lunes, 1 de diciembre de 2014

Entrevista a la escritora cubana Mireya Robles. POR: LUIS DE LA PAZ

"No sé cuál será el alcance de mi obra 
en este espacio 
de tiempo en el que me ha tocado vivir"

Publicado en: OtroLunes conversa
Primera Parte
La página web de la escritora y pintora cubana Mireya Robles (Guantánamo, 1934) es muy completa, ofrece una panorámica de la obra de esta artista cubana, destacando la esencia de cada una de sus novelas, su poesía, pintura y hasta sus textos inéditos.
A la literatura de Robles hay que volver una y otra vez. Sus dos grandes novelas, Hagiografía de Narcisa la Bella y La muerte definitiva de Pedro el Largo, destacan por un elaborado proceso narrativo, donde el tiempo, la muerte y las relaciones humanas son la esencia de esas obras. A partir de un  profundo sentido de la prosa, que es en todo momento minuciosa, dominante y vital, Robles indaga en sus personajes, ejerciendo desde el yo narrativo un dominio sobre el lector.
 Usted ha dicho: “Yo les doy a mis personajes todas las libertades y todas las posibilidades que yo no puedo tener en la vida real”. ¿En la libertad de los personajes no va implícita la propia?
MireyaRobles-2-Entrevista-OtroLunes34Es una liberación concedida por mí a los personajes a través de la creación literaria. Es importante señalar que la libertad con que se mueve un personaje, no se la he dado con el propósito de sentirme yo libre, pero me alegra verlos logrados en todas las posibilidades que quizás yo no alcance. En el caso específico de Narcisa, personaje central de Hagiografía de Narcisa la bella, llega al extremo de desmaterializarse y romper las barreras de espacio y de tiempo con un simple dictado de su voluntad, pero eso no quiere decir que yo me sienta libre para hacer lo mismo. Por mucho que yo esté cerca de mis personajes, Pedro el Largo, entre otros, hay, generalmente, una distancia inquebrantable entre la realidad y la creación literaria; entre la persona que soy yo y esos seres a los que les di una vida que llevan en otra realidad. Me sucede que aun en las novelas de carácter autobiográfico, me convierto yo en personaje, creando la misma distancia que se da con los demás, aunque sirva de elemento catártico.
En Hagiografía de Narcisa la bella, rompo esa distancia y entro yo tres veces en la obra, no como narradora, sino como autora, para hablarle a Narcisa, aunque estoy consciente de que no me oye. Eso se lo comenté a una profesora de la Universidad de Bergen, en Noruega, que escribió su tesis doctoral sobre esta novela, y me dijo que eso no era posible, pero sí lo es. Lo hice yo, ya lo había hecho Ernesto Sabato en Abaddón, el exterminador, donde la presencia del autor, con su mismo nombre, es evidente aunque se encuentre entre los personajes de la novela. Esta posibilidad claramente la planteó Luigi Pirandello en su obra titulada Seis personajes en busca de autor.
 En Hagiografía de Narcisa la bella se profundiza en las relaciones de familia. ¿Cuán dañina puede ser la  familia como autoridad castradora? En Una mujer y otras cuatro se incursiona también, como en Hagiografía, en las relaciones homosexuales, tema recurrente en parte de su obra. ¿Cree que sus libros podrían contribuir a un mejor entendimiento de las relaciones de pareja del mismo sexo?
MireyaRobles-3-Entrevista-OtroLunes34El daño puede venir de una familia equivocada y asfixiante y así sucede precisamente, porque los amamos. Si un miembro de tu familia sufre porque no eres lo que esa persona quiere que tú seas, aunque comprendas que no tiene razón de sufrir, eso te duele y puede hacerte sentir, injustamente, culpable.  Pero no es la familia el único sector de la humanidad que puede ser castrante, como dices, sino que esta plaga castradora se extiende, lamentablemente, a ámbitos mucho más amplios, a todo un pueblo, por ejemplo. ¿Te imaginas viviendo en uno de nuestros pueblos, décadas atrás, siendo homosexual?  ¿No crees tú que la marginación a la que te someten estos seres que deciden, sin autoridad ninguna, que eres despreciable, puede ser castradora? Y van por ahí, caminando con aires  de superioridad sin ver que ir a misa en trajes de lujo no les acorta el camino a Dios.
No sé qué efecto tendrá lo que he escrito, en los jueces falsos que pululan por el universo, porque si no valen nada, les viene muy bien establecer un parámetro, un punto de comparación para sentirse todo lo superiores que no son: “Tú eres homosexual y eso es malo. Yo no soy homosexual y por lo tanto, soy superior a ti”.

Parece ser que las sociedades son hoy en día más abiertas y tolerantes con las minorías. A qué le atribuye esa tendencia contemporánea y cómo avizora el futuro con respecto a la libertad individual.
No se les puede llamar “abiertas” ni “tolerantes” si han sido un obstáculo a la libertad individual. Su apertura no es un regalo, es una obligación.  Se trata de que reconozcan que están violando el destino de otras personas sin tener ningún derecho a hacerlo. Si se diera, su cambio de actitud puede deberse –así quisiera creerlo–,  a que se han superado espiritualmente y se han dado cuenta de que se han estado metiendo en un terreno que no les pertenece. O puede deberse a que se sientan disminuidos en su poder porque la voz de los oprimidos se ha alzado y entonces crean que es más conveniente “ceder” que perder la partida al quedar desarmados, porque el arma de los intolerantes es el miedo que infunden a los que marginan.
En esto de sociedades que en este siglo se ven como abiertas y tolerantes, quiero referirme al caso de Cuba. Sabido es que allí la limitación al acceso de conocimiento de lo que se publica en el exterior es extrema. Por supuesto, aquí excluyo a los elegidos a los que se les brinda toda clase de posibilidades de aprendizaje en la Isla o en países de Europa del Este. Tal vez, como tanto se ha comentado, sea cierto que ese mal llamado gobierno haya publicado obras de autores cubanos del exilio para aparentar una apertura que no existe. Pero cualquiera que sea su intención, lo importante es el resultado.  Yo, aunque salí de Cuba en 1957, soy parte inequívoca de ese exilio y creo que no se debe de considerar que el mal llamado gobierno y ese pueblo que aún está en la Isla, son una misma cosa. En Cuba me publicaron una edición de Hagiografía de Narcisa la bella. Aquí hay quienes consideran autores malditos a los que hemos publicado en la Isla. Creo firmemente que ya las limitaciones que sufre el lector cubano son extremas y no seré yo quien contribuya a aumentarlas. Me parece excelente que puedan leer obras de escritores cubanos que están en el exilio o de cualquier otro autor extranjero, ya sea que sus obras  salgan de imprentas que están dentro o fuera de la Isla.
Usted trabajó con los cubanos que llegaron a Estados Unidos durante el éxodo de Mariel. De esa labor surge su novela Combinado del Este. ¿Qué nos podría decir de esta novela?
MireyaRobles-6-Entrevista-OtroLunes34Sí, en 1980 pasé casi un año en la base militar de Fort Chaffee, en Arkansas, entrevistando cubanos con el fin de relocalizarlos.  Ya quedaban pocos y en su mayoría habían estado cumpliendo sentencia por delitos graves en el momento en que fueron obligados a salir de Cuba, según el testimonio de ellos mismos. Allí conocí a Víctor, quien había estado cumpliendo sentencia en el Combinado del Este. Un día me trajo un poema dedicado a mí, un poco autobiográfico. Le dije que por qué no escribía su vida en prosa y me propuso darme datos para que yo la escribiera. Y así surgió Combinado del Este. Él me traía los datos anotados, y yo pasaba las noches editando y redactando todo aquello en la barraca de la base.  Añadí datos que me habían dado otros presos y le di a este libro testimonial, un final de luz y esperanza creado por mí. Lamentablemente, no fue ésa la experiencia de Víctor en este país. Después que él fue relocalizado, me comunicaba con él por teléfono y le enviaba por correo las páginas del libro según las iba terminando, para verificar si él estaba de acuerdo. La última vez que lo llamé salió al teléfono una señora, miembro de la familia  que patrocinó su salida y me dijo que Víctor estaba preso porque había tratado de violar a una niña de 14 años. No me dio más información. No supe más de él. Lamenté su situación porque él mismo me había dicho que esta familia lo trataba como si fuera hijo de ellos y que querían que él estudiara en la universidad sin que importara el tiempo que le tomara graduarse. Mi estancia en Fort Chaffee fue intensa. Todos los días salía yo, en un carro que me asignaron, a comprar el periódico. Escogía entonces las noticias importantes, las traducía al español y las grababa para que las  transmitieran en la pequeña estación de radio de la base para que los que no sabían inglés, para que los no tenían acceso a los periódicos, para los que no sabían leer. Había uno como de unos cuarenta años, que me parecía un hombre indefenso, desvalido. Vino una vez, apenado y con una gran preocupación y me dijo que se sentía muy mal porque no podía hacer caca. Le compré una caja de cereales de fibra y al día siguiente, despejado y sonriente, me dijo: “Ya fui”.  Los homosexuales venían a contarme los problemas y pleitos que tenían con sus parejas. A su homosexualidad le llamaban “la debilidad”.  Me dejaron muchas historias que contar y que algún día tendré que hacerlo. Allí supe de los crímenes que ellos mismos me contaron, supe de su ingenuidad que a veces inspiraba compasión y ternura. Supe de su desesperación, de su inconformidad. Y cuando me preguntaron si yo era de la “comunidad” me enteré que así les decían a los cubanos exiliados en Miami. Algunos de ellos me regalaron pinturas que habían hecho en Fort Chaffee  y que presté a Néstor Almendros en uno de sus viajes a New York.  Son las que aparecen en el documental Conducta Impropia.

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