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martes, 1 de enero de 2019

Cubaeconomía


Posted: 06 Nov 2018 11:40 PM PST
Elías Amor Bravo, economista
La situación coyuntural de la economía cubana es grave. Desde que en 2016 los envíos de petróleo de Venezuela sufrieron un duro ajuste, como consecuencia de la crisis en que se encuentra dicho país, la economía cubana ha iniciado un proceso de estancamiento que empieza a acercarse a lo que se podría calificar como recesión. Las autoridades advierten que el crecimiento económico, del 2% planificado, se sitúa en el 1%, una estimación que coincide con la ofrecida por CEPAL, pero los motores de la economía se encuentran apagados, y va a ser muy difícil que se reactiven a medio plazo.
El gobierno ha reconocido abiertamente que las exportaciones mineras, el turismo o las inversiones extranjeras no alcanzan los resultados previstos. Una vez más, la planificación central de la economía ha vuelto a fracasar y con ello, se generan graves consecuencias en el nivel de vida de los cubanos.
Lo peor de todo es el escaso margen de actuación que tienen las autoridades ante este nuevo escenario. No es extraño que Díaz-Canel se haya lanzado a un viaje de dudosos efectos económicos, en búsqueda de financiación, agotado el recurso a entidades privadas como el Club de París o de Londres. China, además, está reduciendo sus aportaciones financieras a los países en vías de desarrollo, así que ya se verá que impacto tiene este viaje.
Lo que más preocupa es que las autoridades responsables de la dirección de la economía cubana no enderecen el rumbo de la nave y permanezcan inertes ante cambios tan profundos en la situación coyuntural. En cualquier país, con circunstancias políticas y económicas parecidas, los ministros del ramo estarían enfrascados en la búsqueda de soluciones para afrontar la caída libre de la economía. Me refiero en concreto a la política fiscal. No se tiene información puntual de la dinámica del comportamiento de ingresos y gastos en la economía cubana, dadas sus características. Pero ante un moderado crecimiento del PIB como el actual, y el que se espera, no cabe la menor duda que los ingresos seguirán una dinámica cuanto menos similar. Si los ingresos caen, pero los gastos, sobre todo los corrientes, se mantienen, es de suponer que el abultado déficit público inicial del presupuesto, situado en el 11% del PIB, acabe el año muy por encima de esa previsión, acarreando graves problemas de gestión y control de la economía.
Y como ya nos encontramos en el tramo final del ejercicio, y parece que esta información presupuestaria de cierre no se va a conocer, sería recomendable insistir en algunas recomendaciones para la elaboración de las cuentas públicas de 2019, que prácticamente es hablar del conjunto de la economía cubana dado el peso desorbitante que tiene el sector estatal en la misma.
Hay que reflexionar sobre las cuentas que necesita la economía cubana y no proyectar un presupuesto ideológico, continuista y expansivo, como el de los últimos años. No es ésta la mejor opción para la economía cubana. Básicamente porque el desequilibrio entre ingresos y gastos va generando un endeudamiento creciente que, aunque se financie con el recurso a los bonos del Banco central, esa monetización tiene unos límites, y practicada de forma continua, genera problemas estructurales de difícil solución. 
Como en Cuba la aprobación de los presupuestos carece de debate entre alternativas, es lógico que la orientación ideológica comunista impregne las cuentas, convirtiéndolas en esa amenaza de la que no escapa la economía cubana. Pero la política económica y el expansionismo fiscal financiado con el recurso a la emisión de bonos, no resulta adecuado para estimular el crecimiento económico (los resultados están ahí) ni para facilitar una mejora continua del nivel de vida de los cubanos (las gratuidades se han ido acabando, lo mismo que los productos de la canasta básica) lo que ha supuesto un deterioro significativo de las difíciles condiciones de vida imperantes.
La cuestión que nos podemos plantear es si en 2019 se va a dar continuidad al diseño presupuestario de los últimos años. Las cuentas públicas de una nación deben estar en función del momento económico y no imponer una determinada ideología, más aún, cuando el marco político e institucional vigente impide un contraste de visiones alternativas sobre lo que se debe, y puede, hacer con el manejo de ingresos y gastos públicos. Proteger unas cuentas, cuyo diseño apenas satisface a nadie en la isla, que no sirven para gobernar de manera eficiente y fomentar el crecimiento económico es una actitud poco sensata por parte de los responsables económicos, que tendrán que empezar a mirar en otra dirección si quieren que el presupuesto del estado ejerza una influencia positiva en la economía.
De lo contrario, continuarán existiendo problemas con los ingresos y pagos de las empresas que tienen su origen en las tensiones de liquidez provocadas por un gasto público que absorbe los escasos recursos financieros de la economía nacional. Además, las dificultades para la unificación monetaria, que ya deja atrás 2018 sin una solución, y se adentrará en 2019 sin que se tomen decisiones al respecto, serán cada vez mayores porque una economía desequilibrada, interna y externamente, no es el espacio más adecuado para aventuras monetarias. 
Lo dice el gobierno, lo dice CEPAL, lo decimos nosotros: la economía cubana está perdiendo pulso, tal vez empujada por acontecimientos externos, no lo vamos a cuestionar, pero sin duda, agravada por una pésima gestión del presupuesto y una política monetaria compensatoria que impide al Banco central desarrollar sus funciones con los niveles de autonomía que serían deseables. No es el mejor momento para volver a una lectura de los presupuestos en términos ideológicos comunistas, sino para mirar al futuro y tratar de afrontar los retos de la economía. 
Si de verdad los responsables políticos del régimen castrista quieren atraer capital extranjero, promover las exportaciones, desarrollar el país y mejorar la calidad de vida de la población, tienen que ensayar un nuevo diseño presupuestario, moderno, eficiente y comprometido con la sostenibilidad. Los cubanos necesitan saber qué hace el gobierno con el dinero que recauda, que principalmente viene de los bajos sueldos nominales que se pagan en el país, pero también de descapitalizar empresas que se encuentran inertes para realizar sus planes de inversión y modernización. La responsabilidad fiscal le vendría muy bien al régimen. Tal vez es el momento adecuado para pensar en ello para 2019.

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