "

Santiaguero amante de Bayamo

Foto de: Por Conocer
Por:  Mónica María Ramírez Aguilar

¿Por qué este músico quiso que sus restos reposaran en la ciudad Monumento Nacional? ¿Por qué descansar en un Bayamo colmado de historia y tradiciones cuando había nacido en la tierra catalogada como la Cuna del Son? Tal vez La bayamesa, cantada por su madre al acunarlo, sea una clave para conocer la respuesta. Pero pudieron ser sus visitas a esa ciudad gloriosa, donde se inició el sentir por la independencia de un país y el amor por ser cubanos, lo que atrapó su atención. A Sindo Garay no lo tomó en sus manos aquella maldición de no regresar a la Ciudad de los Coches, sino que volvió varias veces, se enamoró de sus mujeres, fue homenajeado, aplaudido y admirado por su carisma e interpretación musical. En Bayamo hizo amigos, compuso y hoy la ciudad lo valora y se hacen festivales con su nombre que tratan de enaltecer la obra del artista y se convierten en un espacio para jóvenes músicos. Según cuenta uno de sus relatos en la casa de un amigo bayamés “iban los amantes de la música, sobre todo de la trova. Por la noche nos reuníamos y casi siempre nos cogía el amanecer cantando”. Al parecer la vida nocturna que tuvo en la ciudad llamó su atención y también la facilidad con que se reunían los trovadores y cantaban sin importar hora o lugar, solo rodeados de la magia de la armonía salida de sus guitarras. Sindo Garay era trovador, de esos que llaman buenos y abundan poco, por ello muchas personas lo deseaban conocer y así, en julio de 1968, es invitado al festival de la trova en Santiago de Cuba. Sin embargo, narra Enrique Milanés León en ¡Sindo…caray!, que murió el 17 de ese mismo mes y año en La Habana, “pero no faltó a su cita: a Santiago se fue muerto, y de allí pasó a Bayamo. Su sepelio fue una serenata con mucho cigarro y café, mucho ron y mucha trova. Indecisos entre cantar o llorar, lo que sí sabían los presentes era que el gran pequeño, en un dúo con La Pálida, les había jugado otra buena sindada”. Ahora reposa, cuando no hay alguien que le lleve una flor como pretexto para conversar, o un grupo que desee cantarle o turistas ávidos de saber quién fue Sindo. Su tumba es rectangular, como casi todas las construidas en la Necrópolis de Bayamo. Se ubica en el ala izquierda del cementerio, al entrar, y está casi al final de la primera fila. Un señor se ocupa de ella, con la misma dedicación que las demás, pero con ojos siempre abiertos para que nadie le haga daño. Encima del sepulcro, construido de mármol gris, reposa una tarja que dice: Sindo Garay 12- 4- 1867; 17-7-1968. De los bayameses a quien fuera máxima figura de la trova cubana. CNC REG. Marzo-72. Justo en su cabecera se encuentra una guitarra y escrita su canción Mujer Bayamesa. Con el deseo cumplido, permanece eternamente en la Cuna de la Nacionalidad Cubana; quizás para salir a cantar de vez en cuando frente a ventana de Luz Vázquez o como bohemio por la calles, hasta el amanecer. Tal vez, los que tengan suerte escucharán en la madruga melodías de La tarde, Perla marina, Rendido o Tardes grises, y sabrán, alegres por disfrutar cada canción, que es Sindo.

Sindo Garay, su presencia en Bayamo

  
Por: Yolanda Aguilera Iglesias

El 12 de abril de 1817 nació en Santiago de Cuba, el maestro Antonio Gumersindo Garay y García. En su casa nunca faltó la música, y sin una formación musical se convirtió en un excelso músico cubano. Sumido en franco analfabetismo musical, logró secuencias armónicas y melodías que impresionaron a más de un estudioso. Con solo diez años compuso “Quiéreme trigueña”, siendo esta su primera creación musical. Pepe Sánchez era uno más en la casa de los Garay, “Pepe fue un gran cantador y cubanizó la canción. Tiene que figurar como precursor de la trova cubana. Él fue el único maestro que tuve en mi vida. ¡Lo digo yo: Sindo Garay!” Aunque también a Sindo le fue dado el privilegio de conocer a Martí.
A los 16 llegaría la primera guitarra, regalada por su hermano. Con esa misma edad comenzaría a auto alfabetizarse al no poder contestar una carta de amor a una muchacha. Sobre su vida vale decir que Sindo aprendió toda suerte de acrobacias circenses y que más de una vez se ganó el sustento con ese trabajo.
Por otro lado jamás aprendió una nota musical, sin embargo sus obras han sido consideradas por prestigiosos como lecciones de armonía y composición. Recibió y recibe numerosos elogios por su increíble capacidad como creador. En broma, el trovador decía que su nombre era muestra de su ignorancia musical: Sin- Do, y que sin Do componía. Como ha demostrado la historia realmente no le hizo mucha falta saber.  
No por casualidad, Antonio Gumersindo Garay García fuera bautizado por Federico García Lorca como “El Gran Faraón de Cuba”.
Su larga vida de 101 años estuvo siempre matizada por el sonar incansable de guitarras y cantores que, en su natal Santiago, y ya desde la cuna, alegraban la “pobrísima” suerte de una familia de artistas.
Gracias a su obra tenemos un escalón más desde el cual seguir inventando melodías, una luz que no deja arder en muchos ojos. Y desde entonces, cada vez que suena una guitarra con poesía entre sus cuerdas, alguna pícara sonrisa de trovador se enciende tras del aire y se da un trago a la salud de la trova.
Sin la vanidosa pretensión de realizar una obra completa sobre el tema, nos proponemos dar un acercamiento a su estancia en Bayamo, para una historia de vida. En una narración que hizo para el libro Sindo Garay: Memorias de un trovador de Carmela de León, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2002, nos dice Sindo: “Andaba por Bayamo allá por el año 1918, con mi hijo Guarionex, como siempre, y con mi inseparable guitarra. Por aquel entonces, vivía en Bayamo un gran amante de la trova, el bayamés Eleusipo Rodríguez, que daba alojamiento a cuanto cantador le cogía el amanecer en el serenateo, y mucho más si este estaba bruja. Eleusipo era un buen amigo, y en todas las ocasiones que yo visitaba Bayamo por aquellos tiempos, allá me iba a compartir el trago y las canciones. La noche antes de ocurrírseme “La mujer bayamesa” recuerdo que un grupo de cantores habíamos andado regalando serenatas a las muchachas bayamesas”.
Siendo hombre de pueblo, que tuvo grandes pasiones: la música trovadoresca, la patria y la familia; unió otra más, el amor por Bayamo y sus moradores.

Mujer Bayamesa (1918)

Sindo Garay

Lleva en su alma la bayamesa
tristes recuerdos de tradiciones
cuando contempla sus verdes llanos
lágrimas vierte por sus pasiones.
Ella es sensible, le brinda al hombre
virtudes todas y el corazón
pero si siente de la Patria el grito,
todo lo deja, todo lo quema,
ese es su lema, su religión.


UNA APOLOGÍA DE LA FEMINEIDAD, de la pluma de Carlos Benítez Villodres


por Roberto Soto Santana, de la Academia de la Historia de Cuba (Exilio)

CBV, docente, periodista novelista, cuentista y -destacadamente- poeta, es un escritor malagueño de reconocida valía en la Literatura española, y que lleva vertidas hasta ahora en dieciséis poemarios sus inquietudes versificadoras articuladoras de sus percepciones vitales.
En este caso, una disquisición en verso con el contenido que no cambia entre una civilización y otra, entre una época y otra: en este caso, centrado sobre el “yin” (o principio femenino) de la dualidad del “yin” y del “yang” (principio masculino), que integran, según el taoísmo, las fuerzas fundamentales opuestas y complementarias que se encuentran presentes en todas las cosas.
Descuella entre esos libros, en particular, “Sinfonía a Dana”, que es una alabanza epinicial de la Mujer, en todas sus facetas de dadora de vida, compañera indispensable del Hombre, y singularmente germen y hontanar del amor (la llama el poeta: “Diosa de luz, mujer toda alegría/Por fin, bebo belleza de tus fuentes”).
            El amplio abanico versificador que cultiva va desde el lacónico pero vigoroso haiku hasta los poemas en endecasílabos sueltos –esta última, una estructura tan del gusto de Gaspar Melchor de Jovellanos, en cuanto ejemplo de la estética neoclásca, y en los vagidos del Modernismo el modo expresivo más intenso utilizado, en sus Versos Libres, por José Martí, de quien opinó Miguel de Unamuno: “…el que se pone a escribir, o mejor a improvisar con la pluma versos, porque el alma le pide versos, le demanda expresión rítmica de sentimientos fugaces encarnados en calientes imágenes, ese tal escribe, sin apenas darse de ello cuenta, endecasílabos libres. Y así Martí.”-
            Y así, con referencia a Benítez Villodres puede apuntarse con idéntica justicia.
            Este poemario cuenta con un prólogo altamente epistemológico, ya que arroja luz sobre el origen en la Edad de Hierro de la deidad más antigua del lar celta, su primacía entre todos los que conforman el Panteón de ese pueblo –cuya implantación llegó a extenderse a toda Europa-, y su calidad de diosa benéfica y, lo que es más trascendente, de Madre Primigenia de la Humanidad y protectora de la Naturaleza. Queda así establecida, y salta a la vista sin dificultad, la identificación de esta figura de culto con la de la Virgen Madre de Dios venerada en las religiones abrahámicas o semíticas.
  



El taijitu, la forma más conocida de representar el concepto del yin y el yang (yīnyáng).

LA REVOLUCION FRANCESA: VOLTAIRE

Voltaire en su despacho
La Revolución Francesa fue un hito en la historia del mundo. Su ejemplo fue seguido por otros hombres, que tomaron de ella sus ideas, y sus deseos de vivir libre de la opresión de las monarquías que las explotaban. América fue un ejemplo. Las futuras naciones de América Latina se inspiraron para lograr su independencia de Españia. Ella dio grandes pensadores. Cometió muchos errores, y se mato en su nombre. Pero lo que si no se puede olvidar, que al grito de "Libertad", abajo "El Rey" y "La Monarquía", revelaba la aparición de una nueva idea en los pueblos del mundo "La idea democrática" de las futuras naciones. Las mismas palabras que dos mil años antes se habían pronunciado para hacer caer al Imperio Romano, serían repetidas por el pueblo francés: LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD.

El historiador A. de Lamartine decía en su libro sobre la Revolución Francesa: "El esceptismo del siglo XVIII no afectaba más que a las formas exteriores y a los dogmas sobrenaturales del cristianismo: pero adoptaba de él apasionadamente la moral y el sentido social. A lo que el cristianismo daba el nombre de revolución, la filosofía llamaba razón; las palabras eran distintas pero el sentido era el mismo". La filosofía había renovado el pensamiento y el orden social. Pero en verdad el agente de la libertad, 1o fue 1a " IMPRENTA". Las publicaciones clandestinas llegaban a todo el pueblo. El pensamiento de J.J. Rousseau,Voltaire y otros. Cada palabra que salía impresa en aquellos libros, era la fuerza destructora , más potente que los mismos ejércitos, para hacer temblar a los reyes y a la iglesia. Rousseau, decía: "Para entusiasmar a los pueblos se necesita mezclar la ilusión con la verdad." Los discípulos de Rousseau y Voltaire, continuaron su obra. La monarquía pago bien cara, los abusos cometidos a través de los años.

Francisco María Arouet, conocido por VOLTAIRE, nació en París en 1694. Fue conocido como poeta y dramaturgo. En 1735 tiene que huir de París por sus críticas a la monarquía, tras la publicación de las "Cartas Filosóficas (1734). Pasó los últimos veinte años de su vida en Prusia, en Ferney, siendo protegido por Federico ll. Sus principales obras fueron: La Henriada, Zaira, La muerte de César, Mahoma, Mérope, Discurso sobre el hombre, Candido. Sus obras establecían las bases de la concepción moderna de la historia. Pero es su libro Diccionario Filosófico quien le da más fama y lo hace perseguir por la monarquía.

Tomás Carlyle, decía sobre el: "El francés ecéptico rinde culto a Voltaire en el último acto de la vida del filósofo, mátandole, a fuerza " de agasajos y ovaciones". "Ese hombre , cuya vida 11egó a considerarse como la de un "Anticristo", ofrecesenos ahora bajo un aspecto nuevo del todo".

Odiado por la monarquía y admirado a la vez. Todos reverenciaban al gran escritor. E1 pueblo 1o adoraba. E1 rey sabía que había otra persona que si era apreciada y querida por el pueblo, ese era Voltaire.

En la Asamblea Nacional se decreto por votación general él traslado de los restos de Voltaire al Panteón. Había muerto en 1778, su cuerpo fue transportado clandestinamente por su sobrino a la iglesia de Sillieres, en la Champaña. Al ser vendida esta abadía por la nación , las ciudades de Troyes y de Romilly, se disputaban el honor y la gloria de honrar sus restos. Ahora la revolución lo trasladaba para París, en el Panteón, catedral de la filosofía. Regnault de Saint-Jean-d'Angely, dijo: "El pueblo le debe su emancipación, instruyéndole, le dio su fuerza, porque a las naciones sólo se las encadena en las sombras de la ignorancia. Cuando la razón les demuestra la ignominia de sus hierros, se averguenza de llevarlos y los rompen ".

El ayuntamiento recibió solemnemente sus restos en la puerta de Charenton el 11 de julio, fue depositado en la plaza de la Bastilla. Colocado sobre un pedestal construído de los muros de la fortaleza de la antigua tiranía. Voltaire triunfaba allí, en los mismos muros que lo habían encerrado .

Al día siguiente sus restos en una carroza la multitud lo acompaño. Era tirada por doce caballos blancos, enganchados de cuatro. Los cocheros a la usanza antigua. La Asamblea,los magistrados, el ejército, el pueblo en general lo acompañaba. Todos los rostros reflejaban el recogimiento del momento. Los tambores cubiertos de crespones, la artillería disparaba salvas. En las manos de los que lo acompañaban iba una prensa ambulante, y restos de la Bastilla. Al frente una joven vestida de amazona, que había combatido en la Bastilla. Los gorros frigio de la Libertad. El cortejo se detenía en todos 1os teatros, donde se 1e rendía hornenaje. Al llegar a 1a casa del señor Villette, donde Voltaire había muerto, y donde se había guardado su corazón. Había una inscripción: "Su talento está en todas partes pero su corazón está aquí". A las diez de la noche fue cuando la comitiva llegó al Panteón, siendo depositado entre los restos de Descartes y Mirabeau.

SIN EL NEGRO CUBA NO SERÍA CUBA

Publicado por Virgilio PONCE el agosto 2, 2013 a las 12:24am Ver blog
"¿Por qué se mete en esas cosas de los negros? ¿Qué razón o qué gusto tiene usted en ello? ¿No sería mejor no tocarlo?"

Por Fernando Ortiz
Hace cuarenta años que, movido por mi temprana curiosidad por los hechos humanos, y particularmente por los temas sociológicos, que entonces eran gran novedad en el ambiente donde yo estudiaba, me fui entregando, sin premeditarlo ni sentirlo, a la observación de los problemas sociales de mi patria. Apenas regresé de mis años universitarios en el extranjero, me puse a escudriñar la vida cubana y enseguida me salió al paso el negro. Era natural que así fuera. Sin el negro Cuba no sería Cuba. No podía, pues, ser ignorado. Era preciso estudiar ese factor integrante de Cuba; pues nadie lo había estudiado y hasta parecía como si nadie lo quisiera estudiar. Para unos, ello no merecía la pena; para otros, era muy propenso a conflictos y disgustos; para otros era evocar culpas inconfesadas y castigar la conciencia; cuando menos, el estudio del negro era tarea harto trabajosa, propicia a las burlas y no daba dinero. Había literatura abundante acerca de la esclavitud y de su abolición y mucha polémica en torno de ese trágico tema, pero embebida de odios, mitos, políticas, cálculos y romanticismos; había también algunos escritos de encomio acerca de Aponte,1 de Manzano,2 de Plácido,3 de Maceo4 y de otros hombres de color que habían logrado gran relieve nacional en las letras o en las luchas por la libertad; pero del negro como ser humano, de su espíritu, de su historia, de sus antepasados, de sus lenguajes, de sus artes, de sus valores positivos y de sus posibilidades sociales... nada. Hasta hablar en público del negro era cosa peligrosa, que sólo podía hacerse a hurtadillas y con rebozo, como tratar de la sífilis o de un nefando pecado de familia. Hasta parecía que el mismo negro, y especialmente el mulato, querían olvidarse de sí mismos y renegar de su raza, para no recordar sus martirios y frustraciones, como a veces el leproso oculta a todos la desgracia de sus lacerías. Pero impulsado por mis aficiones, me reafirmé en mi propósito y me puse a estudiar enseguida lo que entonces, en mis primeros pasos por la selva negra, me pareció más característico del elemento de color de Cuba, o sea el misterio de las sociedades secretas de oriundez africana que son supervivientes en nuestra tierra.
Todos hablaban aquí de tal tema, pero en rigor nadie sabía la verdad. El asunto se presentaba tenebroso, envuelto en fábulas macabras y en terribles relatos de sangre, los cuales espoleaban más mi interés. Hasta le escribí a un editor amigo ofreciéndole el original de un libro que yo iba a escribir en un año; pero han pasado cuarenta años y ese libro aún no está escrito.5 Comencé a investigar, pero a poco comprendí que, como todos los cubanos, yo estaba confundido. No era sólo el curiosísimo fenómeno de una masonería negra lo que yo encontraba, sino una complejísima maraña de supervivencias religiosas procedentes de diferentes culturas lejanas y con ellas variadísimos linajes, lenguas, músicas, instrumentos, bailes, cantos, tradiciones, leyendas, artes, juegos y filosofías folklóricas; es decir, toda la inmensidad de las distintas culturas africanas que fueron traídas a Cuba, harto desconocidas para los mismos hombres de ciencia. Y todas ellas se presentaban aquí intrincadísimas por haber sido trasladadas de uno a otro lado del Atlántico, no en resiembras sistemáticas sino en una caótica transplantación, como si durante cuatro siglos la piratería negrera hubiese ido fogueando y talando a hachazos los montes de la humanidad negra y hubiese arrojado, revueltas y confusas a las tierras de Cuba barcadas incontables de ramas, raíces, flores y semillas arrancadas de todas las selvas de África.
Desde hace cuarenta años me hallo en labor exploradora, de clasificación y de análisis, por esa intrincadísima fronda de las culturas negras retoñadas en Cuba, y de cuando en cuando he ido dando algo a la luz, como débil muestra y ensayo de lo mucho que puede hacerse y está por hacer en ese campo de la investigación, aún casi sin explorar.
En 1906, publiqué mi primer libro, un breve ensayo de investigación elemental acerca de las supervivencias religiosas y mágicas de las culturas africanas en Cuba, tales como eran en realidad y no como aquí eran tenidas.6 Es decir, como una variación extravagante de la brujería de los blancos, o sea de ese milenario trato con los demonios o malos espíritus, donde se daban las horribles prácticas de las brujas de Europa, las cuales chupaban las sangres de los niños y volaban montadas en escobas a los aquelarres de Zagarramurdi para entregarse a las orgías más repugnantes con el cabro satánico, quien en sus entrañas engendraba seres monstruosos, semihumanos y semidemonios. Así lo aseguraban los autos de los procesos de la Santa Inquisición y las obras de muy sesudos teólogos. Dígalo por todos ellos el jesuita padre Martín del Río, con su obra famosa, de tanta sabiduría en la estructura como barbarie en el pensamiento.7 Fue suerte de que ya en la primera investigación de la brujería en Cuba y sus misterios, pudiéramos asegurar de que aquí no había tales vuelos de la aeronáutica diabólica y que la llamada brujería en Cuba era sobre todo un complejo conjunto de religiones y magias africanas mezcladas entre sí y con los ritos, leyendas hagiográficas y supersticiones de los católicos y con las supervivencias del paganismo precristiano que entre éstos se conservan.
En este libro introduje el uso del vocablo afrocubano, el cual evita los riesgos de emplear voces de acepciones prejuiciadas y expresaba con exactitud la dualidad originaria de los fenómenos sociales que nos proponíamos estudiar. Esa palabra ya había sido empleada en Cuba una vez en 1847, por Antonio de Veitía, según dato que debo a la tan cortés como intensa erudición de Francisco González del Valle;8 pero no había cuajado en el lenguaje general como lo está hoy día. Mi primer libro, aun cuando escrito con serena objetividad y con criterio positivista, y pese al prólogo con que lo honró César Lombroso,9 fue recibido por lo general entre la gente blanca con benevolencia, pero siempre con esa sonrisa complaciente y a veces desdeñosa con que suelen oírse las anécdotas de Bertoldo, los cuentos baturros o los chistes de picardía; y entre la gente de color el libro no obtuvo sino silencio de disgusto, roto por algunos escritos de manifiesta aun cuando refrenada, hostilidad. Para los blancos aquel libro sobre las religiones de los negros no era un estudio descriptivo, sino lectura pintoresca, a veces divertida y hasta con puntas de choteo. A los negros les pareció un trabajo ex profeso contra ellos, pues descubría secretos muy tapados, cosas sacras de ellos reverenciadas y costumbres que, tenidas fuera de su ambiente por bochornosas, podían servir para su menosprecio colectivo. Sentí yo esa hostilidad muy de cerca, pero no me arredró.
Pasaron los años y seguí trabajando, escribiendo y publicando sobre temas análogos. Como no había acritud despectiva alguna en mis análisis y comentarios, sino mera observación de las cosas, explicación de su origen étnico y de su sentido sociológico y humano, y además su comparación con idénticos o análogos fenómenos presentados en el seno de las culturas típicas de los blancos según los tiempos y países, a la hostilidad prejuzgadora que me tenía la gente de color sucedieron después el silencio cauteloso y la actitud indecisa y una respetuosa cortesía, mezcla de timidez, de disculpa y demanda de favor. No gustaba que yo publicara esos temas, pero no se me combatía en concreto. "¿Qué se traerá ese blanquito"?, oía yo decir más de una vez a mis espaldas. En varias ocasiones me preguntaron directamente: "¿Por qué se mete en esas cosas de los negros? ¿Qué razón o qué gusto tiene usted en ello? ¿No sería mejor no tocarlo?" Por entonces tuve ya la malaventura de meterme en política y durante aquellos diez o doce años, ya muy conocido y con cierta popularidad, cada vez que iba por Marianao, Regla, Guanabacoa y por ciertos barrios habaneros en excursión exploradora de cabildos, santerías, plantes, comparsas, claves, bailes, toques y demás núcleos donde sobreviven las ancestrales tradiciones del mundo negro, oía yo alguna nueva y curiosa interpretación de mis persistentes averiguaciones. Un liberal dijo: "¡Este doctor es un vivo que quiere halagar a los negros para que le den los votos!" Un conservador, mulato pasado por más señas, añadió: "¡Este liberal está haciendo un grave daño en Cuba, despertando las cosas de la esclavitud!" No faltó señorona encopetada que dijera que yo solía correrme a los bembés atraído por las hijas de la Virgen de Regla más que por los cultos a la Madre del Agua. Salí de la política, en la cual ni perdí ni gané por mis escritos. Ya entre la gente de color la desconfianza iba menguando; a veces se me iban acercando para pedirme, como abogado ejerciente que yo era, protección contra quienes los atropellaban. Cuando menos, se me miraba como un turista del propio patio, amigo de divertirse con las cosas exóticas, algo así como esos rubios del Norte que de paso en Cuba pagan porque aquí les bailen la rumba al gusto de su obscenidad. Pero así entre negros como entre blancos, mis publicaciones no pasaban de ser meros entretenimientos de historia y de costumbrismo pintoresco. Y, en algún caso, algún informante de color se creía de buena fe obligado a subrayar sus noticias de las cosas africanas con los más despectivos comentarios, creía así que, denigrando absurdamente a sus abuelos oscuros, realzaba su persona ante mi estima.
Permitidme de paso que os diga, aprovechando esta ocasión tan adecuada, que este tristísimo fenómeno de la autodenigración es perfectamente comprensible y disculpable, conociendo la enorme presión con que las fuerzas dominadoras han aplastado durante siglos a los grupos humanos sometidos y la tremenda y singular hostilidad del ambiente social contra quienes han tenido la desventura de que la subyugación les fuese agravada por lo imborrable y ostensible de su cutánea pigmentación. Por ello esa actitud negadora de su propia personalidad ha sido más frecuente y duradera en el negro. Ya se ve documentada en plena Edad Media, cuando América no había sentido aún el abrazo de África:
La negra por ser blanca contra sí se denueda.
Así, lo advertía hace más de seis siglos el famoso Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, en su Libro de buen amor. Y no puede desconocerse que todavía abunda entre los más infelices elementos de color ese complejo de inferioridad sumisa y denigratoria. Pero ese fenómeno negativista, realmente psiquiátrico y de patología colectiva, no es privativo de los negros, y constantemente lo vemos en individuos y pueblos de las más diversas razas, esto es, sin duda, el más grave obstáculo contra la dignificación y ascenso social de las razas supeditadas a los niveles superiores de la indiscriminación.
En 1928 fui a Europa y, en Madrid, ante el pleno de la intelectualidad española, hube de protestar de que se hiciera política de reaproximación con América invocando la religión y la raza. Contra el mal uso de la religión, porque no hay una religión española, aunque no faltan fanáticos que se conducen como si tal creyeran, y quieren imponer a toda la América Latina un catolicismo inquisitorial, traducido por ellos en Toledo. Y combatí la propaganda de la raza, porque tampoco hay tal raza española, siendo España, a cuya civilización pertenecemos sin desdoro en lo troncal, uno de los pueblos más amestizados de la tierra; y porque, aun existiendo tal raza hispánica, de todos modos el racismo es un complejo anacrónico de barbarie, incompatible con las exigencias contemporáneas de la cultura y enemigo de la nación cubana. Entonces ya comprendieron algunos, así blancos como de color, que mi faena de etnografía no era un simple pasatiempo o distracción, como una afición de caza o pesquería, sino que era base para poder fundamentar mejor los criterios firmes de una mayor integración nacional.

(Tomado de Catauro Nro 3, Año 2, enero-junio 2000)

*Fragmento del discurso de agradecimiento en el acto por la concesión del título de Socio de Honor de la sociedad de la raza negra Club Atenas, efectuado el 12 de diciembre de 1942; publicado íntegramente con el título "Por la integración cubana de blancos y negros", en; La Habana, no. 2, marzo-abril, 1943, vol. LI, pp. [256-272] reproducido con el mismo título en la revista Estudios Afrocubanos, La Habana, 1945-1946, vol. V, pp. [216]-229. para publicarlo en Catauro se ha tomado de la Etnia y Sociedad, Ed. de Ciencias Sociales, La Habana, 1993, cap. XVIII, pp.136-140.

1 José Antonio Aponte. Negro libre, considerado cabecilla de una conspiración encaminada a obtener la liberación de los esclavos. Fue ejecutado junto a ocho de los complotados. 

2 Juan Francisco Manzano: (La Habana, 1797-1842). Poeta, esclavo, que habiendo aprendido a leer y escribir por sí mismo, creó una poesía de elevados propósitos formales. Fue liberado de su condición servil mediante suscripción efectuada por un grupo de intelectuales blancos.

3 Gabriel de la Concepción Valdés, Plácido (La Habana, 1809 - Matanzas 1844). Notable poeta mulato. Superó los obstáculos de su origen como hijo natural, su condición racial y aún su estado de criollo en una sociedad esclavista bajo un régimen colonial, y alcanzó una amplia repercusión popular. Fue fusilado, debido a la acusación de haber participado en una conspiración para lograr la libertad de los esclavos, de la cual se declaró inocente.

4 Antonio Maceo Grajales (Santiago de Cuba, 1845 - San Pedro, La Habana, 1896). Una de las principales figuras de las luchas independentistas del pueblo cubano. Desempañaba, en el momento de su muerte en combate, el cargo del Lugarteniente General de las fuerzas insurrectas contra la dominación española.

5 Se refiere al libro Los negros ñáñigos, reiteradamente anunciado desde principios de siglo, pero que lamentablemente nunca llegó a publicar; sin embargo, en distintas ocasiones trató esta temática, como aparece en los textos incluidos en este volumen titulados "Los ñáñigos o abakuá: el culto a los antepasados" y "Los danzantes enmascarados: los írimes".

6 Fernando Ortiz: Los negros brujos, (apuntes para un estudio de etnología criminal), con una carta-prólogo de Cesare Lombrose, Librería de Fernando Fe, Madrid, 1906.

7 Padre Martín del Río, S. J.: Disquisitions magicarum, s. r.

8 Francisco González del Valle: (La Habana, 1881-1942). En sus estudios historiográficos, destacó el papel de la intelectualidad patriótica del siglo XIX cubano y el papel colonialista de la Iglesia Católica.

9 Cesare Lombroso: (Verona, 1835-Turín, 1909). Médico y criminólogo italiano, cuyas teorías positivistas en la criminología ejercieron una gran influencia en los primeros libros de Ortiz.

Fuente: La Jiribilla

¡HAGAMOS CRÍTICA CONSTRUCTIVA, NO DESTRUCTIVA!

Fotos tomadas de: DibujArte
                           
                                                   Por: LeonoraAcuña de Marmolejo
                 
      No hay ejecución sin idea, y por ello la expresión humana es transcendental ya que inmortaliza, por decirlo así, al hombre. La literatura en cualquiera de sus formas (poética o prosaica), y con su extensa gama de aplicaciones, ya sea para el teatro, la radio, la televisión, la prensa o por cualquier medio de difusión hablado o escrito, va dejando la imagen de una época con su historia, sus problemas sociopolíticos, y sus costumbres, lo cual equivale a decir que es la huella del hombre sobre el tiempo. La literatura revela pues, al suceso social, cultural y biológico de nuestro desarrollo humano en el proceso de evolución. Es lógico que la influencia de los clásicos, y  los grandes escritores de nuestra preciosa Lengua Cervantina, nos haya  dejado grandes enseñanzas y sus huellas internalizadas en nuestra mente; y es también lógico y muy normal que esta influencia sirva para iluminar nuestra ruta, pero no exijamos con cerril capricho, que los nuevos valores que emergen con tanta feracidad y originalidad deban transitar solamente copiando a los maestros antecesores, porque encajonándolos así, mataríamos su espontaneidad, su ingenio, su creatividad y audacia, y entonces el idioma no se remozaría.
     Dejemos que la imaginación dé talentos nuevos con su pujanza, y que como una riada de guijarros se desborde; luego busquemos con ánimo estimulante, con un margen de apoyo y elasticidad (no queriendo decir con esto que los juzguemos con un metro permisivo), las gemas que en la playa de su ardorosa creatividad tengan merecimiento. Así, luego iremos al fondo de sus aguas y encontraremos el tesoro. Es necesario exigir para no caer en la mediocridad por una débil aceptación (huérfana de criterios cualitativos) de expresiones fútiles, intrascendentes, sin lógica ni talento, ni fondo literario de peso. Pero no objetemos las nuevas obras con demasiado perfeccionismo, aunque ésta sea la meta que el arte demande, porque de esta manera no tendrán oportunidad de surgir y mejorar los noveles que bien pueden ser cerebros con un potencial muy prometedor. No hagamos crítica, intimidante, acerba, derrotista ni destructiva. Hagamos la crítica que por sana, clara y noble, sea estimulante y constructiva, mostrando soluciones y avenidas, porque de otra manera, el miedo al rechazo puede hacer presa fácil en los espíritus tímidos, y asesina por decirlo así, su inicial y audaz propósito de expresión y entonces, el verbo floreciente muere en la boca inteligente  sin haber enriquecido quizás nuestro idioma.
     Demos cabida a inquietas tendencias para que al manifestarse, sepamos de los nuevos valores cualitativos y cuantitativos en su producción; luego podrá venir la vendimia y con ella la escogencia. Más inicialmente, permitamos que noveles exponentes, den muestra de su ingenio y su talento creativo y artístico con nuevos estilos y modalidades, bajo la impronta personal de su  autoría. De esta manera habrá espíritus de superación, y no valores en derrota. De lo contrario, estaremos  estancados porque no habrá transformación, y a lo mejor muy dolorosamente, habremos asfixiado los   genios de una generación.
     Repito que si la crítica es demasiado acre y severa, quien no tenga un espíritu recio y tozudo y una voluntad persistente, no superará el desaliento y como un bosquejo borrado para siempre del lienzo de nuestra cultura, caerá en el silencio y en la sombra. Y sin despertar más el argumento y  la semilla latente, dando rienda suelta a su  ingenio y a su inspiración o fantasía, desertará de su empeño sin haber pulido su oro maleable.  Por todo lo antes dicho, el oficio de quien hace crítica no es fácil, y demanda de quien lo ejerce, no sólo conocimiento, sino también juzgamiento moral muy decantado y noble que además no esté condicionado por ideologías políticas ni religiosas.                                                 
 Respetando las normas de la gramática y la lingüística, y tratando de cumplir con el lema de  la Real Academia Española de la Lengua: limpia, fija y da esplendor, apoyemos con entusiasmo a los nuevos escritores. Con disciplina e imparcialidad, estimulemos a nuestros voceros y escritores, dando así cabida a la palabra aireada,  renovada que camine del brazo de la nueva generación, con los problemas inherentes a  la época actual, los que conciernen a la convivencia de los pueblos y razas. Así con el milagro de la palabra noble, honesta, entusiasta, optimista y feraz, y laborando con acuciosidad, empeño y fraternidad, descubramos nuevos valores; cuidemos con celo el sagrado filón de nuestro idioma castellano y hagámonos trascender barreras. ¡Sintámonos orgullosos de nuestro idioma! Hagamos crítica constructiva, no destructiva!  

                                                        

RETORNO AL PASADO


 

RECUERDOS DEL AYER: TRINIDAD / CASILDA

René León

Sobre el autor: Dr. Rowland J. Bosch

Introducción: René León

Editado por CreateSpace, Amazon, págs. 104. Great Britain, 2017

 

 

Carlos Benítez Villodres  

Málaga (España)



René León, además de ser un insigne escritor, poeta, ensayista, periodista, editor, es un excelente historiador. En la introducción del presente libro, el autor nos manifiesta que, aunque nació en La Habana, “parte de mi niñez y juventud la pasé en el puerto de Casilda, provincia de Las Viñas”. En los años que vivió en este pueblo, su vida transcurrió felizmente. Asimismo, el escritor nos refiere que los personajes que protagonizan esta historia son reales, así como las evocaciones que vierte en las páginas de este libro sobre sus propias experiencias de infancia y juventud. Por consiguiente, esta obra la escribió René León en homenaje al pueblo de Casilda.
“Recuerdos del ayer: Trinidad / Casilda” es un libro de vivencias y rememoraciones, es decir, de memorias, tanto positivas como negativas de esos primeros años de la vida de nuestro autor y de la época en la que se desarrollaron estas dos fases de su vida. “¿Debe afligirme, se cuestiona Emanuel Geibel, una hermosa felicidad porque huyó rápidamente?”. Y él mismo se responde: “Un breve encuentro y un largo recuerdo hace el alma rica y libre”. Ciertamente, en esta incursión retrospectiva que nos presenta René, el lector saborea los paisajes del alma del autor, los mismos que quedan impresos, fijados en la retina del corazón y que van ayudando a descubrir la frondosidad de su existencia y cómo esas capas de vivencias se superponen unas con otras, dando lugar a lo que comúnmente llamamos la experiencia de la vida. “Los recuerdos, dice Jacinto Benavente, tienen más poesía que las esperanzas, como las ruinas son mucho más poéticas que los planos de un edificio en proyecto”.
René León nutre el alma del lector con las narraciones de esta obra, y no sólo la nutre, sino que nos enseña que, gracias al amor, el ser humano se realiza íntegramente como persona y que, al adquirir conocimiento su intelecto, está enriqueciendo y ampliando su bagaje sociocultural.
Tras la Introducción, el libro comienza con la historia de Casilda y Trinidad (Los primeros años), dos pueblos cubanos que distan uno del otro unos 4 km., desde el siglo XVI hasta finales del XIX, aunque los recuerdos del autor comiencen en su infancia y concluyan hasta ya iniciada la segunda mitad del siglo XX. Dicha historia continúa con el relato Tal y como me contaron (sobre Trinidad y la vida en este pueblo hasta enero de 1959)). Continúa el libro con la narración sobre las vicisitudes de dos enamorados, Amparo Albalat y Francisco Niebla, que se suicidaron por negarse el padre de ella a que ésta se casara con Francisco. Tras este capítulo, podemos leer los siguientes episodios o secciones: La Recibidora (Lola Alonso), Dos espacios vacíos, negros (Lola y Pelayo Alonso y los hijos de ambos), Costumbres navideñas: las serenatas (similar a las españolas, aunque éstas se lleven a cabo cualquier día del año), Caucubú: La Maravillosa (la joven y bella Caucubú y la cueva La Maravillosa), Semana Santa en Trinidad (semejante a la de Sevilla, pero, actualmente, no queda de ella ni su sombra. Obviamente, es innecesario explicar aquí el porqué de esta desaparición), El Cristo de la Vera Cruz (venerado en la iglesia Mayor de Trinidad), ¡Cómo pasa el tiempo!, Trinidad (el autor recuerda a este pueblo durante la época que en él vivió), La tintorera (avistamiento y captura de este tiburón azul), El sacristán de la iglesia parroquial, La mano del negro, El bandido Caniquí, El Cristo de la Vereda, Vasco Porcallo de Figueroa, Fugaz crónica de un puertecito marino, De la vida real: 25 de febrero de 1945, La llovizna, etc., etc. En total, “Recuerdos del ayer: Trinidad / Casilda” consta de 32 relatos.   
            La narrativa de René León sobresale por su leguaje diáfano, terso, pulido, su destreza en el desarrollo de sus evocaciones y experiencias, su excelente descripción de los hechos históricos y los personajes que en ellos intervinieron, su perfecto acabado formal, en definitiva, el prosista nos cuenta sus memorias más interesantes y de forma genuina. El auge de la narrativa del escritor cubano radica, pues, en la riqueza de su léxico, en la sencillez de su labor creativa, en su capacidad cultural y de atracción, de sorpresa y entretenimiento… El lenguaje de René León le permite describir genialmente lo vivido, lo visto, lo acontecido, así como la historia de Trinidad y Casilda, tras ser inconscientemente memorizado, como no sería posible a un narrador impersonal o distante. En lo narrado por René León, el lector se encuentra viviendo esas evocaciones, esas historias…, ya que nuestro escritor logra no sólo que el lector admire, se sorprenda, se emocione con lo narrado, sino que se sienta inmerso en dichas rememoraciones, en dichos acontecimientos históricos.
Lo verdaderamente importante de esta obra es lo que nos aporta su lectura a cada uno de nosotros (pocas artes existen más subjetivas que la literatura, pues la misma historia siempre es distinta para cada lector). Por consiguiente, lo importante es leer. Y una vez hemos leído, tenemos el primer factor de peso para emitir un juicio sobre un libro. Y cuánto más leamos, más rigor tendrá esa opinión, aunque siempre encontremos en la lectura unos parámetros fijos, de apoyo, constantes.
La narrativa para René León es un firmamento infinito, con grandes astros que mantienen inmutable su posición con el transcurso de los siglos, y estrellas jóvenes que aportan nuevos parpadeos a sus ojos, a su mente de buscador incansable de nuevos mundos, más allá de las fronteras espaciales y temporales. La labor del autor de “Recuerdos del ayer: Trinidad / Casilda” consiste en tratar de bajarlos a la tierra para plasmarlos en papel y, de esa forma, acercarlos al lector, lo que consigue perfectamente en esta obra.
En esta obra su autor busca el vigor, la expresividad y la frescura. Y sobre todo escribe una literatura que acerca al lector a la verdad vivida o no vivida, pero sí acontecida en el pasado lejano y próximo. El meollo de este libro es esa pugna entre el autor, que tiene su propia sensibilidad, y los recuerdos e historias que se encuentran en las distintas salas de su memoria mezclados con los valores recibidos. Si preciosa es aquella cuarteta asonantada o tirana que inmortalizó Antonio Machado: Cuando recordar no pueda, / ¿dónde mi recuerdo irá? / Una cosa es el recuerdo / y otra cosa es recordar//, no menos bello y radiante es el presente libro, una obra de orfebrería literaria que a cualquier buen lector le ha de impactar y sorprender y atraer.

            Para finalizar, creo que el propio libro “Recuerdos del ayer: Trinidad / Casilda” crea una comunidad memorística imprescindible para conocer aquella Cuba, en especial los dos pueblos ya mencionados, desde el siglo XVI hasta las últimas décadas del XIX mediados del siglo XX. Los ríos de sus personajes y los vaivenes de sus oleajes, internos y externos, recrean un espacio textual genuino y especial en su dinámica, de tal modo que, cuando se concluye su lectura, al estar impregnada la obra de sentimiento y bondad y amor, todo lo narrado permanece en la memoria de quien lea este libro sublime. 


Recuerdos de Madrid: Mi amigo Joaquin "La Malibram"

Foto tomada de:  Wikipedia