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martes, 15 de enero de 2019

EL SONIDO DE LA FELICIDAD

Foto tomada de: El Confidencial

                 
Lola Benítez Molina
                        Málaga (España)
  
El escritor encuentra placer, cuando en su lucha diaria frente a todo aquello que no le gusta, ya que lo aflige hasta subyugar lo indecible. Con sus manos y con su pensamiento, contribuye a mejorar su existencia, de ahí que, en su deseo de vivir en un mundo mejor, invente esos lugares, como lo hicieron Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y demás escritores pertenecientes al llamado “boom literario”, donde dan rienda suelta a todas sus inquietudes, sus miedos, sus fantasías y sus sueños. A veces, la hostilidad será la que impere. Los personajes creados encierran cualidades magnificadas o peyorativas, según el estado anímico del escritor en ese momento. Muchos no soportaron la barbarie de la época, en la que les tocó vivir, y esa agonía mantenida los influyó poderosamente y les hizo ejercitar el intelecto. Su sufrir se les hacía perpetuo y, en esas horas de soledad, las musas los guiaban al infierno o la gloria.
Hace escasos días, las palabras del actual Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk se incrustaron en mi mente al leer una entrevista realizada por el escritor mexicano Mark Manson. Pamuk, quien dijo lo siguiente: “Nunca llego a ser feliz, escribo para ser feliz”. La felicidad, esa búsqueda incansable de todo ser humano, que necesita aferrarse a creencias o a valores que iluminen su destino. El no tener metas lleva al desquicie, a la sinrazón de una existencia vacía, a una apatía atroz. Por eso, siempre permanecerán perennes las palabras de Confucio: “Nuestra mayor gloria no está en fracasar nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos” o, también, las de Henry Ford, al decir “El fracaso es la oportunidad de empezar de nuevo, con más inteligencia”.
 En su libro “1984” el escritor, ensayista y periodista inglés George Orwell, uno de los autores más conocidos del siglo XX, parece tener una visión futurista de lo que se puede llegar a convertir una sociedad en la que el totalitarismo se hace imperante, con una visión distópica de la realidad, cuando el conocimiento se anquilosa o se intenta aniquilar. Somos los artífices del destino. No nos dejemos llevar como marionetas.

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