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viernes, 15 de julio de 2016

El último tranvía...en un hombre de teatro.





Federico Villoch Álvarez (1868 - 1954) es uno de los más reconocidos y multifacéticos escritores de la primera mitad del siglo XX cubano. Su obra literaria incluye piezas teatrales -sobre todo sainetes y operetas- artículos periodísticos y guiones de cine. Fue asiduo escritor del Diario de la Marina y uno de los empresarios teatrales más exitosos de nuestro país.

El proceso de desaparición de los tranvías eléctricos tuvo un impacto cultural muy profundo en la sociedad habanera de los años cincuenta. En esta ocasión proponemos a nuestros lectores que conozcan sobre la visión que de este hecho tuvo Federico Villoch, destacado intelectual y uno de más prolíferos dramaturgos de Cuba de todos los tiempos. El aporte principal de su crónica -publicada en la revista Carteles en su edición del 7 de mayo de 1950- está en su vinculación con el universo teatral, un recorrido muy personal de Villoch nutrido por recuerdos de su vida, donde no faltan teatros, actores y personalidades de la época.
Sin más preámbulos, la dejamos a la consideración de nuestros lectores.
¡Disfrútenla!




Vagones eléctricos abandonados a su suerte en las cercanías del Paradero de El Vedado, cruzando el túnel de la calle Línea. Han sido desprovistos del motor y del sistema de rodamiento, aunque algunos conservan los trolles. Fueron los tranvías que utilizó Villoch en su trayecto hacia los teatros Martí y Alhambra, y que después vería morir.

EL ÚLTIMO TRANVÍA


Por FEDERICO VILLOCH

Era en el comienzo del presente siglo. Tanta impaciencia y contento por ver aparecer el primer tranvía y hoy tanta prisa por ver desaparecer el último. Hace medio siglo el público se amontonaba en las esquinas y las plazas para asaltar los tranvías que habían hecho desaparecer las últimas y destartaladas guaguas de Estanillo. Con el tranvía no existía ya ningún sitio distante, y el Cerro, Jesús del Monte y Vedado estaban, como quien dice, al doblar de la esquina y al alcance de la mano. Por nuestra parte tomábamos el carrito eléctrico cuatro y cinco veces al día y en menos de veinte minutos nos trasladábamos de la esquina de Estrada Palma y Calzada de Jesús del Monte, donde vivíamos, a San Miguel y Consulado, a una cuadra del teatro Alhambra, del que éramos empresarios con Arias y Regino López. Y esto por la mañana, por la tarde y por la noche; y cuando íbamos de temporada a Guanabacoa, desde el Muelle de Luz hasta Neptuno y Consolado, donde años atrás se abrió el teatro Lara, del que también, con los mismos compañeros, fuimos empresarios.


Por aquel tiempo y con motivo de los trágicos accidentes de que fueron víctimas algunas personas, se le llamaba al tranvía la funeraria eléctrica. De aquellas víctimas recordamos al popular maestro de la orquesta del Albisu, Modesto Julián, que perdió la pierna derecha al apearse y ser arrollado por el tranvía, que cuando había exceso de pasaje se le agregaba al carro propulsor y se le llamaba la langosta, lo que motivó que se suprimiera en lo adelante por peligroso este segundo tranvía. Después vinieron las ampliaciones de Marianao, la Víbora, la Chorrera, etc.,etc.


La Habana se extendió con nuevos repartos y el tranvía resultaba para todos una bendición del cielo. Como autores vernáculos atentos siempre a la actualidad, su tiempo estrenamos en Alhambraun apropósito titulado El Tranvía Eléctrico, en uno de cuyos cuadros una magnifica decoración de Miguel Arias representaba el interior de un tranvía donde viajaba una familia de guajiros recién llegados a La Habana e interpretados por el viejo Castillo, la vieja Inés Velazco, Sarzo, Raúl del Monte y las artistas Pilar Jiménez, Angelita Daupí y otras. En su primer periodo presidencial venía a Palacio por la mañana don Tomas Estrada Palma modesto pasajero en un tranvía que tomaba a la puerta de su casa en la Calzada de San Lázaro, no corrían aún los colas de pato ni se conocía el tipo del empleado gubernamental enriquecido a costa del Tesoro Público. Entonces se consideraba una bendición del cielo que el carrito pasase por delante o por la esquina de nuestras casas.


* * *


Un recuerdo interesante de los primeros tranvías. Una mañana del año 1906 cruzaba frente al restaurante La Estrella, en la esquina de Consulado y Neptuno, un tranvía que iba marcado con el número 126. En la vidriera del citado restaurante había una hoja de la Lotería Nacional que también tenía ese número 126 y el conocido cronista teatral Pancho Hermida, que estaba allí y vio la coincidencia, compró el billete y al día siguiente era poseedor de diez mil pesos, pues el tal billete salió premiado en el gordo. Hermida gastó gran cantidad de aquello diez mil pesos en prendas y regalos que le hizo a una tiple del teatro Albisu de la cual estaba perdidamente enamorado…


Y también un recuerdo para los carritos urbanos tirados por mulas que salían de San Juan de Dios y nos trasladaban al Cerro y Jesús del Monte y en los que a menudo éramos compañeros de viaje Alberto Jorrín, muerto después en un duelo en La Cabaña, Sanguily y su íntimo Manuel de la Cruz; Don Salvador Alamilla, el Dr. Lanuza y otras personalidades habaneras de aquel tiempo.


Sostuvimos íntima amistad con el Dr. Tremols, abogado defensor de la Habana Eléctrica, el cual, ante todas las reclamaciones que se le hacían a la empresa, esgrimía este argumento invulnerable: “El tranvía va por su línea” y la empresa resultaba siempre absuelta.


Cuando se inauguró la línea de Marianao estrenamos en Alhambra un apropósito titulado De La Habana a Marianao en el que Pilar Jiménez y Adolfo Colombo cantaban un lindo bolero de Jorge Ankerman con ésta letra:
Tu corazón es tranvía
lleno de alegres viajantes
y como en el no cabía
yo lo abandoné al instante


También queremos dedicar un recuerdo a las antiguas guaguas de Estanillo, que muchas veces tomábamos dando la casualidad que iba de cochero el popular pelotero Julián Castillo quien nos contaba cosas y detalles interesantes de beisbol. Hoy lo hemos visto de modesto empleado en el Stadium del Cerro y hemos murmurado:Sic transit gloria mundi. Según se va avanzando en el camino de la vida vamos encontrando al paso muchos ULTIMOS TRANVÍAS.


El último tranvía recuerda aquellas épocas cubanísimas en que se jugaba a la pelota en los desaparecidos terrenos de Almendares con novenas en que sólo figuraban jugadores criollos, entre ellos los muy notables Méndez –el Diamante Negro- Julián Castillo, Jacinto Calvo, Marsans, Luque, etc., etc.; cuando se veía al inolvidable cronista Víctor Muñoz en la caseta de los reporteros escribiendo sus interesantes crónicas salpicadas de frases pintorescas de su invención; cuando se oía la voz de trueno de Regino López alentando a sus simpatizadores los habanistas; y después de vuelta en el tranvía, las escandalosas discusiones entre Benito Aranguren, almendarista que comía gente, y los defensores de la enseña roja.
Y así, como nosotros recordamos estos detalles íntimos de personas y sucesos relacionados con los tranvías eléctricos suponemos que también los antiguos empleados del tranvía recordarán muchos detalles de su vida velando este cadáver que en breve será conducido a su último reposo, y de esos empleados recordados a José Santa María, Costa, José García Socorro, y otros. Sin duda, será un acontecimiento interesante y doloroso ver desfilar por las calles de La Habana EL ULTIMO TRANVÍA

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