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jueves, 15 de mayo de 2014

Edificio del Bar La Victoria III



Yamira Rodriguez Marcano
Tomado de: Habana Radio

El espacio arrendado, según el Registro de la Porpiedad, ocupaba “todo el frente de la planta baja y entresuelos que mira a la calle y plazoleta de Luz en una extensión de 29m 50cm teniendo de fondo 9m 50cm o sea hasta la tercera línea de fachada y además una habitación de los mismos entresuelos que mide 13m 84cm. Por la calle de Oficios ocupa el frente de la planta baja y entresuelos en una extensión de 17m 20cm, teniendo de fondo 6m 50cm, o sea, hasta la segunda línea de fachada. De la parcela descrita anteriormente hay que excluir la parte que ocupa la escalera principal del edificio, entre muros cerrados y por tanto perfectamente determinada, así como la que ocupa la referida vidriera.” El plazo del arrendamiento era 15 años y el precio 320 pesos moneda de Estados Unidos de América mensuales. Era condición del contrato que los arrendadores conservaran el derecho de reedificar el edificio y edificar uno o más pisos altos, utilizando mientras duraran las obras la parte del local arrendado que fuere necesario, pero sin causar perjuicio a los arrendatarios.

Los señores Luis Valdés y González y Manuel Iraola y Álvarez arrendaron esta parte de casa con el objetivo de “continuar la explotación del establecimiento de café, Fonda y Posada, titulado “La Victoria”, situado en la finca de este número”, lo que confirma que desde antes se explotaban en la edificación negocios de este giro. Para ello, constituyeron la Sociedad Mercantil Regular Colectiva “Valdés e Iraola”, con un capital de 40 000 pesos moneda oficial que entregaron los dos socios de por mitad. Los señores Valdés e Iraola aportaron a la sociedad, que estaba domiciliada en esta casa, el contrato de arrendamiento del local que ocupaba el citado establecimiento. De este modo, la firma abría en Oficios No. 33 una sucursal del Hotel y Café León, que poseían en Galiano No. 22.
En los años 1930 fueron cancelados ambos contratos de arrendamiento, el firmado con la Sociedad “Valdés e Iraola” en 1932 por haber convenido ambas partes en la rescisión del contrato, y el establecido con José Santana y Viera en 1935, por haber expirado su término de duración. No obstante, consta en los directorios comerciales que seguía existiendo en la casa el establecimiento La Victoria, ahora clasificado como bar, y que en otro de sus locales radicaba un salón de barbería En mayo de 1944 la casa es vendida al señor Enrique Puente y Picanes, natural de Pontevedra, España, por 76 193 pesos moneda oficial.

Este señor se encargó de reformar y ampliar la edificación, con Licencias aprobadas en 1946 y 1947. Las obras corrieron a cargo del arquitecto C. Martínez Márquez y consistieron en reformar interiormente la planta del entresuelo y el primer piso para adaptarlos a apartamentos, construir otro piso alto para viviendas y edificar en la azotea varias habitaciones también para vivienda. Los muros de las nuevas fábricas eran de ladrillos y los techos de azotea. La construcción terminó el 20 de enero de 1948, y con ella, la antigua casona formada por planta baja, entresuelos y nivel principal, y dividida en pequeñas y hacinadas habitaciones (tenía un total de 42), se transformó en edificio de apartamentos (25 en total), conformado por planta baja con 4 locales comerciales, señalados con las letras A, B, C y el local esquinero del bar La Victoria; entresuelo con 8 apartamentos; primer piso 9 apartamentos; segundo piso 8 y 10 habitaciones en la azotea. Los 25 apartamentos, dedicados a vivienda, se distribuían en sala-comedor, dos cuartos, cocina y baño, y las habitaciones de la azotea poseían servicio sanitario. El inmueble se nombró, a partir de entonces, Edificio Puente.
Desde ese momento, el local de esquina en planta baja destinado a restaurante La Victoria y vidriera de tabacos, estuvo regentado por Agustín Rodríguez y Rogelio Fernández, quienes formaron la compañía Rodríguez Fernández y Co. La imagen que hoy conserva se corresponde con la intervención de finales de 1940. Los demás locales de la planta baja, marcados con las letras A, B y C, estaban ocupados, según el Archivo de Amillaramiento, por José Pego y Compañía, Enrique Fernández Peña y J. Almagro y Cía., respectivamente.
En los años 1950, el restaurante La Victoria pertenecía a Agustín Rodríguez, mientras que Rodríguez Fernández y Co. manejaba un billar en el propio espacio. En la edificación también radicaban las oficinas de Comercial Maqui-Nao S.A., sociedad dedicada al giro de maquinarias; el bufete del Doctor Román Díaz; la Unión Sindical de Artes Gráficas; las oficinas de Lloyd´s Agency, dedicadas a seguros; las del corredor Antonio González; las del contratista Arellano y Mendoza; y las de los Hermanos Ayo, Compañía Naviera Ayo, dedicada al negocio de vapores.
En 1958, Enrique Puente y Picanes, vecino de Marianao, constituyó, junto a Eliseo González Quintana, una Sociedad Mercantil de forma anónima bajo la denominación de “Inmobiliaria Nuestra Señora del Carmen, S.A”, que pensaba dedicar a la fabricación, compra y venta de inmuebles y a toda clase de operaciones con edificaciones o valores garantizados con las mismas y a cualquier otro negocio de lícito comercio. La Sociedad tenía un capital social de 400 000 acciones de a 100 pesos cada una, todas iguales en derechos y obligaciones. De esas acciones solo fueron emitidas 2 900, suscribiendo el señor Enrique Puente y Picanes 2 800 acciones, que pagó aportando a la sociedad la finca de este número, con un valor de 100 000 pesos moneda nacional, y otros cuatro inmuebles.


El 4 de mayo de 1959 la Junta General Extraordinaria de Accionistas de la referida sociedad mercantil acordó unánimemente disolverla y ponerla en estado de liquidación. Entonces eran accionistas de la misma: Eliseo González Quintana, Doña Milagros Otero Batana, Don José Enrique Puente y Otero y Doña María del Carmen Puente y Otero, o sea, la viuda e hijos de Enrique Puente y Picanes, evidentemente ya fallecido. Luego de las acciones de liquidación, todos los bienes de la sociedad fueron entregados a los accionistas, adjudicándose esta finca, por su valor de 100 000 pesos, a la señora Milagros Otero Batana, ocupada en su casa y vecina de Marianao.
A partir de 1960, con el proceso de nacionalización de las empresas, pasaron al Estado tanto el establecimiento gastronómico como el inmobiliario, cuyas viviendas quedaron en poder de sus antiguos inquilinos. Actualmente es un edificio multifamiliar y en la planta baja se mantiene el bar La Victoria. Está incluido en la lista de inmuebles con Grado de Protección III.

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