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sábado, 1 de julio de 2017

Santiaguero amante de Bayamo

Foto de: Por Conocer
Por:  Mónica María Ramírez Aguilar

¿Por qué este músico quiso que sus restos reposaran en la ciudad Monumento Nacional? ¿Por qué descansar en un Bayamo colmado de historia y tradiciones cuando había nacido en la tierra catalogada como la Cuna del Son? Tal vez La bayamesa, cantada por su madre al acunarlo, sea una clave para conocer la respuesta. Pero pudieron ser sus visitas a esa ciudad gloriosa, donde se inició el sentir por la independencia de un país y el amor por ser cubanos, lo que atrapó su atención. A Sindo Garay no lo tomó en sus manos aquella maldición de no regresar a la Ciudad de los Coches, sino que volvió varias veces, se enamoró de sus mujeres, fue homenajeado, aplaudido y admirado por su carisma e interpretación musical. En Bayamo hizo amigos, compuso y hoy la ciudad lo valora y se hacen festivales con su nombre que tratan de enaltecer la obra del artista y se convierten en un espacio para jóvenes músicos. Según cuenta uno de sus relatos en la casa de un amigo bayamés “iban los amantes de la música, sobre todo de la trova. Por la noche nos reuníamos y casi siempre nos cogía el amanecer cantando”. Al parecer la vida nocturna que tuvo en la ciudad llamó su atención y también la facilidad con que se reunían los trovadores y cantaban sin importar hora o lugar, solo rodeados de la magia de la armonía salida de sus guitarras. Sindo Garay era trovador, de esos que llaman buenos y abundan poco, por ello muchas personas lo deseaban conocer y así, en julio de 1968, es invitado al festival de la trova en Santiago de Cuba. Sin embargo, narra Enrique Milanés León en ¡Sindo…caray!, que murió el 17 de ese mismo mes y año en La Habana, “pero no faltó a su cita: a Santiago se fue muerto, y de allí pasó a Bayamo. Su sepelio fue una serenata con mucho cigarro y café, mucho ron y mucha trova. Indecisos entre cantar o llorar, lo que sí sabían los presentes era que el gran pequeño, en un dúo con La Pálida, les había jugado otra buena sindada”. Ahora reposa, cuando no hay alguien que le lleve una flor como pretexto para conversar, o un grupo que desee cantarle o turistas ávidos de saber quién fue Sindo. Su tumba es rectangular, como casi todas las construidas en la Necrópolis de Bayamo. Se ubica en el ala izquierda del cementerio, al entrar, y está casi al final de la primera fila. Un señor se ocupa de ella, con la misma dedicación que las demás, pero con ojos siempre abiertos para que nadie le haga daño. Encima del sepulcro, construido de mármol gris, reposa una tarja que dice: Sindo Garay 12- 4- 1867; 17-7-1968. De los bayameses a quien fuera máxima figura de la trova cubana. CNC REG. Marzo-72. Justo en su cabecera se encuentra una guitarra y escrita su canción Mujer Bayamesa. Con el deseo cumplido, permanece eternamente en la Cuna de la Nacionalidad Cubana; quizás para salir a cantar de vez en cuando frente a ventana de Luz Vázquez o como bohemio por la calles, hasta el amanecer. Tal vez, los que tengan suerte escucharán en la madruga melodías de La tarde, Perla marina, Rendido o Tardes grises, y sabrán, alegres por disfrutar cada canción, que es Sindo.

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