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jueves, 1 de marzo de 2018

Bienvenidos a Pensamiento


A GOOD STORY WITH A HAPPY ENDING....  

Awww! Baby koala clings to mom while she undergoes surgeryby Chris Serico / Jun.10.2015 / 1:02 PM ET / Source: TODAY

For one adorable koala cub, even surgery couldn't stop him from hugging his mom.





Baby koala holds on to mom during her life-saving surgery00:52


According to the Australia Zoo Wildlife Hospital, the mother koala, named Lizzy, had been hit by a car near Brisbane and suffered some "face trauma and a collapsed lung." While veterinarians operated on the adult koala, her young joey named Phantom clung to her side.
 
Baby koala hangs on to mom during life-saving surgery Australia Zoo Wildlife Hospital

"Lizzy is now recovering well under the expert care of the vet team and getting some serious TLC from 6-month-old Phantom, who is too young to leave her side," reads an update posted Wednesday to the zoo's Instagram account. "The Australia Zoo Wildlife Hospital has treated more than 58,000 native Australian wildlife patients to date, Phantom and Lizzy are just two who have been given a second chance."
 
Australia Zoo Wildlife Hospital Australia Zoo Wildlife Hospital

To donate to the nonprofit group that helped care for these koalas, visit WildlifeWarriors.org.

CUBA: ESTAMPAS DE LAS CONTIENDAS DE EMANCIPACIÓN RENÉ LEÓN Ediciones Exodus. Barcelona y Miami, noviembre 2017, págs. 154

Foto Tomada de: amazon.com

Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)


“Cuba: Estampas de las contiendas de emancipación” es un libro histórico sobre varias facetas de la Guerra de la Independencia de Cuba (o la Guerra de 1895), nombre con el que se conoce a la última guerra por la independencia de los cubanos contra el dominio español. Dicha obra está escrita con una sensibilidad suma, sin límites, entendiendo por sensibilidad del ensayista la pulcritud o afinamiento de su gusto por la historia de su tierra. Este perfeccionamiento siempre es cultivado por René León, pero resalta o sobresale aún más su apasionamiento por la narración de hechos reales, significativos, es decir, estos cruciales acontecimientos habitan en su orbe interno desde su niñez. 

La sensibilidad de René es inteligente y creadora, y frutecida gracias a la reflexión madura, ésa que le hace sentir, tan vivazmente, las ideas y los pensamientos, los recuerdos y las imágenes… que revolotean por su mente hasta que escogen una palabra, una oración… y se posan sobre los campos de los medios de comunicación. La sensibilidad, pues, humedece la semilla; elabora miel para el intelecto; busca señuelos en la palabra; atrapa ideas y sentimientos; aprende a nadar en lo profundo… Ella es la cultivadora y a la vez catadora del vino de la vida. La misma que no quiere ser ola y llegar a una orilla cualquiera donde la realidad desaparece. “Las gentes que nunca se preocupan, refiere Edmund Burke, por sus antepasados jamás mirarán hacia la posteridad”. René León sí puede mirar de frente al hoy y al mañana, porque es una constante en él darnos a conocer el pasado de su país, y el de ciertas personas que nos precedieron. 

El libro, que hoy comentamos, está dividido en siete ensayos: “La ayuda de España y Cuba a la independencia de Estados Unidos”; “Francisco Vicente Aguilera: El patricio olvidado”; “Máximo Zertucha: La injusticia de un hombre”; “Un héroe olvidado de las Guerras de Independencia de Cuba: capitán William B. Cushing (Albemarle) USN”; “La República cordial”; “El autotitulado mensaje a García y al teniente Andrew S. Rowan” y “Recordando el hundimiento del acorazado americano “Maine”. A estas diferentes partes, le antecede una “Introducción” de Roberto Soto Santana. En ella, desgrana brevemente cada uno de los ensayos que componen este libro. Le precede una “Nota de agradecimiento”. 

El principio y fin de la razón de existir de esta obra es el ser humano, en su pureza más íntima, y para su artífice, el indagar, investigar en el pasado de su tierra natal para encumbrarla aún más, desde su historia, y para que ésta sea conocida y amada por los que hoy caminamos por el tiempo y por los que lo harán mañana, ya que es imposible amar sin conocer, y cuanto más hondamente conozcamos... más y mejor amaremos Asimismo, el propósito de René León, al crear esta obra, es también el de darle más esplendor al sentido de la vida, por donde camina y crea. “Un pueblo que no conoce su historia, manifiesta Helmut Kohl, no puede comprender el presente ni construir el porvenir”. 

En “Cuba: Estampas de las contiendas de emancipación”, la erudición y el autorreflexión, los valores humanos y literarios... del escritor, como principios básicos de su poder creativo, se fusionan con la realidad y la trascendencia de sus ensayos, lo cual le da a este estudio una magnificación o exaltación literaria sumamente valiosa, per se, y enriquecedora para el lector de siempre. 

El libro está escrito en una prosa eficaz, directa y culta, perfectamente elaborada y con certeras imágenes literarias, gracias al virtuosismo estético de su autor, ornada, además, con una adjetivación necesaria y fecunda. 

Las siete exposiciones están descritas con un lenguaje formal y circunspecto, claro y formativo, que mana de la habilidad del escritor, que es capaz de enlazar lo abstracto del pensamiento con situaciones concretas acaecidas en un periodo de tiempo determinado e identificado con rigor histórico. En ellas nos hallamos, con un vocabulario que, al emplearlo el autor en su obra, hace que el lector se identifique, con más intensidad y hondura, con la vida de aquella época y con las personas que la vivieron. 

En la primera parte de esta obra, René nos escribe sobre las Treces Colonias británicas en la costa este de América del Norte, fundadas en los siglos XVI y XVII. Dichas Colonias declararon su independencia en 1776, y formaron los Estados Unidos. Éstas eran: Massachusetts, Nuevo Hampshire, Rhode Island, Connecticut, Nueva York, Pensilvania, Nueva Jersey, Delaware, Maryland, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia. Todas ellas fueron ayudadas por Cuba y España. 

En la segunda, nos manifiesta la relegación del cubano Francisco Vicente Aguilera, uno de los personajes que firmaron el “Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la isla de Cuba”. Vicente Aguilera fue un egregio patriota que sufrió el exilio. Hombre que quiso implantar, en los corazones de sus coetáneos, la justicia, la nobleza, la generosidad… 

En la tercera, el profesor René León nos refiere las vicisitudes de Máximo Zertucha y Ojeda, coronel y médico, que combatió en las Guerras de la Independencia. 

En el cuarto sector, su autor nos revela la labor de William Cushing, capitán de la marina de Estados Unidos, sobre su participación positiva en la Guerra de los Diez Años y en la independencia de Cuba de la nación española. 

En la quinta, nos declara la acción victoriosa del gran José Martí, padre de la patria cubana, frente al sometimiento colonial de Cuba a España. José Julián Martí Pérez, más conocido por José Martí, fue uno de los principales líderes de la independencia de su país. 

En el sexto ensayo, el Sr. León nos revela la falsedad del mensaje a Calixto García que portó el secretario de Guerra del Gobierno del presidente McKinley. Dicho mensaje se envió para que el presidente conociera quiénes componían el Ejército Libertador, así como para que Cuba apoyara el desembarco de naves estadounidenses en su próxima lucha contra España. 

En el último estudio, nos expone René León el hundimiento, por deflagración, del acorazado “Maine”, lo cual le permitió a EE UU declararle la guerra a España y de intervenir en la segunda guerra de Independencia de Cuba. 

La planificación de los hechos, la estructura y el procedimiento narrativo de los mismos, el análisis exhaustivo y profundo de lo relatado en cada ensayo, la firme consistencia de las ideas mostradas y de sus derivadas, el hilo que conduce dicha exposición... solean y enaltecen aún más esta obra ya de por sí sublime, la cual nos permite ver el pasado y el presente con una óptica global y, al mismo tiempo, en parcelas impregnadas de lógica formal, de madurez toda plasticidad, de nuevos horizontes.

Segundo Encuentro "ANUNCIO"


EL ESTERTOR DE LA MEMORIA

Foto de: http://www.reportero24.com

                                Por: J. A. Albertini
                                                      Al recuerdo de Pablo Pastrana Bencomo,
                                                      un cubano desterrado que no conocí el cual,
                                                      aferrando su vieja maleta de isla extraviada,
                                                       murió en las vías de  un tren, cargado de
                                                    nostalgia y desmemoria tentadora.
                                                                    El autor.

— Papá, el café del mediodía ¡dulcecito!, como siempre te ha gustado —la hija, esposa, madre y abuela, le dijo al anciano de sonrisa incierta y mirada hacia atrás.

El viejo con mano temblorosa tomó la tacita blanca, imitación a  porcelana, y paladeó el café que, en jarro de peltre abollado, por años, la compañera de vida, después del almuerzo diario, le ofrecía, recién colado en manga de tela, ennegrecida por las borras continuas, antes de volver al trabajo. Un hilillo de café se le escurrió por la comisura de los labios hundidos que protegían las encías desdentadas.

— ¡Cuidado papá¡ acabo de ponerte ropa limpia —la hija advirtió y con un paño retiró el rastro de bebida oscura que se obstinaba en los surcos de la barbilla.

El olor y sabor del café, junto al alarido del tren matutino y vespertino que cruzaba, sin hacer parada, cerca del ingenio, siempre se la traía de vuelta. Fue un matrimonio de más de medio siglo. Se conocieron un 25 de diciembre, en el baile de Navidad anual que el dueño del ingenio y familia les obsequiaba, al inicio de cada zafra azucarera, como estímulo y reconocimiento, a los obreros. Aquella tarde, aunque no llovió fue fría y nublada. Ella era nueva en el batey. Había sido contratada como maestra de primaria para la escuelita, con vivienda contigua, que los vecinos, la patronal y el sindicato habían construido. Y ahora, en su primera actividad social, los congregados en el salón de fiestas comunal, se deshacían en atenciones.
La invitó a bailar y el aroma a melaza, envuelto en humo de molienda que la torre del central escupía, signó la relación que dio cuatro hijos. Una hembra y tres varones.

—Papá, mañana es Navidad —la hija señaló. —Mamá, que en paz descanse, y tú se casaron en igual fecha. —En verdad no quiero decir el año. Eso me haría sentir más vieja de lo que soy —bromeó, pero el anciano no articuló palabras ni varió la expresión infantil y bobalicona que engulló las facciones de antaño. Ajeno al entorno real, solo muy de tarde en tarde y casi siempre bajo el influjo del sabor del café repetía: El buldócer necesita petróleo; tengo que ir al ingenio...

Entre ellos, en aquel memorable baile de navidad, se estableció una corriente de simpatía. Ambos provenían de la capital provincial y en busca de oportunidades de trabajo, jóvenes, solteros y sin compromisos, habían  recalado en el central azucarero. Él, mecánico y conocedor de equipos pesados, desde dos años antes, operaba un viejo buldócer de orugas, Caterpillar, modelo D4, que a su llegada permanecía descompuesto y abandonado. Contra todos los pronósticos, con una inversión muy por debajo de lo calculado, puso la máquina a funcionar y, desde entonces, caminos y guardarrayas de acceso al batey se mantuvieron en condiciones óptimas. También, gracias a su pericia en los mandos del tractor, tareas de demolición, movimientos de tierras y construcciones se hicieron más fáciles.

El amor los ensartó a inicios del año nuevo; domingo 6 de enero, día de los Santos Reyes Magos. Sucedió en la fiesta infantil y rifa de juguetes, luego de concluida la misa mañanera, oficiada por el encanecido sacerdote franciscano que una vez por semana y en fechas señaladas, de la ciudad cercana, viajaba al ingenio para atender, en la iglesia pequeña y de madera, los requerimientos de la feligresía.
Ella, junto al cura español que enfatizaba las z, había terminado de extraer el último número ganador. El salón rebozaba júbilo de chicos y mayores.

—Hoy es Nochebuena, pero tú y yo vamos a pasarla solos. Cada cual está en lo suyo y con los suyos. Para cenar estoy asando un pedazo de carne de puerco. En un ratico te afeito para que mañana estés bonito —la hija lo halagó y maternal le pasó la mano por la cabeza de cabellos ralos y blancos. —El fiestón del 25 será en Miami, en casa de mi hermano; tu hijo menor. Toda la familia estará. ¡Ya tienes tres biznietos! —pero el viejo no escuchaba.

Se le declaró en el momento de más bullicio, cuando los menores destrozaban la gran piñata de cartón; colores variados y forma de camello. El estallido de varios globos hizo que él tuviese que repetir el pedido. A ella el rostro se le arreboló un poco pero no dejo traslucir otras emociones. Lo miró fijo; a los ojos y despacio respondió: Debo pensarlo

El domingo siguiente, a la salida de misa, bajo el jagüey frondoso que crecía a un costado de la iglesita, ella le dio el sí. La mañana de enero era fresca; el Sol deslumbraba y la brisa que descendía del follaje del árbol  batía la cabellera femenina y se encaprichaba en la falda azul celeste. Él  sintió un salto interno y nervioso, incapaz de articular palabras, le tomó las manos que oprimió con tanta emoción que  ella  profirió un lamento ahogado. Al instante, aflojó la presión y compungido inquirió: ¿Te lastimé...? No, bobito. ¡Casi me partes las manos!, le respondió con ese humor que siempre la caracterizó y que tan buenos resultados rindió en su labor como educadora, esposa y madre de familia.

—Sabes, papá, en estas fechas no se me arranca del pensamiento las festividades; Nochebuena,  Navidad, 31 de diciembre, Año Nuevo y Reyes Magos, que pasábamos en el batey del ingenio —aun a sabiendas que el anciano no le prestaba oídos, la hija compartió su nostalgia. —Los frijoles negros de mamá, los buñuelos de malanga y el dulce de cascos de toronja, en almíbar, que hacía y que comíamos con aquel queso blanco y fresco que le comprabas a Narciso, el lechero, todavía me hace la boca agua. ¿Te acuerdas papá...?

A finales de enero anunciaron el compromiso y planes de boda. Los vecinos del batey jubilosos acogieron la noticia. Ella, maestra joven y educada, con todos se daba a querer. Él vital y animoso, además de operar el buldócer del ingenio era conocido, gracias a sus habilidades manuales y disposición a servir, por el mote cariñoso de: el hombre orquesta.

A sugerencias de  moradores de la comunidad y directivos del ingenio, la vivienda escolar fue autorizada para ser ampliada; acoger a la pareja y a la segura descendencia. Él que, por entonces, vivía en una habitación rentada, contando con su salario y el de la futura esposa, hizo los arreglos pertinentes con la ayuda desinteresada, los fines de semanas y alguno que otro día, de amigos.

Y al año exacto de la declaración de amor, faltando poco para la hora del mediodía del 25 de diciembre, se casaron en la iglesita del batey. Familiares de los contrayentes, venidos de la capital provincial, los dueños del ingenio y la vecindad en pleno, abarrotaron el templo. Los más, imposibilitados por lo reducido del espacio de entrar al recinto, aguardaron en la calle, aunque tampoco fueron pocos los que desde temprano entre tragos de ron, aroma a carne de cerdo asada y música de vitrola, por anticipado celebraban el prometedor enlace matrimonial.

El festejo nupcial, con toque de guitarras, interpretación de décimas campesinas llenas, para los desposados, de buenos augurios, fue tan destacado que por años, hasta que el desastre trafidista, entre otras barbaridades, prohibiera las flores de los framboyanes, en el batey, cada Navidad  se recordaba el evento, así como la monumental borrachera que, a golpe de licor de anís mezclado con brandy, padeciera el piadoso cura español. La frase: ¡Eh tú! ¡Ponme otro sol y sombra! con la cual el hombre de Dios había exigido un cóctel tras otro, se convirtió, para los lugareños, en sinónimo de broma.

 —Mamá y tú parieron enseguida, o casi enseguida. A los diez meses de casados nací yo —la hija precisó. —No estuvo bien, de parte de ustedes que yo, siendo la única hembra, viniese primero. Mis hermanos debieron haber llegado antes y ser yo la última. Así hubiese sido la más chiquita y consentida de todos —fingió lamentarse y sonrió.

Al nacimiento de la primogénita siguió, con intervalos prudenciales, el de los varones. El tiempo pasaba; los hijos del matrimonio, junto a la chiquillada del batey, fueron creciendo y cada cual encausó su camino. Muchos ex alumnos de la maestra, de ambos sexos, partieron a otros sitios o ciudades. Otros se sumaron, ocupando diferentes responsabilidades, a la industria azucarera local y formaron familias. Algunos no pararon hasta la universidad. Sin embargo, durante las fiestas decembrinas y de Año Nuevo, todos coincidían en el batey, donde ir a saludar a la maestra y al hombre orquesta, era visita obligada. Ella los recibía con el cariño de siempre y no paraba de hacer las recomendaciones que desde niños de sus labios escucharon. Empero, si le presentaban al conyugue desconocido o al retoño reciente, los consejos y observaciones se duplicaban.

—Papá, si te dijera que las Navidades, fin de año o cualquier otra celebración que extraño están ligadas al batey del central y no a la ciudad donde conocí a mi difunto, viví parte importante de la juventud, desarrollé mi profesión y tuve a los jimaguas. ¡Qué va, como el batey no hay dos! —ella, a sabiendas que la mente del anciano navegaba en brumas indescifrables, aireó un rescoldo de nostalgia.  

La primogénita, siguiendo los pasos de la madre, estudió magisterio, se estableció en la capital provincial; contrajo matrimonio y aportó el primer nieto. Suceso que coincidió con la toma violenta del poder político en la Isla por Celso Trafid Zur y sus seguidores, que honrando el apellido paterno de su líder indiscutible se hacían llamar trafidistas.

A poco, la ola arrebatadora del trafidismo, con rugir de motores, olor a petróleo y pisadas de esteras metálicas, irrumpió en el batey del central arrasando, al paso de la maquinaria pesada, con todo vestigio de vegetación, incluyendo arboledas maderables y frutales. Él, parado junto a su añoso Caterpillar fue testigo mudo e impotente de como los palmares  circundantes, al resistirse a la embestida de los tractores tradicionales fueron, palma real tras palma real, derribadas por los potentes buldóceres franceses, Richard Continental,  modelo CD-10 , cuyos operadores, colocando verticalmente las cuchillas, golpeaban y empujaban los troncos, hasta que las raíces estallaban en borbotones de tierra ultrajada y las esbeltas y orgullosas palmas, envueltas en estruendo agónico de pencas y desparramo de racimos de palmiche, resultaban inmoladas.

Uno con atributos de jefe se le aproximó y dijo: Has cuidado bien de este viejo buldócer, pero el progreso no necesita del pasado. Y al indagar el porqué de tanto destrozo vegetal el funcionario respondió: Haremos una gran zafra azucarera que romperá los récords anteriores y, para sembrar la caña necesaria, vamos a requerir hasta el último  palmo de terreno. El orden y el progreso del trafidismo han llegado al batey de este ingenio. Somos la Brigada de Desmonte e Invasión, el hombre afirmó y a partir de allí se iniciaron cambios drásticos. A duras penas, gracias a que los vecinos aceptaron un decreto gubernamental que cancelaba, por belleza excesiva, la floración veraniega de los framboyanes, el batey pudo conservar, de manera precaria, los árboles que por décadas habían ofrecido cobijo y colorido

 —No es que me queje de mis años fuera del batey. En mi matrimonio fui muy feliz viviendo en la ciudad. De hecho, allá nacieron mis hijos. Y del exilio, en este gran país, aunque al principio fue duro, tampoco me quejo...pero... ¡Qué va, como el batey no hay dos! —la hija, los ojos arrasados en lágrimas navideñas, exclamó.

Y, entonces, el nuevo orden progresista se empeñó, desgranando palabras con eslabones de consignas y arrastre de cadenas promisorias, en trastocar y revolcar de manera sistemática la existencia apacible de los vecinos del batey. Ella, la maestra, por no ser educadora confiable, fue sustituida y la familia tuvo que desalojar la vivienda escolar. Él, impotente vio como su inseparable buldócer Caterpillar  resultó, según palabras de un funcionario, descontinuado; convertido en chatarra y pocas piezas de repuestos que terminaron arrinconadas en polvo de olvido.

Fueron épocas en que, paradójicamente, los que pretendían hacer el cielo terrestre, revivieron y aplicaron leyendas bíblicas como las del fratricidio, las plagas y el personaje que al cantío de un gallo renegó de sus creencias y valores. Y en aquel fragor de esterilidad pegajosa el esposo, a las puertas del cementerio pueblerino, perdió a la compañera de vida. Y por mucho que trató de reencontrarla o recomponerla de nada le sirvió su fama de hombre orquesta.

NOTE: Relato tomado de la obra Siempre en el entonces: Dos noveletas y ocho cuentos.


Cuba: Estampas de las Contiendas de Emancipación, de René León



Comentario: Lola Benítez Molina

En este libro aparecen ensayos variados de conferencias del autor que han sido luego publicados  en  Estados Unidos y España, en publicaciones como Pensamiento Digital, Nuevas Páginas, Enfoque Metropolitano, La Información de Houston, en la editorial Calíope, Circulo de Cultura Panamericano, Ciencias Culturales y otros.
       Leyendo estos ensayos vine a comprender la historia de aquellos años en la Cuba colonial, los abusos de las autoridades con los cubanos o criollos. Igual pasó en Suramérica con los naturales, por el robo continuo y maltrato. Llegaron a ser libres. La guerra en Cuba duró muchos años, pero fueron libres, aunque en el caso de Cuba por la intervención de los Estados Unidos.
       Todos estos ensayos son muy interesantes, por la razón de que el ínclito profesor D.René León es un historiador de gran capacidad investigadora, con estudios exhaustivos y pormenorizados que así lo abalan. El lector no pierde el interés de la lectura porque el historiador va analizando cada tema tocando los puntos más importantes.
       La edición del libro por la editorial Exodus de España, quedó muy bien. Ojalá que tengan una buena distribución, ya que su lectura es altamente recomendable, pues conocer la historia es esencial para todos los campos de la vida.
       Recomiendo este libro para los amantes de la historia de Cuba en tiempo de la colonia.
Para Cicerón la historia es “testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, testigo de la antigüedad”. D. René León nos muestra esa verdad, esa memoria histórica como un gran testigo en primera persona, pues su inquietud investigadora e inquebrantable lo lleva a indagar con excelsa maestría hasta en los más pequeños detalles.


Lola Benítez Molina
Málaga (España)


Jose Martinez Ruiz (Azorin): Ultimo escritor de la Generacion del '98 (primera parte)

Por: Rene Leon

  Nace José Martinez Ruiz (Azorín). a las tres de la madrugada del 8 de junio de 1873. en Monóvar. Alicante, en la calle de la Cárcel, más tarde conocida por San Andrés. Fue el primero de los nueve ·hijos del matrimonio de don Isidro Martínez Soriano y doña Maria Luisa Ruiz Mestre. Su padre abogado, de holgada posición económica. Sobre su vida tenemos las informaciones que él mismo nos ofrece a través de sus libros en sus personajes: Las confesiones de un pequeño filósofo, La Voluntad, y Antonio Azorín y las que sus biógrafos nos dan en los estudio sobre su vida.
Foto tomada: Islabahia.com
  A la edad de ocho años ingresa interno en el Colegio de los Padres Escolapios de Yecla. Estaría allí hasta los dieciséis años, dejando en su estancia honda huella en su vida y carácter. Pio Baroja en su novela Camino de Perfección, incluye datos sobre Yecla, utilizando el nombre imaginario de Yécora, información que el mismo Azorín le proporciona, y así trae un cuadro de la vida de ese lugar “Yécora, es un pueblo terrible...Alli todo es nuevo en las cosas, todo es viejo en las almas...(l). Cuando el joven estudiante regresaba a Monóvar de vacaciones, su vida cambiaba; en la escuela sólo encontraba vivencias tristes, deprimentes. En sus Confesiones de un pequeño filósofo, al referirse a las partidas de su casa a Yecla, dice “…sentía como si me hubieran arrancado de pronto de un paraíso delicioso y me sepultaran en una caverna lóbrega". (2) Sus recuerdos de la infancia están atados, unidos, al ambiente familiar de estos lugares. El mismo dice, “toda mi vida anímica ha sido desde la ciudad apacible a la ciudad adusta; la una se asentaba en la falda del Mediodía de un monte, y la otra en la falda norte de una colina. La ciudad apacible, si no era la nativa de mi madre, sí era la de uno de sus deudos más importantes; cerca estaba el pueblo nativo. La ciudad adusta era la de mi padre”. (3) Como se puede ver por este pasaje, la comparación que hace entre las dos ciudades y sus padres. La importancia de su madre y cariño hacia ella. Mientras que la "ciudad adusta" era la de su padre. Su relación con él siempre fue muy tensa.
  En el otoño de 1888 es enviado a estudiar a la Universidad de Valencia a tomar cursos preparatorios en Derecho, carrera que no terminaría por no tener inclinación a ella, estaría hasta 1896. En 1892 traslada su expediente académico a la Universidad de Granada. En 1902 comparece en la Facultad de Valladolid.
 En Valencia da comienzo su vida de escritor. Se adentra dentro de la vida popular estudiantil. Recoge las nuevas ideas sociales y políticas. Se vuelve un rebelde en aquellos años juveniles; crítica el sistema político en el país. Aparecen sus artículos en "El Pueblo dirigido por Vicente Blasco, utilizando el nombre de "Ahrimán"; escribe en "El Mercantil Valeciano". En sus visitas a Monóvar colabora en los periódicos locales "El Pueblo" y "El Eco". Da a la publicidad en 1893 su primer folleto literario La Critica Literaria en España, que era el texto de una conferencia leída en el Ateneo Literario de Valencia, firmado con el seudónimo de "Cándido". En el mismo año publica Moratín, con el mismo seudónimo. En 1895 publica Anarquistas Literarios, Se adhiere a las nuevas ideas políticas. Lucha por derribar las normas tradicionales en la literatura; busca una evolución en los valores sociales. En 1896 da a la publicidad Literatura, ambas publicaciones aparecen con su verdadero nombre; la última es dedicada a don José Maestre y Vera.
Foto tomada: Blog de Maria
  En noviembre de 1896 se muda a Madrid, y establece su residencia en la calle Barquillo. Empieza sus colaboraciones en "El País", con artículos y sátiras. Por su artículo contra la institución del matrimonio, es expulsado del periódico. En su libro Madrid, relata muchas de las incidencias de su vida de estos años en la ciudad y en la corte. Aparece como redactor de "El Progreso" en 1898. Da a la publicidad Bohemia, cuentos, y un supuesto diario de su vida en Madrid, que va fechado del 11 al 23 de marzo de 1897. En sus páginas revela su lucha por la vida. "No he podido renovar mi abono de cincuenta pesetas en el restaurante de la calle Montera. Sólo tengo tres duros; con ellos he de pasar todo el mes. ¿De qué modo? No lo sé, comeré lo que pueda..., pan sólo...Continúo comiendo mis veinte céntimos de pan. Al principio he notado sequedad en el estómago y en la cabeza. También me he encontrado más flexible más vaporoso; pero ahora lo que siento es debilidad. Casi no puedo escribir". (4) Ya desde estos años va apareciendo su preocupación por el paisaje, que se verá a través de su obra.
  Aparecen sus artículos en "El Madrid Cómico", entre ellos se destacan los que se refieren a la guerra hispano-americana, y a la destrucción de la flota en Santiago de Cuba y Filipinas. El desastre de 1898 produce un cambio en los jóvenes escritores que se interesaban por la regeneración del país.
  Cuando la vida se le hacía muy dura tomaba a regresar a Monóvar, para estar cerca de lo suyos; y volver con más bríos a Madrid, donde cada día se da más a conocer. Comparte con los escritores del momento; Valle-Inclán, Unamuno, Pío Baroja, Camilo Bargell, y otros.
  Su vida la divide entre el periodismo, sus trabajos literarios, las reuniones con los nuevos escritores, que al pasar el tiempo destacarían en las letras en España; en esas reuniones discutían de literatura y política. Da la publicidad Charibari (1893), La Evolución de la crítica (1899). Los Hidalgos (1900). Alma Castellana (1901). Entre 1902-1904 da a la publicidad La Voluntad, Las confesiones de un pequeño filósofo y Antonio Azorín, que en realidad es un sólo relato.
  Sus publicaciones llaman la atención a la crítica y se le pronostica un gran futuro. Pi y Margall prologa La sociología criminar. En El alma Castellana, el mismo Margall, dice "obra que merece inaugurar una literatura nueva entre nosotros". (5) Azorín al dar a la publicidad el libro, nos lleva en el a través de la evocación histórica; recuerdos, del pasado español, no de los grandes hechos. En sus libros podemos ver la faceta psicológica del escritor que cada día va desarrollando un estilo diferente, a los ya conocidos. Pío Baroja, diría que "en sus primeros quehaceres literarios, encubría una incurable incapacidad volitiva, instintos débiles, sueños e ilusiones".
  Desde 1898 hace una constante en su obra del tema del tiempo. Su visión cíclica. La descripción objetiva, minuciosa. Según avanzan los años se refugia en el pasado y en el concepto del Eterno Retorno. El mismo dice "El tiempo es mi preocupación. A saber lo que es el tiempo he dedicado largas meditaciones", más adelante en sus Obras Completas, "El tiempo, que dicen tan breve en tiempos que nos parecen tan largos, nos trae la paz al corazón, la verdad al alma y la ecuanimidad al criterio". (6)
  El 28 de enero de 1904 empieza a firmar con el seudónimo de Azorín, apareciendo en todas sus colaboraciones y futuros libros. Transitó por cuantos géneros literarios existentes. Su tema principal España. Sobre sus primeros libros dice en sus Memorias. Obras Completas "Hay en ellos demasiada juventud alocada por las lecturas en mezcolanza y por los ateneos en ignición permanente...Son esas obras mías como alegres pecadillos de juventud". (7)
  En 1910 escribe el famoso artículo donde describe a la "Generación del 98", que según él agrupaba las figuras más sobresalientes de la literatura española. Al publicar el artículo "Dos generaciones" y "Generaciones de escritores" (1912), populariza el nombre donde incluye a los escritores que han dado más fuerza a la literatura española. Representaba como él dice "un renacimiento; un renacimiento más o menos amplio, o más o menos reducido, si queréis, pero al cabo un renacimiento". (8) La principal preocupación, sus ideales, el espíritu rebelde de esa generación; interés en el paisaje y costumbre del país. La crítica social y mejoras políticas. Luis A. Granjel, dice "En su protesta, en su rebeldía, los jóvenes que componen la generación siguen ligados al mundo, a la circunstancia histórica contra la cual escupen aquella protesta, y ello daba a sus actos y manifestaciones un aire de melancolía y escepticismo que sólo los años, la fe creciente en la propia obra, conseguirá mitigar".(9) Ya anteriormente en 1905, hace cierta referencia a la nueva generación de escritores, en su artículo "Los Maeztu", Pintar como querer, en uno de sus párrafo "esta generación ha traído a la literatura un ansia de cultura, un espíritu de realidad, un amor a las cosas de que ya habíamos perdido la idea y la esperanza". (10)
  En 1924 es elegido para ocupar la silla "P" de la Real Academia de la Lengua, vacante por el fallecimiento de don Juan Novarro Reventos. Su presentación la título "Una Hora de España", la noche del 23 de octubre.
  Unos de sus críticos Ángel Cruz Rueda, dice sobre los primeros años de su vida literaria"...todavía no ha encontrado su verdadero camino; lee mucho y en revoltijo informe…medita y se afana por escribir con igual claridad que con la sinceridad que ya alcanzó". (11) Pío Baroja en el prólogo a La fuerza del mar, "Es un idealista algo extraño, idealista como puede ser un espíritu genuinamente español". (12)
  Van pasando los años, Azorín alcanza la fama en su país y fuera de él Llega la guerra Civil, y se traslada a París, al igual que otros escritores españoles, entre 1936-1939. Años de trabajo e incertidumbre, nostalgia. En unos de sus relatos escritos "Españoles en París", dice "Los recuerdos...son la vida toda del ser humano. El recuerdo es el dolor, pero también el consuelo supremo". (13)
  Su estancia deja perdurable huella en su vida. Allí publica París y Memorias Inmemorables, recuerdos de la "Ciudad Luz". Deambulan por las calles de la bella ciudad, muchos de sus conocidos y compañeros: Gregorio Marañón, Pío Baroja. José Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala y otros.
  Pero es en Españoles en París, donde exalta el amor a la tierra española, pasado, presente y futuro. Como dice Luis Granjel "La rememoración de un pasado que, como queda dicho, cree· perdido para siempre, y el difícil presente que vive en París, lo incierto del futuro, también la vejez ya próxima".(14) Allí empieza a comprender y ver mejor a España, con sus virtudes y defectos. La forzada ausencia de tres años. En unos de sus escritos durante su estadía, dice "He aprendido mucho en París. En las postrimerías de mi vida -soy ya harto viejo- hubiera lamentado no haber vivido en París como he vivido. Porque en París he aprendido a ver mejor a España. A verla mejor por contraste". (15)

Café Vista Alegre: Memoria sociocultural de una ciudad y su gente

Un sitio entrañable de La Habana donde la trova cubana se hizo inmortal.


Intercepción de las calles Belascoaín y San Lázaro, donde estuvo en Café Vista Alegre.  Foto: Tomada de lazarosarmiento.blogspot.com
A mi padre, Fausto Prieto, que tantos datos me aportó.

Miro detenidamente una vieja foto de un rincón de La Habana, próximo al viejo torreón de San Lázaro. No está todavía construido el muro del Malecón; la calle termina en arrecifes y sé, por viejas crónicas, que los vecinos lo usaban como basurero. La esquina ya está construida: es un inmueble cuya fachada principal se abre por la calle de Belascoaín. Por su frente, se alza la Batería de la Reina, un cuartel de la época colonial cuya demolición dio paso a la construcción del parque dedicado al General mambí Antonio Maceo y Grajales, con su bella estatua ecuestre cuyo caballo se alza en sus patas traseras, como corresponde al héroe muerto en el campo de batalla.
La edificación de que hablo tiene dos plantas, o como nos gusta decir aquí en Cuba, es de “altos y bajos”. Me doy cuenta por todos estos datos que es muy posible que se haya perpetuado en la foto un instante correspondiente a un día cualquiera del último lustro del siglo XIX. Y ya en tan remota época el Café Vista Alegre ocupaba los bajos de esa construcción; en la planta alta, conocida también como Hotel Vista Alegre, residían familias. Allí vivió algunos años el poeta Gustavo Sánchez Galarraga, y esto ayudó a que muchos trovadores, que eran sus amigos y para quienes escribía las letras de canciones, fueran asiduos del acogedor Café.
Cuando mi padre llegó a La Habana, procedente de Pinar del Río en 1936, el entorno del lugar era muy variopinto. La Casa de Beneficencia y Maternidad estaba donde hoy se encuentra el Hospital Hermanos Ameijeiras; el pequeño parque Colón con su carrusel, montaña rusa y estrella, ocupaba el sitio donde hoy se encuentra la parada de ómnibus hacia la barriada del El Vedado. Frente a dicho parque estaba el Colegio La Inmaculada, hoy convento de las Hermanas de la Caridad. Su interesante fachada, remozada en 1928, ya ha perdido, por el paso de algún ciclón, las dos grandes torres en forma de cono invertido que la remataban.
Foto antigua del sitio donde se ubicó el Café Vista Alegre, famoso por las descargas de trovadores como Sindo Garay, Manuel Corona y María Teresa Vera.  Foto: Tomada de cdn1.cibercuba.com
El Parque Maceo, por su parte, estaba sembrado de cocoteros y tenía una pérgola frente al Café. Según chismes de la época, el presidente Carlos Prío Socarrás la trasladó durante su mandato para su finca La Chata.
Frente al Café, por la calle San Lázaro, donde hoy se ubica la Secundaria Básica José Martí, se encontraba el Hotel Manhattan rematando la esquina de los números impares, con su famosa farmacia en los bajos. Dicen que la dueña de aquel hotel le regaló al presidente José Miguel Gómez, cuando su toma de posesión, una bellísima silla de caoba labrada con el escudo de la República. Al lado del Café, allá por las décadas de los cuarenta y cincuenta, se hallaban dos edificios hoy desaparecidos, en sus plantas bajas estaban la tienda de artículos religiosos católicos Liban y una sucursal de la dulcería La Gran Vía, en cuyo interior, que era pequeño, había una graciosa pintura mural que representaba, prácticamente flotando sobre una línea de tren, un cake de bodas con su pareja de novios encima.
Era la intersección de las calles San Lázaro y Belascoaín una esquina bulliciosa. Todavía hoy lo es, debido al constante paso de ómnibus y taxis, como toda avenida principal. Y en la primera mitad del siglo XX era ruta también de tranvías. Cuando el asfalto de la calle lo permite por el desgaste, se asoman restos de rieles enterrados.
Locales como el Café Vista Alegre son herencia española. Están hechos para la conversación, los negocios y las citas amorosas. En sus anaqueles de maderas preciosas, ofrecían a la venta cuanta bebida se producía en el mundo, además de la popular cerveza. Pero los cafés de La Habana son definitivamente recordados por el popular café con leche, servido en jarras de vidrio grueso con asa, por un camarero equipado con dos lecheras: una con leche muy caliente y otra con el café que le daba color y sabor a la misma, según la cantidad expendida, a gusto del consumidor. Como complemento insustituible, el pan de flauta crujiente, picado en seis largas tiras y untado con mantequilla que se reblandecía al calor del pan. También ofrecían un amplio surtido de otros comestibles afines a este tipo de negocio. El humor criollo bautizó como “intelectuales de café con leche” a muchos diletantes que se ponían a hacer gala de supuestos conocimientos en las tertulias que se armaban en los cafés de la capital cubana.
Todos los que alguna vez visitaron el Vista Alegre coinciden en contar que la empleomanía era de una gentileza extrema y los servicios sanitarios de gran pulcritud (al contrario de su congénere, el Café La Diana,en la calle Águila, objeto de chacotas por la suciedad de los mismos, y donde Antonio María Romeu, uno de los grandes músicos cubanos, era pìanista habitual).
Mi padre me contaba que el Vista Alegre poseía un mostrador de maderas preciosas impecablemente pulido y muy largo, atendido por un especialista en la preparación de cocteles. Estaba todo muy iluminado y la estantería poseía luces propias. Frente al mostrador y en los portales de columnas, las típicas mesas de mármol y las sillas estilo Thonet.
En la esquina que daba a la calle San Lázaro, el Café tenia una vidriera, al parecer propiedad de dos españoles que se turnaban en su atención, donde se podía adquirir todo tipo de cigarrillos, tabacos y picadura. También tenía teléfono público y negocio de apuntar “la bolita”, ese juego de azar también conocido como charada.
Y en un viejo número de la popular revista Bohemia, de finales de los años cincuenta, descubrí que se anunciaba “el limpiabotas del Café Vista Alegre”, con foto incluida, al lado de su sillón. Hoy día estos sillones son una verdadera pieza de museo, con todo su equipamiento de bayetas, cepillos, tintas y betunes. Estoy segura que debía también existir el imprescindible estanquillo de revistas, periódicos y “muñequitos”, como les decían en Cuba a los comics.
Papi recordaba los habituales asistentes que eran médicos, abogados, políticos…, entre ellos  el doctor Cornide, catedrático de Anatomía Descriptiva de la Universidad de La Habana y una de las grandes memorias de Cuba (se sabía de carretilla la ruta de los tranvías de La Habana); el doctor Alberto Venero, forense del necrocomio habanero y que tenía su consulta en medicina general por la misma cuadra de San Lázaro; el doctor Suárez, famoso ginecólogo. Entre los abogados, el doctor Castillo, que pertenecía a un antiguo y prestigioso bufete, y el procurador Antonio Pereyra, furibundo fanático de la trova tradicional. Algunos políticos de turno también visitaban el Vista Alegre para recrearse, cuando lo que hacían realmente era fomentar sus campañas políticas soterradas. Se veían también algunos profesionales de la pelota vasca (pelotaris), lo que nada tenía de extraño por la cercanía del frontón Jai Alai, que radicaba en la calle Concordia y Marqués González, y también porque muchos se alojaban en el Hotel San Luis, ubicado en la calle Belascoaín entre Ánimas y Lagunas.
Y no faltaba algún que otro partícipe en un romance, las más veces clandestino, en el que la dama, caminando por la acera frente al muro del Malecón, entraba al Café por esta zona hacia los discretos “reservados”, cuyas puertas daban a los portales. El caballero era discretamente avisado por un solícito camarero en la barra, alcanzándose un nivel de máxima discreción en todo aquello. Estos reservados, herméticamente cerrados, eran pequeños cuarticos con espejos, chaise-longues, una mesa, dos sillas y un lavamanos.
Pero lo que distinguía definitivamente al Vista Alegre era  la bohemia nocturna, amenizada por los mejores trovadores de la época. Allí se escuchaba la última composición del trovador Sindo Garay, cantada a dúo con su hijo Guarionex, y se podía apreciar el virtuosismo de su otro hijo, Hatuey, que sabía arrancarle a su serrucho las sonoridades del violín. También, “lo último” de los famosos Graciano Gómez, Barbarito Diez, Isaac Oviedo con su impecable vestir y no menos impecable ejecución del cubanísimo “tres”. También se escuchaba lo más reciente de Manuel Corona y de María Teresa Vera, trovadora que estrenó la emblemática “Longina” de Corona en el solar “Las Maravillas” donde residía, ubicado en la calle San Lázaro entre Escobar y Lealtad: y esto estaba solo a dos cuadras escasas del Café.
Noches incomparables donde las más bellas composiciones de la trova tradicional se escuchaban en un ambiente perfumado por el olor a salitre proveniente del mar tan cercano, y que quizás eran interrumpidas por el tradicional cañonazo de las nueve, que en esa zona de la ciudad suele escucharse con fuerza. Sonido de la guitarra tan española y tan nuestra acompañando estas singulares melodías creadas en nuestra tierra. Es la trova tradicional lo que tanta fama dio al Vista Alegre, pues de manera no oficial pero sí “oficiosa”, trovador que recibiera allí las palmas se consideraba un consagrado dentro del género. Basta para corroborar esto con leer un fragmento de la letra de una de las canciones más aplaudidas en la época que es también, a mi juicio, una de las más bellas y que responde al nombre de Santa Cecilia y a la autoría de Manuel Corona:
Por tu simbólico nombre de Cecilia
tan supremo que es el genio musical,
por tu simpático rostro de africana canelado
se admiran los matices de un vergel,
y por tu talle de arabesca diosa indiana
que es modelo de escultura del imperio terrenal
ha surgido del alma y de la lira
del bardo que te canta como homenaje fiel,
este cantar cadente, este arpegio armonioso
a la linda Cecilia, bella y feliz mujer
Duele recordar que Manuel Corona murió en la más espantosa miseria y que muchos de estos trovadores, que ejercían los más modestos oficios o estaban sufriendo la cesantía más penosa, aplacaban con el café con leche del Vista Alegre la posible hambre de todo el día.
Cuando comenzó la demolición de la Casa de beneficencia y maternidad hacia finales de la década del cincuenta del pasado siglo, con el propósito de edificar un moderno banco, se adquirió el inmueble del Café para edificar la Agencia principal y fue derribado junto a los dos edificios vecinos que tenían en la planta baja los negocios religioso y de dulcería ya mencionados.
Es muy evocadora la letra de una canción compuesta a la sazón por el trovador Pablo García. La escuché mucho al dúo Voces del Caney, compuesto por Gina del Valle e Hilda Santana. Esta última le facilitó la letra a mi padre poco antes de su fallecimiento.
CAFÉ VISTA ALEGRE
Café Vista Alegre, rincón habanero,
peña  de bohemios, que no existe ya.
Como te recuerdo, como te venero,
te evoco y me alivio en mi soledad.
Tiempos de Corona, Delfín y Ballagas,
Rosendo, Bandera, Luna y Villalón.
Y de Oscar Hernández, Sánchez Galarraga,
Romero, Saballa, Sirique y León.
De María Teresa, de Cruz y de Floro,
de Majagua, Tata, Justa y Guarionex.
De los dos Enriso, de los Matamoros,
Oviedo, Graciano y Barbarito Diez.
Café Vista Alegre, si el pesar es mucho,
me llego a tu esquina donde ya nada hay.
Y cierro los ojos y en el alma escucho
la música eterna de Sindo Garay.

Cómo se construye un marido

Escrito por Emilio Roig de Leuchsenring 

 Sobre cómo «cualquier bípedo sin plumas, o hasta emplumado, que use pantalones, sea joven o viejo, buen mozo o esperpento, millonario o bruja sopera, constituye materia prima adecuada para fabricar con ella un marido».
Muchas son las personas que intervienen en la construcción de un marido: los padres, parientes
y amigos de la muchacha en edad de merecer y, desde luego, ésta misma.
 
 Aunque seas, lector, casado, divorciado o viudo tal vez no se te ha ocurrido jamás detenerte a pensar cómo se fabrica un marido. ¡Y tu, lector, has pasado ya por ese proceso, o estás en peligro de sufrirlo!
Cualquier bípedo sin plumas, o hasta emplumado, que use pantalones, sea joven o viejo, buen mozo o esperpento, millonario o bruja sopera, constituye materia prima adecuada para fabricar con ella un marido, pero no simplemente por el gusto de llevar a cabo esa construcción o transformación, sino para que, como tal marido, satisfaga todas las necesidades económicas de su esposa y resuelva el porvenir de ésta, por lo menos, y a veces, también, el de toda la familia. Y por ser económico y con el carácter de necesidad vital, el factor determinante de la construcción de un marido, ésta reviste los caracteres propios de esas edificaciones monumentales que han costado años de pacientes estudios y ardua labor, producto de cálculos meditados y de lucha constante y tenaz con toda clase de dificultades y tropiezos.
Muchas son las personas que intervienen en la construcción de un marido: los padres, parientes y amigos de la muchacha en edad de merecer y, desde luego, ésta misma.
Como en toda edificación, el primer paso en la construcción de un marido es elegir el material que ha de emplearse, o sea el joven o viejo maridable. De esto se encargarán, ya la propia muchacha, ya sus padres o parientes.
Elegida la victima, es necesario preparar adecuadamente a la muchacha para que sugestione o interese al presunto marido. En efecto, el tierno pimpollito, o semijamona próxima a pasarseendurecerse o convertirse en hueso pelado, se adornará con todos los requisitos de la moda más exigente, tanto en su cara y cuerpo como en su traje, haciéndose resaltar aquellas partes, vg., ojos, boca, senos, piernas, etc., que se encuentren en buen estado, y disimulando discretamente aquellas otras que no sean muy satisfactorias. De ahí esos ojos y labios a todo color; esas sayas de tan cortas, casi fugitivas; esos escotes queriendo llegar a la saya; esos bustos cubiertos, o mejor dicho, descubiertos, por una simple gasa o hábilmente reconstruidos por complicadísimos y sutiles aparatos; esos trajes que moldean de tal modo el cuerpo, que dejan adivinar hasta la más pequeña de las curvas y otros atractivos femeninos.
Ataviada de este modo la muchacha, los padres, parientes o amigas se encargarán de llevarla
a aquellos lugares que frecuente el marido en vías de construcción, o bien, lo invitarán a paseos,
fiestas, tés, comidas, en los que desempeñará el papel de compañero de la muchacha. Y la muchacha
desenvolverá, para atraerlo y atraparlo, táctica amorosa mas refinadamente hábil que la que en sus trapisondeos politicos suelen adoptar para conseguir un acta en el Senado, la Cámara o cualquier Ayuntamiento, los presuntos padres de la patria.
Poco a poco y colocando piedrecita sobre piedrecita, se echarán los cimientos de la edificación,
o sea el marido, y esos cimientos son las relaciones, a las que se ve forzado a llegar el novio en
ciernes mediante las discretas insinuaciones que uno y otro día le hace la muchacha sobre «la conveniencia de formalizar la situación en que ya se encuentran, de jóvenes que se gustan se entienden, y hablarles a los padres, pues asi les será más fácil verse y tratarse a diario y podrán hacerlo con más libertad». Si el novio no cae en la trampa o demora la petición, los papás de la joven se harán los disgustados, -dificultando las entrevistas entre su hija y el futuro yerno, hasta que al fin, el novio que ya mordió el anzuelo y no le es fácil soltarlo, o dar contramarcha, sucumbe, cede y pide oficialmente a la muchacha, mediante la gestión diplomáticocasamentera de los padres o de algún amigo de respetable, si el pobrecillo es huerfanito.
No creo pueda encontrarse en la produccion dramática de todos los tiempos. farsa, comedia. sainete, entremés, despropósito o astracanada, más llenos de enredos, mentiras, intrigas, trucos, engaños,
tramoyas y falsedades, que los que existen en esa otra comedia de la vida real, a diario representada en todas nuestras clases sociales, que lleva el nombre de relaciones.
Lógica y naturalmente, las relaciones amorosas entre un joven y una muchacha debían tener por
objeto y fin dar lugar a que los novios, antes de unirse en matrimonio, se conociesen suficientemente, averiguando y descubriendo, con la debida anticipación, si concuerdan sus caracteres, costumbres, gustos, etc., y no están expuestos a un fracaso y separación después de la boda.
Esto es la teoría, pero de la teoría a la realidad media un abismo. Y la práctica, los usos y las
costumbres han hecho que el verdadero fin de las relaciones no sea otro que, una vez capturado
el novio, impedir que se vaya o corra, logrando, en cambio, convertirlo, lo más rápida y seguramente
posible, en marido. Y, como para padres y familia y muchachas casaderas el fin justifica los medios, todo cuanto se haga durante las relaciones para alcanzar esa transformación del novio en esposo, está plenamente recomendado y justificado.
De ahí que en la casa donde hay un novio puede decirse que reinan como hadas protectoras o
dioses tutelares la hipocresía y la falsedad.
Y desde la muchacha comprometida hasta el último pariente o amigo íntimo, todos se dedicarán,
con fervor de cruzados, a entretener, halagar, engatusar y dormir al novio, de manera que no
se dé cuenta de los defectos de su novia, tanto morales como físicos, ni de los antecedentes, más o menos penales de la familia, situación económica actual, líos íntimos y otras circunstancias que
pudieran hacer pensar al presunto marido respecto a su futura esposa: «de tal palo tal astilla, dime
con quién andas y te diré quién eres, el que hereda no hurta, más vale estar solo que mal acompañado», y otros refranes que de seguro se le ocurrirían también al bueno de Sancho Panza.
Al mayor éxito de esta farsa contribuye la forma en que se llevan las relaciones: novio y novia
están siempre de visita de cumplido, y ella no se presenta jamás ante los ojos de aquél sino a horas determinadas, previa la preparación correspondiente y casi siempre a la vista de sus padres,
hermanas u otros parientes, lo cual hace que entre ambos no exista la debida confianza e identificación, y que al cabo de los años de relaciones, el día de la boda sean dos individuos tan separados espiritualmente uno de otro, aunque materialmente unidos, como pueden serlo dos ciudadanos que los azares de la casualidad ha unido en el mismo asiento de un tranvía Vedado-Muelle de Luz.
Ya en otros artículos publicados hace años hablé sobre los novios de ventana y los novios de
sillones: aquéllos, como costumbre de otros tiempos, ya casi desaparecida; éstos, como forma reglamentaria de las relaciones en nuestra patria.
Hoy, aunque los sillones hayan sufrido ligeras modificaciones, convirtiéndose, a veces, ya en butacas, ya en sofás, y de cuando en cuando hasta en chaise-longues, el espíritu del sistema no ha variado, o sea la farsa.
O si no, veamos cómo ésta se desenvuelve.
El novio ve a la novia a las horas previamente acordadas, que suelen ser las de prima noche. La
novia para esta visita se acicala, confiando al tocador y a su habilidad femenina, maternalmente
dirigida, el camouflage físico indispensable para que el novio crea que ella es más escultural, no ya que la Venus de Milo, la que tal vez no conocerán. Pero si que tal artista de bataclanesca presentación o cual estrella cinematográfica de moda, siguiendo en esto el plan comenzado a desarrollar para la captura del novio. El traje será el barómetro de la belleza de la muchacha, utilizándosele para realzar sus atractivos o disimular y tapar sus mataduras. Desde luego, que si la muchacha posee un cuerpo de playa o de bañista cinematográfica, perderán los padres oportunidad alguna para que la niña se sumerja en las ondas o tome baños de sol en la arena, junto a su novio, de manera que a éste se le haga la boca agua y se le despierte el apetito.
En cuanto al carácter, costumbres y hábitos de la muchacha, el sistema no variará, y ésta, durante
las horas de noviazgo, disimulará todos sus defectos, su mal genio, sus caprichos y malacrianza,
se mostrará dulce, bondadosa, angelical, excelente ama de casa, de manos inteligentes y hábiles
para el bordado y la costura, o para la alta repostería; o con excelentes aptitudes para la vida social más refinada... La familia no se mostrará menos simuladora. Desde luego se darán todos aire de grandes señores, con algún pariente lejano, más o menos noble; alardearán de ricos o de haber tenido en épocas pretéritas cuantiosa fortuna, que no tardarán de disfrutar de nuevo, cuando se
muera un tío millonario, de quien son los únicos herederos forzosos.
La familia del novio, y el novio mismo, no serán menos simuladores que la novia y su familia, y
unos y otros se darán careta de lo lindo...
Así pasarán los meses o los años hasta que los padres de la novia crean llegado el momento de darle
un empujoncito al novio para que se decida a ir al altar o a la notaría, empujoncito que consistirá
en indirectas encomendadas a parientes o amigos: «¿Cuándo es la boda?»; «Están ustedes perdiendo
el tiempo»; «¡Mira que tu novia está linda!» «¿A qué esperan?»; «Aprovéchese, hombre, aprovéchese ahora, que los años pasan!». Si el, novio, a pesar de ello, no se resuelve a fijar la fecha de la boda, la novia le habla, mimosamente de los deseos que tiene de que estén juntos, de lo felices que van a hacer, y otras mil tentadoras promesas de ensueños y delicias que con la boda se convertirán en maravillosa realidad.
Y el padre, o la madre, por su parte, como quien no quiere la cosa, declararán un día: «Cuando
ustedes se casen, como yo deseo que vivan con nosotros, les vamos a arreglar el cuarto tal, o les fabricaremos un departamento en cuál sitio de la casa... Y, al fin, no pudiendo el novio resistir tantas indirectas, insinuaciones, promesas, halagos y facilidades, anuncia que la boda podría fijarse para dentro de seis meses, indicándole a la novia que ya puede ir preparando su trousseau.
Ya el marido está casi construido. Sólo faltan los últimos detalles de la obra, sus retoques finales y la inauguración; todo lo cual se realiza mediante la boda, con sus correspondientes e inevitables detalles de padrinos, testigos, regalos, anuncio en las crónicas sociales y reparto de invitaciones.
Pero de todo esto, lector, no voy a hablarte, pues ya lo hice hace varias semanas en una de mis Habladurias que titulé Misión y trascendencia de los padrinos y testigos a las bodas. A este artículo te remito ahora, mientras te ofrezco describirte uno de estos días el apoteósico acto de la boda.
Emilio Roig de Leuchsenring
Historiador de la Ciudad desde 1935 hasta su deceso en 1964

La Poesía Negra de José Sánchez Boudy



René León

© 76-51560
Impreso en España.Ediciones Universal, 1977

Portada: Escalera de la Vida
de René León


(El libro consta de 38 páginas)

Extractado

  José Sánchez Boudy  falleció en la ciudad de Miami el martes 2 de febrero de 2017, tenía 88 años. Era  un autor literario cubano, cuya obra alcanzó todos los peldaños de manifestación escrita. Boudy escribió cuentos cortos, novelas, ensayos críticos, artículos costumbristas en el  Diario las Américas, y tenía a su favor una colección de poesía de sabor africano y popular, que tiene el sello de la sensualidad y la musicalidad de sus imágenes como veremos más adelante.
  En él se reunía el criminalista que fue en Cuba con el literato de vocación y el periodista de certero enfoque. Era un salva guardador de las tradiciones criollas; un continuador de la tradición poética africana; un literato que elevó a la categoría literaria el habla popular de los negros cubanos.
  La obra de Sánchez Boudy es parte de esa obra poética afrocubana que nace  a la sombra del exilio, lejos de la patria y de los que al poeta le brindaron afecto y cariño. Su obra, es clara manifestación de una personalidad dinámica; siempre buscando nuevos horizontes por donde salir hacia el futuro inmediato; por eso, su poesía que se citará tiene esa vivencia y ese dinamismo que representa la idiosincrasia del autor.
  Como todo estilo poético, todo movimiento cultural, ya sea formado escuela estilística o llegando a ser un momento literario dentro de la vida artística y cultural de una nación, necesita un crítico que le defina. He elegido la opinión crítica de la profesora de literatura en el College Bennet en North Carolina. La doctora Hortensia Ruiz del Vizo (†); porque la misma viene vinculada desde Cuba a la literatura de tendencia afrocubana y dice:

  “Decían los romanos que toda definición era peligrosa. No se nos escapa esta verdad. Pero a pesar de ello diremos que poseía negra, negroide o negrista, como se le conoce, es la caracterizada por hacer al negro el tema de la misma. Pero mirándolo no como un ser humano que sufre o ríe. Esta poesía tiene diferentes variantes social, folklórica, mítica, etc., pero contiene una serie de elementos que le son propios, es decir, que no se encuentran fuera del campo de ella, como son: el ritmo musical, la imitación rítmica de los instrumentos de música típicamente negros, el uso de jitánforas, plasticidad, la gran utilización o voces africanas o voces parecidas a lo africano, o de sonido de la naturaleza que tengan semejanza con la lengua africana, la captación del movimiento de los bailes negros, el colorido, el tratar de recoger la sensualidad de los negros y la sexualidad”.Hortensia Ruiz del Vizo, Poesía negra del Caribe y otras áreas, Ediciones Universal, 1972.

Sensualismo y Musicalidad

  Es la condición de los poetas cubanos que se dedicaron a la poesía afrocubana a recurrir a la temática del sensualismo como preferencia de estilo poético, encerrado dentro de una escuela; la afrocubana. En toda la producción poética netamente afrocubana se observa esa línea paralela que corre junto al sensualismo de sus imágenes y su expresión musical en sus vocablos con fuerzas rítmica.
  Los poemas de Sánchez Boudy, que aparecen a continuación mantienen la temática del sensualismo, dentro del punto de vista del poeta. Como es sabida la poesía afrocubana es autóctona y es expresión e inspiración del autor que la produce en este caso. El poeta le canta al sensualismo de los personajes femeninos, negras y mulatas que aparecen en sus poemas.

Esa negra fuló

Esa negra fuló no lo es del Brasil.
Esa negra fuló no es de cielo de añil.
Esa negra fuló no es de Bahía.
Es de ron y tomillo. ¡Mira su algarabía;

Esa negra fuló ¡Mira su brincadeira!
Esa negra fuló ¡Mira su sentadeira!
¿Esa bola en Pará?
¿Y esa enorme cadeira
donde dicen cateira?

Esa negra fuló solo cubano.
¡Mira la brincadeira! ¡Mira la bola hermano!

  Sánchez Boudy mantiene el sensualismo de su poesía afrocubana siempre haciendo referencia  constante a las hermosuras de las mujeres cubanas sean éstas blanca o negras, hallando esta imagen en su poesía “Carnaval”. El va describiendo el baile de una manera sensual, donde sólo existen retorcimientos fogosos.

Todo es negro y la blancura
de giros vertiginosos.
Todo los pies sin reposo
todos son nalgas y cinturas.

Arrollan unos tras otros
en trajes multicolores,
Allí lo mismo es Dolores
la del picadero y potro
o el negrito limpiabotas
que vive en él Llega y Pón.

Porque allí todo es danzón
igualdad y carnaval
desde Holquín a Bejucal.

  Igual que otros poetas que cultivan el mismo tema, elige a la negra como personaje en el cual se encierra el sensualismo por su formas redondas y de sus caderas amplias, él se refiere a la parte más lúbrica de la mujer, a sus nalgas; a esa región glútea que brinca de contento en los movimientos de la rumba o del cha-chachá. Don Fernando Ortíz, refiriéndose a ese centro de atención sensual que representan  las caderas y las nalgas en la producción  de la poesía afrocubana en sus comienzos, dice:
  ”Este concepto estético de la negra nalguda y la atracción sensual de la mulata nalgueante no son tornadizo capricho de una moda chabacana, ni desenfadada travesura de poetas picarescos ante la mujer morena, sino imposición del realismo descriptivo de su anatomía y del vivo erotismo de la ondulante carnalidad de sus traseras pulpas.” Don Fernando Ortiz, Los últimos versos mulatos. Iniciación a la poesía afroamericana, Miami, 1973.

  En su producción primera el propio poeta introdujo dentro de la temática del sensualismo y la musicalidad de sus versos una serie de estampas populares africanas que sacó de los bailes de los descendientes africanos, que periódicamente ensayaban en los cabildos o casas-templos de éstos en la ciudad de La Habana. La musicalidad de los poemas de Boudy es un recuerdo de aquellas comparsas habaneras que compuestas por negros y mestizos salían todos los años a desfilar por el Paseo del Prado y ese cantar “alaalá-alaalá” es propio de aquellos comparseros. Los cuales cantan, bailan, arrollan, y sudan al mismo tiempo que explota la temática sensual en el poeta:

Los negros tienen saoco.
Los negros tienen bembé.
Los negros le dan al cuerpo.
Los negros echan un pie.

La mulata, se contorsiona.
¡Echa palante varona!

Tiene, los ojos en blanco.
¡Ochún, que le dio el santo!

 Suda, resuda el tamalero.
¡Canta, canta, caramelero!

El negro mete cintura.
¡Negro, no hagas diabluras!

Sudor, sangre, ron.
¡Toca, que viene el danzón!

Toma saoco caramelero.
Vamos detrás del timbalero.

Vamos detrás del tamalero,
de las nalgonas, del farolero.

Del farolero, de las nalgonas,
del timbalero.


  Las imágenes de sensualismo, envueltas en esa atmósfera de ron y tambor, dan un toque verdaderamente afrocubano a esa poesía nacida en el exilio, como añoranza de una tradición cultural que el autor mantiene viva a través del tiempo y gracias a su inspiración

  José Sánchez Boudy dejó una obra muy extensa donde incluía múltiples estampas del tema afrocubano. Su obra folklórica es de añoranza a un pasado  cubano en el orden literario cultural. Toda ella tiene mucha originalidad renovadora aunque mantiene la tradición cultural afrocubana, los poemas que aparecen pertenecen al libro Alegrías de Coco, agotado a los pocos meses,

Bibliografía:
 Moore, Woodrow W.  Cuba an her poets, Ediciones Universal, Miami, 1974.
Ortiz, don Fernando. “Los últimos versos mulatos”, Iniciación a la poesía afroamericana, Ediciones Universal, Miami, 1973.
Ruiz del Vizo, Hortensia. Poesía negra y del Caribe, y otras áreas. Ediciones Universal, 1972.
Sánchez Boudy, José, Alegrías de Coco, Edit. Boch, Barcelona, 1970.

Nota:Portada
 “La Escalera de la vida”, Simbolismo. En la escalera de la vida. Unos tratan de subir para llegar al final y otros tratan y tratan, pero no avanzan en la vida. Quedan estancados y no logran ningún éxito en su vida como escritor.