Por Eliana Onetti (+)
Escrito como epístola a un corresponsal,
el 12 de marzo de 2006
“Querido
amigo:
Eso sucede cuando la gente pierde el Norte a fuerza de oír sandeces sobre sus
excelencias. Los hombres verdaderamente grandes son siempre modestos y
moderados. Y los poetas y escritores, que tienen el derecho y el deber de
hacerse leer/oír -después de haber logrado su fin primero: pensar y escribir
para sí mismos- tienen que "hablar humildemente bien" su lengua y
procurar mejorarla y engrandecerla; no utilizarla en propio beneficio ni
desprestigiarla con caprichos de "diva".
Vivimos época desgraciada para las letras porque hoy día cualquiera se
considera capaz de escribir un libro y porque precisamente son los órganos que
se suponen más autorizados para premiar el verdadero talento y sancionar
pecados lingüísticos los primeros que aprueban, aplauden y bonifican estos
desmanes literarios. Léase, por ejemplo, Camilo José Cela y semejantes.
En
la Real Academia española hay académicos como, por ejemplo, el caricaturista
"Mingote". ¡Delirante! ¡Y pensar que a la Avellaneda la vetaron
simplemente por ser mujer!
Las grandes editoriales sólo apuestan por los "best sellers" de
"literatura basura" y los Concursos literarios de
"prestigio" están adjudicados desde antes de convocarse. La razones
políticas y económicas permean y prostituyen los criterios y de nada
sirve el valor genuino; sólo las relaciones.
Con respecto a la poesía, están de moda los pseudopoetas, ésos que hilvanan
palabras eufónicas o cacofónicas como en un rosario de la aurora, pero al final
no dicen nada, o los que utilizan la palabra como expresión de morbo y
desajuste psíquico o sexual. Priman lo grosero, lo inmoral y lo incomprensible.
Ya no hay mensaje ético... ¿porque esta sociedad contemporánea, con su
filosofía del "todo vale", lo fomenta?
Con respecto al tema "Castro", ahí sí que me pone usted el dedo en la
llaga y es a mí a quien se me acalora la mente...
Definitivamente, el pueblo cubano tiene el gobierno que se merece y habrá que
ver si, después de esta tragedia, aprendemos algo.
Lo cierto es que los cubanos somos el más hispano de todos los pueblos de
América y nuestra idiosincrasia no cambió por el solo hecho de haber obtenido
nuestra emancipación de España.
Los cubanos no pudimos conseguir
que nuestra República fuera una verdadera democracia, sólo una democracia en la
estructura, porque ésta sólo puede realizarse con la generación plena de un
estado de conciencia pública capaz de comprenderla, aceptarla y practicarla. Y
los cubanos de nuestra República se dedicaron a disfrutar de nuestros
“derechos” recién adquiridos sin preocuparnos en absoluto de cumplir con
nuestros deberes. ¿Por qué? Pues porque seguíamos siendo radicalmente
individualistas, intransigentes y ambiciosos: tres características
eminentemente anti-sociales y, por lo tanto, poco favorables a la supuesta
democracia que se había establecido.
Jorge Mañach calificó en su momento nuestro patriotismo con los adjetivos de
declamatorio y externo. Y llegó más lejos: Decía que los cubanos teníamos
patria; pero nunca hubimos de llegar a ser una nación. La patria es subjetiva.
Nos la podemos llevar con nosotros a la emigración y al exilio. Pero la nación
implica inamovilidad. Depende del grado de compromiso y solidaridad de todos y
cada uno de sus componentes para con la res pública, la cosa pública, la
República que viene a ser lo mismo que el bien de todos y para todos.
Y por eso, porque fuimos lo que éramos y somos quienes somos, se quebró en 1959
nuestra cubana República en la que, a pesar de los pesares, la vida, qué
duda cabe, transcurrió desde 1902 con muchos vicios políticos (los que se
heredaron de la época colonial y nunca fueron extirpados de la vida pública),
pero también muchos ejemplos de "virtud doméstica”. Y también es cierto
que los logros de la cultura aunados al progreso económico y social de la Isla
permitieron que Cuba y muchos cubanos de pro descollaran entre todas las
repúblicas hermanas del continente americano.
El cubano es, sin embargo, muy inteligente aunque algo superficial; gregario
aunque individualista; amigo del "choteo", de la "pachanga"
y del "oportunismo". Amante más de ser "cabeza de ratón" que
"cola de león"; enemigo de dar su brazo a torcer cuando se equivoca;
exagerado e intransigente. Pero es capaz de los sacrificios que considere
necesarios para conseguir sus propósitos personales. (Conste que hablo, como es
lógico, de la generalidad. Después, habría que entrar en materia y hablar de
las orgullosas excepciones en que la honradez, la laboriosidad, el espíritu de
sacrificio, la sinceridad en las convicciones, la brillantez del intelecto y
otras muchas virtudes de las que no voy a hablar marcan la personalidad de una
élite cubana que ojalá y fuese menos exigua).”
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