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sábado, 15 de diciembre de 2018

Conoce la historia de Rosalía Abreu y la finca de los monos

El 3 de noviembre de 1930, los periódicos habaneros dieron la noticia de la muerte de Rosalía Abreu Arencibia, una de las figuras más controvertidas de la burguesía habanera y […]


El 3 de noviembre de 1930, los periódicos habaneros dieron la noticia de la muerte de Rosalía Abreu Arencibia, una de las figuras más controvertidas de la burguesía habanera y la más respetada mundialmente por sus estudios de los primates en cautiverio. Apoyó muchas causas sociales, sostuvo escuelas, hospitales y asilos para familias pobres y contribuyó con fuertes sumas de dinero a la causa independentista cubana. Pero es posible que estos significativos datos no sean los más conocidos, sin embargo su “Finca de los Monos” es recordada por todos.

La Finca de los monos es un lugar situado en el reparto Palatino del municipio habanero del Cerro, que hoy es una referencia sin importancia en el tránsito por la Calzada de Santa Catalina. Se trata de un sitio prácticamente olvidado pero en su época fue tan importante que según un autorizado científico norteamericano de la época, allí ocurría “el experimento antropológico más grande jamás realizado”.

Aun hoy se dice que en esa misteriosa edificación con forma de castillo, allá en el Cerro, en las noches de luna llena se pueden percibir las sombras de unos monos bailando un vals en honor a su benefactora, Rosalía Abreu.

Antes de llamarse “Finca de los monos”, se llamaba “Las Delicias”. Tenía siete caballerías de tierra y fue adquirida el 26 de marzo de 1873 por don Pedro Nolasco González Abreu, padre de la insigne patriota Marta González Abreu de Estévez y de Rosalía Paula Caridad de la Luz González Abreu y Arencibia. Esta última mujer fue dueña de una enorme riqueza. Sus recursos, su filantropía y su amor a los animales dieron como resultado la asombrosa colección de animales que reunió en los terrenos que habían sido de su padre.

Famosa sobre todo por su colección zoológica, doña Rosalía fue una mujer generosa y compartió su fortuna en obras de caridad que sostenían varios orfanatos en La Habana y Santa Clara, instituciones educativas y donaciones hechas a la causa independentista durante los últimos años de la etapa colonial.

Se puede decir que la Finca de los Monos fue el primer zoológico en Cuba y que reunía aves, mamíferos y reptiles, casi todos traídos de Asia y África y atendidos personalmente por Rosalía, auxiliada por criados y jornaleros.

En 1928, había fundado con su capital una Escuela Técnica-Industrial para Mujeres en Rancho Boyeros, la Habana, la que se conoce por su nombre en justo homenaje.

Pero a pesar de su filantropía, en La Habana de las primeras décadas del siglo XX, fueron muchos los comentarios que corrían de boca en boca sobre la llamada finca de los monos, perteneciente a Rosalía Abreu.
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La prensa sensacionalista también se ensañó con Rosalía publicando caricaturas de ella bailando, volando en un avión o en otras situaciones junto con sus monos. Y por ello a su quinta “Las Delicias” la empezaron a llamar “la finca de los monos”. Yo personalmente no conocí otro nombre que no fuera ese.

Se decía que en su mansión en forma de castillo, existía más de un misterio pues los simios que allí habitaban eran tratados casi como personas. Con el tiempo uno de los chimpancés, llamado Jimmy, se convirtió en la mascota preferida de Rosalía y la acompañaba en sus visitas y paseos con un elegante traje hecho a su medida. Viajaba en el asiento delantero al lado del chofer y se encargaba de abrir y cerrar la puerta de su ama y llevarle las cosas que ella compraba o necesitaba.

La famosa bailarina Isadora Duncan, en sus paseos por La Habana, dejó escritas sus impresiones, sobre todo acerca de los queridos e “inofensivos” animalitos de Rosalía Abreu y la valoración de ella como una mujer hermosa, culta e inteligente.

Rosalía Abreu también era intrépida pues fue de las primeras mujeres que se elevaron en un avión en Cuba, junto a la escritora Laura Zayas Bazán y la propietaria del hotel Telégrafo, Pilar Samoano del Toro. Y el piloto era nada más y nada menos que el pionero de la aviación cubana Domingo Rosillo.

Pero no todos pensaban igual que la Duncan, porque no tenían su clase. La mayor parte de los invitados a sus fiestas, miembros de la llamada “alta sociedad” (porque tenían dinero, pero no educación ni cultura) disfrutaban de la música, las comidas y licores y halagaban a Rosalía, pero por detrás, se burlaban de ella y de sus monos.

Pero lo cierto es que aquellos animales, a la par que mascotas, fueron convirtiéndose, en el lapso de tres décadas, y gracias al empeño de Rosalía, en objeto de profundos estudios científicos.

En la Finca de los Monos existían también colecciones de cacatúas, guacamayos, papagayos, canarios, pavos reales, gallos japoneses, ciervos, osos, conejos, caballos, perros, gatos y un pequeño elefante llamado Jumbito. El nombre es en alusión a un elefante africano que se hizo mundialmente conocido gracias a la prensa y de nombre Jumbo. Walt Disney logró que Jumbo volase en su película animada de 1941 llamándolo Dumbo, el que agitaba fuertemente sus grandes orejas para poder alzar el vuelo.

Los periódicos del de noviembre de 1930 tenían un titular que decía: “Una dama cubana lega, al morirse, varios millones para sus monos”. Sin duda alguna, Rosalía Abreu aprendió que los monos, los perros y muchos animales, son muchísimo mejores que el hombre.


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