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domingo, 15 de diciembre de 2013

¡CELOS!


Blanca M Segarra.


Él se sentía furioso, no podía remediarlo, una fuerza interna lo convulsionaba, siempre le sucedía igual cuando ella se marchaba sola y lo dejaba sin avisarle... sentía deseos de golpearla, invariablemente igual que siempre, después... ella regresaba dulce, coqueta, con su delicadeza sensual que lo desarmaba y se fundía en él en un abrazo y así, cuando quería, volvía a escaparse, atormentándolo.

Bien sabía que era querida por todos, deseada, nadie la rechazaba, ella tenía el don de darse a desear y se le iba, prodigando carisias, ayudando al exhausto, animando al triste. No existía puerta que se le cerrara, en cambio a él hasta podía decir que le cerraban las puertas en la cara, era él malo del cuento, lo describían violento, agresivo y a veces hasta cruel, algo parecido al cuento de La Bella y la Bestia.

Cuando esto sucedía y lograba dominarse para no ser brutal era peor para él porque se sentía triste, melancólico, débil y ella podía tomar el mando, cosa que no permitiría jamás, ella le pertenecía, eran como dos cuerpos en uno. Cierto que vivía para escaparse, retozar, juguetear a que era feliz paseando porque su llegada siempre provocaba alegría. En ocasiones parecía una niña traviesa pero siempre buena, dulce y gentil mas cuando adquiría ese aspecto seductor él no podía contener su ímpetu.

No podía más, le parecía que iba a estallar, ignoraba qué le causaba más daño, si el que ella fuera tan querida o el hecho de que lo rechazaran a él casi siempre. ¡Eran tan pocos los que se alegraban con su llegada!

Movió las cortinas a ver si regresaba. Al comprobar que no era así se dispuso a buscarla. En su prisa hizo caer un portarretratos de una mesita y se escuchó el sonido del cristal al romperse. En su ira esparció los cristales por el piso, de un golpe viró de lado una hermosa maceta de geranios, tiró tan fuerte la puerta que casi la desprende.

Sí, seguro que ésta vez ella recibiría su castigo, él pondría las cartas sobre la mesa y le haría entender quién era el amo. Ella era parte de su vida y no se gobernaba sola, nada iba a importarle que las personas le dieran la espalda, de todas formas siempre las sonrisas eran para ella, no sabía por qué, él no se consideraba malo, ni cruel, y en todo caso, no era culpable de ser como era. ¿Acaso no lo hizo Dios así?

Trató de serenarse para poder buscarla sin ofuscamiento y más calmado prosiguió su búsqueda. Se preguntaba qué haría al hallarla para neutralizar el poder que ella ejercía a su contacto. Estaba decidido, la sacudiría violentamente sin dejarse seducir con su roce, ejerciendo su poder. La golpearía haciéndole comprender quién era el fuerte, la dominaría y después, la poseería totalmente, avasallador, fundiéndola en su naturaleza porque ella le pertenecía. ¡Por algo él era el fuerte viento y ella la suave brisa!

5 comentarios:

  1. Magnifica redacción. Dan deseos de volverlo a leer.
    Deysi Velazco.

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  2. Muy fuerte y tierno a la vez. Muy bueno. Distinto a todo.
    Mailin Fuego.

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  3. Fascinante, breve pero intense.
    José Lazo.

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  4. Un cuento que atrapa el interes.
    Gustavo Fuego.

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  5. Gracias a mi querido amigo René León por publicar mi cuento y a todos los que han dejado sus comentarios..Feliz Navidad.

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