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miércoles, 1 de noviembre de 2017

¡EL BANDOLEÓN. !

Tomada de: Wikipedia


  Hubo una vez... hace muchos años que sufrí mi primera pena, era tan inocente que no sabia que hacer con ella, no deseaba exponerla a los demás ni recordarla constantemente, los momentos difíciles no se sufren solo cuando ocurren, se llevan como una herida abierta al Sol y si bien es verdad que algunas logramos que sanen siempre queda la cicatriz. Decidí hacer con ella un pliegue en mi alma y guardarla dentro tratando de olvidarla.
  Amo el mar, su belleza, misterio e inmensidad, pero en el mar no puedo guardar mis vivencias aunque en su mayoría estén relacionadas con él, se irían al fondo y si las escribo en la arena el agua las borraría. A veces es necesario conservar las experiencias sean de cualquier índole porque los momentos vacíos hay que llenarlos de recuerdos para saber que vivimos con vino o con pan, con penas o con Glorias. “Claro que esto lo aprendí cuando llego el tiempo de la soledad”.
En ocasiones pienso en el campo a pesar de mi inmenso amor al mar y de que el campo me agrada tan solo en unas horas de paseo sin esperar que llegue la noche. Pero como el pensamiento es lo más libre que existe a veces me pongo a pensar que si viviera en el campo tal vez su verdor podría revivir mis esperanzas, en el río lavaría mis tristezas solo porque se endulzaran, pondría a secar al Sol mis lagrimas indiscretas y a la Luna tan coqueta le regalaría un danzon para que sepa lo que es bailar con elegante sensualidad. En la rama de un gran árbol seguro hallaría un nido que arropara con amor mi corazón destruido, me gustaría tanto rodar por la hierba fina para que me acariciara, ya no tengo quien lo haga... Tal vez entre las matas de plátanos hallaría una hoja lo suficientemente grande para cubrir las cicatrices de mi alma. Pudiera deleitarme tratando de descifrar los matices en los cantos de las aves.
  Todo ese conjunto de placidez me relaja cuando lo visualizo pero en realidad no cambio mi mar por todo el campo florido, seria algo así como tener a un Delfín en un río. De todas formas dejo a mi mente que continúe libremente buscando bálsamos...
  Seguro que tendría un perro aunque parezca ermitaña hace falta un buen amigo, un gallo le aceptaría solamente si no me canta al amanecer, de esas bellezas que ofrece la naturaleza me gustan los atardeceres ¡El amanecer, solo en el mar! ¿Un gato? Pues no lo sé, me recuerdan a los hombres. ¡SÍ!.
Estoy segura que los gatos se parecen más a los hombres que a los tigres aunque no se note a simple vista. EJ: Les encanta escaparse de noche, hacerse los indiferentes pero si los ignoramos vienen mansitos reclamando nuestra atención y quieren hasta acariciarnos las piernas con su nariz, son infieles, no saben perder y siempre caen de pie. Si nos llenamos de ternura al verlos y muy dulcemente los acariciamos ellos cambian la intención y ya se sabe lo que sucede...
  Si por sus felonías agotan nuestra paciencia y los botamos dejan de disfrutar sus travesuras nocturnas y se dedican a acecharnos pues no quieren que nos ronde nadie. ¿Alguien se ha dado cuenta lo celosos que son los gatos? Se ponen flacos al grado de hacernos sentir culpables y se les olvida tanto a los gatos como a los hombres que en sus escapadas nocturnales nos rompieron el mejor jarrón ¡O EL ALMA! así que decididamente “NO” no quiero otro gato, lo que si no estoy segura es de si no quiero otro hombre...
  Regresando a mis penas, continué con la costumbre de esconderlas en pliegues de mi ser, hay quien guarda sus recuerdos en un baúl y si pasado los años algún intruso lo abre quizás se queje que huele a viejo como dijo alguien sobre el tonto que cuando el sabio señala el Sol, él ve el dedo, posiblemente si lo abre quien lo llenó, sentirá el aroma de sueños idos, de ilusiones, la dulzura de momentos felices...
  Yo de  penas forme tantos pliegues que parecen un bandoleón, si, el bandoleón de mi vida, si un día me lleno de valor y lo abro totalmente estoy segura que en su mezcla de lagrimas secas, de gestos de complicidad,  miradas como caricias y fragmentos de mí, podría percibir las notas de un tango, fuerte, sensual y triste como mi vida, llena de amor y desgarramientos y si agudizo mi percepción tal ves logre sentir brotar de sus pliegues el aleteo de coloridas y hermosas mariposas de corta vida como mi felicidad pero algo muy positivo me traerá el mensaje de  música de ese especial bandoleón aunque no sea una Cumbia como hubiera preferido y continué escuchando la queja dolorida de un Tango, podré descifrar con certeza: No existí como ahora ¡VIVI!.
Alguien dijo: Vivir es un arte.
  En mi caso es una proeza, me gustaría unir esa proeza con arte y lograr un equilibrio entre tristezas y alegrías, el fugaz aleteo de mariposas impregnado del aroma de las flores, sonrisas y salitre...
  Si pudiera lograrlo tal vez comience mi próximo relato con la conocida frase: Había una vez... Que el ambiente se impregnaba con el especial sonido de una rara y hermosa melodía  que brotaba ¡DEL BANDOLEÓN DE UN ALMA!...

BLANCA M SEGARRA.
Premiado:Tercer lugar L’Art Internacional. 2007  (Kasandra) Pembrock  Pine

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