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martes, 15 de septiembre de 2015

ESQUINAS DE LA HABANA


por Eduardo Robreño
LA ESQUINA DE LAS TRANSFERENCIAS
(Galiano y Trocadero)

Hay que ser habanero de la época de la pulpa de tamarindo y las carretas de mango con el voceador de la mercancía a su lado, para identificar esta esquina como la de “las transferencias”. Durante los primeros treinta años de este siglo así se la conocía, por ser sitio específico donde el viajero urbano, papelito en mano, esperaba pacientemente hacer el cambio de tranvía. Por el lugar cruzaban las principales rutas y algunas, como la de Luyanó–Malecón, inexplicablemente lo hacía por las mismas paralelas en el viaje de ida y en el de vuelta, dando lugar a confusiones entre los pasajeros.

Allí funcionó el café–restaurante denominado Las Transferencias, que más tarde cambió su nombre por El Día, al instalarse aledaño al lugar, por la calle Galiano, el periódico de ese nombre, órgano oficial del Partido Conservador.

Diagonalmente estaba y está un antiguo edificio de alto puntal, que semeja a esas personas de talle elevado. En sus bajos existía una típica barbería de barrio, a donde acudimos llevados de la mano de un familiar para que nos hicieran los primeros arreglos del cabello. Desde la clásica “malanguita” hasta el de “la raya al lado”. Jamás hemos usado “mota” ni “acatone”.

La esquina tuvo en esa época trajín intenso, no solo por los sitios aquí descritos, sino por otros cercanos a ella, como el periódico El País, que ocupó el lugar abandonado por El Día. La aparición de este diario revolucionó el periodismo de entonces, gracias al dinamismo que supo imprimirle su director, Rafael Conte, un de los más brillantes periodistas de todos los tiempos.

Otro motivo que hacía de aquel rincón habanero punto de reunión de hombres de la letra de molde, era la proximidad de la revista Bohemia.

En la vidriera del Bar Carmelo compraron sus primeros tabacos dos jóvenes entusiastas que con su sección “En Cuba”, impactaron el periodismo de entonces: Carlos Lechuga y Enrique de la Osa.

Cuando el Juzgado Correccional de la Tercera pasó a ocupar el local que dejara El País, el personaje más popular de esa esquina lo fue el doctor Leopoldo Sánchez, paternal juez de su dependencia judicial. Leopoldito, como cariñosamente se le conocía, a más de honesto y humano, tenía un mundo de experiencia en todas esas cuestiones de que conoce la justicia correccional y con sus fallos, siempre juntos y sus recomendaciones en plena “corte”, podría hacerse un tratado de Filosofía Moral.

Por la década del veinte, en que no había TV y las emisoras radiales no transmitían los juegos de pelota, el público fanático se arremolinaba en la esquina para conocer las incidencias de los desafíos, que desde el balcón de El País, les anunciaba con voz gangosa y peor prosodia un morenito refistolero al que le decían Herrerita.

Muchas cosas podrían decirse de este sitio que contaba también en sus alrededores con la tienda de ropa La Sultana y la juguetería Confetti, de Massanguer.

Esta esquina de las transferencias que aquí describo ha sufrido un cambio radical hasta en el tráfico de los vehículos. Galiano es calle de una sola dirección y Trocadero es ahora vía de subida… donde su vida puede peligrar por los ómnibus que desembocan por ella a una velocidad fantástica. Sus edificios también han sido renovados y de ellos solo queda el gigante de talle largo que recientemente ha sido renovado.

El Día, los juzgados, el Bar Carmelo, El País, todo los que por allí había, ha recibido ya su “Transferencia”. Solo queda como estampa vigente un tamalero que desde mis años mozos he visto por esa esquina sobre las siete de la noche, quien adentrándose en el barrio de Colón (que allí comienza) pregonaba su mercancía, que en la actualidad, al igual que las calles que recorre, ha dejado de ser “picante”.






Tomado de Cualquier tiempo pasado fue... Editorial Letras Cubanas, 1978.

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