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jueves, 15 de enero de 2015

Bernal Díaz del Castillo: Su larga guerra después de la conquista


Jane Tanner

Al lado de Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo participó en exploraciones peligrosas y batallas sangrientas contra los Aztecas, que duraron a través de un período de cinco años. Después de la conquista, Díaz estaba en pugna contra la Corona de España y sus representantes a lo largo de un período que duró la mitad del siglo. En 1521, durante las celebraciones de la toma de Tenochtitlán, Díaz y los otros soldados españoles ya se habían transformado en héroes intrépidos y audaces pero desencantados y fatigados. A pesar del triunfo contra la gran civilización azteca, la mayoría de los conquistadores fueron derrotados. Se encontraron en estrecheces con deudas por las armas y otras cosas que necesitaban comprar y con los cirujanos que les ayudaban a curar las heridas. Díaz explica que Cortés compartió con él y los otros soldados muy poco del oro que ganaron (es decir, despojaron) del imperio azteca (Díaz, Historia, p. 312). Díaz, en su crónica bien conocida Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, que Miguel Ángel Asturias dijo “es la primera gran novela americana”, escribió no solo acerca de las aventuras de la conquista, sino también sobre los eventos que pasaron después. Y él concluyó: “todos fuimos muy engañados” (Díaz, Historia, p.315)

Su estado económico no mejoraba mucho tras las décadas cuando él se quedó en los nuevos territorios para colonizarlos y tratar de ganar riqueza. Según Díaz, él nunca recibió la remuneración prometida por la Corona por sus servicios de descubrir y ganar la Nueva España. Década tras década, Díaz y otros conquistadores suplicaron a las autoridades españolas mejores recompensas. Díaz perseveró a través de su vejez para conseguir beneficios y poder conservar intacto lo que obtuvo. Sus enemigos fueron múltiples. Cortés, la Corona española y su Real Consejo de Indias, los burócratas en las colonias; y el obispo Bartolomé de las Casas, que en la misma época defendía la causa de los indígenas.

En 1540 y en 1550, muchos años después de la toma de Tenochtitlán, Díaz viajó a España para solicitar al Rey la remuneración prometida hacía tiempo y defender el sistema de encomiendas y el repartimiento perpetuo. Díaz les escribió a sus lectores que a pesar de todos sus esfuerzos, la Corona nunca “…hacía justicia ni se cumplieron sus reales mandatos” (Díaz, Conquista, p.126). Aunque él era un hombre religioso, sostuvo batallas feroces con Bartolomé de las Casas. Mientras que las Casas luchó para destruir el sistema de encomiendas, y él luchaba para mantenerlo como el único remedio justo para los conquistadores. La teoría común es que Díaz contó en su Historia verdadera con dos propósitos para corregir otras versiones de los eventos, como las cartas de Cortés al Rey, el libro de Francisco López de Gómara, y la Brevísima relación de la destrucción de las Indias de las Casas.

El bienestar económico de Díaz fue frágil desde el principio. Inmediatamente después de tomar la capital de los aztecas, a pesar de la riqueza que obtuvo, los conquistadores como Díaz se encontraron en estrecheces. Se queja de las deudas para la compra de sus armas y suministros e igualmente para la ayuda de los médicos que trataban a los heridos… “Había muchas deudas entre nosotros, que debíamos de ballestas a cincuenta y sesenta pesos, y de una escopeta ciento y de un caballo ochocientos y novecientos pesos, y otro de una espada cincuenta, y de esa manera eran de caras todas las cosas que habíamos comprado, pues un cirujano que curaba unas malas heridas, y se igualaba por la cura a excesivos precios” (Díaz, Historia p. 312) En aquel momento, Cortés iba a darles a los soldados no más de 80 pesos como sus partes de oro azteca. 
“Digamos cómo todos los capitanes y soldados estábamos algo pensativo después que vimos el poco oro y las partes tan pobres y malas,”, dice Díaz. Entre ellos “había muchas sospechas que lo tenía escondido todo Cortés”. El decía que “ningún soldado quiso tomar” el poco oro. (Díaz, Historia, p. 309-312)

En los primeros años después de la Conquista, Díaz recibió encomiendas en México, pero después de salir con Cortés hacia lo que es hoy Honduras y Guatemala, las vendió a otros colonos. En 1540 regresa a España para suplicar ayuda a la Corona, y recibió cédulas para encomiendas en Guatemala, y además el título de regidor de la villa de Guacacualco. No obstante, su pobreza continuaba, y perseveraba en las reclamaciones ante los representantes del Rey. Va a España en 1550 para asistir a la junta de Valladolid, donde se iba a discutir el fututo de las encomiendas en las colonias. Las Casas rechazó casi todo lo que Díaz presentó, “por intrínsecamente malos, tanto en lo material como en lo espiritual, todos los modos de Conquista y explotación puestos en práctica en el Nuevo Mundo desde los principios de la empresa.” (Saint-Lu, p.663) Díaz dice “…descubriendo estas tierras y hasta ganar esta Nueva España y gran ciudad de Méjico y otras muchas provincias á nuestra costa…” (Díaz, Conquista, p.191)

Sin embargo, en 1584, después de todas sus batallas y al borde de su muerte, Díaz todavía tenía deudas y no alcanzó riquezas. Nunca tuvo éxito en su conquista propia del Nuevo Mundo.

Notas:

Asturias, Miguel Angel, La novela hispanoamericana. Testimonio de una época, Conferencia Nobel Les Prix Nobel. Nobel Foundation, 1968.

Díaz, Bernal del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, París Clásicos Bouret, 1937.

Saint-Lu, Andre, “Bernal Díaz del Castillo y Bartolomé de las casas”, Conferencias: Alan M. Gordon y Evelyn Rugg, ed. Toronto: University of Toronto, 1980, p. 661-665





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